N/A: la historia avanza, estoy feliz por ello. Este capitulo sirve como introducción/explicación para cosas que planeo a futuro, espero y sea de su agrado!
Aclaraciones: —Diálogo
"Pensamiento"
Énfasis.
Un día tan complicado al fin terminaba, prueba de ello era como había descendido la temperatura y como el sol se ocultaba con lentitud en el horizonte. El cielo se teñía de colores rojizos, y algunas nubes se veían de una tonalidad más oscura, casi violetas. La escena de postal se reflejaba en el mar, donde se formaban olas pequeñas a causa de la suave brisa veraniega. El ocaso era un horario complicado en todo aspecto porque la visibilidad se alteraba, acorde a los rayos de luz que cada vez eran más tenues, y por el cambio de guardia de los soldados, cuyos despliegues interrumpían el tránsito. Había sido una buena idea detener el automóvil una hora al menos solo para evitar las dificultades y de paso, relajarse.
Caminar un poco por esa amplia bahía y respirar aquel aire que parecía tan puro le hizo bien. La gran ciudad lo apartaba de simples sensaciones como esa y muchas otras, no muy a menudo podía darse el gusto de tomar una pequeña piedra del suelo y arrojarla al agua solo para ver cuantos saltos daba. Rio suavemente al ver que aquella piedra se había hundido luego de apenas un salto, pero no tenía prisa, después de todo iban a quedarse en la ciudad esa noche, podía estar allí lanzando piedras por cuanto tiempo quisiera.
Ishihara suspiró profundamente al ver a su jefe lanzando piedras al mar como si fuera un chiquillo, no entendía que diversión podía hallar en una actividad que a su parecer no tenía sentido, pero no se atrevía a interrumpirlo. Con frecuencia algunas actitudes de Sorimachi le resultaban despreocupadas e imprudentes, algo que le hacía temer bastante por él, pero siempre cambiaba de actitud y mostraba su faceta frívola y calculadora cuando correspondía. Después de todo, por algo era el jefe.
Miró dentro del auto contra el cual estaba recargado para fijarse del joven guía. Sorimachi lo había visto en la estación de gasolina, pero él no recordaba que estuviera alguien además de él y los empleados en todo el playón, tal vez se debía a su molestia de ver que a pesar de haber estado toda la mañana trabajando en el auto, no habían logrado hacer que encendiera. El chico se había quedado dormido en el asiento de atrás un poco después de recomendarles que se detuvieran o se retiraran a las periferias de la ciudad, mencionando el alboroto que los soldados acostumbraban a hacer a esa hora. Con seguridad estaba agotado por la pelea que había tenido y por lo poco que había dormido la noche anterior, o tal vez los calmantes que Sorimachi había insistido en que tomara ya le habían hecho efecto. Verlo respirando lentamente, casi sin hacer ruido a pesar de tener la nariz rota, le transmitió una paz inmensa, y aunque se había pasado la tarde hablando, no le parecía tan molesto como Nishino. Le caía bien aunque prácticamente no lo conocía. Algo así no pasaba con frecuencia.
Regresó su atención a donde estaba Sorimachi y se alarmó al no verlo. Con la vista lo busco a su alrededor pero no lo encontró, y aunque podría haberlo llamado, creyó que su voz podría despertar a Ryuji, por lo que mejor caminó un poco hacía donde estaba antes su jefe. Se puso nervioso, la falta de luz que traía consigo la puesta de sol dificultó su búsqueda, pero él no podría haber ido muy lejos, tal vez habría decidido meterse al agua. Eso era ridículo y aun peor, no recordaba que supiera nadar. Echó a correr a la orilla, histérico.
— ¡Ishihara! —gritó al salir rápidamente de entre unos arbustos, tomándolo por sorpresa. Fue directo a él para empujarlo y tumbarlo al suelo, riendo bastante divertido.
— ¡¿Qué diablos haces?! —lo regañó luego de golpearse la espalda contra el duro suelo— ¡Casi me matas de un puto susto!
— ¡Solo estoy jugando contigo! —Se levantó y se sacudió apenas el polvo de su ropa—. No creo que sea tan malo, ¿o sí?
Ishihara suspiró, después de que se hubiera pasado el día con un ánimo terrible, verlo reír genuinamente era de todo menos malo. Tomó su mano cuando se la tendió para ayudarlo a levantarse y luego rio apenas.
