Disclaimer: applied.
Advertencias: Continuación de mi Fic: Demashitaa: No Hai.
Identidades secretas de los chicos:
Brick: Makoto Him.
Boomer: Hotaru Him.
Butch: Koiji Him.
Demashitaa:Kasai
Triángulo de las Bermudas
Los tres hermanos miraban y toqueteaban todo del laboratorio de Taiga, sin importarles que el hombre estuviera presente. Emocionados, chillaban y gritoneaban de lo interesantes que les resultaban sus creaciones. Al final, haber pasado tanto tiempo con Mojo, había hecho mella en sus personalidades, cogiéndole gusto a aquellos artefactos que nacían solo con un poco de ciencia y una mente ingeniosa.
― ¡El diseño de este es genial! ―Mumuró Boomer alucinado con los materiales y estructura designada para aquella nave que por ahora solo estaba plasmada en planos.
Taiga carraspeó, intentando llamar la atención de los chicos que seguían tratándole como si fuera una blanca pared. Intentó internamente guardar la compostura. Aún no podía mostrarse ante ellos como realmente era. Tenía que ganarlos primero.
― Muy bien, críos, les tengo una misión. Una muy importante, que considero, solo pueden realizar ustedes, ya que son los más perspicaces de los reclutados para esta misión.
Solo así los tres voltearon curiosos. Brick se cruzó de brazos con arrogancia.
― ¡Pues claro! ¿Qué esperaba? No por nada somos hijos de HIM. ―Boomer y Butch rieron estúpidamente, estando de acuerdo.
Taiga asintió.
― Bien, ¿De qué se trata?
― Es una misión de investigación, sumamente importante para plantear nuestra la base de nuestros futuros planes. ―Boomer hizo un leve puchero.
―No me gusta leer.
― ¡No, idiota! ―Gruñó el hombre. ―No vas a leer nada. La información que necesitamos no se encuentra en ningún archivo escrito. De hecho, no hay muchas personas en Tokio que tengan acceso a esos datos.
Los hermanos parecieron interesarse.
―Continúa. ―Pidió el líder.
― Necesitamos encontrar todo sobre la vida privada de esas tres crías estúpidas. Toda su información personal. Donde viven, quienes son sus padres, sus amigos, gustos, pasatiempos, todo. Es necesario para llevar a cabo nuestra misión de infiltración. Es posible que nos tome un largo tiempo para hacerlo. Mientras eso pase necesito que sigan entrenando.
― ¿Misión de infiltración?
―Así es. ― Los tres hermanos apenas tenías unas cuantas semanas reclutados en que enorme edificio abandonado, pero cuanto antes comenzara sus planes, mejor. ― Así será la manera en que destruiremos a esas chicas. Primero recolectaremos toda la información que nos sea posible sobre sus vidas privadas. Una vez estudiado todo y entrenado lo suficiente, se infiltraran en sus vidas para conocerlas aún más y así conocer todas sus fortaleza y debilidades. Solo así podremos vencerlas. Nos tomara unos cuantos años llevarlo a cabo. Pero podrán darse cuenta, que han sido los elegidos por mí para llevar a cabo esta misión. Son los indicados para destruirlas, después de todo, para eso fueron creados. Es por eso que son los que deben estar más familiarizados con ellas.
Taiga comenzó a pasar una carpeta con las fotos de ellas y el respectivo nombre de cada una y sus edades. La única información que tenían de ellas.
― Mientras más rápido tengan todo, más rápido comenzaremos. Esta misión depende de ustedes tres, y su desempeño.
Brick se acomodó la gorra.
― Con tal de destruir a esas chicas… ¡Cualquier cosa! ― Una mirada de determinación se dibujó en los rostros de esos chicos. Pero estaba cargada de un aire infantil que le dejaba claro que realmente, para ellos era un juego.
Odiar a esas chicas era como un juego de cazar al ratón. Sabía que muy en el fondo ellos no buscaban exterminarlas, sino dejarlas fuera de juego, demostrar una y otra vez que ellos eran mejores. Pero ya se encargaría él de sembrar suficiente odio en sus corazones para no tener piedad de ellas y eliminarlas por completo de la faz de la tierra.
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~ o ~
.
Tres años después.
