Capítulo XIX

Semanas más tarde...

Era otra mañana más en la Mansión de Londres, el invierno se encontraba cerca, las hojas de los árboles ya habían caído y el frío comenzaba a helar el ambiente. Eran ya tres meses en los que los chicos Andley, Brighter y O'Brien se encontraban en la cárcel alemana en esa misma ciudad.

La señora Brigther paseaba cerca del jardín interior de la mansión, envuelta en un fino y abrigador abrigo, pero en su corazón sentía esa fría brisa otoñal, también se colocó su manguito para calentarse las manos, pero el frío del ambiente no era nada comparado con las horas de angustia de que cada hora que la estuvo esperando, a ella, a su hija. Habían sido noches y días de preocupación, ahora era todo diferente, los chicos apenas habían llegado hacia una semana y se encontraban enclaustrados, durmiendo mucho, apenas y comían y se la pasaban llorando por la tristeza que sentían.

La más débil de ánimo era Annie, su vida había cambiado en tan sólo una noche y hacía tres meses que había perdido las esperanzas. Patty por otro lado, apenas y se levantaba por las mañanas y por su propio pie, lentamente, llegaba a la fuente del jardín, donde se quedaba la mayor parte del tiempo disfrutando de algunas horas del poco sol; su abuela Martha se limitaba a observarla ya que desde que había llegado no pronunciaba palabra, cada vez que Patty veía a su abuela soltaba lágrimas y se abrazaba a ella para después retraerse; poniéndose nerviosa y soltando a llorar con pánico.

Para Stear y Archie no era diferente, ellos tenían pesadillas y se veían tan atormentados que no querían ya dormir, por primera vez Jeanice cuidó de sus hijos, que parecían tan pequeños siendo ya unos adolescentes. George parecía tan optimista, de entre sus recuerdos traía a su mente y a sus oídos la risa cantarina de Candy, revoloteando por doquier, que daría por tenerla ahí con ellos, pero eso no podría ser, apenas tenía tres semanas desde que todo el plan de que William se casara con Candy estaba puesto en marcha, ese había sido el mensaje que Sir Carnegie padre le había mandado desde San Pedro justo hacía casi un mes.

Él estaba más preocupado por la recuperación mental de los chicos que por el estado anímico de sus padres; observaba pues por la ventana que daba al jardín, desde la biblioteca, la extrema delgadez de Patty, alguna vez le había comentado la señora Brighter que a Annie ya no le colocaba el corsé pues pensaba que eso en vez de ayudarla la lastimaría, recordaba cuando Candy en su depresión por la muerte de Anthony lloraba y que la señorita Annie fue quién la ayudó a salir en cierta forma de ese estado, entonces fue que una idea pasó por su mente.

George soñaba despierto cuando sintió que alguien lo jalaba del brazo.

George, ¿me escuchas? - lo llamó Dorothy.

Sí Dorothy, ¿qué pasa? - respondió suspirando.

Te llegó un telegrama, toma - la mucama se lo dio y se retiró de ahí.

Gracias Dorothy - respondió George, abriéndolo rápidamente.

Querido George...

Espero estés bien, quiero que seas el primero en saberlo.

Albert y yo nos casamos hace unas semanas y vamos de luna de miel a Escocia.

Es un secreto, espero que nos lo guardes.

¿Has sabido algo de los chicos?

Mantennos al tanto por favor.

Candy y Albert

¿Son buenas noticias, George? - cuestionó el señor Brighter curioso por la sonrisa que reflejaba el rostro del moreno.

De la señorita Candy de hecho señor Brighter, ¡Se ha casado! - expresó George, impresionado.

¡Lemarque al final, obtuvo lo que quería! - exclamó el señor Brighter con enojo.

Candy no se casó con Pierre, señor Brighter, eso es ¡lo más maravilloso de la noticia! - respondió George con entusiasmo.

Entonces ¿con quién? - preguntó confundido el señor Brgihter.

No puedo decírselo por el momento, pero le aseguro que es una persona de bien - respondió George dirigiéndose a la ventana.

