Disclaimer o Descarga de responsabilidad: Los personajes de Descendientes y su historia no me pertenecen, eso es tooooodo de Disney y y'know, Melissa de La Cruz.

NOTA DE ACLARACIÓN SOBRE PERSONAJES: Sé que el Dr. Facilier en las películas es dueño de un Arcade, pero en los libros (aparentemente, confío en Wiki Fandom) es quien fundó Dragon Hall (la escuela a la que asisten la mayoría de los hijos de villanos, excepto Uma y Harry quienes parecen ir a Serpent Prep) y es quien resguarda la Biblioteca.

AYUDA MEMORIA DE VILLANOS y (héroe): Yen Sid es el mago personaje de la película Fantasía de Disney en dónde Mickey es aprendiz de brujo, enseña la materia Ciencias Raras en Dragon Hall y cómo usar la tecnologia en lugar de la magia. El Dr. Facilier es el antagonista de la película la princesa y el sapo, tiene dos hija Freddie (la mayor) y Celia (la amamos, con ella no tuve que familiarizarme con un personaje nuevo, está en las películas). Lady Tremaine es la madrastra malvada de Cenicienta, enseña Evil Schemes and Nasty Plots en Dragon Hall (no sé cuál fue la traducción que eligieron para la clase) y a Mal le va muy bien en esta clase; ella y sus dos hijas terminaron en la Isla (Anastasia y Drizzela), a su vez Anastasia es madre de Anthony (que tiene la edad de Mal y el resto de los VK) y dos o tres hijas, no sabemos bien, que no poseen nombre en los libros; Drizzela es la madre de Dizzy. Madre Gothel es la madre adoptiva de Rapunzel, la que la cría aislada en la torre, y tiene una hija que es Ginny Gothel, enseña Selfishness (Egoísmo) en Dragon Hall. Maddy es la nieta de Madame Mim (la antagonista de la versión de Disney de Merlín, también conocida como la bruja loca, coincidentemente, Madam Mim también tiene el pelo lila y ojos verdes, lo que Maddy heredó).

Dato de color: Las partes de este capítulo correspondientes a Mal fueron escritas con la canción de Karmina - All the King's Horses y de Eurielle - City of the Dead. Evie tuvo de fondo a Je t'Adore de Eurielle y Breathe de Fleurie.


Hamartia (en griego antiguo: αμαρτία) es un término usado en la Poética de Aristóteles, que se traduce usualmente como "error trágico", "error fatal", defecto, fallo o pecado. Es el error fatal en que incurre el "héroe trágico" que intenta "hacer lo correcto" en una situación en la que lo correcto, simplemente, no puede hacerse.


Auradon. Los invitaron a ir a Auradon, fuera de la barrera.

Mal parpadeó, una, dos, tres veces, no, su madre no se estaba retorciendo en el suelo. No era una mentira. Miró a Maléfica, y se veía demasiado alegre por las noticias, una sonrisa casi maníaca extendiéndose por su hermoso rostro. Frunció el ceño, inmediatamente alerta, debía de haber una trampa. Siempre había una trampa cuando se trataba de su madre. Mal miró a sus amigos, sabiendo perfectamente que al igual que ella, anhelaban salir más allá de la Isla y les negó suavemente con la cabeza para que no respondieran nada y ante la menor señal de peligro corran en la dirección contraria. A Maléfica le gustaba jugar con la mente de las personas, como un gato que torturaba a su comida antes de clavar sus colmillos en sus suaves gargantas, ella estaba más que acostumbrada a las maneras de la mujer pero no iba a permitir que se extendieran al resto de los VK.

- No iré a un internado lleno de princesas remilgadas vestidas de rosa, al menos voluntariamente. - Mal miró de reojo a Jay, esperando que entendiera a lo que apuntaba.

- Sí, yo no uso uniformes, a menos que sean de cuero ¿Entienden? - Jay le sonrió, tratando de bromear y no negarse directamente a una orden de Maléfica, a nadie le iba bien si despreciaban a su madre directamente.

