Capítulo LIII
¿Qué cosa? - George y el Rey Jorge V dijeron al mismo tiempo.
Al otro día en el tribunal de Lyon...
Toc, toc
Buenas tardes, ¿se le ofrece algo? – cuestionó Stewart cuando abrió la puerta del Tribunal.
Sí, buenos días, buscamos a Sir Campbell – respondió y preguntó Amir.
¿Quién lo busca? – preguntó Ailein pareciéndole extranjero.
Soy Aaminah Aasiyah Hiyaz, Reina Consorte del Jeque Hasbún – respondió ceremoniosamente la dama extranjera.
Mi señora, adelante, pase usted – Ailein se retiró de la puerta dándole acceso.
No sólo soy yo, traigo a dos heridos, Lady y Sir Borthwick – anunció la esposa del jeque.
¡Sir Gayre, venga rápido! – Sir Ailein llamó a otro de sus camaradas para que le ayudase con los enfermos.
¿Qué sucede? – Sir Ailein salió rápidamente a la calle observando un carromato, el que habían enviado con Stewart.
¡Sir y Lady Borthwick, están aquí! ¡Venga, rápido! – anunció o mejor dicho gritó para que los guardias del palacio ayudarán a llevarlos adentro.
Mis señores, ¿están heridos? – cuestionaron los guardias para saber cómo debían cargarlos.
Sí, un poco, pero no sé en qué grado – respondió Amir ayudando a cargar a Sir Borthwick.
Veamos, ¿pueden llamar al médico? – sugirió un guardia a Ailein.
Sí claro, pero primero debemos de colocarlos en una habitación por separado – sugirió Sir Ailein, haciendo que los guardias entraran rápidamente hacia el palacio.
Bien, le ayudo – se ofreció Amir.
Mientras esto sucedía en el Palacio de Holyroodhouse, en la mansión Andley el desayuno se preparaba.
Hermana María, ¿qué hace usted aquí? – cuestionó Sir Abercrombie.
Preparando el desayuno, ¿no lo ve? – respondió la monja cuando agregaba más harina al pan que preparaba en ese momento.
Por supuesto que sí, pero ¿no debería estar descansando? – sugirió la matrona de la casa cuando llegó a la cocina después de ordenar los quehaceres del día. Tenía cerca de 300 personas en la casa y eran muchas las labores que debían hacerse.
¿Descansando? Sí claro, sólo que nos falta mucha comida y Mary fue de compras… - respondió sin verlas paradas y asombradas.
Mary...bien, ¿la acompañó John? – preguntó la señora Elroy.
Sí, también – respondió la monja azotando la masa que se encontraba sobre la mesa. ¿Alguien quiere ayudarme? Esto ya está muy pesado – se quejó la Hermana María.
Espere en un momento vuelvo…. – Sir Abercrombie salió de la cocina ante una perpleja hermana María y señora Elroy.
¿A dónde va? – preguntó la hermana a la señora Elroy.
¡No lo sé! – responde con ahínco la matrona y se sienta a esperarla.
A ver hermana María ¿cuántas piezas de pan faltan? – cuestiona Lady Abercrombie cuando entra junto con quince hermosas y finas ladies.
¿Que cree que está haciendo usted, Lady Abercrombie? – cuestionó la matrona asustada.
Le presento a sus ayudantas, ellas ayudarán en la cocina mientras estemos aquí, pensaba que íbamos a ser una carga para la familia Andley, anden ustedes con los enfermos que es donde las necesitan, ellas se harán cagrgo de la cocina – respondio Lady Abercrombie empujando a ambas mujeres que aun no salía de la sopresa hacia el pasillo y fuera de la cocina.
Pero… - ellas intentaron decir algo, por supuesto que Lady Abercrombie sabía lo que hacía y una cosa era cierta, no dejaría que esas amables mujeres hicieran comida ni aseo para un regimiento.
Ande hermana, de verdad que no nos cuesta nada, todas sabemos cocinar y hemos hecho esto muchas veces, no creo que piense que sólo nos la pasamos teniendo hijos y viviendo en la holgazanería. Todas sabemos hacer estas cosas… vaya, vaya, nosotras veremos con Mary lo que se necesite – terminó por decir Lady Abercrombie y a punto de cerrar las puertas.
Bien Lady Abercrombie, gracias por esto – agradece la hermana María al punto del llanto.
Despreocúpese hermana, usted a los enfermos y nosotros nos encargamos de todo lo demás – refirió Lady Abercrombie.
Bien – la hermana María se retiró de ahí. La señora Elroy se recargó en la pared, sintiendo que de ese peso fue liberada a tiempo de volverse loca.