— No vayas a contarle a Nishino…
— ¿Cómo crees? —dijo casualmente y luego sonrió de lado como lo hacía cuando mentía. Antes que pudiera quejarse por eso, le dio un golpecito en el brazo y se giró en dirección al auto, apartándose al caminar con rapidez. Respiró profundamente, ya podía escuchar la odiosa risotada de Nishino cuando se enterase de aquello.
Supuso que Ishihara aun seguiría algo molesto, así que no volteó a verlo ni siquiera cuando llegó hasta el automóvil. Miró por la ventanilla de atrás para comprobar que Ryuji aun durmiera. Había sido un día agitado para los tres, aunque la tarde le había resultado divertida gracias a él. Una leve sonrisa se hizo presente en su rostro, recordaba con facilidad el día que había conocido al muchacho y como le había agradado su inteligencia y sentido del humor. Encontrarse de nuevo resultaba una bonita casualidad, y estaba seguro que si lo veía más a menudo podía acabar por tener una suerte de amistad con el chico. Sorimachi veía cierto potencial en él, además le daba un poco de pena que no tuviera a nadie y solo le quedara un vida ilícita por delante; de cierto modo, aquella similitud con su persona los conectaba de alguna forma. Por supuesto, el muchacho era joven aún y podría enderezar su camino. No era quién para aventurar acerca de su futuro ni condenarlo a la misma vida que él, Ishihara y Nishino llevaban.
Abrió la puerta y se sentó en el asiento del acompañante con las piernas afuera, dejando la puerta abierta para que entrara la fresca brisa. Se aflojó la corbata negra y se arremangó la camisa hasta los codos, tratando de despegarse de la formal etiqueta de funeral que llevaba por primera vez en todo el día, pero eso no era suficiente para apartar el malestar que sentía por la muerte del contador y la lucha en la oficina. Le había jugado una buena broma a Ishihara, había ocupado la mente en otra cosa al estar de pie a orillas del mar, pero que volviera a repasar ese trágico día en su mente era inevitable. Chasqueó la lengua, un tanto molesto, Ishihara tenía razón, no podía seguir culpándose por ello, pero podría sacarle provecho a la experiencia aprendiendo de sus errores.
Ishihara abrió la puerta del lado del conductor y subió sin decir palabra, cerrando despacio, tal vez para no despertar a Ryuji. No pudo evitar sonreír, de haber sido Nishino el que dormía, seguramente habría azotado la puerta con fuerza y hubiera encendido el radio para despertarlo a propósito. Permaneció en la posición en la que estaba, aprovechando para fumar un cigarrillo. El silencio de Ishihara resultaba conveniente pues le permitía pensar un poco respecto a que hacer luego, no tenía apuro en marcharse de la bahía, ni de volver a donde estaba quedándose con su subordinado, y tristemente pensó en que Ryuji estaría en la misma situación si se despertaba pronto.
El chico le caía bastante bien, de cierta forma era como ellos. Se valía por sí mismo al estar solo, se metía en peleas de vez en cuando, era listo y soberbio. La única diferencia estaba en que él al menos tenía compañía: Ishihara, Nishino y los demás en la organización, no eran muchos, pero eran bastante unidos y con eso bastaba. Ryuji en cambio, no tenía a nadie, pero le habría gustado poder ser como él otra vez, un joven descarriado que solo debía preocuparse por sí mismo. Muchas veces dudaba de su propia capacidad como líder, creyendo que se había apresurado al buscar su independencia, había un par de cosas que ignoraba y que podría haber aprendido, pero ya estaba decidido que no volvería a la tutela de su antiguo jefe.
— ¿No quieres ir por una cerveza? —dijo Ishihara de repente.
— Preferiría comer algo —dejó caer el cigarrillo al suelo para aplastarlo con el zapato pero se quedó en la posición en la que estaba por un rato más. Con la vista fija en el horizonte, se permitió dejar la autocrítica de lado un momento para apreciar la libertad que tenía al ser su propio jefe.
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— Ryuji, despierta, vamos.
