Pasión africana

Capítulo XIV

Inicio del flash back

- ¡Noooo! Suéltenme, por favor, ¿qué quieren? ¡Somos ciudadanos norteamericanos, somos estudiantes...déjenos en paz! – solicitó Annie sin entender lo que sucedía.

- ¡Cállese señorita! Usted es criminal alemana – respondió el teniente.

- ¡Ni siquiera sé hablar alemán, déjenos en paz! – respondió aturdida.

- Señor, solo faltan dos – le informó el cabo.

- ¡Son unos brutos! – insulto Patty cuando le torcían la mano por agarrarla tan fuerte.

- ¡Déjenos en paz! – gritó Annie de nueva cuenta intentando escapar.

- No quería hacer esto, pero me han obligado – el cabo la tomó de los cabellos y la regresó dándole un golpe con puño cerrado a Annie, noqueándola instantáneamente.

- ¿Qué haces? – el teniente quiso detener el golpe, pero ya era demasiado tarde.

- No me han dejado de otra, tuve que pegarle porque no se callaba, ¡podría llamar la atención! – respondió él, preocupado. ¿Qué pasa? – cuestionó él.

- Hemos encontrado a otro, falta una señorita – informó otro cabo.

- ¿Qué les pasa? – Terry cuestionó enojado al ver el ojo amoratado de Annie. ¡Annie, Annie, son unos bestias! – al decir esto sintió el cañón de un arma, lo que hizo que se callara y segundos después lo golpearon en la cabeza.

- ¿Ya fueron por ella? – preguntó enojado

- Sí, enseguida la encontraremos – informaron otros soldados.

En la cárcel alemana, un mes después...

- ¿Qué daño hemos hecho? Ha pasado un mes desde que nos secuestraron y no hemos sabido nada, Patty está más triste cada día y yo he querido gritar con todas mis fuerzas por éste encierro, por ésta suerte, ¿cuánto hubiese querido tener la fuerza de Candy para no sufrir? Archie se encuentra abatido, quisiera saber ¿qué es lo que piensa? Casi no habla, ya no se queja, come cuando le indican que lo haga y bebe cuando tiene sed. Stear siente que la vida se le va cada minuto, de pronto lo encuentras haciendo juguetes con los restos de la comida o hablando de Candy, jamás pensé tener envidia de mi hermana, pero a nadie le importa lo que sucede. Un día me desperté y vi a Terry observándome, mi ojo se ha restablecido por completo, solo un par de zonas moradas, me pareció muy tierno, esa pose de autosuficiente ya no estaba ahí, sólo supe que Terry estaba enamorado de Candy como alguna vez lo había hecho Archie y Anthony. Pero en este momento, de un día a otro, él ya no estaba con nosotros, un guardia nos enteró de que había huido, él nos había dejado y no le importamos, no quería aceptarlo y no lo acepto, él fue tan amable y tan atento conmigo en los últimos días que no creo que haya huido.

Alguna vez Elisa había dicho que el duque Grandchester era influyente, quizás él solo sacó a su hijo mientras nosotros, no creemos que Candy haya hecho algo y ni siquiera nuestras familias.

¿Dónde quedó la dulce señorita Brighter cuando ha visto los horrores del mundo? Unos hombres que sólo nos ven como criminales no como personas, me pregunto, ¿qué paso con mis modales, con mis pertenencias, con mis amigas, con mis padres? ¡Todos ellos ya no valen para mí, no mientras esté en este encierro! Ahora sólo me queda llorar, llorar es lo único que me da valor, que me infunde una coraza para sobrevivir, siento como si éstas seis paredes comprimieran mi angelical comportamiento, siento que me ahogo aquí adentro, no sé que decir, sólo quisiera gritar, dejar en el aire toda mi furia y todo mi enojo y toda mi desgracia; ¿algún día saldremos de aquí? ¿Algún día volveré a ver la luz del sol? ¿Algún día perdonaré a los Brighter? ¿Qué hago con ésta encrucijada? ¿Qué hago con este dolor que me consume? ¿Cuánto tiempo estaré aquí? ¿qué horrible forma de madurar? Apenas tengo quince y pareciera que han pasado cinco años más. ¿Cuándo saldremos de aquí? ¿Cuándo te volveré a ver Candy? ¿Dónde estarás? ¿Huiste en realidad, te mataron? ¡Nooo, no pueden haberlo hecho, se ha ido un hilo de mi alma, estoy tan desesperada, perder a mi hermana! Pienso que sigo siendo egoísta, quizás Candy ya esté en el cielo y yo aquí sufriendo por un encierro injusto, ya no sé en qué pensar, me estoy volviendo loca, pero aún así trato de sonreír... – Annie manejaba su soliloquio mental de forma controversial.

