¡Hola! Disculpen la tardanza.

Y disfruten la lectura, nos leemos abajo :D

Capítulo 4

Elsa estaba frente a la puerta del camarote pensando profundamente. Desde hace al menos quince minutos Hans seguía dentro del cuarto de aseo y aun no salía. Entonces a la rubia se le cruzó por unos momentos el pensamiento de salir de ahí. Pero después sus impulsos fueron frenados al rememorar la plática de hace un rato.

Si lo que Hans le habia dicho acerca de sus hombres era verdad, y sin la ayuda de sus poderes, entonces Elsa estaba más segura dentro del camarote. No conocía a los piratas de Hawk, y siendo una prisionera en ese barco, no era la mejor forma de conocerlos ahora.

Suspiró y se alejó de la puerta resignada. Si pensaba sobrevivir al viaje sobre La venganza de la reina y al terrible capitán que la controlaba, sería mejor que comiera algo de lo que Waltz le habia traído.

Se acercó al escritorio donde estaba la bandeja de comida. El muchacho le habia traído algo de sopa de verduras, pan y una jarra llena de agua. Se tomó la mitad del agua, agradecida por la frescura que le dio a su irritada garganta y tomó asiento para comenzar a comerse la sopa. Entonces se fijó en los pergaminos esparcidos alrededor del enorme escritorio. Mapas hechos a mano de diferentes rutas a través del mar del Norte era el contenido de las hojas, y se interesó al ver la pulcra letra y los trazos bien definidos de la pluma sobre el papel. Sin duda eso habia sido trabajo de Hans, pues no se imaginaba que alguno de sus hombres pudiera escribir. Tomó una cucharada de la sopa mientras veía los reinos trazados en el mapa. Arendell figuraba en uno, a cierta distancia se encontraba Dunbroch. Y cerca de éste último, el reino de Berk. Más allá de eso los trazos desaparecían sin terminar una ruta. Varios puntos entre el mar estaban marcados con cruces. Pero sobre esas cruces no habia isla alguna o algo parecido. Tan sólo una marca grande en forma de equis. Y Elsa pudo imaginarse que tal vez esos puntos eran las coordenadas exactas en donde Hawk habia encontrado algún velero mercante de algún reino y lo habia asaltado.

Se terminó la sopa aun observando los papeles frente a ella. Y entonces se fijó en una isla rodeada por un círculo trazado a mano. Tártaros. Leyó debajo de ésta. Y frunció el ceño. Esa isla no la recordaba en los mapas de los reinos del Norte que ella tenía en su propio despacho en Arendell, pero recordaba haber escuchado ese nombre a uno de los miembros de su consejo.

Era una isla de piratas.

Entonces pensó en los dragones que Hans transportaba en su barco. Si no era para comercializarlos, ¿por qué otra razón un pirata los llevaría abordo?

Elsa rememoró el encuentro que habia tenido con uno de ellos la noche anterior y se estremeció. Sin duda alguna eran extraordinarias criaturas. Aun así, la sofocante impresión que habia tenido sobre ellos seguía latente sobre su piel. Tenía que irse con cuidado con ellos pues al parecer esas criaturas portadoras de fuego podían llegar a ser su mayor debilidad. Sin embargo, sentía cierta simpatía hacia ellas. Eran criaturas mágicas que fueron cazadas por vikingos durante un tiempo y obligadas a esconderse por el maltrato de los humanos. Esa historia era familiar para ella, siendo obligada durante años a esconder sus extraños poderes. Por esa empatía, ahora el descubrir que esos dragones serían comercializados por piratas no le agradaba para nada.

-Oh, cariño. No arrugues así tu frente, por favor. Se pierde todo el encanto en tu rostro.

Elsa frunció aún más sus cejas al escuchar el estúpido sobrenombre que ese pirata comenzaba a darle con normalidad. Alzó su vista de los papeles para enfrentarlo, y se topó de lleno con una deslumbrante y burlona sonrisa estampada en el limpio rostro del pelirrojo. Pero eso no era lo único deslumbrante.

Hans habia salido del cuarto de aseo con el dorso húmedo y descubierto. Su cabello castaño rojizo aun escurría algunas gotitas de agua y un pedazo de tela rodeaba su esbelta cadera cubriendo hasta la mitad de sus largas piernas.

Elsa pudo reprimir rápidamente la sorpresa en su rostro, pero sus mejillas la delataron colorándose un poco.

