Capítulo XXIX

¡Hola... Albert! Dime, ¿dónde está Tarzán Pecosa? - preguntó el castaño extrañado por no ver a Candy.

Pues..durmiendo, últimamente es lo único que hace, dormir... - explica Albert apesumbrado.

Seguro, pero vamos hombre ¿por qué tan sorprendido? - le espeta Terry, sonriendo.

Pues ¿no se supone que tendríamos guardias en Londres...? - cuestionó Albert.

Digamos que un pajarito nos ayudó contándonos que han tenido problemas desde Lisboa... - refiere Terry como si se lo estuviese contando a puras damas.

¿Problemas? No precisamente... - sonrió Albert no soportándolo más.

Sí claro seguramente al pobre Dr. Pereyra, la malvada Candice lo mandó a Escocia y al perverso Sir Alphonse Buchanan lo enviaron también a Escocia por esa malvada bruja de ojos verdes llamada Candice White Andley Borthwick... - suelta en son de broma.

Terry...¿lo sabes? - se asombra el rubio.

Por supuesto que lo sé, estoy así por ella, por protegerlos... - al rubio se le pone el rostro tan asustado por el estado de su amigo, que oportunamente lo corrige. No, no, no espera, no quise decir eso, no lo malinterpretes, no quise decirlo de ese modo... sólo que no medimos algunas partes del plan...pero estoy bien, es más mi padre ahora me entiende - rectifica, pero Albert aún tiene ese estado lastimero.

Eso veo, fue bueno entonces. ¿Estás muy lastimado? - quiso saber Albert.

Depende, si algo... - el castaño no quiso arriesgarse a que su amigo volviera a sentirse mal por él.

Lo siento mucho Terry...pero ¡puedes dejar de contarlo así! Candy ha estado un poco triste y no queremos que se esfuerce mucho... - comentó el rubio pensando en que si su esposa oía esa versión, lloraría a mares por sentirse culpable.

Lo sé, entendemos, entendemos que... por cierto, ¡felicidades, han de estar muy enamorados - aseguró Terry, fingiendo que no le lastimaban sus propias palabras.

Lo siento por ti, sé... sé que la amas, pero... - Albert ya no supo qué decir.

Sí, es incómodo, pero ella te amó desde pequeña y ya no se puede cambiar... ahora es bueno protegerlos a los tres... - comentó Terry.

¿Cuáles tres? - cuestionó Sir Borthwick quien aparenta no entender.

Sabemos por el Dr. Pereyra que Candice está en cinta, ¡felicitaciones! - se acerca Terry muy animoso

¡Lo saben...! - exclama dejándose deslizar hacia abajo y teniendo mas tarde un ataque de pánico.

Albert, ¿qué pasa? - preguntan todos al mismo tiempo.

¿Cómo es que todos saben todo? Y yo... yo... ¡por Dios! - Albert no puede respirar muy bien.

Terrence, ¿qué pasa hijo? - cuestiona el Duque Grandchester al observar como todos los ahí presentes se acercan al rubio y al mismo tiempo aparece Sir Borthwick imitando los movimientos de Sir Borthwick.

¡Albert, Albert! ¿Qué te pasa? - exclaman todos.

Lo siento, pero no puedo - Albert comienza a llorar como un niño pequeño haciendo que Sir Borthwick se sienta mal.

Sir Borthwick ¿cómo llegó a Lisboa tan rápido... en tres semanas? - cuestionó Terry extrañado, ya que no había reparado en su presencia.

¿Quién es usted? - quiso saber Sir Borthwick

Terrence Grandchester... - soltó el jovenzuelo.

¿Grandchester? ¡Usted fue el que dejó a...! - Sir Borthwick no pudo terminar porque el Duque lo había tomado de debajo de los hombros, reteniéndolo y evitando que atacara a su hijo por algo que él tenía la culpa.

Espere, espere de hecho fue mi padre, pero ya todo está bien, el Tribunal lo tiene cubierto, ahora todos buscan a Lemarque... - aseguró el joven castaño.

¿Cómo que buscan a Lemarque? - preguntó Albert.

Sí, está desaparecido y Pierre está enclaustrado en el Castillo Grandchester... en coma - asegura Terry como si estuviese hablando del clima.

¡Esperen, esperen, ya no entiendo nada! - exclamó el Duque Grandchester.

Vengan, aquí estamos llamando la atención, Albert vamos al camarote de Sir Borthwick y les contamos los pormenores... - decidió el Duque ayudando a levantar al rubio y dirigiéndose al camarote de Sir Borthwick.

