Capítulo XXXVIII

George no lo podía creer, era ella, estaba allí y le estaba tocando la mejilla, acariciándosela, quejumbrosa, adolorida, vaya no podría creérselo aún a pesar de las circunstancias era especial para ella, se sentía amado como nunca pensó que lo hiciera alguien más, para él.

George... mi querido George... Albert... ¿dónde está Albert? - pregunta la rubia adolorida.

¡Está seguro señora Candice, en realidad que lo está! Te llevaremos con él, ya lo verás...! - aseguró el castaño a punto de las lágrimas.

No, no... George... ¿por qué lloras? ¿Tan mal me veo? - hizo una pregunta extraña.

¿Por qué no mi señora? ¿No quieres estar con tu esposo? Se ve tan linda, ¿quién dice que estoy llorando? - respondió con cuestionamientos.

No llores querido George, con un baño y se me quita lo fea... no debo verlo, debes llevarme a Holyroodhouse - confesó la rubia.

¿Hasta allá? Usted así o del otro modo siempre será bonita... - respondió el castaño.

Gracias... espero que ésta borrosa visión de tu rostro se me quite... - refiere la rubia llamando la atención de todos los presentes.

¿Borroso me ves? - cuestiona George preocupado y el médico los revisa con luz de la vela que le acerca.

Sí, el Conde Lemarque me dio algo a tomar... - explica Candice, aletargada.

¿En serio? ¿A qué sabía? - cuestiona el médico.

Amargo como a flores marchitas - responde Candice sin entender.

Bien, eso es bueno, que sepas lo que te sucedió, vamos señora díganos algo más que recuerde - pidió George.

Albert... lo perdí de vista y el duque me pegó o me caí no recuerdo, me duele la espalda... - se queja al ladearse.

Bien, ahorita lo vemos, Dr. Spencer - George lo llama y al alejarse Candice lo detiene.

No... - Candice lo llama.

¿Le duele algo? - el castaño se preocupa que por algo lo hace.

No... no quiero que te vayas George - le pide con dolor.

El médico la revisará... - le dijo George preocupado.

No te vayas George... tú eres lo más cercano que tengo a Albert - le pidió llorando.

Si la señora no quiere que se vaya no importa puede quedarse, platique con ella mientras lo pueda hacer - le dijo el señor Spencer. Señora Elroy, ¿puede conseguirme zanahoria triturada? - cuestionó el médico.

Por supuesto, pediré con la señora Katherine o mandaré a pedir a la mansión - resolvió la señora Elroy.

No señora Elroy, debemos de conseguirla lo más cerca antes de irnos - responde el médico levantándose.

¿A dónde nos vamos? - preguntó la matrona.

De regreso a su casa y yo al pueblo, obviamente - respondió el galeno.

¡No puedo irme a casa! - espetó ella enojada y retirándose un poco.

Claro que nos vamos a ir, aquí sólo se deben de quedar Katherine y Mark, volveremos mañana - le explica el Dr. Spencer.

¡No me apartaré de Candice! - exclama enojada.

Entonces quiere que vengan los que sean que andan atrás de ella y la busquen y se la lleven, ¿eso quiere? - el médico decidió contarle parte de lo que sucedería si ellos se quedaran.

El doctor tiene razón señora Elroy, todos debemos abandonar a la señora esta noche, después de ver lo que su espalda tiene... - explicó ahora George, entendiendo que si no lo hacían podrían tener otro tipos de problemas.

Pero... - ella no estaba de acuerdo.

Es por su bien, no queremos que tengan ni la más mínima sospecha de que ella está aquí - completó George.

Bien, iré por la zanahoria triturada y regreso... señora Katherine ¿tiene zanahorias? - pregunta la señora Elroy conservando la calma que le habían instruido desde niña.

Sí, por aquí deben estar... las acabamos de traer hoy en la mañana... - refiere Katherine.

George, ayúdeme. Señora Candice, la voy a voltear un poco para verle la espalda, ¿de acuerdo? - le explica el médico a Candice.

Sí - asiente sin entender adecuadamente lo que se le pide.

George, ayúdala con tus brazos - le pide al castaño.

De acuerdo - responde él tomándola de los brazos y sosteniéndola para que se ruede, en ese momento llega la señora Elroy con las zanahorias trituradas colocándolas en la mesita que tiene al lado del camastro.

¡Dios Santo! - la señora Elroy no puede resistir el asombro y se tapa los ojos comenzando a llorar.

