Takao abrió los ojos como platos al ver el mensaje que acababa de recibir. ¿Por qué esa persona...?
«¿A caso no dijiste que habíamos terminado? Eh, Shin-chan...»
Dudó por varios segundos mientras tomaba valor para abrir el mensaje. Se preparó mentalmente para lo que sea y lo abrió. De todos modos, ya no podían destruirlo más de lo que ya estaba.
Y el texto decía:
"Discúlpame por molestarte, sé que dije que no lo haría de nuevo. Pero hay algo importante de lo que debo de hablar contigo, Takao. Por favor, no ignores esto y ven al parque que está junto al colegio. Te estaré esperando junto al gran árbol del centro".
El muchacho de cabellos negros se sorprendió incluso más al saber el contenido de este. ¿Por qué Shin-chan le había escrito tan repentinamente y que era eso tan importante de lo que quería hablar con él? ¿No lo habían dicho todo ya?
—¿Qué más quieres de mí, Shin-chan? ¿No ha sido ya suficiente? ¿Cuánto más piensas lastimarme?
Dejó el celular a un lado y se abrazó a sus propias piernas intentando calmarse. ¿Por qué un solo mensaje de esa persona lograba desarmarlo de ese modo? La respuesta la sabía muy bien.
—Es porque yo aún te amo, idiota... Aunque el más estúpido soy yo por querer creer todavía en ti.
Le tomó varios minutos levantarse de esa cama, pero lo hizo. Se levantó y tomó sus llaves para salir.
«Espero no arrepentirme de esto luego».
Suspiró y armándose de mucho valor se dirigió al lugar citado.
OOOOOOOOO
Midorima estaba parado bajo la sombra del árbol del centro del parque tal como había dicho y aunque estaba más nervioso de lo que jamás en su vida lo estuvo. Solo mantuvo la mirada en la nada mientras esperaba en absoluto silencio. Este sería el final. Sea cual fuera el resultado, esta debía de ser la última vez. Y por más injusto que sonara la decisión final recaería netamente en Takao.
«Soy tan egoísta».
A pesar de que hizo tanto para no serlo intentando pensar en el bienestar de la otra persona. Al final no pudo seguir con ello, sus sentimientos fueron más fuertes y eligió actuar de este reprochabla forma.
«Perdóname por todo, Takao».
En ese momento alguien se acercó despacio y formó una silueta bastante conocida para él al frente. Recién entonces el muchacho de cabellos verdes alzó el rostro solo para poder mirarlo.
—Takao... —susurró sin querer.
El pelinegro lo miró confundido. ¿Por qué esa persona se veía tan vulnerable justo ahora? ¿Y por qué sus ojos parecían tener rastros de lágrimas al igual que los suyos? Tan lamentable. ¿Por qué? Pero por sobre todo...
—¿Para qué me llamaste? —cuestionó sin querer perder más tiempo.
Porque no sabía cuánto tiempo podría seguir aparentando estar bien e incluso mostrarse serio. Por eso tenía que acabar con esto lo más rápido posible, y seguir adelante como ya lo había decidido.
Pero Midorima demoró en contestar, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para hablar y armándose de valor para decir lo siguiente. El silencio se hizo incómodo y desesperante, especialmente para Takao. Quien no sabía por cuánto tiempo más iba a poder soportar esto.
—¿Vas a hablar o no? ¿O es que me has traído hasta aquí solo para que te mire, Shintarou?
El muchacho de lentes se sorprendió al ser llamado por su nombre en lugar del clásico "Shin-chan", al que estaba acostumbrado. Ya que por más veces que se haya quejado por ello en el pasado, ahora mismo anhelaba ser llamado de esa ridícula forma. Porque algo tan simple como un apodo demostraba el nivel de cercanía que existía entre ellos. En cambio ahora...
¿Por qué las personas no eran capaces de valorar lo que es importante hasta haberlo perdido? ¿Y ahora como podría recuperarlo? A su persona importante y la relación especial que tenían antes... Mientras el más alto divagaba en sus pensamientos, Takao se hartó de esperarlo y volvió a hablar.
—Mira, no vine hasta aquí solo para perder mi tiempo. Tengo muchas cosas que hacer, como inscribirme en mi nueva escuela y ponerme al corriente. Así que si no piensas decir nada, me iré —sentenció.
—Por favor, no te vayas —habló inmediatamente.
Takao se sorprendió al escucharlo. Eso sonó totalmente a un ruego. ¿Por qué el gran Shintarou Midorima estaba suplicando ahora? ¿Y por qué él no podía negarse a su suplica?
—Dime entonces, qué es lo que quieres de mí, Midorima...
Silencio de nuevo hasta que al fin el más alto volvió a hablar.
—Por favor, Takao, deja de llamarme así.
Esto solo confundió más al chico bajito. ¿Por qué esa persona decía algo como eso en ese momento?
—¿Ah? ¿Pero acaso ese no es tu nombre?
Silencio de nuevo. ¿Cómo decirle que extrañaba ser llamado de la otra forma? ¿Cómo podía acortar la enorme distancia que había ahora entre ellos? ¿De qué modo?
Takao realmente no entendía nada y eso lo desesperaba. ¿Qué era lo que esa persona quería de él? Necesitaba saberlo de una buena vez.
—Shintarou Midorima, por el aprecio que alguna vez nos tuvimos, dime qué es lo que quieres de mí, por favor.
—Quiero pedirte perdón, Takao...
Silencio. ¿Había escuchado bien? ¿Dijo que quería disculparse con él? ¿Por qué y de qué? Ahora entendía incluso menos que antes.
—¿Y supuestamente de qué intentas disculparte?
—De todo. Quiero disculparme por todo, Takao.
—¿Por todo te refieres a?
—Por haber dudado de ti, por haberme enojado en lugar de apoyarte. Por no haber sido capaz de protegerte y por haberte dejado solo cuando más me necesitabas. Por haber sido un novio y mejor amigo tan lamentable... Y por haberte lastimado tanto en un supuesto intento por protegerte. Cuando tú no merecías nada de eso. Por eso lo siento por todo, Takao.
Silencio. El muchacho de cabellos negros no entendía lo que pasaba. Se hubiera esperado todo, menos una disculpa. ¿Por qué justo ahora que había decidido empezar de nuevo por su cuenta?
—¿A qué viene eso ahora, Shintarou? ¿Tú en verdad estás arrepentido de todo como dices? ¿Pero entonces por qué me trataste de ese modo en primer lugar?
—Por un lado, porque estaba celoso de ese superior tuyo. Porque no soportaba el hecho de que otro te haya tocado antes. Anhelaba que fueras solo y únicamente mío. No quiero que nadie más vuelva a tocarte. Supongo que quiero monopolizarte... Algo que nunca hubiera esperado de mí y que jamás volveré a admitir luego de hoy —hablaba en serio, pero se notaba el esfuerzo que hacía para poder decir todo eso.
Hizo una pequeña pausa antes de seguir y Takao lo dejó, quería escucharlo hasta el final. Además entendía que esto era difícil para el muchacho de gafas. Puesto que nunca en su vida había hablado tanto ni mucho menos había sido tan sincero como lo estaba siendo justo ahora. Pero era necesario y por eso se estaba esforzando tanto, por Takao. Así que continuó.
—Pero eso no fue lo que me dolió, si no el hecho de que no me lo hayas contado por tu cuenta en lugar de haberme enterado de esa forma. No fue nada agradable ver esa fotografía ahí frente a todos... Aunque sé que no fue tu culpa nada de lo que pasó. Sé que alguien te tendió una trampa —lo pensó por un par de segundos y siguió —No, posiblemente lo hayan hecho con el afán de separarnos, ¿verdad? Y yo fui lo suficientemente estúpido como para dejarme llevar por esa sucia artimaña. En lugar de haberme puesto de tu lado y defenderte como era debido. Yo solo me encerré en mi propio disgusto y en un último intento por protegerte te hice a un lado. Pensando que de ese modo estarías mejor... Que tú estarías mejor sin mí.
—Estúpido... ¿Cómo es que el dejarme solo iba a protegerme? ¿Cómo es que se suponía que estaría mejor sin ti? ¿Eh, Midorima?
El chico de lentes lo pensó de nuevo y luego explicó lo mejor que pudo.
—Yo estaba dispuesto a guardar este secreto hasta el final. Con tal de que tú estuvieras bien y aunque eso significara estar lejos de ti. Sin embargo, Kuroko dijo que estaba siendo egoísta al no preguntar tu opinión al respecto y solo decidir todo por mi cuenta. Incluso cuando yo solo quería protegerte de todos ellos —hizo su mejor esfuerzo por continuar, pues no le era fácil decir algo relacionado a sus progenitores —Mis padres estaban dispuestos a destruirte, es por eso que a cambio de que te dejaran en paz acepté separarme de ti. Y estaba dispuesto a mantener mi postura hasta el final. Pero el saber que estabas dispuesto a irte de Teiko y volver con ese superior, me volvió loco de desesperación. Porque te conozco y sé que una vez que decides algo vas por ello sin importar qué. Es por eso que no podía dejarte ir... No quería hacerlo. No quería perderte, Takao.
—¿Pero por qué no me dijiste nada? ¿Por qué no intentaste hablarlo conmigo primero? ¿Por qué no preguntaste que pensaba al respecto? ¿Por qué tuviste que decidirlo todo tú solo? ¡Se suponía que eramos novios, ¿no?!
—Yo solo quería que tú estuvieras bien. Mis padres no solo iban a hacer que te expulsaran de Teiko, sino que estaban dispuestos a lograr que ninguna otra escuela prestigiosa te aceptara. Yo no podía permitir eso, tu carrera iba a arruinarse solo por mí. —lo miró afligido —¿Cómo podía solo quedarme sin hacer nada? No tenía opción, Takao. Era lo único que podía hacer para protegerte. Sin embargo, y como ya dije. Yo no quería perderte después de todo. Es por eso que a pesar de todo decidí hablar hoy contigo.
