Capítulo XXVI

Candice terminó durmiendo hasta muy entrada la madrugada cuando se zafó del agarre de Albert, la verdad es que moría de hambre, el último bocado lo había ingerido en el almuerzo y tratando de no despertar a su esposo ni a sus mascotas, se levantó del camastro y colocándose la bata, salió con cuidado y sin hacer ruido del camarote. Caminó hacia el pasillo atravesando la salita de la estancia para después seguir hasta el comedor, donde éste se encontraba cerrado, echando un cerrojo que fungía como la seguridad del lugar, logró acceder a éste, llegando a la cocina y rebuscando entre los trastos, se vio sorprendida por alguien cuando tocaba un rico pastel y se metía un buen bocado a la boca.

¿Quién está aquí? - preguntó una voz, haciendo que la oscuridad le hiciera una mala pasada.

¡Mmmhhh que rico! - susurraron entre bocados.

¿Quién está aquí, he dicho? - volvió a repetir el cocinero, asustado. ¡Pereyra, que hace usted aquí! - exclamó el hombre asustado por el encuentro con el médico.

Vine por un vaso de leche, ¿pasa algo? - quiso saber el galeno al observar cuan lívido se encontraba el cocinero

Sí, tenemos un intruso, pero bueno no quiero ir tan lejos, ¿podría ayudarme? - sonrió el hombre al verlo descubierto.

John, no pensé que fueras tan miedoso... - susurró el galeno sin poder creerlo.

¡Cuidadoso Pereyra, cuidadoso! - aseguró el cocinero al ver que su amigo se burlaba de él.

Bueno, iré yo... - el médico decidió ir solo, ya que aquel hombre no quería ni moverse de su sitio.

¡Qué hambre tengo! No lo creo, parece que no he comido en siglos, ¿cómo será no comer en siglos? ¿Qué horror! - comentó espantada una linda rubia, con los dedos llenos de chocolate.

¿Quién esta ahí? Señora Andley... ¿qué hace despierta a esta hora? - preguntó sorprendido el médico, ya que se le hacía raro verla ahí, sin su sombra, es decir su esposo.

Tengo hambre - levantó el rostro del plato y volvió a ponerlo en el plato después de contestar.

Pero los pastelillos no es algo que le nutra, deje ahí señora mía - la reprendió limpiándole las manos con una servilleta y se volteo a ver que John se asomaba a ver quién era. John puedes retirarte, atenderé a la señora Andley, le prepararé algo de comer - sonrió enseñándole quien era.

¡Está seguro? - sonrió al ver el rostro de la rubia que estaba lleno de chocolate.

Sí, vamos señora Andley, tenga esto para que se limpie, ¡que se le antoja de comer? - cuestionó cuando la rubia tomaba la servilleta y se limpiaba el rostro.

Mmmm lo que sea, ese pastel de chocolate estaba delicioso - respondió ella con ánimo.

Lo sé, pero eso no le ayuda, así que lo comerá en el postre y con un vaso de leche caliente, te haré una tortilla de verduras, eso estará bien para ti... - decidió él mientras sacaba los huevos y algo de verdura.

Bueno, mientras serviré un poco de leche, últimamente se me antoja mucho la leche, ni cuando estaba en el Hogar de Ponny tomaba tanta, sólo unos tres vasos, por la mañana... - refirió ella recordándolo.

¿El Hogar de Ponny? ¿Qué es el Hogar de Ponny? - preguntó el galeno curioso.

Ahí crecí desde que era un bebé, la Hermana María y la Señorita Ponny se hicieron cargo de mí hasta que cumplí diez años - comenzó a relatar su historia o al menos su niñez.

Ese lugar es ¿un orfanatorio? - cuestionó sorprendido.

Sí, se encuentra en Illinois, pero fue esa parte de mi niñez la que me hizo ser como soy - refirió ella, quizás por lo de un poco atrabancada aunque él pensó que demasiado tonta e ilusa.

¿Qué familia te adoptó, Candy? - preguntó para saber más acerca de ella.

La familia Leagan, pero en realidad no fui la niña que acompañaría a Elisa, sino unos pocos meses después pasé a formar parte de la servidumbre - respondió ella animada.

¿Elisa? - cuestionó intentando que ella hablara ya que información es lo que quería.

Sí, Elisa y Niel eran los hijos de los Leagan, pero no me quejo, por eso conocí a mis tres paladines, primero a Anthony, después a Archie y luego a Stear aunque... - ella se interrumpió por unos momentos.

