Capítulo LVI
Abahinn se quedó ahí, parado en medio de la gran habitación, se preguntaba desde cuándo se había sentido así, de nueva cuenta alguien que no fuera su padre lo tenía acorralado, debía obedecer, debía de hacerlo a pesar de sí mismo, ¿por qué dolía demasiado? Se preguntó una y otra vez, la mujer que amaba, pero que no podía tener lo había maniatado, sólo le quedaba obedecer, no había otra forma de hacerlo y él lo sabía. No quería ser el causante de toda esa tragedia, no quería asustar a Lemarque para que los atacara, pero era en realidad que tenía miedo a sus acciones o realmente fue porque Candy podría ser secuestrada verdaderamente por ese hombre y él, él no podría hacer nada porque se suponía que iba a ser su aliado y no su enemigo.
Abahinn no pudo resistirlo, no pudo tampoco contener la rabia que sentía de ser un Carnegie, si fuera el bribón que su padre encontró cuando lo llamó a la reunión con el rey, poco le hubiese importado robarse a Candy, finalmente ningún honor sería perjudicado. En mala hora se le ocurrió aceptar el legado de su padre, pero él que iba a saber que años más tarde conocería a Candy siendo toda ya una señorita y muy bella que a sus quince años casi dieciséis lo había hecho perder la cabeza y sí, también el corazón.
En ocasiones se preguntaba por qué le amaba y su conciencia le respondió sin quererla escuchar porque la amas desde pequeño y eso… era cierto, le amaba aún a pesar de él, como se lo dijo Terry algún día en Londres. Quería sobre todo sentarse, pero las manos en su cintura le permitieron regresar a ese día en el que algunos miembros del Tribunal de Lyon, él y su padre fueron convocados ante el Rey Jorge V.
Inicio del flash back
Ya no recordaba cuando fue la última vez que vio a su padre, sólo le veía una vez al año, así que estaba más que acostumbrado a su falta de cariño. Ese día, muy temprano, todos caminaban en silencio, los guardias apostados en la puerta reconocieron a su padre y le abrieron rápidamente, todos con un asentamiento de cabeza saludaron al guardia y entraron por una puerta secreta, nadie absolutamente nadie debía saber que ellos se encontraban allí.
Algo que todos dijeron al llegar a una sala contigua al trono, fue…
Buenos días su alteza, ¿para qué mandó a llamarnos? – cuestionaron casi al mismo tiempo.
Buenos días Sires, ¡Abahinn, muchacho, tanto tiempo de no verte! – el rey se adelantó a saludar al chico Carnegie, desde la última vez había crecido mucho.
Buenos días su majestad, si hace ya algunos años – afirmó él sonriendo y haciendo una venia de saludo.
¡Pero siéntense, debemos hablar! – el Rey se sentó en su trono personal y ellos hicieron lo mismo en una especie de sillas individuales.
¿Ah pasado algo en Escocia? – preguntó Sir Carnegie.
¿Escocia has dicho? No por supuesto que no, es que hay algunos asuntos urgentes que atender. Bien… no sé si sepan que Sir Andley tiene una hija… - soltó de repente, esa pregunta sacó a todos de la poca concentración que tenían.
¡Imposible! – Sir Campbell expresó.
Oh no claro que no lo es, digamos que es padre… - el rey quería aparentemente divertirse a sus costillas.
¿La tiene o no? – preguntó Alfred.
Si, lady Candice White Andley, por supuesto – informó el rey sin tomarlo de mala manera.
¿Qué edad tiene? – preguntó Alfred.
Mmmm como unos diez… - refirió el rey, pensando en lo que había leído.
Entonces no es posible, a los ocho no puede engendrar – aclaró Sir Campbell.
Por supuesto que no ha nacido de él, es su hija adoptiva – les contó a ambos sires.
¿Adoptiva, ha dicho? ¿Qué es lo que ese muchacho está pensando? – Sir Campbell no lo podía creer.
Realmente, nada. Ha hecho una buena obra nada más y tú mi querido Abahinn serás el que averigüe todo de la chiquilla Andley – ordenó el rey dándole un maletín de cuero.
Pero… bueno, en realidad no sé ¿por qué he venido? – quiso saber Abahinn abriendo el maletín.
Mira hay cosas que debes de saber, tu padre todos estos años ha estado lejos, como todos los sires, lo importante es que sepas que no es porque Alfred no te haya querido, sino porque él te heredará su puesto muy pronto… - soltó el rey haciendo que el hijo sonriera a su padre.
Papá, ¿es eso cierto? – cuestionó el hijo.
Sí, así es, ya me estoy haciendo viejo y además quiero dedicarme a otras cosas más fructíferas – respondió él muy sincero.
¡Ah sí! ¿Cuáles serían esas? ¡Cazar y hacer nada! – cuestionó y soltó Abahinn.