La historia de la Bella Durmiente fue la punta del iceberg del historial, y si no fuera porque esa vez la víctima del hechizo era una princesa, no hubiera trascendido como lo hizo.

Carlos se adelantó, planteando algo que Cruella aprobaría.

- En algún lugar leí - Alguien claramente había estado escabulléndose a la biblioteca del Dr. Facilier, Mal lo aprobaba incluso si no es algo que ella fuera a hacer - Que en Auradon aceptan perros. Mamá dice que son animales rabiosos que comen a los niños desobedientes.

Y aunque todos sabían que probablemente era otro de los delirios de Cruella, ninguno había visto un perro en la Isla. No iban a arriesgarse. No en un lugar dónde las personas y los animales no estaban limitados por la barrera como allí. Carlos era dueño de Beelzebub, una de las crías de Lucifer, y era una pequeña bestia viciosa para cualquiera que no fuera el niño De Vil y si los perros suelen perseguir gatos como ellos, los VK dudaban seriamente de que no fueran peligrosos. Lady Tremaine jamás había negado los muchos desvaríos de Cruella al respecto, mientras estaban en su salón. Tal vez no bestias rabiosas, pero peligrosos seguro.

Maléfica los contempló en silencio, de uno en uno, sus ojos verdes destellantes y Mal se preguntó si ella se veía igual de intimidante. Realmente esperaba que sí. Con un dedo, les indicó que la siguieran y sus amigos la miraron con aprensión, Bargain Castle no es su lugar preferido para merodear y ella los entendía, a Mal tampoco le gustaba pasar demasiado tiempo en ese sitio pero no había mucha opción en este caso. Bajó los ojos y siguió a su madre, no mucho después escuchó el caminar característico de sus amigos, suave y casi imperceptible si no fuera por el leve sonido de cadenas de las joyas de Evie, y el roce del cuero en Jay. Carlos no producía el menor sonido y Mal lo encontraba divertido, porque incluso si negaba a los cuatro vientos no tener ningún padre Fae, caminaba exactamente igual que ella.

Al llegar, Mal se tensó ante la presencia de los padres de sus amigos, distribuidos estratégicamente a lo largo del salón principal, bloqueando cualquier posible salida. Mal vio a sus amigos exhalar cansinamente cuando se percataron, esto no era un simple juego de Maléfica si todos ellos estaban involucrados. Ella al igual que Jay comenzaron a moverse para dejar a Evie y Carlos en el centro y que no se encontraran directamente con ninguno de los Villanos. A ellos no les gustaban la transformación de las actitudes de sus amigos cuando enfrentaban a sus padres, una parodia burlesca de sus personalidades reales; la sonrisa de Evie demasiado forzada, el rostro expresivo de Carlos fijo en una máscara en blanco, el leve miedo de ambos ante sus progenitores como si sintieran que un solo movimiento equivocado era digno de castigo.

Claro, Jay y ella no tenían una relación espectacular con sus padres, pero miedo… no, jamás les tuvieron miedo. Lamentablemente, era más que común en la Isla este tipo de interacciones tensas entre miembros de una familia.

(Recuerda un tiempo en que ella y Uma compartían risas y travesuras, y Mal sentía que sostenía el océano cada vez que la Bruja del Mar tomaba su mano, y cómo esa inmensidad sobrenatural se convertía en un triste charco de día lluvioso cuando Úrsula venía a colación. Un tiempo antes de que todo se agriara, en dónde Harry vendría a ella por ayuda con sus cortes o en busca de una pomada curativa para sus hermanas, cuando CJ todavía era apenas una niña y sus pequeños brazos se acurrucaban alrededor de su cintura mientas escondía su rostro en su pecho. Mal podría estar enojada, podría resentir, pero jamás iba a olvidar cuando fueron suyos y su dolor también.)