¡Vamos, Albert se fuerte...! - le pide su suegro, tomándolo de ambos brazos con sus blancas manos.

Lo siento, Sir Borthwick - el rubio pide disculpas por el exabrupto.

No te preocupes muchacho, ya se me hacia extraño que no hubieses explotado antes... - asegura su suegro, posicionándose al lado de él y entrando hacia el camarote, donde lo sentaron en una silla mientras el Duque servia un poco de whisky en un vaso.

Sólo yo... - quiso explicar.

Vamos, tome esto - ordena ligeramente el padre de Terry.

Gracias - agradece el rubio cuando toma el vaso.

¿Qué tan atrás debemos retroceder? - cuestionó Terry.

¿Alguien está con Candy? - le pregunta su suegro al rubio recordandole que a eso iba cuando tropezó con Terry.

Carmenza...creo, pero puedo ir a ver - informó Sir Borthwick.

Sí, por favor... - agradecen los castaños.

¿Podemos comenzar...? - preguntó Terry.

No, esperemos - pidió Albert.

Toc, toc

Todos se quedaron observando al rubio que se encontraba confuso y depresivo en el suelo aún, mientras Sir Borthwick fue en busca de Carmenza en el camarote adjunto al de los Sires Borthwick más jóvenes, pero no la encontró, así que supuso que se encontraba con su hija por lo que decidió ir a ver si necesitaban algo. Sir Borthwick se sorprendió que la puerta del camarote estuviese abierta, dado que el ruido del mar abierto desde hacía unos minutos e escuchaba en estruendo por lo que se decidió a entrar, observando la salita de té que se encontraba justo después de la entrada, todo se encontraba desierto; después caminó y vio que la habitación tenia la puerta semi abierta, por el filo de esta se percató que Candice seguía dormida y al dirigir la vista hacia algún punto encontró a Carmenza muy callada y de pronto vio como una sombra reptaba de Carmenza a Candice, amarrándole las manos; lo cual le confundió y preocupó en demasía.

Debía avisar a los demás, pero cómo se preguntó, de pronto escuchó como rasguñaban la maleta de Candice y recordó que ella llevaba a Clint dentro de su equipaje, por lo que la abrió y lo sacó rápidamente, pidiéndole al animalito que llamara a los demás en silencio. Clint así lo hizo, con la pata abrió la puerta y salió; de pronto se dio cuenta de que Carmenza tenía puesto un trapo en la boca, impidiéndole que hablara, esto no estaba bien y Sir Borthwick conservando la calma, lo sabía, por lo que decidió esperar a que los demás llegaran.

Al parecer el hombre ya le había atado las manos y ahora seguía con los pies, Carmenza comenzó a moverse mucho, pero aún así no pudo desatarse. Sir Borthwick esperaba que Clint y los demás no se tardasen tanto y así fue, Clint llegó apenas minutos antes de que el hombre hubiese levantado a Candice de la cama. Sir Borthwick se dio cuenta de ello y al sentir que el coatí había llegado, volteo hacia la puerta y les pidió calma y silencio a los demás, les dio indicaciones en silencio y preparó a todos para agarrarlo, mandó a Terry por el oficial de guardia y el joven castaño lo llevó hasta el camarote de Albert y Candice. Minutos después...

Candice... Carmenza... - susurró Sir Borthwick, ¿qué es lo que usted está haciendo aquí? - preguntó Sir Borthwick embravecido.

¡Aléjese o la mato! - exclamó el hombre colocando una daga cerca del cuello de la durmiente rubia.

¡Usted no hará eso! - Sir Borthwick ya había alzado una escopeta, disparando muy cerca del cabello del hombre aquel.

Los gritos de los cuatro hombres presentes hicieron retumbar el camarote y llamaron la atención de los demás pasajeros, haciendo que se alejarán de ahí más rápido que la peste, el oficial de turno se llevó a unos agentes y se apresuraron a entrar cuando se oyó el disparo.

Más le vale que la suelte o ésta vez no me fallará el tino... - advirtió Sir Borthwick preparando la siguiente bala.

¿Qué sucede? ¡Está rodeado! - cuestionó el oficial de turno cuando observó la escena.

¿Quién es usted? ¿Qué es lo que quiere? - quiso saber Albert.

Están muy equivocados si piensan que no la voy a matar... - aseguró aquel hombre que amenazaba a su esposa.