—¿Es decir que solo reaccionaste cuando supiste que en lugar de quedarme a llorar en Teiko, empezaría de nuevo en otro lugar, verdad? ¿No crees que eso es increíblemente ilógico y egoísta de tu parte, cuando fuiste tú quien me dejó como si no valiera nada?
Midorima apretó los puños y agachó la mirada en un intento por ocultar su lamentable expresión y las lágrimas acumuladas en sus pupilas. ¿Qué se suponía que haría si esa persona no lo perdonaba? ¿Qué más podría hacer para recuperarlo? ¿A caso no era posible que estuvieran juntos de nuevo? Solo de pensar en eso se sentía morir. Pero aún así tenía que intentarlo hasta el final.
—Lo sé. Sé que estoy siendo ilógico y egoísta. Lo opuesto a mis propios principios. Pero si actuar de esta despreciable forma, me da aunque solo sea una muy pequeña oportunidad para recuperarte entonces lo haré. Incluso si con eso voy en contra de mis ideales, del deseo de mis padres, de lo que espera el director de Teiko o el mundo entero de mí. No me importa. Incluso si todos se oponen a ello, no abandonaré mi deseo de recuperarte —afirmó muy en serio y desvió más la mirada —¿Soy una persona horrible, verdad, Takao?
—Lo eres. Lo eres por hacerme esto, Midorima. Por destrozarme de ese modo y ahora disculparte. Sabiendo de que yo nunca he dejado de amarte ni si quiera un poco...
Silencio. ¿Esa era una buena señal, verdad? Entonces todo lo que le quedaba por hacer era hablar con el corazón en la mano.
—Te amo, Takao... Más que a nada en este mundo... Es por eso que te estoy eligiendo a ti por sobre todas las cosas... ¿Me permitirías demostrártelo?
Los puños de Midorima temblaban por tanta tensión. No, todo su cuerpo era el que estaba tiritando. Y es que ser sincero a ese nivel fue lo más difícil de este mundo. No sabía ni como había podido decir todo eso. Quería morirse de la vergüenza y los nervios. Pero Takao valía eso y más. Solo por esa persona sería capaz de llegar tan lejos.
Por su parte Takao se sorprendió tanto al escucharlo, que hasta llegó a pensar que quizá estaría soñando. Pero no era así, Midorima realmente estaba frente a él haciendo tal declaración. El pelinegro solo no pudo evitar comenzar a llorar por haber escuchado las dulces palabras que siempre quiso escuchar. "Te amo". Solamente con eso, ya había ganado esa persona. Pero que más daba ahora mismo quien ganara o perdiera esta discusión. Si lo único que podía importar era el hecho de que ellos dos se amaban y estaban dispuestos a luchar contra el mundo entero por su gran amor.
Al no obtener respuesta, Midorima se armó de valor para lentamente alzar el rostro. Pero mientras lo hacía fue sorprendido por Takao, quien se lanzó a abrazarlo con todas sus fuerzas.
—¿Takao...?
—Te odio y te amo al mismo tiempo, idiota.
¿Eso también debía de ser una buena señal, verdad? Armándose de valor, Midorima lo rodeó suavemente con los brazos como respuesta. Y preguntó con el corazón en ello.
—¿Entonces me perdonas, Takao?
—Si no lo hubiera hecho ya, ¿crees que te habría abrazado en primer lugar? ¿Necesitas una respuesta mayor a esa, tonto?
Esto fue suficiente para que el más alto comprendiera. Todo había salido bien. Takao lo había perdonado y eso era todo lo que le importaba en ese momento. No necesitaba más.
—Gracias... —susurró permitiéndose al fin llorar.
Midorima intensificó el abrazo solo para darse cuenta de que el pelinegro estaba temblando tanto como él. Y es que se estaban abrazando con tanto añoro como si la vida se les fuera en ello, como si no se hubiesen visto en mucho tiempo. Pues, para dos personas que se amaban tanto como ellos el haber estado separado solo por un par de días había parecido una eternidad. Es por eso que ahora simplemente no querían soltarse, sino que querían permanecer abrazados por la eternidad.
Sin embargo, todavía tenían temas de qué hablar, por lo que en cuanto lograron calmarse un poco se separaron ligeramente para mirarse a los ojos.
—Por favor, Takao, no me ocultes nada nunca más. No importa de que se trate yo te escucharé y seré comprensivo. Ya que como bien me dijiste una vez, tu pasado no me importa mientras me mires solamente a mí ahora. Porque yo soy el único para ti, ¿verdad?
—¿Y lo preguntas? Siempre has sido el único desde que te conocí, siempre. Pero ya que mencionas eso. Hay algo que debes saber. O bueno, en realidad ya lo sabes, pero igual lo diré. Mis padres no tienen con qué pagar la mensualidad de Teiko y yo no quiero causarle más problemas. Así que me trasladaré a Shutoku —explicó con calma —Y posiblemente también regresaría a mi antiguo grupo, lo único que cambiaría es que obviamente no volvería con Miyaji-senpai. Con eso deberías de estar tranquilo, ¿verdad?
Silencio. Midorima desvió la mirada como si quisiera decir algo y no se atreviera. Takao hizo una mueca con la boca al notar esto.
—Shin... —pero fue interrumpido antes de que pudiera terminar.
—Ve a Seirin —soltó de la nada sorprendiendo a su compañero.
—¿Qué?
—Seirin es una de las mejores escuelas del país, quizá no la mejor como Teiko, pero sigue siendo una de las mejores. Y tú eres lo suficientemente bueno como para ser aceptado allí. Por eso ve a Seirin, Takao. Yo te seguiré a mitad de año. Pediré una beca al igual que tú y podremos tocar juntos de nuevo —explicó muy en serio —. Tú solo debes de esperarme allá, yo iré por ti definitivamente. Porque yo nunca más te dejaré solo.
El pelinegro quedó más sorprendido luego de esto y todo lo que pudo hacer fue asentir con la cabeza.
—De acuerdo. Yo estaré esperándote. Porque yo no quiero a nadie que no seas tú.
—Ni yo, Takao, solo a ti...
—Te amo, Shin-chan.
—Yo también...
—Entonces dime Kazunari.
Midorima dudó, pero al final cedió.
—Kazunari... —susurró sonrojado.
Se veía tan adorable de ese modo, que Takao no pudo evitar sonreír. Él era la única persona capaz de lograr lo imposible en el gran Shintarou Midorima y eso lo hacía muy feliz.
—Gracias. Ahora sí nada ni nadie podrá separarnos, ¿verdad?
El más alto asintió con la cabeza y sin más se besaron para sellar su promesa. Fue un beso que empezó de forma tierna y terminó como el ósculo más intenso de sus vidas. Al punto de que tuvieron que separarse para normalizar sus respiraciones. Y al volver a mirarse, Takao pudo notar el fuerte carmesí que teñía las mejillas de su amado. ¿Cómo podía esta persona ser tan adorable? Quería comérselo a besos. Devorarlo por completo y demandarlo como solo suyo. Sin pensarlo más se acercó hasta el otro para hablarle al oído.
—Vamos a mi casa, amor —susurró de forma seductora —"Mis padres no están"~
Midorima sintió como se le erizó la piel al escuchar el tono de voz de su novio y sentir el cálido aliento de este tan cerca. Tan rojo como un tomate y nervioso a más no poder intentó responder.
—P-Pero si ellos regresan y me encuentran... Ni si quiera he podido disculparme o presentarme como es debido a tus padres... Que van a pensar de mí, Takao...
—Es "Kazunari"~ —corrigió divertido y prosiguió —No te preocupes, Shin-chan. Papá sale del trabajo tarde y mamá está en una fiesta infantil con mi hermana, así que igual regresara entrada la noche. Lo que nos deja la casa sola para nosotros dos~ —explicó coquetamente.
Silencio. El muchacho de cabellos verdes parecía tener una lucha interna entre su razón y su lado emocional. ¿Aceptar o no la desvergonzada proposición de su novio? ¿Y cómo podía este decir algo tan descarado sin ni quiera sonrojarse? Al notar la duda del más alto, Takao tomó la mano de Midorima y la llevó hasta su propia mejilla. Frotó el rostro suavemente en ella y besó sus largos dedos de forma tierna y provocativa al mismo tiempo.
—¿No quieres?
Midorima casi dio un brinco en su propio sitio por la repentina acción del otro. ¿Cómo podía alguien tan pequeño ser tan provocador? Ni si quiera estaba seguro de estar preparado o no para esto, pero no podía llamarse hombre si no era capaz de contestar a la invitación de su propio novio. Por lo que a pesar de lo nervioso y sonrojado que estaba, lo tomó de la mano y comenzó a caminar hacia la salida del parque. Su lado emocional había ganado después de todo.
—Espero que no te arrepientas de esto después...
—¿Cómo podría?~
Takao sonrió victorioso al ser llevado de ese modo a su propia casa y más aún al ver lo sonrojadas que estaban las orejas de Midorima.
OOOOOOOOO
Después de que Midorima casi murió de un ataque nervioso al intentar pedir preservativos y una loción a la chica de la farmacia. Razón por la que el propio Takao tuvo que apartarlo y hacer la compra por él mismo.
Luego del bochornoso suceso, llegaron a la casa del más bajito y fueron directo a la habitación de este. Dejaron la bolsa con los productos sobre el colchón y se besaron. Takao aprovechó en retirar los lentes del más alto para que no estorbaran y los dejó sobre la cabecera de la cama.