-¿Te gusta lo que ves? – habia sonreído burlón y eso la molestó.

Elsa bufó componiéndose de la impresión. Mientras se recargaba con la espalda recta sobre la silla acolchada del escritorio.

Al ver ese acto, algo en los ojos del pirata brillo intensamente. Lujuria, tal vez. El castaño desvió su mirada alejándose de ese pensamiento y se dirigió hacia el armario de madera.

Elsa entonces carraspeó y puso sus ideas en orden. Sin duda la semi desnudez del pirata la incomodaba, pero tenía que enfrentarlo. Habia tenido una idea al darse cuenta que no podía salir del camarote, así que tendría que hacer una especie de tratado con él. Al menos lo podía intentar.

Tenía que ser más inteligente que él.

-Podre ser tu prisionera dentro de este barco – comenzó a hablar firmemente la rubia, haciendo que su voz fluyera con serenidad. – Pero como reina que soy y… - dudó. - el príncipe que alguna vez fuiste, propongo que negociemos.

Al escucharla, Hans se volvió hacia ella tan sólo un poco mientras seguía ocupado hurgando por ropa dentro del mueble. Al ver que él no le ponía atención, Elsa continuó:

-Tal vez tus antecedentes no sean los mejores, pero podemos llegar a un acuerdo. Dime que es lo que quieres. ¿Oro? ¿Joyas? ¿Tierras? Puedo darte eso, y mucho más. Solo déjame ir en el próximo puerto al que arribemos.

El castaño sonrió de lado al volverse completamente hacia ella mientras dejaba caer la toalla de su cintura. Y ante esto, vio satisfecho como la rubia desviaba rápidamente sus fríos ojos azules de los de él con un ceño en su frente y sus pálidas mejillas completamente ruborizadas al ver por un momento su desnudez.

Oh, pobre y dulce Elsa. Pensó antes de contestar a sus ridículas palabras.

-Parece, su majestad, que no tiene idea de la posición en la que se encuentra dentro de este barco. – habló lentamente mientras, para alivio de la rubia, comenzaba a vestirse. Colocándose primeramente unos pantalones negros. – O mejor dicho de la inexistente posición. – recalcó. – Es la cautiva de un pirata. Por lo tanto no tiene derecho a negociar. – Elsa, aun sin atreverse a mirarlo, sentía como la gruesa voz del hombre se acercaba hasta donde ella se encontraba en el escritorio. – Y si eso no te ha quedado claro con el enfrentamiento que tuvimos hace un momento, – siguió el pelirrojo refiriéndose al demandante beso que habia exigido de ella. - y no estas dispuesta a hacer lo que digo por las buenas… – llegó hasta ella y tomándola del mentón la obligó a que girara su rostro hacia él. – Entonces tendré que hacerlo por las malas.

Se inclinó hasta ella y la volvió a besar bruscamente. Introdujo su lengua dentro de la húmeda cavidad de la rubia y la saboreó por unos instantes. Hasta que la fría reina se defendió mordiendo fuertemente su labio inferior. Hans retrocedió gimiendo de dolor llevando una mano a sus labios para limpiar el hilo de sangre que surgió de estos.

-¡Entonces será por las malas! – sentenció molesto.

Elsa se dio cuenta que lo habia hecho enojar y no sabía si alegrarse por eso o temer un poco al ver su reacción.

Hans le dio la espalda maldiciendo entre dientes y tomó la camisa blanca de lino que se encontraba sobre la cama para después colocársela. Elsa se incorporó del escritorio, y lo siguió aun con la excitación de la furia del momento.

-Si no me liberas en el próximo puerto, ¡escapare!

Lo amenazó, pero entonces el castaño soltó una pequeña carcajada.

-¡Hazlo, por favor! – su sonrisa engreída habia vuelto. – Al menos así me divertirías un rato.

Elsa gruñó y apretó sus puños a los costados.

-¡Eres despreciable! – explotó entonces, harta de la actitud del pirata. – Creí que aun habría un poco del honor de caballero con el que un príncipe se instruye, pero ¿qué puedo esperar de alguien que intentó asesinarme hace cinco años? – sus ojos azules reflejaban su furia y entonces Elsa pensó que habia tocado una vena sensible del pasado al ver como Hans borraba su estúpida sonrisa y se volvía hacia ella molesto.