Es usted el dizque Duque Emanuelle Lemarque - Terry quiso provocarlo, si era esa la opción saldría a la luz su defensa contra el Ducado robado.

El Lord Emanuelle Lemarque fue el que me envió y no es dizque, desde que los dejé hace dos estaciones, logré escapar y llegando a París, los seguí, se empeñaron en cambiar y aún así los encontré, pensaron que iban a llegar a Londres sin un rasguño - respondió con altanería haciendo que los demás se enteraran de que era un enviado de Lemarque.

¿Qué pretende hacer con la señorita? - preguntó el oficial.

Entregársela a mi señor, por supuesto - respondió él orgulloso.

Eso es lo que tú crees, Clint, Puppet, ¡ahora! - ordenó Sir Brothwick cuando ambos animalitos saltaron sobre el hombre.

Richard, ve por Carmenza, yo iré por Candy - le pidió Albert quien había recobrado la templanza para salvar a su esposa.

Sí Albert, Sir Borthwick disparé con mejor tino, ahora - ordenó Terry divirtiéndose de lo lindo.

Por supuesto - aseguró Sir Borthwick colocando el ojo en la mira y disparando.

¡Albert cuidado con Candice, protégela! - ordeno su suegro, cubriéndola con su cuerpo.

¡Argh! ¡Me disparó! ¡Está usted demente! - es ahora que el hombre dejó ver su rostro asombrando a los demás.

¡No puede ser! - exclamaron más de uno.

¿Qué hace usted aquí? ¡Debería estar en Escocia! - exclamó ahora Sir Borthwick.

¡Un médico, necesito un médico! - el hombre herido en el hombro solicitó.

¡Usted es médico, mozalbete! - exclamó Sir Borthwick quien lo empujó adrede.

¡Pero no puedo atenderme a mí mismo, necesito un médico! - exigió el hombre tirado en el suelo.

¿Qué sucede aquí? - preguntó Lady Beagen.

¡Candice, Candice despierta! - pidió el rubio a su esposa.

¡Suerte con que ella despierte, no lo hará! - refirió el médico que ahora se cubrió el hombro.

¿Qué le hiciste? - espetaron todos los presentes ahí.

La drogué, por supuesto - soltó de pronto.

¡Eres un imbécil! - Albert se le fue a los golpes cuando fue detenido por algunos policías.

No es cierto, la señora no ha tomado, ni aspirado nada, no la ha inyectado tampoco - aseguró Carmenza cuando se vio liberada de las mordazas.

¡Eras mi amiga, lo único que tenías que hacer era darle la nota! - espetó el médico.

Lo siento, pero ella es mi señora - respondió Carmenza fiel a Candice.

¡Guardias, aprénsenlo! - ordenó el oficial.

¡Eres una traidora! - la iba atacar cuando fue detenido por todos los presentes y siendo Carmenza protegida por Richard.

¡Llévenselo, ahora! - ordenó el oficial de nueva cuenta.

¡Candice, Candice despierta, mi amor despierta! - suplicó ahora Albert, notablemente preocupado.

Démosle espacio a los Borthwick, por favor - pidió su suegro.

Candice, despierta...por favor despierta, Terry ¿por qué no despierta? - preguntó el rubio soltando lágrimas de preocupación.

¡Oficial llame al médico, deprisa! - lo apuró Terry.

El oficial corrió hasta el compartimento del médico, le dio el aviso y el médico tomando un maletín se despidió de su paciente y advirtió que volvería.

Usted disculpe, ¿el médico estará? - preguntó el oficial.

Sí señor, soy yo, mi nombre es Mickel - se presentó mientras veía el hombro del Dr. Pereyra.

Mickel, bien vamos, se le requiere en el camarote de los Borthwick - le informó haciendo que el médico se alertara.

Espere un momento, voy por mi maletín y lo sigo, usted cuide al señor Pereyra, ¿de acuerdo? - le advirtió a un joven oficial, el cual lo había llevado con Mickael.

De acuerdo señor doctor, pierda cuidado - respondió él con calma.

Vamos, lo sigo - le dijo el médico haciendo que el oficial comenzara a caminar y justo detrás de él lo seguía el médico.

Albert, ya viene el médico - le aseguró Richard, viéndolo que abrazaba a su esposa.

Candice, Candice despierta, ¿por que llora? Dime ¿qué le sucede? - preguntó Albert sin consuelo, de ver desmayada a su mujer.

