N/A: Al fin regreso a actualizar uno de mis longfics, y estoy muy feliz de que sea este. La base para este capitulo fue sencilla pero no podía ponerme a escribir y apenas lo retomé despues de año nuevo. Logré escribir las 2000 palabras que me faltaban para tener un conteo decente y poder actualizar en una noche t-t asi que espero que este capitulo sea de su agrado y cumpla con cualquier expectativa que tuvieran luego de haber esperado por tanto tiempo por una actualización. Sin más que decir, los dejo para que lean.

Aclaraciones:
—Diálogo
"Pensamiento"
Énfasis.


Nishino le había prometido viajar sentado junto a la ventana en el avión, y la simple idea de ver todo diminuto desde el cielo le aterraba un poco. Comenzaba a amanecer lentamente, podía notar el cambio de colores en el horizonte a través de las puertas de cristal de la estación de gasolina en la que estaban pasando el tiempo. Yamazaki se levantó de la silla en la que había estado sentado por algún rato y caminó para acercarse a la puerta y así poder contemplar de mejor manera el simple pero bello espectáculo que la naturaleza le ofrecía. Era posible que aquel fuera su último amanecer en Okinawa.

El de mayor jerarquía estaba sentado en una de las mesas del local, anotando con una pluma algunas cosas en la primera página de aquel libro que le hubieran regalado de casualidad. Tenía un pequeño vaso de cartón en frente con algo de café sin mucho sabor, y un sándwich a medio comer, estaba seguro que se lo recriminarían pero un viaje con un menor a cargo lo ponía algo nervioso y eso le impedía comer. Un menor sin ningún tipo de identificación. "¿En qué estoy pensando?" dijo para sus adentros mientras dejaba un espacio en la hoja en la que estaba y escribía eso mismo. Había ideado un plan en el camino de Okinawa a Naha, tenía quienes lo ayudaran, pero aun así no pudo evitar dudar por un instante, un instante que estaba prolongándose más de lo que hubiera querido. Levantó la vista y observó a Ryuji en la puerta, concentrado en el amanecer, preguntándose que podría estar pasando por la mente del muchacho. ¿Estaría asustado? ¿Estaría emocionado? ¿Querría quedarse? La simple idea de que se echara atrás y no fuera a acompañarlo lo entristeció un poco, realmente le caía bien y sabía que podía convertirlo en alguien importante. Anotó una última cosa y cerró el libro, ahora diario, para acomodarse un poco en su silla. Miró con cierto asco el medio sándwich, recordando el sabor casi artificial de la carne enlatada americana que rebosaba como relleno, ya comería algo mejor cuando estuviera en Tokio.

Ishihara resoplaba con fuerza por el fastidio, pero no quitaba los ojos de encima a Sorimachi, como si estuviera vigilándolo desde el otro lado del amplio salón, justo de pie junto al exhibidor y la puerta negra. Estaba esperando a que Jack saliera de allí, pero ya estaba tardando demasiado. Vencido por el cansancio de esperar, se dio media vuelta y al poner una mano sobre el picaporte sintió como giraba de repente, alguien saldría del otro lado. Jack salió presuroso con una pequeña cámara fotográfica en las manos y se dirigió a Yamazaki, quien seguía tan perdido mirando el amanecer que no se dio cuenta el momento en que aquel hombre se acercaba temblando a él.

— Please, wash your face… —pareció tomarle un instante pero se dio cuenta de su error y volvió a hablar—. ¡D-Digo…!

— Dígame donde es el baño, ya voy —respondió sin dar rodeos en lo que giraba un poco la cabeza para verlo. A fuerza de la costumbre de estar tan cerca de los soldados, había acabado por aprender algunas cosas de aquel idioma y la sencilla petición de Jack no le había resultado difícil de entender. Pero entender aquello le molestaba, no quería parecerse a los soldados en nada pero aquello simplemente se le había pegado como si de un niño aprendiendo un mal hábito se tratase. El idioma extranjero que podía comprender ligeramente no le gustaba para nada, sonaba como hojalata y secretos peligrosos, con siseos estremecedores que lo hubieran hecho temblar contra su voluntad hacía unos años.

