Disclaimer applied.
Advertencias: Ninguna.
Demashitaa: Kasai.
Busca, y encontrarás.
No tardaron mucho en llegar e identificar el lugar de donde provenía el alboroto, uno de los almacenes químicos más importantes de la ciudad. No se preocuparon tanto, ya que Peach no había llamado por su ayuda. Solo cuando había rayos Z de por medio, el perrillo se comunicaba. Cuando llegaron a la escena del crimen, había varios coches policías y un investigador que interrogaba a los vigilantes y encargados correspondientes del lugar.
Pronto se adentraron en el lugar para hacer sus propias conjeturas, no sin antes cuestionarle a uno que otro oficial que era lo que había ocurrido. Cuando por fin pudieron acercarse al investigador, él suspiró.
―Bueno, estamos en ello. Es un caso algo extraño. ―Admitió. ―Claramente ha habido un intento de robo, sin embargo las cámaras de seguridad no captaron ningún tipo de movimiento durante el lapso en que se intentó robar la bóveda. Y los sensores de seguridad se activaron, pero al parecer demasiado tarde, aún desconocemos que tanto tiempo ha transcurrido desde que ocurrido esto.
― ¿Bóveda?
― Así es. La bóveda donde se guarda la otra mitad de rayos Z que el profesor Utonium, quien ustedes conocen bien, tenía en su laboratorio. El los trasladó aquí después del robo a su laboratorio hace tres días, ya que había mucha más seguridad para ocasiones como esta. Claramente el ladrón no tenía idea de que los rayoz Z fueron trasladados a otro lugar mucho más seguro que este almacén, por lo que el robo no fue efectuado, aunque aun no logramos comprender como conocía información tan confidencial.
― Pero si no identificaron a nadie, ¿Por qué los disparos?
―Bueno, no se identificó a nadie dentro del recinto, sin embargo, uno de los vigilantes asegura haber visto a alguien volando por el lugar, aquí afuera.
Esa fue la información suficiente para que ellos volaran en todas direcciones, abarcando cada perímetro de la ciudad, porque no había más duda para ellos: Ken, o su compañera habían estado ahí. La única que se quedó con el investigador haciendo unas cuantas preguntas más fue Blossom, compartiéndole su teoría al hombre.
― Bueno, señorita Blossom, debo abmitir, que esa no fue mi primera opción de sospechoso.
― ¿Cómo? ―Cuestionó ella, algo contrariada.
―Mi primera opción fueron los RowdyRuff Boys. Ya sabe, lo hicieron en el pasado y ellos tienen una relación lo suficientemente cercana a Utonium como para saber que él había trasladado los rayos Z aquí, y con todo la reciente información del hijo de Taiga...
― Ellos estuvieron todo el día conmigo y mis amigas. Y le recuerdo que justo esta mañana volamos hacia otro continente para detener a ese chico, quien estoy completamente segura que estuvo aquí intentando robar los rayos Z. Y no creo que sea difícil adivinar que tiene vigiladas las zonas más importantes de Tokyo, no es extraño que conozca información confidencial.
― Bueno, esa es una muy buena teoría también. ―Ella apretó los puños. ―Por eso descarté mi primera opción cuando recordé la batalla de unos días atrás.
―Bueno, me alegro que lo haya hecho. ―Dijo. ―Por el momento tengo que retirarme, como puede darse cuenta, mi equipo me necesita. Gracias y buenas noches. ―Dijo, en una seria y cortante respuesta nada propia de la amable y cortés líder rosa.
Boomer levitaba sobre la ciudad pensativo. Hacía media hora que Brick y Blossom habían decidido detener la búsqueda, pues no había rastro de Ken o su dichosa compañera por ningún lado. Habían monitoreado la ciudad por casi dos horas cuando para la frustración de todos, se dieron cuenta que simplemente, no lo encontrarían. Sin embargo algo dentro de sí le dejo que se quedara ahí un rato más. Tenía esa molesta sensación de que tenía que seguir buscando. Miyako, después de dada la órden, le había llamado para compartirle, que, al igual que él, tenía un mal presentimiento y que no quería dejar de custodiar la ciudad, que algo dentro de ella le decía que aun no habían acabado, sin embargo él solo le dijo que se tranquilizara y que era mejor que fuera a dormir, que él haría lo mismo.
Ella se había negado varias veces, pero ahora estaba solo, monitoreando desde el cielo la ciudad. Desde que había obtenido esa habilidad, pocas veces había fallado, así que decidió quedarse ahí un rato más. Sin embargo, cuando esa media hora, se convirtió en una y los parpados comenzaron a fallarle, decidió que era hora de volver a casa.