-¡Y sin embargo no lo hice! – explotó de igual manera al escucharla. Sus rostros frente a frente, enfrentando ambos su propia rabia hacia el otro. - Y si no fuera por la rabieta que hiciste con tus poderes hace cinco años y el papel de villano que tome, Arendell no sería lo que es ahora. En aquella época los dos tuvimos papeles complicados, cariño. Por un momento tú también fuiste la villana del cuento. – sonrió perverso al ver como la rubia comenzaba a afligirse al recordarle lo que habia pasado durante la época helada. Elsa no quería recordar ese pasado, pues aún se sentía avergonzada por lo que habia hecho. Por lo que su pueblo y hermana habían tenido que pasar por culpa de ella. – Pero a diferencia de ti, yo lo disfrute en cada momento. – siguió aun con su sonrisa de satisfacción. - Después de eso, tu hermana y tú misma tomaron su propio camino. Y yo el mío. – se acercó a ella y soltó lentamente: - Así que no me digas que esperas honor en un villano. – acarició la helada mejilla de la rubia con uno de sus dedos al ver como ésta cambiaba su semblante a uno tenso y de ira controlada. – Pues ahora soy un pirata. Y no hay nada que un pirata no pueda reclamar como suyo.

Y apunto estaba de asaltar sus labios una vez más, para acallar cualquier protesta que la rubia pudiera darle, cuando la puerta del camarote sonó con golpes sordos uno tras otro.

-¡Capitán Hawk! – habló Waltz desde el otro lado de la puerta, parecía desesperado. – ¡Lo necesitamos al timón! Rugall no sabe leer el mapa y está llevándonos directo a una embocadura de piedras.

-Joder. – el castaño maldijo por lo bajo y la rubia aprovechó ese momento para alejarse de él rápidamente.

Hans se colocó sus altas botas negras y terminando de abrocharse la camisa, abrió la puerta de la habitación.

Waltz miró entonces del castaño a la rubia sin saber que decir. La tensión en el camarote se sentía sofocante. Se estremeció. Dentro de él quería enormemente que Hans no le hiciera daño a la pobre reina. Pero, se dijo, confiaría en él. Después de todo era su capitán.

Antes de salir, Hans echó una rápida mirada a la rubia y se volvió entonces hacia el menor.

-Quédate con ella. Volveré dentro de un cuarto de hora.

El pelinegro asintió, y el pirata salió hacia la cubierta.

-¿Qué fue lo que dijo? – preguntó Elsa al menor al no haber alcanzado a oír sus últimas palabras.

-Tiene treinta minutos para asearse si así lo prefiere, majestad. – contestó el muchacho a su pregunta. - Yo me quedare afuera vigilando la puerta, y traeré algo de mi ropa limpia para que pueda usar. – Waltz se sonrojó un poco al verla. – Eres muy delgada, creo que te quedara bien. ¿O prefiere seguir con lo que trae puesto?

Desde que habia llegado a ese barco y hasta este momento, Elsa se permitió sonreír al escuchar al muchacho. Definitivamente no podía enojarse con ese niño. Suspiró un poco más tranquila de no tener a Hans ahí, y olvidarse un rato de la excitante pelea que habían tenido, y se dirigió al menor:

-Gracias Waltz, aprecio mucho lo que haces por mí.

El chico se sonrojó. Y le dedicó una enorme sonrisa.

-Descuide. – contestó. Y antes de que la rubia pudiera entrar al cuarto de aseo, se detuvo al escuchar como el menor le hablaba un poco preocupado. – Y no estoy seguro qué es lo que le ha dicho o hecho el capitán pero… - su nerviosismo se detuvo por un momento donde se volvió hacia ella con ojos serios. – él no es tan malo.

Ante sus palabras, Elsa se sorprendió. ¿Hans no ser malo? Era seguro que tenía al pequeño Waltz idiotizado por sus hazañas, pero ella no caería en eso. Ahora más que nunca conocía la naturaleza malvada de ese hombre y lo que estaba dispuesto a hacer para llegar a su objetivo de cualquier forma. Por más que comenzara a confiar en Waltz, Elsa no podía fiarse de las palabras de un adolescente. Al menos no respecto a Hans Westergaard.