Sí, ese es el sueño de todo Sir, obviamente – le respondió a su hijo haciéndolo reír a él también.
Bien, ¿en donde es que esta la hija de Sir Andley? – Abahinn se encontraba muy divertido, pero debía ponerse muy serio.
En América… - respondieron todos, por supuesto que ya habían leído esa información hacía tiempo.
¡No me voy a mudar a América! – rebatió el joven Abahinn.
Pues así es, ella está allá y se te dará toda la información para que busques datos – el rey comenzó a explicarle su encomienda.
Sí su alteza, gracias por la encomienda – su padre y el rey lo tenían acorralado y resistirse no le iba a resultar muy bien, así que lo mejor era cooperar.
Gracias a todos por su visita… - agradeció el rey, despidiéndolos con la mano derecha en la mano derecha de cada uno y con la mano izquierda en el hombro derecho como era normal en América.
Padre, ¿cuándo ibas a decirme que me ibas a heredar el título? – cuestiona el chico después de despedirse de su alteza.
Te lo estoy diciendo en estos momentos, tengo que comenzar a prepararte para la sucesión y por lo que sabemos, esa chica no es una dama – Alfred se interrumpió cuando sintió que Lemarque se acercaba.
Quieres decir que… es… - Abahinn quiso aclarar lo que su padre no le dijo como era.
No, no, no me refiero que es como tú, desobediente, traviesa y todo menos una dama, te va a gustar hijo… - soltó su padre, a sabiendas que lo último haría que él no regresara pronto a Escocia.
¡Nunca me fijaría en una Andley! – espetó orgulloso.
Eso espero, aunque sinceramente lo dudo, busca la foto de lady Andley dentro del maletín – ordenó Sir Carnegie.
Veamos, digo que puede tener de diferencia una niña de diez años… bueno, si es bonita…, ¡qué bellos ojos! ¿Has visto papá? ¡Son verdes! – exclamó Abahinn emocionado.
Veo que ya te diste cuenta, por el momento es hora de irnos a casa hijo, vamos – Alfred internamente se reía de su hijo, por lo que ambos se fueron a lo que desde ahora sería su casa.
Fin del flash back
Sí papa, esa fue mi primera misión sin título y creo que me volviste a engatusar nuevamente, donde quedo la simpática chiquilla que acosaba patos para convertirse en la gran mujer que es hoy, aunque sea pequeña aún.
Abahinn ¿dónde estabas? ¡Te quedaste muy atrás! – Terry lo saludó de pronto sacándolo de sus recuerdos.
Recordando algunas cosas, ¿cuándo nos vamos? – él no quería hablar de eso.
Aún no, estamos viendo y reparando cosas, buscando otras y pensando – contó Terry, todavía faltaba mucho por hacer.
Ya somos dos… - se acercó el jeque un tanto descontento.
Tres… - aseguró Mickael.
¿Qué sucede con ustedes dos? – quiso saber Richard, todos los jóvenes reunidos.
Lo que nos sucede a todos, creo yo – afirmó Terry, bajando la mirada y caminando de un lado a otro con los brazos cruzados al frente.
¿Tienen dudas? – preguntó
Sí, muchas, este plan no augura nada bueno… - soltó Mickael recibiendo reprobaciones de parte de todos.
Mickael no seamos pesimistas… - Hasbún intentó salvarlo.
Debemos obedecer, lo saben ¿verdad? – Richard quiso saberlo, si no alguien debería de hacerles entender que así debían de hacerlo.
Sí, renuentes estamos, pero sí, así es, debemos obedecer… - dijo Abahinn totalmente derrotado.
¡Te engatusaron, Abahinn! – exclamó el Jeque Hasbún.
Como a todos y nosotros que pensábamos que era demasiado infantil para nuestro gusto… - suspiró Abahinn tratándose de sentirse mejor.
Nos engañó a todos, pero no somos los únicos… - dijo Mickael riéndose de la suposición de la mayoría.
Pobre de Albert, salió más lista que todos juntos y además de todo, ¡mandona! – ahora fue el turno de Terry que se paró y recargó en el resquicio de la puerta sin darse cuenta que Sir McDougal venía entrando y lo que tampoco sabían es cuanto de su plática había escuchado.
¿Quién es mandona, caballeros? – preguntó o más bien gritó detrás de Candy.
Sir McDougal, perdone – Terry se disculpó apartándose de la puerta y sentándose en otro lado de esa habitación.
No se disculpen, tienen razón en todo… - lo que McDougal dijo, les sorprendió a más de uno.
¿En cuál de todo? – preguntaron los jóvenes.
En que este plan es una locura, pero son órdenes – se limitó a confesar.
Estamos derrotados muchachos, sólo falta que Terry nos diga… - Mickael se detuvo, se supone que él no debía decir nada.
Se los dije, Tarzán pecoso sabe lo que hace – afirmó Terry.