Se tomó bastante su tiempo por lo que cuando llevaba diez minutos de camino divisó por el rabillo del ojo una luz parpadeante cerca del Monte Fuji. Tuvo la sensación de que una corriente eléctrica le recorría la columna vertebral. Aquella lucesita era casi impecptible de donde estaba, pero, considerando la distancia, en realidad, aquello debía ser algo grande.
Frunció el ceño y cambió de dirección sin pensárselo mucho, acrecentado la velocidad de su vuelo, el Monte Fuji estaba a dos horas en coche. Esperaba llegar rápido y no estarse equivocando.
Después de veinte minutos de vuelo pronto logró divisar dos figuras casi en la cima. Ellos son. No hay duda.
Se quedó levitando, intentando aclarar sus pensamientos e ideas. Sentía dentro de si esa adrenalina de estar completamente seguro de su teoría, una corazonada. ¿Quién más podría estar a esa altura del Monte Fuji, a esa hora de la madrugada? Aun así, sabía que era muy pronto para adelantarse y confirmar su idea, por lo cual no podía llamar a ninguno de sus hermanos para pedir refuerzos. Además, no sabía si tenía el tiempo de esperar a alguien más, que tardaría como mínimo, media hora en alcanzarlo.
Asintiendo para sí, comenzó a elevarse y acercarse más, con sigilo. Subió tanto que el frío comenzó a incrementarse por la altura y a colarse dentro de su chaqueta. Copitos de nieve caían de vez en cuando. El viento golpeó su cara, haciéndole sentirse como una piedra. A unos treinta metros de distancia, se ocultó entre un montón de rocas y nieve.
Se acercó lo suficiente para confirmar que sí, era Ken. Apretó los puños. Si se acercaba más era muy posible que lo viera, tendría que quedarse ahí a metros de distancia, por lo que agudizó su super oído para alcanzar a escuchar mejor mientras analizaba la escena.
No estaban en ninguna cueva, pero si entre tres enormes rocas que les protegían levemente del frío. Estaba parado frente a una nave como la que el profesor les había mostrado esa mañana cuando viajaron a Eritrea. La enorme máquina emitía una luz sumamente intensa, que le hacía achicar los ojos cada vez que parpadeaba. Se pregunto de donde sacaría Ken eso. Así como su armadura y el montón de aparatos científicos completamente difícies de fabricar.
― Falta poco para que esté listo. ― La voz de una mujer salió de dentro de la nave.
―Perfecto. Cuanto antes podamos trasladarnos al bunker mejor. ―Ken gruñó. ―Desperdiciamos tiempo y energía viniendo hasta aquí. Más aún de la que ya habíamos perdido en Africa.
―Tal vez sea bueno que encuentres otro espía para que pueda dirigirse a las zonas que yo no puedo abarcar mientras monitoreo a los Him y a las idiotas esas. Así nos hubiéramos enterado que trasladaron los rayos Z a otro lugar.
Boomer intentó identificar la voz de la mujer pero estaba algo lejos de él, dentro de esa enorme cosa y el viento no ayudaba mucho. Apenas y lograba entender lo que decía.
― Tendremos que venir de nuevo si no encontramos los puntos. ―Dijo el chico. ― Y no quiero que pase eso. Esos heroés de quinta nos tienen vigilados. Haber aparecido de repente en Eritrea nos restó puntos que teníamos a favor. Ahora estarán mucho más al pendiente. Estoy seguro que saben que el atentado del robo al almacén fuimos nosotros.
― Yo te lo advertí.
― Cállate. ―Le espetó. ― No puedo quedarme sin ellos. Son la fuente de poder para mi investigación, y mis próximos inventos. Son la materia prima para él…
―Ya lo sé. Solo tienes que ser más cauto. ―Dijo la voz. ― Aunque odie admitirlo, esas chicas no son idiotas. Y recuerda de quién son hijos esos tres chicos. Quiero decir, su creador.
― ¿El Mono idiota? ― Dijo, mordaz.
― No, el otro, su segundo creador. HIM. ― Ken calló, por primera vez. ― Son de cuidado.
Se quedaron en silencio largo rato.
― Aunque sean de cuidado, yo pronto seré mucho más fuerte que ellos. Además, con toda su astucia no han podido atraparnos aun. Los estras sobreestimando.
―Pues subestimarlos fue lo que causó la muerte de tu padre.
― ¡No te metas con Taiga!
Tal vez el tono agresivo y el seguramente el miedo que le inspiraba, aquella voz cambió de conversación.
― Podremos partir en diez minutos.
En ese momento, Boomer se reprendió a sí mismo por idiota. Entre la incómoda posición acuclillado, el titiriteo que había comenzado a provocar el frío en su cuerpo y el entumecimiento por lo mismo, terminó resbalando estrepitosamente, haciendo que un montón de nieve cayera sobre él.