Respeto tu secreto George, pero ¿no crees que Candy es muy joven para ciertos menesteres del matrimonio? - preguntó el señor Brighter entre preocupado y sonriente.

Supongo que algunos amores son así señor Brighter, Candy y su esposo llevan años disuadiéndose de que no se aman... - refirió George volteando a verle.

¡George, al fin una buena noticia! - felicitó el señor Brighter a George, apretándole los hombros en señal de triunfo.

¿Cómo está la señorita Annie? - quiso cambiar de tema.

No ha mejorado, algunas veces quisiera que la señora Candy estuviese con ellas, así su ánimo cambiaría - respondió como si nada fortaleciendo esa idea que George tenía.

¡Ha tenido una excelente idea, señor Brighter! - lo felicitó, ya que la señora Elroy no podía negarse si era uno de los padres a los que se les había ocurrido por ello salió aprisa de la biblioteca.

¿Cuál George? ¿Qué he dicho? - cuestionó el señor Brighter, ignorando que es lo que había dicho, siguiendo y deteniéndose enfrente de las escaleras.

¿Está el médico arriba? - le pregunta George al señor Brighter.

Sí, está con la señora Elroy - responde el padre de Annie.

¡Necesitamos hablar con él! - urgió el moreno subiendo de dos en dos las escaleras.

Pero George, dime ¿de qué? - preguntó el señor Brighter siguiéndole.

Dr. Smith - le habla guardando la compostura, al encontrarlo en compñía de la señora Elroy, quien recibía indicaciones sobre los cuidados de sus sobrinos y amigas de la familia.

Sí - respondió atento al moreno, que apenas recobraba el aliento por haber corrido hasta él.

¡Necesitamos que mande a los chicos a Escocia, a todos! - solicitó George entusiasmado con la idea.

¡Pero no pueden viajar! ¡Están muy débiles! - exclamó alertado el galeno.

¡Lo sé, sólo mándelos a Escocia por favor! ¡Es por su bien, allá se recuperaran mejor! El señor Brighter piensa que su medicina está allá - informó George, entusiasmado.

George, pero ¿qué cosas dices? - espetó la señora Elroy recibiendo el telegrama que había recibido de Candy y Albert y lo leyó comprendiéndolo todo.

El remedio está allá, ¿podemos hablar delante de usted doctor? - le preguntaron al galeno al mismo tiempo.

Tengo que supervisar a mis pacientes, no puedo dejarlos viajar en el estado en el que se encuentran. ¡Eso es un insulto, debe saber que eso va contra mi ética profesional - respondió el médico con enojo.

Lo siento Dr. Smith, tenía que asegurarme - afirmó el señor Brighter.

Piénselo señora Elroy, la única opción para que los chicos vuelvan a ser felices es... Candy - refiere el señor Brighter.

¿Qué es lo que quieres decir, George? ¿Es cierto esto? - cuestiona la señora Elroy.

La señorita Candy va para allá, seguramente a Edimburgo o al Palacio de Holyroodhouse, entonces si ella estará allá, los chicos podrán recuperarse ya que ella los ayudará.

Y ¿qué va hacer allá Candy y más en el Palacio de Holyroodhouse? - cuestionó la señora Elroy extrañada por la petición del señor Brighter.

En teoría, la señorita Candy y su esposo pasarán la luna de miel allá, serán protegidos por el Tribunal de Lyon y el Rey Jorge V, señora Elroy - comentó George sonriendo.

¿Casada? ¿Se casaron? Es cierto, aquí lo dice, está casada, la primera en casarse, eso es de no creerse, pensé que sería la última- preguntó ella.

Señora Elroy - carraspeó el señor Brighter dado que se estaba perdiendo en la conversación.

¡Lo siento, me decías George! - volvió a la conversación de nueva cuenta.

Sí señora Elroy, vienen de África y nadie debe saberlo, imagínese, será la excusa perfecta, así cuando lleguemos se les hará normal ver gente en la mansión de allá, ¿no le parece? - le preguntó George a la matrona.

Puede ser que funcione, ¿podría guardarnos el secreto doctor Smith? - cuestionó la señora Elroy al galeno.