¡Terry, deja de llamarla así! – pidió Abahinn un tanto molesto.
Bien Abahinn, sé que tú sabes algo que no nos has contado, ¿a qué edad conociste a Tarzán… a Candy? – Mickael cuestionó sin tener cuidado con el nombre y ganándose una mirada asesina por parte de Abahinn.
En Lakewood, cuando tenía doce años, para esas alturas ya estaba con los Andley… - cuenta Abahinn.
¿Cómo era? – el jeque Hasbún también tenía curiosidad.
¡Así como es hoy, sólo que más bella…! - nombró Abahinn ensoñadoramente haciendo que los demás sonrían de la valentía de este para decirlo así, de esa forma.
¿De verdad? – cuestiona Sir McDougal ya que no puede creer como lo dice Abahinn.
Por supuesto, muy traviesa… la señora Elroy no la quería – corrobora el joven.
¡Es que no era una dama, sino un diablillo! – suelta Terry sin tomar en cuenta la presencia de los demás.
¡Terry! – Abahinn y Sir McDougal lo reprenden haciéndolo reír.
¡Es verdad! – afirma lo que ellos piensan.
Sí que lo es – Richard se une a ellos, la charla de los hombres se había vuelto graciosa.
Caballeros, ¿quién de ustedes no está enamorado de ella? – preguntó Sir McDougal.
¡Alfred! – responden todos soltando una carcajada.
¡Mi padre! Bueno, me refería a que mi padre es inmune al encanto Candy… - explica a Sir McDougal.
¡Ah vaya y de ahí todos los demás están enamorados! – recapitula el callándolos de pronto.
¡Yo estoy casado! – reafirma el jeque Hasbún.
¡Y enamorado Hasbún, no lo niegue! – comenta Richard haciendo que se sonrojara de sobremanera.
Bueno caballeros… - Sir McDougal quiso interrumpir esa amena plática pero alguien más soltó esa observación.
¡No sabe cuánto es afortunado! – comentó Richard.
¡Sí que lo se caballeros! – entró Albert a la habitación haciendo que todos guardaran silencio y sorprendiéndolos.
¡Sir Andley! – el único que emitió algo fue Sir McDougal, esta situación era incomoda.
¡Discúlpenos, solo hablábamos! – el jeque Hasbún ofreció una disculpa por todos ellos.
De mi esposa…, pero calma, tampoco lo entiendo – sonrió esperando que tods se tranquilizaran. Sabía que era cabeza dura, pero no tanto – rio por lo bajo, él, algo que no entendía era precisamente eso, que Candy no lo tomara en cuenta para nada.
Es que hay algo que no entiendo, ¿en dónde tenía escondido ese geniecito su esposa…? - preguntó Sir McDougal.
¡Oh no! Candy siempre ha sido enojona, como cuando Clint le peleaba sus dulces… le reñía siempre – recordó Terry haciendo que el rubio lo mirara curioso.
Sí bueno, no le vi nunca ese carácter, pero creo que Terry podría decirnos más de esa faceta suya… - instó, Candy no supo a ciencia cierta que era lo que sucedía entre ellos.
Bueno, admito que me gustaba hacerla enojar… - Terry obvio el comentario haciendo hincapié en gustaba lo que se ganó por parte de Albert fue un ceño fruncido, de quién estaban hablando era de su esposa.
¿De verdad? – Mickael que no sabía de la existencia de su prima quiso averiguar más de lo que estaba a punto de generarse entre estos dos.
Sí, es que frunce la nariz y las pecas se le notan más, eso lo vi cuando nos conocimos en el barco de Nueva York a Londres, yo había salido a pensar en la proa del barco, había bruma y era fin de año, me encontré a Candy, al parecer buscaba a alguien más, Pecas no pudo ver que era yo por supuesto y luego la hice rabiar… - contó omitiendo ciertas partes que prefería guardarlas para sí.
¿La conociste ahí? – preguntó Mickael sin ver la mirada enfadada del rubio.
Sí y créeme que me arrepiento haber perdido tanto el tiempo, hacerla enojar no era tan divertido como hacerla rabiar… - dijo Terry, todos entendieron eso menos Albert, él por supuesto no quería saber nada de ellos, Terry por algún motivo lo hizo a propósito.
Terry, es lo mismo - comentó Richard.
Si vieras que no… desde cierto día en que me peleé en un bar, me equivoqué de habitación y entré en la de ella, yo estaba muy mal herido y salió a comprar remedios para mí hasta ese momento supe de ti, supe que ella ya te conocía y como no iba a hacerlo, si siempre le cuidabas – refirió él, algo que quería seguir haciendo es respirar.
¡Yo quise que la cuidaras Terry, ella te quería mucho! – enfatizó Albert sin tomar en cuenta esos comentarios.
