Capítulo XVI
Obviamente que la Señora Elroy y Lemarque fueron los primeros en llegar a la cárcel alemana, decidiendo esperar por Lord Straight y George, que tan sólo tardarían unos minutos en hacerlo. Cuando se estacionaron, George sugirió ir primero hacia la gran puerta de madera que era la entrada al castillo, enseguida Lord Straight se adelantó con él. Mirando la forma de moverse, lo imitó, finalmente él era escocés y George, inglés. Cuando llegaron a esa gran puerta los soldados alemanes que se encontraban a los lados de ésta, les obstaculizaron el paso.
¡Buenos días! - saludó un soldado desde el interior de la prisión.
¡Buenos días! Nos gustaría hablar con el teniente Wilhalm, por favor - solicita George muy serio como es costumbre inglesa.
Espere un momento - respondió el soldado que le abrió la puertecita que se encontraba a un lado de la entrada del castillo.
Minutos más tarde, el soldado vuelve a presentarse ante ellos.
El teninente Wilhalm lo espera señor, si me sigue - pidió el soldado con el fusil en el brazo. Espere ¿ellos también entrarán? - cuestiona cuando cuenta las sombras que desfilan por los pasillos.
¡Por supuesto que sí! Han venido anteriormente a éstas entrevistas, señor - refiere George.
¡Qué remedio! ¡Síganme todos! - suspira el soldado, siguiendo el camino hacia la oficina del Teniente Wilhalm.
Por supuesto, adelante - dio el paso, siguiendo al soldado, un tanto serio, pero nervioso George.
Toc, toc
Adelante soldado - el teniente Wilhalm da el acceso y sonríe ligeramente cuando reconoce a Lord Straight.
Señor, ellos son los Andrew, Lord Straight y el Duque Lemarque, vienen a las entrevistas que llevaban con el anterior teniente, recuerda que el General le había comentado de ello - le informa el cabo al teniente Wilhalm.
Sí, gracias soldado, puede retirarse - le dio permiso.
Enseguida teniente, permiso - se disculpó y salió.
¿Quieren tomar asiento? - ofreció el Teniente Wilhalm.
Gracias, espero que no retrasemos las entrevistas esperando que usted se entere de todo, muy respetuosamente - Lord Straight quiso saberlo.
Por supuesto - respondió Lord Straight.
¿Qué pasará con los chicos Andley, Brighter y Cornwell entonces? - cuestionó la matriarca un tanto conmocionada por el cálido recibimiento del teniente Wilhalm.
Sí de eso, en la última entrevista ustedes nos aseguraban que eran delincuentes alemanes y hoy Lord Straight nos trae varios papeles donde se demuestra que el joven Terry Grandchester era el único inglés y que los demás son hijos de familias prominentes de Chicago - refiere George, extendiéndole el sobre que le pasó Lord Straight en esos momentos.
Según los datos que me entregaron dice que el joven Grandchester ¡salió de aquí! - leyó el teniente.
¡Escapó! Querrá decir - sonrió Lemarque, haciendo que todos lo miraran y reprobándolo al mismo tiempo, sin decir que él había ayudado al Duque de Grandchester en ello.
No salió ni escapó, su padre logró corromper a su teniente, pero no por ello tienen que pagar los demás ¿o sí? - preguntó George, enfadado aún por lo que intentó decir Lemarque, como si no supiera que él tuvo que ver en el escape de Terry.
Eso es un punto que debo consultar, pero hay algo importante, ellos, los demás, ¿quiénes son? ¿Por qué todos visten de blanco? - preguntó cuando veía las fotografías que había sacado del sobre entregado del Real Colegio San Pablo y sus estudiantes.
Porque es el uniforme del Colegio San Pablo en Londres. Todos ahí visten de la misma manera, observe - George le muestra una foto con los chicos, ahí se encontraban todos, Terry, Candy, Annie, Stear, Patty y desgraciadamente, Niel y Elisa.
Estas son fotos del Real Colegio San Pablo y sus alumnos, se encuentra a unas horas del puerto de Southampton, donde en realidad no deberían de estar ya que se demoran unos cuantos días en llegar hasta Edimburgo en carruaje, pero quizás las monjas querían ahorrarse esos días, por eso se encontraban allí, sólo ha sido una confusión - aclara Lord Straight.
