Pasión Africana
Capítulo XV B
Inicio del flash back
...White...escocesa...rescate...destrucción...
- ¿Qué quiere decir eso? – preguntó Stear.
- ¡Que Candy dio aviso a Escocia para que nos rescataran...! ¿destrucción? ¡Debemos comernos éste papel! No debe haber ningún comprobante de que sabemos que nos ¡rescatarán! – sonrió Archie.
- ¡Esto es...! – se alegró Annie.
- ¡Es una buena noticia, Candy no nos olvidó! – mencionó Patty muy emocionada.
- El teniente Wilham es entonces... - Stear iba a decirlo.
- Es escocés, por eso su mal alemán, pero no debe ser militar, sino un... – Archie se quedó pensativo.
- ¿Lord? – Annie sugirió.
- No, un Sir, un miembro del Tribunal de Lyon, chicos tienen que prometerme que nadie comentará nada de esto y menos ante un guardia – refirió y advirtió Archie.
- Sí – aseguraron los demás.
- ¡Pues que así sea! – respondió Archie, metiéndose el pedazo de papel en la boca y tragándoselo después. ¡Bendita seas Candy! ¿En dónde estarás? – susurró momentos después.
Caminó hacia la puerta de su celda, recargando la frente en los barrotes, suspiró de momento y luego se dio la vuelta para hacerlo alrededor de la celda, sabía que estar sentado no le serviría de mucho.
Fin del flash back
Mientras todos los involucrados en el plan de Albert se movían a la perfección sin que él lo supiera, los integrantes del tribunal de Lyon lo hacían de la misma manera, pero encubiertos, Alec y Stephan en África con Alfred, John y Abad; el teniente Wilham con los chicos, Sir Campbell con Sir y Lady Borthwick, reteniéndolos y sobretodo Sir Abhainn Carnegie, que en esos momentos se entrevistaba con el mayordomo de los Andley, Fred.
Fred se encontraba en la cocina, desayunando cuando el sonido de la puerta principal de la mansión se escuchó hasta allí por medio de un sistema de campanas, colocándose de pie y limpiándose la boca con la servilleta que hasta hace unos momentos se encontraba sobre su muslo y que después la colocó sobre la mesa, salió caminando de ahí, dirigiéndose hacia la entrada de la mansión.
Levantó la vista del suelo, se acomodó el corbatín, la levita, pasó sus manos sobre el cabello peinado hacia atrás y abrió la puerta.
- ¡Buenos días! – saludó Abhainn Carnegie tomándose el ala del sombrero en son de saludo..
- ¡Buenos días, señor...! – el mayordomo quiso saber antes de decirle completamente.
- Soy Lord Thomas Straight, policía real inglés, vengo a una reunión con George Johnson y el Duque Emmanuelle Lemarque – le informó a Fred.
- El Duque Lemarque aún no llega, pero pase, el Sr. Johnson lo está esperando en la biblioteca, pase por aquí – Fred le indicó que lo siguiera.
Minutos después y luego de haber tocado la puerta de la biblioteca, entró un ceremonioso Fred.
- Adelante – respondió George.
- Sr. Johnson, Lord Thomas Straight viene a verlo – le indicó cuándo el interpelado se encontraba alzando la cabeza.
- Claro Fred, dile que pase. ¡Buenos días Lord Straight, qué gusto verlo! Puedes retirarte Fred – le pidió al mayordomo quién apenas recibió la indicación salió rápidamente y cerró la puerta de la biblioteca, yendo a la cocina para terminar su desayuno.
- Dejemos la formalidad inglesa por el momento, no creo correcto que los demás se enteren de mi nombre, ¿está usted de acuerdo señor Johnson? – cuestionó Lord Straight.
- Por supuesto Sir Carnegie, Sir Campbell me comentó que mandaría a alguien, pero creo que usted es muy joven – criticó un poco preocupado.
- ¡E impetuoso! – agregó Abhainn, sonriéndole y levantado las cejas repetidamente. Pero tengo la suficiente preparación para éstos menesteres señor Johnson, créame usted. Mi padre Sir Carnegie, me ha aleccionado lo suficiente como para tomar su cargo desde hace un par de años en lo que él se dedica a actividades más entretenidas ahora, muy filantrópicas por cierto – explica Abhainn, receloso de esas actividades.
- Espero que su señor padre, se encuentre bien – le desea George.
- Mejor que usted y yo, eso se lo aseguro, él está cuidando de la señorita Andley desde que llegó a San Pedro con nuestro cobarde amigo el duque Lemarque – se aventuró a decir Abhainn.
- Veo que Albert les ha contado algo más que yo no sé, quizás podría decirme ¿qué es eso? – cuestionó George curioso.
- Pues sólo le puedo decir que dos de mis compañeros en el tribunal son los nuevos médico y clérigo del campamento Nuevo Amanecer en San Pedro, África – sonrío para sí al ver el rostro sonriente de Albert.
- ¡Quiere decir que siempre si se casarán! – exclamó el castaño contento.
- Si no encuentra una mejor salida sí, aunque hay otro problema, observe ésta foto – Abhainn le entregó una foto que sacó de su portafolio de cuero.
