CAPÍTULO 2. SOLDADITO DE PLOMO
- ¿A eso le llamas correr? Otra vuelta.
Jesse quería mandar a la mierda al cabronazo pero apenas pudo emitir un jadeo silbante. Le ardían los pulmones y estaba maldiciendo cada cigarrillo fumado desde los 12 años. En la pista de atletismo no había nadie más, los reclutas habían terminado hacía un buen rato, solo quedaban Jesse y su torturador.
Gabriel Reyes, su oficial al mando. El tipo intimidaba solo con existir, los reclutas e incluso los demás agentes dejaban un amplio cerco a su alrededor, y muchos le admiraban y hablaban sin parar de lo increíble que era trabajar con un héroe de la Crisis Omnic, uno de los miembros originales de Overwatch. Jesse no había tenido tanto miedo de alguien desde que había huido de casa a la carrera, sin mirar atrás.
Estaba totalmente fuera de su elemento. Jamás había tenido horarios o disciplina y de pronto todo eran órdenes, alarmas y normas por todas partes, por no hablar de la horrible tobillera de seguimiento, odiaba aquella cosa con toda su alma, era una correa, era imposible evadirse de su condición de prisionero con aquella cosa horrible. Y la fuente de autoridad, Gabriel Reyes, era prácticamente omnipresente.
Odiaba a aquel tipo. Le había reclutado, pero cada día que pasaba Jesse se daba cuenta de que había cambiado una prisión por otra. Aunque no cambiaría de opinión desde luego, la amenaza de Reyes había sido concisa, si no se ponía al servicio de Blackwatch entonces le mandaría a la prisión de máxima seguridad, donde no duraría ni un año. Reyes había sido muy claro al respecto, y McCree no dudaba de que cumpliría la amenaza.
- Obedece y supera la evaluación, no tengo tiempo para pesos muertos.- Le había dicho.
No estaba del todo mal, tenía tres comidas al día, una habitación propia con un colchón decente. Y podía salir de la habitación a vagabundear por ahí cuando no tenía entrenamiento, que era... ¿casi nunca? Los demás reclutas le dejaban espacio, o más bien le evitaban y fingían que no existía, no les gustaba, pero ellos tampoco le gustaban a él, eran todos de lo mejorcito de sus academias y no les gustaba el novato.
No podía más, tenía flato, le faltaba el aire, estaba sudando como no había sudado en su vida, ¡y había vivido a caballo entre Nuevo México y Arizona!
- ¡¿Es que no puedes ni seguir una línea?! Por el amor de dios.- Reyes dió dos palmadas.- ¡Para, descanso!
En cuanto oyó el furioso gruñido, Jesse se dejó caer a cuatro patas al suelo, intentando recuperar el aliento. Maldijo entre dientes al bastardo torturador y no debería haberlo hecho sin fijarse en que dicho bastardo se había acercado y le había oído, recibió una colleja que le despejó la nuca y una botella de agua cayó a su lado.
- Bebe, eres lento como el caballo del malo, no necesito que también te deshidrates.
Llevaba dos meses en aquella base y Jesse no recordaba como era vivir sin agujetas. Cogió la botella y le dio un trago, corto, porque la última vez que había bebido a tragos casi había vomitado.
- No puedo creer que sigas sin llegar a la marca. ¿A qué te dedicabas todo el día, a fumar y beber?
- Y follar.
Recibió una colleja que casi le hizo zumbar los oídos y atragantarse con el agua.
- En tu estado físico si te saco a una misión será como sacar un pollo sin cabeza.
Jesse gritó, estaba furioso, estaba harto, su ojo derecho empezó a tener un conocido tic, se puso en pie con los puños apretados, echando los hombros hacia atrás con la cabeza alta, todo desafío.
- ¡Joder, jefe, llevo aquí toda la puta mañana, la gente se cansa, puto monstruo!