Lo supe Albert, pero después, sólo que no lo sabía en ese momento, mi tonto orgullo, estaba enojado contra mi padre porque era una realidad, mi madre no me quiso ningún día a su lado – respondió sosteniéndole la mirada a Albert.
¿En qué piensas jeque? – preguntó Richard al verlo que no prestaba atención.
Alguien se ha preguntado dónde fue que Candy planeó todo esto, ¿cómo supo de Sir Campbell? ¿Del Rey? De todo lo que había pasado en sí – preguntó Hasbún.
Buena pregunta, usted Sir McDougal lo sabe – cuestionó Mickael.
Una parte… pero no puedo contarles, mi señor me pidió que no lo divulgara – refiriéndose al rey.
Vamos Sir McDougal, ¿a quién se lo diremos? ¿A Candy? – le instó Terry.
No a Candy no, por supuesto – Sir McDougal no sabía si sería correcto hablar. Bien, pero no lo supieron por mí… Lady Candice le dio aviso a la corona escocesa indirectamente por usted Sir Andley, desde el barco de Lemarque – soltó Sir McDougal tan rápido que nadie se lo esperaba.
¿Qué cosa? – todos se acercaron al hombre, menos el jeque.
¿Candy sabía quién era ese cretino…? ¿Desde el barco? – preguntó Richard muy atento.
Sí, pero no podía hacer nada, todo lo que tenía era agua alrededor, así que fingió estar enferma todo el viaje y con pérdida de memoria aparente – respondió admirado por la astucia de la chica.
Entonces todo lo que ha ocurrido… ¿todo fue planeado por Candy? – cuestionaron varios de ellos.
Sí, todo… inclusive desde el campamento, Alfred no se dedicaba sólo a curar animales sino también a cuidar a una muy triste y preocupada Lady Candice – refirió a cuenta gotas, Sir McDougal parecía bastante sorprendido de que los demás estuvieran de la misma manera.
¡Candy…! – exclamó Albert. ¿Cómo me pudo hacer esto? ¡Cómo pudo no contarme nada! No puede dejarme a un lado, lo sabe ¿verdad? Sabe que pone en riesgo a mi hijo y a ella misma, que ¿acaso no piensa en eso? No piensa que puede dejarme viudo y morir en ese intento estúpido de querer salvar a todos… - fue su momento, Albert no pudo más por la insensatez de su esposa y explotó, saliendo de la habitación.
Sir Andley espere, ¿a dónde va? – el jeque sabía que debía de detenerlo.
A cortar todo este plan que tiene armado, no va hacer lo que ella quiera… - responde ante los brazos y el cuerpo que se impone a que salgan.
No puede, usted ya firmó recuerda – advierte Sir McDougal.
Por eso está aquí, ella nos ha engatusado a todos… - asegura Richard.
Sí, pero no fue idea de ella engatusarlos a todos… el rey sabía que no podían negarse a esta encomienda, los tenía que comprometer – soltó Sir McDougal obviando que eso no fue obra de Candy sino de su soberano.
¡Y vaya que lo ha hecho…! – afirma Richard soltando una carcajada para después salir de allí.
¡Richard! – todos se quejan, pero el hombre ha desaparecido.
No creen que Candy ya pensó todo en este plan, tuvo a mal de cuentas que decir es así o asa, no lo creen, pensó en lo que posiblemente Lemarque haría, quizás ya sabe lo que es ella o Lemarque y que a toda costa quiere su fortuna – Terry cuestionó a los demás.
¿Lo sabe Sir McDougal? – algunos quisieron preguntarle.
No tengo ni idea… - pero él no tenía ni la más mínima idea.
Alguien debe averiguarlo… - sugirió Albert emocionado.
Su esposa no es tan tonta para hacerlo, ¡no va a decirnos nada! – aseguró el jeque.
Y que nos puede decir, sí Albert lo he sabido todo desde el inicio que ese mequetrefe de Lemarque es un conde que para obtener el título mató a su propio hermano y así obtuvo el ducado; que quiere casarla con su propio hijo que no sabe dónde está para que le herede una inmensa fortuna; que no sabe que ella es segunda al trono y que tampoco tuvo la decencia de decirle nada a su esposo porque se pondría justo como lo está ahora…profusamente ignorado de sus deberes como esposo y que hará lo que se le encomienda…como todos los presentes - respondió Terry imitando la voz de Candy.
¡Tú no tienes nada que reclamarme… no eres nadie Terry! – a esto Albert reaccionó tan mal como el jeque lo hubiese esperado.
Mientras la perorata se comenzaba a armar, los recuerdos de una reunión en el Iberia venían a su mente…
¡Buenos días! – saludó una jovencita asomándose por la puerta del camarote.
Buenos días señora, ¿puedo ayudarle en algo? – preguntó Amir que apenas caminaba por el pasillo para abrir la puerta.