Cuando sus padres finalmente revelaron su plan, Mal ya estaba lista para negarse. Era una promesa de libertad, y eso siempre la tentaría más que nada, pero los estaban mandando a la boca del lobo y si fallaban, Mal no creía que el nuevo Rey no cerrara las fauces sobre ellos. Auradon podría predicar todo lo que quisiera sobre redención y perdón, pero nunca hubo misericordia para los niños de Villanos antes y no creía que ahora también la hubiera, la mínima condena que podrían darles sería volver a la Isla, y ella no dudaba de que el resto de Villanos los destrozarían por haber echado a perder su única oportunidad de salir. No, no era seguro.

Maléfica vio en su postura todo que Mal podría alguna vez expresar y dejó bien en claro que no era una opción. Esto era una orden y simplemente les estaban informando por mera cortesía, aun así la miró fijo e intentó negarse con su magia pero la voluntad de su madre pudo más que la suya; ella resopló por lo bajo, no es que pudieran enfrentarse en toda su capacidad con la barrera firmemente en su lugar, tal vez si fuera el caso - incluso si no hubiera ganado - hubiera presentado más resistencia que lo que podía obtener con una simple dominación entre voluntades. No era justo.

Mal les asiente discretamente a sus amigos para prepararse. Sus padres se entretienen jugando como si quisieran que sus hijos se quedaran, un pequeño acto para elevar sus esperanzas de afecto y luego aplastarlas cuando no es más que por sus habilidades o su uso; ninguno de ellos se inmuta, están acostumbrados a ello, ya es casi un diálogo preparado. Aun cuando se desconecta de la conversación, Mal no deja de prestarle atención a cada uno de los presentes en la habitación, y cuando Cruella decide acercarse a Carlos, ella está inmediatamente a su lado y lo atrae hacia la mesa, mirando en advertencia a la mujer; si llegaba a tocarlo, Mal le arrancaría la mano y dudaba que a su madre le importara mucho. Lamentablemente, tiene que alejarse cuando Maléfica la llama a ir hacia el refrigerador al que sigue llamando "Caja fuerte".

Discretamente, rueda los ojos y comparte una breve mirada divertida con Evie. Ella y Grimhilde tuvieron más de una discusión con respecto a la aspiradora.

A sus madres les vendría bien asistir a las clases de Yen Sid sobre el uso de tecnología, es algo básico en la Isla consecuencia de la falta de magia y su profesor de Ciencias Raras era el hombre más amable y paciente - aunque algo estricto, algo indispensable en un ambiente como Dragon Hall - que ella había conocido, no dudaba de que no tendría problemas en impartirle conocimientos a los adultos además de sus hijos. Los niños de Villanos jamás iban a admitir que respetaban al mago por el favor que les estaba haciendo a todos, pero lo hacían; sus clases era una las pocas en que no había registro de incidentes mayores ni peleas. Él fue el único voluntario de Auradon para ir a la Isla, un mago que por voluntad propia se alejó de su magia para darle clases a los engendros de sus enemigos, a vivir cotidianamente entre Villanos y someterse a su mismo estilo de vida a pesar de ser un "héroe" como cualquiera de los que viviera fuera de esa prisión. No enseñaba en un castillo, sino en un gran sepulcro reutilizado para hacer de escuela, tomaba té con Lady Tremaine mientras la mujer planificaba su próxima clase y organizaba los horarios de su Salón; bromeaba con el Dr. Facilier hasta que su risa comenzaba a hacer eco por fuera de la Biblioteca y resonaba en los pasillos, y eso hacía que Freddie Facilier estuviera el resto de día de buen humor, porque su padre rara vez reía sinceramente; Madre Gothel mandaba a sus alumnos hacia él cuando se irritaba de todos ellos y Yen Sid les abría las puertas de su oficina por una hora, sin falta, a pesar de estar en su descanso.

