Capítulo XXV
Afortunadamente el carruaje del Duque Grandchester se veía a lo lejos. Fácilmente pude alcanzarlo. Abahinn se veía preocupado, pero a toda costa debía saber a dónde se dirigía el padre de Terry. Por lo extenso del camino, observó que el lugar al que iba era nada menos que el hospital donde se encontraba el hijo del Duque Lemarque; Pierre sin duda. No sabía qué era lo que más le tenía molesto, el haber confiado en su amigo el Duque o en no haber doblado las manos con su hijo Terry; que era lo que le dolía más, ¡ah sí, recordó! Fue su orgullo herido, Terry al haberlo chantajeado con que iría a Estados Unidos a ver a su madre, le puso tan furioso que no quiso saber nada de él. ¿Cuándo lo había perdido? Sabía que no lo trataba con el mismo cariño que sus otros hijos, pero lo amaba aún a pesar de él mismo, porque era su primogénito, pero tan parecido a ella cuando ya era un adolescente que aborrecía su amor por el teatro, fue un alivio cuando Terry su hijo de catorce años apenas comenzó con las parrandas y la bebida, sin saber a ciencia cierta lo que sucedía con su hijo en sus noches idílicas con la bebida, pero de algo estaba seguro, mientras lo tuviera alejado de la idea de irse a Estados Unidos, a pesar de las pataletas, lo tendría a salvo, lo tendría con él antes que con ella, antes de verlo identificarse en el silencio con Eleonor Baker, su madre...la actriz.
El Duque de Grandchester tenía en esos momentos el rostro adusto, meditaba sobre lo que había hecho, aliarse con el Duque Lemarque no había sido buena idea, después de todo. Él había pagado por el rescate de su hijo, él había intercedido por Pierre ante el buen corazón de Candice, él le había ayudado con el contrato, él había sobrepasado los límites del honor para ayudarle a él y cómo le pagaba, Terry lo había retado a irse con su madre, si lo entendía, pero lo que no entendía era como el Duque Lemarque pudo traicionarlo, su hijo no merecía ser marcado como un animal, no era parte de un ganado y menos siendo de la realeza. Los castigos de esa índole eran del siglo XVI, pero no para un ascendiente de la Corona Inglesa. ¿Cómo se atrevía a hacerle algo como esto a su hijo? ¡Esto sería algo que se cobraría en ese mismo momento! El duque se dirigía al hospital donde se suponía que estaba el hijo de Pierre.
Decidido estaba a ajustar cuentas con ese dizque Duque, si él no le había dañado a su hijo, él no entendía por que él si había respetado a Pierre y Lemarque no. Apenas se orilló el carruaje y sin esperar a que su cochero le abriese la puerta, él decidió hacerlo, salió tan rápido que el propio cochero se asustó y azotó la puerta, entró rápidamente hacia la estación de enfermeras y preguntó por la habitación del Conde Pierre Lemarque.
Buenas noches señorita, podría decirme ¿dónde se encuentra la habitación del Conde Lemarque? - cuestionó el duque.
Buenas noches señor, él se encuentra en el área privada señor, suba por las escaleras y al fondo encontrará un pasillo, gire a la izquierda y ahí están las habitaciones privadas - refiere la enfermera.
Gracias señorita - comenzó a caminar rápidamente.
De nada, dese prisa, en media hora se suspenderán las visitas - lo animó rápidamente ya que esa hora avanzaba y el duque no se movía de su lugar.
Sí señorita, no creo demorarme mucho, con su permiso - el duque accedió y comenzó a caminar sin detenerse.
El Duque Grandchester se dirigió a ese camino por donde le había indicado la enfermera, las habitaciones privadas están enumeradas, comienza a caminar y observar los nombres de cada uno de los pacientes. Ya casi se terminaban, cuando vio el nombre del Conde Lemarque en la platilla, toco y entró a ésta, la salita de espera que poseía cada una de las habitaciones se encontraba desierta, decidió entrar y al cerrar la puerta oyó que alguien conversaba. Se acercó diligente y prestó oídos.