Sí, por supuesto, viaja con usted el señor Hasbún… creo que es un jeque… - preguntó Candy.
¿Pasa algo Amir? – Hasbún preguntó a su hombre de confianza, al escuchar voces.
Esta bella señora quiere hablar con usted, señor – informó Amir, haciendo que Candy entrara.
Por supuesto, puedes retirarte. Pase usted señora… - Hasbún al verla, la invita a pasar y despide a Amir.
Lady Candice Andley… - Candy lo saluda de mano, situación que extraña mucho a Hasbún.
¿Escocesa? – cuestiona Hasbún.
Sí, tome – Candy se limita a responder con un monosílabo y después proporciona una carta.
Veamos, una carta del Rey Jorge V, ¿algo sucede con mi visita? – contrariado Hasbún cuestiona.
No, pero usted va ayudarnos – responde ella sonriente.
¿En qué empresa? – Hasbún no lee en ese momento la carta sino hasta después.
Comenzaré por el principio: mi padre adoptivo es Sir William Albert Andley, miembro del Tribunal de Lyon en Edimburgo. Hace unos meses, justo antes de que me casara con él, asistía al Real Colegio San Pablo en Londres y en las vacaciones de verano no iba a poder ir a América, era yo una chiquilla en todo el sentido, así que me gané a pulso ir a Edimburgo, a la escuela de verano, sabe. Pero junto con mis amigos, decidimos que antes del viaje conociéramos a un amigo de Terrence Grandchester por lo que nos apartamos de los grupos de colegio para conocerlo y de paso comprar helado; en eso estábamos cuando el dueño de la taberna hizo bromas acerca de nosotros con el PSD alemán y estando unos militares presentes nos arrestaron a todos cuando nos dirigíamos al barco que el colegio había rentado para nosotros – comenzó a relatar, paseándose por todo el pasillo.
Si a todos los arrestaron, ¿cómo es que usted está aquí…? – preguntó él extrañado.
Yo me escapé porque me ayudó Terry, pero fui a toparme con el mástil del barco del Duque Lemarque y desmayada desperté en un barco diferente, no con las monjas sino con dos hombres que lo único que querían era mantenerme sedada, así que me di a la tarea de averiguar por mi cuenta ¿qué era lo que tenían entre manos? Clint fue de gran ayuda, me hice amiga del telegrafista que resultó ser amigo de Sir Andley y que me ayudó desinteresadamente. Clint robaba los telegramas que había recibido de la Tía Abuela, de George, del colegio, en fin hasta de Pierre… - respondió con ahínco, decir que estaba emocionada de descargar toda esa información fue muy liberador.
¿Quién es Pierre? – cuestionó Hasbún.
Pierre es el hijo de Lemarque y actual conde Lemarque, que intentó comprometerme para ayudarme, él le avisó a su padre apenas había firmado un contrato sobre ayudar a los chicos a cambio de que me casara con él. Su ambición se vio bien pagada por todo el mes de viaje hasta África. Cuando llegué a San Pedro, el Sr. Smith el telegrafista ya tenía a un reemplazo, un miembro del Tribunal ya estaba instalado como telegrafista en el pueblo, por lo que cada que iba mientras otra persona se encargaba de ir a traer las cosas de Alfred yo telegrafiaba a George, al Rey y a Sir Campbell; inclusive me dio todos los telegramas que intercambiaban los Lemarque. Algo que no me esperaba, era volver a ver a Albert tan pronto, pero por Lemarque me enteré que el Albert que yo conocía y que era mi padre adoptivo era en realidad el tío abuelo William del que tanto presumía mi tía abuela y que yo creía que era muy anciano. Entonces fue que comencé a pensar mucho en él… a recordar cuánto me había cuidado, cuanto se preocupó por mí… - Candy siguió contando aquello que le traía tanta melancolía.
¡Y se enamoró! – termino Hasbún.
Y me enamoré como una loca, usted ha de pensar ¿cómo pudo mi padre casarse conmigo y consumar nuestro matrimonio? Albert en realidad no es de mi sangre y desde hace un tiempo por George sé que él me ama, pero que decidió no inmiscuirse en mi vida por lo que viajó a África para olvidarme. Cuando llegó al campamento, ya tenía un mes allí; Alfred me recibió y acogió como un padre lo haría, decidí contarle sobre mi plan, sobre lo que supe de Lemarque durante la travesía del barco y sobre lo que sabía de mi supuesto padre – continuó como si de un cuento se tratara.