La calmada voz de Sorimachi lo despertó. Se asustó por un instante al no recordar donde estaba y se sentó rápidamente en el asiento del auto donde llevaba durmiendo un par de horas. Se llevó una mano a la frente quejándose por el dolor al sentir como la sangre se agolpaba en su cabeza e intentó mantenerse inmóvil un instante para que la desagradable sensación desapareciera. Sorimachi lo miraba desde afuera del coche, recargado contra la puerta abierta del mismo, esperando a que pasara el evidente dolor que el chico sentía.
— ¿Me quedé dormido?
— Si —contestó mientras se metía las manos en los bolsillos y sacaba el interior de los mismos para que los viera— pero descuide dragón, que no le he robado nada.
Lo miró extrañado un momento hasta que logró entender de qué iba ese extraño chiste, su aparente ignorancia acentuada por la risa del mayor, de la cual terminó contagiándose. Salió del automóvil una vez que Sorimachi se apartó a un lado dándole lugar, y cerró despacio la puerta.
— ¿No se te antoja algo de hígado de mono? —dijo casi interrumpido por su propia risa.
Yamazaki no entendió de qué diablos hablaba y lo miró incrédulo frente a tal absurdo, aunque le hizo bastante gracia que él encontrara tan geniales sus propias palabras. Sorimachi revolvió su cabello y luego paso el brazo tras sus hombros en una suerte de gesto paternal para conducirlo dentro del pequeño restaurante de ramen frente al cual habían detenido el coche, mientras le contaba brevemente un par de leyendas que incluían princesas ladronas y monos bastante inteligentes. El mayor parecía ser un fanático acérrimo de la mitología japonesa, o tal vez solo sabía un poco más que él, quien ciertamente no tenía ni la más remota idea, pues nunca le había prestado bastante atención a ese tipo de cosas. Sorimachi era divertido, inteligente y amable, pero también frívolo y cruel por lo que había visto el año anterior. Seguro tenía mucho más que un abanico de historias fantásticas por ofrecer, seguro tenía harto de historias propias, similares al inolvidable evento en el bar de Nakano, o tal vez más sanguinarias. Nada despertaba tanto su curiosidad como saber más acerca de él y su vida que aparentaba ser demasiado peligrosa.
Una vez dentro, continuó con lo que estaba referenciando en un principio y le instó a que buscara a Tamatori entre las olas de mesas con manteles de color azul. Rápidamente le encontró sosteniendo una gema en su mano, se aventuró a decir que podría ser la gema de la marea alta pues podría ahogarlo. Sorimachi rio ante su rapidez al relacionar una botella de cerveza con uno de los elementos en el mito que acababa de contarle. Su pecho se hinchó por el orgullo al recibir la sincera adulación de quien ya admiraba bastante y caminó como si fuera el rey del mundo hasta la mesa donde estaba Ishihara esperándolos.
Un chiquilín escuálido pero algo crecido que se pasaba el día entero en la calle parecía haberse convertido en el favorito del jefe, entreteniéndolo, haciéndolo reír y dándole bastante charla. Ishihara escuchó en silencio las andanzas del muchacho, que solo detenía su palabrería para tomar algo de agua o dar bocado al plato que tenía en frente. Sorimachi, en cambio, estaba más activo en la conversación pero no respondió al instante cuando Ryuji le preguntó cómo se ganaba la vida, y que clase de oficina tenían como para que unos sujetos fueran a querer matarlos.
Ishihara se enfocó en su segunda botella de cerveza cuyo contenido estaba prácticamente agotado, solo para ahorrarse la descortesía de no contestarle. Con la emoción que relataba sus torpes luchas con otros chicos en algún parque, seguro idealizaría la vida que él y Sorimachi llevaban, y también pediría ser parte de ella, como si fuese una suerte de club escolar. Aunque el chico no fuera más que un desperdicio de la sociedad, tal como lo había sido él en su juventud, no era muy prudente aceptarlo en la organización y esperaba que Sorimachi se diera cuenta de ello. Por supuesto que habría sido estupendo tener a alguien junto a quien burlarse de Nishino o alguien a quien enseñarle algo de karate, pero resultaba un poco cruel quitarle la poca inocencia y juventud que le quedaba o arriesgar su vida arrastrándolo al mundo criminal.
— Negocios, Ryuji, negocios —contestó Sorimachi al fin, luego de terminarse la sopa ya fría que había estado reposando en el cuenco que tenía al frente mientras hablaban. Evitó la mirada interrogante del menor observando los finos diseños pintados en la porcelana, sonriendo enigmáticamente al continuar con su respuesta—: Y si quieren matarnos…es porque nuestra oficina es del tipo de oficina exitosa, ¿no es así, Ishihara?