¿En donde se encuentra Lady Andley? – preguntó una voz poco conocida para la anciana.
En reposo, ahí es que está, ¿para qué la quiere? – respondió la matrona cuando lo reconoció.
Para nada en especial, solo quería saber ¿cómo estaba? – le cuestionó de nueva cuenta sin ver que George ya casi había llegado a la cocina.
Lord Straigth ¿cómo está? Sígame a la biblioteca... – sugiere George haciendo que lo siga por otro pasillo.
¡George, eh bien! Pero por lo visto a ustedes no les ha ido muy bien ¿verdad? – respondió un desvelado Sir Carnegie.
¡No, a nosotros no mucho! – sonrió apenas y penosamente se dejó caer en el sillón de la biblioteca.
¡Tiene usted unas ojeras! – le dijo él dándole unos golpecitos a su brazo cuando se sentó a su lado.
El encuentro con Candy ha sido muy emotivo, no he podido dormir muy bien desde entonces – refirió George omitiendo que le gustaría verla en esa casa, pero ya repuesta.
George, George, George si no lo conociera diría que está enamorado de Lady Andley – Sir Carnegie pareció querer embromarlo, pero no, sólo quiso hacerlo sentir apenado.
Sí lo estoy... pero no de ella como mujer, sino del alma de la señora Candice – respondió con gentileza.
Vaya hasta que alguien me dice algo diferente. Bien, ¿quiénes más están aquí? ¿Quiénes han llegado ya? – cuestionó Abahinn sorprendido.
Albert, Candy, Mickael y por ende los bebés, además de los señoritos Stear, Archie y las seoritas Patricia y Annie por supuesto – refirió él recordando a los últimos.
¿Richard Grandchester? – cuestionó rápidamente.
Con el jeque Hasbún, en la posada – suelta George.
Bueno suponemos que lo tiene él porque el jeque llegó ayer con Mickael – informa Abahinn.
Cierto, entonces creo suponer que va rumbo al palacio en Escocia – refiere George intuyéndolo.
¿Terry? – ahora pregunta por su amigo.
Con Lord Thompson – informa el castaño sin verlo, los ojos le pesaban mucho.
¿Los Borthwick? – siguió preguntándole. Poco faltaba para que él se durmiera y eso haría, dejar dormir a George.
No sabemos aún... de ellos no hemos tenido noticias – refiere George sabiendo que en algún lugar deben estar y que pronto se comunicarán con ellos.
¿Carmenza? – Abahinn sabía que le faltaba una persona.
En el Tribunal de Lyon... – se interrumpió, sabía que ésta noticia iba a ser buena. También está aquí, en los establos… Sir Buchanan – refirió George tomándolo desprevenido.
¿Qué cosa dice? ¿Qué hace aquí, Sir Buchanan? ¿No se lo iban a llevar al tribunal? – cuestionó él dado que en eso había quedado con Sir Campbell.
En realidad, nadie sabe ¿por qué fue tan fácil capturar a Sir Buchanan? ¡Algo se trae Lemarque! – afirmó George obviando que esto podría ser un arma de doble filo para ellos y que deberían de manejarlo con cuidado.
Definitivamente, por lo tanto, debemos dejar a Sir Buchanan en el establo mientras vemos que hacer – Abahinn resolvió mientras ese tema lo dejaban zanjado hasta ahí.
Por supuesto, dígame Abahinn, ¿cuál fue el plan? ¿Por que no llegaron todos aquí? – pregunto George, quería comprender que salió mal.
Lemarque nos sorprendió, los disfraces fueron de gran ayuda pero aun así nos sorprendió, todo se salió de control y no pude meter las manos, quise hacerlo, lo tenía a mi alcance, pero ella me lo impidió, ella no quiso que intercediera, no sé ¿por qué? – claro, Abahinn sabía qué sucedió, sabía que él debería de presionar a Lemarque para salir de su escondite, pero también sabía que el rey Jorge V lo había obligado a firmar un documento donde nada de esto saldría hasta que Lady Candice se lo permitiera.
¿Qué dices? No entiendo… - George decía la verdad, todas las noches repasaba las secuencias de los hechos y nada de esto lo convencía.
Lo siento, no puedo revelar nada acerca del plan hasta que ella haya despertado… - al final Abahinn debería de reconocer que el plan de Lady Andley era totalmente descabellado, pero su lealtad hacia ella dolía más de lo que su amigo George podría dolerle.