PLAF. Lo siguiente que Jesse supo es que estaba tumbado en el suelo de cuerpo entero, que no tenía aliento y que el mundo giraba de forma muy extraña. Reyes le había levantado del suelo con una llave y le había girado en el aire de cuerpo entero como si no pesara nada.
Reyes hizo una pistola con los dedos y la puso entre sus ojos.
- Bang. Estas muerto. Que pena que al enemigo se la sude que no tengas aguante.
Al menos no era la pistola de verdad. Otros reclutas decían que el comandante solo bromeaba con sus amenazas de dispararles en las rodillas si ganduleaban pero McCree no estaba tan seguro de ello. No, el hombre que le había sacado de la ruta 66 solo porque sabía matar era un hombre capaz de matar a quién pusiera en peligro sus objetivos. Por lo menos él no quería ponerlo a prueba.
En cuanto logró volver a respirar se incorporó e hizo el ademán de seguir corriendo, hasta que notó una mano en el hombro, reteniéndole.
- No, es suficiente por hoy. Ve a las duchas. Dentro de dos horas te quiero en las pruebas de tiro con los demás.- Dijo Reyes, le soltó y se marchó sin una palabra más.
Jesse se quedó un momento, temblando, esperando a que el comandante cerrara la puerta tras de sí antes de enseñarle el dedo corazón y cagarse en él. Algún día saldría de allí, algún día el cabrón se confiaría, saldrían en una misión y tendría un arma cargada. Y Deadeye estaría listo, podía notarlo en el fondo de su cabeza, en la leve palpitación en el ojo deseando salir, como la cola de una cascabel.
Mataremos a este hijo de puta.
- Sabes que no va a conseguirlo, ¿verdad?
Gabriel levantó la vista del informe que tenía entre manos para mirar a su interlocutor.
- ¿Disculpa? ¿Pones en duda mis excelentes aptitudes como instructor?
- Gabe...- Jack le bajó los pies de encima de su mesa y giró la pantalla del ordenador, donde se reprodujo una recolección de imágenes de seguridad con Jesse haciendo peinetas a la espalda de Gabriel.
- ¿Jaaack? ¿No se suponía que ser el comandante de Overwatch implicaba muchiiiiisimo trabajo y ya no tenías tiempo para estar con tu mejor amigo?
- Lo ha hecho Echo, y ya la he reprendido por ello.
- Hipócrita.
- Culpable, ¿y bien?
Gabriel se encogió de hombros y volvió a poner los pies sobre la mesa, si el boyscout tenía un despacho el doble de grande que el suyo y una mesa igualmente enorme podía soportar que él se pusiese cómodo para sus reuniones de puesta en común.
- Nadie dijo que fuera a ser fácil, no ha salido precisamente de la academia militar.
- Me pediste tiempo para este... proyecto tuyo.
- Un año, lo recuerdo, fue una buena monserga, estuviste inspirado.
- Gracias, ¿y los resultados? - Esta vez la chanza estaba teñida de irritación, Gabriel se cruzó de brazos, la amistosa charla entre amigos estaba pasando rápidamente a la dinámica de rangos y cada día que pasaba le molestaba más y más.
Había sido el líder durante la Crisis Omnic, había sudado y sangrado por la causa, pero una vez ganadas las batallas le habían dado el mando a Morrison, la comandancia total de Overwatch, y la verdad es que era mejor así. Gabriel sabía que las reuniones de política y las campañas publicitarias no eran lo suyo. Había periodistas que seguían con la mandíbula en su sitio solo porque Jack era la diplomacia hecha ser humano.
Pero a veces (cada vez más) era muy irritante recibir órdenes de alguien que había respondido a las suyas.
- Tiene potencial, pensé que darías mas cancha al chico...
- El "chico" es un asesino.- Jack alzó una mano pidiendo tiempo.- Estoy a favor de toda medida de reinserción pero esto no es un correccional.
- Overwatch no, pero Blackwatch es lo que yo quiero que sea.