― ¿Qué ha sido eso? ―La voz de Ken estaba llena de alerta.
Debajo de toda esa nieve, contuvo la respiración. Tal vez si no se movía confundían su caída con algún desglose normal, pasadero en la montaña. Pasaron segundos que se le antojaron como una eternidad.
―Creo que no ha sido nada, Ken.
Hubo un silencio que le pareció algo mortal. Y segundos después, algo impactó con el montón de nieve, dándole por consecuente de lleno a él también. Lo habían descubierto. Voló rápidamente mientras escuchaba a Ken gritar la orden de iniciar con le despegue.
― Hoy nos llevamos un invitado a casa.
Aunque, para la fanfarronería de su frase, le costó bastante alcanzar al rubio, que hubiera podido volar mucho más rápido de lo que lo hacía, pero el entumecimiento y el frío habían dejado sus músculos algo tiesos y reacios a despertar, provocando que no quedara mucho del relámpago azul de Tokyo. Zigsageo y cambió de direcciones para esquivar los ataques del moreno, pero, al ser consciente de que solo lo llevaba a la ciudad tuvo que frenar y enfrentarle.
Esperaba que aquello no se complicara demasiado. Tal vez pudiera herirlo tan gravemente que no pudiera seguirle la pista. Fuera lo que fuera, tenía que pasar pronto, antes de que su compañera llegara a donde estaban ellos.
― ¡Vaya has decidido hacerme frente, Boomer! ¿O Hotaru? ¿Cuál te agrada más? Debo admitir que me impresionar no haberte notado antes.
No espero más para atacarlo. No se distraería en toda esa basura de palabras que siempre soltaba cuando se enfrentaban. No tenía tiempo.
Pronto notó, que al igual que él estaba algo entumecido por lo que comenzó a rodearle mientras volaba. El comenzó a lanzarle chorros de electricidad con las manos desnudas. Cuando caían al lago sobre el que luchaban un estruendoso sonido llenaba el valle. Cuando por fin uno le dio y logró desorientarlo, no le dio tiempo de recomponerse. Sus músculos ya estaban calientes y había comenzado a ganar velocidad de nuevo.
Al parecer Ken aún estaba aprendiendo a controlar los rayos Z en su organismo, y estaba bastante desgastado por la batalla de la mañana, el largo viaje desde ahí a Tokio y el posterior robo. Estaba bastante debilitado en ese momento, podría vencerlo fácilmente.
Aunque tal vez su error fue pensar en demasiadas teorías mientras combatía porque uno de sus ataques logró darle. Uno bastante fuerte, que lo hizo ver doble y perder cierto equilibrio. Después sintió un dolor en el pecho y se estrelló de lleno contra el lago. El agua comenzó a colorearse de rojo, pero alcanzó a ver mientras se hundía que Ken bajaba hacia él. Instantáneamente acumuló toda la electricidad que pudo en sus manos y la liberó, electrificando el agua.
Ken, a diferencia de él, no era inmune a la electricidad. No podría entrar. Con dificultad llegó a la superficie, donde un muy malherido y tambaleante Ken entraba a la nave, que había llegado. El agua a su alrededor seguía echando chispas. Se dieron una última mirada. Era todo por esa noche, Ken ya no podría dar más pelea en varios días, y él no los seguiría. Los miró alejarse a toda velocidad mientras intentaba levitar sin sentir que se le caería alguna parte del cuerpo.
Se miró el pecho. La ropa estaba desgarrada y tres enormes líneas cruzaban desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda. La sangre seguía saliendo sin parar, mermando su energía. Al parecer, ese día también le había debilitado algo él. Aunque, con algo de suerte, con un poco de reposo y descanso estaría bien al día siguiente, claro, si llegaba a la ciudad pronto.
Por alguna razón que no entendía, no podía conciliar el sueño por lo que se levantó a dibujar. Después de que no habían encontrado a Ken por ningún lado, ella había intentado decirle a Boomer que se quedaran un rato más, que tenía una de esas horribles pero certeras corazonadas de que algo más pasaría, pero, el chico había alegado que había sido un día muy largo, que era mejor que fueran a descansar. Que sus ideas podían ser parte de la misma locura de su odisea. En ese momento le había parecido una teoría correcta, tenía sentido, por lo que había decidido seguir su consejo e ir a la cama. La cuestión era que habían pasado dos horas y ella aun sentía esa opresión en el pecho que le impedía dormir.
Tras varios minutos dándole vueltas al asunto, unos golpecitos en la ventana la hicieron voltear a ver y alcanzó a ver de reojo la rubia melena de Boomer. Algo extrañada, le hizo una señal con la mano, indicando que estaba abierto.