¿Quién es ella? - pregunta el teniente Wilhalm.
¡Ella es Lady Andley! - refirió George.
¿Inglesa o Americana? - cuestionó el militar.
¡Escocesa! - soltó la matrona.
¿Por qué están todos aquí? ¡Menos ella! - exclamó el militar, confundido.
Lady Andley está actualmente en África, por alguna razón no estaba con los chicos en ese momento - explicó Lord Straight.
¡Es muy linda y alegre! - refiere el militar, dibujando con el dedo índice la figura de Lady Candy.
Lo sabemos - sonrieron y exclamaron George y Lord Straight, lo que hizo enfadar al Duque Lemarque.
Bueno entonces ¿qué es lo que quieren ahora? - quiso saber el hombre, separando los ojos de la fotografía.
Que deje ir a los chicos, ésta es una investigación realizada por el gobierno de Escocia y la policía; los chicos Andley, Cornwell y las señoritas Brighter y O'Brien no son delincuentes alemanas - explica Lord Straight tomando otro sobre de cuero de su maleta y extendiéndoselo amablemente.
Gracias, pero esto saben que no lo resuelvo sólo, le puedo decir que tendrán que esperar, recibiré noticias de mi general, ¿entienden? - les preguntó a todos.
Sí por supuesto, sólo queríamos saber si podemos ver a los chicos - cuestionó Lord Straight cuidadosamente.
Esperen, preguntaré sobre ello - refirió él.
Gracias - dijo George.
¡Al parecer el que el teniente Wilhalm no esté tan involucrado en esto, ha servido de algo! - expresa la matrona.
Esperemos... - comentó Lemarque sardónico, esperara que sí porque al haber cumplido con su parte del contrato lograría lo que tanto esperaba.
Sólo podrá hacerlo usted madame - informó Wilhalm al entrar nuevamente a la oficina principal.
¿No estará hablando en serio? - cuestionó Lord Straight, preocupado.
Por supuesto, la señora Andley es una dama, ¡no podemos dejarla sola en un prisión! - comentó George alarmado.
Bueno...puede pasar con usted Lord Straight, apuesto que sabrá comportarse, ¿verdad? - preguntó al caballero presente.
Por supuesto, le seguimos - respondió el caballero en cuestión.
¡Espérenos aquí George, Duque...! - ordenó Lord Straight, demasiado sonriente.
¡Por supuesto! - mientras George sonreía por la expresión el Duque Lemarque fruncía el ceño por la misma.
¡Síganme! Los prisioneros han estado bien, sólo los notarán un poco sucios, por lo demás los hemos tenido en excelentes condiciones - explicó Wilhalm.
Gracias por esa información - respondió la matrona, dudosa de ello.
Sir... tenemos que guardar las apariencias - informó Sir Cathann. ¡Si alguien descubre quién soy, estaremos en problemas! - aseguró Sir Cathann en perfecto escocés.
Lo sé Sir Cathann, ¿cómo están los chicos? - preguntó luego de responder, un tanto preocupado.
No muy bien, apenas y tienen qué comer, espero que advierta a madame Andley que lo que verá no es agradable - sugirió el teniente Wilhalm.
Está bien, no se preocupe - acepta Lord Straight. Madame Andley, lo que verá ahora no será muy agradable, espero que lo tome en cuenta, las condiciones de los chicos son deplorables, así que espero que no parezca contrariada con ello - solicitó Lord Straight.
Estoy preparada para lo que sea, procuraré guardar la compostura - prometió ella.
De acuerdo, teniente Wilhalm, adelante - pidió Lord Straight.
Para lo que ambos veían no estaban preparados y mucho menos lo estaba Sir Carnegie; para Sir Cathann fue peor que la primera vez. Los chicos se levantaron rápidamente, queriendo ver quiénes eran los que llegaban. Patty y Annie se refugiaron detrás de Archie y Stear mientras observaban cómo abrían la puerta de su celda. La señora Elroy se encontraba en shock con lo que en esos momentos observaba, no podía creerlo, las condiciones de los chicos eran insalubres, los uniformes de las chicas sucios eran poco, los rastros de sus periodos se veían entre toda esa mugre que tenían en la ropa, lucían desmejoradas, llorosas, temerosas y sobretodo delgadas. Sus ojos pasaron a sus sobrinos, de igual forma, sólo que ellos lucían tan enfermos y delgados que sin duda, removieron algo en su corazón, no podía soportar lo que ella sentía. pero haciendo acopio de alguna fuerza que ella sabía que no existía y como se lo hubo prometido a Lord Straight, sacó fuerza del más allá y recobró la compostura, como siempre lo hacía.