Por obvia razón, su apoyo fue un gran pilar para mi cordura, cómo era posible que mi mundo tan despreocupado aún a pesar de mí, se haya convertido en una venganza que no tenía límites, eso era algo que no podía caber en mis pensamientos, muy pronto entendí que lo que Lemarque quería era el dinero y no a mí como futura nuera, así que decidí firmar el contrato sin el White, todos en la familia sabían que mis madres en el orfanato me pusieron ese nombre porque me encontraron afuera de este en invierno. Si no tenía ese White el contrato no sería válido porque George respetó ese nombre cuando Albert le informó que sería adoptada por la familia Andley. Por George sé que Lemarque quiso impugnar el contrato, pero no obtuvo una respuesta afirmativa por parte del rey, así que ha planeado secuestrarme recién baje del barco – terminó ella de contar.
Y mi papel aquí, es que la cuide – agregó Hasbún sorprendido por lo contado.
Mas o menos, en este momento no tengo tiempo de contarle la otra parte, aún falta mucho de esta historia, no puedo confiarle esta información a nadie de los que vienen conmigo, usted sabe cómo lo dice la carta que no pueden transferir la información porque todo el plan estaría en peligro. Tome, también esto, es una carta donde le cuento todo con detalle, por el momento no tardarán en encontrarme, me le he escapado a Carmenza y mandarán a buscarme hasta por debajo de las camas… mi actitud cuando ellos estén cerca será la de una chiquilla mimada y traviesa, así que debe usted tratarme como tal, nadie debe saber que en realidad soy una chica que ha urdido un plan sin tomar a nadie de ellos en cuenta, ¿lo ha entendido? – cuestionó y advirtió Candy.
Sí, perfectamente Lady Candice, entonces déjeme presentarle a mis hijas porque ahí viene alguien de su familia, lleva unos minutos preguntándole a todo el barco por alguien. Fariha y Ghaaliya, la señora va a contarles un cuento… - informó su padre a ambas chiquillas.
Siiií, venga, la ayudaremos a que se siente…. – ambas chiquillas la tomaron de las manos y entonces se sintió jalada por aquellas.
¡Niñas adelántense! Lady Andley, ¿está usted segura de lo que hace? – preguntó el jeque, cuando leyó el primer párrafo de la carta del Rey.
Lo estoy, muy, muy segura, Lemarque no puede ganar esta vez, quizás haya matado a su hermano por el ducado, pero no logrará obtener ni un penique de mi fortuna ni la de mi esposo… - declaró Candy.
Y ¿qué dirá su esposo…? – preguntó al ver que siendo un Sir, él no tomaría de muy buena manera esto que Candy estaba haciendo.
Él no es el único con poder en esta pareja Jeque Hasbún, mi poder va más allá de mi esposo, él será un escocés, un miembro del tribunal, una de las familias más prominentes en Escocia, pero también es un empresario y comprenderá que, en los negocios, si no arriesgas, no ganas… permiso. Por cierto, debe usted de platicar con el Dr. Pereyra que se encuentra en resguardo del oficial del barco, quizás pueda saber algo más acerca de mí, le resultará interesante… - le informa y asegura la rubia, saliendo del pasillo para entrar a una habitación que tenía ventana.
Sí fue así como Lady Andley urdió este plan, aunque no supe cómo fue que se organizó con Sir Campbell y el rey tan bien, la mayoría de nosotros no podemos a veces tener todo en el momento.
Tienes razón no soy nadie, pero tú eres el que reclama que no lo tomarán en cuenta, ¿no te das cuenta? ¿No has entendido? Entonces no la conoces como yo – Terry intenta hacerlo reaccionar.
¿Qué quisiste decir con eso? – cuestiona Albert sin entenderlo, los celos provocan en él, desconfianza en su esposa.
¡Nada de lo que piensas insensato…! Que Candy está haciendo lo mejor para todos y no para ella misma ni para su bebé, eso es lo que no te has dado cuenta – le reclama Terry por desconfiar de ella.
¡Cierto, lady Candice se está arriesgando por todos otra vez! – Mickael ha entendido todo a la perfección.
Albert… no te mereces a Candy, ella ha sido intachable toda su vida, como es que piensas eso de ella – le reclama por la injuria mental que comete en contra de la rubia.
Lo siento, es que lo imprimes con mucho conocimiento de causa, está bien, no he dicho nada – Albert se retira de la pelea.
¡Sólo lo pensaste! – Terry contraataca y Albert le da un duro golpe a Terry que lo tira al suelo, a lo que Terry solo se rie.
¡Alto ustedes dos! ¡Dejen de echarse los unos a los otros! – pide Sir McDougal.
Entonces… - Mickael insiste.
Entonces, ¿qué? – Hasbún quiere saber.
¿Quién le preguntará a Candy?
Nadie por supuesto, ella no soltará nada, aunque en ello se le vaya la vida – aseguró Mickael.
¡Eso es injusto! – Terry no puede creer que nadie se atreva a preguntárselo.
Pues así es, no quedara de otra que esperar a ver qué sucede – respondió Mickael retirándose de allí, admitiendo que nada ni nadie podría hacer algo.