¡Hijo, despierta, despierta! Tenemos que ponernos al corriente, hacía dos semanas que Albert y Candice debieron de llegar de África y no lo han hecho, ¿qué habrá pasado? El barco está anunciado para ésta semana. Algo debemos hacer, estamos quebrados y tú que no despiertas, hijo ¿qué te paso? ¿Quién atentó contra tu vida? ¡Dímelo! Luego el tonto viejo ese, en vez de quedarse conforme con el rescate que él mismo pagó, quiere matarme, que diga que lo envolví perfectamente para que pensara que había ayudado a su hijo. Nunca he sabido ayudar a nadie, ni a mi hermano le ayudé a nada, él que se creía tan importante hasta que amaneció muerto por un ataque de un animal. Qué conveniente me fue esa historia, tuve que matarlo para que la herencia de mi padre pasara a mis manos, la que me dejó mi madre ya me la había acabado, mis malditos acreedores, siempre pidiéndome dinero como si no pudieran hacer otra cosa más productiva. Te imaginas hijo, cuando tengamos las propiedades de los Andley, vamos a ser inmensamente ricos; pero si matamos a Albert y la casamos con Terrence Grandchester y luego hacemos lo mismo con Terrence, podríamos ser herederos de ambas dotes, te imaginas hijo, no si con éste padre que tienes te harás el hombre más poderoso de Europa - seguía en su soliloquio creándose fortunas inconcebibles, mientras que el Duque Grandchester lo miraba asustado.
Pero ¡qué demonios! ¡Éste hombre está completamente loco! Debo salir de aquí antes de que cometa una locura, debo avisar a la familia Andley - recapitulo rapidamente, pensando que nunca se había acercado a esa familia por ningun motivo, pero esto era algo que no se esperaba. Ni crea que mi hijo se va a casar con aquella chica, William Andley tendrá que saber de esto - se aseguró y comenzó a retirarse de ahí.
Duque Grandchester, espere, no entré, espere, ¿qué va hacer? - gritó Lord Straigth.
¿Qué sucede? Lord Straigth, ¿qué hace usted aquí? - quiso saber el Duque Grandchester.
¡No lo maté...! - susurró sin entender nada.
¿De quién me habla usted? ¡Jamás me mancharía las manos con nadie, no soy un asesino! - aseguró él sin entenderlo.
No le hará nada a Lemarque, ¿verdad? Espero que no lo haga... - Abahinn necesitaba saber la verdad.
¡No le haré nada! Espere, ¿vino a ver si lo iba a matar...? - al Duque Grandchester le pareció extraño.
Sí, bueno... en realidad Terry me envió a detenerlo, estaba preocupado por usted - Abahinn quiso defenderse.
¿Hay algo que debiera saber? - cuestionó irritado.
Sí, las marcas, bueno... yo tampoco sabía de ellas - aclaró sin ningún motivo.
¡No me crea tan tonto, Lord Straigth! Sé muy bien que Terrence es actor, eso lo heredó de su madre, pero no creo que esas marcas en su espalda sean auto infringidas y mucho menos usted, eso sí fue obra de Lemarque, así que dígame qué más han hecho para que todo esto se diera - insistió el Duque Grandchester.
Duque... - lo mencionó.
¡Anda muchacho, téngame confianza! - solicitó él.
No se lo puedo decir aquí y menos en presencia de ellos, acompáñeme, tendremos ésta conversación en otro lugar - refirió Lord Straigth tratando de que él no hiciera muchas preguntas.
¿Qué quiere decir con otro lugar? - sin embargo, el duque tenía que preguntar.
Por seguridad, vamos - lo invitó señalando el lugar al que se dirigían.
¿Que tanto se trae, Lord Straigth? - cuestionó el duque.
Sígame, Adam ve por el Representante de la Corona Inglesa por favor, me alcanzan en mi casa. Adelante, vayamos Duque Grandchester, sigamos - le indicó subir al carruaje mientras mandaba a uno de sus criados por el Representante del Rey Jorge V.