Boomer entró por una de las ventanas del edificio con la mirada perdida. Intentar alejarse de la rubia, le estaba constando demasiado. Algo dentro de él dolía. Acercarse a Miyako estaba transformándole en maneras que él jamás pensó. Más que gustarle, la quería.
El saber que tenía que destruirla para Taiga, le carcomía por dentro. Si eso algún día pasaba… ¿Qué haría él después?
Realmente estaba considerando el hablar con Brick de la situación. Conocía a su hermano y sabía que él pasaba por lo mismo, al igual que Butch. Acabar con Taiga cada vez le parecía una idea más cercana, pero para eso, necesitaban a esas tres heroínas, que no confiaban ni un pelo en ellos (es decir, en sus alter-ego). Que jamás creerían en su versión.
Se sentó sobre el travesaño de la ventana, y se inclinó poniendo sus manos en las rodillas, el tiempo que tapaba sus ojos.
Hubiera seguido con sus pensamientos, pero la voz de Taiga acercándose le alertó. No quería cruzárselo por nada del mundo. Era la última persona que deseaba ver en este momento. Voló fuera del lugar, quedándose lo suficientemente cerca para escuchar con su oído sónico.
―Maldición, estos críos no han llegado. Los necesito ahora mismo.
Detrás de él, alguien enmascarado sostenía un cuerpo sobre sus brazos.
―Se toman su misión muy en serio. ―Dijo el hombre. Por alguna razón esa voz le pareció muy conocida.
―Demasiado, diría yo. ― Gruñó. ―Esos tres creen que no me doy cuenta de cómo las miran.
Hotaru tragó saliva nervioso.
― Bueno, Taiga-sama, por el momento, podríamos ocuparnos de la identidad de Gotokuji.
— Ah, sí, el padre de la azulita. —Hizo un movimiento con la mano mientras se daba la vuelta para salir. — Encárgate de eso. Al menos debo agradecerles a esos estúpidos por darme la ubicación de los padres de Bubbles. Lástima que el hombre no haya querido cooperar. Se buscó él solo su muerte.
Las voces siguieron hablando, hasta que fueron solo un susurro lejano, y pronto se convirtieron en nada. Pero Boomer no podía moverse de su lugar, se había quedado petrificado en su sitio. El padre de Miyako estaba muerto.
Pensó en las veces que la chica hablaba de él, esperanzada de que algún día volviera a verlo. Ella no sabía que jamás volvería a tener esa oportunidad. Porque Taiga lo había matado.
Taiga lo había matado gracias a que él y sus hermanos le dieron su ubicación años atrás, cuando era una persona completamente distinta a la que era ahora.
Se despertó sudando frío. Miró el techo de esa antigua cabaña japonesa largos segundos. Hacía tanto que no soñaba con aquello. El día en que se enteró que Taiga había asesinado al padre de Miyako.
Sintiendo como si el cuerpo le pesara millones de kilos, se sentó en el futón que Mina le había prestado para dormir. Aquel recuerdo era algo que recordaba de vez en cuando. Con todo este revuelo de las últimas dos semanas, ni siquiera había pensado en ello. ¿Por qué lo recordaba ahora?
— Tal vez porque ahora es más que tu amor platónico, idiota. — Pensó. — Las consecuencias de tus actos ahora pesarán más que antes.
La culpa volvía a carcomerle por dentro. Ellos mismos habían ayudado a Taiga a encontrar a los padres de la chica. Siempre había querido confesárselo, pero no sabía cómo. Tenía miedo de que ella se alejara de él. Ahora más que nunca. Ahora que la tenía no quería perderla, pero… ¿Cómo seguir ocultándole tal cosa?
Con un suspiro cansado, giro su vista a la derecha, observando a Butch durmiendo a pierna suelta. El futón de Makoto estaba vacío. Al parecer él tampoco podía conciliar el sueño.
Se dejó caer sobre su espalda, con angustia, pensando en la que ahora era su novia. Su noble y dulce novia.
Sabía lo que tenía que hacer, pero… ¿Cómo hacerlo?
Momoko observaba la luna con parsimonia, perdida en sus pensamientos. Cuando había intentado ir a dormir, poco había podido hacer para lograrlo. Al final, había terminado saliendo a sentarse en el césped a observar las olas romper contra la arena.