Era un buen hombre, que no se merecía estar allí con todos ellos e igualmente había optado por hacerlo. Mal suspiró, su madre jamás aceptaría tomar lecciones de tal estandarte de la bondad.

Maléfica la regresó a la realidad cuando le presentó su libro de hechizos, y ella tuvo que retenerse a si misma de simplemente arrancarlo de sus manos. El Grimorio de su madre, que contenía todos los hechizos que ella había desarrollado, era un objeto invaluable para personas que no sabían enfocar su magia sin necesidad de palabras; Maléfica lo había dejado atrás en su juventud, simplemente manteniendo los hechizos más fuertes y que requerían una estructura sintáctica fija y melódica para que la magia simplemente no se disperse luego de la acumulación, dirigiéndose a un objetivo específico. Ese libro podría ser su vía de escape si todo lo demás fallara, teniendo en cuenta que lo único que Mal conocía de la magia y su uso se lo había enseñado Maddy cuando eran amigas, y la magia de Mal era muy diferente que la magia de las brujas.

Su madre miró nostálgica el Grimorio.

- ¿Recuerdan? Qué tiempos, cuando esparcíamos el mal y arruinábamos vidas - Maléfica exhaló un suspiro demasiado lleno anhelo para los gustos de Mal, las épocas de su madre podrían indicar desde hace más de quinientos años hasta antes de su encierro y no muchas de las cosas que hizo serían aprobadas por los villanos del presente - Y ahora, ustedes crearan sus propios recuerdos... En tanto hagan exactamente lo que yo diga.

Su madre miró directamente a los hijos de sus aliados Villanos, pero el peligro en sus palabras era para Mal, siempre para Mal. Vio el color desaparecer del rostro de sus amigos, y tenían razón en temer, pero ella no permitiría que su madre jugara con ellos como si fueran posesiones de Mal, sí, eran sus personas pero no sus juguetes como Maléfica probablemente los consideraba. Los Fae tenían una forma muy retorcida de comprender el mundo, y aunque parte de Mal siempre iba a entender hasta cierto punto su marco de pensamiento, no le gustaba la idea de que las personas eran descartables o reemplazables.

(Eres Fae, Mal, levanta la cabeza y camina con orgullo, somos hijos de la Tierra, los herederos del viento, vinimos antes que los hombres y seguiremos después de ellos, no dejes que simples y efímeros vínculos te aten. Nuestra palabra es la verdad y nuestras promesas se cumplen, no ofrezcas más de lo que puedas dar o será tu perdición.)

A veces, Mal deseaba que cuando Hades corrió lejos de su madre, la hubiera llevado con él. Pero no tiene sentido pensar en el hubiera. Lo hecho, hecho está.

Ella miró a sus amigos y algo dentro suyo ardió como brasas.

No dejaré que los toque.

(Mi pequeña Mali - y ella cerró sus ojos porque esa voz era una canción de cuna que venía como de un sueño - eres mitad Diosa, no tenemos ataduras, no tenemos gobernantes, no conocemos lo que es la mentira porque las almas siempre nos dirán la verdad y todas las criaturas con vida llegarán algún día a nuestro Reino. Los tratos se pueden manipular y las promesas se pueden romper, pero nadie escapa de la muerte.)

- Los hijos de los Villanos serán libres - Y Mal lo siente, como el peso de sus palabras se asienta bajo su lengua, vibra en sus cuerdas vocales, resuena como un eco en sus huesos y dientes, se sincroniza con el latido de su corazón y recorre cada centímetro de su cuerpo a través de su sangre. Cierra los ojos y lo acepta porque es una promesa que merita ser cumplida - Lo prometo.

Maléfica sonríe, algo más suave y encantador que le recuerda que la mujer Fae no siempre perteneció a las sombras, sus largos dedos se apoyan delicadamente en su hombro y engañan sobre la fuerza que esa mano en realidad posee. Después de todo, su aparentemente frágil madre ha quebrado más cuellos de lo que cualquier humano haya soñado jamás, con sus cautivadores ojos ha traído la muerte a ciudades enteras y con su dulce boca ha extraído el último aliento de incontables seres. La mujer ante ella es un monstruo, un hermoso monstruo, pero no por ello menos cruel.

