Su mano izquierda esté, debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace

—CANTAR DE LOS CANTARES 2:6

Bueno, su curiosidad ciertamente se alivió, ¿verdad? Naruto pensó.

Ella lo había besado, lo confundía, lo abrumaba. Lo aturdía. Lo había hecho por su propia voluntad. Él no se lo había pedido, no lo había exigido. Ella simplemente lo había hecho. Una reunión suave de labios, seguido del pequeño y dulce bocado.

Su cuerpo estaba inmóvil -aún estaba inmóvil- pero su mente funcionaba muy bien, tanto entonces como ahora. Todo el tiempo, de hecho. Había estado muy en sintonía con cada acción, cada respiración.

Cada caricia.

Sabía el momento en que ella extendió el barro sobre sus pies. Le había tomado unos minutos averiguar lo que estaba haciendo, y por qué, y cuando la respuesta se había deslizado en su lugar, se tambaleó.

Ella esperaba protegerlo.

Entonces comenzó su limpieza. Mientras que había sido amable pero formal con los otros hombres, había sido dulce y cariñosa con Naruto, persistente, manipunlando, excitando. Desde el principio, su sangre se había calentado a un punto álgido.

Sus músculos se habían anudado cuando intento moverse con todo lo que estaba dentro de su poder, para agarrarla, no para tirarla lejos y escapar, sino para atraerla hacia sí. Para desnudarla y tenerla, aquí y ahora.

Y cuando ella lo había besado... un gruñido de necesidad había arrasado en el interior de su garganta.

Su desesperación por ella, finalmente, le había dado la fuerza para abrir los ojos.

—Lo siento mucho. No sé qué me pasó—, murmuró, y salió apresurada de su jaula. Después de cerrar y bloquear la puerta, salió corriendo de la zona y nunca miró hacia atrás.

Naruto quería gritar y exigir que volviera, pero no podía hacer funcionar su boca. Su absoluta, absoluta impotencia lo enfureció.

Necesitaba mantener a Hinata en sus brazos y devolverle el beso correctamente. Era el más dulce que jamás había tenido.

Y él había disfrutado inmensamente. Había tratado a su boca como si fuera un tesoro, y ella un explorador. Había sido amable, y oh, tan tierna.

Había levantado la cabeza y luego una vez más puso sus labios sobre los de él, y la segunda vez, lo había probado. Había gemido, como si hubiera adorado todo lo que había descubierto.

— Naruto, —dijo Dr. M, atrayéndolo de sus pensamientos. —Básicamente estamos solos. ¿No deberías estar planeando tu huida y la muerte de todos?

Escapar. Sí, eso era lo único que importaba. Ningún guerrero digno del cheque que Naruto recibía se habría perdido en un momento como este. Y menos con un beso tan inocente, de todas las cosas.

Pero...

¿Por qué lo había hecho?

—Salvaras a Hinata y la llevaras contigo, —anunció Kurama.

—¡Error! Mataras a Hinata, tal y como has amenazado, —Dr. M respondió. —Sin embargo, siéntete libre de traer sus mejores partes contigo.

Un impulso de ira brotó de lo más profundo de su pecho. Se pasó la lengua por los dientes. Bien.

Movimiento.

—Ustedes dos pónganse serios y cierren sus labios. —Palabras. Su mandíbula ahora trabajaba.

Trató de rodar su cuello de un lado a otro, éxito. Giró sus hombros. Eso llevó un poco más de esfuerzo, pero aun así lo consiguió. La droga estaba desapareciendo, entonces.

Una respiración profunda... hacia fuera... y fue capaz de obligarse a sí mismo a sentarse. Examinó las jaulas. Todos los prisioneros dormían plácidamente.

Más allá de ellos, del equipamiento del que ya se había dado cuenta, pudo ver una gran carpa roja con varias tiendas blancas pequeñas alineadas a lo largo de los lados. No había árboles para usarlos como cobertura ante la posibilidad de que fuera descubierto y perseguido, lo que significaba que no habría ramas para usar como dagas en la remota posibilidad de que no lograra encontrar un arma antes de salir limpiamente. Eso no era un gran problema. Sus manos eran armas suficientes.

