Examinadlo todo y quedaos con lo bueno

—1 TESALONICENSES 5:21

Naruto observo como la mujer a la que los cautivos llamaban Hinata, una joven a la que el dueño del circo había llamado "mi corazón", sedaba y bañaba al resto de los otherworlders. Ella trabajaba aun en la última, la Cortaz, faltando únicamente Naruto.

Su toque era siempre provisional, frágil, y amable, y tenía mucha curiosidad por saber si ella lo trataría con el mismo respeto, considerando todas las amenazas que había hecho. Una curiosidad que despreciaba. Él no debía darle importancia de una manera u otra. Para bañarlo, ella tendría que sedarlo y la idea de caer como un oso salvaje era totalmente humillante. Además, si él dormía durante todo el episodio, nunca sería capaz de apaciguar esa curiosidad enfermiza.

Y, sin embargo, todavía le gustaba la idea de tener sus manos sobre él.

Estúpido. Tenía que ser más inteligente en lo que a ella se refería.

Ya había cometido dos graves errores. ¿El primero? La atracción. Los hombres se olvidan de su propósito cuando desean a una mujer. ¿El segundo? Él había experimentado algún grado de compasión por ella.

Porque, allí estaba ella, una hermosa chica humana, seguramente vistiendo la piel del ángel más preciado de Dios y sin embargo, ella tenía un hematoma del tamaño de un puño en la cara. Del tamaño del puño de Hiashi, para ser exactos.

Naruto había llegado a la conclusión de que Hiashi la obligaba a trabajar para él y que, si Naruto pudiera convencerla de que confiara en él, podría huir con ella.

Ella, su propia mujer, de acuerdo con Kurama. Él realmente había pensado que tendría la oportunidad de convencerla, también. Si estaba siendo golpeada, ella anhelaría algún tipo de protección. Cualquier protección, incluso la de un monstruo. Protección que habría prometido dar.

Pero cuando él se había ofrecido a ayudarla, ella no se había molestado en contestar.

Después de eso, la frustración se había convertido en una fuerza viva dentro de él, y había salido a la superficie en amenazas de muerte.

En lugar de acobardarse, como una mujer maltratada habría estado, lo había insultado con su indiferencia.

Fue entonces cuando la verdad se había instalado profundamente.

Ella era fría y cruel, sin corazón, y tendría que acabar con ella al igual que con todos los demás. Y él estaba totalmente de acuerdo con eso, se dijo.

Siempre había vivido por cuatro pequeñas palabras, las palabras más fuertes de la creación: lo que sea necesario.

De hecho, si rasgar la puerta de su jaula era un problema, le quitaría el dedo -tal vez la única llave de la cerradura- y lo haría con un zarpazo de sus garras o con un golpe de sus dientes. Ella gritaría y lloraría, pero nada de lo que dijera o hiciera lo detendría. Ella no merecía la compasión de Naruto y, para la vergüenza de su madre, ella no la recibiría.

Kurama lo había fastidiado magníficamente. ¿Hinata debía ser la mujer de Naruto? No lo creía. O a ella le gustaba meterse en la cama con Hiashi Hyūga o ella había salido de sus entrañas. De cualquier manera, ella se merecía lo que le pasaba.

¿Y qué si ella había mostrado momentos de bondad?

Y qué si su expresivo rostro había revelado daño, coraje y sombría determinación cuando miraba por encima a Naruto, y las tres emociones habían causado dolor en su pecho.

Y bien, sí, el dolor realmente había tomado vida cuando el Bree Lian había arañado su hombro. Solo se había visto obligado a luchar contra la compulsión de buscar liberarse de la jaula sólo para romper al otherworlder en innumerables pedazos. Una compulsión contra la que luchó otra vez cuando el Mec y la Cortaz habían arrojado piedras hacia ella.