No sòlo fue Albert, ni Carmenza - refiere Candice adolorida y hablando cosas que nadie entiende

¿Qué pasa? - cuestiona George contrariado por la expresión del médico.

¡Debemos lavar aquí! ¿Puede sostenerla aún? - pregunta el galeno, tomando unos paños y sumergiéndolos en agua hervida.

Por supuesto... - George asintió.

Perdonen, voy por agua - la señora Elroy no pudo resistirlo y salió estrepitosamente de la habitación.

La señora Elroy no podía quedarse más, le lastimaba verle la espalda, casi toda llena de golpes y el más importante una laceración al nivel de la espalda baja, eso era lo que les preocupaba a más de uno.

¿Qué le sucede señora Andley? - Katherine le preguntóó contrariada.

Es Candice, tiene cortes importantes en la espalda y magulladuras, muchas de ellas - sollozó incontrolablemente.

¿Qué le pasó? - cuestiona nuevamente la joven mujer.

¡No lo sabemos, sólo no quiero estar ahí! - responde ella negándose siquiera a ver.

Señora tranquilícese, tiene que serenarse, ella la necesita. Mark ayuda a la señora Andley y dale un tecito, yo iré a ayudar al doctor, ¿de acuerdo? - pregunta a su hijo y entra a su habitación.

Sí mamá, vamos señora Andley - el chico la invita a pasar a la cocina y mientras ella se sienta Mark sirve el té.

Gracias - ella agradece mientras más lágrimas resbalan por sus mejillas.

Mientras en la habitación donde el médico comienza a limpiar.

¿Puedo ayudar en algo? - preguntó Katherine.

Sí señora Katherine, venga y cámbieme el agua - solicitó el Dr. Spencer.

Sí, en un momento la traigo - Katherine salió tan rápido como pudo.

George, le quitaré el vestido que trae y me ayudarás a levantarla para ponerle el camisón, bien - explicó el médico.

Sí, usted dígame que hago - aceptó George dirigiendo la mirada sólo al médico.

Necesitamos curarle ésta laceración. Pero si lo hago la señora podría desmayarse por el dolor y por la criatura no podemos darle nada - le explica a George mientras le quitan el vestido.

¿Qué quiere que haga? - pregunta animado el castaño.

Vea si puede conseguir un poco de sábila y miel - sugirió el Dr. Spencer, cortando el vestido por espacios.

Veré eso con la señora Katherine, sólo que venga con el agua - aseguró él.

Bien, entonces listo para que le quitemos lo demás? - el médico le dice con la mirada que no tiene nada de qué preocuparse.

Sí, listo - asiente y mientras el médico le saca la batita de muselina; él la sostiene.

¡Una, dos, tres; ahí sosténgala! - el galeno toma los paños que tiene aún húmedos y comienza a lavarle la espalda, quitando tierra, pasto y desgraciadamente sangre que brotaba de la laceración. Sí, así...veamos - conforme va lavando van saliendo los paños sucios y los deja a un lado, en el piso.

Aquí está el agua - refiere Katherine y pasándole paños nuevos le pide que le ayude.

Katherine, tome los paños y limpie la espalda de la señora para que pueda comenzar con las curaciones.

Sí doctor, en eso estoy ya mismo - Katherine se hinca y comienza con la encomienda colocándose una especie de tapabocas.

Katherine tomó el paño de agua y ocultó su nerviosismo al ver la espalda de Candy, las magulladuras, los cardenales, la laceración y la carne viva fueron un dolor poco soportable para la rubia que se quejaba y que enterraba sus débiles dedos en los brazos de George, para él era difícil verla así, verla sufriendo a parte de lo que había pasado fue muy difícil y quiso aparentar que no lo era, pero sí.

Sé que duele... - avisó el médico.

Sí, pero es necesario... no recuerdo mucho... sólo sentí que me cortaban con una soga y caímos sobre piedras afiladas... Mickael no sé donde quedó - comenzó a contar.

¿Quiénes cayeron? - George decidió platicar con ella para distraerla.

Albert conmigo, él me rescató, nos atacaron antes... antes de Glasgow aaaayyyy - emitió un grito desgarrador.

Lo siento... - se disculpó el médico. Señora Candice lo que haré le va a doler mucho... tiene que aguantar - solicitó el galeno pensando que eso era cierto.

Trataré... - responde la rubia.

Katherine puede traer manzanilla y miel - le pide George atento a Candice.