Cuando se abrió camino hasta ellos, la matrona corrió hacia todos, pero las primeras en lanzarse hacia ella, fueron Annie y Patty, después de dos meses en esas condiciones, al final veían a alguien conocido, se sintieron tan dichosas que no se dieron cuenta que quizás la matrona estuviese aclamando que se alejaran por su aspecto y los aromas que despedían sus cuerpos; por ello decidieron apartarse, pero las manos de la matrona no las dejaron, las tenía como pegadas a sus espaldas y fue ahí, en ese momento, en el cual ella quería saber si podía apoyarlas y a su vez, se dejaron abrazar por la bien oliente matrona, que al parecer no le causaba ningún repudio por su apariencia y fue ahí que las tres comenzaron a llorar. Las tres derrumbaron su fortaleza y se confesaron sus dolores, ese simple abrazo y esas copiosas lágrimas derribaron las buenas costumbres y lo que la sociedad pensara, como una vez lo había dicho Candy; los sentimientos encontrados afloraban con la sensación de no poder acompañarlas y a ellas les agradaba tener a alguien de la familia luchando por ellas. porque sin duda Candy, desde donde estaba las había ayudado, sin saber en realidad el alto precio que debió pagar con tal de verlas felices, recuperadas, con sus familias y libres, aunque ella debiera pertenecer a la familia Lemarque.
Los chicos por su parte no pudieron moverse de dónde estaban, miraban con un dejo de tristeza esa unión, su tía abuela que odiaba ensuciarse y que además pensaba que no era de su condición social abrazar a las personas, quisieron saber si lo hacía de corazón, eso sí, los sentimientos fueron bien recibidos cuando la señora Elroy no las apartó, si no al contrario, las atrajo más. Archie no pudo evitar acongojarse, mientras Stear no se reprimió más, llegó la hora de saber algo más sobre Candy, todos parecían muy contentos de verlos, de saber que Terry no estaba más con ellos, pero y Candy, por qué no estaba ahí, algo tenía que estarla reteniendo en Londres.
¡Annie! ¡Patty! - susurró tragándose las lágrimas que amenazaban por salir.
¡Señora Elroy, señora Elroy! - gritaron ambas chiquillas.
¿Cómo han estado? - preguntó la matrona, queriendo saber.
Bien, dentro de lo que cabe señora Elroy, ¿sabe usted algo de Candy? - preguntó Annie, esperanzada. la señora Elroy, se limitó a sonreír ya que la pregunta de Annie la soprendió de sobremanera.
Sí, ella nos avisó y desde entonces tenemos entrevistas con la milicia alemana para que los liberen - informó Lord Straight, adelantándose a informarles.
¿Dónde está Candy? - preguntó Archie, saliendo de la oscuridad.
¡En África! - respondió Lord Straight, esperando una reacción diferente a la emitida.
¿África? ¿Qué hace allá? - cuestionó ahora Stear, sin entender del todo lo que su tía abuela y Lord Straight le contaba.
La secuestraron... - respondió la señora Elroy.
¿Qué ha dicho? ¿Cómo que ha sido secuestrada? - exigió saber más de uno.
Bajen la voz, es una historia larga de contar, hay muchos miembros del Tribunal de Lyon en un plan en contra de quienes la secuestraron...sólo deben saber que ella está bien - contó Lord Straight en susurros.
¡Chicos! ¡Archie... Stear! - la señora Elroy los abrazó.
¡Tía abuela, va a ensuciarse! - respingó Archie.
¡Qué importa! ¡Me alegra verlos, pronto los sacaremos! - aseguró la tía abuela.
¡Tía abuela! ¡Te extrañamos! - volvieron a abrazarla.
¡Yo también! Sus padres... - se interrumpió la matriarca cuando los cuatro pares de ojos prestaban atención.
¿Mis padres? - preguntó Annie.
