Pasión Africana

Capítulo VI

En la mansión Andley llegaba el telegrama dirigido a George.

- ¡George! ¿Dónde estás? – Mary, la cocinera lo llamó.

- Aquí Mary, ¿sucede algo? – cuestiona George.

- Ha llegado un telegrama – Mary lo extiende.

- ¡Dámelo, lo leeré rumbo al consorcio! – exclamó mientras lo guardaba, pero por alguna razón no acabo de meterlo a su bolsillo y lo estaba abriendo cuando Mary se despidió de él.

- Hasta luego, señor George.

- ¿Cómo? ¡No puede ser posible! – gritó sin poderlo contener, deteniéndose en la puerta de entrada de la mansión.

- ¿Qué sucede? – cuestionó la señora Elroy.

- ¡Son los jóvenes Stear y Archie... – señora Elroy.

- ¿Qué sucede con mis muchachos? – insistió la anciana.

- ¡Han ganado trofeos en el colegio Madame Elroy! – decidió responder.

- ¡Esa es una buena noticia! – sonrío la anciana con gusto.

- Sí por supuesto, madame Elroy sabe usted ¿dónde se encuentran los padres de los jóvenes Cornwell? – cuestionó George preocupado.

- Por supuesto, en Nueva York, ¡no recuerdas que te lo dije George! – respondió la anciana, notando el rostro acongojado del castaño.

- Sí claro, gracias, con su permiso – George sólo atinó a agradecer y se retiró.

- ¿Qué le pasa últimamente a George? Mary... – preguntó la matrona a la cocinera.

- ¡No lo sé señora, no lo sé! – respondió la cocinera, pero ella sabía que había algo extraño en su compañero de trabajo.

- Vamos, tráeme una jarra de te a la salita – solicita la matrona sacando de sus pensamientos a Mary.

- Sí madame Elroy – Mary asintió y se dirigió a la cocina.

Más tarde, en la mansión de Nueva York.

- Señor, tiene una llamada del señor Johnson de Chicago – avisó su antecámara.

- ¡George! ¿Qué querrá? – levantando el rostro de la lectura que tenía entre sus manos en ese momento, se preguntó.

- ¡No lo sé, señor! – respondió el antecámara.

- Veamos, ¡hola George! ¿Cómo estás? – cuando se levantó, tomó el auricular y saludó a George.

- ¡Bien...he recibido un telegrama del duque de Lemarque...! – el castaño le comentó cortando la voz.

- Emmanuelle Lemarque.. hace tiempo que no se nada de él, ¿qué dice el telegrama George? ¿Puedes abrirlo para mí?- preguntó el Sr. Cornwell.

- Lo he hecho señor, cita a una reunión aquí lo antes posible, una reunión con otras tres familias, pero dado que una está en Londres sólo seremos las que estamos más cercanas, señor – comenta George.

- ¿Que dice en si el telegrama, George? – insiste en preguntar.

Sr. y Sra. Cornwell

Favor de reunirse con el señor George Johnson en Chicago a más tardar la próxima semana.

Me han informado de fuente cercana que los jóvenes Archibald y Alistear Cornwell han sido capturados por los alemanes. Lugar de encarcelamiento desconocido.

Familias informadas.

Reunirse lo más rápido posible para entablar comunicación desde Puerto San Pedro en África.

Duque Emmanuelle Lemarque

- ¡Es una broma, George! – exclamó el Sr. Cornwell.

- ¡No, no lo es! Supuestamente las familias involucradas ya están informadas – refiere George.

- ¿Cuales familias involucradas? – cuestiona el Sr. Cornwell.

- El duque no da más información... – le informa el castaño.

- ¿Que sucede querido? – pregunta a Janis Cornwell.

- Gracias George, enseguida partimos para Chicago – le asegura colgando el auricular.

- De nada señor, lo esperamos aquí – agradeció por no hacerle más preguntas que no tenía respuesta..

- ¡Vamos a regresar a Chicago! Tengo una cena con el alcalde... – exclama ella molesta.