¿Por que Abahinn? Dime ¿por qué no puedes revelar algo? ¡Si ya todos están aquí, a salvo! – increpó George enfadado, pero más que enfurecido era una súplica, el castaño hombre lo que quería era entender por que todo estaba así, de esa forma, de esa forma que le lastimaba no saber de los padres de Candy y de no saber si ella sobreviviría a ese trabajo de parto.
No todos, no los Borthwick... – aclaró Abahinn.
Los Borthwick... ¿que tienen que ver en esto? – George tampoco podía hablar de eso tan a la ligera, por lo que prefirió esperar a que el siguiera con su reclamo y todo por temor de cometer una indiscreción.
No me diga que no lo sabe, los Borthwick son los padres biológicos de Lady Andley – refirió Abahinn molesto por la toma de pelo, eso lo sabía ya casi todo el mundo ahí.
¡Veo que ya lo saben! – refirió George aliviado.
¡Sí, ya lo sabemos! ¡Todos nosotros lo sabemos! – gritó golpeando el escritorio.
Vaya y ¿dónde se pusieron de acuerdo?
Eso si se lo puedo contar… - Abahinn sabía que George no iba a quitar el dedo del renglón.
Inicio del Flash Back
Lady Candice ¿se siente mejor? – pregunta el jeque cuando entra a su habitación donde la rubia descansa.
Sí ya mejor, gracias, jeque Hasbún, ¿ya llegó Lord Straight? – preguntó Candy saludándolo.
Aún no, ¿cuándo me dijo que era? – cuestionó el jeque haciéndole platica.
Aún falta un día, esto me saca de quicio, la espera – Candy rebota las manos sobre sus piernas cuando le da un golpe.
Calma Lady Candice, le puede hacer mal al bebé – recomendó el jeque sin verla realmente.
Lo sé, pero esto no me está gustando en nada – refirió la rubia aceptando que debería de ser paciente.
¿Que de todo no le está gustando? – Abahinn preguntó.
Sir Abahinn, que bueno que llegó – saludo efusivamente al jeque, pero yendo al lado contrario de donde él estaba.
Miladi, me he dado tanta prisa como me fue posible – respondió Abahinn tomándole las manos y soltándoselas apenas unos segundos después.
¡Cuánto lo siento, debo ser más considerada! – Candice en realidad sentía que darle dos días era demasiado pedir.
Sólo quisiera algo de comer y sentarme – se limitó a pedir él.
Enseguida voy por ello, gusta algo de té lady Candice – se ofreció el duque, pero Amir se levantó por los encargos.
Por favor Amir, gracias – ella solicitó el té que muy amablemente el jeque le ofreció.
Gracias, Amir – respondió el jeque dándole unos golpecitos en la espalda a su hermano.
De nada, permiso – Amir se retiró tan rápido que ni se dieron cuenta.
Bien Lady Candice, ¿qué tenemos que saber? – preguntó Abahinn mientras se quitaba los aditamentos del viaje.
Esperemos a Amir para no repetir las cosas, suele ser muy largo si lo tengo que repetir todo de nueva cuenta. Sir Abahinn ¿cómo está su padre? – Candy sugirió y quiso saber de Alfred.
Bien Lady Andley, se quedó en Londres, aún se recupera de los golpes – respondió el aludido, restándole importancia a lo que suponía que ella no sabía.
¿Cuáles golpes? – mientras Abahinn y el jeque la veían hacer esa pregunta, el hijo de Alfred soltó una risa ahogada.
Mi padre llegó muy golpeado por Sir Andley, según me dijo él… - respondió a medias.
¡Espere, espere, mi esposo no ha golpeado a nadie! – Candice lo defendió de cualquiera.
Lo sé, lo sé Lady Andley, mi padre gusta de las peleas por apuesta – Abahinn aceptó que ella si lo amaba y por ello le dio una buena noticia.
¿Quiere decirme que Alfred luchó y dijo que llegó así por mi esposo? – Candy muy indignada quiso saberlo.
Eso dijo Pierre… - soltó Abahinn mirándola de reojo.
¡Pues no es cierto! De hecho, ¡ese día él me entregó! – respondió, desmintiendo semejante idea, Albert se había portado como un perfecto caballero con Alfred.
¡Bribón, ya decía yo que solamente estando loco se dejaría poner morados los ojos! – Abahinn comenzó a reírse.
No me lo imagino… - soltó el jeque.
¡Yo sí…! Jajajaja – Candice sonrió para sí, imaginándose lo que él debe haber pasado para decir esa gran mentira.
¡Que la oiga, lady Andley! – apenas dicho esto, los tres comenzaron a reírse.
¿De qué me perdí? – preguntó Amir que venía entrando con una bandeja de té y era seguido por una mucama con la comida de Abahinn.