¡Aquí está el médico! - el oficial avisó entrando sin tocar al camarote, sorprendiendo a todos menos al rubio esposo que seguía prendado del cuerpo inconsciente de su mujer.

¿Qué sucede señores? ¿Nombre de la paciente? - cuestionó Mickel.

Lady Borthwick, antes de subir al barco se durmió, pero ahora no despierta - respondió su padre.

¿Tomó algo? ¿Comió algo? ¿Le sucedió algo antes de subir...? - cuestionó nuevamente Mickel.

Pues se comió cuatro pastelitos, recibió un susto y se desmayó - respondió su padre de nueva cuenta.

¿Hace cuánto fue eso? - cuestionó el médico.

Como tres horas, a lo mucho - respondió Terry.

¿Algo más? - inquirió Mickael tomándole el pulso.

Está en estado... - completo Sir Borthwick.

Bien, podrían salir, la mucama puede quedarse - solicitó a los presentes viendo como Carmenza se colocaba en una de las esquinas de la cama.

Pero... - intentaron persuadirlo.

Por favor, no le pasara nada... - respondió el médico al ver la renuencia de ellos para colaborar.

Sí, por supuesto - respondió sir Borthwick separando a Albert de su esposa y llevándoselo de allí.

¡Albert, tiene que controlarse! - pidió su suegro al rubio.

¿Cómo me pide eso? - espetó el rubio enojado.

¿Qué pasa, Sir Borthwick? - cuestionó una delicada voz.

¡Lady Beagen...! - exclamaron todos los hombres presentes.

Albert, ¿qué le pasa? ¡Explíquenme! - exigió la suegra de Albert.

Es Candice... - contestó Sir Borthwick.

¿Qué tiene? - preguntó preocupada la madre.

No despierta, Lady Beagen... - responde el rubio sonriendo apenas.

¿La ha visto el médico? - cuestionó la madre.

¡En eso está! - refiere Richard.

¿Puedo pasar? - preguntó Lady Beagen esperanzada de que le contestaran algo más que los caballeros.

Supongo que sí, Carmenza está ahí de cualquier manera - refirió su esposo.

No sé, pero tengo que decirle al médico que también lo sede, debe descansar, así todos lo haremos - confirmó Sir Borthwick.

¿En serio? - preguntaron todos.

Por supuesto, déjamelo a mí Sir Borthwick - solicitó su esposa.

Pase mi señora, aquí la estaremos esperando - aseguró su esposo.

Disculpe, ¿como la encuentra usted doctor...? - preguntó Lady Beagen cuando entró y vio que terminaba de decirle a Carmenza que podía vestir a su señora.

Mickel, pues en general bien, sólo que necesito saber ¿cuánto tiene de preñez? - cuestionó el médico muy serio.

Más o menos 13 semanas - respondió la madre.

¿Fue muy fuerte el susto? - cuestionó Mickael.

Sí mucho, pero el médico del restaurante nos comentó que habían sido muchos pasteles - aseguró Lady Beagen.

No lo creo, sin embargo me preocupa un poco el que no haya despertado aún - refiere el médico evaluando todas las opciones.

¿Eso es grave? - preguntó ella quitando la sonrisa que le produjo el recuerdo del regaño de Albert para con Candy.

Sí, debo hacerle una prueba, voy por el instrumental y vuelvo - aseguró el médico saliendo de ahí.

Pase doctor - respondió Lady Beagen, volteándose rápidamente para tomar la mano de su hija.

¿Qué sucede doctor? - preguntaron los caballeros cuando lo vieron salir de la habitación de Candice.

En un momento vuelvo, será mejor que traiga un poco de jugo - recomendó el médico.

¿Sucede algo con mi esposa? - le pregunta el rubio a ella.

Esperemos que no, esperemos que sólo sea el sueño que tiene... - aseguró retirándose por el momento.

La condición de Candy era preocupante para Mickel, todos se encontraban en lo mismo y aún así ellos no quisieron preocuparse más de lo que quisieran. Unos minutos más tarde, el médico regresó y el jugo ya estaba sobre la cómoda al lado de la cama. Mickel tomó un poco de sangre del dedo anular de Candice y después lo colocó en una platina, a continuación le agregó unos reactivos y después la solución se coloreó. Lo que descubrió fue precisamente la falta de insulina en su sangre por medio del páncreas. Esto sin duda, metiéndolo debajo de un microscopio para su descubrimiento.

Debe cuidar la alimentación de la paciente, nada de dulces ni de azúcar, puedo confiar en usted lady Borthwick - le preguntó a lady Beagen.

