Capítulo XXXIV
Inicio del flash back
George ¿qué sucede? - cuestionó la señora Elroy cuando George regresó junto con la Hermana María, Jane Cornwell y la Sra. Brighter del pueblo.
Sabía que la señora y la señorita Leagan... ¿están en Escocia? - preguntó George volteándola a ver.
¿En verdad? No, de hecho me había quedado en que irían a Florida, pero han pasado tantos meses que posiblemente hayan cambiado de parecer. ¿Las has visto? - cuestionó la matrona.
Sí madame Elroy, estoy preocupado, ellos ¿saben algo de los chicos? - George no salía de su impresión al verla ahí.
No lo creo George, pero sería cosa de que mandáramos un telegrama a Chicago y Nueva York para saber si ha llegado telegrama... - refirió la señora Elroy, con mucha calma.
Bien, la Hermana María, la señora Brighter y Jane subieron al cuarto de costura con todo lo que compraron - informó George.
Están entusiasmadas por lo que veo - sonrió ella, pensando que al menos estarían ocupadas por un tiempo.
Sí, la noticia de que el señor William y Candy se han casado, bueno...ha traído buenas reacciones en ellas y la probabilidad de que esté en cinta más - comentó el castaño alegre.
Son buenos tiempos George, pero no hay que confiarnos hasta que no sepamos dónde es que Candy y William andan, al menos y sobretodo que están fuera de peligro - explicó ella, omitiendo que ambos podrían morir en el intento por llegar allá.
Lo sabemos señora Elroy, permiso - se disculpó el castaño retirándose.
Pasa George - la matrona dio el permiso para retirarse.
Fin del flash back
Y en el futuro...
George, ¡no puede ser! Sí William es éste hombre, ¿dónde está Candice? - le pregunta a su fiel mano derecha... quién aún no sale de su asombro.
¡No lo sé señora Elroy! Él parece que está herido y... - George se interrumpió.
John, Withman aprisa, llevémoslo adentro. Chicos vean por los alrededores, díganme si encuentran a Candy o alguien extraño - la matriarca del Clan Andley ordenó rápidamente mientras se levantaba.
¡Sí tía! - gritaron Archie y Stear mientras se alejaban, lo mas rápido que sus pies se movían.
Con permiso señora Andley, a ver John, una, dos, tres...arriba - dijo el señor Withman junto con John y George.
Colóquenlo en su habitación - ordenó la matrona.
¡Pero está muy lejos! - informó Withman.
No en la de él, en la iba a ser de Candy, por favor - refiere la matrona molesta por la queja del jardinero.
Bien, en un momento estará allí, señora Elroy - refirió el jardinero de nueva cuenta.
George - lo llamó haciendo que el castaño sacara la enrojecida cabeza de la carga del cuerpo de William.
Con muchos trabajos los tres hombres depositaron a Albert en la cama con dosel de Candy y comenzaron a pensar mientras lo observaban en lo que harían, primeramente vieron que no tenían un zapato y que además estaba golpeado en el rostro. Cuando George se asomó al cuello, Albert pegó un alarido por haber sido zarandeado, aunque Albert no fue si no Albert recordaba el maltrato vivido tan solo unos días atrás.
¡Aaaayyy! - gritó el rubio, asustando a los demás.
¿Qué pasa, señor William? - preguntó John, agachándose para auxiliarlo.
William, William, ¿dónde está Candice? - preguntó George, saliendo del espanto que fue su despertar.
Hasbún... Glasgow, Emanuelle.. - comenzó a susurrar.
¿Que sucedió con Candice? ¡William por favor, dinos lo que ha sucedido con ella y con tu bebé! - cuestionó George asustado por el bienestar de Candice.
Hasbún, Hasbún ayudó a Candy, nos atacaron y todos nos perdimos... Hasbún, el jeque me encontró y ayudamos a salir del escondite de Emanuelle y me disparó, la perdí, la perdí, la busqué y no sabemos a donde fue... Candy con dolor, ¡no sé dónde está...! - dejó de hablar preocupando a más de uno.