Aunque, ¿qué? - la apuró el galeno.

Aunque primero conocí a Albert, de más pequeña, tenía seis años cuando él tenía 14, el parecido con Anthony fue excepcional, cuando ya era hija de los Andley entablé mi primera relación de noviazgo por así decirlo con Anthony porque se parecía al Príncipe de la Colina y como no se iban a parecer tanto, si Anthony era sobrino de Albert - susurró ella con anhelo al descubrir eso con tan sólo recordarlos.

¡Con que eras una rompecorazones! - expresó el médico asombrado por el descubrimiento de esa mirada traviesa.

Por supuesto que no, en esas épocas aún no conocía a Albert, sólo que si tú los conocieras verías a lo que me refiero - sonrió ella, sin percatarse del aire ¿celoso? del galeno.

¿Y los Leagan? - preguntó él.

Los Leagan, bueno a Elisa tuve la desafortunada noticia de que me la encontraría ahí mismo con Anthony, Archie y Stear, dado que eran sus primos y ella estaba enamorada de Anthony - refirió Candy suspirando con pesar.

Pues creo que tenías competencia - soltó el hombre, haciendo que Candy reprobara su comentario.

A mí me gustaba Anthony por él no porque quisiera quitárselo a Elisa, además los chicos decían detestarla - se defendió ella.

Se ha sonrojado señora Andley - se había descubierto ante ella, así que lo que mejor se le ocurrió fue hacerle una broma.

Cuando Anthony murió, sufrí mucho y como Albert no se presentó la funeral, es que decidió mandarme a Londres para hacerme una señorita de sociedad como a la Señora Elroy le gustaban las chicas - continuó con su historia.

Dinero perdido, por lo que se ve - respondió el en tono mordaz.

Siempre se los dije, pero vaya nunca me hacen caso. Annie si aprovechó todos esos sacrificios, ella sí que es una dama de sociedad y toca maravillosamente el piano - recordó ella evadiendo el tema de nunca acatar las órdenes.

¿Annie? - preguntó él sin entender quién era.

Sí, a Annie y a mí nos encontraron al mismo tiempo en el mismo día en un frío diciembre. A ella la adoptaron antes que a mí - respondió ella sonriente.

Y ¿sabes de ella? - ansiaba más información.

Sí, debe estar en Londres, espero que muy bien - auguró que con todo lo que había sucedido hasta ese momento, los chicos ahora estarían de lo más divertido en Londres.

Aquí está su cena señora Andley y también su leche, le traeré panecillos - el médico le dio su platillo, colocó unos cubiertos y se dio la vuelta para ir por un poco de pan.

Gracias - agradeció ella devorando su comida- cena.

Ahora cuénteme... ¿qué ha sucedido con Albert en todo ese trayecto? - el médico por alguna razón quería brincarse algo de esa historia, él pensaba que Albert y los Borthwick valiéndose de su posición le habían lavado el cerebro a Candy y la habían también, secuestrado.

Llegué a Londres, pero en el barco conocí a Terrence Grandchester - pero ella seguía soñando y recordando, así que prosiguió con su historia.

De acuerdo, tu otro amor... - insistió él.

Yo no diría amor, es un buen chico, sólo que está tan herido que pretende hacerse el duro - refirió la rubia.

Me gusta verla comer, ahora debe preocuparse por dos - el galeno hizo un comentario cuando ella estaba por la mitad del plato.

Si lo sé, Albert me lo ha explicado todo... - contó ella.

Mientras el interesante interrogatorio del Dr. Pereyra seguía, en un camarote, Albert estiraba la mano para poder encontrar a su esposa. Al no hacerlo, se levantó espantado y comenzó a buscarla por todas partes, decidido a tocar la puerta del camarote de los Borthwick.

¿Sucede algo Albert? - preguntó Sir Borthwick.

¿Candice, no está con ustedes? - cuestionó Albert curioso, quizás se había despertado y ellos la tendrían ahí, lo cual era casi imposible.

No, debería estar dormida, ¿no crees, Albert? - insinuó Sir Borthwick obviando que todos deberían estar haciendo lo mismo.

No, tampoco está, Clint y Puppet están dormidos...bueno lo estaban - comentó al verlos aparecer en la salita, medio adormilados. Clint, anda busca a Candy... - le ordenó al cuatí mientras era seguido por un Puppet, también adormilado.

Espera, voy por mi bata y te acompaño - resolvió actuar su padre se metió al camarote y a los pocos minutos salió, encontrando a Albert en el pasillo.