Por supuesto, señora Elroy. ¡Alistaré todo! - acepta entusiasmado el doctor Smith. Con su permiso me retiro.

Pase doctor y gracias - respondieron todos cuando los vieron bajar por las escaleras. la señora Elroy se adentró a sus aposentos, dejando solos a los hombres.

Espere George, ¿William Andley, es el esposo de Candy? - pregunta el señor Brighter, ya que eso pareció entender con el rostro de la señora Elroy.

Sí señor Brighter, la señora Candice se casó con el joven William hace unas semanas - respondió entre alegre y divertido por la expresión en el rostro del señor Brighter.

¡Uff! ¡Eso será una noticia para muchos! - exclamó arqueando las cejas.

George - fue llamado por la mucama.

Sí, Dorothy - le contestó afablemente.

Lord Straight ha llegado, trae un telegrama para usted, de África - le cuenta ella, apresurada porque el joven hombre venía detrás suyo.

Lord Straight, ¿nos tiene buenas noticias? - pregunta George alegre.

No George, me temo que soy portador de malas noticias, nos requiere el Tribunal de Lyon en Escocia a todos, a los chicos, a sus padres, a los Borthwick, al matrimonio Andley; Alfred y los demás tardarán unas dos semanas en llegar - explicó Sir Abahinn Carnegie.

¿Qué ha sucedido? - preguntaron los hombres que recibían esa noticia.

Emmanuelle Lemarque ya sabe que Sir William raptó a Candy y viene hacia acá para arreglar cuentas con los Andrew, por supuesto que no sabe que se casaron y que ya no puede hacer nada. El Rey Jorge V tiene vigilada la mansión y todos serán trasladados al Palacio de Holyroodhouse bajo protección de la Corona Escocesa - explicó Abahinn a los demás muy preocupado.

¿Qué ha dicho? ¿Qué le pasó a William? ¿Dónde está Candy? - preguntó la señora Elroy, alterada.

Calma señora Elroy, tenemos que ser discretos, aliste su equipaje y como pasen los días los trasladaremos al Palacio en Escocia, no se preocupe por sus sobrinos, Sir y Lady Andley estarán custodiados por el Rey Jorge V apenas lleguen a Escocia - le informó Sir Abahinn a la matrona de la familia.

Señora Elroy, el Duque Lemarque pide audiencia con usted - informa de forma intempestiva Dorothy.

¿Qué haré con éste señor, ahora? - preguntó ella afligida.

Dorothy dile al Duque que la señora Elroy no se encuentra, pero que yo lo atenderé. Señora Elroy puede subir por favor, atenderé al Duque Emanuelle Lemarque, Dorothy - George con un asentamiento de cabeza le dio permiso a la mucama para que pasara al Duque a la biblioteca, mientras colocaba el telegrama que había recibido de Candy en manos de Lord Straight. Lord Straight me acompaña, señor Brighter - quiso saber si ellos accedían a ser representantes de la familia, ambos asintieron y Abahinn guardó ambos telegramas en el interior de su chaqueta.

Por supuesto que lo acompañamos, recuerden parecer normales - advirtió Lord Straight.

Claro, vamos George - aceptó el señor Brighter.

¡Buenas tardes, Duque Lemarque! - saludaron todos al mismo tiempo y sonrieron por ello.

Buenas tardes George, Lord Straight, señor Brighter - saludó impresionado de verlos juntos.

¿En qué puedo servirle? Lamento que la señora Elroy no haya estado aquí para recibirlo, algunos negocios no pueden esperar por problemas familiares, usted sabe - refirió George haciéndole notar que no podría hablar con ella en otro momento.

Esperaba saber una cosa George, sabía usted que el amigo de Candy raptó a la protegida de Sir William y no sabemos ¿en dónde está? - informó el duque.

¿Qué es lo que usted ha dicho? ¿Cuál hombre amigo de Candy? ¡Por Dios no! ¡No cuando los chicos salieron de la cárcel! ¿Qué haremos sin ella? ¡Sir Andley, me va a matar! - George se levantó y poco a poco se volvió a sentar, agarrandose la cabeza y comenzando a llorar.