Para que luego un nervioso y torpe Midorima intentara sacarse la ropa de forma hábil y fallara en el intento. Takao trató de no reírse, pero le fue difícil ello. Por lo que el más alto se sintió incluso más avergonzado. ¿Por qué nadie le dijo antes que hacer el amor era un acto tan vergonzoso y complicado? Al sentir la frustración del otro, el pelinegro se le acercó y le dio un pequeño y dulce beso en los labios.
—Hey, tranquilo. No tienes que verte cool ni nada como eso. Además sé que no tienes experiencia, así que no te preocupes. No tienes por qué sobreactuar para tratar de impresionarme, ¿de acuerdo?
—Pero soy tu novio... Y quiero hacerte sentir bien, pero no sé cómo...
—Tú solo déjate llevar, yo te guiaré~
Takao sonrió y le ayudó a terminar de sacarse la polera blanca que llevaba puesta. La hicieron a un lado junto con la polera roja del pelinegro. Para luego desabrochar la correa del pantalón de Midorima, quitarse los zapatos y dejarse caer sobre la cama. El chico de cabellos verdes quedó tumbado sobre las sábanas mientras Takao se acomodaba encima y se sentaba sobre él (estilo vaquero) para mirarlo a los ojos.
—¿Entonces, como te acomodas mejor, amor? "¿Arriba o abajo?"~ —preguntó coquetamente mientras sonreía con picardía y se mecía sobre él.
El muchacho de cabellos verdes se ruborizó de nuevo. ¿Cómo podía esta persona ser tan directa y descarada al hablar? Además jamás se había puesto a pensar en un tema tan superficial como ese. Ni si quiera se había masturbado antes, mucho menos se había puesto a pensar acerca de que papel se le acomodaba mejor.
—¿Shin-chan?~ Si no me dices nada voy a decidir por ti, eh~
—Está bien... —contestó al fin —Lo que tú quieras está bien para mí. Así que deja de preguntarme tanto y sigamos.
Takao se sorprendió al escucharlo. ¿En verdad no le importaba ser quien recibiera? Al mirarlo y ver lo apenado que estaba se sintió demasiado tentado por someterlo y hacerlo llorar de placer. Pero solo por hoy...
—Ya que es tu primera vez te dejare meterla, así también obtendré tu virginidad de chico~ Pero no siempre será así, en algún momento no podré controlarme y te atacaré. Espero que estes preparado para ello, Shin-chan~ —comentó sonriente.
—Solo cállate y continuemos, Takao.
—Pero que demandante me saliste~
Sin decir más, puesto que las palabras sobraban, terminaron de sacarle la ropa al otro y dejaron todas las prendas tiradas en el suelo. Takao sin ropa fue la mejor vista que el más alto pudo tener, y Midorima desnudo fue simplemente la vista de dioses para el pelinegro. Después de contemplarse por unos segundos, el más pequeño se escabulló entre las piernas del otro y las separó para tener una mejor visión. Sí, todo podía verse a la perfección desde ese ángulo.
—¿Q-Qué demonios estás haciendo, Takao...?
El pelinegro sonrió divertido y bajó hasta la entrepierna de su compañero. Besó el muslo del mismo y sintió como el cuerpo de Midorima tembló.
—Te haré sentir bien~
Una vez dicho esto terminó de bajar y comenzó a besar esta vez el miembro del más alto. Para luego lamerlo y engullirlo con cuidado, ya que no quería lastimarlo de ninguna manera.
Con solo eso todo el cuerpo de Midorima se estremeció y sin poder evitarlo se retorció sobre las sábanas. Especialmente cuando Takao comenzó a introducir y sacar el miembro de la boca en un irresistible vaivén de placer que amenazaba con volverlo loco en cualquier momento. ¿Esto era el ser tocado por la persona que amas?
No pasado mucho tiempo, el muchacho de cabellos verdes tuvo su primer orgasmo y en medio de incontables jadeos se vino en la boca de Takao. Quien de lo más tranquilo tragó todo el líquido blanquecino y se lamió incluso los labios, sorprendiendo con esto a su amante.
—¡N-No te lo tomes, idiota, es sucio...!
—¿De qué hablas? No hay forma de que lo sea si viene de ti, y yo quiero absolutamente todo de Shin-chan —sentenció mientras se acercaba peligrosamente al otro —"Por eso, lléname de ti, por favor"~
Midorima se puso rojo y no supo qué decir. Realmente no sabía o no entendía como esta pequeña persona podía decir cosas tan descaradas y sin un ápice de vergüenza.
Takao sonrió divertido al verlo y terminó de acercarse para besarlo. El ósculo se hizo intenso y largo, sus lenguas bailaron sin control mientras sus cuerpos desnudos rozaban sin parar y cada centímetro de ellos pedía por más. Se acariciaron el uno al otro intentando calmarse, pero no fue suficiente. Necesitaban mucho más que eso, necesitaban volverse uno solo para que esa sed de lujuria fuera aplacada.
Pero Midorima no estaba seguro de qué hacer, por lo que el pelinegro tomó la loción que estaba cerca y la puso en la mano de su pareja.
—Se supone que debes de prepararme primero... —susurró parando el beso por unos segundos.
El muchacho de cabellos verdes asintió ligeramente con la cabeza y aunque nervioso, untó sus dedos con todo el lubricante que pudo para luego introducir con cuidado el primer dedo en la entrada de Takao y comenzar a moverlo.
—Más rápido...
—¿No duele?
—Para nada. Se siente bien, así que tranquilo~ Hazlo más profundo.
Aunque dudoso decidió introducir el segundo dedo y comenzó a moverlos más rápido justo como acababan de pedirle. Recién entonces el pelinegro empezó a jadear, lo que animó a Midorima a provocarlo más metiendo y sacando los dedos sin parar. La voz de Takao aumentó especialmente cuando sintió un tercer dedo dentro. ¿Lo estaba haciendo sentir bien, verdad?
—Es suficiente, amor. Ya puedes entrar...
—¿Estás seguro?
Sabía que era tonto preguntar eso, pero no podía evitarlo. Takao era demasiado importante para él y por eso no quería lastimarlo. No se lo perdonaría. Pero la verdad era que ambos anhelaban unirse con desesperación.
—¡Sí! ¡Te necesito ahora mismo, Shin-chan! —demandó.
Por lo que su novio no pudo hacer más que obedecer. Después de todo él también lo deseaba. Así que dejándose llevar por la pasión y el amor hacia esa persona, retiró los dedos mientras Takao lo ayudaba colocándole el preservativo con rapidez. Una vez listo empezó a entrar despacio en su amante. Se sintió tan bien estar dentro de él que por un momento creyó que podría tratarse de un sueño. Pero no lo era, ellos estaban haciendo el amor por primera vez y eso era un acto maravilloso.
Una vez completamente dentro, Midorima se sentó y acomodó a Takao con él. Se miraron a los ojos y se besaron con desesperación. El pelinegro rodeó a su novio con los brazos mientras el más alto lo tomaba de la cintura para penetrarlo mejor. Las embestidas iban y venían al igual que los jadeos de ambos. Y aumentaron cuando Midorima tocó cierto lugar en el interior de su compañero.
—Ahhh, allí...
—¿Aquí se siente bien?
—Sí, muy bien...
El muchacho de cabellos verdes no tenía la menor idea de a que se debía ello, pero si ese era el punto de placer de Takao entonces haría su mejor esfuerzo por estimular ese punto hasta el final. Y en medio de la algarabía del momento sus declaraciones de amor no pudieron faltar.
—Ahhh, te amo, Shin-chan...
—Yo también te amo... Kazunari...
Todo era perfecto en ese momento. Para el más alto, esta nueva sensación llamada placer había envuelto todos sus sentidos haciendo desaparecer incluso el ligero dolor que sintió en un principio. Y para Takao el unirse por primera vez con su querida persona, era lo que siempre había deseado.
Ahora estos dos amantes querían permanecer de este modo por mucho tiempo más. Sintiéndose el uno al otro, sin un centímetro de diferencia entre ellos. Fundiéndose en uno solo y volviéndose locos de amor y placer. Hasta que el clímax llegó al mismo tiempo para ambos junto con un fuerte jadeo que soltaron al mismo tiempo al terminar.
Cansados, se dejaron caer sobre la cama. El pelinegro encima de su compañero, se acurrucó en el pecho de este mientras que Midorima lo rodeó con los brazos cariñosa y posesivamente. Takao era suyo y de nadie más. Desde ahora el único que podía amarlo y tocarlo era él. Pero aún había cierto tema que lo agobiaba.
Después de retirar el preservativo usado y descansar un rato, el muchacho de cabellos verdes decidió hablar.
—¿Estuve terrible, verdad?...
—Al final se sintió genial que es lo importante~ Además fue tu primera vez, así que es entendible que no hayas sabido qué hacer. No te preocupes, amor. Es solo cuestión de practica~ —comentó tranquilo y resaltando la última palabra.
—En ese caso, vamos a practicar hasta que te haga sentir tan bien que no puedas tener ni una sola queja sobre mi desempeño —sentenció sonrojado.
—...¿Quieres decir ahora?
—Por supuesto... Ahora mismo.
—...Me parece bien~ —aceptó de lo más feliz y coqueto —Demuéstrame el gran ímpetu y resistencia que tienes, Shin-chan~~
Midorima asintió aún sonrojado. Y sin decir más, volvieron a perderse entre deseo y caricias interminables.
OOOOOOOOO
Faltaban solo unos minutos para que dieran las seis de la tarde y el colegio de Teiko estaba casi vacío. Excepto por un par de chicos que se habían quedado a practicar o a ayudar a ordenar las herramientas de los clubs de ese día. Como en el caso de Kise y Kasamatsu, quienes se habían quedado a ayudar y conversar con el profesor Masa.