¡Cuán injusta había sido la vida con todos, con ella, pero había sido justa para Candy!

Fin del flash back

En el campamento

Candy y Albert se encontraban bajando cosas del automóvil, cada vez que sus ojos se cruzaban, Albert le sonreía a su novia y ella se sonrojaba, lo cual le hacía mucha gracia al rubio.

- ¡Albert, Candy regresaron! – exclamó Alfred.

- Sí, compramos algunas cosas y le enviaron otras tantas a usted – le informó Candy, entregándole algunos paquetes.

- ¡Gracias Albert, Candy qué linda te ves! – Alfred desde que conoció a Candy le había caído muy bien y para ser una adopción parecía una chica de sociedad a pesar de las travesuras.

- Albert me compró vestidos y yo quiero regalarle los míos a Marie, así tendrás algo lindo de mi parte, la mayoría son nuevos – afirmó ella, sonriendo y siendo oída en parte por Pierre, John y Marie.

- ¡Candy qué linda, gracias! – saltó Marie por tan bello regalo, ni aunque trabajara toda su vida podría comprar uno solo.

- Por cierto, tenemos cosas que contarles – soltaron a medias.

- ¡Ah, ya llegaron! – espetó Pierre sin tantas ganas como los demás.

- ¡Sí, llegamos! ¿Por qué lo dices así? – preguntó Albert intentando saber qué pensaba Pierre.

- ¡Alfred, Alfred, se acerca un automóvil! – gritó John.

- Veamos ¿qué pasa? ¿Si es un automóvil? – preguntó Candy.

- ¿Quienes serán? – cuestionó Alfred.

- Esperemos a que lleguen aquí y lo sabremos – respondió él, observando la reacción de Pierre, quién se ponía nervioso.

- Buenas noches, buscamos al director del campamento – preguntó uno de los hombres cuando el automóvil se detuvo y se bajaron, uno detrás de otros.

- Buenas noches, soy yo, soy Alfred, ¿quiénes son ustedes? – preguntó Alfred.

- Mi nombre es Stephan y soy veterinario, él es Alec y es un clérigo – respondió sin un atisbo de conocer a Alfred, ya que Pierre podría ser cualquiera de los hombres que ahí se encontraban.

- Mucho gusto y buenas noches – saludaron todos.

- Buenas noches, el profesor Alaistar nos ha enviado para ayudarle en lo que podamos. Aquí tiene la carta de admisión y estos son nuestros papeles para verificación de identidad – Alec entregó el sobre cerrado y Alfred lo tomó.

- Gracias, me lo llevo y los veo en la cena. Albert, Candy, ¿nos acompañan? – solicitó Alfred, esperando que ellos aceptaran.

- Compramos la cena para todos, denos una hora y lo tendremos listo – aseguraron ambos rubios.

- Gracias – agradecieron todos en conjunto.

- Es un placer servírselos, vamos Albert – Candy se despidió con un asentamiento de cabeza y jaló a Albert a la cocina.

- Claro, Marie vamos, nos ayudas – él no se opuso, pero jaló a su vez a Marie.

- Sí claro – susurró ella, observando a Stephan.