- ¡Qué linda es la señorita Andley, ¿verdad?! – exclamó George sin poder creerlo.
- Sin duda, observe el pie de la foto al reverso – solicitó Abhainn.
- ¡1898! ¡Oh por Dios! ¿Quién es ella? – cuestiona el castaño sin entenderlo.
- ¿George, éstas ocupado? – entra la señora Elroy sin tocar y se sorprende de ver ahí a otro señor...escocés, con un George muy pálido.
- Pase lady Andley, creo que debo informarla sobre esto a usted también, buenos días, mi nombre es Abhainn Carnegie, hijo de Sir Alfred Carnegie, mi padre es el encargado de asegurar la virtud e integridad de su sobrina nieta Candice White Andley – le informó después de besar el dorso de su mano. A sus pies, Lady Andley – terminó por decir.
- Gracias, ¿de qué debo enterarme? – cuestionó la matriarca.
- Supongo que conoce a ésta persona – Abhainn le proporciona otra foto a la dama Borthwick.
- ¡Es Candy, por supuesto que la conozco! – exclama la matriarca.
- La foto es del año 1898, puede mirarlo al pie de la misma – informa Abhainn a medias.
- Esto es una broma, ¿quién es? – pregunta la señora Andley.
- ¡Lady Beagen Borthwick, a la edad de dieciséis años! Ese fue su año de presentación, Lady Andley – concluyó Abhainn.
- ¡Qué está usted diciendo! Me quiere decir que Candy es hija natural de lady Beagen Borthwick, ¡es una bastarda! – gritó exasperada la matriarca.
- No, un momento, no he terminado de explicarlo, lady Andley no es hija legítima de Sir William Andley, pero si es hija legítima de Sir y Lady Borthwick, ella heredará 26 propiedades por parte de la Corona Inglesa por casarse con William Andley y 32 propiedades por parte de la Corona Escocesa por ser Sir Andley quien la despose – siguió con la información que tenía en su poder.
- ¡Cielo santo! No puede estarme pasando a mí, me está diciendo que Candy pertenece a otro clan y que además la Cámara de los Lyon sabe que no es hija legítima de nuestra familia, ¡que es...adoptada! – sugiere la dama.
- Por supuesto señora Elroy, sabemos cada cosa, circunstancia y detalle de la vida de Candice Andley por compromiso, pero cómo usted ha visto, el Tribunal no ha intercedido en las decisiones del Patriarca de la familia y ésta información muy pocos la tienen – asegura Abhainn, caminando hacia donde estaba George.
- Entonces ¿qué se ha decidido hacer? – pregunta la matrona.
- En primera dejaremos que Sir Andley realice su plan como lo tiene estructurado, en segunda, si se tiene que casar con Candy, le ha sido proporcionado un clérigo verdadero, los papeles son éstos, como verá usted todo está en regla. La licencia real de matrimonio inglesa y escocesa llegarán en unas semanas, pero fechada hace cuatro meses, por lo que cuando Lemarque quiera solicitar una para la boda con su hijo no pueda celebrarla, en cuanto a la verdadera identidad de lady Andley, no se dará a conocer hasta que Lemarque agote todas las posibilidades para obligar a Candy a que realice el matrimonio con su hijo..., es un riesgo que alguien se entere del parentesco con Sir Borthwick, ésta es una larga historia, pero no es bueno que se las cuente en estos momentos, porque cuando me enteré, ese día Sir Campbell se entrevistaría recién con Lady y Sir Borthwick, así que realmente poco sé de eso – terminó de argumentar Abhainn.
Toc, toc
- Señor Johnson, Lady Elroy, ha llegado el duque Lemarque, adelante Duque – Fred le dio el pase y se despidió con un asentamiento a todos los presentes.
- ¡Buenos días! Lady Andley, Sr. Johnson, perdonen mi retraso, no suelo llegar tarde a mis compromisos, pero no he sabido nada de mi hijo en estos días, así que me pasé por la oficina de telégrafos, esperando encontrarme con noticias de él y nada – informa Lemarque entusiasmado sin percatarse de la presencia de Lord Straight.
- No se preocupe duque Lemarque, le presento a Lord Straigth, Lord él es el Duque Lemarque – la matriarca hace las presentaciones.
- Lord Straight, no se me hace conocido, realmente no lo he visto en ningún lado, dígame de ¿dónde es usted? – cuestiona Lemarque curioso.
- Pertenezco a los Lores por parte de la corona, mi padre ha fallecido cuando era muy joven, me ha dejado un puesto privilegiado en la Cámara de Lores, pero al ser un Duque Real, estoy trabajando más en negociaciones para buscar la libertad de los chicos Cornwell, Brighter y O'Brien aquí en Inglaterra – explica lord Straight.
- ¡Duque real! ¡También soy uno real, Lord Straight! Bueno, pues es hora de irnos, la junta con el Teniente Wilham comienza en una hora, deben saber que es el nuevo encargado de la prisión y de los chicos Andley – refiere Lemarque, entre enojado por el comentario de Lord Straight y por el cambio del encargado de la prisión.