Una vez que dejaron todo ordenado, se despidieron del mayor y comenzaron a caminar hacia la salida.
—¿Qué es lo que haremos ahora, senpai? —preguntó el rubio muy preocupado.
—Todavía estamos viendo eso con el Consejo estudiantil, ya que como sabes, ahora que el director nos tiene vigilados y amenazados ya no podemos hacer nada con los chicos de multimedia. Lamentablemente ya no podemos ayudarlos a que sigan ingresando a clases, pero al menos ya solo quedan dos días más para que termine la suspensión. El problema grande sigue siendo Takao —explicó el más bajito.
—Lo peor es que él mismo ya se rindió con respecto a volver a Teiko —comentó afligido —Pobre Takaocchi, ojala Midorimacchi lo hiciera cambiar de opinión.
—Todavía hay algo que podemos hacer.
—¿Qué es?
—Lo estuvimos pensando mucho con Kiyoshi y Hyuuga después de que te fuiste a clases. Y llegamos a la conclusión de que solo nos queda algo por hacer. "Vamos a demostrar que el director está equivocado y entonces lo presionaremos hasta que no tengo otra opción más que retractarse y retirar los castigos". Si nuestro plan sale bien y ganamos, todo se arreglarara, tanto para Takao como para los chicos de multimedia.
—¿De qué modo lo haremos? —preguntó intrigado —¿Y qué pasará en el hipotético caso de que el plan no funcione?
—Si no obtenemos las pruebas suficientes y no logramos poner de nuestro lado a los padres de familia... Si todo falla y el plan fracasa, no podemos saber con exactitud cuales serían las represalias tomadas en nuestra contra. Pero mínimo nos botan del consejo estudiantil, si es que no nos expulsan.
Kise se sorprendió tanto al escucharlo, que se quedó quieto en su sitio por un momento. Al notar esto el pelinegro también se detuvo y giró a mirarlo en silencio. La pregunta estaba escrita por todo el rostro del rubio. "¿Llegaran tan lejos por nosotros?"
—"Es porque nosotros somos el Consejo estudiantil después de todo" —contestó en serio.
Kise se conmovió tanto al escucharlo que no supo qué decir. Por lo que el más bajito prosiguió.
—Cada uno de nosotros está preparado para ello, así que está bien. Ya que nuestro deber es protegerlos a todos. Por lo que haremos lo que sea necesario para ello, incluso si tenemos que jugarnos el puesto o nuestra estancia aquí. Si con eso logramos exponer al director y sus actos injustos frente a todos, nos daremos por satisfechos.
—¿Qué es lo que piensan hacer exactamente?
—Si la familia de Takao está de acuerdo... Llamaremos a la prensa —explicó al fin.
Los ojos de Kise se abrieron más de lo normal por la sorpresa. Como hijo de personas famosas, sabía perfectamente lo que significaba involucrar a la prensa en un hecho de esa naturaleza. Peor si tomaban en cuenta que Teiko había sido por años la escuela más prestigiosa del país. Sería un escándalo por completo.
Aunque el usar a los medios de comunicación podía llegar a ser un arma de doble filo. Ya que con los periodistas nunca se podía estar seguros de nada. Y menos de la prensa amarillista que nunca faltaba. Sumándole a eso de que no sabían cual sería la respuesta de los dueños de Teiko y que esas personas tenían suficiente dinero y poder como para callar a los propios medios.
Sin embargo, y como bien mencionó Kasamatsu antes, esto era todo lo que les quedaba por hacer, ¿verdad? La única opción que tenían ahora.
—Efectivamente, Kise —leyó con facilidad la expresión de su compañero —No nos han dejado otra alternativa más que esta. Intentamos hablar con el director y el subdirector, pero ninguno quiso escucharnos. Tampoco disponemos de un tribunal interno al cual poder exponer el caso. Y no sabemos con exactitud quienes son los accionistas de Teiko ni mucho menos tenemos las facilidades para comunicarnos con alguno de ellos. Además de que seguro tendríamos que sacarles cita con un mes de anticipación. Así que la única carta que nos queda por usar es esta —hizo una pausa y continuó —Usar a la prensa para exponer el caso frente a todos y ganarnos el apoyo de los padres de familia. Entonces veremos cual será la respuesta de los accionistas de Teiko y si tenemos suerte despedirán al director y todo regresara a la normalidad. Aunque a cambio deberemos de soportar a la prensa por un tiempo, hasta que logren olvidar el tema. Claro que quienes sentirán más esa presión de los medios sobre ellos serán los dueños de Teiko y la familia de Takao. Es por eso que antes de llevarlo a cabo tenemos que convencer a Kazunari Takao y a sus padres.
—¡Déjame eso a mí, por favor! Yo me encargaré de convencer a Takaocchi y a sus papás —afirmó inmediatamente —Pueden contar conmigo y con mis papis que están dispuestos a ayudar. Ellos tienen amigos periodistas que pueden presentarnos y todo. Además ya les había contado sobre lo ocurrido ayer y me dijeron que querían hablar conmigo en la noche. Estoy seguro de que papá y mamá también han pensado en algo. Por favor, confíen en nosotros.
Kasamatsu sonrió ligeramente al escucharlo y ver la determinación en el rostro de su amigo.
—Gracias. Ahora más que nunca necesitamos todo el apoyo posible —contestó colocando una mano sobre el hombro del rubio —Y tengo la certeza de que en verdad ustedes serán de mucha ayuda para nosotros. Me alegra poder contar contigo, Kise —lo palmeó antes de soltarlo —Trabajemos juntos por el bien de Takao y esta escuela.
—Puedes estar seguro de ello, senpai.
El pelinegro sonrió por última vez al mirarlo y se giró para continuar con el camino. Estaban por llegar al portón. Kise lo siguió.
—Sabes, Hyuuga estaba muy preocupado por la beca de Kiyoshi. Si él pierde su beca, no le será tan fácil conseguir otra en esta época del año. Y es obvio que los abuelos del presidente no tienen el dinero necesario como para poder pagar Teiko. Sin embargo, Kiyoshi no es ningún cobarde. Él no va a esconderse ni a dejarnos solos incluso si se lo pedimos. Al contrario será quien estará a la cabeza de todo esto. Porque Teppei Kiyoshi es nuestro presidente después de todo. Y yo no obedeceré a nadie que no sea él —sentenció.
Kise caminó a su lado observando en silencio la expresión de su compañero y escuchando con atención las palabras de este. Ciertamente, las personas que conformaban el consejo estudiantil eran geniales, valientes y muy confiables. Tanto Kiyoshi, Hyuuga, y por supuesto Kasamatsu-senpai.
—Además no importa a donde vaya el presidente, Hyuuga lo seguirá hasta el fin del mundo sin dudarlo. Y mientras estén juntos todo estará bien para ellos. Lo cual me hace feliz por mis amigos, ya que merecen lo mejor del mundo —comentó suavemente como si estuviera pensando en voz alta —Sin embargo, una pequeña parte de mí siente envidia por ellos. Ojalá yo también tuviera un compañero tan leal como para seguirme de ese modo...
Kise se sorprendió al notar lo sincero que estaba siendo el mayor en ese momento. Al punto incluso de contarle un anhelo tan pequeño e íntimo como ese. ¿Cuándo fue que esa persona tan reservada y vergonzosa se volvió tan abierta con él? ¿O es que realmente no se dio cuenta que estaba diciendo eso en voz alta?
Una vez afuera, Kasamatsu se dispuso a despedirse.
—Nos vemos, Kise. Te escribo al llegar a casa para seguir con el plan.
—Sí —asintió con la cabeza y permaneció en su sitio —Estamos hablando, senpai.
Kasamatsu, pensativo, empezó a caminar por la acera. Un lado de él se sintió mal por el comentario hecho hace un momento, pues sabía que posiblemente estaba menospreciando el gran aprecio de Moriyama al decir eso. Y con lo mucho que su mejor amigo estaba apoyándolo siempre.
«Si yo me fuera de aquí... ¿Alguien me seguiría realmente? Supongo que Moriyama...»
Aun así, ¿por qué? Por qué en el fondo lo que él quería escuchar era... Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la dulce voz de esa persona.
—¡Si senpai se fuera, yo me sentiría muy solo!
El secretario estudiantil se sorprendió tanto al escucharlo que se quedó parado en su sitio para luego girar despacio a verlo. ¿Por qué esta persona...?
—Es por eso que yo creo que... Te seguiría, Yukiocchi —afirmó con una pequeña sonrisa.
El pelinegro no supo que decir y solo balbuceó un "gracias". Kise se sintió más tranquilo al oírlo. Solo él podía entender los murmullos de ese tímido chico.
—Entonces, hasta mañana~ —sonrió por última vez y se fue.
El superior lo vio alejarse hasta perderlo de vista. Suspiró con pesadez y se dio la vuelta para seguir caminando.
«Tú no entiendes nada, Kise. Tú solo dices eso porque yo soy tu mejor amigo, ¿verdad? Pero en realidad para ti esa tal Daiki Aomine sigue siendo tu número uno... ¿Aun así dices que lo dejarías todo para seguirme? Realmente lo dudo. Pero entonces, ¿por qué...?»
A pesar de que Kasamatsu era consciente de todo esto y hasta estaba tratando de ser razonable para no hacerse ilusiones en la nada. ¿Por qué a pesar de todo ello su caprichoso corazón se sintió feliz y al mismo tiempo le dolió todo por dentro?
¿Por qué estos inútiles sentimientos no eran capaces de desaparecer? ¿Por qué incluso sabiendo que no tenía la menor la esperanza con ese niño todavía lo amaba? ¿Por qué?
«Soy tan idiota...»