Sus orejas se movieron, y recogieron una reñida conversación aproximadamente a... sesenta yardas de distancia, era su suposición.

—Te lo digo, él es grande, dorado y tan feo como el pecado, —dijo una voz masculina que no reconoció. —Tiene que ser el mismo diablo.

—Y yo te digo, nosotros trabajamos para el mismo diablo.

Los dos se carcajearon con humor.

—Tienes que echarle un vistazo.

— Hinata probablemente esté allí.

—¿Y?

—Por lo tanto, ella nos hará traer y acarrear tarde o temprano, y no vamos a ser capaces de decir no a la preciosa hija de Hiashi, —fue la respuesta burlona, —o vamos a terminar desapareciendo en el acto de magia de Toneri.

El alivio se vertió en cascada a través de Naruto, una cascada de agua tibia que no entendía, pero no iba a cuestionar.

Hinata era hija de Hiashi, no su amante.

—Si puedes mirar a los ojos de la criatura, puedes soportar a Toneri.

Una pausa. Sonido de escupir.

—Está bien. Pero sólo porque no creo que algo puede ser tan feo como describes.

Dos juegos de pasos golpearon.

Solo sabía que los hombres venían a observarlo. Yyyyy... estaba lo suficientemente seguro. Unos treinta segundos después, dos hombres fornidos con vientres rotundos y piel morena irrumpieron en el círculo de las jaulas y se giraron para buscar al nuevo. Naruto vio al de la izquierda y sus ojos se abrieron como platos. Se tambaleó hacia atrás, sólo para reponerse y negar con la cabeza.

—Está bien. Tenías razón, Leonard.

—Sí, pero tienes que obtener una mirada más de cerca para apreciar realmente lo feo que es.

La pareja caminó justo frente a él, permitiéndole a Naruto estudiar a la cuarta y quinta persona que caerían bajo su próximo ataque. Ambos tenían los dientes amarillos, y al hombre de la derecha le faltaban algunos.

Tabaco les llenaba la boca.

—Es horrible, ¿no?

Dijo uno, y Naruto se dio cuenta de que su piel se había vuelto a tomar un cariz dorado.

En cualquier otro momento, en cualquier otra situación, habría estallado. Aquí, en este momento, tenía que controlar su temperamento.

El otro escupió un chorro negro.

—Debemos tomar fotos, ya sabes. Demostrar que tangueamos con una bestia. Las mujeres estarán tan excitadas por nuestra bravura que dejaran caer sus bragas y nos pedirán que les mostremos nuestras bestias.

—Tu nunca vas a bailar tango con una criatura como esa.

—¿Ah, sí? Mírame.

El orador tomó algunas de las rocas que habían sido arrojadas a Hinata y se las lanzó a Naruto.

Algunas dieron contra su pecho, algunas en contra de sus piernas, pero cada una de ellas le proporciono un ligero escozor, recordándole todas las veces que había entrado al recreo, la humillación, la ira. Humillación e ira, que incluso ahora salía a la superficie. Y si él experimentó todo esto, cuando era más pequeño. ¿Hinata lo experimentaba?

Su mirada se desvió al reducido Mec y a la Cortaz que dormían. Le habían hecho daño.

Ellos pagarían.

—Creo que estás marcando fuera—, dijo el otro con una sonrisa.

La palabra se hizo eco en la mente de Naruto, y sus uñas se alargaron en unas garras de punta afilada.

—Cálmate, — Kurama mandó.

—Enloquece, —replicó el Dr. M.

Los dos hombres pisaron fuerte al salir, murmurando sobre la búsqueda de una cámara. Cada palabra más baja que la anterior, hasta que Naruto no pudo percibir las voces. Quería sacudir la jaula hasta que los barrotes saltaran al suelto. Quería intentar algo, cualquier cosa, pero él todavía no estaba en toda su fuerza, y hasta que lo estuviera, era demasiado vulnerable y no podía permitirse el lujo de poner su plan en la vía rápida.