Tranquilo George, no es tu culpa, ¿cómo sabe que eso sucedió, Duque Lemarque? - preguntó Lord Brighter admirando las artes histriónicas que no sabía que tenía.

Pierre me envió un telegrama avisándome lo que había sucedido: Alfred, Candy y su amigo Albert fueron temprano a San Pedro y Alfred volvió más tarde todo golpeado, sólo nos dijo cuando llegó: la ha secuestrado y de ahí ya no supieron nada. Pierre se embarcó quince días después, ya sabe como son esos pasajes en África. Llegará por lo menos en tres semanas, Pierre está sumamente molesto por los golpes que le fueron dados a Alfred y por el abuso de confianza del amigo de Candy. Ahora mi preocupación es por la señorita Andley, ¿qué hará ella sola con el bestia ese de su amigo y Pierre se siente profusamente preocupado - declara el duque con aparente modulación de voz para que crean que en realidad se preocupa por la integridad de la rubia y no porque Sir William Andley la haya conducido a algún lado por su seguridad.

¡Esto es un desastre! ¡Candy, qué haremos sin ella! Tanto que la necesitamos, todos estuviéramos mejor si la tenemos aquí, se imagina una rica heredera en manos indeseables, esperábamos casarla con una persona de su misma condición social, ya sabe que encontrar un buen marido es difícil en estos días - refirió Lord Srtaight atropelladamente.

Mire que esperaba hablar con la Señora Elroy para hacerle partícipe de una noticia importante y conveniente para la familia Andley, mi hijo le tiene un gran aprecio a lady Andley - decidió tomar al toro por los cuernos.

¿Qué quiere decir exactamente Duque Lemarque? Duque ¿desea tomar asiento? ¿Quiere algo de tomar? - ofreció el señor Brighter.

Por el momento no, gracias. Lo que quiero decir es que mi hijo está interesado en Lady Andley, señor Johnson y quiere pedir su mano en futuro compromiso - soltó el Duque Lemarque triunfante, con esto darí el primer paso a la obtención de la dote.

¿Está hablando en serio? - preguntó el señor Brighter.

¡Muy en serio! - respondió él como burlándose.

Lamento decirle esto, pero la señorita es menor de edad y no tiene la autorización de Sir Andley para comprometerse, la señora Elroy no puede dar ese permiso tampoco, sobre todo si no sabemos dónde encontrarlo, pero agradecemos su interés en ella - refiere George sin dejar de temblar, la noticia que le ha dado el duque ha sido impresionante para él.

Hay otros modos, quiero que usted sea el portador de buenas noticias señor Johnson, hace tres meses la señorita Andley se comprometió con mi hijo y firmó un contrato de aceptación de futuro compromiso cuando los chicos salieran de prisión, aquí lo tiene usted - el duque haría todo lo posible por quedarse con la fortuna Andley, así que presentó el dichoso contrato con el que mañosamente enredó a Candy.

¡Eso es imposible de cualquier manera! - respondió Lord Straight después de leerlo. Usted sabe que el Tribunal de Lyon no lo permitirá, ella es menor de edad y no puede prometer su palabra y más si cuando lo firmó se vio presionada por terceros... - le confirmó las leyes de los Sirs.

¡Pero ella lo firmó! - los encaró señalando la firma de Candy.

Bueno, creo que usted tiene que ver éste libro - refiere George, sacando un libro grueso de uno de los anaqueles.

¿Qué es eso? - preguntó el duque sin entenderlo.

Leálo en voz alta, adelante Duque Lemarque - lo instaron los tres para que se diera cuenta en la batalla campal a la que se enfrentaría si insistía en su plan.

3 de Abril, 1913. Edimburgo, Escocia

Permiso de Casamiento para Sir William A. Andley y Lady Candice White Andley

Su Majestad Jorge V, por la gracia de Dios, del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y los Dominios británicos más allá de los mares, rey, defensor de la fe, emperador de la India. Otorga el permiso a Sir William A. Andley para contraer matrimonio con Lady Candice White Andley, ambos de origen escocés, de 26 y 15 años respectivamente, como señal de futuro casamiento, se establece el compromiso el día mencionado anteriormente; por las leyes escocesas, confiero a Sir William A. Andley el poder y predominio sobre Lady Candice White Andley, ante cualquier eventualidad futura y sobre de ello refiero que se tomen las medidas pertinentes sobre éste acuerdo con la Corona Escocesa.