Cada vez más conversaciones entre amigos se transformaban en un tira y afloja de poder.
- Gabe, el chico es peligroso, un enemigo, y lo has metido en nuestra base. ¿Cómo sabes que no te apuñalará por la espalda en cuanto tenga ocasión?
- Si tan peligroso es razón de más para convertirlo en nuestro agente. Ya hemos hablado de esto, no necesito más consejos ni trabas por tu parte.
Jack mantuvo el ceño fruncido, pero Gabriel sabía que había ganado aquel toma y daca y se permitió una amplia sonrisa, las pequeñas victorias seguían siendo victorias. Además no le preocupaba la evaluación, no importaba cuan duro quisiera parecer Jack, porque, ¿que iban a hacer si McCree no superaba algún punto del examen? Le habían sacado del sistema, a efectos legales un fugitivo llamado Jesse McCree seguía huido en algún lugar, no podían sencillamente devolvérselo a la policía con un "ops, lo siento, me llevé a vuestro detenido". De pronto se imaginó conduciendo por la ruta 66 y dejando al chico en una curva de la carretera, como un perro abandonado, "lo siento chico, el hotel no permite coyotes".
Jack le mandó a paseo cuando le dio el ataque de risa, así que marchó a seguir supervisando en entrenamiento. Al llegar tomó una silla y se puso cómodo, McCree ya estaba allí, esa era una práctica a la que nunca llegaba tarde. En la galería de tiro el chico brillaba. Eso había que admitirlo.
Al principio el cambio de arma se había notado y resentido, McCree había tardado en hacerse al uso de otras pistolas, al parecer su única arma a lo largo de su vida había sido su revolver de seis tiros. Arma que había pedido continuamente a la menor ocasión. En un par de semanas de habituarse a otro armamento el chico había dejado claro a los demás reclutas porqué Reyes le había traído del desierto.
Daba igual el objetivo que le pusieras delante, el programa de entrenamiento les ponía objetivos aleatorios, muñeca derecha, cabeza, cintura, rótula izquierda… McCree daba el pleno, tenía el ojo y tenía el temple. De hecho era el único lugar en que manifestaba temple, como si aquel fuera su ejercicio zen.
Tenía defectos por supuesto, su pose era siempre exagerada, imitando a los pistoleros del cine, perdiendo un tiempo innecesario en hacer su numerito de John Wayne. Gabriel no sabía de donde había sacado aquel pañuelo rojo al cuello la tercera semana, ni el cinturón ancho la quinta, pero temía que el chico fuese añadiendo adornos antirreglamentarios mes a mes.
Pleno. Otra vez. Algunos agentes habían parado sus propios turnos para mirar a McCree pulverizar los records de sus compañeros sin sudar. A los demás reclutas no les gustaba en absoluto el chico, quizá odio de clase, quizá envidia por las clases particulares que le daba Reyes y esporádicamente Amari, pero los agentes oficiales empezaban a hablar del "cachorro del comandante Reyes".
Era culpa de Ana, por supuesto, ella lo había llamado así por primera vez. Aunque no lo había hecho de buen humor. Las palabras exactas habían sido, "no puedes tratarlo como a un cachorro que has recogido de la calle, no es un perro".
La francotiradora había llegado la enfermería mientras hacían el primer reconocimiento a McCree, con curiosidad. Era la segunda al mando de Morrison, y había acudido en nombre de este a supervisar la introducción del chico en las instalaciones, el comandante se había negado en redondo a tener nada más que ver con aquello.
La primera impresión había sido… curiosa.
"¡UOW! De haber sabido que aquí había mujeres tan hermosas me habría alistado por mi propio pie."
Reyes había tenido que hacer un esfuerzo para unir la imagen de McCree mascullando y resistiéndose a que le sacaran sangre a toda costa con la del chico que había sonreído de oreja a oreja y guiñado un ojo a Ana Amari mientras fingía que le daba igual el enfermero que, por fin, podía buscarle la vena.