Ah, tal vez eso es lo que Hades vio.

- ¿Y la varita, hija mía? - Porque Maléfica es quien le enseñó a tener cuidado con sus palabras, ella sabe lo que Mal intentó - ¿Me traerás la varita?

(Atención, Mali. Los tratos se pueden manipular y las promesas se pueden romper, pero nadie escapa de la muerte.)

- Sí, por supuesto. - Mal le sonrió. - Creo que es hora de que vaya a prepararme ¿No crees?

Y en su pecho, las brasas causaron un incendio, quemando todo a su paso. Mal permaneció con el peso de una sola promesa, y no fue robar una varita.

Se quitó la mano de Maléfica, sosteniéndola en la suya unos segundos. No sabía cuándo volvería a encontrarse a su madre y en qué circunstancias; quiso mantener esto un poco más, memorizar el orgullo en su mirada y sentir algo de su afecto, incluso si era falso o teatral. Mal entiende, realmente lo hace, que su madre no puede amar como los humanos, hay seres que simplemente están cableados diferente y algo de la fácil entrega humana de sus corazones no concuerda con la forma de vida Fae, pero quiere pensar que después de tantos años sin estar rodeada de los de su clase, algo en Maléfica se ablandó.

El desconcierto en el rostro de su madre sobre su mano le dice lo contrario, y Mal se aleja antes de que la mujer se aproveche del leve gesto de debilidad. Mal no llora, pero es algo bastante cercano.

Sus pasos son pesados mientras entra a su habitación, resuenan en el vacío castillo y ella quiere gritar, pero respira y lo deja ir.

No quiere dejarlo ir. Pero la furia nunca fue particularmente atrayente para ella.

(Nuestra ira puede romper el mundo, Mali. Hemos destruido civilizaciones por puro capricho, nadie quiere ver que hacemos si estamos verdaderamente enojados.)

Dobla su ropa casi mecánicamente, sin querer pensar si esa es la última vez que podrá admirar su habitación. Pasa sus dedos reverentemente por los viejos muebles, y quita de cada escondite - que cuidadosamente cavó en la piedra, tallando con diligencia y luego creando una piedra falsa con ayuda de Maddy - sus objetos más preciados, para que su madre no se los quitara si alguna vez se equivocaba.

El espejo personalizado que Evie le regaló. En la inscripción del metal que lo rodea hay un hechizo que no tiene valor en la Isla, un gesto más que otra cosa, la idea y el sueño de algún día poder salir. Y ese día era hoy.

(Para que siempre veas reflejado la verdad. Lo que sea que muestre el espejo, será tu interior.

¿Quieres que grite de horror, Evie?

Lo que sea que te muestre el espejo, Mal, será hermoso)

Una pulsera de aspecto tosco, que parecía hecha con repuestos y cables, pero tenía entrelazadas flores que se veían tan frescas como recién cortadas. Mal sonríe, Jay y Carlos habían tardado años en convencer a la hamadríade de darles alguna de sus flores que vivirían en tanto ella viva, principalmente porque el hada los odiaba.

(Ella jadeó cuando sintió magia en la pulsera, magia como la suya, perteneciente a la naturaleza. Los ojos de sus amigos eran suaves mientras la miraban, sabiendo perfectamente cuánto le dolía vivir en una Isla con solo vegetación muerta o débil hierba que no crecía más allá de los terrenos del Castillo de Evie, adónde todavía no se animaba a asomarse por vergüenza. Ellos chillaron como Banshees cuándo se abalanzó a abrazarlos y Mal rió.)

