Naruto no me pertenece.

Nuevo capítulo, el siguiente seria para el día 21 o 22 de enero, después de que presente mi examen profesional, y ya las actualizaciones serán entre uno o dos capítulos a la semana.

Leer notas finales.


—Vamos a cambiar el entrenamiento. —Sasuke tenía dos espadas en sus manos. Frente a él, Boruto y Sarada lo miraban fijamente. Los tres se encontraban en el campo de entrenamiento número 5.

— ¿Por qué, tío Sasuke? —Pregunto Boruto—. Creí que ahora que ya habíamos podido realizar con éxito el chidori, lo seguiríamos mejorando.

—Lo han practicado por varios días, necesito que sus niveles de chakra se estabilicen. —Respondió mientras les extendía una espada a cada uno— ¿Saben pelear con espadas?

—Practicamos con ellas en alguna ocasión en la academia, papá. —Sarada al igual que el rubio desenfundo la espada.

—Creo que será suficiente. —El azabache miro hacia un árbol—. Sera la misma dinámica que con los otros entrenamientos, solo que en este su rival no seré yo.

— ¿Entonces quien será? —la azabache lo miro curiosa.

—Su abuelo. —sonrió con burla.

— ¡El abuelo! —exclamaron sorprendidos ambos.

—Así es, ¡Ven aquí, Kakashi! —su sonrisa se amplió cuando el peliplata salto del árbol en donde se escondía y se acercaba mientras lo fulminaba con la mirada.

—No me digan así. —se quejó.

— ¡Entrenaremos con el abuelo Kakashi! —salto el rubio.

—Sí, ahora vayan a prepararse. —Les indico Sasuke—. Ya conocen la señal para iniciar. —ambos adolescentes asintieron y se alejaron de los adultos.

— ¿Qué es lo que estas planeando, Sasuke? —pregunto el peliplata cuando el rubio y la azabache desaparecieron de su vista.

—Sientes curiosidad y por eso sigues viniendo a ver nuestros entrenamientos. —El azabache lo miro fijamente— ¿Estoy en lo correcto?

—Si lo estas. —respondió—. Sé que hay algo que ocultas; algo que proteges con todas tus fuerzas.

—Gánate aún más mi confianza, Kakashi. —Desvió la mirada—. Si lo haces, confiare en ti y te diré todo lo que quieras saber.


Tres semanas después.

— ¿Ya tienes la lista de todo lo que se necesitara para la fiesta? —pregunto una pelirroja a una ojiperla. Era casi de noche y ambas estaban caminando por las calles de la aldea.

—Sí, la escribí ayer, y Temari ya encargo el pastel por mí.

—Perfecto, entonces solamente tenemos que dividirnos las tareas que faltan y todo estará listo. —se emocionó la pelirrosa cuando sintió que alguien chocaba levemente contra ella.

—Lo lamento mucho, Sakura-san Hinata-sama. —Era un muchacho de unos 15 años con cabello negro y ojos cafés claros, vestido con una camisa verde muy llamativa y un pantalón negro bombacho—. No me fije mientras corría.

—No te preocupes, Takeru. —Le sonrió la ojijade—. ¿Llevas mucha prisa?

—Sí, la verdad es que se me hizo tarde y mi papá va a reñirme. —sus ojos brillaron—. Hoy le harán una revisión a Tenten y no quiero perdérmelo.

—Entonces no te detenemos más para que no se te siga haciendo más tarde. —El joven asintió regalándoles una enorme sonrisa y se despidió de ambas—.Sakura ¿estás bien? —pregunto la ojiperla al notar que la pelirrosa se había quedado tiesa.

—Si Hinata, no te preocupes. —respondió—.Es que su sonrisa se parece mucho a la de su padre.

—Todavía lo amas. —Afirmo.

—Sí, pero nunca lo habría hecho feliz. —sonrió ligeramente—.Además no me arrepiento de estar con Sasuke, porque él me hizo mamá de una niña maravillosa, ellos son mi familia y los amo mucho.

—Pero imagino que te preguntas que hubiera pasado si…

—Él hubiera no existe. —La interrumpió la pelirrosa—. Aunque me imagino que tú también te imaginas lo mismo ¿verdad Hinata?

—Sí, pero adoro ser la madre de Boruto, así que no me quejo. —respondió con una sonrisa cariñosa—.Además de que nunca he dejado de pensar que muy pronto podremos ser totalmente felices.

—Pienso igual, solo espero que el camino para llegar a ello no sea muy difícil.

—Yo también Sakura. —ambas siguieron caminando.


—Solo faltan tres días más para que llegue un día muy importante. —Era de noche y el nuevo equipo 7 estaba entrando por las puertas de la aldea; acababan de volver de una misión de tres días en un pueblo vecino.