Tonto de él, considerando que Naruto la dañaría esta noche. Pero se acordó de los tiempos en que los niños en la escuela le habían arrojado piedras a él. Recordó el día en que sus emociones habían conseguido lo mejor de él, y él había convertido el rostro de otro niño en pulpa. Recordó que ese fue el día que Kurama -que había estado con él desde su nacimiento, sólo para desaparecer después de la muerte de sus padres biológicos- había regresado. Ese fue también el día que Dr. M llegó. Recordó, desear tener una vida diferente, pero a Hinata parecía no importarle.

No le gustaba tener que esperar para actuar, pero la paciencia era su mejor amiga en estos momentos. Él no se había recuperado, en absoluto, de la explosión, la debilidad seguía nadando a través de sus venas, afectando sus miembros. Su agarre no era tan fuerte como siempre, y dudaba de sus pasos constantemente.

—Puedo sentir tu enojo, Naruto, —dijo Kurama, sentándose en el hombro de Naruto, equilibrando los codos sobre sus rodillas levantadas. —¿Por qué? La chica no ha hecho nada malo.

—¿Nada malo? —Dr. M resopló, caminando. —Tal vez estamos pensando en chicas diferentes, ¡porque ésta trató de envenenarlo!

—No seas ridículo. No trató de envenenarlo.

—Demuéstralo.

Kurama se mantuvo en silencio, sabiendo que no había necesidad de hablar.

Naruto era muy capaz de oler la esencia del veneno, y él no había olido nada en el chocolate. Así que... ¿por qué se lo había dado? ¿Había esperado ablandarlo o incluso seducirlo? ¿Se había acostado con cualquier otro de los hombres encarcelados, disfrutando de su poder sobre ellos? La sola idea hizo que sus uñas se alargan y cortaran sus palmas.

Se concentró en ella, observándola con atención, y se dio cuenta que ella estaba mostrando a la hembra la misma dulzura individual que había demostrado a los machos. Se relajó, sus uñas se contrajeron a su tamaño normal. No, ella no se había acostado con cualquiera de los hombres.

Entonces, había esperado suavizar a Naruto. Pero ¿por qué?

Dr. M estampó un pie y gruñó:

—Si no está en el equipo de Naruto, entonces está en su contra. Ella está en contra y tiene que ser eliminada. Eso es todo lo que digo.

—¿Oh, eso es todo? Y, sin embargo, para estar al acecho para destruir a otro, tú simplemente emboscarías tu propia vida.

Naruto escuchaba al par, luchando contra otra oleada de furia. Al parecer, pensaba hacerle daño a Hinata, pero tan pronto como alguien lo sugería, tenía grandes problemas, incluso si era un pequeño hombre que nadie más podía ver ni oír.

Kurama dijo:

—Mira más allá de la superficie, Naruto, de la forma en que siempre has querido que la gente haga contigo. Hinata no es lo que parece.

Dr. M no estaba para ser ignorado.

—Espera. ¿Estás tratando de decirnos que no crees que ella sea como cualquier otra mujer que Naruto ha conocido? Por favor. O bien sentirá miedo de él, o lo tirará y exigirá que de rienda suelta a su gran, malvada bestia. Ella se asegurará de eso. Dale un par de días, y ella hará lo uno o lo otro.

Sí, ella había escapado, pero ella también se había acercado a él después y le ofreció un regalo.

—Escúchala, silbar en voz alta y fuera de tono, —continuó Dr. M, con un tono que goteaba disgusto. —Es obvio que ella disfruta de su trabajo.

—O tal vez ella necesita una distracción de tan terrible tarea, — Kurama respondió.

—Sí. Claro.

Ambas posibilidades tenían su mérito. Cada vez que había terminado con un otherworlder, había dejado un regalo dentro de la jaula. Un montón de galletas para el Bree Lian, una rosa para la Delensean, una manta extra para la Morevv. Un libro para la Teran, y un tubo de protector solar para la Rakan. Gestos amables, claro. Algo para calmar su culpa, tal vez. Algo para evitar que los cautivos se levanten en rebelión, sin duda.