Minutos más tarde, Clint y Puppet regresaron con bocadillos, haciendo que Albert sonriera ante la ubicación de Candice. El rubio apuró a su suegro y se encaminaron hacia el comedor.

Sabes ¿dónde está? - preguntó su suegro.

Sí, hace unos minutos Clint y Puppet llegaron con bocadillos nocturnos, lo cual debe ser porque Candy está asaltando la cocina, debe tener hambre... - respondió el rubio soltando una pequeña carcajada que al observar el semblante de su suegro, decidió opacar, tornándose serio.

¡Ah que niña! ¿Cuál fue su última comida? - preguntó Sir Borthwick.

El almuerzo de ayer, se la ha pasado durmiendo, ya hasta me estaba preocupando... - respondió Albert.

Así era Lady Beagen con todos sus encargos, no te preocupes - inconscientemente Sir Borthwick le dio un par de palmadas al hombro de Albert deseándole con esto la calma suficiente y la suerte para poder tolerar que Candice se volviera un poco becerro durante sus encargos.

Espera, vamos a ver primero en que lugar está - Albert decidió entrar primero, pero fue detenido por su suegro.

Sir Borthwick se adelantó y al escuchar unas voces se detuvieron, Candice le estaba contando a alguien cosas de su vida, haciendo que el rubio se pusiera celoso.

Cuando Albert trabajaba en Londres, nos despedimos porque pensé que ahí seguiría en lo que yo regresaba de Escocia, pasé mis vacaciones de verano allá o eso pretendía..., ¡qué rico te quedó! - refirió ella, retirando el plato y colocando los cubiertos a un lado.

Son cosas sencillas que uno aprende, es bueno saber que te gustó - sonríe en demasía haciendo que ella baje el rostro.

Gracias - ahora el que agradece es él.

Y luego, ¿fuiste a Escocia? - sugirió el médico.

No porque... - ella iba a contestarle cuando de pronto alguien interrumpió

Candice, mi amor aquí estás, mira que espantarnos al no saber de ti, a estas horas - comentó el rubio observando angelicalmente a su esposa y dándole una mirada celosa al dizque médico.

El Dr. Pereyra me hizo de cenar, la verdad que moría de hambre, se ha portado muy bien conmigo... - respondió la rubia encontrándose con la mirada que tanto amaba de él.

Pero ya has acabado, creo que debes agradecerle por sus atenciones - respondió Albert midiendo su distancia con el medicucho.

Gracias doctor, otro día platicamos - aseguró Candy, alegre y levantándose rápidamente de la silla.

Por supuesto señora Andley - respondió el galeno con cuidado, ya que a su visión apareció Sir Borthwick con mirada amenazante.

Albert ve con Candice al camarote mientras le ayudo al Dr. Pereyra a recoger todo esto, si no el cocinero nos pondrá a asear todo lo que está fuera de su lugar - aseguró como si eso fuese cierto.

Bueno, me iba a ofrecer yo... - respondió Candy, comenzando a levantar el plato.

No querida, vamos a la cama, que debes de descansar como te lo ha indicado el médico - sugirió Albert obligándola a abandonar el comedor.

Sí señora Andley, regrese a dormir, es lo mejor para usted - recomendó el médico.

Hasta mañana Dr. Pereyra - se despidió Candice al sentirse ceñida de la cintura por su esposo.

Hasta mañana señora Andley. Déjeme usted a mí estos quehaceres, Sir Borthwick - el galeno llamó a Sir Borthwick cuando comenzaba por levantar el plato.

Digo nunca lo he hecho, pero no creo que sea muy difícil - admitió el hombre maduro, sonriendo ante tal quehacer.

Váyase a descansar... - sugiere el médico comenzando a quitarle el vaso y el plato. ¿Qué le pasa? - pregunta él sintiendo cuando Sir Borthwick lo estrelló en la pared del compartimento.

¿Qué es lo que quiere saber, señor Pereyra? - le preguntó amenazante.

Me sorprende que un señor de su rango, se lie a golpes con un simple médico por una señora que apenas y conoce o me dirá que no la conoce como quisiera - el Dr. Pereyra se estaba metiendo con la persona menos indicada y por ello estaba por recibir un golpe certero en la mandíbula cuando se sintió liberado del agarre por tan soez comentario.

¡Insolente! Retire lo que iba a decir, no le permito que me insinúe nada - vociferó el alto hombre que estaba frente a él.