Jack puso su mano sobre un hombro de Ryuji y lo condujo con cuidado hacia aquella puerta por donde había salido, con un andar tembloroso como si temiera que el muchacho pudiera ser tan peligroso como su jefe. Sorimachi no pudo con su curiosidad y su recientemente adquirido sentido de responsabilidad por el chico así que se levantó y fue tras ellos, no sin antes tomar una barra de chocolate del exhibidor.

Al igual que Jack, Yamazaki volteó al no escuchar el ruido de la puerta cerrarse tras de sí, encontrándose con Sorimachi quien sostenía la puerta y que parecía haberlos seguido. Se inquietó un instante al no haber escuchado el ruido de su silla cuando se levantó, ni el golpe de sus zapatos contra el suelo al caminar, casi parecía una suerte de espectro siguiéndolo en absoluto silencio. Sonrió ligeramente y eso pareció hacer empalidecer a Jack.

— ¿Podrías por favor trabajar más rápido? Sé de un par de personas que podrían perder un vuelo y no van a estar muy contentos con eso.

— Sólo me falta tomarle una foto al muchacho y pegarla al documento, lo juro —Jack desvió su mirada a Yamazaki y le señaló el fregador de la cocina.

Yamazaki pestañeó un par de veces al darse cuenta qué era aquel lugar y fue hacia donde le habían indicado caminando despacio, teniendo cuidado de no pisar alguna baldosa rota o charco de agua. Para ser una cocina, el lugar estaba bastante sucio, y entre la pila de platos por lavar reconoció aquellos en los que hubiera comido con Nishino hacía apenas una hora. Hizo el tonto un momento, viendo las calcomanías pegadas en el costado de un gran refrigerador junto al fregador, y pudo sentir como las miradas de los dos hombres que esperaban por él se clavaban en su nuca. No quiso aventurarse a pensar demasiado, pero podría jurar que percibía la impaciencia y miedo de Jack. Se guardó la gorra que Sorimachi le había dado en el bolsillo, y lavó su cara sin recordar que le habían dado una paliza al comienzo de la noche porque ya no le dolía, solo pensando cómo había sido todo al ver algo de sangre diluida irse por el desagüe. Secó su rostro con la manga de su chaqueta y sin mucha prisa volvió hacia donde estaban esperándolo Jack y Sorimachi.

— Ponte contra la pared y quédate quieto, por favor —Jack volvió su atención a la cámara que tenía en las manos, revisando que todo estuviera en orden. Una vez que Yamazaki estuvo en la posición que le hubiera dicho, presionó el botón de la cámara y cegó al muchacho con la luz del flash. Tomó la instantánea que salió del aparato, moviéndola un poco para que apareciera la imagen en ella. Jack miró a Sorimachi, se inclinó ligeramente frente a él y caminó presuroso hacía otra puerta pasando la cocina para desaparecer con la cámara y la instantánea en sus manos.

El crujir del chocolate al quebrarse entre los dientes de su ahora nuevo jefe sobresaltó a Yamazaki, quien seguía sintiendo la vista algo borrosa tras la fuerte luz del flash. Se frotó los ojos y miró a Sorimachi, quien se veía extraño con su ceño relajado pero masticando el dulce con cierta molestia.

— ¿Para qué necesita esa foto?

— Tus documentos necesitan tener tu cara o de lo contrario se verían tan falsos que resultaría insultante —le invitó un poco del chocolate pero Ryuji lo rechazó cortésmente, y sin hacerse mucho problema por ello continuó hablando—, vamos a ir a Tokio, ¿estás de acuerdo con eso?

Clavó sus ojos grises en él y mantuvo la mirada por un instante que le pareció más largo que toda su vida en Okinawa. Ya le habían dicho que iban a regresar a Tokio, que iba a sentarse junto a la ventana, hasta su plan para pasar como ciudadanos comunes en el aeropuerto, pero en esa pregunta había algo que lo desconcertaba un poco. Con ella, Sorimachi pedía una última confirmación a todo lo que habían planeado y a su vez le daba una oportunidad de negarse, una oportunidad de quedarse en Naha o volver a la ciudad de Okinawa, de quedarse en aquella isla donde había nacido y había vivido hasta entonces. Yamazaki comprendió que era momento de abandonar todo lo que hubiera sido antes y comenzar una nueva vida guiada por su él, pues ya no había forma de volver atrás y que todo fuera como antes de conocerlo. Al haber evaluado rápidamente sus opciones y optando por aquella que consideró la mejor asintió con la cabeza, aceptando totalmente verse arrastrado hacía un abismo que no comprendía pero se estaba acostumbrando a ver.