¿Como se atreve a decir eso de mi hija? – entra enfurecido su suegro y tomándolo de la camisa lo lleva hasta la pared hasta estrellarlo.
Pero ¿qué está haciendo? Sir Borthwick… - Sir McDougal lo aparta haciendo que Albert resbale por la pared.
¿Cómo se atreve a pensar que mi hija es una mujerzuela…? ¡No se lo voy a permitir! – reclama sir Borthwick.
Pero ¿quién ha dicho eso Sir Borthwick? – cuestiona Albert contrariado y levantándose.
Usted lo dijo, se atreve a dudar de su castidad, acaso llegó con usted sin ser casta, dígamelo, usted la sedujo – soltó el corpulento hombre.
¡Estábamos casados! ¡Cuál seducirla! No suegro, ella fue la que me sedujo – eso ultimo lo pensó, pero por supuesto que eso no se lo diría a su suegro.
¡Eso no es una excusa! – volvió a atacarlo, quedando frente a frente, ambos llenos de ira.
No dije nada de Candy, sí lo pensé, pero porque Terry así lo hizo ver – le informó al hombre mayor.
¡No te la mereces! – esas palabras quería quemarlas en carbón para que nunca volvieran a aparecer y menos que se lo dijeran enfrente de él.
Y ¿usted sí? – Albert no iba a guardar silencio, él era su esposo y en ese momento él tenía el sartén por el mango.
¡Albert no! – Terry quiso intervenir.
¿Qué cosa has dicho? – pidió su suegro.
Usted cree que se la merece, usted que la entregó a su médico de confianza y la dio por muerta. ¡Qué no se le olvide que está aquí por mí! – ahora era el turno de reclamarle por la infelicidad de Candy.
¿Cómo te atreves? A mi hija, no la vas hacer menos – Sir Borthwick estaba tan enfadado que no sabía ni que contestar…
Para mí nunca ha sido menos, ella es mi vida y usted lo sabe – fue el turno de confesarlo.
Estoy aquí por Sir Campbell, él me la confió – advierte. No por usted – Sir Borthwick estaba enfadado.
Por favor Sir Borthwick, fui yo quién lo llamó de camino a Lisboa, así que no se equivoque, si yo no le hubiese comentado nada a él usted ni siquiera hubiese sabido de su existencia, es más ahorita ni siquiera estuviera aquí – respondió con burla.
Sir Andley, por favor – Sir Mc Dougal observó el dolor en los ojos de Sir Borthwick por esas palabras.
Nada de por favor, me reclama algo por lo que he luchado hasta que mi corazón se ha roto y usted viene a insultarme, diciendo que no me la merezco, usted y yo le hemos fallado, ambos lo hicimos, pero usted desde que nació, usted tiene la culpa de que ella este inmiscuida en este plan tan poco práctico, ella puede morir y qué haremos cuando con ella se lleve a mi hijo, usted sabe ¿qué haremos? Llorar por su partida y envejecernos o suicidarnos para estar juntos, lo que usted prefiera. La hermana María y la Señorita Ponny dejaron que fuese libre y yo la adopté para que lo siguiera siendo, para que no se sometiera a las reglas y leyes de un país y de personas vanas y egoístas, para que fuera sencilla y amorosa, yo no la cuidé para que fuera una señorita de porcelana y sabe por qué, porque Candy es mejor persona siendo como es… e y será mejor soberana conservándola así – respondió Albert con conocimiento de causa, admirando a Hasbún, al final Candy tenía razón, Albert se arriesgaba a este absurdo plan como si hablara de inversiones.
¡Y serás su consorte! – su suegro hizo un comentario ácido lo que le ganó un rostro orgulloso y no herido.
Lo sé, se el poder que va adquirir, pero no la encarcele en sus deberes para la corona, no haga lo que le sucede a la princesa Victoria, acaso piensa que no sé qué la pobre jovencita ha vivido cuidada hasta del aire por ambición, por favor, no nos hagamos tontos – asegura Albert sabiendo que esto a él si le preocupaba.
¡Ella va a ser reina! – gritó Sir Borthwick, el rey la había reconocido.
Ella será lo que quiera ser y nadie le va imponer algo más – aseguró Albert mirando a todos.
Pero tiene un papel en la vida… - se atrevió a agregar.
Sí su papel es ser Candice White Andley, si quiere ser madre y esposa lo va a lograr, si quiere ser actriz lo será, si quiere ser enfermera, doctora, abogada administradora o simplemente ser ella misma lo será, nadie aquí está capacitado ni tiene el derecho de decir lo que ella será, si es algo que ella no quiere – advirtió Albert entusiasmado con las ideas.
Pero tiene deberes… - su suegro no quitaría el pie del renglón por nada de lo que su yerno dijera.
Su único deber es conmigo, me han entendido y si yo no coarto su libertad ustedes con qué derecho sí lo hacen – preguntó Albert.