- ¡Empaca tus cosas, tenemos que regresarnos rápido, hay algo que requiere de nuestra atención! – ordena al parecer trastornado.

- ¿Qué puede ser más importante que una cena con el alcalde...? – quiso saber.

- Stear y Archie fueron apresados por tropas militares alemanas, ¿te parece eso suficiente? ¡Empaca tus cosas! – ordena enfadado.

- ¿Dónde están? – exclamó sorprendida.

- ¡Nadie lo sabe! Sólo que ha llegado un telegrama de Emmanuelle Lemarque a Chicago junto con el de otras familias, nos quieren en Chicago a la brevedad posible – informa el señor Cornwell, intentando razonar con su afligida esposa.

- ¡Mis hijos! ¿Los volveré a ver? – pregunta Janis a punto del llanto.

- ¡Templanza mujer, templanza, ellos nos necesitan! – el señor Cornwell está tan preocupado, pero ver a su mujer en medio de las lágrimas, lo conmovió tanto que atinó a abrazarla.

En el parlamento de Londres.

- ¡Buenas tardes, duque de Grandchester! – saluda Lucía a su jefe, dejándole un platito de plata delante de él.

- ¡Buenas tardes Lucía! ¿Sucede algo? – le pregunta cuando levanta el rostro.

- Han enviado un telegrama con urgencia – respondió la asistente.

- ¡Déjalo ahí! Puedes retirarte – solicitó volviendo a su lectura.

- Sí señor – Lucía hizo una venia, guardó silencio y se retiró sin decir nada más.

Así pasaron las horas y cuando ya se iba al castillo, regresó a su escritorio abriendo el telegrama. Leyó las líneas plasmadas y maldijo por su insensatez.

- ¡No puede ser! ¡Guardias, guardias! – levantó la voz.

- ¿Qué sucede duque? ¿Ha pasado algo? – preguntó la guardia.

- ¡Han secuestrado a mi hijo Terrence! – gritó sin poder entenderlo.

- ¿Cómo sabe eso, duque? – preguntó el guardia.

- Me mandaron un telegrama, necesito contactar al señor George Johnson en Chicago, dicen que la reunión será allí lo más pronto posible – informa el duque, sin entender realmente de lo que hablaba.

- Enseguida le informo a la reina, duque – el guardia se retiró rápidamente.

- ¡Terrence! – exclamó el duque.

Unas horas después en la mansión de Chicago, George se encontraba meditabundo en la biblioteca.

- ¡Señor Johnson, señor Johnson! – Mary gritaba al castaño.

- ¿Qué sucede, Mary? – preguntó George.

- Le llegó un telegrama de Londres – informó la cocinera cansada de tanto correr.

Sr. Johnson

El duque de Lemarque me informa que Terrence ha sido encarcelado por alemanes.

¿Es cierto?

¿Quién más está con él?

Comuníquese lo más pronto posible.

Duque Richard Grandchester

- Cielos, ésto se está poniendo cada vez peor, primero los señoritos Cornwell y ahora el joven Grandchester, las señoritas Brighter y O'Brien, todos estaban juntos cuando los apresaron entonces no quería ni pensar en donde estará la señorita Candy. Es cierto, no puedo saber donde es que está la hija adoptiva de William, nadie dice nada. ¿Será que Lemarque lo sabe? ¿Ella será su fuente? No podría creerlo, nadie antes se había preocupado por la rubia, ¿en dónde estaría la señorita Candice? – todos se encontraban tan preocupados por los chicos que nadie se había percatado de la falta de la rubia.

George no quería ni pensar que eso que acababa de descubrir fuese cierto y menos cuando una semana después había recibido las visitas de los padres de Archie y Stear, de Patty y Annie en la mansión de Chicago. George solicitó que todos se reunieran en la biblioteca antes del almuerzo.

- ¿Qué sucede George? – preguntó el señor Brighter.

- Tenemos un problema, al parecer las señoritas Annie, Patricia, el joven Terrence Grandchester y los señoritos Archie y Stear han sido secuestrados por militares alemanes... – afirmó George mirándolos a cada uno.