Fue la única conclusión a la que pudo llegar de nuevo. Porque él debía de ser tan idiota y masoquista como también lo era Kise. Sonrió de forma extraña al entender esto y continuó su camino a casa.
OOOOOOOOO
Pasaban las siete de la noche y el único alumno que se encontraba todavía en Teiko era Aomine. Quien, después de desquitarse pateando el balón sin parar, terminó sentándose un rato en el piso. Observó el balón que yacia lejos de él y maldijo para sus adentros.
¿Por qué estaba tan enojado? Ni si quiera el moreno lo entendía. Solo le fastidiaba de sobremanera el tener que ver a Kise junto a ese superior todos los días. ¿Es que acaso estaban saliendo o qué? ¿O por qué tenían que pasar tanto tiempo juntos? ¿Supuestamente porque eran mejores amigos?
«A otro idiota con ese cuento. Es tan obvio que a ese tipo le gustas, que tendrías que ser demasiado imbécil como para no darte cuenta».
Aunque si se trataba del ingenuo de Kise, todo era posible.
—Tsk...
Pero la pregunta aquí era, ¿por qué a él le molestaba tanto el no saber que tipo de relación tenían esos dos? No era como si le gustara Kise o algo como eso... Porque Daiki Aomine no era gay, solo impulsivo. ¿Entonces por qué se sentía tan celoso justo ahora? Acaso...
—Maldición. Todo es tu culpa, Kise. Tú fuiste quien estuvo detrás de mí todo este tiempo. Y ahora solo vas y persigues a ese idiota. Como si fuera mejor que yo, tsk.
Porque debía de ser solo costumbre, ¿verdad? Era solo su orgullo herido el que lo hacía sentir de esta ridícula forma y no ningún otro sentimiento inútil. Él solo quiso a Tetsu en el pasado, fue el único chico por el que tuvo esa clase de sentimiento. Lo de Kise fue solo atracción, porque el rubio era demasiado bonito incluso para ser hombre. Pero eso era todo, eso debía de ser todo.
Se negaba a aceptar algo diferente a ello, por más que muy en el fondo su corazón supiera la verdad que con tanta desesperación intentaba ocultar. Porque si se dejaba arrastrar por esto, ya no tendría vuelta atrás. No podría volver a ser "normal" y entonces, su padre lo odiaría, ¿verdad?
"Recibió lo que merecía por degenerado. Los maricones son la peor escoria de este mundo. Ojala todos se murieran igual que este".
Incluso siete años después, aún recordaba a la perfección las palabras de su padre y la imagen de ese muchacho tirado en el suelo y lleno de sangre. Y Aomine no podía permitirse ser considerado "basura" como ese chico. Es por eso que siempre hizo su mejor esfuerzo por ser "normal". No podía ser débil ahora solo por Kise, o nada habría valido la pena. Ni si quiera el haber perdido a Tetsu.
Pero todo parecía estar a punto de venirse abajo. Porque esa imagen de "macho" que había creado no era más que una careta para protegerse. Y Kise estaba muy cerca de destruirla. ¿Cuánto más podría soportar el llevar esta farsa? Hasta el final, era lo que deseaba. Para no ser escoria...
Golpeó el piso con uno de sus puños y después de inhalar y exhalar un par de veces, se levantó y se fue al fin a casa. De todos modos a nadie le importaba la hora a la que llegara mientras siguiera siendo heterosexual. Eso era todo lo que sus padres querían de él. Sonrió de forma extraña y siguió su camino.
OOOOOOOOO
En cuanto ingresaron a la casa escucharon ruidos extraños provenientes de una de las habitaciones. Lo que sorprendió a ambas, pero en especial a la mujer mayor, quien se ruborizó al entender lo que estaba sucediendo.
—¿Qué es eso, mamá? —preguntó la menor.
—No es nada, amor. Solo son los vecinos que están viendo alguna película —trató de disimular lo mejor posible —Ahora vete a tu cuarto y no salgas hasta que te llame, ¿de acuerdo? —ordenó.
—Pero, mamá. Eso ni si quiera suena a una película de verdad —comentó sin creerle.
—¿No me escuchaste, Ariana? Dije que fueras a tu cuarto ahora —sentenció.
La niña hizo un puchero y se dispuso a irse, pero murmuró algo en el camino a su recámara.
—Esa parece la voz de Kazu...
Una vez que vio la puerta de la habitación de la menor cerrarse, se armó de valor y se dirigió al cuarto de su hijo. Pero al hacerlo todo el ruido se identificó, por lo que se sonrojó a más poder y se sintió demasiado incómoda.
Es decir, sabía muy bien que Kazunari no era virgen desde hace mucho. Pero de allí a escuchar como tenía relaciones íntimas con alguien en su propia casa. Eso no se lo hubiera esperado nunca. Aunque tendría que haberlo hecho. Ya que se trataba de su querido hijo después de todo. De ese impulsivo, despreocupado y apasionado muchacho.
Sin embargo, su esposo no sería tan comprensivo como ella. Si Henry los encontraba los mataría, o al menos al otro chico. Preocupada, tomó el celular y envió un mensaje. Al no obtener respuesta, tuvo que respirar profundamente y tocar la puerta. "Toc, toc".
Hubo un pequeño alboroto dentro de la habitación luego de eso.
—¡¿Quién...?!
—Soy tu madre, Kazu.
—¡Espera un momento, mamá! ¡Ahora salgo!
Menos mal que era solo ella y no papá, o estarían en problemas. Aun así se puso la ropa lo más rápido que pudo y hasta ayudó al más alto a terminar de cambiarse. Ya que este no terminaba de salir del shock por haber sido descubiertos.
¿Qué iban a pensar ahora sus suegros de él? Y todo por no haber sido razonable.
—Soy de lo peor...
—Calla y pon una mejor cara, por favor. Que no creo haber estado tan mal~
Midorima lo miró sin decir nada y en cuanto lo vio ir hacia la puerta para abrirla se escondió debajo de la cama. Takao suspiró al darse cuenta de lo cobarde que estaba siendo su novio en ese momento y sin más abrió la puerta.
—Mamá no te esperaba tan temprano...
—¿Sabes si quiera qué hora es, Kazu? Son las siete y media. Tu padre podría llegar en cualquier momento. Pero menos mal que llegué yo primero o Henry los sacaba a patadas, en especial a tu "anigo".
—¿Amigo? No estoy con ningún amigo, ma. Solo estaba viendo una porno...—dijo lo primero que se le ocurrió.
—Ni me creas tan tonta como para creerte eso, niño. Cuando incluso yo utilicé esa mentira con tu hermana. Pobre mi Ariana, tuve que mandarla a su cuarto para que no te escuche. ¿No sientes algo de remordimiento si quiera? ¿Qué va a pensar ahora la nena?
—Sí, sí. La compensaré después, y a ti también, ¿de acuerdo?
—Lo único que quiero es que saques a tu amigo de aquí lo antes posible, Kazu. Si tu padre se entera los matará a los dos.
El pelinegro suspiró, pues sabía que lo que decía su madre era verdad. Por lo que debía de sacar a su novio de allí rápido, pero no sabía cómo. Con lo vergonzoso que era seguro estaba queriéndose morir ahora mismo.
—Bien —fue hacia la cama y se agachó para buscar al muchacho de cabellos verdes —Shin-chan, sal. Es solo mamá.
—¿Shin-chan?
¿No era Miyaji? ¿Entonces quién? ¿A quién más podría traer a casa ese niño? Además acababa de terminar con su novio hace un par de días. Y no podía estarse refiriendo a ese "Shin-chan", ¿verdad?
—Es justamente porque es tu madre que estoy tan avergonzado, Takao... —explicó mientras negaba con la cabeza como si de un niño se tratara.
—Créeme que es preferible que sea ella a que sea mi padre. Él ya te hubiera golpeado.
—Lo merezco...
—Corta el rollo y sal, amor.
—No...
—Tú no me dejas alternativa, Shin-chan.
Takao tuvo que arrastrarlo hacia afuera como si de un muñeco se tratara. Recién al verlo la señora lo reconoció. Era el hijo de los Midorima, el chico con el que Kazunari estaba saliendo hasta el lunes. O al menos eso era lo que ella pensaba.
—¿Shintarou Midorima? ¿Tu ex?
La sorpresa y la confusión estaban por toda su cara. ¿Volvieron?
—Sí el mismo. Pero ya no es ni ex. Pasaron muchas cosas y volvimos hace un par de horas~ —explicó feliz.
El sexo de reconciliación era el mejor de todos. Más aún porque lo habían hecho varias veces. Lo que senotaba por el rostro risueño del pelinegro y el ligero dolor que llevaba en la cadera y que intentaba disimular. A diferencia de Midorima, quien además de estar cansado tenía una lamentable expresión. Como si realmente quisiera ser tragado por la tierra en ese mismo instante.
Por su parte la señora ya no sabía si estaba feliz o enojada. Feliz porque su hijo había recuperado su actitud despreocupada de siempre y había vuelto a sonreír. Todo gracias a ese novio, a quien juraba amar tanto. Y enojada por el descuido de los chicos, si estaban tan desesperados por hacerlo, ¿por qué no se fueron a un hotel? Bien, siendo menores de edad no les hubiera sido nada fácil ingresar a uno. Suspiró. Que más podía hacer después de todo. Al menos su querido niño era feliz de nuevo.
Pero antes de que la mujer pudiera decir algo, el muchacho de cabellos verdes se tiró al piso e inclinó todo el cuerpo hacia ella haciendo el tan conocido "dogeza japonés".
—Me disculpo ante usted por mi irrazonable e inapropiada actitud demostrada el día de hoy. Incluso si no merezco su perdón, haré todo lo que sea necesario para reivindicarme y ser aceptado por usted, madre. Así que yo tomaré la responsabilidad y...