Se le solicita al Tribunal y la Cámara de Sirs en Escocia, solventar las disputas que pueden sobrevenir acerca de los impedimentos que por ley se le otorgan a Sir William A. Andley.

Su Real Majestad, Jorge V

¡Esto debe ser una broma! - espeta el duque enojado y le avienta el documento a Lord Straight como un insulto haciendo reír a éste último.

En su contrato vemos anomalías Duque Lemarque, aquí Lady Andley firmó como Candice Andley y su nombre en su certificado de nacimiento de Escocia es: Candice White Andley - reitera el suceso.

¡Esto debe ser falso! - reprocha el duque.

No, no lo es Duque Lemarque y el certificado tampoco lo es, tiene la firma de Su Real Majestad, el Rey Jorge V - espeta furioso Lord Straight lanzándole a su vez el contrato que él le había proporcionado y para su buena fortuna él si se sintió insultado haciendo reír internamente a Abahinn. Seguramente George y el señor Brighter estarían riéndose por lo mismo, pero lo ocultaban.

¡Hay algo que no entiendo! ¿Por qué ella firmó así? - cuestionó el duque.

¡Quizás porque estaba cansada o preocupada o presionada! No sé, pueden ser varias cosas - terminó por decir George.

Entonces este documento no tiene validez - lo preguntaba más que lo afirmaba.

No, Duque Lemarque - respondieron al unísono.

¿Qué haré con mi hijo? Él está profundamente enamorado de Lady Andley, ¿qué haré con él? ¡Ella tiene que responder! - exigió como si en realidad estuviese traicionado.

No se lo recomiendo, Duque Lemarque - refirió Lord Straight.

¡Me está amenazando! - respondía alzando la voz.

No, sólo le advertimos que Sir Andley tiene el apoyo de la corona, de la cámara de lores y del Tribunal de Lyon y créame cuando le digo que él hará hasta lo imposible con tal de protegerla - informó George.

Pareciera conocerlo - dijo el duque.

Demasiado diría yo - respondió él.

Pues debe enterarse de algo, quizás mi hijo Pierre y yo estemos decepcionados de la alta estima en que tienen a Lady Andley - decidió soltar esa información con doble insinuación.

¿Por qué lo dice? - preguntó Lord Straight.

¡Entérese usted mismo! - expresó el duque irónico.

Padre, hoy su amigo Albert ha raptado a Candice Andley.

Alfred llegó al campamento ensangrentado, parece que fue noqueado en San Pedro.

Llegó solo y hay pertenencias de ambos en campamento

Lastimó a lady Candy y no sabemos nada de ella.

Viajaré a Londres para encontrarme con usted, dentro de quince días.

Enviaré un telegrama cuando tenga noticias

Pierre

¡Lastimada, ay por Dios! - ahora era Lord Straight quién sonaba preocupado.

¡Lo importante ahí, es si la lastimó en alguna parte del cuerpo o fue violada! - les plantó la duda o eso pensaba él.

Tenemos que averiguar ¿en dónde están? Aprisa Lord Straight, alguien de nosotros deberá viajar a África - urgió George a todos, sin llevarlo a ningún lado, el duque había obtenido lo que deseaba, esa duda los mataría.

Pero si ya no están allá ¿para qué? - refutó el señor Brighter.

Entonces pondremos un guardia en cada puerto de Londres - todos voltearon a ver al duque.

No esperen, Candy me había platicado por carta que su amigo era americano - refirió el señor Brighter, lo que en realidad deseaba era alejarlo lo más posible.

¡Entonces tendremos que viajar hacia allá! - propuso el duque Lemarque.

De acuerdo, entonces eso prepararé, los boletos - exclamó George.

Sí claro, los boletos...vamos - respondió e instó Lord Straight - saliendo por la puerta de la biblioteca y escondiéndose detrás de las plantas del pasillo.