¡Señora Elroy, señora Elroy, suba por favor! - gritó George, saliendo de la habitación.
¿Qué pasa, George? - preguntó la matrona, subiendo lo más rápido que le fue posible.
Los atacaron en Glasgow señora Elroy, todos se dispersaron y luego parece ser que un jeque los ayudo a salir de un escondite, pero al señor William le dispararon y como pudo llego aquí... no sabe donde está la señora Candice y tampoco sabe que paso con los demás, lo más preocupante fue que parece que ella tiene los dolores de parto...
¡Nooooo, Dios Mío! ¿Cómo pudo suceder eso? Candice apenas tiene cinco meses de embarazo, ¿qué sucedió? George, esto no puede estar sucediendo, ¡me niego a creerlo! - espetó la matrona tratando de no llorar.
¿Qué ha sucedido, señora Elroy? - preguntó la hermana saliendo del cuarto de costura.
¡Hermana María, es William! - exclamó, porque era preferible que se sintiera mal a que le partiera el corazón si le decía que Candice quizás en esos momentos estaba de parto y muy probablemente perdería a la criatura.
Y Candice, dígame ¿dónde está? - obviamente que la hermana María se alteró.
¿Alguien nombró a Candy? - cuestionó Annie, sosteniéndose de las paredes para poder caminar.
¡Annie espera, aún estás muy débil! - le solicitó su madre, que preocupada intentaba ayudarla a caminar.
Dígame señora Elroy, ¿dónde está Candy? - cuestionó la hermana María.
¡No sé dónde está Candy, William venía sólo...! ¡No sé dónde está mi muchachita! - respondió sin ánimos para luego limpiarse algunas lágrimas que no pudo evitar dejar caer.
¿George? - fue ahora cuestionado por una esperanzada Annie.
¡Sí, él llegó sólo sin la señora Candice! - respondió George, ocultando su rostro, él nunca había perdido la compostura delante de los chicos, pero ahora fue algo que no se esperaba.
¿Dónde estará? ¡Iré a buscarla! - Annie comenzó a caminar rápidamente, pero solo daba de tumbos.
No señorita Annie, usted no puede, aún está convaleciente - espetó John tomándola de los hombros para tranquilizarla.
Lo haré aún si no me ayudas, haré lo que sea necesario, sabes, necesito encontrarla, debo encontrarla... - respondió, soltándose y siendo ayudada por Patty que recién llegaba.
¡Pero nadie sabe dónde está! - expresó su madre, que salió al reconocer la voz de Annie.
Annie querida, ya envié a los chicos a buscar a quién sea que ande por aquí, la encontraremos - la matrona salió de sus pensamientos, para tomar a Annie de los hombros y socorrerla.
¡Señora Elroy, el señor William... nos necesita! - recordó George con la voz ahogada.
Permiso, Marie traiga paños y agua fresca, John ayuda a George a cambiar de ropas a William, yo iré por el médico, vamos Withman - lo apresuró para que condujera el carruaje con agilidad o más que ella al menos.
Sí señora - todos respondieron y se dirigieron a donde los habían mandado.
Todos se habían agilizado, William se quejaba por espacios largos de tiempo y cuando llegó la señora Elroy, se limitó a quejarse, por lo que George se quitó el saco y se remangó las mangas de la camisa, comenzando a desnudar a Albert, John hizo lo mismo quitándole el gran turbante que tapaba su cabeza, dándose cuenta de que en la base del cuello tenia carne carcomida, después comenzaron a quitar la túnica, destapándolo se dieron cuenta de que la camisa estaba manchada de sangre por todos lados, la quitaron y después los pantalones, John que se encargaba de ello corrió hacia el armario y sacó una pijama de algodón además de ropa interior limpia. La colocó en un taburete cercano al señor William y cuando George le quitaba el pantalón se encontraron que en las medias de su patrón había una maleta de cuero. John la quitó, la dejó sobre la pijama y luego terminaron de desnudarlo, tenían que recibir los paños y el agua para limpiarlo ya que ambos hombres se quedaron impresionados.