Terminó con la Cortaz y la encerró. Con la mirada abatida, se acercó a la jaula de Naruto, se detuvo, levantó el pie como si quisiera dar un paso más, lo puso en el suelo. Un segundo después, ella negó con la cabeza y cerró el resto de la distancia con zancadas fuertes y decididas.

—No lo hagas, —dijo.

Su brazo temblaba cuando saltó para presionar el botón para sedarlo.

Él era más grande que los otros y no esperaba caer tan rápidamente como lo habían hecho, pero lo hizo. Entre un latido y el siguiente, sus brazos y piernas se sentían tan pesados como rocas. Sus rodillas cedieron, y su rostro golpeó el suelo de la jaula con un ruido sordo.

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El agudo chillido de la puerta de la jaula casi hizo salir corriendo a Hinata. De alguna manera, ella encontró la fuerza para subir al interior del pequeño recinto. El pecho del recién llegado subía y bajaba constantemente con su respiración, pero sus miembros estaban completamente inmóviles.

Muy bien, entonces. Ella dejó de recoger sus suministros de limpieza, su atención se enganchó en el aceite de sándalo especial que había traído.

Siempre lo llevaba aquí, pero nunca lo había utilizado realmente.

Ahora... ella pensó que estaría bien mezclarlo con el aroma natural del otherworlder, y no pudo evitarlo. Añadió el líquido a la botella de spray y volvió a entrar en la jaula.

Puedo hacer esto. En serio.

Ella comenzó con sus pies, conmocionada por lo adorable que eran sus dedos. Nunca antes había visto uñas que se parecían al más puro de los diamantes, brillando a la luz, y si no las ocultaba, no volvería a verlas.

Hiashi se las quitaría.

Se mordió el labio inferior, y salió de la jaula sólo el tiempo suficiente para recoger un puñado de tierra y un pequeño vaso de agua. Ella creó una pasta espesa y oscura y la untó por encima de cada una de sus uñas, ocultando su belleza.

Cuando la mezcla se secó, ella observó con satisfacción que se mantuvo intacta, nada se descamó.

De vuelta al trabajo. Ella hizo su camino hasta las rodillas, utilizo el limpiador de enzimas y froto con un trapo, rociando y limpiando, sorprendida de nuevo por la falta de pelo en las piernas. Eso no debería haber causado que su corazón se acelerara, pero lo hizo. Era simplemente... él estaba muy bien, todo músculo y tendones.

Había bañado a otros machos, por supuesto, ella tenía que hacerlo, pero había algo espectacular sobre este.

Algo espectacular incluso a pesar de las múltiples manchas de hollín, cada una ocultaba una herida de algún tipo.

Tenía que ser muy cuidadosa para no lastimar más los moretones y costras. Pobrecillo. ¿Qué le habían hecho?

Sus mejillas se calentaron al momento en que llegó a sus muslos, y ella decidió no limpiar debajo del taparrabos. Era curioso, ella no iba a mentir acerca de eso, pero incluso el pensamiento de ver esa parte de él, ni siquiera para hacer su trabajo, era incorrecto. Así que trasladó su atención a su muy musculoso y completamente digno de babear, estómago y dulce misericordia, tenía que ser ilegal, era como si tuviera barras de hierro bajo su piel, hierro que temblaban, se dio cuenta con el ceño fruncido, como si vinieran a la vida. Ella…

Vio cómo un moretón en las costillas se desvaneció, estaba un momento, se había ido al siguiente, y el misterioso espasmo se detuvo momentáneamente. ¿Cómo podría una lesión desaparecer tan rápido?

Recorrió con el trapo el área, pero la piel se mantuvo bronceada y saludable.

Increíble. Recorrió su mirada sobre él, y se dio cuenta de varias otras heridas que se habían desvanecido, también. Él estaba sanando ante sus ojos. ¡Qué maravilloso y milagroso regalo por el que hubiera pagado una fortuna por tener!