Le preocupaba todo lo que estaba pasando. Y aquella cosa de la profecía parecía tan…
― Difícil de creer, ¿No?
La voz de su contraparte le hizo respingar. Se giró rápidamente para verlo parado detrás de ella, con la mirada pensativa, fija al frente.
― Si no fuera porque esa loca nos dijo tantas cosas personales que es imposible que supiera… no sé. Aun me cuesta creerlo.
Momoko suspiró, girando su vista de nuevo. No respondió nada, pero tras el tiempo y los duros momentos que habían vivido juntos, ambos habían aprendido a interpretar el silencio de otro.
Makoto se sentó a su lado, quedando en silencio mucho rato.
― Si hubiera matado a Ken cuando supe que era hijo de Taiga… todo esto no estaría pasando.
Momoko le miró algo incrédula.
― ¿Qué dices?
― Lo que escuchaste.
Ella apretó los labios. Por más desesperada que hubiera sido la situación, ellos nunca habían pensado en asesinar a nadie, ni siquiera Taiga. Él había muerto por su propia ambición.
― Sé lo que estás pensando, Momoko. Pero también sabes que tengo razón. Dime, supón que lo capturemos. ¿Qué sigue? ¿Encarcelarlo? ¿Cuánto Crees que eso lo retenga? Ya has visto el poder que tiene.
Akatsutsumi bajo la mirada a sus manos.
Ella lo sabía. Pero temía admitirlo. No sabía si podría…
― Sabes que no tenemos opción. ― Sintió la mirada roja posarse sobre ella. ― Cuando llegue el momento, tendremos que acabar con él. O esto nunca terminará.
Makoto suspiró.
―Para brillar, la luz necesita oscuridad. — La ojirosa le miró, aún en silencio. — Es una de esas frases estúpidas de Hotaru. Hace unos cuantos días me lo dijo. En ese momento no lo entendí, estaba demasiado ocupado pensando en cómo encontrar a Ken y qué hacer con él.
Makoto recordó ese momento, mientras se vestían para ir al baile de primavera. Él había estado negándose a ir, pero al final lo habían arrastrado así que había tenido que ir a cambiarse de ropa. Él había estado diciendo sus pensamientos en voz alta, inconscientemente, preguntándose cómo detendrían a ese tipo.
—Aunque parezcas idiota no lo eres tanto. — Había dicho Hotaru. — Para brillar, la luz necesita a la oscuridad. Y somos nosotros los que tenemos que cargar con el peso de ello. No hay otra opción. Nadie más puede hacerlo. — Him menor observó un colgante que terminó por guardarse en la bolsa del pantalón con cuidado. — Para ellas será más difícil, pero la oscuridad no es una extraña para nosotros, después de todo. Creo que en eso radica realmente el balance del equipo. Luz y oscuridad por igual. — El rubio terminó de abotonarse la camisa. — Creo que tú ya lo sabes, solo no quieres admitirlo, es por eso que estás enloqueciendo hermano. La oscuridad de la noche nos permite ver las estrellas, descansar del día. Ser oscuridad no significa volver a ser lo que éramos antes.
No entendía todo lo que había dio a plenitud, pero se hacía una idea. Además, sabía que tenía razón cuando decía que se había estado negando a aceptar que ya sabía el camino que debían tomar.
—Para mantener la paz del mundo tenemos que cargar con el peso de la muerte de los que quieran acabar con ella. No hay otra opción.
Momoko pestañeó intentando mantener la compostura.
—No significa ser los malos de la historia. Es parte de proteger nuestro mundo.
El silencio de Momoko le confirmó lo que ella era consciente de eso, y era lo que a la chica le atormentaba. A sabiendas de que estaban solos y sin entrometidos, se permitió estirar el brazo lo justo para atraerla hacia él. Las manos de ella se aferraron a su camisa con angustia.
—Es difícil ser quienes somos. — murmuró. — No sé si soy lo suficientemente fuerte.
— Tal vez no. — Sinceró él. — Pero juntos sí lo somos.