Entonces me retiro, espero tener noticias de lady Candy después señor Johnson - le pidió el duque que le informara sobre lo que supuestamente los Andley harían.

Nosotros también, Duque Lemarque - afirmaron ambos hombres.

Hasta pronto, señor Brighter - lo saludó solemnemente.

¿Estás pensando lo mismo que yo, George? - el señor Brighter le cuestionó al castaño.

Depende ¿de qué piense señor Brighter? - decidió hacerse el loco, sabía cuál era la pregunta.

¡Eso no fue honorable, George! - exclama el señor Brighter molesto.

¡Eso es... amor, señor Brighter! Además tenga conciencia, de cualquier forma Candy y él se iban a casar y si eso pasó, fue porque se amaban, lo de casarse no fue algo por lo que debían de hacerlo, sino porque querían - respondió George como disculpando al que se creía culpable.

¡No puedo creerlo, es tan pequeña! ¡George, no me digas que estás disculpándolo! - gritó el señor Brighter.

¡Su esposa tenía 16 cuando se casó con usted! - reclamó George, como si él no supiera esa información.

¡Sólo un año más! ¡Pero quince! ¡Me escandalizó! - se respondió así misma.

Abahinn, puede salir de allí. el señor Brighter está escandalizado, pero no le hará daño - ordenó George, riéndose por su rostro.

¿Cómo lo vieron, señores? - Abahinn quiso saber lo que opinaban, pero ambos hombres seguían discutiendo.

No se quedará contento, va a ir a Escocia a rectificar los datos que le dimos, ¿no es obvio? - cuestionó Abahinn.

Sí, pero sólo hay tres copias del mismo documento, una la tiene Sir Andley, otra yo y otra el Tribunal de Lyon - aclaró Abahinn.

Sí, Pierre le ha dicho algo diferente a lo que nos contó, eso no lo sabemos, pero él no cree que la violó Sir William sino que se entregó a él por lo que debemos actuar rápido, por el momento, debemos trasladar a todos los Andrew y a sus familias a Escocia, hay que aprovechar que el Duque no estará aquí en Londres, los chicos se irán hoy mismo, está noche; mañana por la tarde las chicas, los padres irán segregados, nosotros nos iremos hoy con los chicos, no se preocupen, si alguien nos sigue diremos que el doctor de cabecera nos ha obligado a llevar a los chicos al campo para restablecerse. cuiden a su personal de que no se vayan de lengua, necesitamos que todo sea confidencial - les pidió George, enumerando cada uno de los acontecimientos de la semana.

¿Qué pasará con Candy y William? - cuestionó el señor Brighter.

De eso me encargaré yo, les mandaré un telegrama disfrazado con un amigo, ¡bueno señores a preparar todo! - dijo el señor Brighter retirándose rápidamente.

¡Gracias, George! - agradeció Abahinn.

De nada Abahinn, lamento darte esa noticia de Candy - refirió George mirando que el rostro de él había cambiado.

¿Por qué lo dices? - Sir Carnegie se hizo el loco.

Sé que estás enamorado de ella, pero ese amor fue desde pequeños... - comentó el castaño George como sintiéndolo por él.

Lo sé, Candy hizo eso por amor, lo comprendo, pero mi corazón tardará en recuperarse - respondió Abahinn abatido.

Andando Abahinn, tenemos mucho por hacer, muchacho - le dio un par de golpes en el hombro y lo acompaño a su carruaje.

Mientras en el barco donde viajaban Albert y Candy

¡Hola preciosa! - Albert saludó a Candy abrazándola.

¡Hola! - respondió ella, recargando su rostro sobre el brazo de su esposo.

¿En qué piensas? - cuestionó él.

En que no fuimos precavidos... - se interrumpió ella.

¿Por qué lo dices? - preguntó sin entenderla.

Mi cama se quedó manchada por lo que hicimos esa noche - respondió ella sonrojándose.

Es... cierto, crees que piensen en eso precisamente - sugirió Albert, observándola.

¡Pues no sé, pero como me raptaste! - insinuó la rubia sonriendo.

Quizás piensen en otra cosa - supuso el rubio.