Sus dedos se detuvieron un segundo sobre un collar de caracola, y lo levantó casi con miedo de que repentinamente se desmoronase en sus manos. El primer y último regalo de Uma, y la sonrisa de Mal se quebró un poco en los bordes. Era un hilo grueso que sostenía en su centro una pequeña caracola violácea, a la cual la Bruja del Mar pintó con esmero numerosos patrones en remolino del color de su cabello al sol. Era una cosa pequeña y bonita, y digna de ser llevada con ella. Mal la envolvió en uno de los pocos pañuelos que tenía y la guardó con el resto de sus pertenencias, Uma nunca la reclamó y Mal no será quien se lo recuerde.

(Siempre seremos amigas, y esto es mi prueba. Aunque no lo parezca, es la forma en que las cecaelias saben si su familia sigue viva. Las profundidades son amplias y en su mayor parte desconocidas, no es seguro afirmar si esa será la última vez que ves a alguien y mantenerse en contacto es muy difícil cuando el agua te lleva. Si esto... si esto llega a romperse sin fuerza externa, Mal, significa que el océano me reclamó, permanece tan intacto como mi cuerpo en esta Tierra. No lo pierdas y no lo olvides, esto es el símbolo de que somos familia, incluso si eres una niña de la naturaleza.)

Y una... Mal exhaló un suspiro tembloroso. No estaba. La flauta no estaba allí. Se levantó abruptamente y comenzó a buscar alrededor de su cuarto. Tenía que estar, si Maléfica hubiera encontrado su escondite, se hubiera llevado todo, no solo el pequeño instrumento. Revolvió cada rincón, levantó cada mueble, tiró todo fuera de su armario sin orden ni concierto. Tenía que estar allí.

Pero no había nada que encontrar.

No estaba allí. Los ojos de Mal ardían.

Antes de que siquiera pudiera procesar la pérdida, sus agudos oídos captaron la alegre melodía de una flauta que venía de más allá de su ventana, y Mal descorrió las pesadas cortinas que bloqueaban su vista al balcón. Y efectivamente, encaramado en el borde sobre la balaustrada, estaba un joven de su edad tocando hábilmente el pequeño instrumento de madera, sus dedos bailando sobre los orificios de la madera burdamente tallada y pulida.

Mal no se relajó, pero algo de la tensión anterior desapareció.

- Anthony - Dijo con resignación, no había necesidad de preguntar qué hacía allí, la noticia de su partida probablemente se había extendido a toda la Isla - Sal de allí, si te caes no voy a ser yo quien le diga a la pequeña Dizzy cómo su primo tontamente se quebró el cuello.

Anthony la examinó con intensidad por debajo de gruesas pestañas que escondían el color de una tormenta y, lentamente, soltó la flauta que alguna vez había preparado con dedos infantiles para Mal. No había expresión en su rostro, pero al menos no era su habitual mirada de aburrimiento por defecto, como si nada en este mundo le causara el mínimo interés. Había algo en el Tremaine que se percibía como casi de otro mundo, un espíritu más entre todos ellos, pero Mal sabía que era completamente humano, mortal y frágil. No se relajaría hasta que él se acercara a ella, lejos de una posible caída al vacío.

Él bajó con cuidado un pie al suelo, y luego el otro aun más despacio, burlándose del miedo de Mal a su muerte. Ella no quería temer por Anthony, cualquier alianza u asociación entre ellos había terminado el día en que había arruinado el cabello de Maddy porque no quería que las llamaran gemelas. No diría que lo lamentaba, porque si algo había aprendido de su padre era aceptar las consecuencias de tus acciones, incluso si no te gustaban y llevarlo hasta sus últimas instancias.

(Perdió más de un amigo el día en que el hermoso pelo lila de Maddy había desaparecido, degradado a un verde agua en un intento de mejorar el desastre que Mal le había dejado porque a veces era una perra egoísta y no le gustaba la idea de alguien igual que ella. Ginny Gothel aún no le dirigía la mirada y Anthony nunca había sido un niño elocuente o particularmente expresivo, pero no hubo más palabras suaves para Mal o esa reducida sonrisa cariñosa que surgía cuando alguno de sus amigos hacía algo estúpido pero entrañable. Fría cordialidad, porque Anastasia había criado a un niño educado, pero nada más allá de eso.)