- Pierre ofréceles a los señores sus habitaciones, deja que descansen y nos acompañan a la cena ¿verdad? – mientras los jóvenes preparaban la cena, Alfred invitaba a Stephan y Alec a cenar también.

- Sí, será un placer ser atendido por tan bellas señoritas – aseguró Alec, dado que se dio cuenta como Stephan observaba a Candy y Marie observaba a Stephan.

- Alec y Stephan ¿me acompañan? – Pierre soltó la invitación.

- Por supuesto, te seguimos – aseguraron siguiéndolo.

- ¿Cuándo le diremos a Alfred...? – preguntó Alec impaciente.

- Pronto, sólo tendremos que saber ¿qué sucede aquí? – respondió Stephan.

- De acuerdo – aceptó Alec.

Alfred se encaminó hacia su oficina, entró, se sentó y abrió el paquete que Alec había entregado en sus manos, dentro del sobre había fotos de Candy y Lady Borthwick, sonriendo ante ello, volvió a los papeles y de entre otras cosas encontró una carta dirigida a él.

Sir Carnegie

Espero que usted se encuentre bien, todo marcha formidable por aquí exceptuando que el plan está puesto en marcha, adjunto a ésta carta se le mandan unas fotografías de la señorita "Andley" y de Lady Borthwick. Como apreciará, el parecido entre las dos es innegable, por otro lado, el duque Lemarque quiere ser más listo que nosotros, por lo que hay que actuar rápidamente. Alec es clérigo del tribunal y Stephan es Sir Carmichael hijo.

Por otro lado, como ya sabe, usted podría encontrarse con algunas eventualidades, estaremos en contacto y destruya esta carta en cuanto la haya recibido.

Sir Clawdel.

Alfred cerró el sobre y junto con la carta lo acercó a un quinqué abierto, observando como se quemaba, lo lanzó en una cubeta de latón y se recostó un poco, a pensar que todo ello era complicado y que Pierre pensaba que algo tramaban.

Mientras que en el tribunal de Lyon

- ¡Dios del cielo! Candice...pero...¿Qué quiere decir esto Sir Campbell? – cuestionó Sir Borthwick alzando la voz.

- ¡Es Candice, su hija! – respondió él con toda la tranquilidad.

- ¡No... Sí...! ¡Pero ella ha muerto... hace años! – volvió a subir la voz.

- Recién nacida no, de eso estamos seguros o no ¿Sir Borthwick? – la preguntó sarcástica su esposa, que lo miraba estupefacta por la confesión tan abrupta que había recibido.

- ¡Mujer, no me mires así! El médico me dijo que había muerto cuando sucedió el parto, así que pensé que era cierto. Te la di y la estrechaste por un largo rato, después te seguí hasta el cementerio familiar y cuando la dejaste en la fosa improvisada, le echamos la tierra sobre su cuerpecito. Al pasar unas horas, tú ya te habías ido, entonces escuché un llanto interrumpido, así que con las manos y ansioso comencé a abrirla, encontrando el cuerpo de Candice moviéndose, fue increíble, ¡estaba viva! Había comido tierra y apenas oxigenaba, al verla tan grave la encargué con el médico cuando salía de la mansión y preferí que te quedaras con la idea de que había fallecido, así que en ese momento me fui a Londres donde radicaba el médico de la familia. Días después me avisó que un especialista que vivía en Chicago podría ayudarme y obviamente me fui allá con la promesa de que Candice estaría mejor.

Pero cuál fue mi sorpresa, que cuando llegué, el médico de nombre Bhaltair lo habían asesinado en el tren que iba hacia Chicago...y Candice ya no estaba en el tren, la habían robado y desapareció, me quedé un tiempo por allá, pero nada, después de muchos años, alguien que no conocía me mandaba fotos de algún lugar de Illinois donde Candice parecía feliz aunque no supiera con quién vivía, todo eso sucedió hasta los 10 años, cuando se me comunicó que había fallecido.

- ¡Noooo... Noooo puede ser! ¡No puede estar muerta, ella es! ¡Ella debe ser! ¡Dime que es ella! – pidió lastimeramente la dama presente, desecha y llorosa, se dejó caer a los pies de su esposo, que apenas podría con la culpa y no le miraba a los ojos.