Normalmente era al revés. Ella era la de las palabras confortadoras y sabias, pero era momento de invertir papeles. En este momento, ella era quien necesitaba ánimos. Momoko agradeció tenerlo con ella en ese momento. Antes, cuando solo eran ellas tres, solía apoyarse más en Miyako, pero siempre se sintió responsable de guiarlas, no de cargarlas más. Cuando Makoto había llegado, el liderazgo se había colocado en los hombros de ambos, haciéndolo más llevadero. Aunándolo a los cinco restantes de equipo, todo se había amoldado a la perfección.
—Más bien. Los seis juntos si lo somos.
Ella asintió en silencio, aferrándose solo un poco más a él. Ninguno fue consciente de cuando se quedaron dormidos. Tal vez eso era lo que necesitaban para conciliar el sueño. Los brazos del otro.
Cuando Mina los había despertado para ir dentro de la cabaña, el Sol ya se estaba posando sobre el firmamento.
—Aún no he despertado a los demás. No creo que quieran que los encuentren aquí solos. Parece que les gusta molestarse entre ustedes. —Dijo la chica con diversión. Agradeció internamente que les diera privacidad delante de sus hermanos y amigas.
Fueron tras ella, y a los pocos minutos, ya estaban los cuatro restantes reunidos en la pequeña cocina, preparándose para irse… o eso intentaban.
Kaoru comía como un camionero todo lo que podía antes de partir. Butch molestaba a los azules por su reciente relación,mientras Bubbles intentaba no sonrojarse y Boomer le maldecía por ser tan "mal hermano" Aunque, sabía que dentro de sí, deseaba ser él el que proclamara a su contraparte como su novia.
Brick, por su parte, intentaba comer algo mientras escuchaba la conversación de Blossom y Mina.
—Tenemos ayuda en casa. El profesor Utonium tiene una mente brillante, seguro podrá resolver los acertijos que nos has dado.
—Profecía. —Corrigió la mayor, con la serpiente blanca enredada en su brazo. —Es una profecía, no acertijos. Y realmente espero que pueda ayudarlos. Esto funciona más por corazonadas.
—Vale. Profecía. —Aceptó Blossom, aunque el pudo descifrar en su mirada que la palabra le resultaba extraña.
—En cualquier caso, ya saben cómo llegar acá. No duden en llamarme si descifran algo más. Eso puede ayudarme a encontrar una repuesta más rápidamente.
Brick, que aun no lograba comer nada, le dedicó una última mirada dudativa.
—Hay algo que no entiendo. —La chica dirigió su mirada a él, dándole a entender que tenía su atención. —¿Porqué nos estás ayudando? No nos conoces. A ti poco podría importarte la destrucción de Tokio, no vives ahí. ¿Por qué tomarte tantas molestias por nosotros?
Blossom parpadeó algo sorprendida. La pregunta tenía total lógica. Hubo una batalla de miradas entre la castaña y el pelirrojo. A Blossom le pareció sospechoso el hecho de que la gitana no respondiera rápidamente.
—No puedo quedarme sentada de brazos cruzados observando como se destruye una ciudad, cuando se me ha dado este don, que puede contribuir a la causa. Es el peso de cargar con él.
Brick pareció no muy convencido, pero terminó por suspirar.
—Supongo que de todos modos, no tenemos otra opción que confiar en ti.
Pero Blossom se había quedado con una pequeña duda. Lo dejaría pasar por el momento, pero encontraría la respuesta real a la contribución de Mina.
Brick se levantó, sin haber tocado bocado, caminó hacia la puerta.
—Es hora de irnos. Haremos un par de horas de camino a casa, y tenemos muchas cosas que resolver antes de que el cuerpo de ese bastardo se amolde a los rayos Z.
Mina asintió.
—Lo sé. Vayan con cuidado, y no duden en llamarme si algo sucede. Si obtengo más información, los contactaré. —Se guardó el número telefónico del laboratorio dentro de la blusa. —Nos vemos, héroes.
Los seis chicos le miraron una última vez, para partir de regreso a Tokio.
Kuriko le ayudaba a menear tranquilamente mezclas de sustancias que se calentaban a fuego lento sobre un mechero. Había llegado ahí esa misma mañana, preocupada porque su hermana no había llegado a casa la noche anterior. Esta vez no le había mentido, le había dicho la misión de último minuto a la que partieron los seis chicos y la razón por la cual no habían llegado.