—No exageres, Boruto. —exclamo la azabache—.Que sea tu cumpleaños no lo convierte en un día muy importante.

—Es un día muy importante porque el viejo me prometió que cuando cumpliera 13 años me enseñaría una de sus técnicas. —Sonrió emocionado.

—No creo que sea eso lo que te emociona tanto. —Interrumpió Mitsuki a Sarada antes que dijera algo que desencadenara una pelea—. Más bien creo que en realidad te emociona es que el Séptimo te haya prometido asistir personalmente a tu fiesta y pasar toda la noche contigo y tu mamá.

—No sé de qué hablas, Mitsuki. —se sonrojo levemente.

—Ah, ya recuerdo. —sonrió la ojinegra—. Como pude olvidar el día que llegaste radiante al entrenamiento diciendo que este año no asistiría un clon a tu cumpleaños, sino que iría tu padre.

—Ustedes dos son mis mejores amigos, ¿ya entienden mi alegría? —sonrió con timidez.

—Por supuesto, Boruto. —el peliceleste le dedico una gran sonrisa mientras la azabache asentía.

—Aquí me despido de ustedes, chicos. Llevare el reporte ante el Hokage —comento Konohamaru haciendo que los tres ninjas se sobresaltaran y detuvieran su caminar—. ¿Acaso ustedes se olvidaron de mi presencia? —una vena empezó a palpitar en su frente.

—Nunca haríamos eso, Sensei. —Sarada le regalo una sonrisa nerviosa al igual que sus compañeros.

—Me doy por vencido con ustedes tres. —Suspiro el mayor—. Es mejor que todos vayan ya a sus casas a descansar.

—Tiene razón. —Se acomodó los lentes—. Nos vemos mañana.

—Espera, Sarada. —El peliceste la detuvo antes de que comenzara a alejarse—.Déjame acompañarte hasta tu casa. —Hizo un pequeño gesto de despedida ante Boruto y Konohamaru—. Ya sabes que no me agrada que andes sola de noche a pesar de saber que te puedes defender. —se acercó a su compañera.

—Está bien, Mitsuki. —ambos empezaron a caminar alejándose del rubio que los observaba con el ceño fruncido.

— ¿Estas celoso? —pregunto el pelinegro.

—Claro que no.

— ¿Entonces porque estas tan molesto?

—Es solo que siempre que veo a Sarada y Mitsuki siendo muy cercanos siento como si despertara un instinto sobreprotector. —Respondió mientras Konohamaru enarcaba una ceja—. Son tonterías así que mejor olvídelo.

—Si tú lo dices.


— ¿Temari? —Shikamaru se encamino hacia la sala donde se encontró con su esposa.

—Qué bueno que ya llegaste. —sonrió una atractiva rubia de ojos verdes, que usaba un bello kimono lila que hacia resaltar su pequeña pancita de embarazo, pero antes de que se pudiera acercar a ella fue retenido por un repentino abrazo.

— ¡Tío Shikamaru! Me da mucho gusto verte. —Una niña de doce años con cabello negro y ojos verdes era la que se había lanzado sobre el castaño.

—Hikari. —Exclamo alegre mientras veía a la niña—. ¿Cuándo llegaste?

—Hace una hora. —se separó del mayor.

—Debes estar cansada. —Le acaricio levemente la cabeza—. ¿Por qué no vas a descansar?

—No estoy muy cansada y quiero estar un poco más platicando con tía Temari sobre él bebe. —la pelinegra se acercó a la rubia que se sentó a su lado en el sillón.

—Ya que mencionan al bebe. —Dijo la rubia de repente—. Shikamaru, tengo un antojo.

—Manda a Shikadai, mujer problemática. —resoplo cansado mientras se acercaba a su esposa y le daba un leve beso en la frente.

—No puedo hacerlo.

— ¿Por qué? —pregunto confundido. Hikari soltó una pequeña risa.

—Porque ese mocoso fue por otro de mis antojos y aún no ha regresado. —Miro fijamente a su esposo—. Así que tienes que ir tú, al menos que quieras que yo misma lo vaya a conseguir.

—No, dime que es lo que quieres y yo iré. —se rindió. Temari le extendió una hoja doblada que había tenido en una de sus manos—. Lo tenías planeado. —suspiro pero la única respuesta que obtuvo fue una sonrisa radiante, la cual correspondió—. Ya regreso. —se dio la vuelta y abandono la casa de nuevo.

— ¿Lo tenías planeado, tía Temari? —pregunto Hikari con curiosidad—.Recuerdo que su conversación con Shikadai fue muy parecida.