Está usted muy raro, pero en fin, esperaremos a que llegue el Representante de la Corona, como usted ha dicho - solicitó el duque.
Lord Straigth y el Duque Grandchester se encontraban a bordo del carruaje del primero, esperando que todo fuese mejor cuando el representante llegara, Abahinn estaba preocupado por la reacción del duque, así que mejor le contó lo que había sucedido con su hijo.
Hay algo que sí debe saber, sobre Terrence, su hijo... - se interrumpió.
¿Qué hay con Terrence? - quiso saber el duque al ver su semblante.
Fue intervenido hace unas horas, las heridas de la espalda se abrieron cuando cayó al piso... - explicó Abahinn.
¿Cómo que cayó al piso? - quiso saber lo que ocurría.
Cuando usted se fue del hospital, él se quiso levantar, pero por el esfuerzo y el dolor se cayó de la cama, de cualquier manera la operación durará unas cuantas horas - explicó él temiendo que se fuera.
Tengo que ir a verlo... - el duque quiso detenerlo.
Primero vamos con el representante y después iremos a ver a Terrence, en ese orden - sugirió o más bien ordenó.
Pero... - el duque quiso intervenir.
Ya hemos llegado de cualquier manera - explicó Abahinn.
El duque no tuvo otra opción, aceptó ver al representante antes que ir a ver a su hijo, el duque se encontraba preocupado por la noticia de la marca, sabiendo de primera mano, que Terry no sabía que las tenía. Pero igual tuvo que bajar del coche cuando Lord Straigth le pidió avanzar cuando ya se encontraban en la sala de té, el Representante del Rey Jorge V había llegado.
Vamos Duque Grandchester - lo condujo al interior de su casa, apenas bajaban del carruaje.
Gracias - el duque apenas se hubo bajado, se colocó el sombrero y se ajustó la levita.
Pase usted, Frank llama a Daysi para ofrecer unas bebidas - solicitó Abahinn quitándose el abrigo y colocándose delante de la mesita.
Sí su señoría, en un momento ella estará aquí - informó Frank sin darse cuenta de que ella ya venía hacia ahí.
¿Le apetece tomar algo Duque Grandchester? - Abahinn le ofreció colocándose detrás de la licorera.
Un whisky, por favor - solicitó el duque, admirando el lugar.
Señor, ¿me mandó a llamar? - cuestionó Daysi, pasando al centro de la biblioteca. Permiso.
Sí Daysi podría traerme un café y un vaso para servir un whisky, por favor - solicitó Daysi.
Sí señor enseguida, permiso - se despidió ella con una venia saliendo de ahí rápidamente al ver el rostro empecinado del duque.
Gusta tomar asiento, Duque Grandchester - ofreció Abahinn prendiendo la chimenea.
Sí claro, gracias - lo hace luego de retirarse la levita y el abrigo.
Lord Straigth - estaba atizando los leños cuando de pronto Adam llegó.
Sí Adam, ¿qué se te ofrece? - preguntó Abahinn cuando le vio aparecer dentro de la biblioteca.
El Sr. Andrew MacDoughall, Lord Straigth, ¿lo hago pasar? - preguntó Adam.
Si Adam por favor, lo estábamos esperando - accede él.
Toc, toc
Buenas noches Sir Abahinn Carnegie, es un gusto volver a verlo - el señor MacDoughall lo saludó dejando asombrado al duque.
¡Ejem, sí claro, buenas noches! - saludó sin saber qué más agregar.
He traído al Representante de la Corona Inglesa por si se necesita, le presento al Señor Dave Dunne - el señor MacDoughall hizo las presentaciones.
Mucho gusto señor Dunne, les presento al Duque Richard Grandchester - refiere Abahinn interrumpiéndole.
Ha llegado el momento, entonces - accede el señor MacDoughall.
Así parece Señor MacDoughall, pero siéntense, así le informaremos al Duque lo que sucede - informó el señor Dunne.