Para no preocuparlo más, Elsa le dedicó una pequeña sonrisa y asintió. El muchacho salió entonces en busca de ropas limpias, y Elsa se metió al camarote a darse un rápido baño. El cual no sabía que habia necesitado tanto como hasta ahora.

o-o-o-o-o

Lo que tardó Hans en llegar al camarote no fue precisamente media hora. Para alivio de Elsa, Hans no habia aparecido en toda la tarde. Y el resto del día Elsa se habia quedado en esa habitación con la compañía de Waltz.

Se habia dado un rápido baño y el muchacho le habia prestado unos pantalones, una camisa de lino y una oscura capa los cuales le habían quedado muy bien. Ni muy ceñidos al cuerpo ni muy holgados. Elsa agradecía enormemente la ayuda que Waltz representaba para ella en ese barco. Y ahora se encontraban en el escritorio del capitán, conversando uno frente al otro. En ese tiempo Waltz se dedicó a explicarle todo acerca de los brazaletes que ella portaba en sus manos y de la ayuda que éstos le podían brindar.

Siendo Waltz un joven hechicero, le habia mencionado que instrumentos como esos brazaletes eran esenciales para su trabajo. Desde que Elsa habia visto al menor sabía que se trataba de un portador de magia. Sus peculiares ojos carmesíes lo delataban. Usualmente los hechiceros eran buenos con el fuego y todo lo que pudieran crear y forjar a partir de él. En este caso, como esos brazaletes que él utilizaba para poder canalizar magia. Le dijo también que los que ella traía sobre sus muñecas serian de gran ayuda; y aunque Elsa estuvo intentado convencerlo de que se los quitara, Waltz se lo denegó. Alegando que un episodio como el que habia sucedido en el barco de Arendell podía volver a ocurrir y esas pulseras eran por el momento la mejor opción para poder evitar eso y poder así controlar que sus poderes de hielo no se desborden.

Al terminar de escuchar todo esto, Elsa quedo por un rato pensativa. Luego de un pequeño silencio, se volvió hacia él con un semblante serio:

-Después de lo que paso con mi reino hace cinco años, siempre creí que tenía mis poderes bajo control. Y ahora me doy cuenta que nunca fue así. – miró sus manos de donde una pequeña nevada quería salir. – Éstos siguen creciendo con cada día que pasa. – cerró sus manos en puños y la nieve se desvaneció. Soltó un suspiro. – No puedo confiar completamente en ellos, cuando durante años estuve tratando de esconderlos. – volvió sus cristalinos ojos hacia el muchacho una vez más, reflejando la angustia en ellos. – Admito que me han sido de gran ayuda durante estos últimos años. Pero a veces, cuando éstos se descontrolan, no puedo evitar pensar que cargo una… maldición.

A pesar de la situación que la habia llevado hasta ese barco pirata, Elsa sentía una pequeña satisfacción de haber conocido a una persona portadora de magia al igual que ella, como lo era Waltz. En Arendell no podía hablar sobre todo esto. Sobre lo que la aquejaba cada día en las mañanas al ver que su magia crecía. No tenía a una bruja, mago o hechicero que comprendiera la incertidumbre de sus poderes, o pudiera ayudarla en controlarlos. Y por supuesto, no quería que Anna se preocupara por ella. Ya era mucho por lo que habían pasado durante la época helada como para seguir ofuscándola con la inseguridad que sentía sobre sus poderes. Y ahora que habia tenido la extraña oportunidad de conocer a ese joven hechicero en un barco pirata y ver lo que hacía por ella, de pronto sus defensas se habían aminorado un poco y se vio revelando ante él todo lo que la acongojaba como persona portadora de magia que era desde su nacimiento.

Al escucharla, Waltz le dedicó entonces una cálida sonrisa y Elsa se sintió tranquilizarse.

-Al contrario, su majestad. – comenzó a hablar el chico apaciblemente. - Personas con poderes nacen bajo una bendición.

Esa afirmación la hizo mirarlo interrogante.

-¿A qué te refieres?

-Todo lo que sé acerca de la magia me lo enseñó mi abuela. Ella es una bruja ¿sabe? – Elsa vio como el moreno sonreía distraído rememorando tal vez a la anciana. - Ella me decía que personas como nosotras nacemos bajo la protección de algún espíritu. – sus ojos carmesí volvieron a ella firmes cuando habló: - Somos un regalo.

Y entonces Elsa abrió los ojos sorprendida al reconocer esas palabras.

-Es lo que mi hermana siempre me dice.

Waltz asintió.