No le estoy insinuando nada, pero no le parece extraño que el Señor Andley quien viaja en este tren con un nombre falso y ella sean esposos, si es apenas una niña - respondió el médico sobándose la quijada lastimada.

¡Ah es eso! ¡Increíble! Otro tonto hombre que cae a los pies de Lady Andley, ya que usted sabe nuestro secreto, quizás debiera saber algo también - Sir Borthwick picó la curiosidad del galeno.

¿Qué cosa? A mí no me amedrentará con nada... - el médico le respondió.

¡Con nada! No, no lo quiero amedrentar, sólo decirle que está metiendo sus narices en el lugar equivocado y espero que se aleje - aseguró al chico.

Sabe la tiene bien aleccionada - afirmó el galeno.

¿A quién? - preguntó el robusto hombre sin entenderlo.

A la supuesta señora Andley, no es más que una niña que no sabe donde ha caído - lo que el Dr. Pereyra quería es que ese hombre aceptara su fechoría.

Por Dios hombre, la Señora Andley ama a Albert desde que la conoció cuando apenas tenía seis años y vaya que esperar por ella durante otros nueve, no le parece que es porque la ama... - informó Sir Borthwick.

Eso es perversión de menores... - soltó el médico haciendo que Sir Borthwick perdiera la concentración.

Eso que dice es una tontería, más le vale que no divulgue nada de lo que Lady Andley le ha contado y menos de ésta conversación porque le costara muy caro... - advirtió Sir Borthwick.

¡Eso es una amenaza! - quiso saber el médico cuando Sir Borthwick decidió plantarse cerca de él.

Es una advertencia Dr. Pereyra - le informó.

Candice había caído profundamente cuando Albert la dejó un momento, tenía que arreglar algo con ese médico de pacotilla.

Pues déjeme decirle que parece una amenaza - respondió el galeno.

No lo es, sólo es una advertencia, buenas noches - deseó el hombre retirándose de ahí.

Lord Borthwick ¿aún está aquí? - preguntó Albert.

Sí Albert, intercambiaba puntos de vista con el Dr. Pereyra - le informó él tajante.

¿Peligramos? - preguntó el rubio, sabía que no quería tener otro problema.

Por el momento, no. Pero llegando a la próxima estación debemos cambiar de tren, nos demoraremos más en llegar a Escocia - refirió su suegro.

¡Demonios! ¿Cuándo Candy será desconfiada? - se preguntó a si mismo?

imposible, pides demasiado Albert.

Crees que sea necesario acudir al oficial encubierto en el tren

Si quieres lo vemos mañana, a una hora adecuada - refirió Sir Borthwick cuando vio que Albert se dirigía al comedor de nueva cuenta.

¡Maldición! Y si la tienen ¿secuestrada? - se preguntó el galeno mientras hacia todo lo necesario para limpiar cuando de pronto se vio encarado por el rubio.

Pero me cree tan estúpido de secuestrar a mi propia esposa - vociferó el rubio sorprendiendo al médico.

Y eso que no oíste lo que se atrevió a insinuar - declaró Sir Borthwick, él era un hombre cuidadoso con a quien enfrentaba, pero siendo su yerno al que le hacían la afrenta él se encargaría del galeno entrometido.

¿Qué cosa? - preguntó Albert, esperando la respuesta.

Nada Albert - resolvió crear expectación.

¿Qué insinuó? - gritó el rubio desencajado.

Que éramos pervertidores de menores y dio a entender que yo la deseaba... - Sir Borthwick le dio la entonación requerida y se detuvo en la última parte.

¡Animal, déjame Sir Borthwick! - Albert no se reconocía pero esas palabras se las haría pagar con sangre si se necesitaba, Sir Borthwick tuvo que interceder cuando Albert no dejaba de apretar el cuello del médico.

No Albert, espera, tranquilízate, que no ves que está enamorado de ella - respondió Sir Borthwick burlándose del médico en cuestión.

Lo sé, pero... - dijo él soltándolo y haciendo que el galeno tosiera porque no había aire que le alcanzara.

¿Qué sucede aquí, señores? - preguntó alguien que entró al comedor.

Nada oficial - respondió Sir Borthwick.

Sí oficial, tenemos un problema con el médico del tren, tendría la amabilidad de llamar al oficial Marco Zaldívar, por favor - solicitó Albert saliendo de ese lugar, porque si se quedaba ahí cometería una tontería.

¿Es necesario? - cuestionó el oficial.

De extrema urgencia señor, el médico se encuentra en la cocina, si quiere lo esperamos aquí - sugirió Albert.