Por supuesto, sólo alimentos de origen natural - aceptó ella.

Por favor, despiérteme a cualquier hora, ya sabe dónde encontrarme, permiso - Mickel se disculpa y se retira.

Gracias, doctor - agradece Lady Beagen.

Doctor ¿que tiene mi esposa? - Albert intercepta al médico.

Delante de lady Borthwick no quise decir nada, pero ella tiene una notable diferencia de insulina en la sangre... es necesario que no consuma los alimentos que le he indicado por el momento, en lo que hago más pruebas... - pidió Mickel con notoria preocupación.

Pero ¿está bien? - quisieron saber.

Sí, muy bien si siguen mis indicaciones - aseguró él.

Gracias doctor, buenas tardes - se despidieron uno a uno.

Buenas tardes - se despidió y se fue.

Doctor, espere - Sir Borthwick lo detuvo para pedirle un sedante.

Sí dígame, podría también sedar al señor Borthwick, tenemos muchas cosas por delante y últimamente hemos tenido problemas de sueño - refirió el suegro.

Está bien, tome éste sobre y viértalo en un jugo, después déselo a tomar y dormirá muy bien - explica el médico sacando un sobrecito de su maletín y dándoselo a Sir Borthwick.

De acuerdo, enseguida lo haremos, gracias - agradeció Sir Borthwick.

De nada - Mickael se despidió.

Caballeros, los esperamos en el bar, Terry, ¿te ayudo? - preguntó su padre e invitó a los demás a seguirlos.

Sí papá, gracias - a Terry caminar y hacer cosas no le suponían un esfuerzo, pero dar movimientos giratorios sí.

Lady Beagen, tome éste sobre y viértalo en el jugo que tiene sobre esa mesilla y déselo a Albert por favor - Sir Borthwick le dio a su esposa el sobre que le proporcionó el médico.

¿Se lo ha dado el médico? - cuestionó ella preocupada por su procedencia.

Sí - afirmó su esposo, como diciéndole que esto no era de parte suya.

Bueno, vaya a donde los otros señores y yo me encargaré de Albert - le despidió Lady Beagen.

Está bien, gracias - agradecido Sir Borthwick

Albert, tome éste jugo, le caerá bien, además si Candy lo ve sobre la mesita, podría tomarlo - refirió ella preocupada para que el rubio no opusiera pretextos.

Está bien... gracias y descanse que yo haré lo mismo - le informó, dándose el lujo de despedirse y mandarla hacer lo mismo.

Por supuesto...Carmenza, qué bueno que te veo, vigila que los Andley duerman y si sucede algo más por favor nos avisas, los señores estarán en el bar y yo estaré en mi camarote, ¿de acuerdo? - le solicitó encarecidamente.

Si Lady Beagen, pase usted y no se preocupe por nada - Carmenza la tranquilizó y la envío a descansar mientras ella se dirigió a la salita con el anillo de bordado.

inicio del flash back

¿Cómo está mi hijo, Sir Carnegie? - preguntó el Duque afligido dado que desde que se enteró y ayudó al Tribunal a arrestar a Pierre Lemarque, se decidió ser el padre que Terry nunca tuvo.

Terry salió bien de la operación Duque Grandchester, pero lo más importante es que usted no le haga notar que está preocupado, las lesiones de la espalda son la mayoría superficiales por lo que sólo una era peligrosa, pero está en su cuarto si quiere visitarlo... - le dio acceso.

Gracias - respondió Richard.

De nada, espero que usted comprenda que ha firmado un contrato con los Sires del Tribunal de Lyon - refirió Sir Carnegie cuando lo alcanzó.

Sí lo sé, además el Rey Jorge V nos gobierna a ambos y perderé mucho si no lo cumplo, pierda cuidado. Por otro lado, ¿qué es lo que esperaremos de Pierre y Emanuelle? - cuestionó Richard en ese momento.

Pierre seguirá encarcelado en su castillo y Emanuelle, la corona escocesa lo está buscando, lo que nos preocupa es que no hemos sabido nada de los Sires Andley, hace tan sólo unos días debieron llegar a Escocia y nada - informó Sir Carnegie.

¿Cuándo fue eso? - se detuvo Richard a preguntar.

Debieron llegar el día en que atacaron a Terry y no venían en el barco, pero de acuerdo a las investigaciones de Sir Campbell nos enteramos de que la señora Candice fue vista bajar en Lisboa, uno de los cargadores del almacén la vio y quien no reconocería el peinado y ojos verdes de lady Andley - asumió Sir Carnegie riendo por el comentario.