De nada Amir, sólo que Alfred participó en una pelea por dinero – resumió el jeque sin dar más información, pero que por su cara todos comenzaron a reírse.
Ahhh y eso es ¿importante? – Amir no entendía nada y más lo que se atrevió a pedir.
¡No, pero si divertido! – respondieron aun riéndose.
Bien, según la carta de Pierre, Albert le dijo a él quien era, pero no se lo contó antes en los telegramas porque estaba muy sorprendido, olvidando todo lo que era importante hasta una noche antes de irnos de San Pedro – Candy paró de reír y olvidando que era muy gracioso comenzó a relatar la forma en la cual había obtenido la carta.
Y ¿por qué una noche antes? – cuestionó Abahinn sin entenderlo.
Es que bueno… - Candy se detuvo al ver que era observada por ellos ante su indecisión de contarles. Así como noche no era, más bien mañana – recapituló y cuando no podía sentirse más incómoda. Esto lo diré solo una vez, requiero de toda la discreción de su parte, esta información es sobre mi intimidad, así que tampoco me miren raro – advirtió cuando los tres hombres asintieron sin despegar su mirada de ella.
Sí, mi lady – habló Amir.
¡Se lo juramos! – los tres hombres ahí presentes levantaron su mano derecha e hicieron un juramento de silencio.
Me imagino que ya se habrán enterado de que Lemarque les dijo que por un telegrama de Pierre, Albert probablemente me habría herido al quererme llevar con él – comenzó a relatar la rubia sin prestarle atención a las miradas a menos que ella quisiera ver los sentamientos de sus caras.
Sí, George y yo lo oímos, pero según George no fue una herida como tal. El señor Brighter se molestó mucho ahora que lo recuerdo – informó Abahinn a los demás.
¡Bien, esa noche seduje a Sir Andley! – contó la rubia sorprendiendo a más de uno.
¡Cof, cof, perdón! – Abahinn no pudo tolerarlo, la noticia no era agradable para él.
Sí, Sir Abahinn las mujeres también lo hacemos – respondió Candy con sorna.
Lo siento, es que me tomó desprevenido con la noticia – Abahinn se disculpó de repente.
Bien, suponiendo que ustedes ya lo saben todo, les decía que me topé con Pierre cuando me dirigía al cuarto de aseo del campamento y al verme casi desnuda, me jaló hacia su habitación – rememoró Candy para internarse en sus recuerdos, los más penosos de toda su vida.
¿Cómo se atrevió a tanto? – Mickael que había llegado recién escuchó lo que ella decía.
Vaya, creo que Mickael no notó lo que dije, casi desnuda, con mi traje de montar en una mano y con la otra, tomaba ambos lados de la bata para que no les causara ninguna mala impresión a los demás por salir a hurtadillas de la habitación de Albert a tempranas horas y justo después de él – recalcó lo dicho por ella para que no quedara duda de que nada pudo hacer más que seguirlo.
Bien, supongamos que la jaló a su habitación, ¿que hizo después? – Mickael de nueva cuenta al ataque con sus dudas, ella no era más una niña a la que pondrían a dudar de sus palabras.
Me aventó a la cama y solté todo lo que tenía entre las manos – respondió de la misma manera que él.
Digamos… ¿él abuso de usted? – y volvía al ataque, ¿acaso dudaba de su honorabilidad?
Noooo, por supuesto que no. ¡Artimañas femeninas, Mickael! – respondió sin verlo a la cara, pero de que no fue una buena acción, de eso, ella estaba segura.
Entonces ¿qué hizo? – ahora fue la pregunta de Abahinn.
Digamos que al levantarme le enseñé algo de una pierna y él preparado para lo que estuviese pensando comenzó a contarme lo que tenía planeado mientras le daba pequeños besos en el rostro… - respondió escueta y totalmente incomoda por el interrogatorio aquel.
Inicio del flash back en África
¿Miss Andley? O debería decir ¿Lady? – la nombró de diferente forma haciendo que Candy se contrajera cubriéndose con la bata que llevaba puesta.
Diga lo que quiera, debería de decir que ¿cómo es posible que no lo hiciera mejor con usted, Pierre? – respondió la rubia con elocuencia que lejos estaba de sentir.
Sabes que no me interesas como mujer y además no soy mejor que Sir Andley, no soy millonario y tampoco tú eres mi hija adoptiva – Pierre si la veía como mujer, pero millonaria que le podía dar los lujos que su padre había planeado en el mes de travesía hasta aquí. Pensaba él que recriminándola la iba a someter y es por ello que él sabía más cosas que ella.