- Mal ¿Te ibas sin despedirte? - Una ceja oscura se arqueó hacia ella, y Mal frenó los celos internos que le causaba, nunca había podido dominar ese truco - Y yo que pensé que éramos amigos.

Los gráciles dedos de Anthony balancearon la flauta por la boquilla, y ella sabía que sería difícil que se rompiera o que el niño Tremaine siquiera la dejara caer, eso no impidió que sus manos se enroscaran para no arrebatarle el instrumento.

- Sabes muy bien que no - Mal tragó con pesar, porque incluso si no lo lamentaba, la lejanía dolía. Pasaron años, y todavía dolía - Ya no.

Cualquier humor o diversión en los ojos de Anthony murió. Y se hizo un silencio tenso, ambos negándose a romperlo, demasiada historia entre ellos y en su mayoría no era buena. Mal trató de fijar cómo se veía en ese momento en sus recuerdos, porque la próxima - y habría una próxima, se aseguraría de ello - probablemente se vería mayor, su mandíbula ya se estaba afilando y tal vez, cuando se encuentren en el futuro, ya habría perdido toda la grasa de bebé que obstinadamente aún se aferraba a sus mejillas. El rostro del Tremaine siempre había tenido rasgos aristocráticos - la totalidad de su familia encajaría perfectamente en medio de los palacios reales en lugar de los sucios callejones a los que estaban sujetos - esos mismos rasgos se acentuarían con la edad, al igual que había sucedido con Anastasia y sus hermanas. Su cabello castaño oscuro, que con los años se había estado oscureciendo cada vez más, llegaría al negro obsidiana de los rizos de Drizzela o Lady Tremaine en su juventud. Ya no sería un niño.

Aunque, ninguno de ellos jamás había tenido el lujo de verdaderamente ser niños.

- Sí, lo sé - Anthony aceptó - Pero no vine a hablar de Maddy, no hoy. Vine a... mira, toda la Isla sabe sobre los planes de Maléfica, pero te conozco Mal, incluso si eres despiadada, no matas. Mucho menos niños, y sabes que la mayoría de los enemigos de nuestros padres tienen hijos de nuestra edad o menores, y también sabes la primer regla de la Isla.

Si encuentras ventaja, explótala lo más que puedas.

Sí, Mal era perfectamente consciente de lo que le pasaría a los niños de Auradon si los peores Villanos escapaban de la Isla. No creía que los hijos de los héroes siquiera supieran el término "tortura".

- ¿Estás diciendo que voy a fallar? Presuntuoso de tu parte, Tremaine - Mal intentó bromear, pero no había nada gracioso en la situación.

- Me importa un bledo si fallas o no, Mal, no creo que sea lo suficientemente bueno para vivir fuera de este lugar tampoco, tarde o temprano terminaría aquí de nuevo - Anthony negó suavemente, y el característico barítono en su voz se tambaleó - No me malinterpretes, quiero irme, demonios, todos queremos irnos. Pero... no me importaría quedarme, si eso implica que mis hermanas, que Dizzy salgan. Ninguna de ellas merece vivir aquí.

Y tú tampoco. Pero Mal se tragó su queja, no era el momento, incluso si era verdad. Eres brillante, Anthony, perteneces a un cielo lleno de estrellas y sin límites a la vista.

- No pido, nunca pido, Mal y mucho menos a un hada - Y el rostro inexpresivo de Anthony se derritió en algo que se parecía mucho a la desesperación, y su corazón se apretó porque eran solo niños. Eran solo niños. - Quiero la seguridad de que incluso si fallas, encontrarás la manera de sacarlas de este infierno.