Miró su reloj de mesa y se dio cuenta que eran cerca de las cuatro de la madrugada.
― Lamento llegar a esta hora… era el lugar más cercano.
── ¿Te has dado cuenta de que son las cuatro de la madrugada? ── Dijo, mientras comenzaba a levantar la vista. ── ¿Qué es lo que... ── Su mirada confusa se tornó preocupada y se levantó de golpe. Corrió a socorrerlo. ── Boomer… ¿Boomer, que ha pasado?
Él se apoyó en ella, y con torpes pasos se dirigió a la cama de la rubia.
── Él q-quedó peor… ── Dijo, en un quejido. Ella parpadeó intentando comprender. ― En serio, no dará guerra en varios días.
── ¿Él? ¿Él, quién? ── Cuestionó, sentándose a su lado. ── ¿Qué fue lo que pasó?
Bajó su mirada a la herida. Tres profundas líneas atravesaban en diagonal el pecho y abdomen de Him, desde el hombro hasta poco debajo del ombligo. La camiseta estaba destrozada y ensangrentada. Su cama no tardó en llenarse de sangre y al igual que su pijama pero no le importó. No apartó la mirada, preocupada.
──Tenemos que… Tenemos que curar eso… ── Dijo, alterada, buscando con la mirada el botiquín de emergencias. Ella siempre tenía uno en su habitación por si alguna herida causada en una batalla tenía que ser tratada, no tendría que preocupar a su abuela. Sintió como le tomaban el rostro, y pocos segundos después enfocó el rostro tranquilo de Boomer.
── No pasa nada. ── Le dijo. ── Son solo unas heriditas.
Ella frunció el ceño y un gracioso tic apareció en su ojo izquierdo. Hubiera reído pero se sentía algo débil, por lo que se limitó a sonreír.
── ¿Unas heriditas? ¡Unas heriditas! ── Dijo por lo bajo para no despertara su abuela, pero él sabía que estaba riñéndole por el tono en que le habló. ── ¿También te golpeó la cabeza? ¿Has visto el tamaño de esto? ¡Boomer has perdido mucha sangre!
──Estoy bien. ── Dijo, sonriendo. Las pocas veces que Miyako se molestaba a él le parecía lo más gracioso del mundo. Sin embargo, aunque sentía dolor, no quería preocuparla. Ella seguía buscando algo con la mirada, por lo que le obligó a mirarle de nuevo. ──Oye. Detente ahí, te he dicho que no es…
Su ceño fruncido le cayó.
── Estás loco si crees que te dejaré en este estado. ── Se levantó. ── Tenía un botiquín por aquí pero al parecer me lo he llevado, ahora vuelvo. ── Dijo, acercándose a la puerta. ── Y no te muevas.
Él soltó una risa floja.
──No, jefa. ── Hizo la misma señal que hacen los militares a sus superiores, y ella rodó los ojos con una sonrisilla, desapareciendo por la puerta. Entonces, cuando estuvo fuera de su campo de visión, comenzó a quejarse del dolor. Dejó caer su cabeza a la almohada con los ojos cerrados. Una vez que se sintió mejor, suspiró y tomó su teléfono celular.
Marcó el númeró y esperó.
Brick soltó otra maldición. Era la cuarta vez que el puto teléfono sonaba. Las primeras tres veces Había sido fácil ignorarlo. Ahora ya estaba molesto. ¿Quién coño era el idiota que estaba llamándole tan insistentemente a la una quince de la magrugada? ¿Y con que jodido derecho lo hacía? Con lo poco que lograba dormir en los últimos días, y cuando lo hacía, le interrumpían.
En ese momento, Rei subió a su cama de un brinco, haciendo que el abriera precipitadamente los ojos.
── ¡Largo chucho!
Pero el animalillo no paraba de mover la cola y mirar el teléfono móvil en la mesa del joven. Lo que faltaba, ahora el chucho, le daba órdenes.
── ¿Qué? ── Le gruñó. ── ¿No te deja dormir? ¡No es mi problema, chucho!
Rei lamió su cara.
── ¡Ah, pero que maldito asco! ── Gruñó.
El teléfono volvió a sonar.
Con un bufido exasperado, tomó el aparatejo y leyó el nombre en la pantalla. Princesa Estúpida. Apretó el móvil al mismo tiempo que la quijada. ¿Qué mierda quería el idiota de Hotaru a la una de la madrugada que no podía parase y decírselo él mismo? ¡Estaban bajo el mismo puto techo! Y, ¿Por qué mierda no podía esperar seis horas más para decírselo?
Estuvo a punto de levantarse para ir a golpearlo en su propia habitación, pero estaba bastante enredado en sus cobijas. Gruñó, respondiendo al teléfono.