¡Quizás! - susurró ella.

Hay algo que quisiera saber - le dijo Albert besándole la mano.

¿Qué cosa? - preguntó el rubio.

¿Te ha llegado eso que las mujeres tienen cada mes? - insinuó Albert mientras sonreía.

¿Mi periodo? Sí la anterior, éste lo espero aún - refirió Candy dado que su periodo anterior solo le hubo durado dos días, pensando tal vez que las premuras para todo lo que sucedió hacia tres semanas hubo modificado su período.

Entonces estamos en ¿días seguros? - preguntó él contento.

Se supone, según lo que me indicaste tú, sí, ¿qué travesuras estás tramando, Albert? - le respondió y preguntó, colocándole las manos en el pecho.

Entonces, ya que pronto llegaremos a Escocia y que estaremos más custodiados que el propio Rey Jorge V, te daré una noticia... le medio soltó, robándole un beso.

¿Cuál? - la rubia quiso saber.

Pero me prometes que te haré el amor cuando yo quiera - Albert le hizo prometer.

¡Sí, cuando tú quieras! Pero ¿qué es? - lo apresuró.

¿Preparada? - preguntó haciéndola esperar.

Sí - la rubia asintió.

Toma - le entregó el telegrama que había recibido de George.

"A. los chicos han sido liberados de la cárcel de Londres, los alemanes concluyeron que eran estudiantes del Real Colegio San Pablo y que por ello piden disculpas a la familia".

George

¡Albert! - exclamó comenzando a llorar.

¡Hey, se supone que era para que estuvieras feliz! - la abrazó al ver las lágrimas que se estaban formando en sus ojos.

Lo estoy, en serio, sólo que no me imagino ¿cómo están ellos? - expresó la rubia.

¿Qué tienes mi amor? - preguntó Albert preocupado.

Albert abrázame, por favor - le pidió Candy a Albert.

¡Preciosa, te amo tanto! - expresó su esposo.

Yo también Albert. Albert - afirmó sus sentimientos y lo llamó.

Dime querida - respondió él mirándola.

Son buenas noticias, ¿verdad? - preguntó la rubia.

Sí mi amor, estas son buenas noticias mi vida, dime que son las mejores noticias que hemos recibido - contestó alegre.

Son las mejores noticias que he recibido, Albert - refirió la rubia.

También para mí lo son, ven princesa, debes dormir conmigo ésta noche, ¿te reconforté? - preguntó su esposo sonriente.

Unas horas más tarde

¡Candy! ¡Tengo tanto miedo! ¡No Candy! ¡No te vayas! ¡No, no me la quites! ¡Por favor, no me la quites! - gritó Albert, despertando de una pesadilla.

¡Albert! ¡Albert! ¡Despierta, por favor! - la rubia lo mueve para despertarlo.

¡Candy! ¡Candy! ¡Mi Candy! ¡Te amo! ¡Eres mía! ¡Te cuidaré! ¡Te lo prometo! - exclama Albert gritando y abrazando hasta asfixiar el cuerpo de su amada, sudando frío.

No entiendo, ¿qué pasa? - preguntó Candy preocupada.

Pierre... soñé que Pierre te secuestraba y que tú ya no me querías y que te llevabas a mi hijo - responde Albert, con tristeza y jadeando entre palabras, como si alguien lo persiguiera.

¡Calma, Albert! ¡Aún no tenemos hijos y estoy segura contigo! !Nos cuidará el Rey! ¿Recuerdas? - dice Candy mientras lo tranquiliza.

¡No sé qué haría sin ti mi amor! - le responde a ella.

¡También mi amor! ¡Créeme, cuando te lo digo! ¡Tu corazón está tatuado en mi alma! ¡Así que mi alma te corresponde a ti, me entiendes! - le hizo entender.

¡Y la mía a ti, mi amor! - respondió él sintiendo los temblorosos labios de su amado.