¡Los de todos, están aquí en Londres! ¡Candy mandó a llamarlos! ¡Quiso que sus padres se ocuparan de ustedes! ¡Como les corresponde! - explicó ella animada, ahora es que entendía la razón por la cual la rubia insistió en que los llamaran, aunque la idea provenía de Lemarque indirectamente.
¿Mis padres? - cuestionó Stear.
Sí, los Brigther, los Cornwell y por supuesto tus padres Patty, sí, todos están aquí, preocupados, tristes, parece que sufren de igual manera que ustedes - contó la señora Elroy.
¡No lo puedo creer, la abuela Martha aquí! - exclamó Patty llorando aún más.
¡Sí, también tu abuela, Patty! - afirmó la anciana.
Y ¿quién está con Candy? ¿Terry? - preguntó sardónico Archie, ganándose una reprobación por parte de todos.
No, el joven Grandchester está enclaustrado en el Castillo Grandchester - refirió Straight.
¿De verdad? - preguntó Stear.
Sí, el Duque, eso también es largo de contar - sonrió el caballero presente.
Entonces ¿qué pasa con Candy? - atinó a cuestionar Archie, al ver que nada sería contado.
La estamos protegiendo, sólo debemos contarles que Candy también estuvo enferma, que los extraña mucho, que se siente culpable por no ayudarles tan rápido como hubiera querido y... - la señora Elroy se interrumpió, volviéndose hacia Straight, como para que la ayudase a continuar.
Chicos, les pedimos que no confíen en nadie y sobretodo en nadie con el apellido Lemarque - solicitó Straight.
¿Por qué? - cuestionó Stear.
Porque el duque Lemarque quiere obligar a Candy a casarse con su hijo el Conde, dado que Candy firmó un contrato para que accediera a interceder por ustedes y sacarlos de prisión - resolvió informarles, de cualquier manera se iban a enterar.
¡Qué Candy ha hecho ¿qué cosa?! ¿Es estúpida o qué? - cuestionó el de cabello castaño claro.
¡Candy, no! ¡Seremos fuertes, lo seremos se los juro! ¡Candy, debe convencerla de que desista! - decía Annie aterrada, ya que cada que exclamaba algo, Annie iba hasta Lord Straight, que se limitaba a observarla, llorosa y con miedo.
¡Archie! ¡Compórtate! - pidió la matrona.
Lo siento tía Elroy, pero no entiendo ¿por qué lo hizo? - Archie estaba confundido.
Sencillo, ella no los tiene, no tiene quien la defienda como a nosotros - reflexionó Patty, quién soltaba lágrimas de tristeza. Ella siempre lo decía con otras palabras, pero es verdad, Candy se va a sacrificar por nosotros, otra vez. Annie a ti siempre te ayudó, recuérdalo; a mí también me ayudó con July y mi abuela; Stear, recuerda, te ayudó con tus inventos; Archie, ella se apartó de ti, para que tú pudieras estar al lado de Annie, porque Annie se lo pidió. ¿Qué hemos hecho nosotros? ¡Nada, sólo esperar aquí madurando torpemente, sufriendo por los lujos que no tenemos, por la sociedad que no nos ha ayudado y ella, lejos, una huérfana que sólo cuenta con un gran corazón en otro continente preocupándose por nosotros, sacrificándose por nosotros y casándose con un desalmado que se aprovechó de ello! - respondió con coraje Patty. Dele las gracias por ese gran sacrificio, pero ¡no lo queremos! ¡Queremos que ella esté a salvo para variar! - se derrumbó violentamente, presa del llanto.
¡Tontos! - respondió Stear enfadado.
¿Lo son? - comentó Lord Straight.
¡Canalla! ¡Cómo se atreve! - Stear intentó golpearlo por ello.
¡Stear! - gritaron todos, sin poder creerlo.
¡Pero no se casará, porque ella si tiene quien la defienda chicos! - informó Lord Straight. ¡Eso es lo que tratamos de impedir! ¡Protegeremos a los miembros del Clan más poderoso de Escocia! ¡Lady Andley, sí tiene padres! ¡Impediremos entre todos que el Duque Lemarque se salga con la suya! ¡Se los juro! - exclamó Lord Straight.
Tienen cinco minutos - avisó un soldado, caminando hacia ellos y volviendo a su lugar.