Ahora, para distraerla y mantener su mente lejos de eso, le había permitido ayudarle a preparar distintos suministros de medicamentos que el profesor le había puesto a hacer.
—Pronto necesitaremos de eso, y no podemos quedarnos sin suministros en medio de una posible guerra. Prepara tantos como puedas y guárdalos en tu habitación. Ahora el almacén no es tan seguro como antes. — había dicho su padre, monitoreando la actividad del triángulo de las bermudas, como días atrás.
—¿Me pasarías un frasquito más? Esta está lista.
El accedió, volviendo a la realidad.
La miró vaciar el líquido en el contenedor con tranquilidad. Aun le parecía surreal que estuviera ahí con él. Al menos después de la pelea que tuvo con ellos por ocultarle la verdad de su hermana. Pensó que no volvería a aparecerse por el laboratorio en mucho tiempo. Tal vez su mirada fue muy penetrante porque le miró curiosa.
— ¿Lo he hecho mal?
Él parpadeó y al instante tosió, nervioso de verse descubierto.
—Eh, ¡No! Todo bien… —La ojimiel volvió a su tarea. —Sólo… me preguntaba porque estabas aquí… ¡Quiero decir! ¿Que no estabas enojada?
Ella suspiró.
—No estoy muy contenta que digamos. —murmuró. —Pero entiendo porqué lo hicieron. Además, creo que la culpa realmente nunca fue tuya. La decisión la tomó mi hermana, tu solo la respetaste. Lo siento por eso.
— ¡Oh! N-No tienes que disculparte. —Dijo. —Yo también lo siento. —Y de verdad lo sentía. No lo admitiría, pero había extrañado su risa contagiosa durante todo el día que no estuvo cerca. Kuriko era la única amiga de su edad que tenía.
Siguieron con su tarea más tranquilos y sonrientes, hasta que la mirada de Akatsutsumi se oscureció levemente.
—Es algo realmente peligroso, ¿Verdad? —Ken la miró, curioso. — Ya hasta sobrepasó el continente… ¿Pueden morir?
Ken solo la miraba, miel contra azabache. Y lo notó. Notó que su brillante personalidad se había opacado levemente al enterarse de la verdad. La preocupación comenzaba a consumirla a ella también, como a todos los que caían en cuenta de la realidad que les rodeaba a esos seis chicos.
Terminó por desviar la mirada y revolver de nuevo lentamente la fórmula.
—Sí. —Afirmó. —Pueden morir. Es el peso de ser un héroe. —Murmuró. —Aunque, hace dos años, cuando se enfrentaron a Taiga, también pudieron morir, y no lo hicieron. Sobrevivieron. Y, creo que es porque ellos tienen algo por qué luchar. Personas que aman. Un hogar. Amigos.
El sollozo de la quinceañera le hizo sentir un nudo de nervios en el estómago. Deseo que Miyako estuviera presente y solucionara la situación.
—O-Oye, no llores. —Dijo, nervioso, sin saber qué hacer y arrepentido de haber dicho eso. —Te daré un dulce.
Akatsutsumi gruñó entre sollozos.
— ¡No quiero un dulce! —Chilló, infantilmente. — ¡Quiero un abrazo, tonto!
El adolescente enrojeció. ¿Debía llamar a su padre para que abrazara a la chica? ¿A Peach? Sí, tal vez lo debió haber hecho. Antes de que Kuriko se le acercara con cara de perrito mojado y le apretujara fuertemente. Ken tartamudeó e hiperventiló, nervioso.
—E-Eh… este…
— ¡Sólo abrázame! ¡Soy tu amiga!
Él le dio unas palmaditas nerviosas.
Kuriko se separó lo suficiente.
—Eres como un robot. —Murmuró, limpiándose las lágrimas. —Te hace falta una novia.
Si había estado ruborizado, la cara del pelinegro se volvió como la de un tomate.
— ¡Pero qué dices, loca!
Solo entonces, Kuriko rio bajamente. En ese momento, escucharon como la puerta del laboratorio se abrió, y pronto pasos se escucharon por las escaleras.
Habían llegado.
—Repítelo de nuevo.