Un momento, usted no es... ¿Lord Thomas Straight? - cuestionó el duque.
Es mi nombre de encubierto Duque Grandchester, mi verdadero nombre es Sir Abahinn Carnegie y soy el representante del Tribunal de Lyon aquí en Londres para la Protección de Lady Candice Caroline Elspeth Cathrine Evina Borthwick-Buchanan; Duque Grandchester - informa el señor MacDoughall esperando que con eso, el duque comprendiera que significaba.
Un momento ¿Borthwick-Buchanan? No es ella la segunda en sucesión a la corona Escocesa, pero si no existe, los Borthwick tengo entendido que nadie los conoce ya que viven en Roxburghshire, alejados de la corte escocesa; pero... no recuerdo que tuvieran una hija... - reflexionó el duque en un susurro, él era inglés, pero al ser pocos los miembros tanto de los Lores en Inglaterra como de los Sires en Escocia, todos sabían quienes eran.
Sí la tienen, lady Candice Andley... - soltó el señor MacDoughall observando el cambiante semblante del duque.
¿Candice Andley... es la hija de los Borthwick? - cuestionó el duque.
Sí, esa es una larga historia, pero ahora debemos hablar con usted, el señor Dunne fungirá como su representante y yo fungiré como el suyo Sir Carnegie, ¿está usted, de acuerdo? - les preguntó tanto a Sir Carnegie como al Duque.
Sí, estamos de acuerdo. Prosigan - ambos dieron permiso.
Bueno, Sir Carnegie le doy la autorización para que le dé la carta del Rey Jorge V - el señor MacDoughall le dio permiso.
Carta del Rey Jorge V, para algo en especifico - quiso saber el Duque.
Sólo désela mientras sacamos lo demás - solicitó el señor Dunne.
9 de Septiembre, 1913. Edimburgo, Escocia
Duque Richard Grandchester
Su Majestad Jorge V, por la gracia de Dios, del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y los Dominios británicos más allá de los mares, rey, defensor de la fe, emperador de la India. Otorga el permiso a Sir Abahinn Carnegie a proporcionar información sobre el reconocimiento de Lady Candice Borthwick como sucesora de la Corona Escocesa, por lo mismo espero que también informe sobre lo acontecido con Lady Andley y su esposo Sir William A. Andley y todo lo relacionado a ellos. El señor Andrew MacDoughall le entregará información clasificada para esta misión, además le proporcionará un libro y un contrato de confidencialidad para su seguridad y la de ésta misión.
Su Real Majestad, Jorge V
¿Contrato? ¿De qué tipo? - preguntó el duque sin entenderlo del todo.
El de confidencialidad, ah claro, mire si usted divulga algo sobre lo que va a leer y se lo informa a alguien que está en contra habrá dos acontecimientos: uno, él ganará información importante y dos los protegidos en este caso Lady y Sir Andley podrían morir, entonces por lo mismo el Rey Jorge podría mandarlo a la Horca o en su defecto a la Torre de Londres hasta que muera -explicó tajantemente el señor Dunne.
¿Muerte? - murmuró el duque.
Sí, como usted sabe el Rey Jorge gobierna ambos países aún y tiene injerencia en ambos y al ser Lady Andley segunda en la sucesión y su hijo quinceavo en la sucesión, como comprenderá usted tiene menos que perder - continuó el señor Dunne.
Espero que lo haya entendido, este es el contrato y este el libro, vayamos a comer que muero de hambre, además esperemos que el Duque Grandchester quede convencido de esta información Abahinn, llámenos cuando haya terminado, ¿está de acuerdo Duque Grandchester? - quiso saber el señor MacDoughall.
Sí, de acuerdo - aceptó él ambas cosas.
Si gusta algo de cenar en un par de minutos, Daysi le traerá la cena y como el señor MacDoughall ya ha dicho, lo esperaremos a que termine de leer, permiso - informa Abahinn.