Y entonces... ¿están en España? - Richard quiso saber.

A estas alturas estarán llegando a Biarritz, lo extraño aquí es que nadie los haya visto, digo un matrimonio de melena rubia... - sugirió Sir Carnegie.

En Europa es de lo más normal... - soltó Richard.

Normal no lo creo, usted no conoce a Lady Andley y tomando en cuenta que tiene aproximadamente 15 años entrando a los 16 más - comentó Sir Carnegie.

¡Tan pequeña! - exclama Richard sin entenderlo.

Sí, pero entonces en ¿dónde están...? No lo sabemos, de cualquier forma hemos tenido noticias de que los Borthwick siguen en su casa de campo y que los agentes que apostamos en París, en Amiens y en Calais nos lo informarán - informó Sir Carnegie.

Sólo haré una pregunta... - pidió él.

¿Cuál? - preguntó Sir Carnegie.

¿Qué tan grande es ésta misión? - cuestionó Richard esperando que Sir Carnegie accediera a revelárselo.

Muy grande Duque, somos 53 clanes los que conformamos el Tribunal de Lyon, activos en este momento 9, pero los demás muy alertas, debido a que los Sires Andley son de los clanes más antiguos.

Otra pregunta, sí... me lo permite - Richard estaba ansioso debía de preguntarlo.

¿Por qué Lady Andley es tan importante para los escoceses? - lo hizo, por fin lo había preguntado lo que tanto temía escuchar.

Veo que Terry no le ha contado nada, Lady Candice no es una Andley, no pertenece a ese clan como tal... ella es... Lady Candice Caroline Elspeth Cathrine Evina Borthwick-Buchanan, segunda al trono de Escocia - le informó absorbiendo cada extraño reproche y asombro de sus ojos.

¿Qué ha dicho? ¿Sabe usted lo que está diciendo? - le preguntó profusamente enojado.

Perfectamente - respondió Sir Carnegie.

Lady Borthwick ha tenido la misma reacción, no se preocupe lo tenemos todo cubierto, Lady Candice seguirá siendo Lady Andley hasta que nosotros decidamos que es suficiente, ¿me ha entendido? - le aclaró Sir Carnegie.

Perfectamente, es increíble, Emanuelle sería muy feliz si casara a Pierre con Lady Candice ¿verdad? - y seguí preguntando.

Sí, mucho de hecho, la dote es enorme, por eso debemos traerlos a Escocia lo más rápido posible - refirió Sir Carnegie entre preocupado y confuso.

Toc toc

Adelante - dio el permiso para que entraran.

¡Sir Carnegie, ha llegado este telegrama...! - Milton su cochero, entró y le dio el sobre.

Vamos, aprisa, dámelo, Duque vaya con Terry, lo está esperando - le pidió.

Pero... - Richard quiso saber de lo que se trataba.

Adelante ¡Vaya, increíble! Milton, venga, entregue esta nota a mi padre que fue con el médico, iré al teléfono de la oficina de telégrafos - avisó Sir Carnegie y le solicitó al cochero su ayuda.

Sí señor, enseguida - aceptó Milton, apresurándose a entrar al hospital.

En la oficina de telégrafos Sir Carnegie le solicitó al telegrafista le enlazara una llamada a Escocia, así que decidió informarle al Tribunal lo que sucedía.

Buenas tardes, esta Sir Campbell? - preguntó Abahinn.

Sí, ¿quién lo busca? - contestó Stewart.

Sir Abahinn Carnegie - respondió ella.

En un momento lo busco - respondió Stewart.

Gracias, Sir Campbell, los han encontrado, se dirigen al Canal de la Mancha bajo los nombres de Beth y Boid Borthwick y se encuentra acompañados de Beagen y Blaine Borthwick - informo Abahinn.

Los ¿Borthwick? No se supone que se les ordenó permanecer en su casa de campo de Roxburghshire - comentó él con asombro.

Sí Terry, me comentó que ustedes los visitaron, pero ¿cómo pudieron llegar hasta allá? ¿En menos de un mes? - vociferó Sir Carnegie.

¿Alguien debe de haberles avisado? Pero ¿quién más lo sabía? - cuestionó repetidamente Sir Campbell, preocupado, dando de vueltas cerca del teléfono.

No lo sé, alguien debe haberles avisado... - respondió pensativo. ¡Sé quién fue Sir Campbell! - rio divertido por ese acontecimiento.