La sonora risa de Takao se escuchó en toda la habitación e interrumpió el discurso de su amado. Recién entonces Midorima alzó el rostro para mirarlo.
—¡Ja, ja, ja, ja! No me digas, ¿y te casarás conmigo? Ja, ja, ja, ja. Por favor, que yo también soy un chico y no ninguna doncella virgen de la que te hayas aprovechado ni nada por el estilo. Al contrario, ¿no fui yo quien te convenció de venir a mi casa en primer lugar? Además está ni si quiera fue mi primera vez, ni la segunda o la tercera. Siendo sinceros ni llevo la cuenta.
Un tic nervioso apareció en el ojo y ceja derecha del más alto. Como si su rostro quisiera distorcionarse después de escuchar lo dicho por su novio. Aunque ya sabía que no era el primero en la vida de Takao, ¿por qué restregárselo de ese modo en la cara? ¿A caso este chico no conocía lo que era la delicadeza? Pero ya se encargaría después de que el pelinegro no recordara a nadie más que a él.
—¡Kazunari! ¡No seas tan desvergonzado frente a nosotros!
—Pero estoy diciendo la verdad. Y déjenme agregar que ni si quiera tenemos edad para casarnos, así que no podríamos hacerlo ni aunque quisiéramos. Pero agradezco la intención, Shin-chan~ —terminó sonriendo con despreocupación.
—Y eso era todo lo que tenías que decir, niño —suspiró la señora.
Y justo cuando la plática se detuvo, el sonido de unas llaves afuera de casa los puso sobre aviso. El padre del menor acababa de llegar.
Sin pensarlo, Takao cogió de donde pudo a su novio y lo arrastró con él hacia la sala mientras la mujer adulta cerraba el cuarto de su hijo con llave y les daba el alcance. No habían pasado más que un par de segundos y los tres ya se encontraban en la sala en el preciso momento en el que el hombre entró y cerró tras él.
Silencio. Henry guardó las llaves en uno de sus bolsillos y los miró sin entender. En especial porque no conocía al muchacho al que su hijo parecía intentar sostener para que aquel no se cayera. ¿Quién era ese chico de lentes y por qué todos se veían tan sospechosos?
—¿Buenas noches?
—Hola, papá.
—Bienvenido a casa, cariño.
—B-Buenas noches, señor Takao...
—¿Y tú eres? —preguntó suspicazmente.
El más alto tragó saliva antes de contestar.
—Y-Yo soy Shintarou Midorima... El novio de Kazunari... Mucho gusto, señor...
La expresión del rostro del hombre mayor se volvió peor de lo que ya estaba. Y Midorima comenzó a sudar frío al ser objeto de la feroz y desconfiada mirada de esa persona. ¿Saldría vivo de esto? Al menos no moriría virgen, aunque eso no era lo importante ahora. Si no el hecho de que acababa de conocer a sus suegros en las peores condiciones posibles.
—¿Disculpa? ¿Quieres decir el estúpido mocoso que le rompió el corazón, verdad? —cuestionó enojado —¿Y qué es lo que haces aquí?
Y eso que todo lo que llegó a saber fue que ese niño mimado no fue capaz de confiar en Kazunari y lo dejó sin más. Pero eso y el haber escuchado a su querido hijo llorar por ese chico era más que suficiente como para querer botarlo a patadas de la casa. Ni podían imaginar como se pondría si supiera todo lo demás. Entonces Midorima realmente no saldría vivo de allí. Porque incluso ahora el que saliera ileso era incierto.
—Yo no... Yo solo... Lo siento... —el muchacho de lentes no supo que más decir además de disculparse —Lo siento por todo... Yo no quería lastimarlo ni aprovecharme de él...
—¿A qué te refieres con aprovecharte de Kazunari? —cuestionó fulminandolo con la mirada.
—Yo...
—Shin-chan, cállate, yo me haré cargo —le dijo en voz baja y luego le habló a su padre —Me acompañó a casa después del colegio, porque no me sentía bien.
—¿Fuiste a clases hoy?
—Fui tarde y justo hoy nos amistamos, así que me acompaño a casa porque se lo pedí y porque el estaba preocupado por mí.
—¿Que tenías?
—Nada, nada. Solo me lastimé en educación física, fue algo muy pequeño —mintió lo mejor que pudo intentando disimular lo torpe que tenía las piernas.
Porque si dejaba seguir hablando a su novio esto terminaría muy mal. Y justo para empeorar las cosas la menor de los Takao salió de su cuarto y fue hacia donde estaban todos.
—¿Mamá? Ya puedo salir, ¿no? Al parecer ya no hay bulla.
Rayos. Esto era lo único que les faltaba. El pelinegro corrió hasta la niña y le habló en voz muy baja. El soborno era todo lo que le quedaba por hacer.
—Te daré cinco dólares si no dices nada.
—Que sean diez y es un trato.
—Es un trato entonces.
—¿De qué están hablando ustedes dos y a que bulla se refiere Ariana? —cuestionó el señor.
—Solo que estaban viendo una película con volumen alto, pa.
—Si solo te acompaño a casa, ¿qué hacían viendo una película? Y en todo caso, ¿estaba tu madre presente?
—Sí, llegamos temprano y ellos tarde. Así que nos encontramos con ellos...
—¿Si te sentías mal por qué demoraron en venir a casa?
Esta persona era muy difícil de engañar. Cuestionaba todo. Parecía que el único que podría detenerlo sería Kazunari, o quizá ni él.
—Porque hoy había club, papá. ¿Puedes parar el interrogatorio ya?
—Solo te estoy defendiendo, niño malagradecido.
Sí, él solo estaba preocupado por su querido hijo. Uno de sus mayores tesoros en vida.
Y sin que nadie se lo esperara, la culpa y los buenos principios pudieron más con Midorima. El muchacho de lentes se tiró de nuevo al piso en un segundo intento por pedir perdón, solo que esta vez al padre.
—Todo es mi culpa por venir a su casa sin haber sido invitado. ¡Lo siento! Aunque nunca tuve malas intenciones yo solo me dejé llevar por mis sentimientos por Kazunari. Pero yo en verdad lo amo tanto...
Silencio. Takao se llevó una mano a la cabeza ante esto. Su novio podía arruinarlo todo, el esfuerzo de su mamá por no decir la verdad, la historia inventada por el pelinegro y los diez dólares ofrecidos a la hermana menor. Todo. Solo por sus buenos modales.
—Tu nuevo novio es tan gracioso, hermano.
—Cállate, enana. Que a ti te faltan muchos años aún para salir con alguien. Eso y crecer unos veinte centímetros más.
—Te acusaré con papá ahora, hermano tonto —lo amenazó haciendo un puchero.
Mierda. Había olvidado que estaba en las manos de la mocosa. Suspiró y le sonrió en complicidad mientras le guiñaba un ojo.
El hombre mayor miró al chico de lentes sin entender y luego volvió a cuestionarlo.
—¿A qué te refieres con haberte dejado llevar?
—Yo...
—¡Por supuesto se refiere al hecho de que hayamos regresado!
—Kazunari Takao, ¿crees que no me he dado cuenta de que todos ustedes intentan ocultarme algo? Y si es lo que creo que es, voy a matar a este chico... —sentenció acercándose amenazantemente a Midorima.
Quien ni si quiera se movió. Si no que se quedó en su sitio esperando que el mayor llegara. Por lo que la señora y el pelinegro tuvieron que interponerse. La mujer deteniendo a su esposo y Takao poniéndose delante de su novio.
—Lo merezco...
—¡Solo cállate, Shin-chan! No quiero quedarme viudo sin haberme casado antes, maldición. ¿No fuiste tú quien dijo que nos casaríamos en primer lugar? Así que ahora te aguantas y te callas, ¿ok?
—Cariño, no golpearías a un niño de dieciséis años, ¿verdad?
—Pero este mocoso, a mi Kazu...
—Ellos se quieren, amor. Así como tú y yo cuando eramos jóvenes, ¿recuerdas?
—Sí, papá, ya bájale. ¿Qué no te acuerdas cuando te escapabas con mamá en su época de adolescentes?
—¡Kazunari!
Y el timbre sonó justo en ese momento. ¿Quién podría ser si no esperaban a nadie? Aunque ciertamente acababan de ser salvados por la campana.
—No hemos terminado de hablar, eh —afirmó el señor antes de ir a abrir la puerta.
Se trataba de nada más y nada menos que de la familia Kise. Excepto las hermanas quienes se habían quedado en la mansión familiar esperando por noticias de los chicos.
—Buenas noches~ —saludaron sonrientes.
—Buenas noches —contestaron los dueños de casa sorprendidos —Pasen, por favor...
—Gracias.
Los mayores se quedaron con los padres de Kazunari mientras que el menor ingresó al lugar con toda la confianza del mundo, como si de su propia casa se tratara y fue directo donde su querido amigo.
—¡Takaocchi! —pero quedó demasiado sorprendido al ver al más alto con él —¿Midorimacchi? ¿Qué haces en el piso?
—Haciendo drama como se esperaba de un cáncer —se burló el pelinegro.
—Takao — se quejó el chico de lentes avergonzado —Ohasa no predijo esto... Pero eso me pasa por ceder ante los deseos de un escorpio nanodayo.
—Por favor, ¿acaso no lo querías también? —le susurró para molestarlo —¿O quién fue el que dijo que quería "practicar" las veces que fueran necesarias, eh?
Midorima no pudo decir nada ante eso. Por lo que se limitó levantarse en silencio y acomodarse los lentes en un inútil intento por disimular lo avergonzado que estaba. Mientras que Kise aún no salía de su asombro y los seguía con la mirada tratando de entender lo que sucedía. Pero había una sola respuesta para esto.
—¿Eso quiere decir que se amistaron, verdad?