Vengan muchachos, vamos, sean fuertes que yo también lo seré - prometió la matrona, volviéndolos a abrazar.
¡Tía abuela, salúdame a mis padres! - pidió Archie.
¡A mí también, díganles que los amamos! - exclamaron todos al mismo tiempo.
Sí mis niños, recuerden que nadie debe de saber nada - volvió a la súplica expuesta anteriormente.
De acuerdo, tía abuela - prometieron todos.
Los veremos después mis niños, me despido por ahora, hasta pronto - antes de partir dio un beso a cada uno.
Sí tía abuela, hasta pronto - y cada uno respondió de igual manera.
Hasta pronto, sean optimistas - pidió Lord Straight.
¡Oh por Dios! ¡No puede pasar esto! ¿Las vio? ¿Los vio? ¡Todo esto no debió de haber sucedido! - gritó la matrona cuando estaban ya cerca de la oficina del teniente Wilhalm. ¡Pobres de mis niños! Candy, ahora sé qué se siente, me siento huérfana, me siento desalentada, me siento... ¡Dios santo, ¿qué hice?! ¿Qué he hecho? Los Leagan la hicieron desgraciada! ¡Yo la hice desgraciada y ahora ellos la hacen desgraciada! ¿Cuánto más esperamos arruinarle la vida? ¡Candy es tan tonta que aún tiene fe en nosotros! ¡Cree estúpidamente que aún tiene que demostrarnos que la queremos y nos preocupamos por ella! ¿Por qué no lo entendí antes? ¿Por qué fui tan ciega? Candy sólo nos creía superficiales, igual que mi sociedad y ella tan preocupada en darnos amor, ese que sólo ha recibido de las monjas y de los niños como ella... ¡Nosotros somos los huérfanos de corazón, no ella! ¡No ella! ¡No mi Candy! ¡No mi pequeña! ¡Mi pequeña niña que se ha comportado mejor que nadie! ¡Que ha tenido la fortaleza para ocupar un destino incierto! ¿Qué he hecho? ¿Qué la obligué a hacer? - la señora Elroy rompió a llorar, tomando el brazo que Lord Straight le ofrecía para que llorara libremente, dejando que las lágrimas cayeran para liberar esa opresión que sentía en el pecho llevándose la mano a la boca - dónde tenía el pañuelo que Lord Straight le había dado minutos antes- para no hacer ruido.
Ahora era a ella la que le tocaba callar su pena, ahora era ella la que debía ser fuerte para sus sobrinos, ahora era ella la que debía defender con uñas y dientes a Candy, aún en contra de ella misma. La distinguida señora Elroy comprendía que lejos de gustarle el pensamiento de Candy, debía de pagar con algo más la vida de aquella chiquilla que tenía sólo el cúmulo de tristezas a su alrededor, el sólo haberla adoptado no era suficiente y eso se lo demostró la familia Brigther, que se limitaron a hablar de Annie como si nunca hubiera sido huérfana, entonces ¿por qué ella si lo hacía? Lo hacía porque Elisa y Niel lo decían y se suponía que la matrona de la familia era la adulta, no el títere de una niña mimada como lo era su sobrina nieta Elisa Leagan.
Se prometió a sí misma, preguntarle a su corazón y no a su razón ¿cómo le haría para agradecerle por salvar a sus sobrinos? Una parte ya lo había hecho, estuviese bien o mal, el haberles avisado era una gran parte avanzada, pero cuando se enteró por un compungido George que había firmado un contrato para negociar la liberación de los chicos a cambio de casarse con el Conde Lemarque, la sorprendió, después de que erróneamente le dedicó un "muy bien, todo sea por la buena reputación de la familia y que además es lo que se esperaba de ella" para pasar de esa alegría a una tristeza profunda, al saber que se había sacrificado cuando recuperó un telegrama enviado a George, donde le contaba que tenía insomnio porque su corazón estaba roto al no tener noticias de sus amigas y primos que se vio forzada a firmar un documento en el cual ella se comprometía con el Conde Lemarque y que un mes después se enteró de que sólo el Duque quería escalar puestos en el Tribunal de Lyon y que además de eso, deseaba la herencia de Candy. Esta fue una noticia que la hizo cambiar de parecer, por lo que en ese momento en el que descansaba en el abrazo de Lord Straight encontró dos cosas que le daría a Candy o quizás tres, no criticarla, apoyarla y la libertad de decidir su vida.
