Pasión Africana

Capítulo III

Candy se había levantado desde muy temprano, aún no podía con las pesadillas que tenía desde que ella había abandonado a los chicos y es que tan solo de rememorar aquellos recuerdos, la hacían sentir tan infeliz.

Inicio del flash back

Candy, Paty y Annie platicaban en la Segunda Colina de Ponny, mientras Paty y Annie se encontraban sentadas, Candy estaba recostada sobre el pasto y comiendo una manzana.

- ¡Vacaciones! – exclamó Candy entusiasmada.

- Con Paty hablábamos de las vacaciones y se nos ha ocurrido ir a Escocia, ¿qué te parece? – preguntó Annie a la rubia.

- ¡Escocia! – dijo Candy.

- Si, una escuela de verano en Escocia – respondió Annie afirmativamente.

- ¡Parece muy interesante! – exclamó Candy impresionada mientras mordía la manzana.

- ¿Por qué no vienes? – preguntó Patty.

- ¿A Escocia? Me gustaría... – expresó Candy, sin terminar la oración ya que fue interrumpida por una hermana.

- ¿Esa es Candice White Andley? Candice ¿qué modales tienes? – la hermana que detrás de ella la reprendió.

- Sí – la rubia se levantó asustada.

- No puedes comportarte así, mira cómo estás sentada y además estas comiendo algo, ¿no? – preguntó la hermana a la rubia que había bajado la manzana que estaba comiendo.

- Lo siento – se disculpó la rubia.

- Nos enorgullecemos en hacer de ustedes unas perfectas damas y unos perfectos caballeros. Entonces tienes que comportarte como corresponde, ¿te das cuenta? – la hermana explicó por qué la reprendía.

- Sí, pero... – intentó protestar cuando la hermana había hablado nuevamente.

- Debes actuar como una dama y no de este modo, ¿entiendes? – la hermana quiso aclararle el punto que trataba con ella, retirándose poco después de allí.

- ¡Es inútil sabiendo de dónde viene! – dijo Elisa que había llegado justo cuando la hermana le decía la última oración, riéndose y retirándose de ahí.

- ¡Que cabeza dura, soy un caso perdido! Me temo que no iré a Escocia – exclamó Candy goles dándose la cabeza y sacando la lengua para después comunicarle a las chicas la insistencia al colegio de verano.

- ¿No irás a la escuela de verano? – preguntó Patty sorprendida por lo que había dicho Candy.

- No, es un colegio, por lo tanto irán las monjas, ¿verdad? – preguntó a Annie.

- Sí – respondió Annie.

- Yo quiero brincar, saltar y ser libre en mis vacaciones y si fuera al Hogar de Ponny, quiero visitar el hogar y también la tumba de Anthony. Es una buena idea, iré a América en el verano - resolvió Candy entusiasmada con la idea.

- ¡Candy! – exclamaron ámbar chicas un tanto desilusionadas.

- ¡Terry se esta peleando! – exclamó Archie dirigiéndose a las chicas.

- ¡Terry! – exclamaron las chicas, yendo hasta el bosque.

Tiempo mas tarde, Candy pasaba por la casa de la servidumbre cuando divisó a una señora que lloraba.

- Es la mujer que trabaja en el reflector, ¿quė le pasa señora? – la rubia le pregunta a la señora.

- Nada señorita, nada. Es una carta para mi hijo que tiene ocho años y está en Escocia – refiere la señora que acababa de romper la carta que había escrito..

- Y ¿por qué la rompió señora? – cuestionó Candy sin comprenderlo.

- Porque le decía que iría a verlo en las vacaciones y me las han cancelado, hace un año que no lo veo y me espera, ese es el problema, tiene ojos grandes y el pelo castaño, es muy bueno y espera mi regreso – explicó la señora intentando no derramar lágrimas.

- Y ¿por qué cancelaron sus vacaciones señora? – preguntó Candy extrañada.

- Una de las alumnas debe quedarse castigada y yo tengo que cuidarla – explicó la señora, un poco triste.

- Fue por culpa mía y ahora ella...señora – intentó llamarla, pero la señora ya se había levantado para meterse a la casita.

- No tiene arreglo, es parte de nuestro trabajo – respondió metiendo se y dando por terminada la conversación.

- ¡Ah...actúe sin pensar y le ocasioné un problema...! ¡Pobre mujer! – pensó Candy preocupada por lo que le había dicho ella.

Al otro día, después de la misa, Candy espera a los chicos fuera de la capilla.