No debería tener que esperar mucho tiempo más, sin embargo. Él estaría más fuerte y preparado para la puesta del sol, por lo menos, pero esperaría hasta que todos los demás estuvieran en la cama. Entonces...

Sí. Entonces.

Unas horas más tarde, los cautivos se despertaron. La mayoría se sentó con una sacudida. Algunos se relajaron y se estiraron. Todos murmuraban y se quejaban de Hinata.

Como si fuera convocada por las quejas, ella volvió a aparecer, con una nueva camiseta y jeans. La parte superior era de color rosa, de encaje, y los pantalones brillantes. Ella se veía como si acabara de llegar de una discoteca después de bailar durante horas con el hombre de sus sueños.

Naruto apretó los puños, una oleada caliente de irritación voló a través de él.

Ella lo había tocado, le dio un beso. Él no quería que bailara con otro hombre.

Era estúpido, sí. ¿Le preocupaba? No.

Los hombres que escupían tabaco, nunca habían regresado con una cámara, venían detrás de ella, ambos llevando cubos y la miraban de reojo.

Cuando se detuvo y los miró, sus expresiones se borraron. Señaló al suelo, una reina con sus súbditos, esperando obediencia absoluta e inmediata.

Ella lo consiguió. Colocaron los cubos nuevos donde quería y recogieron los anteriores. Ella se ocupó de lo que había dentro, pero el par se mantuvo dónde estaban durante un buen rato, mirándola, observándola de reojo nuevamente ahora que estaba de espaldas a ellos, dándose codazos entre ellos con intención masculina.

—Creo que voy a colarme en su trailer esta noche y pasaré un buen rato con ella.

—Si lo haces, no tendrás que preocuparte por el acto de magia de Toneri. Él te asesinará directamente.

Un encogimiento de hombros.

—Podría valer la pena.

—Por supuesto, él únicamente te va a asesinar si Hiashi no llega en primer lugar.

—Yo podría tener las dos cosas al mismo tiempo, —el chico se quejó en voz baja.

—Está bien. Ve adelante, y hazlo. Vástago de los matones más humildes que han caminado sobre la faz de la tierra, y tendré que colarme en su trailer mientras ustedes tres están demasiado muertos para detenerme.

Ellos se rieron.

Toneri había sido mencionado en varias ocasiones. ¿Quién era? ¿Y por qué Hinata no mostraba ninguna reacción a la conversación? ¿Una conversación acerca de su posible violación? En cambio, se concentró en su tarea, sacar tazones de un cubo y llenarlos con pan y cereal del otro.

Únicamente cuando uno de los hombres hizo lo que Naruto había querido hacer la primera vez que la había visto, y extendió la mano para pellizcar un mechón de su cabello vio una reacción. Su columna vertebral se puso rígida cuando ella se giró para enfrentar al culpable.

Naruto se agarró a los barrotes de la jaula.

—Tócame otra vez, —dijo, —y estaré usando tus partes del cuerpo como joyas en una hora. ¿Entiendes?

Los labios del hombre se apretaron con miedo. Él asintió con la cabeza y se alejó tan rápido como sus pies se lo permitieron. El otro, el más grande, mantuvo su atención en ella durante más tiempo del que era decente, con la mirada errante sobre ella, deteniéndose donde no debía.

—¿De verdad crees que eres lo suficientemente fuerte como para tomarme, Miz Hinata?, —preguntó con voz sedosa.

Ella sonrió con gusto.

—¿Vamos a preguntarle a Hiashi lo que piensa acerca de eso, de acuerdo?

Antes de que el hombre pudiera responder, Naruto sacudió los barrotes, el recinto entero traqueteando con el vagón, creando un alboroto. El hombre puso su atención en Naruto, y sus miradas se encontraron. La suya era marrón. La de Naruto era de color rojo sangre, y por segundos cada vez más brillante.

Palideciendo, el hombre por fin retrocedió. Se estrelló en una de las jaulas, se giró y se lanzó hacia el claro.

Los hombros de Hinata se hundieron con alivio.