- Entonces ¿es cierto? – cuestionó el señor Cornwell.

- Sí – susurró George.

- ¿Dónde los tienen? – preguntó Janis.

- ¡Aún no lo sabemos! He estado en comunicación con el duque Grandchester, el padre de Terry para ver ¿qué se ha averiguado? Pero ha pasado un mes y las pistas son escasas – explicó George.

- ¿Qué haremos George? – preguntó Martha.

- Por el momento nada, esperamos de la llega de un telegrama, dado que únicamente nos podemos comunicar a África por ese medio – explicó Terrence.

- George... – lo llamó cuando hubo entrado a la biblioteca.

- Sí, Dorothy – se reunió con ella.

- La señora Elroy quiere saber ¿qué sucede? – le informó al castaño.

- Inventa algo Dorothy – le pidió George.

- Dime George, ¿qué tiene que inventar Dorothy para impedirme asistir a lo que sea que tengas ahí adentro? – cuestionó la matrona autoritaria.

- Señora Elroy, es que... – intentó decir algo.

- ¿Qué sucede George? – increpó la matrona.

- Nada de importancia – argumentó el castaño.

- Entonces aléjate de la puerta...¿qué hacen ustedes aquí? Dime George ¿por qué están llorando las damas? – exigió saber.

- ¡Tía Elroy, mis hijos, sus sobrinos! – susurró llorando Janice.

- En el colegio de verano según me dijeron Elisa y Niel – relató la anciana.

- No tía, los chicos no están allá...los han secuestrado... – lloró audiblemente apenas pudiendo decir eso último.

- Aprehendido... – corrigió el Sr. Cornwell.

- ¿De qué hablas? ¡George, explícate! – volteó a ver al castaño que apenas y podía sostenerle la mirada.

- Los señores son los padres de la señorita Annie, ellos son los padres de la señorita Patty y los señores Cornwell están preocupados, señora Elroy – George tuvo que presentarlos así, en esas condiciones.

- ¿Por qué? - - cuestionó la señora Elroy.

- Porque sus hijos han sido aprehendidos por militares alemanes – George soltó esa información, lo de Candice debería esperar.

- ¿Es en serio esto? George – preguntó la matrona asombrada.

- Sí, en realidad está pasando, señora Elroy – George terminó aceptando.

- Y ¿por qué no se nos notificó del colegio? – preguntó una vez más.

- No lo sé aún señora, habrá que ir a Londres para averiguarlo – tenía que seguirle la corriente para que nadie preguntara por Candice.

- Y ¿qué esperas? – lo ansió.

- No podemos, esperamos un telegrama del duque de Lemarque – informó George, atemorizado.

- ¿Quién es ese señor? – preguntó el Sr. O'Brien.

- Él fue quién nos envió los telegramas, mire usted señora Andley – el interpelado le mostró el telegrama.

- ¡Esto no puede estar sucediendo! – se quejó la matrona sentándose en el sofá más cercano.

- George, llegó el telegrama – informó Dorothy, extendiendo un sobre.

- Gracias Dorothy – George lo tomó y le sonrió apenas.

- Permiso – la doncella de Candice, salió.

Sr. Johnson

Soy Lemarque, desembarqué en África.

Tengo información sobre sus chicos.

Estaban en Southampton, T, Ar y S separaron a An, P y C de Edimburgo.

Escape monjas entraron a taberna haciendo bromas del SPD, mal interpretación y arrestados en cárcel desconocida.

Grandchester no logra dar con ellos.

El y yo, ayudaremos a recuperarlos.

Emmanuel Lemarque

- Bueno, seamos fuertes, tendremos que alistar equipaje para un tiempo indefinido en Londres – sugiere el señor O'Brien.

- George, aparta ocho pasajes de primera en el Mauritania – ordena la señora Elroy, sin darse tiempo a pensar en otra cosa.

- Un momento, si Annie, Patty, Archie, Stear y Terry están apresados, ¿dónde está Candice? ¡Ellos siempre andan juntos! Señora Elroy, ¿dónde está Candice Andley? – cuestiona fuertemente el señor Brighter.