Y Sorimachi confirmó entonces que todo seguiría como estaba planeado al mirarlo con una sonrisa que hasta pasaba por macabra.

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Ryuji tenía ambas manos apoyadas firmemente contra la pared de concreto del estacionamiento del aeropuerto de Tokio, con la cabeza gacha y su respiración entrecortada. Sorimachi frotaba su espalda con suavidad con una mano, mientras que con la otra intentaba echarle algo de aire ayudado con la gorra que le hubiera dado en la noche para esconder un poco su indiscreto cabello. Nishino estaba recargado contra un automóvil negro, mirando la escena con bastante culpa pues creía que haberle recomendado al chico que fuera junto a la ventana había acabado por marearlo y hacerlo sentir lo suficientemente enfermo como para querer vomitar. Podía ver venir un regaño por parte de su jefe, o peor, de Ishihara.

— ¿No quieres sentarte? ¿Estarías bien si te traigo algo de agua? —Ryuji respondió moviendo la cabeza en una gran negativa, pero eso no hacía más que preocuparlo más y a su vez, hacerlo sentir un poco mal. Debió suponer que al ser su primer viaje en avión él se sentiría algo enfermo antes, durante o después. Aunque creyó que no sucedería nada, porque todo había marchado bien y no habían sido descubiertos, pero claramente estaba equivocado.

Ishihara cerró fuertemente el baúl del auto, contento porque ya no tendría que conducir las chatarras inservibles que siempre les cedía Jack cuando llegaban a Naha. Su orgullo de cinco puertas estaba intacto bajo el cobertor de plástico con el que lo hubieran dejado hacía una semana en el aeropuerto, y después de haberlo guardado cuidadosamente en la cajuela junto a un par de maletas que cargaban, estaba listo para encender su motor. Regresó junto a Nishino, observando como Ryuji se erguía lentamente ayudado por Sorimachi, quien suspiraba aliviado de verlo un poco mejor.

— Creo que estoy… que estoy mejor —dijo en un susurro, sin creérselo demasiado pero esperando calmar Sorimachi, quien esta vez no logró ver a través de sus mentiras.

— Necesitas descansar, no estás acostumbrado a tantos viajes —Ryuji negó con la cabeza—, vas a estar bien.

En la inusual calma desértica de aquel lugar, de casualidad vio ese automóvil negro inmóvil en la parte más alejada del estacionamiento, reconociendo la placa casi de inmediato. Un nudo pareció formársele en la boca del estómago de la angustia de recordar algo que lo atormentaba a diario, y para estar seguro de que no fuera a equivocarse se acercó solo un poco más a ellos. Se veía diferente pero sin duda era él, con su cabello peinado prolijamente hacia atrás excepto por dos mechones en su frente, y con ese rostro suyo como máscara demasiado dulce que ocultaba algo muy oscuro como para dejar que viera la luz. Tembloroso pero intentando mantener la compostura, buscó en el interior de su chaqueta su arma y antes de que pudiera hacer nada, uno de ellos había notado su presencia, por lo que decidió que mejor sería declarar sus intenciones.

— ¡S-Sorimachi!

Sintió ira y temor en aquella voz que no reconoció, y al girar la cabeza para ver quien le hablaba se dio cuenta que portaba un arma. Rápidamente dio un paso al frente empujando un poco a Ryuji para que se mantuviera detrás de él. Nishino, quien había visto primero al sujeto, ya había sacado sus armas y las apuntaba directamente a él, preparado para disparar en el momento que intentara alguna estupidez.

— ¿Puedo preguntar quién eres?

— ¡No se lo preguntaste a mi hermano antes de acabar con él, y haré lo mismo contigo!

La expresión pensativa de Sorimachi y como cambiaba a una de absoluta ignorancia por lo que le hubiera dicho no hizo más que fastidiarlo más, llorando de rabia y temblando por los nervios apretó el gatillo y el estruendo del revólver se hizo eco en el estacionamiento del aeropuerto. Traicionado por sus emociones, su puntería flaqueó más de lo que hubiera querido y la bala acabó golpeando la luz de giro izquierda del auto. Pudieron escuchar algunos gritos lejanos a ellos, aquel disparo dando aviso de lo que sucedía casi como una alarma.