De ninguna manera Sir Borthwick, pasen a la oficina del Señor Zaldívar - refirió el oficial indicándole cual era a Sir Borthwick.

Gracias, es al final a la izquierda ¿verdad? - Sir Borthwick quiso asegurarse.

Sí, ahí es, en unos momentos los acompañamos - afirmó el oficial.

Perdone, pero mi esposa está embarazada y si no me encuentra ahí pudiera asustarse, será que puede ir Carmenza a cuidarla - refirió Albert esperando que el oficial avisara a la mucama.

Por supuesto, haré lo que se me pide, puede esperarnos unos minutos en la oficina - sugirió el oficial, comenzando a caminar hacia las habitaciones de las mucamas.

Sí, lo esperaremos - asintió Sir Borthwick. ¿Estás seguro de lo que haces, Albert? - le preguntó al rubio que apretaba y aflojaba las manos para des estresarse.

Ella es lo que más amo en mi vida, por supuesto que estoy seguro, no permitiré que nada le afecte, ni las suposiciones de alguien sin importancia - respondió el rubio, viendo como la furia iba convirtiéndose en dulzura y determinación.

De acuerdo, espero que Lady Beagen no se despierte y no se escandalice por no encontrarme ahí - bromeó Sir Borthwick.

También me preocupa su esposa Sir Borthwick, ella tiene en muy alta estima al Dr. Pereyra - afirmó Albert.

Albert y Sir Borthwick entraron a la oficina, el rubio se notaba preocupado y Sir Borthwick aunque no lo demostrara también. Por otro lado, Candy dormía profundamente cuando Carmenza llegó a su camarote, la mucama se instaló en la salita de estar y tomó un libro mientras llegaban sus patrones. El oficial de apellido Torres, llegó minutos después con el oficial Zaldívar y el médico.

Veo que estamos todos, ¿sucedió algo a estas horas? - cuestionó el oficial Zaldívar.

Sí señor Zaldívar, perdone la molestia por la situación. El Dr. Pereyra nos cree una banda de pervertidores de menores y se ha atrevido a insinuar que tenemos otros motivos para retener a mi esposa con nosotros, como si sufriera lavado de cerebro - espetó Albert muy serio.

¿Tiene usted algo que decir señor Pereyra? - cuestionó el oficial Zaldívar.

Sí, que se me hace raro lo que ellos cuentan y lo que ella finge que no sabe. ¿Por qué en la lista de pasajeros están con otros nombres? Es que acaso no son otros Sir y Lady Borthwick, señor - explicó él tratando que el oficial Zaldívar se pusiera de su parte.

Ya veo, bueno, no esperábamos que se diera cuenta de ese pequeño detalle, pero debo recordarle que le debe lealtad a la señora Andley como médico, usted no puede andar divulgando nada acerca de ella, me entiende - se aseguró el oficial Zaldívar de ese hecho.

¡Es que no se da cuenta de que la tienen secuestrada! - refirió el Dr. Pereyra molesto por la ceguera del oficial.

¿Secuestrada? Jajaja podría ser todo menos secuestrada - pero el oficial Zaldívar no pudo contener la carcajada.

Esto no es una broma - lo reprendió el médico.

Lo sé y lo siento, no es una broma, pero creo que Sir Borthwick le ha advertido ya que no debe meterse en este asunto - le informó él haciendo que eso lo molestara más al sentirse reprendido no por él, sino por todos los demás.

¡Me amenazó! Sí - afirmó el galeno viendo como Sir Borthwick ponía un rostro duro.

No señor, no lo amenacé, solo le advertí - recalcó aquel que se ponía como un hombre irascible.

¿No ve lo que sucede en sus propias narices? ¡Son unos pervertidores! - espetó el médico profusamente molesto por la ceguera.

No lo son y debería de tener más cuidado con lo que dice - aseguró el oficial Zaldívar.

¿Qué más pruebas quieren? Ella va a ser madre a los quince, es una niña - refirió el sin poder contener su furia.

Dieciséis de hecho - sonrió Albert.

Tiene la autorización de su padre - informó el oficial Zaldívar.

Él no es su padre, usted sólo la adoptó - se aseguró él para que no le cambiaran lo que ella le había comentado.

Pero, si tiene la autorización de su padre - respondió ahora Sir Borthwick.

Es huérfana... - informó el galeno.

Lo era, hasta hace unos meses... - aseguró el suegro de Albert.

¿Qué ha dicho? - quiso saber él principalmente y los demás por consecuencia.