Y Mal sabía que no podía asegurarlo, que el único y máximo pago que exigía una promesa incumplida era su vida, y tal vez ni siquiera le quedara eso si fallaba. Pero aun sentía el agarre de sus palabras, y las repetiría hasta el fin de los tiempos hasta que fueran realidad. Ella asintió.

- Los hijos de los Villanos serán libres - Y Anthony abrió mucho sus ojos, porque sabía las consecuencias de lo que Mal estaba haciendo, lo que perdería si incumplía y esos eran muchos, muchos, niños - Lo prometo.

Lo prometo, ahora y por siempre.

Y el incendio en su pecho se elevó, pero no quemó estas palabras, las grabó a fuego en su alma como una inscripción tallada por la eternidad. La seguirían incluso si ella cruzaba el Río Leteo en los dominios de su padre, las llevaría a su próxima vida como una cadena en su cuello si fallaba, no podría recordar ni su nombre pero sería una certeza que no dejaría ir ni siquiera si tuviera que cruzar el Tártaro por ello.

Anthony parecía tan aliviado, como si un peso cayera de sus hombros, que Mal no pudo evitar la amarga risa que escapó de su boca. Ni siquiera ella entendía completamente el alcance de lo que acababa de hacer, pero era mucho más fuerte que la promesa de un simple Fae.

- Gracias. Muchas gracias. - Y antes de que Mal pudiera reaccionar, la tenía encerrada en un abrazo que se sentía demasiado como un adiós definitivo, rezumaba tristeza y dolor, sabía a arrepentimiento y a conversaciones interrumpidas, a susurros compartidos en la oscuridad que reverberaron más allá de su infancia y llegaron con ellos hasta ese día - Cuídate, por el amor de Circe, cuídate. No somos amigos, pero una vez lo fuimos, y no quiero extrañarte, Mal. No me hagas extrañarte.

Mal enterró su rostro en su pecho, y se permitió disfrutar el contacto, fingió que no quería llorar y que esto no era una despedida. En la Isla no sobraba el cariño, y era algo casi ajeno para los hijos de Villanos, limitado solo a las personas más cercanas; ella y Anthony hacía años que no eran cercanos, pero a Mal no le importó, podría ser la última vez. Solo... solo una última vez.

- Por supuesto que no, idiota ¿Con quién crees que estás hablando?.

Respiró para darse el impulso de soltarlo y casi soltó una risa cuando sintió el olor a tinte para cabello, porque significaba que Lady Tremaine lo había obligado a tomar algunos turnos en su Salón. Anthony siempre olía a productos para el cabello, por su hogar, pero más abajo de eso y si tenías los sentidos de Mal, o Jay, podrías encontrar el leve aroma a tinta y pergamino por sus partituras musicales, tal vez madera si había estado tallando. Era casi como volver a ser una niña pequeña, y corretear tras él y Ginny, mientras Maddy y ella trataban de alcanzarlos, chocando contra todos para poder llegar porque esos dos siempre habían sido ligeros de pies.

No estaba preparada para cuando Anthony la dejó ir. Cuando sus dedos se desenredaron de su chaqueta, se sintió como si estuviera soltando a la Isla, y no le gustaba el presagio. Esto no era una despedida, porque Mal se aseguraría de que todos ellos salieran. Todos, incluido Anthony.

Mal cerró los ojos en el momento en que advirtió la suave caricia en su rostro. El tacto de la mano era áspero por años de tallar con madera, pero era cálida. Tan cálida. No los abrió cuando el toque desapareció y solamente una vez que escuchó el sonido de las cortinas moviéndose, Mal se permitió ver a Anthony irse, su espalda desapareciendo entre la tela.

Cuando se animó a acercarse al balcón, ya no había rastro de él. Maddy enloquecería si supiera que él había venido a escondidas a verla, aun si fuera únicamente para sacarle una promesa.

Mal exhaló, y terminó de preparar su bolso. Hora de salir.


¡Espero que lo hayan disfrutado! Ya saben, los reviews son amor.