¡Un problema más! ¿Tenemos espías? - preguntó Sir Campbell.

No, cómo cree, me refiero que mi padre pudo haberles recomendado que les pidieran a los Borthwick que los ayudase, digo, finalmente son los padres de Candice ¿no? - refirió Sir Carnegie.

Quizás, ¡qué bueno que me comunicaste esa noticia! Por otro lado, un agente de la guardia escocesa mandó un telegrama ésta mañana anunciando que traía un encargo de Sir Borthwick y que llegaría en un mes, ¿sabes de lo que habla? - cuestionó Sir Campbell.

No tengo la menor idea Sir Campbell - respondió Sir Carnegie.

Pues entonces, lo veremos cuando hayan llegado por aquí a Dover - advirtió Sir Campbell asegurando que era la única forma de llegar a Londres por París.

Sí señor, me despido. Manténgame informado, Sir Campbell - Abahinn le solicitó a Sir Campbell, ambos colgaron y mientras Sir Campbell se quedaba sentado en un diván, Sir Carnegie se dirigió al hospital.

Cuando Abahinn llegó al hospital, se encontró frente a la habitación de Terry, su padre se encontraba dentro, platicándole los pormenores con los Lemarque hasta que decidió entrar; la notica que les iba a dar a los Grandchester no les caería muy bien, sería difícil, como lo fue para él.

¡Terry amigo, saliste completo! - se burló él.

¡Hola Sir Carnegie! Mi padre me ha contado lo que sucedió con los Lemarque, si tan sólo supiéramos ¿dónde está Candice? - preguntó Terry.

Los Andleys han aparecido, están viajando hacia el canal de la Mancha con medio séquito de agentes de la corona - les comentó sonriéndole.

¿Hacia el Canal? ¿Cómo? - preguntó Richard, sorprendido.

Los Borthwick... los padres de Candice los han ayudado todo este tiempo - reiteró Abahinn.

Pero ¿cómo? Si hasta hace unas cuatro semanas los hemos visto - rectificó Terry.

No tengo ni idea, no sé cómo le hicieron para estar allá y con Candice, eso es algo que les preguntaremos más adelante por el momento andan en España - respondió Abahinn tratando de parecer sereno.

Padre, ¿ ir con Candice? - solicitó Terry, comenzando a levantarse.

¡No sabes de lo que hablas Terry! ¡No puedes hacerlo! ¡Tendríamos que cabalgar día y noche! ¡La herida aun no se cierra! - exclamó Richard asustado.

¡No dejaré a Candice sola! ¡Emanuelle aún anda suelto y podría hacerle cualquier cosa! - vociferó alcanzando el guardarropa.

Para eso está Albert y Blaine - recordó Abahinn.

¡Es insuficiente, los dos deben estar bien y de eso me aseguraré! - advirtió Terry.

¡No seas necio, Terry! - advirtió su padre.

Y ¿tú padre? ¡No seas necio también! ¡Nadie me detendrá! ¡Qué no entiendes! ¡Es Candice o Albert...! - refirió Terry, sin advertir lo que en realidad pasaba, la noticia no le caería bien a nadie.

O - expresó Abahinn, sembrando otra opción.

¿O? ¿Qué quieres decir con o? - ambos Grandchester quisieron saber lo que sucedía.

O el niño que viene en camino... - soltó de pronto.

¿Cual niño Abahinn? - Terry caminó como pudo hasta él.

Parece ser que Candice está en cinta - contó Abahinn.

¿En cinta? ¿Tan pronto? Bueno, es natural, Dios mío, con mucha más razón debo ir - se apresuró a cambiarse.

¡Terry! ¡Pero qué terco eres! - vocifero su padre.

¡De dónde lo habré heredado! - rezongó el chico, sonriéndole.

¡Está bien, vamos! - accedió al final Richard.

Yo dije que iría - soltó Terry haciendo sonreír a Abahinn cuando le guiño un ojo.

Y no te dejaré que te salgas con la tuya tan fácilmente, la herida podría abrirse y eso si que traería un problema para ti, así que vamos - le ayudó deslizándole el pantalón por una de las piernas.

Pero... - protestó el hijo.

He dicho que vamos y si no accedes no irás - le recordó cuando deslizaba la otra pierna.

¡Está bien...! - refutó él.

Bueno con esto resuelto, yo me voy a la casa, si sucede algo me avisarán cuando partan - cuestionó Abahinn divertido por lo que veía.