George, está viendo lo que creo que es... - cuestionó John.
Sí, debemos detener la hemorragia John, hay que ayudar al médico, cúbrale los genitales y habrá que llamar a la hermana Margaret - solicitó el castaño.
Sí señor, usted encárguese y yo le avisaré - John optó por avisarle a la hermana, finalmente Albert era más un hijo para el señor William que él.
Gracias John - George sabía por qué se lo había ofrecido y se lo agradeció.
John salió al pasillo y sin importar quién estuviera, jaló a la hermana María sin ningún recato.
Señora Jane, me permite a la Hermana María, ¡es urgente! - le avisó a la señora Jane, la madre de los chicos que se llevaría a la hermana con urgencia.
¡John espera, estoy hablando con ella! - lo reprendió por su descortesía.
¿Qué sucede John? ¡Eso fue descortés! - también fue reprendido por la monja.
¡Esto es lo que sucede! - respondió cuando abrió la puerta de la habitación donde se encontraba Albert, parcialmente desnudo.
¡Dios Mío! John, necesito la caja con enceres médicos que está en mi habitación y también algunas hierbas, las muestras están en unos pocillos de cristal a la derecha, pon a Annie y Patty a buscarlas... - ordenó la hermana María.
Sí, hermana María - John accedió.
La hermana María no podía creerlo, pareciera como si al señor William lo hubieran arrastrado en piedras, los cardenales eran recientes y tenía un pedacito de carne del hombro triturado, no era tiempo para preocuparse y debía atenderlo lo más pronto posible. Ella lo revisó con un paño en la mano que cortó de su vestido, tomando agua de la mesa, salió al balcón para remojarlo, regresó y comenzó a limpiarle la piel, en efecto hizo un cálculo a groso modo, dejando entrever que probablemente fuese arrastrado sobre piedras y por ello tenía múltiples moretones, lo que le hizo razonar un poco...
¿Qué tiene? - se acercó George a preguntarle.
Nada de qué preocuparse, está deshidratado y necesitamos manteca y unas sábanas para cubrir el piso, usted me ayudará George... - informó la monja remangándose ella también el hábito.
¡Manteca, ha dicho! - exclamó el castaño sorprendido.
Sí, para deshacerle los moretones y veamos qué podemos avanzar hasta que llegue el médico... - respondió ella, asegurando muy bien quitarle la sangre y la tierra que se había pegado a la piel de Albert.
Sí, Hermana María - terminó por aceptar las sugerencias de la monja. Se alejó de allí, bajando a la cocina.
Toc, toc
Marie - la llamó George cuando entró a la cocina tan rápido como pudo.
George ¿se le ofrece algo? - preguntó ella con preocupado semblante.
Marie, ve si puedes conseguir manteca - respondió él mecánicamente.
¿Manteca? - preguntó Marie extrañada.
Sí, es para las curaciones del señor William - refirió George.
Sí George, iré enseguida - Marie salió despavorida de la cocina y se dirigió a los establos, John compró cosas unos días antes.
AL quedarse sólo en la cocina, George tomó unos minutos para el dolor en su corazón, el saber que Candice estaba perdida y posiblemente con un aborto lo hizo sentirse lastimado, como si fuese algo que no quería que sucediera. Si tan solo supieran donde se encontraba, él escogería atenderla a ella que al señor William aunque después de haberse recuperado lo despidieran.
¡Oh señor, señor! ¿Qué pasará con Candy? ¿Por qué te has ensañado con ella? ¡Ella que es tan... buena! ¡Ese maldito hombre que la desea! ¡Y tú que sólo quieres separarlos! ¡Y yo que soy tan débil! ¡Tan...! ¡Odio a Emanuelle Lemarque! ¡Señor como lo odio, lo odio por separarla de mí! Por separarla de Annie, Patty, Archie y Stear, ellos regresaron y sus corazones lo harán también con el tiempo, pero ella, quizás muera desangrada junto con su bebé y yo ya no podré verla. ¡Oh señor estoy siendo blasfemo! ¡Perdóname, pero no puedo resistirlo! ¡No puedo llorar y no quiero perderla! A ella no, ella que es como mi Rosemary, como la mujer que amé y... qué cosas dices George, deberías tranquilizarte, ¡ella estará bien! Tiene que estarlo - George se lamentó por ser tan débil en esos momentos, pero debía de reconocer que también era humano. George tomó un vaso con agua, se lo bebió y salió de la cocina, para subir tranquilamente a la habitación donde William estaba siendo atendido. Marie traerá la manteca hermana María - informó él y se dirigió a dónde antes se encontraba.