Espero tener, tengo que ver si tengo - respondió la mujer llevándose los paños y el agua ensangrentada. Por aquí debo de tener, manzanilla y miel... yo la puse por aquí - al dirigirse a la cocina, la señora Elroy la vio.

¡En casa tenemos eso! - refirió la señora Elroy.

Debemos irnos después de lavarle y volver mañana temprano - sugirió el médico al oír que Katherine no lo tenía todo.

Bien, creo que entiendo - ella admitió que no podía decir nada de eso ahí, dadas las pobres condiciones de la señora Katherine.

La señora Elroy se quedó viendo, observando cada detalle del lavado en el que Candy lo soportaba, apenas se encontraba ahí, sintiendo que se le iba la vida con el lavado de esa gran herida. Al finalizar, la dejaron de lado con la herida abierta, llorando a mares y acongojando a George.

Señora bonita, debo irme - le dijo George apesumbrado.

¡No te vayas George, por favor! - solicitó encarecidamente.

Dedo irme, si me quedo podrían sospechar - volvió a decirle, dejándola de lado para que su espalda quedase libre.

Pero George... - trató de interrumpir.

Por favor... - suplicó la rubia comenzando a llorar.

Candice querida - la señora Elroy se arrodilló ahí y la llamó.

¡Tía abuela, dile que se quede! - exclamó ella comenzando a enfadarse.

No podemos querida, si no nos ven llegar juntos a la mansión pensarían que tú estás aquí - refirió la señora Elroy.

¡Entonces váyanse! ¡No los quiero aquí...! ¡Abandónenme! - al final Candice se había quebrantado, no paraba de llorar.

Le diré a William que está usted bien - de cualquier modo esas palabras calaron el alma de George, que no quería hacerlo, no quería separarse así, pero tampoco podría ponerla en peligro, así que tuvo que irse.

Candice ya no dijo nada... la señora Elroy no sabía por qué ella decía eso, sólo sabía que sentía una tristeza infinita y lo único que quería en realidad era quedarse, pero no podía y por ello después de la improvisada curación, tomaron sus cosas y las cinco personas se despidieron, prometiendo regresar al otro día.

Cuando la señora Elroy salió y se subió a la carreta, el camino fue un completo silencio. Nadie se veía y sin embargo todos sentían que era suficiente por un día. La señora Elroy tomó algunas decisiones.

Señora Elroy, hemos llegado - George la había sacado de sus pensamientos.

Sí gracias, no creo que sea oportuno que se regrese a ésta hora Dr. Spencer, John enséñale su dormitorio a Addair y usted Dr. Spencer vaya a dormir, George le enseñara su habitación - la señora comenzó a dar órdenes mientras entraban a la mansión.

Sí señora - respondieron todos.

George les mostró las habitaciones y lejos de querer ir a descansar se fue a la biblioteca, encerrándose y por primera vez en su vida quiso sumergirse en alcohol, desesperado se dirigió al mueble de licores que se encontraba detrás del escritorio de Albert y abriendo una licorera se sirvió whiskey un vaso muy grande. Cuando se terminó el vaso de whiskey que tenía entre las manos, George tiró con odio todo lo que en el escritorio se encontraba, gritando y aventando cuanto libro tenía a la mano, llamando la atención de los que aún se encontraban despiertos, sintiéndose el más vil de los hombres.

Sí, esas palabras que Candice le había dicho hacia unas horas lo hirieron como una daga con hiel cuando él un hombre común hizo por ella más que nadie en el mundo, más que el mismo Albert; soportó ironías de Lemarque, reprimendas de la señora Elroy y así era como le pagaba, ¡él no se merecía eso! Lo había tolerado todo por un lastimero... Querido George, qué barato estaba resultando todo después de que ella le había tocado el rostro, esa lastimera caricia lo borró todo de tajo, no podía evitarlo, todo se borró cuando recordaba que ella estaba dispuesta a sacrificarse, tanto su felicidad como la de ellos con tal de salvar a los chicos Cornwell, aunque fuera triste y desgraciada para sí misma. Las lágrimas comenzaron a brotar sin césar, no sabía si en realidad eran las palabras, que estaba sensible o que por fin lo quería hacer desde hacía unas semanas como bien lo dijo el señor Brighter, por fin explotó toda la tensión que él mismo sentía.

¡Qué rayos! - exclamó el señor Brighter saliendo al pasillo y escalera.

Es George, está en la biblioteca, señor Brighter ¿puede ir a ver qué le sucede? - solicitó la hermana María.