El examen médico debería haber sido algo rutinario pero McCree había decidido hacer todo lo más difícil posible, solo llevaban un día en las instalaciones, día que Reyes había aprovechado para meterlo en una ducha hasta que la piel del chico había salido solo morena y no gris, una visita rápida al médico había arreglado las heridas y rasguños, nada de gravedad. Pero en cuanto el chico había tenido el estómago lleno había decidido que el examen médico le parecía demasiado intrusivo y no parar de removerse en el sitio, buscando los límites de la paciencia de Reyes, otra vez.
Al menos hasta que había aparecido la objetivamente guapa capitana. Ana había calado a Jesse al vuelo y sonreido al supuesto galan y su forzado acento de caballero del sur.
"¿No vas a presentarme a tu encantador de serpientes?
- Ana Amari, el ingrato. El ingrato, Ana Amari, capitán Amari para ti.
- El nombre es McCree, señorita, para servirla.- Y tuvo la audacia de simular un saludo con una inexistente ala de sombrero.
- Encantada, Jesse. Gabriel, ¿unas palabras?
El enfermero les miró marchar con angustia, en tanto se apresuraba a tomar las muestras antes de que la momentánea paz pasara. Reyes y Amari salieron al exterior a tener su charla.
- Jack me dijo que habías reclutado a uno de los miembros de Deathlock, ¿ahora reclutamos niños?
- El niño coquetea con bastante tino.
La veterana egipcia le fulminó con la mirada enfatizada por el ankh tatuado y Reyes cerró la boca, Amari era tan peligrosa como hermosa, y la gente que pensaba que ser madre la había dulcificado era idiota, Ana siempre había sido dulce. Y era tan peligrosa como el primer día.
- No me gusta, Gabriel, y no es solo porque la confianza es fundamental en un equipo. Luchamos una guerra para que no muriese más gente, para que no tuviesen que luchar los niños.
- Los niños han tenido que luchar de todos modos, ¿qué querías que hiciera con él? ¿dejarlo en la ruta 66? ¿O dejarlo en manos de los federales para que completara su formación en la cárcel? En 20 años tendríamos que vernos las caras con el OTRA VEZ, y sería más difícil.
Ana entrecerró los ojos y meditó unos minutos, si algo tenía era paciencia y reflexión.
- Digamos que compro, ¿porqué piensas que es tan peligroso? ¿qué lo hace diferente de los demás forajidos a los has mandado a prisión de una patada en el culo?
Si algo le gustaba a Ana Amari era la puntería, un tiro, un muerto, sin miserias, sin lamentos y sin crueldad innecesaria. Un toque de misterio con el destello rojo y tendría a la francotiradora de su parte.
- ¿No te lo ha dicho Jackie? Tres tiros, tres díanas.
- Un pistolero, suena interesante pero...
- Perfecto, porque...
- PERO.- Ana se ajustó la boina.- Si solo sabe matar lo quiero fuera, Reyes, no necesitamos simples asesinos
- Eso no lo decides tú.- Empezaba a estar harto de que pensaran que podían darle órdenes y criticar sus decisiones.- Si supera la evaluación será de Blackwatch.
- O sea que será tuyo. No puedes tratarlo como a un cachorro que has recogido de la calle, no es un perro.
- No necesito perros, de eso hay demasiado.
No pensaba hablar más, dejó a su amiga en el pasillo y volvió a entrar en la enfermería, dando un portazo que hizo saltar a las dos personas presentes. McCree miró por encima de su hombro hacía la puerta con aire esperanzado.
- ¿La capitana guapa va a volver?
- Está ocupada.- El enfermero le entregó los resultados iniciales, los análisis tardarían unos minutos.- Aquí pone que no tienes cyberimplantes.
- Este cuerpo es 100% fabricado al modo tradicional, jefe, certificado sureño de calidad.