Candy se quedó pensando mientras acariciaba la cabeza del rubio, sería Pierre capaz de secuestrarla con tal de ganar esa partida, esperaba en realidad que la seguridad que les rodeara estuviese preparada para ese acontecimiento, por lo que era hora de pedir ayuda al mismísimo representante del Tribunal de Lyon, Sir Campbell debería de resguardarlos a como diera lugar. Candy dejó el cuerpo de Albert, somnoliento y saliendo de su camarote, se enfiló hacia la oficina del telégrafo.

Sir Campbell.

Soy Candice White Andley y creo que me conoce.

Deseo saber si obtendremos seguridad de la corona.

Si es así, ¿podremos confiar en ello?

Dígame, si no lo podremos hacer, tengo una mejor solución...

Candice White

Eran las cinco de la mañana cuando en el Tribunal se apareció un telegrama, despertando a todos los que ahí se encontraban de guardia fueron comunicándose hasta que el telegrama hubiera llegado hasta Sir Campbell, cuando apenas lo hubo leído salió a las oficinas con apenas un traje semi formal.

¡Stewart...! - gritó Sir Campbell, alertando a todos.

Sí, señor - respondió Stewart.

Llama a Sir y lady Borthwick que me urge verlos y contacta al investigador privado de los Grandchester por favor, es urgente. Lady Candice, ¿qué sucederá con ustedes? ¿Por qué me dice si es confiable su seguridad? ¿Acaso hay algo que George no me ha comunicado? - se preguntaba ya cuando Stewart se había salido.

Esa misma tarde en la biblioteca de los Andley.

Bueno, Sir Campbell, ¿se le ofrece algo? - preguntó George, que era el único que se encontraba a esas horas en la biblioteca.

George, tenemos un problema, ¿dónde estás? - pregunta Sir Campbell.

En la mansión de Londres, Sir Campbell, ¿sucede algo? - cuestiona George extrañado por la llamada.

Lady Andley me acaba de mandar un telegrama y yo he investigado con un informante que el Duque Lemarque está aquí en Escocia y que el Duque de Grandchester tiene guardias ingleses disfrazados y apostados en todos los puertos de Londres y Escocia. ¡Lemarque quiere secuestrar a Candy...! - le informa entre sorprendido y preocupado.

¡Santo Dios! - exclama George poniéndose pálido.

¿Qué sucede, George? - le pregunta Abahinn ya que para evitar que se caiga se detiene de la puerta y eso le llama la atención al joven Carnegie que corre para ayudarlo, sin evitar que se desplome.

¡Espera Abahinn! - pide George, tratando de tomar aire para contestar.

George, según Candy dice que tiene una idea, le mandaré un telegrama ahorita mismo y vuelvo a comunicarme con usted, ¿de acuerdo? - le pide Sir Campbell a George.

Sí, Sir Campbell, gracias - agradece el castaño.

¡Hasta pronto! - se despide Sir Campbell.

¡No, no, no puede ser...! - exclama George, desesperado.

George ¿qué sucede? - pregunta Abahinn esperando que tomara control de sus emociones.

Lo siento Abahinn, sólo quiero saber ¿cuándo entenderán los duques que no pueden hacer lo que ellos quieran? ¿Qué los demás no tienen la culpa de amar a otras personas distintas a ellos? - grita con emoción.

¿Qué quieres decir? - pide Abahinn.

Los... los Lemarque quieren secuestrar a Candy... cuando baje de cualquier barco en cualquier puerto de aquí a Escocia - explica George, observando de reojo que hay una persona en la puerta.

¡Candy, no! ¡Candy, no! ¡Candy, no! No por favor, a mí, a mí! ¡Por favor a mí! No a ella! ¡Yo, yo, yo... - comienza a caminar Annie que hasta entonces se sentía muy triste al escuchar lo que los Lemarque pretendían hacer con su hermana, hasta que se desmaya, siendo ayudada por Sir Carnegie que la auxilia para que no se golpee contra el suelo.

¡George, Dorothy, Dorothy! - los llamó a ambos.

Sí señor - respondió la castaña acudiendo rápidamente.

Ayuda a la señorita Annie, por favor. George, ¡eso no lo logrará! ¡Sé cómo ayudarlos! ¡Si vuelve a comunicarse con Sir Campbell, dígale que reuniré ayuda y los ayudaré...

Continuará...