── Escúchame bien, imbécil. ── Dijo, apenas contestar. ── No sé qué mierda quieres que no puedes esperar unas cuantas horas para decírmelo, ni porque no puedes mover tu horrendo culo hacia mi habitación, pero te juro por la vida de tu preciada azulita que si no vale la pena te voy a cortar los hu… ¿Qué? … ¿En casa de… ── El enojo fue disminuyendo poco a poco. ── … Vale. ── Gruñó. ── Supongo que no puedo dejarte sin descendencia por eso. Voy para allá.
── ¿Con quién hablabas?
El guardo el teléfono y miró a Miyako entrar con varias cosas en las manos. Minutos atrás Makoto casi juraba matar a sus propios sobrinos antes siquiera de nacieran. O si quiera antes de que intentara crearlos.
── Con Makoto. ── Le explicó. ── Le dije que viniera para acá, con Koiji. Espero no te moleste.
Ella negó. ── Supongo que tendré que esperar a que lleguen para que me des una explicación.
El asintió.
── En efecto, rubia. Pero no tardarán en llegar.
Ella asintió sin prestarle realmente mucha atención. Estaba completamente enfocada en los profundos cortes en el pecho de su contraparte, por lo que comenzó a intentar detener la hemorragia. Cada vez lo veía más pálido.
―Estás perdiendo demasiada sangre. No sé si pueda… deberíamos…
― Tranquila, no es tan grave. ―Dijo, intentando aguantarse el dolor. Ella asintió. Una vez que logró detenerla, comenzó a limpiar la herida y a desinfectarla. El corte era profundo.
― ¿Con que te hizo esto? ― Murmuró.
― No sé, sinceramente. Estaba un poco desorientado cuando paso. ―Miyako frunció el ceño y le dedico una mirada de reproche que le hizo carraspear incómodo.
― Me dijiste que no te quedarías más tiempo.
― Si bueno, sobre eso…
― Tenía razón sobre mis presentimientos, y estoy segura que tú los tenías también ―Continuó. ―Si hubiera estado ahí…
― Hubieras resultado herida también.
― No, hubiera podido evitar esto. Te hubiera ayudado.
―Vale, pues yo no quería, ¿Sí?
― Odio que hagas eso ― Le espetó. Eran pocas las veces que ellos se molestaban, y esa, al parecer, contaba como una de sus peleas.
― ¿Qué? ―Medio gruño.
―Tratarme como una damisela en aprietos, como si no pudiera valerme por mi misma.
― No hago eso.
― ¡Lo haces todo el tiempo! ―Le dijo, en un susurro irritado. ― ¡Pues entérate que no lo soy, ¿Sí?!
― No seas rídicula. ―Reprendió. ―Nunca he creído eso. ¡Siempre te he dicho lo fuerte que eres!
―Pues tus acciones no concuerdan con tus palabras. ―Boomer suspiró, tallándose los ojos con casancio, esa estúpida… ¿Cómo le explicaba?
― Vale admito que a veces lo hago. ―Ella rodó los ojos, comenzando a limpiar la herida de nuevo. ―Pero no por que piense que eres débil. Sólo quiero cuidarte.
―No necesito que lo hagas.
―No importa si lo necesitas o no. Yo quiero hacerlo. No quiero que te pase nada.―Él puso su mano sobre la de ella para que dejara de hacer lo que hacía y que le pusiera atención. Azul contra azul. ― Quiero hacerlo y voy a hacerlo. Aunque a ti no te guste.
La mirada del chico logro apaciguar la de ella poco a poco.
―Eres demasiado importante para mí. ―Vale, que hasta el mismo estaba sorprendido de todo lo que estaba diciendo. Tal vez el aturdimiento le estaba haciendo hablar de más. ―Si algo te llegara a pasar…
Miyako bajo la mirada de esos orbes cobalto que habían convertido su molestia en mariposas en el estómago.
― Esto es así… en algún momento.
― Intentaré estar ahí para evitarlo siempre. ―Dirigió una mano a sus mechones rubios que ahora estaban sueltos. ― Ya te lo dije. Eres demasiado importante para mi.
Ambos estaban algo idiotizados en la mirada del otro. Miyako casi ni se dio cuenta cuando el la acercó a su rostro. Casi.
── No Boomer… ── Murmuró.
Cada milímetro que ella retrocedía, él se acercaba, aunque sintiera las heridas desgarrándose.
── Sí ── Respondió entre susurros, tomándole de la nuca para que no escapase de él. No tenía por qué hacerlo, no de él. ── Solo… ven aquí.
Y atrapó sus labios con los suyos, degustándolos suavemente, ella comenzó a corresponder la caricia, pero al segundo siguiente se apartó unos cuantos centímetros, sus frentes aun juntas.