Gracias - agradeció la monja sin apartar la vista de la carne que estaba triturada.
¿Algo más hermana María? - cuestionó él volviendo al temple que había tenido hasta ese momento.
Sí George, hay que llenar la tina, es importante bañarlo para saber lo que es falso y verdadero, John puede ayudarle - solicitó ella haciendo que se levantaran para llevarlo hasta el cuarto de baño.
Sí hermana, permiso, llenaré la tina con agua caliente para que le ayude con los moretones - se apresuró y comenzó con el llenado de la tina, cuando iba por la mitad cambió a caer el agua fría, George revisaba la temperatura y cuando estuvo a punto la cerró, comenzó a desnudarse quedando en ropa interior, entró en el agua de la tina, echó sales y perfumes al agua.
John vamos, tenemos que meterlo, ayúdeme - lo apuró George.
Hermana, ya está listo, iré a ver a Marie - aseguró John.
Gracias - respondió cuando pasó una esponja por su pecho.
La hermana María ocupaba su mente en el baño del señor William, pero su corazón latía desbocado por la impotencia de la situación, Candy otra vez perdida, otra vez ella se encontraba esperanzada por volver a verla, sin darse cuenta de que John aún no regresaba, por lo que siguió con su tarea cuando de pronto...
¡Candice! - gritó Albert, levantándose y ahogándose, desorientado comenzó a patalear.
¡Dios mío! ¡George sosténlo! ¡Por favor! - le pidió al castaño.
El señor William es muy fuerte... - lo agarró de los hombros para que no se hiciera daño, lo cual hizo que la carne carcomida que en realidad era una herida en el hombro comenzara a sangrar.
Espera voy por alguien...¡John, John apúrese, necesitamos que William se quede quieto! - gritó la hermana María, cuando salió de la habitación y se detuvo en el principio de las escaleras.
¿Qué sucede hermana María? - preguntó la señora Brighter, asombrándose porque aquello parecía una locura.
Señora Brighter disculpe, no puedo atenderla, el señor William necesita atención, disculpe - la monja reiteró sus disculpas y se adentró a la habitación donde se encontraba William alterado.
¿Qué pasa mi amor? - preguntó el señor Brighter cuando observó la rapidez con la que se desapareció la Hermana María.
Llegó William quién sabe cómo, está mal herido y la señora Elroy fue por el médico, George y John ayudan a la hermana María - explicó su esposa.
Y Candy ¿cómo está? - preguntó él emocionado, ya que si William se encontraba en casa, Candice también lo estaría.
Este... ¿preguntas por Candice? - cuestionó ella dudosa y a la vez nerviosa.
Sí por Candy - insistió el señor Brighter.
El señor William llegó sólo... - la señora Brighter murmuró esa oración.
¡No puede ser! ¿Qué has dicho? ¡Ten, tómalo, iré a ayudar! - le notificó su esposo.
Sí... - respondió ella cuando recibió el saco de su marido y lo vio subir de dos en dos las escaleras.
Habían pasado al menos dos horas, todo y todos en esa habitación era un caos, Albert iba y volvía de la inconsciencia, efectivamente John tenía razón, la fuerza de William era indescriptible y nadie sabía qué hacer, cuando llegaron el doctor Spencer amigo de la señora Elroy en Escocia, la señora Elroy y Withman ya eran las dos de la tarde...
¿Cómo está William, señora Brighter? - cuestionó apenas la vio dando de vueltas en el pasillo de las habitaciones.