¿De qué hablas Pierre? ¡Tú y yo somos amigos! – respondió ella, recordándole que con fines amorosos no había tal relación.
Amigos, si tú fueras algo más que mi amiga me darías un poco de esto – se refirió a ella cuando con el fuete que llevaba entre las manos intentó abrir la bata que portaba.
¿De qué hablas? Debo irme a bañar de hecho, con tu permiso – Candy se bajó de la cama, recogió sus cosas y comenzaba a dirigirse a la puerta cuando de pronto.
Un momento Candy, así te llama él, ¿no? – preguntó Pierre sentándose en la cama con las piernas estiradas.
Sí claro, somos amigos, nos tenemos confianza – respondió ella con la verdad.
¡Demasiada como para que él abusara de ti! – Pierre dio énfasis a esa declaración.
¿Qué dices? ¡Él no abusó de mí! ¿Por qué piensas eso? – ella sabía que era lo que quería escuchar, pero no se lo diría nunca.
¡Porque es cierto y tú lo sabes! – Pierre se levanto y la acorraló en la puerta, colocando sus manos nosbre las de ella que las tenia extendidas sobre su cabeza.
¡No, eso es una mentira, debo irme! – Candy trató de zafarse del agarre y comenzó a escabullirse por un lado de la puerta, quedando casi liberada cuando…
¡Alto ahí, golfita! – Pierre la jaló de la cabellera deteniéndola y pasando su mano sobre la pierna que tenía al alcance.
¿De qué hablas? ¡No se dé qué me hablas! – Candy siguió con la misma historia, ella seguía siendo virgen ante todos.
De nada que todo el mundo no sepa, ¡que te entregaste a Sir Andley! – Pierre ahora celoso de darse cuenta que debajo de esa bata ella estaba completamente desnuda, soltó esa información.
¿Sir Albert es un Sir? ¿En serio? ¿Qué es un Sir? – Candy de pronto se volteó y decidió cambiar de táctica haciéndose la loca con lo abolengos, por supuesto que sabía que era un Sir.
Es un Duque, pero es Escocia – él tanteó el terreno cómo es posible que ella no supiera que era un Sir.
¡Nunca me lo hubiera imaginado! – confesó su ignorancia que aparentaba.
¿No lo sabías? – cuestionó Pierre creyéndole totalmente.
No, pero ¿qué será mejor un Sir o un Conde? ¡Eh Pierre! – preguntó regresando hacia él y tocándole el triángulo que se había formado con la abertura de su camisa desabrochada, haciendo que ante ese toque él se pusiera nervioso.
Por supuesto que un Conde, es lo mejor – Pierre intentó besarla. Si quieres pruébame para comprobarlo… - él la tenía abrazada y pegada hacia sí, quería algo más de ella y Candy lo sabía.
¡Sí Pierre, cuéntame algo para motivarme! – Candy tuvo que hacer acopio de todo lo que pudo para parecer interesada en él.
¿Qué quieres que te cuente? – preguntó él mientras le besaba el cuello.
No sé, algo como eso… ¿qué tienes en ese papel? – pregunto cuando al quitar el rostro para evitar que la besara en la boca, vio una carta dirigida a su padre.
Una carta para mi padre – respondió él tajantemente.
¿No te cansas de escribir cartas? – Candy intentó que cayera redondito en su juego por lo que tuvo que inflarle el ego demasiado pronto.
¡Esta es importante! – él seguía besándole el cuello mientras Candy intentaba pedirle perdón a Albert por lo que iba a hacer.
Dime ¿qué le cuentas? – preguntó ella, dándole unos besos en dicho triángulo de piel expuesto, ese que había acariciado momentos antes.
Algunas cosas de que conocí a Sir Andley y que es tu padre – respondió él extasiado.
¿En serio? Sí claro, ¡él me adoptó! – Candy en sus pensamientos reconoció que esa noticia era vieja ya, pero no para Lemarque.
Y que acaba de cometer incesto… - siguió contándole mientras acariciaba su cuerpo sobre la bata que aun llevaba.
Eso no es bueno contárselo, ¡se aterrorizaría! Además, restarías importancia al poseerme, te imaginas que tu padre te diga ¿segundón en todo? – Candy decidió picarle el orgullo a Pierre.
No claro que no… tienes razón, ahora en que estábamos – Pierre quiso seguir con lo que estaban haciendo y la aventó a la cama para ello.
En que debo de ir al baño a asearme, ya sabes para que el aroma que quede en mi cuerpo sea el tuyo – pero Candy no tenía planeado que la poseyera, así que mejor intento disuadirlo.