Takao sonrió, y en respuesta tomó la mano de su amado con la suya y las alzó juntas.
—Así es~
—¡Yay, que alivio! ¡Me alegro tanto por ustedes en verdad!
—Gracias por preocuparte, Ki-chan~
El rubio y el pelinegro no perdieron un segundo más y se abrazaron cariñosamente como los buenos amigos que eran. En ese momento Kise notó lo arrugado que traía el polo el muchacho de lentes. ¿Acaso ellos?
—¿Takaocchi y Midorimacchi...?
—Shhh... —le susurró —Guardanos el secreto, ¿si?
Kise se sonrojó ligeramente al entender y asintió con la cabeza mientras se separaba de su amigo. Y Midorima simplemente parecía ser capaz de morirse en cualquier momento. El día de hoy había sido una total locura. Demasiadas emociones y acontecimientos para un solo día, y peor aun para alguien usualmente tan calmado y vergonzoso como él.
Pero el día todavía no acababa y los señores Kise sabían esto a la perfección.
—En verdad lamentamos mucho todo lo ocurrido con Kazunari. Ryou nos contó todo y no podíamos solo quedarnos sin hacer nada, así que decidimos ayudar —habló la señora.
—Estamos aquí para pedirles que confíen en nosotros. Haremos lo que sea necesario para que esto no se quede así —afirmó el señor Kise.
—Muchas gracias —agradecieron conmovidos.
—No tienen por qué. Ustedes son nuestros amigos y Kazunari es uno de los mejores amigos de Ryouta. Además de que no podíamos solo mirar cuando se estaba cometiendo una injusticia tan grande como esta. Así que pensamos en lo que podíamos hacer y llegamos a una conclusión.
—Tenemos el apoyo del Consejo estudiantil también. Quienes han estado enfrentándose solos al Director. Así que es hora de que los adultos se hagan cargo de esto. Vamos a proteger a los niños como debió de ser desde un principio.
—Por favor, tomen asiento y cuéntenos todo... —habló la señora Takao.
—Gracias.
Los mayores se sentaron en el sofá y siguieron platicando con la seriedad del caso mientras los jóvenes los observaban. Aunque el único que sabía de lo que hablaban era el rubio.
—¿Qué es lo que han pensado tus padres y el consejo estudiantil, Ki-chan?
—Lo sabrías si hubieras revisado tu celular durante la tarde, pero como estuviste tan ocupado con Midorimacchi me ignoraste por completo~
—Perdón, perdón —se disculpó y sacó el celular del bolsillo —Wow, veinte mensajes tuyos —comentó al revisar el whatsapp —¿Así que por eso decidieron venir para hablarlo en persona?
—Así es~ Ya que ni en visto me dejaste are.
—Ki-chan no seas tan resentido.
Midorima se acercó para leer los mensajes junto a Takao y al terminar ambos quedaron más que sorprendidos por todo lo que estaba escrito allí.
—El consejo estudiantil realmente...
—¿Son geniales, verdad?
—Al igual que tus padres, Ki-chan.
Kise sonrió orgulloso al escuchar esto.
—Ellos son los mejores~
—Entonces el plan es...
La esperanza acababa de volver a ellos. El director no tendría alternativa luego de esto. Todo parecía estar a favor de los chicos.
OOOOOOOOO
En el departamento de Kagami, este y Kuroko habían pasado la tarde resolviendo problemas de matemáticas. Ya que ese día no hubo club y tenían que presentar esos ejercicios el viernes. Por lo que quisieron dejarlos listos para ese día.
Entre ejercicios de aritmética, muchas bromas, una rica merienda y por supuesto una platica amena; el dia se había pasado rápido. Bien decían que con una buena compañía todo era mejor, ¿no? Y ellos lo sabían mejor que nadie. Sin embargo, no podían huir de la realidad. Kagami miró la hora en el celular.
—Es tarde. ¿No deberías de ir a casa?
—Uh —asintió el más bajito desviando la mirada.
La verdad era que no quería regresar a casa. Él solo quería quedarse con Kagami para siempre, pero eso era mucho pedir después de todo. En especial cuando ellos ni si quiera estaban saliendo. Kuroko apretó los puños sobre las rodillas y su amigo lo miró sin entender.
—¿Sucede algo?
—Nada —contestó sin más.
No era como si pudiera explicar lo que le pasaba realmente. O incluso si lo intentara, seguro que el despistado de Kagami-kun no lo entendería. ¿Por qué esta persona no era capaz de ver entre líneas?
—¿Seguro? —insistió.
—Sí.
—Kuroko, si algo te preocupa o molesta puedes decirme. No importa de qué se trate te escucharé.
Por supuesto que no podía decirle. Bajo ninguna circunstancia. Para conservar la relación especial que tenían estaba dispuesto a callar hasta el final.
—Que no es nada, Kagami-kun.
Suspiró al notar la suspicaz mirada de la que era objeto. ¿Cómo podía esta persona realmente no darse cuenta de nada? Cansado, comenzó a recoger sus útiles y a guardarlos en la mochila.
—Si piensas que te estaba botando o algo así, no es eso. Solo no quisiera que se te haga tan tarde para ir a casa. Podría ser peligroso.
—Lo sé, gracias por preocuparte.
Pero Kagami no parecía satisfecho con esta respuesta. Por lo que intentó pensar por su propia cuenta en lo que pudiera estarle sucediendo a su mejor amigo y aún así no fue capaz de llegar a ninguna conclusión. Nunca fue bueno interpretando a los demás después de todo. Tatsuya siempre se quejó de eso. Se llevó una mano a la cabeza al recordar su pasado y sentirse frustrado por ello.
Kuroko fue quien lo miró ahora. ¿En qué estaría pensando tanto el pelirrojo? ¿Qué era lo que tanto le ocultaba?
—¿Kagami-kun? —lo llamó.
—¿Uh? —salió de sus pensamientos para mirarlo.
—¿Qué fue lo que pensaste justo ahora?
—No era nada.
—…Mentiroso —sentenció y susurró fastidiado —Tú estabas recordando algo, ¿verdad?
—¿Qué?
No estaba seguro de haber escuchado bien, pero ¿acaso Kuroko estaba preguntando por su pasado?
—Olvídalo. Me iré a casa.
—Oh, te acompañaré hasta allá.
—No es necesario.
—Pero...
—Kagami-kun, yo no soy chica. Así que no me trates como si fuera una, por favor —se quejó.
—No es eso.
—¿Entonces qué es?
—Solo me preocupo por ti, Kuroko.
—¿Y por qué razón te preocupas tanto? —cuestionó serio.
¿Qué por qué lo hacía? ¿No era eso obvio?
—Porque eres alguien importante para mí y te tengo mucho aprecio. ¿Acaso no es normal preocuparse por tu mejor amigo?
"Mejor amigo". Kuroko apretó los puños sin decir nada y se levantó cargando su mochila.
—Ya veo. Gracias por preocuparte, pero como dije no hace falta que me acompañes a casa.
Resignado, Kagami se levantó también y lo acompañó a la salida. Supuso que si podría hacer eso, y Kuroko al menos no se quejó. Aunque el silencio fue incómodo para ambos. En especial para el pelirrojo que no entendía lo que pasaba y solo se preguntaba si había dicho o hecho algo malo.
Una vez que llegaron a la puerta, el dueño del departamento la abrió y Kuroko se dispuso a irse.
—Muchas gracias por todo hoy, Kagami-kun. Nos vemos mañana —se despidió.
—Oh, no hay por qué. Es más divertido cuando vienes que estar siempre solo en este enorme lugar. Así que gracias a ti por venir y ayudarme con aritmética —comentó con una sonrisa.
Tan pura y brillante que Kuroko no pudo resistirse a ella, y acabó por sonreír también.
«Cada vez que tú sonríes yo... Creo que enamoro más de ti».
Kagami se sintió más tranquilo al verlo sonreír. Porque eso quería decir que todo estaba bien entre ellos, ¿verdad? Sin pensarlo, acercó una de sus manos a la cabeza del más bajito y le despeinó suavemente el cabello en un gesto de cariño.
—Entonces, nos vemos, Kuroko.
Por más autocontrol que el muchacho de ojos celestes usó para aparentar normalidad, un ligero rubor en las mejillas lo delató. Sin embargo, el despistado de Kagami no fue capaz de entender el verdadero significado detrás de ello.
—Sí —fue todo lo que pudo decir antes de huir de allí.
El más alto lo vio salir y se quedó mirándolo desde la puerta hasta perderlo de vista. Recién entonces cerró y recogió todo lo que estaba sobre la mesita que habían usado ese día.
OOOOOOOOO
Se detuvo en cuanto dobló la esquina, solo porque quiso estar seguro de que Kagami ya no pudiera verlo. Suspiró nervioso y se llevó una mano a la cabeza y la otra al pecho. Pudiendo sentir con esto los latidos de su propio corazón.
—Le reclamas por tratarte como una chica, ah, pero aquí estás actuando como una —comenzó un monólogo mientras recuperaba la compostura —¿Por qué los lugares que él toca por más ligero que sea su toque, se sienten tan cálidos...? —susurró acariciándose el cabello.
Si se sentía de este modo solo por algo tan pequeño. ¿Qué pasaría el día en que ellos dos se besaran por primera vez? ¿Su corazón podría resistir tal emoción? ¿O moriría de felicidad y vergüenza? Aunque tampoco era como si eso realmente fuera pasar. Solo estaba soñando despierto después de todo. Pero si tan solo sucediera. El solo imaginárselo hizo a su corazón emocionarse de nuevo. Porque estaba seguro de que sus labios serían muy cálidos... y su tacto también. Bajó la mano de la cabeza hasta sus propios labios y los tocó con suavidad.