Ishihara lo miró de reojo y luego asintió, sonriéndole a Ryuji, esperando a que el chico no preguntara nada más. Era realmente una suerte que fuera tan listo y supiera cuando debía dejar de preguntar, tenía la certeza que Sorimachi no iba a ser descortés con él si insistía con sus preguntas, pero el chico lo había hecho todo más sencillo al callarse. Para cambiar de tema, Ishihara comenzó a preguntarle un par de cosas de los soldados y las bases militares. La molestia que le causaban los americanos ayudó al muchacho a olvidarse rápidamente de los negocios indefinidos que apenas había mencionado Sorimachi, quien permaneció en silencio, como si le cediera la palabra a Ishihara.
Una hora más tarde estaban otra vez fuera del local, mientras esperaban por Ishihara que se había quedado atrás pagando. Sorimachi se veía bastante ausente recargado contra el automóvil con la vista perdida en la carretera, como si estuviera pensando en algo complicado. No quiso interrumpirlo y simplemente se quedó de pie con las manos en los bolsillos mirándolo, esperando alguna reacción, pero no hubo ninguna.
La suave brisa apenas agitaba los negros mechones de cabello que caían sobre su frente, que a su vez marcaban su aparente juventud, rompiendo un poco con el formal y casi anticuado peinado hacía atrás que lucía. No parecía inherentemente malo, no con esa piel pálida sin una cicatriz, mucho menos con esa recta nariz que jamás habría recibido algún golpe, o con ese relajado ceño. De verdad parecía el joven y exitoso hombre negocios que decía ser, pero había algo en su mirada que lo delataba. Aunque no estuviera viéndolos, ya conocía bastante bien esos ojos grises sin vida que ni siquiera se iluminaban del todo cuando sonreía, daba la impresión que llevara alguna carga o que temiera por algo. No podía hacerse una idea de que era lo que le afectaba tanto pero le picaba la curiosidad.
— ¿Pasa algo, señor Sorimachi? —se animó a preguntarle, esperando a que le respondiera honestamente. El mayor volteó a verlo y le sonrió apenas.
— El cielo está limpio, ¿verdad? —Dijo casualmente, haciéndolo levantar la vista al firmamento que estaba cubierto de nubes, y antes que pudiera decirle que aquello no era cierto, él tomó aire y suspiró profundamente—: Ya vas a ver como se despeja Ryuji, todo va a estar bien.
Creyó comprenderlo mejor esta vez. Un nudo se formó en su garganta evitando que le respondiera. Se tocó el brazo distraído y sin querer rozó la herida que tenía en su codo, que volvió a doler como si estuviera sobre la arena en el parque bajo el sol. Una mueca a causa del dolor que sentía se dibujó en su rostro, esperaba que de verdad todo estuviera bien pronto, pues era muy torpe como para estar cuidando todo el tiempo de sus heridas. Sorimachi lo notó de inmediato y escogió bromear para hacerle pasar el mal rato.
— Ahí le traen algo de hígado de mono, señor, no se preocupe —dijo en un tono tan solemne que evidentemente parecía fingido, mientras miraba en dirección al restaurante del cual salía Ishihara con el entrecejo fruncido en evidente molestia. Volteó a verlo también, curioso por si realmente traía algo, pero no era así.
— No se puede hablar con esta gente, maldita sea, ¿por qué no son así en Tokio? —dijo fastidiado mientras sacaba una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo para tomar uno.
— No me vengas con ese cuento de que guarda su hígado en un jarro dentro del bosque.
— ¿Pero de qué diablos estás hablando? —contestó bastante molesto, como si no estuviera de ánimos para soportar ningún chiste extraño de Sorimachi, que ya había echado a reír. Imaginándose que sería una tontería, le dio un golpecito en el brazo mientras le decía que ya no estaba de humor para conducir.
— ¡Nunca entiendes de qué estoy hablando Ishihara! —alcanzó a decir en lo que recobraba la compostura y le indicaba a Ryuji que subiera al auto.
— ¡Pero es que siempre estas desvariando! ¡Nunca sé cuando hablas en serio! —el enfado en la voz de Ishihara era notable, y esperando a que sus movimientos los distrajeran para evitar el conflicto, dio un portazo al cerrar la puerta del auto, pero no pareció ser suficiente.