Sí tienes razón golfita, ¡báñate! Mi aroma es el que tendrás después – aceptó él y liberándola la dejó hacer lo propio.
Bien, levantaré mi ropa y me iré. Perdóname señor por lo que dije y por lo que haré en estos momentos, pero tengo que irme lo más rápido posible del campamento – pensó ella y tomando un candelabro se volteó, cuando él se disponía a robarle un beso.
¡Aaaahhh! – Pierre cayó inconsciente por el golpe recibido.
Lo siento, luego te veo y me llevo esto – Candy tomó sus cosas y salió de allí con todo y la carta.
Fin del flashback en África
Y fue así que esta carta llegó a mis manos. Esperen no me vean así, no hice nada de lo que me arrepintiera – aclaró cuando los ojos de Mickael reprobaban esos actos.
Bien, omitamos eso, ya que nos enteramos como llegó esa carta a sus manos, debemos saber ¿para que se nos ha citado aquí? – resolvió decir Abahinn, en verdad que Candy se encontraba apenada en esos momentos.
Cuando veníamos hacia aquí, mi esposo tuvo una pesadilla y al presentir que alguien intentaría separarnos decidí pedirle ayuda a Sir Campbell y él lo hizo a la par de su majestad. También en esta carta dice Pierre que su padre debe de hacer todo lo posible por secuestrarme dado que él sospecha que Albert me ha seducido para preñarme y así subir de puesto dentro de la cámara de Sires, tal y como lo pensó él – Candy prosigue con el relato.
Pues al parecer no estaba tan errado… - Mickael soltó de pronto, ganándose una mirada asesina por parte de todos. Perdón – se disculpó y volvió a la conversación.
Mickael, pero ¿qué cosas dices? – el jeque lo reprendió.
Perdón no quise ser inoportuno – Mickael se disculpó y pidió que continuarán con un movimiento de su mano.
Entonces ya que nos has reunido dinos ¿que es lo que haremos? – solicitó saber Abahinn que no soportaba la espera.
Seguiremos así, disfrazados y en West Linton, Lemarque nos atacará junto con mi tío Sir Buchanan, eso lo creo, no estoy muy segura – informó Candy que al parecer los demás no parecieron darle importancia a la información dada, nadie se preguntó cómo era que Lemarque sabría que debía atacarlos.
Sir Buchanan está en al Palacio de Holyroodhouse… - aseveró Abahinn.
¿Está seguro? – todos querían esa confirmación.
¡Por supuesto, que está allí! ¡Yo mismo lo verifiqué! – Abahinn declaró que así era, pero por supuesto que eso no le constaba.
¡No lo está! Al igual que Pereyra, se fugó de su encierro – Candy les dio la estocada a todos, tanto Sir Buchanan como Pereyra se habían fugado del encierro muy cerca de West Linton.
¡Vaya, algo más que no sabemos! – exclamó el jeque sorprendido.
Y no se imaginan ¿quién fue? – preguntó Amir haciendo que los demás lo vieran.
¡No, no sabemos! – respondieron uno a uno.
¡Quién va a ser, Lemarque por supuesto! – afirmó Abahinn.
Dado que Pierre se encuentra en el Castillo Grandchester, aprovecharemos que ese hombre está sólo – mencionó Candy.
Bien entonces el plan es que los atacaremos – resolvió decir el jeque mirando a Candy.
No exactamente – respondió ella, sabiendo que lo próximo no iba a gustarle a más de uno.
¿Entonces? – le preguntaron.
Nos dividiremos… - soltó sin más, esperando las reacciones de los demás.
¡Me niego a dividirme, eso es más peligroso! – Mickael no lo aceptó tan rápido, es más se negó a hacerlo.
Lady Andley ¿está usted hablando en serio? – preguntó el jeque, no entendía ¿por qué querían dividirse?
Sí, es muy en serio, Sir Campbell y el Rey han dispuesto guardias disfrazados en la ruta a seguir, que es está – Candy se levantó y colocó un mapa señalando el camino lo que hizo que los demás se levantarán y acercarán a verlo.
¿Ya tienen ruta? – preguntó Amir que no podía creerlo.
¡Por supuesto, no íbamos a decidir qué hacer sobre el tiempo! – enfatizó ella.
Bien ¿qué sigue entonces? – Amir prestaba atención a lo que decían en toda esa reunión.
Richard va a ser la distracción, Albert y Carmenza se irán juntos, Terry y yo saldremos hacia el castillo Grandchester al norte de Edimburgo, Sir y Lady Borthwick deben dirigirse al Palacio Real… - Candy iba nombrando a todos, a cada uno de ellos ya tenían una dirección que debían de seguir.