Cuando de la nada el repentino timbre de su celular lo sacó por completo de su ensoñación. Dio un brinco en su propio sitio al pensarse descubierto y se calmó al entender que solo se trataba del teléfono móvil. Suspiró de nuevo y sacó el celular para mirarlo. Tenía un mensaje de su amado, por lo que se apresuró en leerlo.
"Ve con cuidado, por favor. Y avísame cuando llegues a casa. Espero no estar siendo molesto, pero de verdad me preocupo por ti, Kuroko.
PD: Prepararé el almuerzo de mañana para compensarte por hoy."
El muchacho de cabellos celestes se sintió tan feliz y conmovido al mismo tiempo que no pudo evitar sonreír. ¿Cómo podía esta persona ser tan linda y tonta al mismo tiempo? ¿Y cómo un simple mensaje como ese lograba emocionarlo tanto? ¿Tan enamorado estaba? La respuesta era bastante obvia. Y el único que no lo sabía era el propio Taiga Kagami.
—Kagami-kun, te quiero —susurró aun sabiendo que sus dulces palabras no serían capaces de llegar hasta él.
Guardó el celular en el bolsillo y continuó el camino a casa.
OOOOOOOOO
Midorima tuvo que inventarse una excusa para poder llegar tarde a casa. Sin embargo, las mentiras no iban con él. Así que estaba decidido a enfrentar a sus padres con la verdad en cuanto los viera. Takao lo valía.
Tomó valor e ingresó con la llave a la gran mansión.
—Buenas noches, joven amo. Bienvenido a casa. Espero que haya tenido un buen día —lo recibió el mayordomo —Los señores ya han cenado y se encuentran en la sala ahora. Y la señorita Shina ya se encuentra durmiendo. Lo anunciaré en un momento. ¿Desea cenar?
—Buenas noches, señor Sergio. Creo que tuve un buen día... Espero que usted también lo haya tenido. Y no tengo apetito, gracias. Iré donde mis padres.
—Adelante entonces, joven amo.
—Gracias.
Caminaron en silencio por el enorme lugar y se detuvieron al llegar al sofá en el que los dueños de casa se encontraban sentados mientras veían televisión.
—Señores, el joven amo ya se encuentra en casa —lo anunció el mayordomo.
—Buenas noches, padre, madre —los saludó tan formal como siempre hacía.
—Buenas noches, Shintarou —contestaron ellos.
—Tu cena está servida, dile a Rosa que la caliente.
—Gracias, pero no tengo apetito. Además deseo hablar con ustedes —sentenció.
—¿Ahora? —cuestionó el señor Midorima con la mirada en el menor.
—Ahora —demandó con seriedad.
Los esposos se miraron entre ellos preguntándose de que se trataría, ya que parecía un asunto importante. Sin perder más tiempo accedieron a la petición de su hijo.
—De acuerdo —aceptaron al unísono.
—Puedes retirarte, Sergio —habló la señora.
—Con su permiso, señores, joven —y sin más se fue dejando a la pequeña familia sola.
Silencio. Midorima trataba de acomodar con desesperación los pensamientos en palabras. Nunca antes una idea le fue tan difícil de transmitir. Menos sabiendo de antemano la reacción de que tendrían sus progenitores. Pero por Takao...
—¿Y bien, de qué se trata Shintarou? —cuestionó el hombre mayor.
El muchacho de lentes tomó aire y todo el coraje que pudo para comenzar a hablar. Era ahora o nunca.
—Padre, madre, yo... En toda mi vida, nunca los desobedecí. Porque los amo y los respeto como mis padres y modelos a seguir. Así que siempre traté de ser el mejor hijo para ustedes. Sin embargo, y por primera vez yo no puedo cumplir sus deseos. Porque yo no puedo dejar a Takao después de todo.
La expresión de seriedad que tenían los mayores al observarlo cambió por completo al escuchar lo último. Ahora se encontraban mirándolo con desagrado. Enojo y desaprobación estaban escritos en el rostro de ambos. Porque no podían o no querían creer lo que acababan de escuchar de su propio vástago.
—Creía que ese desagradable tema ya estaba zanjado. Así que intentaré creer que es solo una pequeña pataleta que tienes esta noche y que para mañana habrás recuperado la cordura —habló el señor.
—No es ninguna pataleta ocasional, padre. Estoy hablando en serio y estoy completamente consciente de lo que estoy diciendo. No voy a dejar a Takao nunca más —aseguró.
—¿Nos estás retando, Shintarou? ¿Crees que no somos capaces de cumplir nuestras amenazas con respecto a ese chiquillo?
—Esa no era mi intención, pero si es la única opción que tengo la tomaré. Y porque los conozco mejor que nadie es que sé de lo capaces que son de hacerlo. Pero aún así no cederé. Cumpliré la promesa que le hice a Takao y permaneceré a su lado para siempre.
—¿Y no habías quedado con nosotros primero en algo?
—Lo sé y lo lamento, pero debo de faltar a ese acuerdo para poder ser fiel a mis propios deseos. Y no importa que tan egoísta sea, estoy dispuesto a aceptar todas las consecuencias que esto atraiga.
—Tu palabra no vale nada. No eres más que un mocoso mezquino. No quiero saber más de esta ridiculez.
—Padre... —lo llamó acongojado, pero este ni lo miró.
Al notar lo furioso que estaba y como último recurso, intentó acercarse a la mujer mayor. Pero ella parecía estar igual de enojada que el señor Midorima, pues se apartó en el acto, rechazando a su propio hijo.
—Mamá...
—Estás loco, ¿o qué rayos te pasa, Shintarou? ¿Qué demonios te ha hecho ese marginal como para engatusarte de esta manera? Te desconozco. Tú no puedes ser el niño que nosotros criamos —sentenció severamente.
El menor trató de seguir hablando a pesar de lo herido que ya se encontraba.
—Soy yo, mamá... El mismo Shintarou de siempre, solo que ahora estoy enamorado por primera vez. ¿Es eso tan malo?
—Si al menos fuera alguien digno de nuestro sucesor podríamos considerarlo. Pero no ese chico de mal vivir.
—Kazunari Takao no es ningún marginal ni un chico de mal vivir como intentan tanto llamarlo. Él es un buen chico, solo algo impulsivo y alocado. Pero jamás ha hecho nada con lo que me haya faltado al respeto. La fotografía de esa vez es de hace tres años cuando nosotros ni si quiera...
—Basta de defenderlo —lo interrumpió —Como dijo tu padre, esto es ridículo. Porque tú, niño, no puedes desobedecernos. ¿Entiendes?
—Lo siento, pero no dejaré a Takao por nada del mundo. Y si eso implica desobedecerlos, entonces lo haré... —insistió afligido, pero firme en ello.
—Shintarou Midorima, si te atreves a retarnos de ese modo. Vamos a desheredarte —lo amenazó.
—Ya que es su dinero, pueden hacerlo. Pero aun así no cambiaré de opinión.
—Y quién crees que pagará tu escuela.
—Encontraré el modo de hacerlo por mí mismo, no se preocupen...
—Recapacita...
—¡Suficiente! —intervino el adulto harto de la situación —Dije que no quería saber más de esto, ¿verdad? Y no creo tener un léxico distinto al de ustedes como para que no sean capaces de entenderlo. Asi que, haz el favor de retirarte de una vez de nuestra presencia, Shintarou —sentenció enojado.
El muchacho de lentes los miró por última vez buscando en ellos aunque solo fuera una pizca de compasión. Pero no halló más que enojo y frialdad en los espejos de esas personas. Y el verse reflejado en esos témpanos de hielo lo destrozaba. Por lo que solo pudo agachar la cabeza en un cobarde intento por escapar.
—Permiso... —dijo a duras penas y se dio la vuelta para irse.
Porque su corazón no resistiría más esto y debía de huir. Sus padres no pronunciaron palabra alguna y solo lo observaron alejarse. Esto debía de ser una mala broma. Era lo que pensaban los mayores.
OOOOOOOOO
Cerró tras él y se desplomó sobre la cama. Midorima tampoco quería saber más de esto. El día había sido demasiado duro y desbordante de emociones. Y gracias a la actitud de sus propios padres ni si quiera podía permitirse estar feliz por su reconciliación con Takao. Aunque claro que una parte de su ser lo estaba, pero también se encontraba afligido por la discusión con los dueños de casa. ¿Por qué tenían que ser así?
Suspiró y se abrazó a la almohada. Mañana sería un nuevo día y también estaría lleno de emociones. Por lo que lo mejor era dormirse de una vez. Se levantó solo a apagar la luz y volvió a acostarse. Mañana sería la última oportunidad que tendrían los chicos para solucionar esto. Sería todo o nada, pero estaban más que dispuestos a jugársela hasta el final por Takao y sus compañeros.
OOOOOOOOO
Al día siguiente, temprano por la mañana. El sonido de unos tacos chocando con la acera anunció el paso de alguien importante. Se trataba de una hermosa mujer adulta vistiendo un traje formal de color negro. Quien traía un maletín del mismo color y dirigía a un grupo de adolescentes uniformados (Kiyoshi, Hyuuga, Kasamatsu, Kise, Takao, Midorima, y los chicos de multimedia). El peculiar y llamativo grupo solo se detuvo al llegar a la puerta principal de Teiko.
El portero los miró sin entender al verlos llegar. ¿Quién era esta persona y por qué se veía tan imponente? La mujer centró la mirada en el hombre mayor antes de comenzar a hablar.
—Buenos días. Soy Masako Araki, la abogada de Kazunari Takao y representante de Carlos Tanjur, Erick López y Alexander Kotani. Y he venido a una audiencia con el director de esta escuela —explicó con seriedad.
¿Cuál sería el verdadero desenlace de todo esto?
Continuará.