¿Qué pasa, papá? - preguntó Annie al también ser consciente del ruido que se escuchó en la biblioteca.

Nada Annie, George debe haberse caído... - aseguró el hombre.

No lo creo, parece que gritó - afirma Annie.

¡Candiiiicccceeee, perdóname! - gritó George asustando a más de uno, saliendo de sus habitaciones los demás.

Señor Brighter vaya - le pide la hermana María.

Papá, yo voy - se decide Annie.

Pero no puedes hacer eso hija, es la servidumbre - le dice su madre ganándose las miradas de reprimendas.

¿Cómo puedes decir eso? ¡No ves que está sufriendo, algo le pasa! - su hija la reprendió.

Bien, ve Annie, cuando me desocupe con Albert, iré enseguida - aseguró el señor Brighter.

Sí - aceptaron los demás.

Mi corazón estaba atribulado, tenía que sufrir mucho por haberla dejado allá sola y con tanto dolor y no hablo tan sólo del dolor físico sino de todo lo demás, por lo que al dejarla sola no era lo único que me importaba, tenía que sufrir por lo que ella me dijo, no quería aceptarlo, no podía hacerlo, pero tampoco podía en estos momentos estar sin hacer nada, sólo quería saberlo. De un momento a otro una delgada figura se encontraba asomándose por la puerta, las lágrimas entorpecían mi vista, ahí estaba yo, apesumbrado y desalineado, de pronto oí una vocecita apenas audible.

George... - musitó Annie triste por mi estado.

A mí me parecía la voz más dulce del mundo como la de ella, la de la señora Candice, así de dulce y cantarina - George vio el rostro.

¡Señora Candice... lo siento debí irme! - se disculpó George intentándose levantar.

No, soy Annie, George sabes, ¿dónde está la señora Candy? - preguntó ella corriendo hacia él y agachándose, impidiéndole que se levantara.

Sí, muy cerca de aquí, escondida... - respondió el hombre, intentando pararse, sin lograrlo.

¡Candy! Me tienes que llevar muy temprano... - le pidió la morena, pensando que esa sería una gran noticia para todos.

Pero no podemos, la señora está mal herida - informó George, callándose de pronto.

George... - lo llamó alguien más.

¿Nos llevarás con Candy...? - preguntó Patty desde la puerta caminando hacia él.

No puedo - el caballero se negó.

¿Por qué no? - preguntaron todos.

Porque estamos siendo vigilados desde que salimos de Londres... - informó a los demás.

Bien, haremos esto, iremos de uno en uno, así no llamaremos la atención, ven George - lo llamó Annie para que recostara su cabeza en su hombro.

Pero... - él no estaba entendiéndolo.

Ven, anda ven que yo no puedo moverme tan rápido - lo instó sonriéndole.

Pero señorita Annie.. - él se vio imposibilitado a poner más pretextos, esos ojos, eran como los de ella, los que hace unas horas les había mostrado.

Vamos George, ve con ella, es más ven, todos te abrazaremos - dijo Archie, haciendo que los demás se agacharan.

Pero... - se interrumpió cuando se sintió abrazado por el grupo de chicos.

Gracias por estar siempre al pendiente de Candy, es una niña muy traviesa - aseguró Annie.

Gracias por habernos rescatado, por ti es que estamos aqui a salvo - mencionó Patty.

Gracias por serle tan fiel a nuestra tonta familia George - le soltó Stear.

Gracias por tenerte, no seriamos personas cuerdas si no fuera por ti - informó Archie.

No tienen por qué darme las gracias lo... - George comenzaba a decir esa misma frase que los demás ya conocían.

...lo hago con mucho gusto, ese es mi trabajo - respondieron los demás riéndose.

También será el de nosotros abrazarte hasta que te desahogues - soltó Annie apretándolo más para que supiera que ellos estarían ahí, con él.

Gracias chicos... - les agradeció infinitamente.

El señor Brighter llegó cuando cada uno de los chicos agradecía a George para después abrazarlo con gran cariño, lo que hizo que el hombre sonriera y los observara en silencio.

¿Qué sucede señor Brighter? - pregunta la hermana María cuando George se queda llorando sobre el hombro de Annie, refugiado como un niño pequeño al que le han robado el alma.

Nada hermana María, sólo que ella volvió hacer para lo que nació - respondió el padre de Annie.

¿Qué cosa? ¡Sí George, está llorando! - espetó la hermana María.