- ¡No lo sé Beagen, no lo sé! Ella es... ¿la chica Andley? – se atrevió a cuestionar.

- ¡Sí, ella es Candice White Andley! – aseguró Sir Campbell.

- ¡Pero entonces no está muerta, podemos recuperarla! – exclamó Sir Borthwick.

- No es tan fácil Sir Borthwick, primero porque pronto será la esposa de Sir Andley y segundo porque tendríamos que comprobar que es su hija – le advirtió, mirando como se desmoronaba.

- ¡El parecido con Beagen es increíble, nos creerán! – aseguró Sir Borthwick.

- Lo sabemos, pero la señorita Candice es...especial y no creo que se parezca a nadie de su familia – ahora Sir Campbell también lo aseguró.

- ¿Cómo especial? – quiso saber su esposa.

- ¡Temeraria, aventurera! – Sir Campbell estaba sumamente divertido ante los rostros desencajados de Lady y Sir Borthwick .

- Beagen no es así, es más ni siquiera ha hecho algo sin mí, ¿verdad? – Sir Borthwick quiso saber,.

- No, nada. Mis padres me criaron a la antigüita – aseguró ella.

- Pues aquí hay algo que se sale de nuestro conocimiento. Si ella no es Candice sólo ha sido una coincidencia – resolvió Sir Campbell como si nada.

- ¿Cuándo podemos verla? – preguntó ella, ansiosa.

- No podemos, Sir Andley y su hija están en África en estos momentos – comenzó a explicarles.

- ¡Pues iremos ahí! – exclamó Sir Borthwick, pensando y caminando hacia la puerta.

- Lo dudo, tardaríamos un mes en llegar hasta allá, pero lo más importante es el duque Lemarque, Sir Andley está en lo correcto, ¡déjenlo que se case con Candice en lo que todos nos movemos a África! – expresó Sir Borthwick.

- ¿Estás hablando en serio? – cuestionó lady Borthwick incrédula.

- Por supuesto, su plan lo cubre todo, ¿saben lo que pasará si se enteran de que además de ser una Andley por matrimonio, es una Borthwick por nacimiento? Será una tremenda noticia para Lemarque, preferimos que piense que no es más que la hija de Sir Andley por adopción, me entienden, por el momento ser una Borthwick es una pesadilla para todos – les soltó.

- Entiendo, pero por supuesto que iremos a África – le informó Sir Borthwick tajante.

- No, no lo harán. Lady Borthwick el parecido entre tú y ella es increíble, ¿crees que no se darán cuenta? – cuestionó Sir Campbell.

- Es cierto Beagen, tú y ella son como dos gotas, será mejor que esto lo arreglemos más adelante – sugirió su marido,

- ¡Pero estará casada! – regañó lady Beagen.

- Les aseguro que está segura – afirmó Sir Campbell.

- ¿Por qué lo dices? – quiso saberlo.

- ¡William la ama! – exclamó sonriendo.

- Pero... – intentaron interrumpir.

- Es su tutor, no su padre – les recordó.

- ¿Estás seguro? – Sir Borthwick pidió confirmación.

- ¡Segurísimo! – asintió y volvió a sonreír,

- Tengo mis dudas – comenzó Sir Borthwick.

- No importa que las tengas... Es lo mejor para tu hija, ¡sí es que lo es! – aseguró una vez más Sir Campbell, dando un golpe a su escritorio.

- Por supuesto que lo es... – respondió con seguridad Sir Borthwick.

- Entonces ya que estamos de acuerdo, les contaré el plan que se une al de William Andley, usted tampoco puede unirse a las reuniones en Londres, le ha quedado claro. Lemarque no puede saber del parecido entre lady Borthwick y Candice, por lo que le sugerimos que se vayan a su casa de campo, ésta vez William le ganará una partida al duque Lemarque, ya lo verán...

Continuará...