Hinata le limpió brazos y manos y luego el pecho, y la contracción aumentó. ¿Una reacción alérgica a los medicamentos, tal vez? Preocupada, aplastó su mano sobre su corazón. El ritmo era fuerte y rápido. No, ninguna reacción alérgica. Tenía que ser una característica de su raza, entonces.

Cuando se inclinó sobre él para fregar su cuello, su pecho rozaba el suyo y ella perdió el aliento.

Se enderezó con una sacudida, los pensamientos que caían a través de su mente.

Tendrías que haberlo visto antes de que el circo se apoderara de él, su madre le había dicho una vez sobre su padre. Solía perder el aliento.

La pérdida del aliento era una señal de atracción. Una que Hinata nunca había experimentado antes. ¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué con este hombre... que era tan suave como el terciopelo todavía tan duro como una roca, y tan caliente como una manta de invierno?

Bueno, esa era la respuesta, supuso.

Su atención se deslizó a su rostro. Su rostro sorprendentemente encantador. Largas, y gruesas pestañas que traían sombras sobre pómulos suficientemente afilados como para cortar cristal. Tenía una nariz orgullosa que quería tocar... no debería tocar... no podía dejar de tocar.

Sus dedos se estremecieron.

Sus labios eran sin duda una obra de arte. Eran exuberantes y del mismo color que las rosas que su madre solía recoger cada mañana para poner en su trailer. Una tradición que Hinata había perdido desde su muerte.

¿Cómo sería pertenecer a un hombre como éste? ¿Protegería las cosas que amaba o les haría daño? ¿Cómo era él en su otra vida, la anterior a la esclavitud?

Sus dedos migraron a los labios. Labios suaves como parecían. No, más suaves. Como pequeñas almohadas.

Por primera vez en su vida, se preguntó cómo sería besar a un hombre.

Puedes averiguarlo...

La pregunta surgió de un lugar escondido en su interior, desplazando por su mente, la más insidiosa de las tentaciones. ¿Qué daño haría un solo beso? Nunca se sabe y ella nunca más tendría que preguntarse cómo sería.

Un rápido vistazo comprobó que todos los otherworlders dormían y ninguno de los artistas o trabajadores estaban por los alrededores. Nunca habría un momento más perfecto.

Poco a poco, se inclinó hacia abajo. Finalmente, ella estaba allí, flotando justo por encima de su boca.

No debes hacer esto.

Un momento de razonamiento, que surgía de un lugar que ella conocía muy bien. El instinto de conservación.

Uno que ignoró.

Ella apretó los labios contra los suyos.

Él no ofreció ninguna reacción, y aun así la dulzura del acto la asombró. Una embriagadora mezcla de emociones corrió a través de ella, levantó la cabeza, miró a su alrededor. Todavía estaban solos. Sus ojos aún estaban cerrados, su respiración todavía relajada. De nuevo bajó la boca. Esta vez, ella aplicó más presión, y oh, le gustaba esa sensación mucho más. Él estaba allí, ella lo podía sentir, y podía saborear el aroma intenso de él.

Me pregunto si sabe tan maravilloso como huele.

Otra tentación irresistible. Su lengua se deslizó fuera con voluntad propia y recorrió el centro de la boca. En el momento del contacto, un gemido escapó de ella. Él sabía aún mejor, y debería haber sido imposible, pero aquí, ahora, nada era imposible.

Con razón a la gente le gustaba hacer esto. Había una comunión de los cuerpos, una pérdida completa de la preocupación. El mundo y sus problemas, simplemente dejaron de importar.

Más, pensó, y su vientre se estremeció.

Sí. Más. Ella tomó su labio inferior entre los dientes, con cuidado, con mucho cuidado de no hacerle daño. Otro gemido escapó de ella… justo cuando sus párpados se abrieron y sus ojos se clavaron en ella.

Continuará...