No era un señor, ni un capitán, pero jefe no era un mal comienzo. Ahora tenía un problema, McCree no tenía cyberimplantes, no tenía tecnología en el cuerpo que explicara aquellos dos destellos, porque si bien ahora Reyes podía pensar que la imagen de vídeo podía estar corrupta pese a todo, él mismo había visto aquel cambio de color del iris del chico en el transporte, ¿qué demonios era esa cosa?
Ya lo averiguaría, tenía tiempo, Jack le había dado un año. Y pensaba aprovechar cada día, incluyendo ese. Cogió el bote de vitaminas que le había dejado el enfermero y se lo tiró, por suerte el chico lo agarró al vuelo, con esos reflejos podrían avanzar rápido.
- Vamos.
Llevó al chico a su habitación, aquella base no tenía barracones si no habitaciones individuales, las ventajas de ser la base principal, el mejor presupuesto. Por el camino recogieron el uniforme y los utensilios básicos, Reyes fue pasándoselos mientras le recitaba la normativa. Horarios, limpieza, cuidado y mantenimiento de su propia ropa, equipo reglamentario… llegaron a la habitación, abrió con la tarjeta magnética y le entregó la llave.
- Pon tu propio código, solo yo, el comandante Morrisón y la capitán Amari podrán entrar en él. Esta será tu habitación, si la conviertes en una pocilga te…
- Si, si, si, todo limpio y ordenado…
Reyes se inclinó a la altura del chico y le clavó un dedo sobre el esternón.
- Te pondré a hacer flexiones, como ahora mismo, al suelo, que sean 20.
Jesse recargó, disparó, recargó de nuevo y disparó. Su objetivo eran siluetas, pero sabía bien a quien estaba disparando. Aunque ese alguien estuviese realmente a su espalda.
Echaba de menos su revolver, sentir cada bala en el tambor, esperando su turno. El arma compraba la libertad, esa era la primera lección. Su padre había sido un sucio bastardo, un capullo maltratador que había descargado en su esposa y su hijo todas y cada una de sus frustraciones.
La Crisis Omnic no había llegado a su casa con guerra y muerte si no con miseria y pobreza. Las fabricas habían sido destruidas por las máquinas, los territorios aislados de las grandes ciudades habían perdido contacto con el exterior, el control estatal había desaparecido, cada cual había cuidado su propio culo. La granja podría haber sido un refugio feliz, apartado del conflicto, si su padre no hubiera sido un patético perdedor.
"La maldición me saltó, porque era un buen chico, ¿eres tú un buen chico, Jesse? ¿No estarás maldito, verdad?"
Y le había tirado cascos de cerveza vacíos, a ver si los esquivaba. Jesse juraba que era un buen chico, que no sabía de qué hablaba su padre. La violencia, los insultos, se reducían cuando su madre regresaba de trabajar en la gasolinera, pero solo porque su padre encontraba otro objetivo para sus miserias.
Su madre bebía en ocasiones, el alcohol no la volvía violenta como a su padre, pero la soltaba la lengua. Y entonces Jesse le preguntaba de qué hablaba su padre, qué era la maldición.
"Era tu abuelo, Jesse, tu abuelo tenía un demonio dentro, un demonio que vivía en sus ojos, y pasaba de padres a hijos por la sangre maldita de los pistoleros, pero saltó a tu padre, seguro que también te saltará a tí".
Con el tiempo Jesse empezó a pensar que su padre estaba furioso porque el demonio le había saltado, que era eso lo que le enfadaba realmente. Y la primera vez que cogió el revolver que su padre escondía en la caja del granero comprendió algo más, su padre tenía miedo de él. Su padre temía que el demonio no se hubiese saltado a Jesse.
Y un día Jesse puso balas en el revolver, llorando, aterrado, mientras oía a su padre dar una paliza a su madre, arrastrándola por el pelo desde la cocina. Sus manos temblaban, no sabía disparar.
YO GUIARÉ TU MANO.
Su padre había tenido razón al temerle.