No tan mal como lo vimos, en esa habitación hay cinco personas, las señoritas Annie y Patty se encuentran en la cocina haciendo un remedio y Jane está en la habitación de sus hijos - informó la señora Brighter.
¿Cinco personas? ¡Es demasiado! - exclamó el médico impresionado.
Lo sabemos, vamos doctor - aceptó la matrona y le invitó a avanzar.
La escena que estaba montada en esos momentos fue impactante, en el piso se encontraba William, siendo masajeado por la Hermana María que de mangas remangadas al igual que los demás borraban casi instantáneamente los cardenales y moretes cuando de pronto el señor Brighter levantó el rostro.
¡Qué bueno que ha llegado Dr. Spencer! - exclamó alegre.
Lo mismo digo, ¿qué hacen? - quiso saber el médico.
Masajeamos a Albert con manteca para desaparecer los moretes Dr. Spencer - respondió John emocionado porque aquellos ya habían cambiado de color.
¿Y quien les dio semejante consejo? - cuestionó el galeno enfadado.
En América eso se acostumbra, cuando los jinetes se caen, se les masajea con manteca y ya ve, ya cambiaron de color, se ha quejado más de una vez, pero con las plantas que le puse en la boca se ha calmado - refirió la hermana María.
¿Plantas? ¿Cuáles? Sí no le he recetado ninguna - espetó el médico.
No podíamos esperarlo, tiene múltiples cortes en el cuello y algunos en los genitales, además tiene carne triturada en el hombro, por lo demás no se preocupe, es de menor importancia - explicó como si nada la hermana.
Gracias por los datos, ahora si no les importa debemos bañarlo - solicitó el médico.
¡Está usted loco! ¡Éste masaje es caliente, quiere que se muera! ¡Además aún no terminamos! - levanta la voz, la impasible monja.
¡Disculpe! - de la misma manera el galeno responde, llamando la atención a todos.
Lo siento, pero George tiene razón, si lo bañamos ahorita puede morir después... - comentó George, haciendo entrar en razón a todos.
Bien, ¿cuándo terminaran? - cuestionó el médico altanero.
Cuando sea necesario Dr. Spencer - respondió George, lo único que quería era dejar de oírlos.
Bien, si no tienen inconveniente, me retiro a la sala y cuando hayan acabado me avisan, por favor - el galeno prefirió irse antes que seguir discutiendo.
Yo misma lo iré a llamar Dr. Spencer - anunció la señora Elroy.
Permiso señora Andley - salió el médico molesto y se dirigió a la sala, justo como lo había mencionado.
Gracias...Dr. Spencer - la matrona agradeció volviendo el rostro al joven rubio que se encontraba en el piso.
¡Mmmhhh! - se quejó Albert.
Lo sentimos señora Elroy, pero William ha estado murmurando datos y entre menos seamos mejor... - se disculpó el señor Brigther.
¿Qué ha dicho? - la matrona se acercó sn importarle que su sobrino estuviese desnudo.
Al parecer los atacaron en Glasgow y luego paso algo y Candice desapareció, Albert averiguó junto con un tal Hasbún donde la tenían y al ir por ella lo hirieron... - comentó George.
¡Aaaaaaayyyy! - gritó Albert.
¿Qué sucede? - preguntó la matrona.
Lo he encontrado Hermana María, aquí, tiene una herida de bala, a ver debe estar alojada en el hombro, sólo está un agujero - refirió George, quien emocionado de haberlo encontrado, metía el dedo índice entre la carne carcomida.
¡William! Sigamos mientras llamo al Dr. Spencer, es necesario sacarle la bala - la matrona se arrodilló cerca del lugar de George.
Descuide señora Elroy, yo iré por él - George se ofreció levantándose y llevándose un paño para limpiarse las manos.
Por supuesto, ve George mientras yo te suplo - respondió la matrona.
Pero Señora Elroy, se manchará el vestido - replicó la hermana maría.
Es solo un vestido hermana María y créame que tengo muchos. ¿Qué tengo que hacer? - pidió ayuda, porque pareció muy entrona, pero nunca había dado un masaje en su vida.