Fue un requisito de Sir Campbell - refirió Sir Borthwick, quería resaltarlo y lo había logrado.

¿Ya lo sabían? - preguntó el rubio en gaélico para que solo estuvieran enterados los que fueran necesarios.

Sí, el Rey Jorge V pidió una prueba y se la dimos - respondió Sir Borthwick en el mismo dialecto.

Fueron varias de hecho - afirmó Lady Beagen cuando entró a la oficina ya que los oficiales la habían dejado entreabierta.

Lady Beagen, ¿qué haces despierta? - cuestionó su esposo.

Buscándote, Carmenza me dijo donde estaban - respondió ella viendo a las personas que ahí se encontraban.

Lady Andley tenía consigo una muñeca que yo misma deposité en su tumba con su nombre, también portaba una cadenita con dos BB, los nombres de sus clanes, Borthwick Buchanan y... con mi foto cuando fue mi presentación pudimos comprobar ante el rey que nosotros somos sus padres y él, Dr. Pereyra es el esposo de Candice, supongo que ella es tan inocente que no pensaba que usted fuera a malinterpretar su buen corazón, por eso es que le traigo esto - Lady Beagen comenzó a explicarle y cuando terminó le mostró un libro abierto, enseñándole papeles legales sobre la adopción de los Andley, el acta de nacimiento de Candice, la de hace quince años y la actual, la aceptación de Candice como segunda en sucesión a la Corona Escocesa.

¿Qué es eso Lady Borthwick? - quiso saber su esposo.

Esto, me lo envió Sir Carnegie para darle buen uso y ésta es una ocasión que lo amerita - aseguró Lady Beagen, pasando las hojas hasta las primeras.

¿Alfred? - cuestionó en voz alta.

Abahinn, tome, ahí esta toda la vida de mi pequeña Candice desde el orfanatorio, lo que pasó con su nacimiento y lo demás es asunto de nosotros, comprende, pero puede ver cosas que sólo yo sabría de ella, porque yo la di a luz y espero que entienda que no lo estamos engañando, mi amada hija ha sufrido mucho, supongo que le ha contado parte de su historia, si, Candice si fue raptada, pero no por Albert, ni por mi esposo, sino por un hombre vil que sólo quiere la fortuna de los Andley. Ellos estaban enamorados desde hacía mucho tiempo, al verse en África, si hasta allá se la llevó ese hombre y la comprometió con su hijo a cambio de la libertad de sus cinco amigos, para ella el saberse tan afortunada no fue bueno y se arriesgó a casarse sin amor tan sólo por sus amigos - contó ella, con mucho dolor.

Mi esposa iba a sacrificarse Dr. Pereyra, por sus amigos y su hermana, Annie - afirmó el rubio haciendo que entendiera un poco su gran preocupación.

El hombre ese, tramó todo este problema y ahora ella tiene que llegar a Escocia en los próximos dos meses, si no lo hace el hombre aquel podría atentar contra su vida, pero ninguno de nosotros pensó en que estaría embarazada, ahora el riesgo se ha triplicado, entiéndanos, nosotros los padres sabemos que cuando una hija se casa es responsabilidad del esposo hacerse cargo de los problemas de su esposa, pero, esto nos ha rebasado, él por supuesto no sabe que nosotros somos sus padres y ella tampoco, es mas sólo lo saben los del Tribunal de Lyon y ahora usted - aseguró Sir Borthwick.

Lady Beagen, yo... yo no lo sabía - respondió rápidamente, pensando por un momento que su historia era completamente creíble.

Entenderá que no se lo podíamos contar, el plan inicial era que sólo le iba a dar el anillo de futuro compromiso y nada más, yo quería esperar a que cumpliera los veintiuno para poder casarme con ella, pero tuve que hacerlo, por Dios, la amaba tanto y lo que menos quería era vivir sin ella, la ambición de ese señor hizo que abandonase el plan inicial y Sir Alfred Carnegie me dio los papeles de su naturalización, de su aceptación como segunda al trono de Escocia y de su parentesco con los Borthwick, ahí mismo encontrará el permiso de nupcias firmado por el Rey, por mí, por Sir Carnegie y también por Stephan, el sacerdote que nos casó en San Pedro África - ahora fue Albert quien contó en resumidas cuentas lo que estaba y había sucedido desde que por medio de Candice se habían enterado del secuestro en Londres.

¡Esto no puede ser verdad, dígame que ella no corre peligro! - cuestionó con aire preocupado.

Continuará