-Pues ella está en lo correcto. – continuó. - Al nacer recibimos un don. Un obsequio que nos hace diferentes a los demás. Mi abuela me decía que ese don proviene de la misma naturaleza. Pues es ésta la que ha estado desde el principio de los tiempos. Los bosques, el mar, la tierra, el aire, las montañas, flores, fuego; todo eso ha existido antes que nosotros. Nuestros verdaderos ancestros son ellos. Es por eso que tanto usted como yo, al igual que mi abuela, nacimos bajo la bendición de alguno de esos elementos. Lo cual ahora llamamos magia.

Elsa escuchaba atenta las palabras que salían del muchacho. Palabras de orígenes que nunca habia escuchado. A pesar del apoyo que habia tenido de los viejos trolls en Arendell, éstos jamás le habían explicado los orígenes de la magia. Y entonces Elsa pensó que tal vez las diferentes criaturas mágicas tenían sus propios secretos los cuales no revelarían tan fácilmente, para poder protegerse así de las demás especies que eran diferentes a ellas. Estaba bien, no los podía culpar. La magia apenas comenzaba a tomar vigor en estos últimos años, pero eso era un tiempo corto a diferencia de todo el tiempo que estas criaturas tuvieron que mantenerse ocultas por la discriminación de los humanos, por sus diferencias, y por el miedo a salir lastimadas.

-Mi abuela – siguió relatando el muchacho perdido al parecer en un recuerdo lejano. - siempre me relataba tristemente lo que ella habia vivido al nacer con uno de estos regalos. Tiempo atrás las personas nacidas con algún tipo de magia eran obligadas a esconderse pues eran diferentes al resto. Lo diferente siempre era malo. Peligroso. Algo por lo cual temer. – Elsa podía entender eso perfectamente. – Y sin embargo estas personas siempre eran descubiertas y capturadas. Nuestro propio aspecto es suficiente para acusarnos de brujas o hechiceros. Yo nací bajo la protección de un espíritu de fuego por ello mis ojos escarlata y mi cabello cual carbón. – se volvió hacia Elsa señalando su aspecto. - Su magia es proveniente del hielo, su majestad. Su cabello blanco y sus ojos cristalinos la delatan también. – la chica asintió con el ceño fruncido cayendo en cuenta de la verdad sobre eso. - Mi abuela nació en Dunbroch bajo la protección del bosque, siempre fue buena con la tierra y los animales. – Elsa se sorprendió un poco al oír de donde provenía la abuela de Waltz, pero lo dejo pasar. Concentrándose en su historia. - Y aunque en su juventud fue obligada a esconder la magia que obtenía de ellos, al pasar los años sus pócimas y hechizos sanadores llegaron a ser ansiados por todo el reino. Ya era una mujer anciana cuando su magia se volvió famosa por todo Dunbroch. – y entonces sonrió orgulloso. – Sin embargo no fue sólo la magia de ella la que se hizo famosa. Alrededor de los reinos del Norte las noticias y rumores de brujas y hechiceros comenzaron a aparecer. Y entonces uno de los reinos más poderoso del Norte habia comenzado a domar dragones.

-El reino de Berk. – soltó Elsa, ahora comprendiendo un poco más el sentido de la historia del muchacho. Sabia de esos rumores. A Arendell también habían llegado. Y aunque aún no habia podido llegar a una alianza con el rey de Berk, habia comprobado la existencia de los dragones en ese barco pirata.

El chico asintió animado. Y continuó.

-Hoy en día la magia se ha convertido en algo común. Y al menos cada reino cuenta ya con alguna persona o especie portadora de magia. Los que han nacido bajo la bendición de algún elemento ya no tienen la necesidad de esconderse nunca más.

La rubia convino a sus palabras. Era verdad, la magia tenía poco en ser aceptada públicamente pero desde entonces las personas con algún poder ya no tenían por qué esconderse. Sin embargo, dentro de ella aún existía la inquietante pregunta que desde niña se habia generado durante tantas noches encerrada en su habitación, mientras trataba inultamente de ocultar sus poderes.

¿Por qué ella?

-¿Por qué nosotros?-preguntó entonces, desconcertando un poco al moreno. – Me refiero a ¿cómo hacen los ancestros, los elementos, para escogernos? – entonces susurró sin poder evitarlo:- ¿Por qué yo? ¿Que tengo de especial?

El ojirojo la miró entonces pensativo, con una mano sobre su mentón.