Blossom suspiró. Era la tercera vez que le contaban al profesor lo ocurrido, pero, su mente no podía aceptar aquello tan lejano a la lógica.
— ¿Y dices que les dio eso? —Señaló el papel donde Mina había escrito la profecía.
—Debe admitir que es muy acertado. —Dijo el rubio. —Al menos lo que podemos entender.
Utonium dio vueltas en círculos como león enjaulado. Negó varias veces y releyó el papel otras tantas.
—No entiendo cómo… de qué manera.
— ¡Yo menos! —Dijo Boomer. — Pero… le digo, esa chica me dio esperanza. Y a todo el grupo.
—Curioso que lo digas luego de haberla llamado bruja. —Dijo venenoso el pelirrojo, con la clara intención de molestarle. Esta vez ni se inmutó. Que se jodieran por envidiosos.
En ese momento, un ruido se escuchó en la plata baja, fuera del laboratorio. Sin dar oportunidad a nada más los seis volaron al jardín como alma que llevaba el diablo.
No había nada. Volvieron a su lugar con los científicos y la niña.
—Creo que están rayando la paranoia. Tal vez fue una ardilla. El jardín del profesor parece una reserva ecológica.
Los presentes miraron a Kuriko, que escuchaba la conversación, aún sin acostumbrarse a la presencia extra entre ellos.
—Sea como sea, creo que es verdad. —Dijo Blossom
—Chicos… no sé. Yo estoy escéptico.
— "La unión, lo fuerte,
Lo inquebrantable, lo esencial,
Lo eterno y lo bello,
Determinan el inicio, completan la conexión,
Que al enemigo menos esperado,
Se enfrentará en aquel lugar,
Del que nada ha conocido retorno,
La guerra comienza,
Para cobrar venganza de lo cometido,
Y sacrificios hay que hacer para ganar la batalla,
La tempestad y el puente desaparecen,
La puerta queda abierta, esperando su destino"
Miyako recitó la profecía ya de memoria. Había pensado tanto en ella de camino que se había grabado en su mente rápidamente.
—Claramente el enemigo menos esperado tiene total sentido con Ken.Y el hecho de que la guerra comienza para cobrar venganza de lo cometido se refiere al hecho de que Ken inició todo esto por la muerte de Taiga. —El profesor se talló los ojos. El cansancio parecía cada vez hacer más mella en él. —Sé que solo son dos líneas, pero…
—Hay algo que a mi… bueno, no sé. —El pequeño Ken comenzó, algo impaciente. —A decir verdad yo tampoco creo mucho en esto, pero… dado que algunas cosas parecen cuadrar y… bueno… pienso… pienso que tal vez el lugar que no tiene retorno… Me parece que podría ser… el triángulo de las bermudas.
Todas las miradas se posaron sobre él con sorpresa. Su padre entrecerró la mirada sobre él.
— El triángulo… —murmuró.
—Hace poco encontramos actividad de rayos Z ahí. Y… bueno, nada ha encontrado retorno de ese lugar, literalmente. Si estudiamos la historia, ha habido muchos barcos, aviones de guerra, que…
—Desaparecen. Que no encuentran retorno. —Blossom murmuró, haciendo que el chico asintiera. Las manos de Boomer hicieron corto circuito y chamuscaron la blanca silla sobre la cual estaba sentado.
Parecieron eternos los segundos en los que Utonium permaneció inerte frente a ellos. Hasta que pareció tomar una decisión.
—Vamos arriba. —No necesito decir más. Todos siguieron al adulto rápidamente a su cuarto de investigaciones, donde había pantallas, mesas de experimentos, y sobre todo, miles de planos y hojas llenas de teorías y escritos del hombre. Se sentó frente a su más larga investigación, comenzando a teclear rápidamente. Automáticamente la pantalla hizo zoom y se concentró en ese punto geográfico del mundo que en ese momento los tenía con los pelos de punta, el triángulo de las bermudas.
—Comenzaré diciendo que este es un punto en el cual comencé a invertir más tiempo de investigación cuando descubrimos por primera vez los rayos Z, hace seis años. Presentía que probablemente sus altos índices de anomalías tenían que ver con esta sustancia que provocaba en seres humanos este tipo de cosas incomprensibles para la ciencia, tal como lo sucedían cosas en el triángulo. Los parámetros eran parecidos aunque no del mismo tipo y-
— ¿Qué es eso?