- George, ¿dónde está Candice? ¡Si esto es obra de esa chiquilla, no quiero ni pensarlo! – pregunta y reacciona de la misma forma que es común en ella con respecto a Candice.

- Candice...Candice... – titubea George.

- George ¿qué pasa con Candy? – pregunta Elroy, aún molesta.

- La señorita Andley...no...¡no sabemos dónde está! El duque Lemarque, ni el duque Grandchester saben nada de la señorita Candice...nadie al parecer lo sabe... – quiso explicarlo.

- ¿Qué has dicho? George ¿no saben donde esta Candice? – preguntó Janice.

- No, los telegramas sólo hablan de cinco jóvenes, pero nada de la señorita Andley...lo siento – se disculpa George.

- ¡Candy...! ¡Anthony...! ¡William! – susurran todos al mismo tiempo.

- ¡Pobre niña! ¡No quiero pensar en dónde estará ni quién la tendrá! ¡Tenemos que averiguar ¿qué sucedió George?! Tenemos que ir a Londres, sabes ¿dónde está el patriarca de los Andley, señor Johnson? – cuestionó por primera vez la señora Brighter, sorprendiendo a todos, ya que no había emitido ningún ruido desde que habían llegado a la mansión Andley.

- No se ha reportado conmigo, señora Brighter – respondió George al punto del llanto, con lo cual los demás dejaron de mirarlo.

- ¿Que le diré a William, George? ¿Con qué cara le digo que Candy está perdida? – se preocupó la matrona observando quizás por primera vez el intento de no derrumbarse de la mano derecha de William.

- ¿O muerta? – pronunció la señora Cornwell.

- No, Candy no puede estar muerta ¿o sí? – preguntó a George el señor Cornwell, observando que éste sollozaba y volteándose hacia la ventana escondía el rostro entre sus manos. Verlo derrumbarse no era algo que se viera todos los días.

- George ve al Mauritania, también compra otro para la hermana Maria y envía a Dorothy para que ayude a la señorita Ponny, manda a John por ella, nos iremos en cuanto consigas los pasajes. Procura también los boletos del tren y ustedes preparen el equipaje – ordenó al castaño.

- Sí señora Elroy – apenas y pudo contestar.

- Nos llevaremos a Mary – siguió dando órdenes a diestra y siniestra mientras el señor Brighter lo oía y escribía algo. Para después dárselo a George.

- ¡Como usted ordene señora Elroy! Permiso – acató la orden sin despedirse de los demás.

- Vayamos a comer algo, sé que están preocupados, pero si no comemos todo podrá estar peor – aseguró la señora Elroy, levantándose y ayudando a todos a seguirla.

- John mande este telegrama al duque de Grandchester – pidió de favor a John.

- Sí señor... – afirmó el mozo.

- Espere George, ¿está usted bien...? – cuestionó el señor Brighter.

- ¡No, demonios! Yo...yo sabía que la señorita Candice estaba perdida, desde hace mucho tiempo...pero al parecer ni a la misma tía abuela le interesa eso, he pasado los peores días de mi vida, era el encargado de cuidarla mientras el Sr. Andley no estuviera en Europa y ¿qué hice? ¡Nada, no hice nada! ¡Ahora qué le diré a William! ¡Quizás...quizás esté muerta o desaparecida! ¡Odio ésta actitud! Todos se preocupan por sus propios hijos y ahora que ella está en esas condiciones, ¿quien se preocupa por ella? ¡Nadie puede preocuparse por ella y yo no sé qué hacer, no sé a quien recurrir, no sé qué pensar! Tengo miedo de que cada vez que se descubra algo me den una respuesta que no quiero...una a la que le tengo miedo... Otra muerte en la familia Andley, ¡a la alegría de esta familia la han matado...! Me niego a dar una noticia como esa a cualquiera que la conozca, señor Brighter ¿quién la buscará a ella...? - se dejó caer sobre el respaldo del sillón de la biblioteca.

- Yo lo haré, por supuesto...

Continuará...