— ¡Mira lo que hiciste, asqueroso imbécil! —Ishihara avanzó contra el desconocido y de un puñetazo logró tumbarlo al suelo, pateando el arma de su mano, para luego inclinarse sobre él, tomarlo por la chaqueta y golpearlo en la cara sin piedad.

Yamazaki se aferró al chaleco de Sorimachi al escuchar el disparo, incapaz de moverse y sintiendo lo mismo que aquella vez que Ishihara lo hubiera ocultado de un tirón tras la barra del bar de Nakano en Okinawa. Se molestó consigo mismo por semejante actitud tan cobarde, pero antes que pudiera pensar en otra cosa Sorimachi lo miró por sobre el hombro—: Reventó muy fuerte, ¿no? Espera escuchar el ruido que hará su cabeza bajo las ruedas.

Aflojó el agarre de sus ropas de la pura impresión de imaginar escena tan grotesca, de algún modo que le hubiera disparado al americano directo en la frente dos veces no podía compararse a destrozar la cabeza de alguien con un automóvil. El muchacho sintió sus piernas flaquear ligeramente y cuando quiso aferrarse de él nuevamente para no caer lo vio alejarse lentamente, caminando hacia donde Nishino e Ishihara estaban tomándose turnos con ese sujeto para golpearlo y patearlo.

— Déjenlo ya —el tono de voz del jefe demostraba su disgusto, y de un movimiento rápido le quitó una de sus armas a Nishino y se inclinó al lado de aquel pobre desgraciado cuyo rostro desfigurado por los golpes era aún más difícil de reconocer—. Reconozco a un idiota cuando lo veo, pero contigo me está costando bastante.

Aún podía verlo aunque con dificultad, pero era él, el yakuza de rostro inocente que había asesinado a su hermano hacía ya algunos años. No respondió pero ocupó algo de la fuerza que le quedaba para escupirle a la cara y demostrarle el asco que le tenía. Su saliva y sangre bajaban por ese repugnante rostro suyo en el que lejos de formarse una mueca molesta, pudo ver una sonrisa. Sintió algo presionarse contra su hombro derecho y a continuación como su ropa y piel eran atravesadas por una bala, arrancándole un grito de dolor que Sorimachi se encargó de silenciar apenas cubriendo su boca.

— Vamos a ver quién eres… —abrió con la pistola su chaqueta, y metió una mano en sus bolsillos buscando algún tipo de identificación hasta que encontró su billetera. La abrió y sonrió ampliamente al ver un par de fotos familiares en ella y se las enseñó mientras reía—: Vas a verlos muy pronto, así que diles hasta luego.

Yamazaki dio un salto en su lugar al verlo dispararle y se acercó dudoso en cuanto sintió poder caminar, pero la curiosidad pudo más que su sentido común, quería saber cuál era el desencadenante de todo ese problema. Miró a Nishino en busca de una explicación, pero éste solo se llevó un dedo a la boca indicándole que mantuviera silencio.

— Matsumoto Jiro —leyó lentamente de la licencia de conducir que había encontrado en la billetera de quien hubiera sido un desconocido, pronunciando cada silaba con perversa tranquilidad. La arrojó a un lado como algo inservible y se puso de pie para acercarse hacia donde estaban sus subordinados a unos pasos de distancia, mientras guardaba el arma en un bolsillo de sus pantalones—. Esto es de parte de nuestro amigo Jiro, por favor acéptenlo, no queremos causarle más dolor.

Sorimachi tomó los billetes que Jiro llevaba y les dio algo a cada uno, pero más a Ryuji quien se veía incapaz de aceptarlo—: Vamos Ryuji, hay cigarrillos y anpan en esto, está bien.

— E-Esta bien —repitió, sonriendo apenas sin saber cómo él había adivinado que tenía predilección por aquel dulce.

— No es justo que le hayas dado más a él, aniki —Nishino comentó con cierta impaciencia pero se apresuró a guardar los pocos billetes que le hubieran tocado a él en sus bolsillos, bajando la cabeza esperando salvarse de un regaño. Sorimachi rió restándole importancia y giró sobre sus talones para volver a ver a Jiro, quien había logrado darse vuelta y se arrastraba con dolorosa dificultad hasta su arma, en un inútil intento por recuperarla y matarlos a los cuatro. Sorimachi se quedó viéndolo unos instantes, y como un niño obstruyendo el camino de un caracol al bloquear su paso con el pie, apuntó a sus piernas inútiles y les dio un tiro a cada una. Esta vez pareció luchar con todas sus fuerzas para no gritar y demostrar el dolor que realmente sentía.