Mientras Abahinn, el señor MacDoughall y el señor Dunne salían con rumbo al comedor, minutos más tarde Daysi entraba a la biblioteca dejando una jarra en la mesita donde una hora antes su cena reposaba, el semblante del duque era innombrable y por lo mismo no fijaba la vista en otra cosa mientras comía y mucho menos mientras tomaba su café, taza por taza y jarra por jarra ya que cada hora la cambiaban para que no pereciera por el frío.
Todo esto sucedía cuando el viaje de los Borthwick avanzaba, hacia unas cuantas semanas se encontraban en Lisboa, habían visto en una aldea cercana a Madrid una legión de gitanos con los que Candy hizo amistad cuando pretendieron robarle a Clint, de un momento a otro al ladrón le enlazó la mano y lo arrastro por varios metros, obviamente que tanto Lady Beagen como Albert y el médico sufrieron con esa aventura, ya que al otro día de la consulta Candice recibió la noticia de que estaba embarazada de su primer hijo, lo cual le valió a Albert que lo llenara de amor esa noche y todas las demás noches desde ese día, tanto que habían aparecido algunas ojeras debajo de sus ojos y al parecer dormía más de lo normal. Para Candice el saberse embarazada era muy bonito, pero aún seguía conservando ese aire alegre y travieso de una chica de su edad.
Por lo que para todos era una sorpresa cada vez, una muy mala porque ellos pendían de un hilo cada vez que Candy, Clint y Puppet se disponían a "jugar", Lady Beagen vivía en la zozobra, Sir Borthwick les avisaba de cuanto peligro al que se exponía, Albert se ocupaba, bueno de lo que siempre se ocupaba y sobretodo de tenerla quieta aunque no siempre le funcionaban los planes para hacerlo, el médico pues comprendía como la chiquilla maquinaba sus juegos, así que tomaba las precauciones debidas sin levantar ninguna sospecha.
La que más le cuidaba era Carmenza González, la mucama que Lady Beagen había contratado inesperadamente en Lisboa; la razón por la que ella se comprometió a seguirlos era sencilla, Carmenza González era prima hermana de Dorothy, la mucama de los Andley en América; cuando Carmenza supo que cuidaría a Lady Candice Andley le informó a su prima del suceso y ella le dijo que la señorita no era como las demás, que su corazón bueno y dulce la había adoptado como una gran amiga y que por ella aun continuaba empleada con la Señora Elroy Andley. Por esa razón, Carmenza no se doblegaría ante nadie y seguiría con el plan regido por los Borthwick para su protección.
De Lisboa se dirigieron a Portugal, luego a Salamanca, hubo una desviación a Ávila, de ahí a Burgos y cuando llegaron a Biarritz, Francia todo hubo sido tan distinto, Candice tenía ya un poco más de cinco semanas de embarazo, aun no se le notaba pero pronto sería tan notorio que solo no dándose cuenta del rostro de la rubia, sabrían que estaba o no en estado. Albert seguía tan enamorado de ella como lo estaba cuando se caso y desde antes de todo eso, desde que era una pequeñita de seis años, pero desde que se había enterado que era una mujer bella y embarazada de su primer vástago, su Dulce Candy como un día fue llamada fue otra, el rostro de la rubia se había tornado un poco en los ojos que resplandecían como la resolana de la mañana, un brillo especial en sus ojos como en su boca que como cada mañana ella se la regalaba.
Era por demás una persona muy especial para él, pero lo era más por el bello sentimiento de saberla suya y más ahora que se había dado cuenta de un sentimiento que florecía en otro corazón, sin duda el médico estaba enamorado de su esposa, sentía unos celos tan grandes como los que ocultó con Anthony, pero a la vez lo comprendía, quien era él para restarle sinceridad, Candice se ganaba a cualquiera aunque lo tratase de la misma forma que los demás.
Unas manos fueron colocadas alrededor del pecho de Albert tomándolo desprevenido, él sabía a quién pertenecían esas lindas, húmedas y pequeñas manos, sabía de antemano que ellas le daban amor y tomando una entre las suyas, las besó, primero el dorso y luego la palma para luego dirigirla a su mejilla donde la colocaba.