Y ¿yo? – preguntó el jeque.
Amín usted deberá de hacerse el que no vio nada, aparentemente… - Candy le informó escuetamente.
¿Qué quiere decir? – preguntó él sin entenderlo del todo.
Que todos nosotros no podríamos hacer nada sin que usted lo supiera, nos va ayudar, pero muy discretamente – respondió ella, acariciándole el rostro y sonriéndole.
O sea, sí los ayudaré, pero nadie debe saberlo – enfatizó lo último, ese toque había sido dulce y delicado, lo más delicado que había sentido en su vida.
Exacto y tú Mickael, sólo actuarás si nos descubren a alguna de las tres parejas, le debes dar importancia siempre a Albert, por favor – a Mickael no pareció agradarle lo que escuchaba de parte de su prima, él no protegería a Albert sino a Candy.
Pero… - él intentó de hacerla cambiar de opinión, pero no pudo.
Es importante que él llegue al tribunal o en su defecto a la mansión Andley – informó ella.
Y ¿usted? – preguntó animadamente.
Estaré segura con Terry, no se preocupe por mí – de igual forma agradeció su preocupación con un apretón en su brazo.
¿Hablaremos de esto con más claridad en otro tiempo? – preguntó Abahinn intentando saber más.
Desde luego cuando estén todos, todos deben de enterarse – aseguró ella.
Sí, por supuesto – accedió inmediatamente.
Ahora usted Abahinn quédese conmigo y termine de comer – Candy le pidió muy solicita a Abahinn, es ahora cuando debía de hablarle de lo otro a él.
Nosotros nos retiramos, que tenga buen provecho – desearon los tres hombres y por ello mismo Candy se levantó a servirse un té, guardando de paso el mapa otorgado por Sir Campbell.
Gracias, luego los veo – Abahinn se despidió comenzando a comer.
Ya afuera, cuando se retiraron lo suficiente de esa habitación.
¿Qué piensa usted, Amin? – le preguntó Mickael a Amin.
Lo único que debo hacer, que ayudaré a los demás y ¿usted? – re cuestionó al médico.
Que si es ella quien resulta lastimada y nadie puede defenderla… - Mickael le hizo una sea con el rostro y los ojos de que le iba a tocar hacer algo para que eso no sucediera.
¡Usted será la carnada Mickael! ¡Espero que sepa lo que hace! – exclamó él convenciéndose de que eso no era posible, no como él lo estaba planeando.
Yo también lo espero, tenemos que evitar que Lemarque tenga en su poder a Candy – admitió él y que, aunque no estuviese muy convencido así lo iba hacer.
Sí, lo haremos – ambos hombres juraron, defenderla era lo que más podrían hacer por ella.
Regresando a la habitación de Candy
¡Sir Abahinn, sí que tenía apetito! – aseguró la rubia sorprendiéndolo.
He perdido algunos almuerzos… -soltó él limpiando el plato por así decirlo.
Lo siento tanto, al parecer Alfred lo ha presionado mucho ¿verdad? – Candy sintió lastima por Abahinn.
Sí demasiado, tiene un poder de persuasión ¡increíble! – aseguró Abahinn consciente de que así era.
Me lo imagino, usted debe de hacer algo muy especial para nosotros… - Candy soltó rápidamente.
¿Qué cosa? Parece que todo está cubierto… - Abahinn no sospechaba nada así que aseguró que lo que decía era correcto menos que…
No Lord Straight, no todo está cubierto… el rey, Sir Campbell y usted deben de acorralar a Lemarque – le informó.
¿Qué cosa dice? ¿No puedo hacer eso? ¿No puede pedirme eso? – Abahinn vociferó todo lo que pudo.
¡Lo tiene que hacer o nadie saldrá vivo de esta misión! – ahora era el turno de Candy de levantar la voz.
Todos saldrán vivos, ese es su plan, ¿lo recuerda? – Abahinn quería convencerla.
Lemarque matará a todos antes de que alguno de nosotros llegue a Escocia, Lemarque tiene amigos en el tribunal y son muy influyentes… - Abahinn se quedó sorprendido, esa información ni él la sabía.
¿Podemos…? ¿Quiénes son? – cuestionó Abahinn.
Mi tío y Sir Buchan – refirió dándole al pobre hombre algo en qué pensar.
¿Cómo sabe eso? ¿La carta lo dice? – Abahinn comentó en tono burlón.
No, Sir Campbell lo ha averiguado – le informa, sentándose.
¡No, Lady Candice! ¡Debe haber otra forma! ¡Tenemos que hacer otro plan! – sugiere Abahinn pensando que toda esta parte del plan es una locura.