── Estás heri…
── Shht… ── murmuró, acercándole a él, y uniendo sus labios nuevamente. Ella se separó lo justo.
── Pero…
──Sólo cállate y bésame. ── Gruñó suavemente, volviendo a acércala a él ¿Qué no entendía esa chica que lo que necesitaba era a ella? Cada vez que ella movía sus labios sobre los de él, el dolor no importaba. No importaba si estaba desangrándose, o incluso al borde de la muerte. Sus labios eran lo único que él necesitaba. Acarició detrás de su nuca, haciendo que ella suspirara contra sus labios.
Todo era perfecto. Habían deseado tanto que ese momento llegara que todo lo demás pasó a segundo plano, incluso el dolor de Boomer. El beso comenzó a tornarse más apasionado, las caricias sobre labios del otro más profundas. Hasta que la voz de Butch resonó en el silencio de la noche.
── ¡Cierra el pico, imbécil! ── Escucharon a Brick regañar. ── ¡Despertarás a alguien!
Los dos se despegaron como si quemaran. Miyako accidentalmente presionó su codo sobre la herida, haciendo que el rubio soltara un grito.
── ¡Oh que idiota soy! ¡Lo siento, lo siento!
El negó, con los ojos cerrados, apretados del dolor. En ese momento Brick y Butch entraron al lugar, mirando como el rubio se retorcía y Gotokuji, alterada se disculpaba.
── Mierda enano. ── Dijo el verde, observando la herida. ── Esta vez si te divertiste, ¿Eh?
── B-Bastante. ── Gruñó, recomponiéndose y maldiciéndolos por llegar en ese preciso momento.
Brick le observó atento.
── ¿Qué ha pasado?
Boomer hiperventiló y se acomodó mejor en la cama de la rubia.
── Encontré la guarida de Ken. ── Dijo. ── En el Monte Fuji.
Miyako abrió los ojos, Butch boqueó como un pez y Brick entrecerró la mirada sobre él con el ceño fruncido. No pensó que fuera algo tan delicado.
── Alto ahí, enano. ── Dijo el rojo, antes de que continuara con el relato. Tenían que estar todos. ── Llamaré a la tragadulces, tú llámale al mounstro verde. ── Le dijo a Butch. ──Tenemos que estar completos.
Butch se puso lívido.
── ¿Acaso quieres que esa loca me corte el cuello? ── Todos sabían que a la morena no se le podía interrumpir mientras comía y dormía. Y seguramente ya estaba durmiendo. Brick se encogió de hombros, como diciendo, es tu contraparte. Soluciónalo.
Y mientras ellos dos llamaban a las dos restantes Boomer miró a la rubia con pesar. Debido a la reciente noticia, su mirada y al parecer su mente ya estaban muy lejos de lo que habían vivido minutos atrás. Suspiró, tendría que esperar el momento indicado para hablar de lo ocurrido, por lo que, resignado, dejó caer su cabeza en la almohada, dejando que ella terminará de limpiar la herida.
── ¡Deja de gritarme, nena! ¡Es culpa del idiota de Boomer, ¿Sí?!... ¡Te llamaré como a mí se me antoje, ne-na!
Boomer hubiera querido defenderse pero el dolor en ese momento ya se lo impedía y tenía que guardar fuerzas para relatar lo sucedido con Ken, por lo que se limitó a gruñir fastidiado. Lo último que necesitaba en ese momento era a Kaoru golpeándole hasta la muerte.
No pasó mucho tiempo. Cuando Miyako estaba terminando de vendarle, Blossom y Buttecup entraron por la ventana, la segunda dispuesta a golpearlo, pero su semblante cambió al verle.
── Así que, ¿Tuviste una pequeña aventura y no nos invitaste, oxigenado?
── Dios mío, Boomer… ── Murmuró la pelirroja. ── ¿Qué ha pasado?
El rubio, que comenzaba a sentirse mejor, tomó aire de nuevo.
── Encontré la guarida de Ken en el Monte Fuji.
── ¡¿Qué?! ── El grito de Kaoru resonó en el lugar, haciendo que unos pasos fuera de la habitación se escucharan, alertando a todos.
── ¿Cielo, estás bien? ── Miyako se miró la ropa ensangrentaba y corrió a colocase la bata encima del pijama de dos piezas.
── No hagan ruido. ── Salió de la habitación, mientras todos reprimían con la mirada a la pelinegra.
── Hace rato que escucho ruido, ¿Está todo bien?
── Sí, sí. Es solo que no podía conciliar el sueño, pero ahora mismo me voy a dormir. ── Dijo, apagando la luz. ── ¿Lo ves? No te preocupes.