Candy volvió a tocar los corazones de ellos... ahora ¡todo será un revolución! - aseguró el señor Brighter tomándose la cabeza.

¿Por qué lo dice? - quiso saber la monja.

Ya saben que Candy está aquí cerca - aseguró el hombre viendo como su amigo lloraba.

Pues creo que se tendrán que turnar - afirmó la hermana María.

Pues sí, no queda de otra, todos no podrán ir. Muchachos es hora de dormir y decidan quién irá mañana con la señora Elroy... eso si nadie debe de saber que ya saben que la señora Candice es a la que irán a ver, ¿me han entendido? - aseguró el señor Brighter.

Lo siento... yo debería - George se sintió descubierto y trato de levantarse.

¡Noooo...! ¿A dónde vas? ¡Tú estás desahogándote! - afirmó Patty asombrando a todos ahí.

Jajaja creo que será mejor que lo hagan cuando George acabe de ser consentido - aseguró el señor Brighter un poco envidioso.

Sí... señor Brighter - aceptó atento a la mirada de Patty.

George se sentía emocionado y comprendido, así que cuando se sintió mejor, lo agradeció y se fue a su habitación, tenía que descansar para al otro día ir a donde Candice se encontraba.

Papá ¿cuándo planeabas decirnos que sabes dónde está Candy? - le preguntó Annie tomándolo del brazo y caminando con él.

Veo que ya se enteraron - aceptó él no admitiendo que lo sabía todo.

Sí, nosotros nos hemos puesto de acuerdo, Annie será la primera, así que usted se lo tiene que sugerir a la señora Elroy, bien, buenas noches - Archie le sonrió y se despidieron ayudando a las chicas a subir.

Pero... - el señor Brighter intentó protestar por la casi orden de Archie.

Un secreto más que guardar papá, para la otra no lo hagan más - aseguró Annie despidiéndose de su padre con un beso.

¡Señor Brighter, le informo que lo han metido en problemas! - comentó la monja divertida.

Si viera que también lo he percibido - sonrió apabullado.

Buena se la han hecho... - soltó la hermana María.

Vamos hermana María, vamos a descansar que la noche será larga - le pidió que lo acompañara.

Así los chicos se fueron a descansar mientras que la hermana María dormía de igual forma que ellos; el señor Brighter y Marie cuidaban a Albert que seguía entre la inconsciencia y los despertares; muy de mañana Albert presentó fiebre y ahí tuvieron que despertar a la hermana María para que lo atendiera.

Muy temprano, Annie y George se habían levantado y arreglado, Annie bajó a desayunar algo rápido y esperaba en la puerta cuando los demás ya se encontraban preparándose y desayunando, la señora Elroy se dio cuenta de que Annie estaba parada en la puerta.

Annie querida, ¿qué haces levantada tan temprano? - preguntó la señora Elroy sorprendida por ello.

Iré con usted señora Elroy, George me dijo que la acompañara - respondió la chica sonriente a pesar de su delgada figura.

Pero... tú querida no puedes venir conmigo... - aseguró la matrona.

George necesita que la ayuden y aquí estoy - refirió ella poniéndose de pie y tomando sus cosas, una gran caja de las que estaban dispuestas para llevarlas con Candice.

Pero... - intentó decir algo más.

Él está ocupado con Albert, recién apenas pasó Marie con agua fresca - informó la morena.

Bien, prepárate, desayuna algo y te espero aquí - respondió apesumbrada, Annie estaba dispuesta a ir y no aceptaría un no por respuesta.

¿Cómo? Ya desayuné - le sonrió la chica saliéndose aparentemente con la suya.

Bueno iré a ver cómo se encuentra Albert, dile a Marie que me prepare el desayuno y también al Dr. Spencer - solicitó a la morena mientras estaba subiendo las escaleras.

Ellos también desayunaron antes de atendiera Albert - informó de nueva cuenta la morena.

Bueno, creo que solo falto yo, prepárate - atinó a contestar.

La esperamos tía abuela - auguró Annie, sonriendo.