Mire, póngase manteca y comience a disgregar la sangre para que sea más claro cada vez - explicó la hermana enseñándole.
Mientras en la sala...
¡No señor, yo no puedo operar así! - subió la voz el Dr. Spencer.
¡Pues tiene que hacerlo, por humanidad! - George estaba perdiendo la paciencia ya que el médico se estaba oponiendo a su obligación.
¡No lo haré! - se negó rotundamente.
Dr. Spencer, se le paga por hacer lo posible por sus pacientes - George detestaba hacer uso del dinero, pero debía obligarlo por el bien de Albert.
Señor Johnson, éstos no son los métodos y si usted los va a apoyar, mejor me voy y regresaré en unos días - amenazó con abandonar a un paciente.
Es su deber Dr. Spencer - respondió terminantemente la Hermana María, que salió a ver la tardanza del galeno.
Pues no pienso como usted Hermana... - refirió viendo el falso de su bata.
¿Cómo es posible? - se preguntó George ante la negativa del médico.
¡George! No hay nada por ningún lado, sólo encontramos éste morral justo detrás de la mansión - explicó Stear quien venía corriendo detrás de Archie con el morral en la mano.
Está bien chicos, vamos váyanse o busquen a las chicas en la cocina - ordenó el castaño rápidamente cuando escuchó a Stear.
George, estoy tan acalorada, pero terminamos las infusiones - se emocionó Annie y se acercaron para avisar que ya habían concluido el remedio que la Hermana María les hubo encargado.
¿Es cierto? - preguntó asombrado, ya que Annie y Patty nunca se habían acercado a la cocina ni por equivocación.
Sí, aquí tiene - refirió la morena dándole el pocillo con la infusión.
Chicas, pueden retirarse, Archie y Stear acompáñenlas - volvió a ordenar.
Sí George, permiso - los chicos tomaron de la mano a Annie y la ayudaron a subir mientras el castaño cerraba el pocillo con la tapa que Annie le había dado.
Entonces ¿qué hará Dr. Spencer? - cuestionó él al observar la actitud de todos por aliviar el sufrimiento de su Tío Abuelo.
¡Ayudaré, pero no estoy de acuerdo! - refirió el médico levantando el dedo índice para indicarle que esas no eran las formas.
Bien, ese es su deber... - murmuró la Hermana María, que se había mantenido al margen de la conversación.
¿Qué necesita? - cuestionó el castaño.
Límpiele la zona del orificio de entrada con agua hervida y después aplique éste antiséptico - explicó mientras acaba una botellita de antiséptico. Después alguien tiene que alumbrarme y comenzaremos - terminó de explicar lo que iban a hacer.
Sí, Dr. Spencer - George aceptó y comenzaron a caminar justo detrás del médico.
Todos dejaron de masajear y comenzaron a limpiar con agua caliente, el Dr. Spencer aplicó la anestesia y abrió la parte superior del hombro y de ahí hacia la parte de atrás, luego uso un separador para los músculos cuando habían pasado como quince minutos y encontró la bala. Sacó de ahí la munición restante y la soltó en una venda, para luego suturar, siendo ayudado ésta vez por la hermana María, desinfectó la zona, cubrió con vendajes y al terminar, lo vistieron entre todos.
El médico se levantó y lavó las manos para colocarle en receta los remedios y pedírselos a John que enseguida fue al pueblo.
Bien señora Elroy - soltó el médico.
Sí, Dr. Spencer - quiso saber ella.
Le he dado a John una receta para que vaya al pueblo y traiga los remedios - refirió el galeno.
Gracias Dr. Spencer, ¿hay algo que debería saber? - cuestionó ella. ¿Es de peligro? - re cuestionó preocupada.
No señora Elroy, pero tengo otra cita en el pueblo y luego regresaré por la tarde noche. Debo advertirle que ésta noche será crucial, adminístrele el sedante de la hermana y espéreme hoy por la tarde - recomienda el galeno.
Gracias Dr. Spencer - agradece la matrona, sonriente.