Unas palabras más se intercambiaron entre ellas y la rubia regresó en el cuarto a oscuras. Prendió una lámpara de noche.
── Eso estuvo cerca. ── Murmuró. ── Tendremos que quedarnos así.
Ellos asintieron, estando de acuerdo y prosiguieron a mirar al rubio que se veía algo pálido y ojeroso.
― Deberían sentarse. ―Murmuró. ― Es una historia algo larga. ―Y entonces les contó todo. Su presentimiento, el dialogo que escuchó sobre los puntos y los rayos Z, lo debilitado que estaba Ken, todo. Al final, Brick le miró ceñudo.
― No sé si golpearte por no habernos dicho nada o dejarlo pasar por que al final encontraste al idiota.
― Creo que me gusta más la segunda.
Ellos se quedaron en silencio procesando la información.
― Intenté identificar la voz de la chica. ―Admitió. ―Pero estaba demasiado lejos, y el viento no ayudaba mucho, ni que ella estuviera dentro de la nave.
―Lo importante es que obviamente nuestras osspechas eran ciertas. Nos están vigilando. ―Dijo Blossom. ―Necesitamos tomar medidas.
―Por el momento creo que estaremos bien. ―Dijo el rubio. ―Siento que Ken la puso a espiarnos porque le tiene confiaza. No le daría el puesto a cualquiera, y por el momento ella estará con él, y les aseguro que no nos dará problemas en unos días.
―Pues hay que aprovechar ese tiempo. ―Se apresuró Buttercup. ―Y, que ella no esté aquí para vigilarnos no quiere decir que no vayan a poner más espías en todo Tokyo. AL final, eso fue lo que dijeron.
― Supongo que será un riesgo que tengamos que correr. No podemos mantener a salvo cada lugar al mismo tiempo.
― Lo que no entiendo es eso de los puntos que quiere encontrar. ¿Qué puntos? ¿A qué se refiere con puntos?
―No lo sé, pero claramente tiene que ver con los rayos Z. Al no encontrar los puntos tuvo que venir a asaltar el almacén.
Permanecieron en silencio.
―Me da muy mala espina eso que dijo de que necesitaba los rayos Z para una persona. ―Dijo Miyako. ―No lo sé… es uno de esos presentimientos.
― A mí también. ― Secundó Boomer. ― Lo hizo ver como si fuera un elemento completamente vital para él. Ni siquiera nosotros necesitamos tanto los rayos Z, ¿No?
Bucth suspiró.
―Hay muchas cosas que aún no tienen sentido.
―Es verdad, pero… antes no teníamos nada. ―Dijo Blossom. ―Mañana… al rato, más bien, habrá que notificarle al profesor. Es posible que el entienda mejor la situación.
Punto a favor de la pelirroja.
―Lo único que podemos hacer por el momento es dar varias revisiones a los almacenes químicos de la ciudad durante el día. ― Brick asintió de acuerdo con Blossom.
― Creo que deberíamos ir al Monte Fuji mañana. Registrar todo el perímetro, encontrar alguna anomalía, o algo que nos pueda servir. No sabemos desde cuando Ken estuvo refugiándose ahí.
― ¿Estás seguro que no dijo nada de su bunker?
Bomer suspiró.
―Seguro. Solo dijo que necesitaban llegar ya. Sé que era un viaje largo porque estaban esperando a que la energía de la nave se regenerara completamente. Y… bueno, sé que es apresurarme demasiado, pero la nave fue hacia el este.
―No creo que esté aquí en Tokio. ―Murmuró Blossom. ― No habría usado la nave ara trasladarse si no.
―Además, si aprendió de Taiga, sabrá que es demasiado arriesgado permanecer aquí, al menos para él. Y ahora que Boomer lo ha encontrado aquí no creo que vuelva querer resguardarse cerca de nosotros.
―Yo quisiera saber de dónde carajos saca todo esos aparatejos. ―Dijo Boomer. ―Quiero decir, nosotros tenemos al profesor, que tiene el completo apoyo del gobierno. Y además de costoso, todo eso es realmente, casi imposible de producir. El profesor debió haber tardado años en crear nuestra nave. La de Ken no creo que haya sido diferente. ¿Y de dónde saco un bunker?
Nadie tenía respuesta a eso. Permanecieron en silencio, hasta que Boomer comenzó a cabecear. Miyako se puso de pie.
―Creo que por el momento no hay mucho más que hablar, ¿No?
Blossom asintió.
― Lo mejor será esperar a mañana, y consultarlo con el profesor. Y claro, hacer esa revisión al Monte Fuji.
―Vale, entonces iré a prepararle un té a Boomer, antes que se quede dormido. ―Y la chica salió sigilosamente, mientras ellos se levantaban y se desentumían.