- ¡Stear! – Candy lo llamó cuando su amigo bostezaba.

- ¡Hola Candy! – la saludó Stear.

- ¿Dónde está Terry? – le preguntó la rubia.

- ¿Crees que estará en misa? ¡Me parece imposible que vaya! – susurró Stear creyendo que era una broma que le da preguntara por el castaño.

- Dile por favor que con mucho gusto le rogaré arrodillándome a sus pies... – le soltó de pronto, haciendo que éste respingara.

- ¿Qué te arrodillarás a sus pies? – Stear pensó que estaba bromeando con él.

- Candice ¿qué haces? – una hermana la reprendió porque no debería de estar hablando con él.

- ¡Cuento contigo Stear! – le dijo y salió corriendo hasta la hermana.

Afuera de los dormitorios se encontraban Stear y Archie, siendo el primero el que le contara lo que le había dicho Candy.

- ¿Cómo? Me parece que te has vuelto sordo de golpe... – le dijo Archie sin entender lo que la rubia le había pedido a Stear.

- ¡No, eso fue lo que me dijo! – Stear le hizo hincapié.

- ¿Te dijo que le imploraría de rodillas? ¡No puede ser, es un error! ¿Seguro? – Archie insistía en ello.

- ¡Debe haber un error, no puede ser! – exclamó Terry.

- ¡Terry! – lo llamaron al verse sorprendidos.

- ¡No puede ser que Tarzán Pecosa quiera arrodillarse ante mí! – repitió lo que escuchó de Stear y Archie.

- Me pidió que te dijera eso lo antes posible – respondió Stear.

- ¿Lo antes posible? – preguntó Terry, lo cual se le hizo extraño por la urgencia y se fue de ahí rápidamente.

- ¡Oh! – los chicos solo atinaron a sorprenderse.

Algún tiempo después la hermana Grey mandó a llamar a Candy a su oficina. La rubia cuando llegó a la puerta tocó.

- Entra – solcitó la hermana que se encontraba escribiendo en su escritorio.

- ¿Me llamó, hermana Grey? – preguntó Candy.

- Tus vacaciones no serán canceladas... – respondió ella.

- En serio, pero ¿cómo lo decidió tan de golpe? – cuestionó Candy sorprendida.

- Es mi responsabilidad... – resolvió la directora.

- ¡Entonces no tengo que quedarme aquí! – exclamó Candy.

- No, pero con una condición tendrás que ir al colegio de verano en Escocia – le soltó la hermana Grey a Candy.

- Lo haré – la rubia aceptó de inmediato.

- Puedes retirarte.

- Hermana lamento mucho causarles tantos problemas, he sido egoísta, no pensé que mi conducta irresponsable acarrearía problemas a otros – confesó Candy, pero la hermana se quedó a medias.

- ¿A quiénes Candy? – cuestionó extrañada.

- Prometo ser más cuidadosa – respondió Candy de pronto y salió de la oficina.

- ¡Señora! – la llamó cuando se encontraba detrás de ella.

- ¡Oh señorita, que alegría, iré a Escocia! Trabajaré allá en la residencia de verano que tiene el duque de Grandchester – le informó la señora cuando se volteó a verla.

- ¿El duque de Grandchester? El padre de Terry... – se preguntó adivinando quién lo había hecho.

- ¡Veré a mi hijo después de un año, tengo que avisarle enseguida! – la señora se dio la vuelta para seguir escribiendo con un par de lágrimas retenidas en los ojos.

- ¡Terry, él lo hizo! – Candy sonrió ante tal afirmación.

- Candy te envidio porque eres capaz de implorar de rodillas por un extraño y también envidio la pasión de Archie si alguien insulta la patria de su padre – exclamó cuando dejó de tocar la armónica arriba del Padre Arbol en la Segunda Colina de Ponny.

- Gracias Terry, en realidad eres muy bueno, pero solo te sientes muy solo, ¿verdad? ¡Terry vamos a Escocia, a la tierra del tartán y la gaita! – respondió en sus pensamientos al observar el atardecer y a su lado ver a Terry1.

Fin del flash back

Días después, las chicas y las hermanas; los chicos, Terry, Elisa, Niel eran conducidos hacia el puerto de Southampton en carros alquilados y otros en coches privados, ya que el vbarco era la única forma de llegar hasta Edimburgo. Rumbo al barco designado para el colegio de verano, Terry y unos desafortunados Stear y Archie se hubieron unido para raptar a sus novias y amiga, haciendo que ellas se mostrarán alegres unas y preocupadas otras, por lo que las monjas pensarían de su desaparición.