— ¡Oye, cálmate ya! —Sorimachi alzó apenas la voz, el tono serio que había adoptado era clara muestra de que ya no estaba bromeando.
— ¿Cómo quieres que me calme? ¡Me la paso histérico, temiendo a que no vayas a decir algo que haga que te metan una bala en la cabeza!
Las palabras de Ishihara lo enmudecieron. Se mordió los labios, incapaz de contestarle, entendiendo la molestia del otro. Ishihara parecía vivir con el temor constante de que fuera a pasarle algo, y aunque agradecía su preocupación, lo ponía inquieto a pesar de que no eligiera manifestarlo. ¿Realmente era un blanco fácil? ¿Por qué habría de temer por él? Se sintió bastante tonto pues la innecesaria discusión que habían tenido había sido su culpa y eso lo hacía pensar que tal vez debía dejarse de boberías y hacerle caso.
Suspiró mientras abría la puerta del lado del conductor, Ishihara lo imitó pero desde el lado contrario. Subieron al vehículo en un incómodo silencio y cerraron ambas puertas en perfecta sincronía. Ryuji no tenía idea de cómo ayudar a alivianar aquella molestia, pues era evidente que un chiste no funcionaría, y tal vez el par de hombres estaba aún bastante tenso como para darle lugar a lo que fuera a querer decir. Al menos Ishihara rompió el silencio.
— Aniki, lo…lo lamento, lamento semejante falta de respeto… —su voz fue un susurro bajo cargado de culpa, pero bastó para que fuera escuchado. Estiró el brazo con lentitud hasta la guantera que abrió con cuidado, como para que Sorimachi no notara su acción.
Con la rapidez de un rayo sacó de la guantera un cuchillo y apoyó de un golpe su mano con los dedos extendidos, colocando el filo del instrumento como si quisiera mutilarse. Sorimachi lo tomó del brazo, tirando de él para evitar la locura que estaba por cometer, y de un rápido movimiento le quitó el cuchillo para asegurarse que no intentara hacerlo de nuevo luego. A pesar de que no pudiera verlo muy bien, Ryuji pudo sentir su ira frente a lo que acababa de pasar.
— ¡Pero que imbécil eres Ishihara! ¡¿Cuántas veces voy a tener que decirte que no pienso tolerar esta estupidez?! —Lanzó el cuchillo por la ventana y le dio un fuerte golpe en el brazo— ¡No pienso aceptar nada, eso no va conmigo!
Ishihara escondió el rostro entre sus manos, parecía bastante afectado por lo que había sucedido. Sorimachi le dio otro golpe pero en la cabeza, aun furioso por su actitud. Puso en marcha el coche y de tanto en tanto lanzaba miradas furtivas a Ishihara, como si pensara que el sujeto fuera a sacar otra navaja de algún escondite. Desde el asiento trasero, Ryuji observaba lo que podía en silencio absoluto, abrumado por la tonta discusión y la discusión más seria que le había seguido. Cada vez tenía más preguntas que hacerle, pero ya se estaba haciendo a la idea de que Sorimachi no sería honesto y solo evitaría contestarle.
— No creas que recuerdo donde vives, Ryuji —dijo un poco menos serio luego de aclararse la garganta—, si es que vives donde creo…
— El bar, si… —contestó con rapidez, temeroso de hacerlo enfadar, aunque la idea de ver como las mansas aguas se agitaban previas a una peligrosa tormenta lo tentaba un poco. Le indicó el camino más largo posible para llegar hasta el bar de Nakano, mientras intentaba no olvidar el severo tono en la voz del mayor. Estaba seguro que recordaría la fuerza de su voz por bastante tiempo, y también recordaría el miedo que le dio verlo así tan de cerca. Tal vez esa fuerza, esos sentimientos, era lo que veía en sus ojos, los ojos de un hombre que tenía bastante claro cómo hacer que otro agachara la cabeza, como hacerse respetar.
Sorimachi detuvo el coche frente al bar y se bajó primero. Yamazaki lo imitó, no sin antes despedirse de Ishihara, quien devolvió el saludo de forma apenas perceptible, aun en esa pose de penitencia que había adoptado tras la discusión con el otro.