— Shinichi, tatuaje de hannya tan roja como el rastro de sangre que dejas —Jiro se detuvo de inmediato al escucharlo hablar de su hermano, suspirando casi con tranquilidad ahora que el asesino de Shinichi lo hubiera recordado—, ya sé, ¿familia Murata? Ya sé.

Un sonido metálico proveniente del revólver de Sorimachi y los golpes de sus zapatos contra el suelo cada vez más fuertes le indicaron que su tiempo estaba acabándose, y la serenidad que precede a una muerte inminente calmó su atormentado espíritu. Nunca hubiera imaginado que se reencontraría con su hermano tan pronto, o que la misma mano que se hubiera encargado de acabar con uno acabara con el otro. Sorimachi lo volteó con el pie y lo miró fijo al apuntarle con el arma directo a la cabeza. Antes de que él disparara, tomó aire e intentó hablar tan claro como su propio esfuerzo podía permitírselo—: V-Vas a morir p-pronto Sorimachi…

Yamazaki esperó a que él dijera algo que pudiera recordar, tal como esa vez en el bar, pero Sorimachi no dijo nada, sólo disparó. Lo vio inclinarse y abrir la camisa que traía bajo su chaqueta, buscando algo, al no encontrarlo lo volteó sin cuidado alguno y levantó su ropa descubriendo su espalda, mirándola con atención. Luego se puso de pie y regresó con ellos sin mirar hacia atrás, limpiándose la sangre y saliva que aún tenía del rostro. Le entregó su arma a Nishino y se quedó de pie junto al automóvil, esperando a que Ishihara abriera las puertas ya que tenía las llaves.

— Hannya blanca, detalles en rojo rodeándola —dijo casi para sí mismo, sentándose en el asiento trasero del auto seguido por Yamazaki, quien no preguntó nada, algo que agradeció infinitamente.

— Aniki, ¿estaría bien si vamos a comer algo? Ya casi es hora de almorzar después de todo —la voz de Nishino sonaba animada, intentando guiar la atención a otro tema más agradable para que todos olvidaran rápidamente lo que había pasado.

Sorimachi asintió con la cabeza, gesto que Nishino pudo ver por el retrovisor, ya que parecía no atreverse a voltear a verlo. Realmente no le importaba que fueran a hacer después de salir de ahí y creía que seguiría molesto por gran parte del día pero genuinamente esperaba que no fuera así. Ishihara puso en marcha el motor y el rodado comenzó a moverse hacia atrás.

— No veas, Ryuji —pudo escuchar aquel susurro y cerró los ojos con fuerza, mientras escuchaba un fuerte crujido y algo reventar con un sonido húmedo que le revolvió el estómago regresándole el malestar que comenzó a sentir en el avión. De fondo pudo percibir sirenas de ambulancia o policía, pero aún no quería abrir los ojos para averiguarlo.


N/A: Jack dice "por favor, lávate la cara". Recordemos que a Yamazaki le habían dado una paliza así naturalmente ha de tener la cara sucia con sangre seca.

Una hannya es una máscara utilizada en el teatro japonés Noh para representar a mujeres que se han vuelto demonios por emociones como los celos, el odio y el deseo de venganza. Dependiendo de su maldad varian los colores, del blanco al rojo, siendo este ultimo el más demoníaco. Es un diseño de tatuaje que llevan muchos yakuzas y puede o no ser acompañado con diseños de serpientes y flores.

N/A2: Sí, Jiro y Shinichi Matsumoto son creaciones mías cuyo fin fue morir :o creanme cuando les digo que en mi mente esa ultima escena debió ser un poco más graciosa, estilo la masacre del bar en el primer capítulo. Ok, tal vez la palabra no sea "graciosa" pero intentaba hacer algo más ligero.

Hasta el próximo capitulo! Espero actualizar pronto y ya saben, cualquier duda, critica o sugerencia pueden dejarmela en un review, se los agradecería mucho.