-Eso es algo que todavía no tengo muy claro. – confesó, la rubia le puso atención. - Mi abuela decía que era como un intercambio. Una especie de tratado. Una vida por una vida. – Elsa lo miró confundida y Waltz intentó explicarse. - Cuando mi madre estaba en cinta, mi abuela me contó que habia salvado a un pequeño zorro herido, sin haberse imaginado nunca que habia salvado a un espíritu protector del fuego. Quiero creer que en agradecimiento a eso nací con este don. Tal vez en tu caso fue algo parecido. ¿Tus padres no tienen alguna historia similar?

Elsa cerró los ojos, asimilando la pregunta del muchacho. Y entonces los diarios de su padre pasaron por su mente, especialmente los primeros que habia leído. En donde describía sus aventuras de adolescente en un magnifico bosque a las orillas del reino. En donde ahí habia conocido a su madre. Y en donde ambos habían vivido muchas peculiares aventuras.

-Mi padre tenía unos diarios. – comenzó a hablar Elsa. – Ahí descubrí que mis padres visitaban mucho… - dudó un poco antes de decir: - un bosque.

-Oh, sí. – dijo el moreno animado. - Los bosques pueden llegar a poseer mucho poder. Los árboles, los ríos, las flores; son ancestros muy fuertes. Mi abuela fue bendecida bajo la protección del bosque de Dunbroch y su especialidad en magia fue la botánica y los animales. Sobre todo los osos eran sus favoritos. – el chico rio levemente al recordar su pasado. Después se volvió hacia Elsa con una sonrisa comprensible. – Tal vez el origen de tus poderes resida en ese lugar. Tal vez la relación de tus padres con ese bosque dio origen a tu don.

Elsa bajó su rostro con pesar. Desde que habia leído los diarios de su padre habia sospechado sobre eso. Pero no quería admitirlo. Después de todo, sus padres habían muerto por su culpa.

Lo que habia leído en el último diario sobre sus padres y ese bosque le habían implantado ese pensamiento. El origen de sus poderes se encontraba en ese bosque. Y al leer en el diario como sus padres habían salido al mar para investigar dicho origen, Elsa habia tomado la culpa de su muerte completamente. Habían embarcado hacia ese extraño bosque por el bien de ella, y habían muerto en el camino por el bien de ella. Esto era lo que habia descubierto en esos diarios y lo que por nada del mundo podía confesarle a Anna. Esto era por lo que Elsa nunca se perdonaría. Se llevaría ese secreto a la tumba, y quemaría los diarios una vez que regresara a Arendell.

Tal vez ella ya habia perdido el derecho de ser feliz, pues no lo merecía después de todo lo que habia pasado por culpa de ella y sus poderes. Primero la muerte de sus padres, y después la época helada en Arendell. No. Definitivamente no lo merecía. Pero por eso mismo debía de proteger la felicidad de Anna.

Y era lo que estaba dispuesta a hacer.

Tal vez el pequeño hechicero frente a ella le podía decir que su magia era un regalo, pero para ella siempre sería una carga. Una carga de recuerdos dolorosos. De un pasado triste y vergonzoso. Para la reina de las nieves, sus poderes siempre serian una maldición.

-Es por eso que no piense que sus poderes son una maldición su majestad – habló entones Waltz sacándola sorprendida de sus pensamientos por ese preciso comentario. – Son un don. Un regalo, tal vez de ese bosque que cuentan sus padres en los diarios, el cual se siente agradecido con ellos. Y como resultado nació usted. – sonrió cálidamente y Elsa le dedicó una pequeña sonrisa, sin embargo no podía estar de acuerdo con el moreno. No en estos momentos. – De ahora en adelante yo le ayudare. – continuó. - Los instrumentos de hechiceros siempre son una gran ayuda al momento de controlar poderes como los suyos.

Para sorpresa del menor, Elsa tomó una de sus manos y le dedicó de igual forma una cálida sonrisa, haciéndolo ruborizar.

-Gracias Waltz. Gracias por contarme todo esto. A pesar de las circunstancias en las que me encuentro, eres un gran aliado. – y lo decía de verdad.

Ante este repentino gesto, el chico se rasco la cabeza nerviosamente.

-Descuide, puede confiar en mí. Y estoy seguro que en el resto de la tripulación también. Aunque no la conozcan de momento.

Entonces Elsa lo miró a la vez asombrada e interrogante.

-¿Confiar en los piratas de Hawk?