—Por supuesto que lo tenía planeado. —Le acaricio el cabello—. Es el castigo de Shikamaru y Shikadai por no dejarme hacer nada.

—Ellos solamente la quieren cuidar.

—Lo sé, pero solamente tengo tres meses, son unos exagerados. —Suspiro—. Tengo que divertirme de alguna manera, además de que ahora con tu padre aquí dudo que siquiera me dejen servirme un vaso de agua.

La pelinegra se la quedo callada por algunos segundos para después empezar a reír, mientras la mayor la observaba con genuino amor en la mirada.

—Soy muy feliz de que hayas llegado a la vida de Gaara y su pareja, Hikari.


—Espero que regrese a tiempo. —decía una pelirrosa que estaba preparando una taza de té.

—Estoy en casa, mamá. —escucho como su hija se quitaba las sandalias y se acercaba a la cocina.

—Bienvenida Sarada. —Le sonrió— ¿Cómo les fue en su misión?

—Muy bien, realmente era una misión fácil. —Tomo asiento en una silla— ¿Dónde está papá?

—Salió de la aldea hace dos días, me dijo que necesitaba ir a comprar algo importante, pero que regresaba mañana para la fiesta. —explico.

— ¿Algo importante? —Después de pensarlo por varios segundos suspiro—. En ocasiones papá es extraño.

—Es parte de su encanto.


—Las diez de la noche. —miro el reloj que había sobre su escritorio—.Solo me falta revisar los reportes de las misiones de los equipos genin y ya podre irme a casa. —se daba ánimos el rubio; en eso escucho un pequeño toque en la puerta y después como esta fue abierta. Al levantar la mirada se encontró con un pelirrojo.

—Hola Naruto. —Saludo aun sin entrar a la oficina.

—Gaara, que sorpresa. —se levantó apresurado a saludar pero se quedó tieso y frunció el ceño cuando el pelirrojo se hizo a un lado y dejo ver a su guardaespaldas. —Akira. —prácticamente gruño.

—Hola. —saludo con voz distorsionada por la máscara.

— ¿Tienes un poco de tiempo, Naruto? —Pregunto el Kazakage cerrando la puerta—. Me gustaría hablar contigo sobre algo.

—Siempre tengo tiempo para mis amigos. —sonrió mientras lo miraba—. Pero primero ordénale a tu guardaespaldas que abandone mi oficina para que hablemos con más privacidad.

—Eso no es necesario. —respondió Akira.

—Claro que lo es. Obedece a tus superiores. —La taladro con la mirada—. ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! —exclamo con enojo cuando vio que se quitaba la capa.

—Ya te lo he dicho en muchas ocasiones. —Se quitó la máscara dejando ver por completo su apariencia. Era una hermosa mujer azabache que usaba vestimenta ninja y no portaba banda alguna—. Cuando uso la capa y la máscara soy la guardaespaldas del Kazakage, pero cuando no las uso soy la esposa de Sabaku no Gaara, el Kazakage de Suna. —sus ojos negros brillaron con arrogancia.

—Como lo presumes. —dejo de observarla y dirigió su mirada hacia el pelirrojo—. Aunque veo que tu esposo no dice nada para defenderte. —se burló.

—Gaara sabe que puedo hacerlo sola. —le dedico a su esposo una sonrisa que le fue respondida con otra—. Iré al Clan Nara; quiero ver si Hikari ya se fue a dormir. —recogió sus cosas.

—Está bien. —asintió—. Te alcanzo en un momento. —la azabache asintió y se acercó a él y le planto un leve beso en los labios.

—Estas tardando en irte. —Akira lo ignoro y después de darle otro beso al pelirrojo, salió de la oficina—. Ya te he dicho que no traigas a tu esposa a mi oficina. —reclamo.

—Así como yo te he dicho que la respetes. —rebatió Gaara.

—No puedo hacerlo. —Desvió la mirada—. Detesto verla.

—Ella no te ha dado motivos para que la trates tan groseramente.

—Si lo ha hecho. —Estampo una mano en el escritorio—. Por su culpa Sai desapareció.

—Te equivocas. —gruño el pelirrojo—. Sai ya se había ido antes de que ella llegara a Suna; así que no tienes por qué culparla.

— ¡Si no la culpo a ella, te tengo que culpar a ti! —exploto.

—Ya se me fueron las ganas de hablar contigo. —le dio la espalda al rubio y se acercó a la puerta—.Y para que lo sepas. —Se detuvo en la puerta—. Tú eres el único culpable por la desaparición de Sai.


Pum, pequeñísimas revelaciones y una bomba.

¿Alguien ya tiene alguna teoría sobre algo de la historia?

Un beso.

Nos vemos en la siguiente actualización.