Sin los guardias para disuadirlos, el Mec y la Cortaz estallaron en crueles burlas. Aunque los movimientos de Hinata estaban rígidos, no dio ninguna otra indicación de que se diera cuenta, ella saltó de nuevo al trabajo.

Naruto nunca había encontrado a nadie capaz de afinar el resto del mundo con tal éxito.

Vio como ella deslizó un plato de comida en cada una de las jaulas, sin acercarse lo suficiente para que cualquiera la pudiera agarrar, en lugar de ello equilibrara los tazones en el extremo de una pala, obligando a los cautivos a aceptarlos a la distancia.

—Quiero hablar contigo, —dijo él cuándo lo alcanzó.

Ella no le hizo caso, aunque se negó a mirar hacia arriba.

La mayoría de los otherworlders le dieron las gracias, pero el Mec arrojó su tazón hacia ella, los granos volaron libres y la golpearon. Solo esperaba que gritara, amenazara, pero ella simplemente se agachó, recogió todo, y le dio todo de nuevo con un murmullo:

—Voy a fingir que fue un accidente. Esta vez.

Eso... no tenía sentido.

¿Por qué tan generosa? ¿Por qué tan amable? ¿Por qué no dejar que el delincuente muriera de hambre? Eso es lo que una fría y calculadora bruja acechando debajo de la piel de un ángel hubiera hecho. Eso es lo que Naruto habría hecho.

—Sé lo que estás pensando, y la respuesta es simple—, dijo Kurama. —Ella simpatiza con aquellos bajo su cuidado.

—¡Error! Nadie es tan bueno. Es simplemente patética, —dijo Dr. M,—esperando que las criaturas se comporten si ella es buena.

Naruto no sabía qué creer.

—Vaquita estúpida,— gritó la Cortaz. —¡Te quiero muerta!

La otherworlder lanzó un puñado de su propio grano a Hinata y varias piezas se le pegaron en el cabello.

Todos los músculos en el cuerpo de Naruto se tensaron. Hinata enfrentó a la culpable, y la Cortaz lanzó otro puñado, los granos abofetearon su rostro.

Dr. M rió.

—Me encanta ver cómo la gente obtiene lo que se merece.

Kurama gimió, como si sintiera dolor.

Naruto se mantuvo en silencio, aunque su mandíbula se apretó tan dolorosamente que apenas podía soportarlo. No estaba seguro de que Hinata realmente mereciera por lo que estaba pasando, pero no iba a participar.

Él no iba a ser su protector o su defensor, no era como si necesitara uno, de todos modos. Ella era una mujer libre. A él no iba a importarle lo que le pasara.

Sí, había sido amable con los cautivos. Pero aún había obedecido el mandato de su padre. Ella podría haber liberado a todos y escapar, pero no lo había hecho.

—Bien, —dijo Hinata con una punzada de tristeza. —Tú te lo pierdes. Vas a morir de hambre, y harás que sea más fácil para Hiashi dominarte.

Esas eran básicamente las mismas palabras que ella le había dado sobre el chocolate. Por alguna razón, eso le causó dolor en el pecho. Pero a juzgar por la expresión oscura de la Cortaz, morir de hambre era exactamente lo que quería.

Eh. Ella debió haber mentido acerca de sus hermanos. Una mujer con esperanza no actuaba de esa manera.

Aunque Naruto podía entender querer morir antes que seguir siendo un esclavo.

—Ayúdala, —dijo Kurama.

¿Qué a "ella"?

—No, —susurró, porque la respuesta era la misma en ambos sentidos. La Cortaz había herido a Hinata, y a pesar de que Naruto había decidido no proteger o defender a la chica, no iba a ayudar a aquellos que le hicieran daño. La sola idea de hacerlo causó que la ira volviera.

Quizás... quizás no mataría a Hinata cuando escapara. Él quemaría el circo hasta las cenizas, se llevaría a Sakura, encerraría a Hinata en su granja, e iría por Jiraiya. Juntos, reunirían un ejército, volverían aquí y harían que Dr. M sonriera.

¿Qué haría con Hinata después de eso? Naruto no estaba seguro.

Continuará...