-Oh. No son tan terribles como aparentan. – habló el chico sin darle importancia. – Llevo tres años navegando con ellos, créame.

Elsa cayó en la cuenta. Waltz podía tener apenas dieciséis años, eso quería decir que desde niño habia comenzado a navegar con piratas. Pero aun no podía conjeturar si habia sido por decisión del menor o tal vez es que Hans no le dio opción.

-Waltz – dijo entonces decidida a averiguarlo. – ¿cómo es que terminaste navegando en un barco pirata?

El moreno, primero un poco sorprendió por la repentina pregunta, sonrió recordando.

-Hace tres años Hans habia llegado a los bosques de Dunbroch en busca de mi abuela. No estoy seguro para que realmente, pero no era de extrañar. Mi abuela recibía visitas de campesinos, comerciantes, piratas, e incluso reyes en busca de algún hechizo. Desde muy pequeño viví con ella mientras me enseñaba el oficio, así que estaba ahí cuando Hans llegó con mi abuela. En el tiempo que se estuvo en Dunbroch, me contó las aventuras que habia tenido surcando los mares alrededor de los reinos. Y esas historias me dejaron completamente fascinado. – sus ojos brillaron puramente. - Mi sueño siempre ha sido conocer todo tipo de magia. Investigarla y crear instrumentos que me ayuden a eso. Soy un fanático de la magia. Pero no lo puedo evitar, está en mi sangre. – rio levemente. – Entonces cuando Hans iba a partir de nuevo hacia el mar, yo quería ir con él y recorrer el mundo en busca de cumplir ese sueño. A pesar de que creí que mi abuela me lo prohibiría, fue todo lo contrario. Y me dejó ir. Desde entonces han pasado tres años y no la he vuelto a ver. Pero en mi última carta le prometí que volvería para primavera, para ir juntos al festival de Wicker Man en Stornoway.

Terminó de hablar sonriendo ampliamente.

Elsa se podía sentir feliz por el muchacho al estar cumpliendo su sueño, pero aun dudaba de la verdadera razón por la que alguien como Hans aceptara a un niño en su barco de piratas tan fácilmente. Después de todo estábamos hablando de un villano. De un rufián pirata. Waltz era un hechicero, era claro que eso le sería beneficioso tarde o temprano y podía asegurar que esa era la verdadera causa por la que Hans lo habia dejado acompañarlo en ese barco.

-El festival de Wicker Man, - habló entonces la rubia pensativa. - eh oído hablar de él. Es especialmente para brujas y hechiceros ¿no es así?

El moreno asintió.

-A mi abuela le encanta ir a esa clase de festivales.

Entonces la rubia suspiró cansinamente al recordar cierto festival.

-Yo también me dirigía a uno en el reino de Corona. – su semblante se reflejó un poco preocupado. – Una vez que salga de esto tendré que enviarle una carta de disculpa a la princesa.

-¿El reino de Corona? – preguntó de pronto el chico con interés. – ¿De los reinos del Sur?

La rubia asintió.

-Quería expandir mis alianzas con los reinos del Sur. La ida a ese festival en el cumpleaños de la princesa era una gran forma de comenzar a pesar de los antecedentes de mi reino. – luego puso una mano en su mentón pensativa. – Aunque ahora que recuerdo, Corona tiene su propia leyenda mágica. Algo acerca de una flor de inmortalidad.

De pronto el menor se tensó, y eso no pasó desapercibido por la rubia. Pero cuando estaba a punto de preguntar, la puerta del camarote se abrió estrepitosamente. Y Hans entró por ella.

Elsa entonces cambio el semblante tranquilo que la presencia del muchacho habia logrado, a uno de fría indiferencia al ver como el pirata se adentraba a la habitación.

-Pequeño animal se acabó la hora del té. – habló enfurruñado. Parecía enojado, y sus cejas se unían en una sola línea. Pero mientras hablaba, sólo miraba a la rubia. – Ve al mástil de vigía. Rugall está al timón y ya tiene instrucciones claras. Llegaremos a Berk mañana al atardecer. Hasta entonces, no me molesten.

Rugió lo último, y despidiéndose de Elsa rápidamente, Waltz salió del camarote.

Una vez solos, el pelirrojo se acercó a la cama mientras iba desabotonándose la camisa. Y se sentó al borde de ésta.

Elsa aun posicionada en el escritorio, lejos de él, frunció el ceño un poco molesta por cómo se habia dirigido al menor.