Sorimachi había dado unos pasos para alejarse del auto y aprovechó estar fuera para encender un cigarrillo. El chico se le acercó despacio, a la expectativa de algún arrebato del mayor, pero no hubo ninguno. Lo observó en silencio como lo había hecho antes, mientras él tenía fija la vista en la puerta del local. No soportó más y se decidió a preguntarle que rayos había pasado, y para su sorpresa, obtuvo una respuesta sin rodeos.
— Cuando pides perdón, usualmente ofreces algo en retribución para saldar tu deuda, ¿no? —Asintió con la cabeza aunque no estuviera viéndolo—, bueno, niégamelo si quieres, pero yo no creo que un dedo sea la mejor retribución.
— Suena asqueroso —dijo sin pensar. Lo infantil de su juico lo hizo reír por lo bajo.
— Lo es realmente, pero esa es una de las ventajas de ser el jefe, yo hago las reglas —hizo una pausa algo larga antes de continuar—: Y ya que no te gusta eso de la retribución, no temo decir que lamento la tontería que tuviste que ver.
Le resultó extraño que se disculpara por eso, la verdad es que los problemas que pudiera tener con Ishihara no eran de su incumbencia. Tenía muy en claro que él solo era un invitado y por supuesto no se metería donde no lo llamaran, pero seguramente Sorimachi veía como algo malo el hecho de haberlo hecho presenciar una discusión tan extraña, así como seguro le parecía malo que hubiera visto el enfrentamiento con los soldados un año atrás. Sorimachi chasqueó la lengua luego de tirar el cigarrillo lejos, y levantó la mano como si quisiera revolver su cabello pero se sorprendió bastante al sentir como los brazos de Ryuji lo rodeaban, oprimiéndolo fuertemente.
— No deje que le metan una bala en la cabeza —murmuró apenas.
Sonrió con un dejo de tristeza imperceptible por el menor, y devolvió la señal de afecto. Lamentaba profundamente que el muchacho se viera tan afectado como para decirle algo así, y también lamentaba no poder hallar las palabras adecuadas para contestarle. No podía decirle que las cosas iban a estar bien, y que no sucedería nada malo, porque ni siquiera él mismo lo sabía.
N/A: El dragón al que Sorimachi referencia constantemente es Ryujin, el dios de los océanos. El primer chiste extraño que hace es por la leyenda de Ryujin y la princesa Tamatori: la princesa era una recolectora de perlas, quien juró que recobraría las gemas que Ryujin había robado. Hizo dormir al dragón y otras criaturas marinas, tomó las gemas y al intentar escapar, Ryujin y sus sirvientes comenzaron a perseguirla. La princesa hizo un corte en su pecho para esconder el recobrado tesoro, la sangre nubló el agua para que pudiera escapar. Tamatori logra salirse con la suya, pero muere por la perdida de sangre.
El siguiente chiste extraño, tiene que ver con la leyenda de cómo perdieron los huesos las medusas: un día Ryujin les ordenó a las medusas que le consiguieran hígado de mono para poder curarse de una dolencia. Las medusas encontraron a un mono y le pidieron su hígado, pero este se marchó al bosque diciendo que lo buscaría, pues lo tenía guardado en un jarro. Por supuesto, el animal jamás regresó, y a las medusas no les quedó más que volver al palacio de Ryujin, donde éste las golpeó hasta quebrarles todos los huesos.
N/A2: Si bien el estilo de lucha de Yamazaki es algo propio aprendido en las calles, hay ciertos movimientos suyos que llevan a suponer que tiene alguna idea de karate.
N/A3: Aniki se traduce como "hermano" y es la forma en la que un subordinado yakuza se refiere a su jefe.
N/A4: El acto de cortarse el quinto dedo de la mano para pagar por una ofensa es parte del código yakuza y recibe el nombre de yubitsume. En el arte de espada japonés, el dedo pequeño era sumamente importante para sostener la empuñadora del arma, al no tenerlo, el amputado se vuelve vulnerable y por ende, más dependiente de su jefe. Si bien las palabras de Ishihara pueden parecer algo irrespetuosas para con su jefe, Sorimachi no cree que sea algo tan grave.
Demasiadas notas, pero es que hay cosas que merecen una explicación, las cuales espero hayan quedado claras por el momento. Hasta el proximo capitulo! Dejad review con cualquier critica, observación o sugerencia, se agradecería mucho.