¡Madame Andley, cálmese! Ande límpiese los ojos, ¡no deben de ver que sufre! Le agradecemos - agradeció al soldado que les abrió la puerta de la oficina. Ya estamos aquí, ¿podemos irnos? George ayude a Madame Elroy - Lord Straight se aseguró de que fuera George quién se llevaba a la dama y no Lemarque ya que si le veía el rostro intuiría algo y lo peor de todo, sería que le preguntara ¡por qué?
Claro, vamos señora Elroy - George la tomó de la mano y antebrazo para conducirla fuera de ahí.
Teniente Wilhalm ¿cómo sabremos lo que han decidido? ¿Cuándo? - preguntó Lord Straight.
Envíen un mensajero en unos días, digamos cuatro, espero tener noticias para ustedes - refiere el teniente.
Gracias - le ofreció la mano al igual que una sonrisa.
Vamos señora Elroy, la ayudo. ¡Parece desmejorada! - susurró George.
¡Sí vamos George, sácame de aquí pronto! - le respondió y pidió encarecidamente.
Cuando salieron, Lord Straight y el Conde Lemarque caminaban juntos mientras la señora Elroy y George entraban al carruaje de los Andley, corriendo por así decirlo. Mientras los primeros se alejaban, Elroy no lo soportó más y descargó algo más que su ira y su llanto delante del fiel George, que no atinaba a hacer algo.
¿Sucede algo, señora Elroy? - preguntó el moreno preocupado.
¡No...sí...! ¡Oh mi Dios! ¡Es tan triste! ¡Están tan delgados y enfermos! ¡Sus padres, no los reconocerán para nada! - espetó Elroy, confundida.
¡Tan mal! - George se sorprendió.
Sí, bueno, hay cosas que las mujeres escondemos por pudor, pero la naturaleza no se detiene porque estés en prisión, me imagino cuán vergonzoso ha sido para ellas - Elroy se limpió las lágrimas con el pañuelo que George le dio.
¡Ah eso, lo entiendo! - George lejos de reírse, se ruborizó; jamás en su vida pensó que la señora Elroy hablara de asuntos femeninos frente a él.
¡George, fue impactante! - volvió a decir la matrona.
¡Lo sé, señora Elroy, puedo imaginármelo! - el fiel sirviente asintió.
Me preocupa - soltó de pronto.
¿Qué cosa? - cuestionó el castaño.
¡La reacción de sus padres, George! Si apenas pude soportarlo, es tan triste, me pregunto si Candy estuviera ahí, ¿sería igual? Mis pobres sobrinos, maduraron de golpe, aunque los sentí aterrados - respondió lo más rápido posible.
¡No lo sabremos, nunca! ¡Sólo esperemos que todo mejore! - agradeció George para no perder la alegría que llevaba en el corazón desde que la rubia escribiera en el telegrama "...Querido George..." lo cual lo hizo sentirse más que un fiel sirviente, quizás fue como el padre que Candy no tuvo.
Mientras en otro lugar...
¡Arthur! ¿Me tienes noticias? - cuestiona Terry al mayordomo.
Sí joven Terrence, no muy buenas, el detective de su padre me ha contado todo en súper resumen, ¿preparado? - preguntó Arthur.
¿Qué sucede, Arthur...? - vuelve al interrogatorio.
A la señorita Candice Andley la secuestraron y se la llevaron a África, luego ella firmó un contrato con el Duque Lemarque para liberar a los chicos y a usted, a cambio de casarse con su hijo el Conde Pierre Lemarque, pero al parecer por algunos acuerdos de los que ya no se enteró, Lady Andley se casará en los próximos días con Sir William Andley, ¡es una fortuna! ¿No le parece? - preguntó el mayordomo fascinado.
¡Casarse, Candy casarse con un anciano, están dementes! - gritó Terrence. ¿Quién me sacó de la cárcel, Arthur? - preguntó Terrence curioso.
El Duque Emmanuelle Lemarque - decidió comentarlo.
¿Quién más? - instó el joven.
¡Su padre...el Duque de Grandchester!
Continuará...