¿Qué pasa querida? ¿Te sientes mal? - quiso saber Albert sonriendo y al tenerla a sus brazos la reconfortó.
No, cómo crees que estaríamos mal, si se la pasan cuidándome - refutó ella con desánimo.
Es por tu bien mi amor, tú sueles ser un poco atrabancada en todos tus juegos - le dijo el rubio, sintiendo que ella resentía el no poder jugar ni con Clint ni con Puppet.
¡Sí, últimamente me la paso durmiendo todo el día! - expresó Candy con recelo al control de todos.
Es normal mi amor, según tu médico dice que durante las 12 semanas ese es uno de los síntomas que más aquejan a las embarazadas - explicó el rubio.
Pero me lo tengo que pasar así, siempre durmiendo y comiendo, pareceré vaca dentro de poco - se quejó sintiendo que su cabeza al recargarse en el regazo de Albert pesaba más de lo normal.
¿Estás cansada pequeña? ¿Te llevo a la cama? Carmenza, Carmenza puedes decirle a Lady Borthwick que no asistiremos a la cena, por favor
Si señor Andley, le sucede algo a la señora
No, solo que tiene más sueño de lo normal, apenas y se ha levantado para el almuerzo, así que quédate con ella en lo que vuelvo, iré a ver al médico - pidió Albert preocupado.
Pero le tengo que avisar a Lady Borthwick... - avisó Carmenza.
Es cierto, bueno primero ve tú y yo iré aprisa al médico, procura no demorarte y espero encontrarte aquí cuando vuelva, ¿de acuerdo? - se aseguró el rubio saliendo ambos de la habitación.
Sí señor - asintió Carmenza, yendo hacia donde estaban los Borthwick.
Gracias - Albert se dirigió hacia el consultorio médico.
Carmenza ¿qué sucedió con los Andley? - preguntó Lady Beagen con un murmullo.
Nada señora, el Señor Andley fue con el médico - le avisó de la misma forma.
¿Cómo con el médico? ¿Candy se encuentra bien? - quiso saber ella.
Sí bien, sólo sé que lo va ir a ver, sólo eso - aseguró la mucama sin saber que más decir.
¿Pasa algo Carmenza? - le cuestionó Sir Borthwick.
No, Lady Borthwick, sólo sé que la señora Candy duerme mucho, hoy se levantó para almorzar y ya está durmiendo nuevamente - explicó Carmenza algo preocupada.
Es perfectamente normal Carmenza, las embarazadas duermen mucho... - aseguró Lady Beagen.
Y toman mucha leche... - Sir Borthwick sonrió por ello, su esposa hubo sido igual con todos sus embarazos.
Eso también querido, ¿cuándo llegaremos a Tours? - Lady Beagen quiso saber.
Dentro de una semana más o menos, tenemos que cambiar de tren en Poitiers - informó el elegante hombre que tenía a su lado.
Bien Carmenza, ve con Lady Andley e infórmanos lo que dice el médico - le pidió solícitamente.
Sí señor, permiso - Carmenza se despidió con una venia y salió de ahí para regresar con Candice, se encontraba durmiendo plácidamente.
¡Hola ! - saludó Albert al Dr. Pereyra.
Señor Andley, ¿cómo está? - el Dr. Pereyra caminó hasta dónde estaba el rubio.
Bien y ¿usted? - saludó Albert, desganado.
Bien gracias, señor Andley. Puedo saber ¿qué es lo que se le ofrece? - le preguntó el Dr. Pereyra.
Sabe usted Dr. Pereyra, Candy ha dormido mucho últimamente... - comenzó a relatarle.
Es perfectamente normal, los primeros tres meses se reportan con mucho sueño - explicó el Dr. Pereyra.
Mi esposa ha dormido desde ayer y hoy solo tuvo fuerzas para almorzar - contó Albert sonriendo.