Annie seguía esperando sentada en la sala cuando la matrona acabó de desayunar, el médico, ella y Annie salieron de la casa con cestas de comida y así se lo hicieron saber a los espías de Lemarque quiénes vigilaban la mansión. Annie y la señora Elroy llevaban una comunicación bastante abierta sobre Mark y el Dr. Spencer también colaboraba con las mujeres, todo tenía que verse como normalmente era, por otro lado George estaba muy preocupado por la creciente alta de temperatura de su amigo Albert, por lo que se dejó convencer por Annie que él se quedara a cuidarlo y ella iría con la señora Elroy. Apesumbrado tuvo que optar por esa idea, la hermana María lucía desmejorada y debía relevarla para que durmiera en el día porque las noches a ella le tocaría cuidarlo, hoy no vería a su señora, no por el momento; las indicaciones del médico debían seguirse al pie de la letra y eso estaría complicado si él no lo hacía, ya que nadie se quedó cuando se las dio.

En estos meses, la matrona había dado un cambio importante y Annie lo reconocía, ahora pensaba que Candice era el alma de la casa como cuando apenas era la mucama de los Leagan; Annie ya no se sentía mal por ser adoptada y ahora la señora Elroy, su también tía abuela admitió que ella estaba equivocada con respecto a Candy y por supuesto, a ella.

El camino fue interesante, nadie hablaba y de un momento a otro la señora Elroy se quedó viendo la pequeña mano de Annie, esturó su mano y la tomó, le quitó el guante que ella portaba en esa mañana para después abrirla y colocársela en la mejilla. La señora Elroy sintió como esa pequeña, huesuda y fría mano sostenía su rostro, como era que Candice y Annie fuesen tan diferentes una de la otra, reconoció que cuando la conoció le pareció linda, adecuada y delicada, pero eso cambio cuando sucedió lo del rapto y lo de su liberación, la chica que se encontraba frente a ella ya no era más la misma, la candidez propia de la rubia había emergido en ella y la hacía más considerada. Annie entendió que la señora estaba pidiéndole perdón dentro de su dura coraza, que ella admitió por una vez que de no ser por su rechazo hacia la rubia, esto no estaría sucediendo de esa manera, pero cuando la matrona abrió los ojos se dio cuenta de algo, que la mano de Annie se encontraba entre sus grandes manos y la otra limpiaba sus lagrimas con un perfumado pañuelo, aceptándola por completo. La señora Elroy por primera vez se sintió amada como algún día tuvo o tendría que sentirlo con ella.

Ambas mujeres llegaron a su destino, el Dr. Spencer se sentía incómodo ante tal demostración y fue el primero que salió del carruaje, después Annie fue ayudada por Addair a bajar para ser la última la señora Elroy, que se notaba descompuesta. Annie al percatarse de que la tía abuela no daba ninguna orden, ella tomó la decisión de hacerlo, pidiéndole muy amablemente a Addair y a John que trajeran las cestas mientras ella ayudaba a la Tía abuela a entrar.

Cuando entraron ambas mujeres se asomaron a donde salía la señora Katherine, John y Addair tomaron las cajas del carruaje y lo metieron a la despensa de la pequeña casa de la señora Katherine. Candice se encontraba acostada de lado en el camastro, sobre ella una manta que la cubría del frío de la mañana y a su lado Mark que se había quedado dormido. Katherine se disculpó y levantando a Mark lo llevó a su cama, que literalmente se dejó caer para acomodarse a dormir. Candice aún dormía y se quejaba lastimeramente, Katherine le había hecho una curación y estaba cambiando las compresas que de su frente dejaban de estar húmedas.

Annie entró a la habitación y decidió verla de frente cuando el médico la destapó, ahí estaba ella, embarazada de seis meses y lastimada aún más porque algo pasó, algo que ellos no fueron capaces de impedir y eso la hizo sentarse en el piso, la hizo manchar su vestido y sobretodo de saber que esa sería una de las últimas veces que la dejaría sola, así que se quitó el sombrero, los guantes y tomó los paños que se encontraban sobre la mesita, los sumergió en agua fría que había traído Katherine y los colocó sobre la frente de la rubia.

¡Candy me alegra verte...! Sabes, estamos libres gracias a ti... he soñado tanto tiempo con éste momento, pero ahora te digo que te quiero mucho y que jamás lograrán apartarte de mí... te amo y quiero que me perdones, he sido una niña tonta, pero de ahora en adelante quiero decirte que seré como tú, fuerte y valiente, me costará trabajo, pero lo intentaré cada día de mi vida - le contaba Annie mientras colocaba el paño.

Mmmm - se quejó la rubia.

Los chicos y Patty estarán muy contentos de saber que estás bien y que estás enorme, lástima que no sabemos si es niño o niña - le comentó al gran vientre de la rubia.

Es niña, Annie... -

Continuará..