Somos sus padres, ese es el derecho que tengo sobre ella, sé lo que mejor le conviene – Sir Borthwick tuvo ese error, obligar a Candy a algo que siempre le rehuyó, los cánones sociales.
Pero ella es mi esposa y la futura madre de mi hijo, así que yo decido lo mejor para ella, ¿ha quedado claro? – si a esas iban, él como su esposo tenía el derecho de mantenerla encerrada si eso quisiera.
Pero… - Sir Borthwick iba a agregar algo más.
Pregunte ¿si ha quedado claro? – volvió a preguntar, pero ahora estrellando los puños en una mesa y observando a todos desafiante.
Sí – casi todos contestaron afirmativamente menos…
¡Sí señor, Andley! – aseguró Sir Borthwick quien pensaba que Albert no tendría el coraje ni el carácter para ponerlo en su lugar.
Ahora Sir Borthwick, usted el único derecho que cree tener es cuidarla para que no corra peligro, cuídela como debió de haberlo hecho y espero que Dios le perdone sus errores, que a mí me lo va a cobrar con creces – Albert antes de irse se acercó a Sir Borthwick.
¡Explícame! ¿Qué quieres decir? – preguntó Sir Borthwick.
¿Qué cree que sucederá cuando Lemarque nos ataque? Si nos descubre se irá en contra de Candy, se ha preguntado si nosotros tendremos la oportunidad de protegerla, veo que no, pues esperemos que esa endemoniada maldición de arriesgar todo por los demás muera en esta cruzada tonta que ha armado mi esposa… - soltó Albert con dolor y coraje.
¿Por qué dices eso? ¿Qué ha hecho Candice? – le preguntó sin conocimiento de lo que su hija iba hacer.
Se está arriesgando por todos los que estamos aquí, eso es lo que siempre hace cuando se siente acorralada, así que tome su papel de padre amoroso y cuídela, que lo va a necesitar – le advirtió comenzando a caminar.
Pero ¿qué está diciendo? ¿Candy va a morir?
Al saberse abandonada por sus padres, Candy creó una especie de cruzada para todos con respecto a su seguridad y esto ya ha pasado por mucho tiempo, con todos los que la conocen… con la señorita Annie Brighton, con Elisa y Niel, con Dorothy, con la Tía Abuela, con Terry, con los chicos y ahora con nosotros; Candy teme perder a la gente que ama y es por eso que si nosotros no estamos unidos en esto ella va a… - informó Terry entendiendo de lo que Albert hablaba.
Morir, ¡has entendido todo Terry! – Albert felicitó a Terry.
La creo capaz… - aseguró el chico, tan bien como si la conociera.
¡Todos seremos felices! Eso es lo que ella cree, pero ¿en realidad lo seremos? Piénsenlo, veamos… Terry, ¿de qué servirá el amor que le tienes? Si vive, aunque sea conmigo tendrás un bello recuerdo. Sir Borthwick, una vez ya la perdió, si vuelve a pasar ya no sólo se sentirá que es como si ella viviera, sino sentirá morirse cada vez que la recuerde; para lady Borthwick no será lo mismo. Nadie se beneficia de su muerte, así que todos debemos estar unidos, para ella a pesar de lo que cada uno sentimos por cada uno de nosotros… - Albert sabía que iban a comprenderlo.
Tienes razón yerno y ehhh perdona por lo que dije – Sir Borthwick entendió en efecto que era una realidad.
¡No se preocupe, todos estamos tensos! - Albert decidió darle vuelta a la hoja.
Con su permiso, debo ir a ver si nos tienen lista la comida – Sir Mc Dougal debía salir de allí.
Pase Sir McDougal…. – respondió Sir Borthwick.
Mientras en la habitación de Candy…
Toc, toc
Adelante – una voz dio el pase.
Ya regresé mi señora – informó Sir Mc Dougal.
Hizo lo que le encargué, Sir McDougal – preguntó ella mirándolo por el espejo.
Sí mi señora, les di un poco de información – respondió fehacientemente Sir Mc Dougal.
Bien, creo que todos limaron asperezas y eso es bueno, ¿no les parece? – Candy sonrió ante la información proporcionada por Sir Mc Dougal.
¿Está segura de lo que hace, Lady Andley? – preguntó el hombre recién sentado en una silla de madera.
Muy segura, lo que se dice segura… no, pero debemos hacerlo así, no podemos cambiarlo, el rey no podrá mover sus piezas si nosotros cambiamos todo a la mera hora – respondió la rubia dándose la vuelta para que tres pares de ojos la vieran hablar.
Y ahora ¿qué sigue prima? – cuestionó Mickael.
Ahora lo que sigue, le gustara menos… - Candy observó a un alto y fornido hombre que la miraba expectante.
¿A qué te refieres, Candy? – este hombre le preguntó a la bella dama.
¡Traicióname!
Continuará…