De nada Sra. Andley, espero que no suceda nada en mi ausencia - refiere el médico sinceramente.
La señora Elroy acompañó al Dr. Spencer a su carruaje, a lo lejos, alguien observaba lo que acontecía en la mansión, sonrió, se subió a su caballo y comenzó a galopar hacia el carruaje del Dr. Spencer. Cuando el carruaje apenas hubo corrido unos metros, apareció un chico ante ellos, montando un poderoso caballo, Theodora se encargó de evitarlo, pero los demás caballos no tuvieron la misma suerte y parados en dos patas golpearon al chico haciéndolo caer de la fastuosa yegua, lastimándolo o eso es lo que ellos pensaron.
¡Santa madre de Dios! - exclama el cochero del Dr. Spencer, bajándose del carruaje para ver si el chico no se había lastimado.
¡Jesús! - exclama el Dr. Spencer mientras se asoma por la ventana del carruaje.
¡Muchacho, muchacho! - grita el cochero intentando levantarlo.
¡John, John! - le grita la señora Elroy para que auxilie al chico cuando ella también ve lo que sucede.
Muchacho, ¿te sientes bien? ¿Estás bien? - cuestionó John, moviendo al chico.
¿Qué ha pasado? - preguntó el Dr. Spencer que se bajó lo más rápido posible.
No lo sé, salió de pronto, no lo vi Dr. Spencer - rebatió el cochero nervioso.
¡Addair, tranquilizante! Quiero saber que tiene - informó el médico tomándolo de los hombros para que se tranquilizara.
¿Qué pasa señora Elroy? - preguntó George que se acercó corriendo al oír el ruido.
¡El Dr. Spencer tuvo un accidente auxílialo! - exclama la matrona, asustada por la condición del chico.
Sí señora, permiso - respondió George.
Vamos Addair, hay que llevarlo adentro - sugirió el médico.
¿Qué sucedió Dr. Spencer? ¿Qué tiene? - preguntó George cuando llegó hasta ellos.
¡No lo sé! Señora Elroy, tengo que revisarlo, lo puede colocar en una habitación - solicitó el galeno.
Sí, en seguida - respondió ella entrando para ser seguida por George, el cochero y el médico.
Cuando llegaron a el ala de habitaciones y pasaron por la de Albert
¡No puede ser! ¿Otro accidentado? ¡No les parece que tenemos suficientes con ellos, con Candice y William! - exclamó la Sra. Brighter cuando apenas hubieron dejado al chico sobre la cama masculina de William.
¿Ha dicho William Andley? - cuestionó el chico despertando como si nada le hubiese pasado.
¿Qué cosa? - todos los presentes se asombraron.
Les pregunté: ¿si ha dicho William Andley? - cuestionó nuevamente el chico.
¡Sí, claro, estoy bien! - respondió él, levantando el tórax.
¡Estupendamente! - ironizó el médico saliendo de la habitación.
Entonces ¿qué fue eso? - la matrona exigió una explicación.
Una pequeña broma, pero no se enfade - decide contarle. En la mansión Grandchester hay algo que a usted y al señor William le interesa... - soltó haciendo que la matrona abriera más los ojos, ya que pensó que era un chantajista, sobre todo cuando le sonrió.
¿Qué cosa puede haber en esa mansión que no sepamos? ¡Muchachito insolente! - exclamó la señora Elroy.
Espere... ¡déjeme darle esto...! - extendió la mano hacia ella.
¿Qué cosa? ¡Les diré a mis sirvientes que te saquen por tus bromas, no tengo tiempo para una cosa así, nosotros tenemos tiempo para todo menos para eso! - respondió la matrona.
¡Es cierto! Tengo algo para usted Señora Elroy Andley - el chico sonrió y cuando vio la mano extendida de Elroy Andley, volteó la de él y...
¡Hey espera, ¿cómo sabe mi nombre? - preguntó la señora Andley.
Lo sé porque la señora a la que pertenece éste dije, me lo dijo... - le informó el chico soltando el dije que tenía dentro de su mano.
¡Ah!
Continuará...