La voz de Butch señaló un punto en la pantalla. El profesor, algo descolocado al verse interrumpido, parpadeó.
— ¿Qué, exactamente?
—Esos números. ¿Qué son esos números? —El moreno señaló una serie corta de números en la parte superior de la pantalla. El profesor no entendía porque la intromisión debido a algo tan insignificante. Aun así respondió con paciencia.
—Coordenadas. Son las coordenadas del triángulo— Buttercup, que durante gran parte del día se había mantenido en silencio, le miró con curiosidad. Solamente le había visto así de sería cuando días atrás le había dicho que la amaba.
— ¿Por qué? —Cuestionó la pelinegra. Además, eran números. ¿Cómo porque el pelinegro se interesaría en ello?
Pero el verde no respondió, se limitó a salir del lugar dejándoles intrigados a todos. Pronto volvió con una revista científica hecha jirones y una libreta escolar arrugada.
Utonium y su hijo miraron la revista con cara compungida.
— ¡Era la edición especial! ¿Por qué la traes hecha un-
—Tengo semanas escribiendo esos números cuando me distraigo sin saber porque.—Interrumpió.
Mostró hojas llenas de esos malditos números que le tenían de nervios en ese momento.
30, 31, 75, 12.
Los mismos que aparecían en pantalla y que el profesor indicaba que eran las coordenadas del triángulo de las bermudas, mismo lugar que el pequeño Ken había sugerido como el lugar al que la profecía se refería.
Esta vez no fueron chispas, sino un rayo el que salió de las manos del rubio y agujereó el suelo del profesor.
—Oh, mierda hermano. —Boomer se quitó la chaqueta acalorado por tanta descarga eléctrica en tan poco tiempo. —mierda, mierda, mierda.
Brick miró a Blossom y pudo ver en ella lo que esperaba ver.
—Es el lugar, tiene que ser. Tiene que ser —Dijo Blossom, convencida.
Utonium se giró a la pantalla y con pesar o alivio, no estaba seguro, divisó dos puntos negros en el lugar, confirmando la actividad de dos personas portadoras de rayos Z negros.
—Me sigue pareciendo ilógico que esta chica-
—No es el momento, profesor. Realmente esto está pasando. —Dijo Blossom. —Miró a Brick, encontrando de nuevo esa mirada en sus ojos. — ¿Crees que sea correcto?
—No veo mejor momento, él está débil.
—Igual que nosotros. Tenemos semanas sin descanso alguno.
—No tenemos opción
— Oigan, esperen, ¿De qué hablan? —Los demás parecían confundidos. No comprendían el idioma de aquellos dos, pero se daban una idea de que se trataba.
—Tenemos que ir. Ya. Es nuestra oportunidad de acabar con él. Seguramente apenas ayer por la madrugada utilizó los rayos Z. Llevamos ventaja sobre él. Además somos mayoría. Sé que días atrás nos venció, pero es preferible atacar ahora, que esperar a que él ataque. Porque tengan por seguro que en cuanto se recupere, volverá.
Nadie contradijo aquel hecho.
Boomer tomó consigo tres frasquitos de medicinas recién hechas por Ken y las metió dentro de su cinturón junto una que otra cosilla que pudiera servirle si resultaba gravemente herido en batalla.
Miró a Bubbles a unos cuantos pasos de ahí y se acercó a ella.
— ¿Lista? —Su novia se giró para verlo e intentó sonreír, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.
—Lista. —Boomer suspiró esbozando una leve sonrisa también. — ¿Qué sucede?
—Nada, solo… pensaba en lo mucho que deseaba comenzar esta relación lo más normal posible. —murmuró, apenado. —Creo que te lo pedí en el peor momento.
Bubbles rio y deposito un casto beso en su mejilla.
—No seas tonto, no digas eso. ¿Dónde quedó tu esperanza y entusiasmo? Creí que eras el último que la perdía del equipo, el que nos mantiene al margen de perder los estribos. —Dijo, pensando en las veces que calmaba a Brick, le daba consejos, sorprendía a blossom con sus reflexiones, o le daba ánimos a ella cuando se sentía decaída.