- Usted disculpe, no quise ofenderlo, sólo traté de ampliar la respuesta, pues vámonos, no debemos de llegar tarde – alegó él pensando que si Lemarque no lo había reconocido eso ya era de gane.
- Lord Straight, creo que debe de ir usted con la dama y yo iré con el Sr. Johnson – sugirió Lemarque ventajoso.
- Aún no le informó nada de los avances, creo que lo mejor sería que fuera usted con madame Elroy y yo acompañaré a Lord Straight – intervino George demasiado oportuno.
- Por supuesto, adelante madame – Lemarque se sintió cohibido y ofreció el paso a la señora Elroy.
- Gracias, George te veremos en la prisión – respondió la señora Elroy.
- Si madame Elroy, allá los alcanzamos – respondió el castaño inquieto, observándolos como salían de la biblioteca. ¿Qué debemos esperar del Duque Lemarque? – cuestionó George a Sir Carnegie.
- Del Duque siempre espere lo peor, ésta misión se está complicando demasiado, tenemos a muchos agentes interviniendo entre ustedes y los Lemarque y ahora con los Borthwick en éste asunto será peor, si usted no me rescata hace unos momentos todo se habría echado a perder – susurra Sir Carnegie.
- ¿Qué es lo que quiere el duque? – pregunta George.
- ¿Quiere saber la verdad? – cuestiona intrigado Sir Carnegie.
- Por supuesto, la verdad ante cualquier promesa de que no pasará nada, es mejor saberlo, se lo aseguro – dice George, ansioso.
- Una posición en la realeza, unir las dos herencias y quedarse con ambas fortunas – informa Sir Carnegie caminando hacia el auto.
- ¡Me está diciendo que todo esto es por dinero! – exclamó George molesto.
- La familia del Duque Lemarque se ha visto a través de la historia envuelta en malos manejos de las herencias, según la información que tengo, Emmanuelle está a punto de quedarse en bancarrota, solo quiere casar a Pierre con el único propósito de que él herede la fortuna del fideicomiso que el padre de su esposa heredó a su hijo, es una cuantiosa fortuna, pero hay una situación que aprovecharemos, el que Lady Candice sea adoptiva y que él no lo sepa aún, será benéfico para ésta misión – aseguró Sir Carnegie.
- ¿Alguien más sabe esto? – cuestionó George, entendiendo en parte lo que Campbell le había dicho por teléfono.
- Sólo Campbell, usted y yo, quizás también un poco los Borthwick, pero ellos están custodiados en el campo – informa Sir Carnegie cuando se sube al auto.
- Sólo hay algo que no entiendo, ¿por qué Lemarque retuvo a La señorita Candy y no a otra heredera?
- Eso me lo pregunta a mi, usted la conoce más, ¿por qué Lemarque la quiere para su hijo?
- Porque la señorita Candice es todo menos una dama, siempre se ha resistido a todo lo que tenga que ver con los modales, las escuelas y lo que debe ser una señorita de sociedad...es justamente lo contrario, rompe las reglas de la sociedad, corre, grita, trepa, convive con los empleados, es atrevida, se arriesga, bueno que podría yo decirle... adora la naturaleza– refiere George, sonriendo ante eso último.
- ¡Sólo es feliz y...!– se interrumpió Sir Carnegie.
- ¡Libre...! – terminó diciendo George, mientras se dirigían hacia la cárcel alemana, a una hora de viaje rumbo a Hertfordshire.
- ¡Una rara combinación para el Clan Andley! – sonrió Sir Carnegie.
- ¡Más extraña es para los Borthwick, son muy conservadores! – soltó George maravillado.
- Ni que lo diga – en éste momento fue que ambos hombres soltaron una carcajada, enrojeciendo por lo divertido de la situación.
Después de unos minutos, en los que hubo cambiado su humor y ya más tranquilos, Sir Carnegie y George expresaron al mismo tiempo.
- ¡Su alegría y su sonrisa son inigualables! – ambos hombres sonrieron por lo dicho y se conservaron en silencio el resto del camino.
George recordó los momentos en los que él compartió desde la distancia las travesuras de Candy y cómo había sido desde que fue adoptada por los Leagan; mientras que Carnegie seguía pasando en su memoria el informe que Sir Campbell le había dado, parecía que desde los diez años hacia atrás Lady Andley había sido un verdadero dolor de cabeza para las cuidadoras del orfanato, siempre responsable por la manutención de los niños y sobretodo de la humilde situación del Hogar de Ponny. Quizás había sido todo ello lo que la ayudó a soportar los maltratos ejercidos por la familia Leagan.
Recordó también que cuando llegó a sus manos la información de que Lady Andley había sobrevivido al viaje a México, se quedó bastante interesado y desde que había llegado a Londres para asistir al colegio San Pablo, se apostó al lado de éste para estar más informado sobre las actividades de Lady Andley. Muy en el fondo, él quería saber cuál era el componente que hacía que todos los chicos Andley siempre la siguieran, así como sucedía con los chicos del Hogar de Ponny, donde curiosamente la llamaban "jefe".
Continuará...