¿Con que esas tenemos? La señora nos está haciendo trampa, necesito que consuma muchos alimentos verdes y procuren darle muchas frutas y verduras, la carne también es buena, necesita alimentarse antes de que comencemos con lo otro... - se interrumpió intrépidamente.
¿Cuál otro? - cuestionó.
La señora no ha comenzado con el vómito, no se asuste... es normal, también eso es normal pero puede bajar de peso y eso no será muy bueno para el producto - contó el Dr. Pereyra.
Bien, entonces más comida y nada de ejercicio físico - sonrio Albert.
¿Cómo que nada? ¿No sale ni a caminar? - preguntó exaltado el galeno.
No, es que últimamente nos ha dado muchos sustos... - exhaló el Dr. Pereyra.
Eso tampoco está bien, si quiere hablo con ella para que entre en razón, usted puede estar presente - lo tranquilizó al observar la dura mirada que le estaba obsequiando.
Sí eso sería una buena idea - aceptó Albert retirando la fría mirada de la del Dr. Pereyra, sabía que él estaba enamorado de su esposa, pero recordaba que ella sólo lo amaba a él.
Mientras esto sucedía, en cierto Castillo Grandchester...
¡Buenos días joven, que bueno que ha despertado! - exclamó la enfermera que había sido contratada.
¡Buenos días! ¿Qué hago aquí? - saludó Pierre, saliendo del coma y viendo a su alrededor.
¡Buenos días! Bienvenido al Palacio Holyroodhouse... - murmuró Lord Straight.
¿Qué ha dicho? ¡Palacio Holyroodhouse! Estoy en ¿Escocia...? - le preguntó ansiosamente.
Lo está en calidad de detenido, Conde Lemarque - ahora le tocó informar a Sir Carnegie padre.
¿Y mi padre...? - cuestionó Pierre.
Esperábamos que nos dijeras ¿dónde está? - cuestiono Sir Carnegie.
Mi padre, estaba conmigo en el hospital... - pestañeó Pierre.
¿Cuál hospital? Usted no fue traído de un hospital sino de un barrio muy pobre en Londres - le informó Lord Straight.
¿Cómo ha dicho? - Pierre se extrañó.
Sí, lo que ha oído, esperábamos que su padre estuviera con usted... - refirió Pierre.
Mi padre, me abandonó entonces... estaba conmigo... - Pierre no alcanzaba a comprender por qué le dolía tanto el corazón, era eso acaso ¿desilusión?
Lo último que supimos fue que la persona a la que vio fue al hijo del Duque Grandchester... informó el señor Dunne desde una esquina de la habitación.
¡Al Duque Grandchester, noooooo, a él no, a él no! ¿Por qué a Terrence? Yo... - Pierre no podía creerlo, ¿por qué su padre había actuado de esa manera?
Tú ¿qué Pierre? - insistió Abahinn.
Yo di la orden de que lo golpearan, mi padre lo estaba protegiendo tanto y además me enteré de que estaba enamorado de ella, de mi Princesa, de Candice y decidí darle su merecido, mandé a golpearlo y a marcarlo para que no fuera identificado... - aseguró él de que solo tomaran sus palabras como un delirio de enfermo. Sabe usted si Terrence ¿sigue vivo? - cuestionó curioso.
¡Tú fuiste Pierre...! - increpó Abahinn sin poder creer lo que les había contado.
¡Tú fuiste! - ahora fue el turno de su padre, ya que no podía creerlo.
Tenía que hacerlo feo para que ella no volviera a acercarse a él... - siguió con el relato.
Conde Lemarque usted está siendo arrestado por traición a la Corona Inglesa por tentativa de homicidio en contra del Duque Grandchester, por el secuestro de Lady Candice Andley y por el encubrimiento del asesinato de Adam Lemarque - leyó sus cargos Sir Carnegie.
Yo no fui... todo lo planeó mi padre con tal de no caer en bancarrota... - gritó Pierre.
¡Los tenemos...! - afirmó el Duque de Grandchester.
Continuará...