Pero él sonrió pensando que era precisamente esa rubia la que potenciaba su esperanza o eliminaba cualquier rastro de ella. Ella era la real esperanza. Pero solo se limitó a asentir y depositar un corto beso en sus labios.
—Lo siento.
—Hey, enamorados. —La voz de Butch esta vez no sonaba tan burlesca. —Es hora de partir. Bubbles, Brick dice que recuerdes llamar a tu abuela. Las chicas están llamando a sus padres, así que aún tienes un par de minutos.
Cuando llegaron a la sala, Blossom terminaba de hablar con Mina de lo sucedido y de su próximo movimiento. Tan solo colgar, se dirigió a Kuriko.
—Y recuerda decirle a mamá y a papá que estaré en casa de Bubbles. Si tenemos suerte, mañana estaremos aquí.
Kuriko apretó a Peach entre sus brazos.
— ¿Y si pasa de mañana?
La mayor suspiró.
—Ken y el profesor te ayudarán. Tranquila. Necesito que no entres en pánico.
—Es peligroso.
—Estaré bien. Lo he hecho muchas veces. —Kuriko quiso replicar. Decir que la situación era distinta, más peligrosa, pero guardó silencio y asintió. Comenzaba a comprender porque su hermana había decidido ocultarles la verdad. Les había ahorrado mucha angustia y dolor.
Los últimos tres días no habían hecho más que pelear, y ahora tenía la probabilidad de tal vez no volver a ver a su hermana nunca. Sabía que nadie había dicho nada de ese pedazo de la profecía, pero ¿Qué había del "sacrificio" que se tenía que hacer?
En un impulso, abrazó a su consanguínea rápidamente. Ella, algo sorprendida, terminó por corresponder, y obligarse a sonreír, cuando se separaron. Le acarició las trenzas.
—Nos vemos mañana, ¿Sí?
Y compartiendo una mirada con Brick, dieron la orden de irse.
La adolescente, como último recurso, alcanzó a pescar la chaqueta de Brick, impidiendo su partida. El rojo le miró interrogante.
—Por favor cuida a mi hermana. Tráela de regreso a casa. —Le miró un par de segundos y fue turno de Him de revolverle algo brusco el cabello.
—Tranquila, lo haré. Además, tu hermana es fuerte, es la líder de las PowerPuff Gils, ¿No? Volveremos mañana.
Y con esas palabras emprendió vuelo mirando a su equipo delante de él, sin ninguna duda de enfrentarse a un nuevo peligro inminente.
Recordó lo que horas atrás le había dicho a su contraparte cuando ella dudo de las capacidades del grupo: juntos sí lo somos (fuertes) Más bien, los seis sí lo somos. Era curioso que era ahora el mismo el que intentaba convencerse de ese hecho.
Esperaba realmente poder cumplir con la promesa hecha a Kuriko, porque si no… no sabía si volvería a ser el mismo.
Y bueno, lo prometido es deuda, pero el que quiere pagar, abona.
Aquí el primer capi después de mil años, de perder datos, en fin. Creo que poco a poco voy logrando retomar y reconstruir esto.
¡Estoy emocionada! Estuve leyendo el fic e inspirandome de nuevo, hilando de nuevo. De verdad muchas gracias por la paciencia que han tenido, a todos los que dejaron reviews al anuncio, y a los que no también. Su apoyo fue fundamental para que pudiera escribir lo más rápido que mis responsabilidades me lo permitieran.
Se que es algo corto, pero me gustó como quedó, espero pronto poder traer otro capi, pero no puedo asegurar una fecha, solo que estaré escribiendo lo más que pueda, ya que como algunos leyeron en mi anuncio, este universo que estoy creando, va para largo. La verdad es que lo he extrañado bastante.
De verdad no puedo creer que me ausenté realmente por años. Para estas fechas yo tenía planeado estar publicando ya otro fic, pero en fin, me dejaré de quejas y continuaré con esto, que hay que sacarlo adelante.
Si hay alguien por ahí leyendo, muchas, pero muchas gracias. Los amo.
Y bueno, me despido.
¡Besos embarrados de Nutella para todos!