-Al menos puedes llegar a ser un poco menos brusco con Waltz. –expresó. - A tus palabras, es el único que te es fiel en este barco.

El castaño bufó.

-Aquí no hay diplomacia, su majestad. Está entre piratas, no hay una imagen que cuidar. Hasta para ti esto puede llegar a ser algo… liberador ¿no lo crees? – insinuó con una perversa sonrisa. Destellando tal vez algo de lujuria.

Elsa rodó los ojos, e ignoró su comentario. Se alejaría deliberadamente de ese tema ahora que se encontraba sola con Hans en la habitación y sabia de lo que él podía ser capaz de hacer. U obligarla a hacer.

-Dijiste que nos dirigíamos a Berk, ¿es eso cierto?

Hans terminó de quitarse la camisa y quedó con el dorso desnudo. Elsa no se inmuto. Ya lo habia visto desnudo, al parecer habia pasado la impresión de la primera vez, tal vez por eso ahora ya no le importaba tanto. El pirata entonces se sacó las botas y se echó de lleno sobre las sabanas.

Elsa lo miró por un momento. Desde que habia entrado, Hans se veía cansado. Tal vez su enfurruñamiento se debía a la falta de sueño. Y se dio cuenta que aunque estaba en el camarote del capitán pirata, nunca lo habia visto dormir ahí. Ella llevaba ahí dentro al menos dos días entre desmayos por sentirse débil a causa de sus poderes y jamás vio que Hans se hubiera quedado dentro, hasta ahora. Antes de que Waltz lo llamara para ir al timón, Hans habia tomado un baño y habia dicho que dormiría un poco pues al parecer se encargaba de navegar al Venganza de la Reina durante la noche. Pero sus hombres lo ocuparon, y el pirata ya no habia dormido esa tarde. ¿Entonces podría ser que Hans llevara sin dormir desde el día de la tormenta? Desde el día que la secuestró.

La rubia se fijó en su rostro, el cual se encontraba sereno sobre la cama con los ojos cerrados. Hans se veía ensombrecido y despeinado. Entonces posó su antebrazo sobre sus ojos y soltó un pesado suspiro.

-Sí, su majestad – habló cansino. – iremos a Berk. Así que será mejor que no se te ocurra hacer nada. Y por mucho que me encante debatir contigo, ahora estoy muy cansado.

No dijo nada más y su respiración se acompasó. Elsa lo miró extrañada. ¿Cómo era posible que ese hombre pudiera estar tan cómodo con la presencia de su enemiga, en este caso ella, como para poder dormir?

-¿Acaso no tienes miedo de que pueda hacerte daño mientras duermes? – preguntó incrédula.

Y cuando parecía que no le iba a contestar, pensando Elsa que lo habia vencido el cansancio. Lo oyó susurrar:

-Ambos sabemos…que no eres así… - soltó una última y tranquila inhalación, y Hans se quedó profundamente dormido dejando a una rubia un poco desconcertada mirándolo.

Era increíble la facilidad con la que se habia acostumbrado a la presencia de ella como para haberse quedado dormido con su enemiga y prisionera dentro del mismo camarote. Elsa no lo entendía, no podía entender a esa persona en absoluto.

o-o-o-o-o

Me ha quedado algo largo. Espero lo hayan disfrutado :D

Y pues nada. Como vieron nuestro pequeño Waltz nos revela algo, acerca de la magia y su origen, y como se dieron cuenta me base en lo que vi en Frozen II, como dije antes será lo único que tomare de esa película pues no pienso hondearme en ese tema. Pero sí que quería poner acerca de los poderes de Elsa, ya que estos siempre han sido un tema difícil para ella. Por su puesto en esta historia también seguirán siendo parte de su preocupación y etcétera. Igual ya lo notaron en este capítulo.

En fin, nuestros protagonistas se acercan a Berk, sabrán cual escena sigue. Hans se encontrara con nuestro querido héroe de Mi caballero dragón. Veremos ahora esa escena en una perspectiva diferente.

Ya no les adelantare más xD Con esta cuarentena espero escribir un poco más. Así que esperen pronto una actualización. Espero todos se encuentren bien y no sé qué tan grave será el caso de covid19 en sus respectivos países pero ¡cuídense mucho!

¡Muchas gracias por leer! ¡Y nos vemos pronto!

¡Besos! ;*