No se puede, es muy tarde, ustedes tres deben forzarlo a atacarnos porque si no los Andley no harán su parte y mi niño nunca podrá nacer, si no me tiene para Pierre y para ser inmensamente rico, me matará… - aseveró la rubia, si él no lo hacía todos morirían y él lo sabía, era una de las probabilidades.
Y eso ¿cómo lo sabe? – Abahinn se resistía.
¡Aquí lo dice, léalo! – Candy le extiende la carta donde Pierre le dice a su padre que de no casarse con ella podría matarla.
¡No, no, no debe haber otra forma! – con esa información Abahinn quedó estupefacto, no podía creer que ese hombre tuviera tanta maldad en el corazón.
¡No la hay, lo hacen entre los tres o despídase de todos nosotros mañana mismo! – le advirtió Candy.
¡No puede pedirme eso! – a Abahinn se le estaban acabando las posibilidades, ya no tenía otra cosa más que discutir.
No lo haré yo, lo hará el Rey Jorge V… - Candy se había cansado de disuadirlo, pero tenía que usar su último recurso y no quería hacerlo, no deseaba obligarlo. Candy sacó de una cuerera una carta enviada por su majestad.
¡No, no, no, mi padre me ha embaucado! – pensó para sí, cómo se atrevió a hacerlo pasar por este problema de esa forma.
No puede negarse son órdenes expresas del rey – respondió ella comenzando a caminar.
¡No quiere hacerme cumplir esas órdenes! – respondió el con despecho.
Lo tiene que hacer, quedara en su conciencia el no hacerlo – y eso ella lo sabía, su culpa como Sir del tribunal y el desacato sólo producían sin sabores en su vida dentro de la corte.
No lo creo… - él atinó a decirlo.
Pues créelo, ahora Sir Abahinn Carnegie, descanse que mañana armaremos el plan al 100% y usted, nada dirá de esta parte, le sugiero que lea esa carta y que la firme, mañana debo de verlo más temprano y ahí me la dará, ¿de acuerdo? ¡Que tenga buenas noches! – se despidió de él saliendo de su habitación para ir a ver a Albert.
Buenas noches, Lady Andley – Abahinn también se despidió, aunque no de la misma forma.
Buenas noches, Sir Abahinn y lamento que todo se de esta manera – Candy se disculpó por las órdenes dadas.
¿En qué me has metido papá? ¿En qué loca idea me has metido? – se preguntó mientras sus ojos derramaban lagrimas por la impotencia de no poder negarse ante el mandato real, sabia de alguna forma que ella correría el más estúpido error de su vida y que podría perderla, tenía que ser fuerte, tan fuerte para mantener la esperanza de que eso no sucediera, sólo eso le quedaba a ella y a él la esperanza de que ese maldito hombre no la matara. Después de que Candy cerró la puerta, soltó un llanto lastimero y a su vez aventó los trastes de los que se había alimentado tan sólo unos minutos atrás. Cayendo en el piso y quedándose ahí, inmóvil y derrotado, la mujer que amaba le estaba pidiendo algo imposible, algo que estaba renuente a realizar, pero sabía también que el arma que ella había utilizado para engatusarlo era inapelable, una desobediencia por parte de él, sería una vida llena de amarguras, desdeñado por la corte y no le quedaba de otra que ejecutarla.
Lo siento tanto Abahinn, pero debía de hacerlo, sin tu ayuda ese cobarde hombre no saldrá de su escondite y ahí si que todos podemos morir. Yo sé que tú puedes y sé que a pesar de ti mismo harás cualquier cosa por mí, tenía que aprovecharlo. Lo siento mucho – Candy al oír el amargo llanto de Abahinn se quedó ahí, parada y recargando la cabeza en la puerta ya cerrada, escuchando como su más fiel guardián luchaba contra lo que debía, contra la rebeldía de su corazón y contra el amor que por ella sentía. Le había costado mucho trabajo que el aceptara, pero esto que estaba sucediendo hizo que ella levantara el rostro, acariciara la puerta y le diera un beso para después comenzar su camino hacia la habitación de su esposo para pasar la última noche juntos, para fundirse en uno solo y dormir con su esposo, sintiendo sus brazos protegerla porque es ahí donde se sentía segura. Porque en unos días más, quizás ella y Albert estarían separados, quizás estarían heridos y esperaba que no fueran asesinados, ella quería disfrutar de su bebé, pero lo que no sabía es que el destino para ella y para Albert ya estaba escrito y en ese destino el nombre de Emanuelle Lemarque había sido borrado, al menos hasta ese momento en donde él no lograría su objetivo.
Continuará…