Por supuesto, Abahinn - ambos castaños sonrieron y se despidieron.

¡Hasta pronto! - se despidió Abahinn.

¡Hasta pronto! - ahora fue el turno de ambos castaños.

Candice, sí, eso debo hacer, olvidarte, pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo debo decirle a mi corazón que ya no podrás pertenecerle? Pensé que me dolería menos si lo compartía con Terry, pero no, no duele menos, duele más porque lejos de parecer asombrado, pensaría que se enojaría. Candice ¿cómo te irá con la maternidad? ¿Te verás más bella? - se preguntó, recargándose sobre la pared y pensando en lo que sucedía en esos momentos.

Fin del flash back

Toc toc

Toc toc

¡Un momento ya van, esperen! - pidió Stewart.

¡Rápido! - urgieron los mas allegados a la puerta, que no toleraban el sonido.

¡Buen día, señorita! - saludó cuando abrió la puerta.

¡Buenos días...! - lo saludó una señorita que cayó delante de él.

Señorita ¿le pasa algo? - le preguntó

¡Albert, Albert ayúdenlo! - soltó ella, entre quejidos y resoplos antes de que se desmayara por momentos. la herida que tenía en el costado la traicionaba a momentos..

¡Señorita...! ¡Alguien ayúdenme! - pidió Stewart, al ver que ella ya no lo escuchaba más.

¿Qué sucede Stewart? - se acercó

No lo sé esta señorita ha tocado insistentemente y menciona a algún Albert - refiere Stewart colocando su cabeza en su rodilla para que descanse.

¡Señorita, Señorita...! - le hablaban moviéndola un poco.

Albert Andley... nos... - apenas hubo dicho Andley, ambos hombres se sorprendieron.

¿Andley, qué ha pasado? Stewart ve por algunos miembros y manda a algunos guardias a seguir el rastro de sangre que ha dejado la señorita, ¡ahora! - hubo dicho Sir Clawdell, poniendo atención a las ropas ensangrentadas de la chica.

Sí señor - Stewart acató la orden al pie de la letra.

Albert Andley...nos atacaron en... - intentó hablar, pero volvió a desmayarse.

¿En donde señorita? ¿Su nombre? - preguntó nuevamente Sir Clawdell.

Carmenza ... nos atacaron en Glasgow... mi señora, está herida... - volvió a informar cuando despertó después de unos minutos.

¿Quién es su señora? ¿Lady Beagen o Lady Candice? - preguntó él.

Lady Candice está herida... - informó rápidamente y al cerrar los ojos ya no volvió a abrirlos más.

Mientras en otro lugar...

¡Señor por piedad, ayúdeme! - una persona se acercó a la reja del jardín de una mansión en Edimburgo.

Ve ¿qué sucede allá George? Ve ¿qué quiere ese señor? - pidió la señora Elroy.

Sí madame Elroy, en un momento voy - George se apresuró a llegar a la reja, observando que aquel hombre venia encorvado.

Por favor, por favor... - el hombre se dejó caer apenas hubo abierto George.

Señor ¿qué quiere...? Señor, ¿qué le sucede? Madame Elroy, venga aprisa, el señor se ha desmayado - refiere George, analizando el rostro de aquel hombre.

Voy, espera un momento, George ¿quién es? - pregunta la matrona.

No lo sé madame, ¿me ayuda? Está cubierto hasta la cabeza - George comienza a quitarle la ropa que trae en la cabeza y ambos se quedan estupefactos.

Espera... un momento, es... - dice la señora Elroy.

Es el señor... - George apenas puede emitir un susurro y no alcanza a terminar la oración.

Tía ¿qué sucede? - alguien le pregunta a la matrona, haciendo que ambos se vuelvan y regresen el rostro al hombre.

George, ¡no puede ser! Sí William es este hombre, ¿dónde está Candice? - le pregunta a su fiel mano derecha... quién aún no sale de su asombro.

Entre Glasgow y Edimburgo, cerca de un puente.

¡Por piedad, ayúdenme! ¡Aaaayyyy! ¡Alguien que me ayude! - una voz pedía ayuda. Aún no nazcas mi niño, aún no es tu tiempo, por favor no nazcas, por favor quédate en mi vientre, ¡aaaayyyy! - esa voz se repetía, pidiendo a Dios que no la fuera a abandonar en ese paraje desértico y menos que el hombre que la había atacado la encontrase de nueva cuenta.

Continuará...