Mientras todos se acercaban al rubio para unirse a la cama ―joder, eran casi las cinco y ellos estaban muriendo de cansancio ―Momoko se quedó sentada en su lugar, mirando por la ventana pensativa. Desde ahí se alcanzaba a ver perfectamente el Monte Fuji, como de cualquier lado de Japón.
― ¿Qué piensas?
Brick se entrometió entre sus pensamientos.
― En todo lo que ha pasado.
Brick entrecerró la mirada sobre ella. No le creía.
―Tienes esa cara. ―Dijo. Ella arqueó una ceja.
― ¿Cuál?
―Esa. Esa que pones cuando estás tramando algo. ―Momoko lo maldijo por dentro. NO le agradaba que la leyera de pies a cabeza.
Se encogió de hombros y dirigió su mirada de nuevo al paisaje nocturno escuchando las conversaciones de sus demás compañeros de fondo. Sabía que Brick ya la había descubierto, pero aun así no estaba segura de querer compartirle lo que pensaba. No sabía como reaccionaría y después de todo lo que les había contado Boomer sus ganas de ejecutar su plan se habían incrementado. Brick no se movió de su lugar.
Tras unos minutos más, Miyako entró con una tetera, varias tazas y unas cuantas galletas. Butch y Kaoru se abalanzaron hacia ella, no precisamente para ayudarle.
Miyako les regañó levemente, diciéndoles que guardaran silencio y se acercó a darle una taza de té al rubio con los pelinegros pisándole los talones como cachorros hambrientos. Aprovechando la repentina distracción, Momoko decidió hablar.
― Ya sé dónde está.
Brick, que ya se había ensimismado en sus pensamientos, le miró con confusión, no entendiendo el comentario.
― ¿Eh?
―Que ya sé dónde está. ―Murmuró. El de gorra siguió mirándole sin comprender.
― ¿De qué hablas?
― De la isla. La isla que hemos estado soñando todo este tiempo, todos estos años. Pude por fin ver cómo llegar a ese lugar.
El chico frunció el ceño.
―Cuando llegue a casa y me fui a dormir pude verlo. Tuve otro de esos sueños. Podía vernos a nosotros viajando hasta ahí y llegando a una cabaña.
En la cama, Butch le reclamaba a Boomer que le hiciera un campo para poder acostarse.
― ¿Algo más?
Momoko se quedó callada. Era la parte que no quería decirle, aunque tenía la sospecha que no necesitaba hacerlo. Brick ya había aprendido, tal como sus amigas, a leerla de pies a cabeza.
―Estás pensando en ir allá. Sola. ―Tardó en responder.
―Si.
Rojo contra rosa. Inconformidad contra determinación.
―Oye, Brick. ―La voz débil de Boomer hizo que ambos se giraran a verlo. ― ¿Podemos irnos ya? De verdad necesito descansar.
El pelirrojo no quería irse, no ahora que había descubierto algo nuevo y al parecer importante. Pero suspiró. Tendría que esperar para aclarar varias cosas con Momoko, el rubio parecía cada vez más pálido.
―Supongo. Pero iremos al laboratorio. Ahí hay más medicamentos y el profesor podrá atenderte.
Y fue todo. Entre Brick y Butch le ayudaron a levantarse y con una ultima mirada a las tres chicas, se fueron. Kaoru se trasnformó, al igual que Momoko.
―Pero que día. ―Gruñó la pelinegra. ―Pienso dormir hasta las cuatro de la tarde.
―Si es que podemos. ―Le recordó la rubia.
― Así es. ―Secundó Blossom. ―Ahora si tenemos bastantes cosas que hacer.
Entre algunas protestas de inconformidad, la pelinegra partió, con la líder detrás. Miyako se quedó ahí, algo preocupada y consternada por todo lo que había pasado. Con un suspiro, se acercó a la cama y se acostó donde no estaba lleno de sangre, no tenía fuerzas para cambiar sábanas.
Se quedó dormida.
:D Aquí estoy a tan solo una semana, chicuelos. Ando Poderosa xDD
Estoy felíz de poder haber actualizado tan pronto, y espero poder continuar así.
¿Qué tal la escena de los rubios, les ha gustado? Eso espero. Fue de las primeras que escribí cuando inicié a idear este fic. En fin, muchas cosillas van descubriendose y ya vamos más allá de la mitad del fic. Imagínense.
Bueno, creo que por ahora es todo. Espero que la inspiración se siga portando bien conmigo y continuar a este paso :)
Besos embarrados de Nutella a todos! Y mil gracias por todos y cada unos de los reviews. Ya me daré a la tarea de responderlos.
¡Los quiero!
P.D. Por cierto, lamento tantos errores ortográficos en el capi anterior , traté de checar más a fondo este.