Por otro lado, las tres chicas y los tres chicos que se rieron de lo lindo por la travesura realizada, se ocultaron en una taberna de dudosa reputación ocasionando el asombro de cincuenta pares de ojos, a lo mucho, todos ellos con la mirada libidinosa en atención a las tres chicas, pero que de buenas a primeras, la presencia de Terry fue de gran ayuda, ya que un bonachón cantinero fue reconocido por él.

- ¡Terry muchacho! ¿Cómo has estado? ¡Ya tiene tiempo que no te vemos por aquí! ¿No me presentas a estas bellas señoritas? – solicitó el cantinero.

- ¡Hola, soy Candy White! – se adelantó Candy cómo siempre.

- ¡Hola, señorita White! ¿Cómo ha estado? – Frank la saludó efusivamente.

- ¡Bien gracias, qué taberna tan peculiar! – replicó Candy observando cada recoveco de la taberna en cuestión.

- Yo soy Annie, Patty, Stear y Archie – se fueron presentando uno por uno.

- Gracias, pero saben que éste no es lugar para unas señoritas tan finas como ustedes, ¿verdad Terry? – Frank le hizo hincapié ante ese ínfimo detalle.

- Lo sé, pero estamos escondiéndonos de la policía, ¿nos ayudas? – pidió Terry sonriendo.

- ¿Cuál policía? – preguntó Frank al que se le pasó desapercibida la sonrisa.

- Bueno más bien de las monjas, pero no, nos delatarás ¿verdad? – preguntó como no queriendo que le contestaran.

- ¡Por supuesto que no! Pero, ¡ni que estuvieran huyendo del SPD! – Frank les hizo una broma que les costaría sin saberlo, la libertad de la que hasta ese día gozaban.

- ¡Bromeas! ¡Menos de ellos, lo que más quieren es enjaularnos! Además llegaremos igual que ellas, sólo que antes quería llevarlos a otro lugar, digo antes de embarcarnos a Edimburgo... – le contó Terry a su amigo y un señor rubio también prestó oído a sus comentarios.

- ¡Ah vaya, ya me habían espantado! – Frank se recuperó.

- Pero bueno, Archie ¿ya no nos siguen? – cuestionó Terry al ver que no había ni señal de las monjas.

- No, ¿podemos irnos? – cuestionó Stear ansioso.

- Bueno Frank, luego vengo a visitarte, no sin antes decirte que serán después de las vacaciones de verano, ¿de acuerdo? – sonrío Terry, despidiéndose de su amigo con una mano al aire.

- ¡Sí Terry, claro y si alguien viene a preguntar no se nada de ustedes! – se carcajeó después de decir esto.

- Gracias Frank, ¡hasta pronto! – se despidieron todos y salieron de ese lugar.

- ¡Adiós! – los saludó de vuelta.

- ¿En qué estará metido realmente este chico? – susurro mas para sí Frank, acción que no pasó inadvertida para el teniente alemán.

Los chicos ni Frank sabían que de entre los visitantes a esa taberna, se encontraba un pequeño grupo de integrantes del SPD, que escuchó todo, pero que no había entendido más que la mitad, algunos hablaban inglés, pero muy mal. También pensaban que huían de alguna fuerza policial, cuando los chicos se referían a las monjas y más al oír nombrar a su partido, se imaginaron que debían de cumplir con su deber y entregarlos. Apenas hubieron llegado los seis chicos al puerto, cuatro se adelantaron hacia el barco que los llevaría hasta allá mientras que Terry y Candy, se rezagaron para meterse en una nevería.

En lo que Terry y Candy salían con su helado, de chocolate para la rubia y de vainilla para el castaño, a lo lejos observaron que alguien forcejeaba con Archie y Stear, siendo dirigidas sus miradas hacia allá. Candy y Terry botaron el helado al piso mientras iban en auxilio de sus amigos, a Annie y Patty ya las llevaban esposadas a algún lugar lejos de sus novios; Stear y Archie los aprehendieron un tanto confusos, tirándolos al suelo poniendo demasiada resistencia hasta que fueron golpeados con macanas; Terry hubo hecho casi lo mismo, pero sólo atinó a golpearlos fuertemente, siendo controlado en cuestión de minutos por otros dos militares, quedándose mudo, sin decir más que dos únicas palabras al aire, sin voltear hacia atrás...

- ¡Candy corre!

Continuará...

1Capítulo tomado de la serie Candy Candy de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi.