Capítulo LVIII
¡Candy! – Annie se echó sobre ella, abrazándola y tan emocionada que la besó en la coronilla.
¡Annie… Annie, no grites! ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? – cuestiona Candy, ya que lo último que recuerda fue la redada de Lemarque.
¿No recuerdas nada? Ya tuviste a tus hijos… - suelta para ver el rostro de emoción.
¿Mis hijos? ¿Cuántos fueron? – cuestiona extrañada.
Tres, dos niños y una niña – informa Annie dándose la vuelta, sabiendo que ella no podrá creérselo.
¿Es broma? – preguntó Candy, tres, en dónde cupieron tres.
¡No, no lo es! ¡Sólo que están muy pequeños, los cuidan las esposas de los clanes! – refiere Annie sonriéndole.
¿Puedo verlos? – pregunta, sabiendo que por algo ella está en otra habitación y por lo mismo trata de levantarse.
No Candy querida, acabas de despertar de algo así como dormir por mucho tiempo, mmm coma creo que le llaman – responde ella, interrumpiéndole el paso.
Y ¿cómo están todos? ¿Los chicos? ¿Cuándo salieron? – las preguntas se atropellaban tanto en su mente como en su boca.
Espera, espera… es largo de contar. Todos estamos aquí y estamos aquí por otras cuestiones, por otras situaciones… - Annie no sabía cómo explicarlo.
¿Como cuáles? – ella quiso saber, a Annie no se le daba mentir.
Los clanes escoceses están aquí también porque… asisten al velorio de Lady y Sir Andley – suelta tan rápido que espera que su amiga no lo haya oído o se le olvide.
¡Espera, espera, no estamos muertos! – reclama con toda la razón.
Lo sé, pero era para despistar a Lemarque, era necesario, tú estabas muy lastimada y pronta a sacar al niño o los niños, necesitábamos tiempo para todo… Abahinn llegó de Londres hace pocos días. Albert llegó antes que tú, malherido, tanto que la hermana María y la Tía abuela se han encargado de él – trata de explicar lo que ha acontecido en esos momentos.
¿Cómo está? – Candy no necesitó decirle a Annie por quién preguntaba.
Lo mantienen sedado, al saber de ti y de tu condición se puso inquieto y tuvieron que sedarlo – refiere Annie sentándose a su lado y tomándole la mano para acariciársela.
¿Terry? – y así comenzó la gran lista.
Con un duque cerca de Escocia – responde Annie tratando de limitar la información.
¿Richard? – Annie no soltaba nada, no podía creer que no pasase nada en su repentina ausencia.
Rumbo al Palacio de Escocia – eso era lo único que sabía.
¿Sir y Lady Borthwick? – debía preguntar por ellos, al menos.
En el palacio también – soltó estirándose para servir un vaso de agua.
Y ¿Mickael? – Annie se había volteado al oír esta pregunta, sin saber que decir, se limitó a decirle que herido es como estaba, pero no que era él el traidor.
Mickael está aquí al lado, maltrecho y los demás se encuentran ahí, reprendiéndolo – soltó con cautela.
¿Cómo? Vamos Annie, ayúdame a llegar a él – pidió la rubia comenzando a salir de la cama.
Ni se te ocurra Candy, tú no te levantarás de esta cama hasta que te evalúe el médico – advirtió la morena. Además, cuando los chicos sepan que despertaste se emocionarán.
¡Me siento bien! – responde ella.
No, no te levantarás y no me obligues a llamar a la tía abuela – amenaza Annie volviendo a meterle los pies entre las cobijas y arreglando las sábanas y cobertores.
Annie no iba a dejar que se levantara por supuesto.
Annie querida, ¿puedes llamar a los muchachos? Quiero verlos… – Candy se las ingenia para alejar a Annie.
Pero me prometes que no te levantarás, ¿verdad? – Annie quiso asegurarse.
No, me quedaré aquí por supuesto, anda llámalos, que vengan a verme – Candy debía de tocar el temperamento de Annie.
Bien, en unos momentos estaré de vuelta – promete Annie y se retira.
¡Ay Annie, nunca cambiarás! – susurra ella.
Candy se levantó con cuidado, dando sus primeros pasos, se dio cuenta de que no iba a llegar muy lejos, los pies apenas y reaccionaban, de pronto siente que sus piernas flaquean, piensa en que no debería ir, pero su primo no tenía por qué pagar por sus errores así que teniendo cuidado avanza, procurando que la espalda se encorve lo necesario dado que aún le duele mucho, trata de sentarse sobre el mullido colchón; toma su bata colocándosela, la cierra y anuda; se pone de pie nuevamente y trata de agarrarse de los muebles y de las paredes para avanzar, pero cuando lo hace es que siente un escozor en la piel y con todo ese dolor llega hasta la puerta. La abre y revisa el pasillo, no hay nadie por ningún lado, sale y comienza a buscar donde se oyen los gritos hasta que encuentra la habitación donde están todos reprendiendo a Mickael.
Candy es todavía más importante que yo y que todos ustedes – refirió el chico como si hablara del clima.
¡Hijo no! – el rey pidió reservárselo.
Sí, hijo sí… - increpó Mickael. Candy y yo… yo soy un… - intentó decirlo sin saber cómo reaccionarían los demás.
Candy, ¿qué? ¿Qué sucede con ustedes dos? – la matrona ahora es que estaba más preocupada.
Candy es… - Mickael miraba a Abahinn y a Amín de vez en vez, esperaba que ellos le ayudaran a decírselos a todos.
¡Mickael es mi primo y también un Buchanan…! – una voz pequeña respondió ante esto haciendo que todos voltearan a verla.
¿Candy? ¡Despertaste! – exclamó Mickael tratando de levantarse, pero siendo detenido por Amin.
Espera Mickael no te muevas, deja que ella lo explique – Amín lo detuvo.
¡Candy! – todos corrieron a auxiliarla cuando ella se quejó de un dolor en la espalda y cuando al mismo tiempo se oyó una reprimenda en el pasillo.
Candice White Andley, ¿qué haces en el pasillo? – la voz de Annie sobresaltó a más de uno.
Tenia que venir a rescatar a Mickael, que más – respondió ella tocándose donde le dolía para darse cuenta que la mano se manchaba de sangre.
Me prometiste quedarte en cama, no puedes desobedecer órdenes médicas, alguien de ustedes caballeros podría ayudarme a llevar a la terca de mi hermana a su habitación, por favor – la regañina no sólo era para ella, sino para todos los demás que no la obligan a quedarse en cama.
No te enfades Annie, solo quería… cuando puedan ir a mi habitación los espero – refiere ella sintiéndose levantada por Amín.
Eso lo harás después de que comas algo y veas a los chicos – reprende Annie, enfadada y colocándose el mandil de aseo.
Ya la oyeron, mi guardia lo ordena – responde Candy, sin mas remedio que esconder el rostro en el pecho de Amin y abrazándolo.
¡Gracias Amin, sígame! – Annie muy feliz de la regañina que le puso a Candy, sale de la habitación seguida de Amín que le ayuda con Candy.
¿Cómo está Lady Andley? ¿Se encuentra usted mejor? – pregunta en susurros Amín.
Sí, mejor. ¿Cómo llegó usted hasta aquí? – cuestiona ella adolorida.
Mis guardias me ayudaron, los más lastimados fueron Richard, usted y al parecer Mickael y Albert – suelta él haciendo cuentas, sin saber que los Borthwick también fueron lastimados.
Lo suponía, todo fue un caos. Alguien nos traicionó, parece que un Sir estaba confabulado con Lemarque – cuenta ella siendo depositada en la cama y arropada por Annie, quien sale con una bandeja de agua y algunos lienzos.
Sir Alphonse Buchanan… - refiere Amin colocándose en el sillón a un lado de la cama.
Aparte de él… había otro… - soltó ella.
¿Sir Buchan? – cuestionó Amín, solo de ellos dos sabían que podrían hacer eso.
Otro más, a veces pensaba que por la voz se parecía al rey… pero físicamente no eran iguales, no la reconocía, no entendía como era que el rey se hubo desplazado desde la Posada hasta donde se encontraba Lemarque – cuenta ella, sin pensar en lo que realmente había dicho.
¿Qué ha dicho? ¿Qué el rey hizo, qué? ¿Cuándo vino el rey? – pregunta Amín enfadado y alzando la voz.
Vino a la posada, mucho antes de que los reuniera a Mickael, Richard y usted en el carruaje para contarles algunas cosas, ¿no se los dije? – Candy aparenta hacerlo pasar como una información olvidada.
Por supuesto que no lo hizo, ínfimo detalle – aclara Amín con sarcasmo. ¿Desde cuándo el rey estaba de acuerdo con usted? – pregunta, un poco más calmo.
En nuestro viaje de camino a Lisboa… - responde Candy sin mirar a ninguna parte, solo a sus pequeñas y lastimadas manos.
¿Cómo se pusieron de acuerdo? – volvió al ataque, al parecer la amable señora Candice era calculadora.
Si le digo se va a enojar… - Candy intentaba decirle que todo se debió a un sueño que tuvo.
¡Pruébeme! – pidió él encarándola, estaba tan solo a unos centímetros de su rostro y no dejaría que lo distrajese con nada.
¡Porque lo soñé! – respondió sin dudas.
Todo este desastre ha sido porque ha tenido un sueño, pero que sandeces está diciendo – expresó gritando al tenor de que uno a uno fueron llegando los demás a la habitación.
Espere Hasbún, no se enfade con la señora – solicita el rey apareciendo en la puerta.
Y cómo no lo voy hacer, sabe cómo me obligó a esta locura. Me comprometió diciéndome que el rey me pedía un favor muy especial y ahora me dice que todo fue por un sueño – nunca se le habría ocurrido a Amín ser embaucado de la manera mas risorio, pero así era.
Y no te esta diciendo una mentira, así fue… Lady Andley me buscó por medio de Sir Campbell, nos contactó desde el Iberia – informa el rey haciendo que el jeque suelte improperios.
Calma Amin, espere. ¿Vamos a ver, usted dice que por un sueño es todo lo que ha ocurrido? – cuestiona sir McDougal.
Sí – responde afirmativamente.
Entonces dígame, ¿qué fue lo que salió mal? – preguntaron mas de uno.
Nada, Lemarque no era tan predecible como creíamos y además pasé un mes viajando en su barco, ¿creen en serio que me la pasé durmiendo todo un mes? Espere usted nos traicionó – reprende Candy al rey al reconocerle la voz.
No, solo que Abahinn no hizo bien su trabajo. No fue tan efectivo como la información que le proporcionó Sir McDougal de primera mano – informa el rey sonriendo.
¿Sabía entonces lo que tramaba? – cuestiona Amín tratando de controlar su carácter.
Sí, lo malo del plan Amin, fue que… - se interrumpió el rey.
Me veía enorme y aún así… - ahora fue el turno de Candy, no era muy cómodo que estaba preñada, ni que fuese vaca.
Aún así no se dio cuenta de que ya estabas en cinta – terminó de decir Amín comprendiéndolo todo.
Exacto y no lo sabe aún, como ya morí – comentó Candy irónica.
Te tuvimos que enterrar Candy, Lemarque al enterarse, voló como una loca palomita y ahora se encuentra escondido en algún lugar de Escocia – informa Abahinn.
Sí claro, Lemarque se encuentra en la Casona de Paisley, de Sir Mackenzie – soltó Candy haciendo que Mickael, que había llegado tan hacia solo unos segundos; Amín que buscaba serenidad y Abahinn que quería sorprenderse mas de lo que ella había tramado; ellos tres se limitaron a sonreir y tocarse la frente cuando les dio esa noticia.
Pero la propiedad esta abandonada por el Clan Mackenzie ¿o no? – Sir McDougal soltó esa información.
Llamen a sir Mackenzie, por favor – solicita el rey.
Estoy seguro que él no sabe nada, alguien sabe si ¿hay alguna conexión con los Buchan, Buchanan o algo parecido? – pregunta el rey observando que todos negaban esa posibilidad.
No ninguna relación hay entre ellos y los antes mencionados – refirió Sir Campbell.
¿Qué sucede? ¡Su alteza! – saludó con una venia Sir Mackenzie.
Buenas tardes, Sir Mackenzie – saludó el rey y lo invitó a acomodarse.
Buenas tardes a todos, permiso. ¡Lady Andley ha despertado! ¡Enhorabuena! – la felicitó, lo que Candy tomó con mucha alegría.
Si, Sir Mackenzie gracias – ella devolvió esa alegría cuando llegó a la puerta George, que nada mas de verla sintió que la alegría de su corazón había regresado a casa.
¿Puedo ayudar en algo? – cuestionó Sir Mackenzie.
Sir Mackenzie, ¿tiene usted propiedades cerca de Glasgow? – fue la pregunta hecha por el rey.
Por supuesto, una en especial, es de mi familia desde 1500, la Casona de Paisley – refirió acordándose que lastimeramente iba a ser demolida a fines de ese año.
¿Está habitada? – re cuestionó.
Por supuesto que no, de hecho, pronto se demolerá. ¿Por qué la pregunta? – quiso saber él.
Porque está ocupada, al parecer Emanuelle Lemarque se esconde ahí, ¿lo sabía usted? – preguntó atento a todo lo que les contestaba.
No su alteza, no lo sabía – contesta acongojado.
Bien Sir Mackenzie, le pedimos que no haga algo, nosotros nos encargaremos – solicita el rey y con esto lo despide.
Por supuesto su majestad, permiso – un preocupado Sir Mackenzie sale de la habitación.
¿Como fue que ustedes cuatro salieron lastimados? – pregunta Sir Campbell curioso.
Cuando nos dispersamos todo estaba muy bien con excepción de que Abahinn fue el que le dijo a Lemarque que Richard tenía a su hijo en Londres, en su castillo y a su resguardo o más bien en garantía de que a Terry no le pasara nada, entonces Abahinn se vio sobrepasado por la actitud de Lemarque y arremetió contra ellos dos, hiriendo a Richard en el hombro y Abahinn sólo le rozó el cabello, en realidad, tuvo mucha suerte – comenzó a relatar Candy.
Entonces Candy, ¿que salió mal? – insiste el rey.
Que nos confiamos, les decía que cuando Richard le confesó lo de su hijo y los atacó, a lo lejos vio a Terry, con su pierna lastimada que en realidad no estaba lastimada y que después sí que fue enyesada porque al divisarlo tomó su caballo y le pasó por encima, tronándole la pierna que no estaba lastimada, es decir, solo era un yeso aparente, para después ser lastimada, es complicado, pero luego de eso, a mi me agarró del cabello, no se quién pensaba que era, quizás alguien más parecida a Carmenza, que no me hubiese hecho nada si no fuera por… - Candy se detuvo, todo fue por su esposo.
¡Albert! Sí, Albert gritó Candice – interviene Abahinn.
¡Ahí fue donde nos descubrieron! – refiere Mickael que ayudado por Sir McDougal llega hasta otro sillón y le ayuda a sentarse, doliéndole más que el cuerpo.
Al final a Albert lo sobrepasó más el amor por su esposa y vástago que la prudencia… - respondió Amín.
Lemarque me tomó del cabello y si no fuera porque me agarré de su brazo ahora estuvieran hablando conmigo, pero pelona, de aquí a acá – les señalo la coleta derecha. Bien, luego de eso me llevó al sótano de la casona – recapituló Candy siendo interrumpida por Mickael.
Donde yo estuve… - suelta Mickael.
Sí, supongo que ahí mismo. Y ahí me dedicó un sinfín de lindas anécdotas, todas muy floridas, pero eso sí, ninguna ocasión tuvo para que intentara algo como tocarme el vientre, al menos de algo sirvieron los disfraces – sonríe con Amin, que afortunadamente para eso se creó esa idea.
Cuando la mamá de Mark te encontró en un riachuelo cerca de Glasgow, no sabía que eras Candy Andley, Mickael cosió a tu traje un nombre distinto: Blanca Grandchester y con eso o por alguna razón que no sabemos, te reconoció y te trajeron aquí – indica Abahinn.
A mi me liberó Sir Buchanan, que tampoco se dio cuenta de mi embarazo y después corrí hasta que el traje se me enredó y caí en unas baldosas muy filosas – refiere Candy haciendo que los demás se sorprendieran al oír que Sir Buchanan fue medio capaz de ayudarla.
De ahí la herida de la espalda… - susurró la Tía Abuela al doctor.
Dolió como el demonio, pero debía seguir corriendo y cuando menos me lo esperaba, tenía a Albert a unos cuantos metros de mí, entonces Lemarque se acercó en su caballo y cuando iba a asestarme el látigo con el que le pega al caballo, Mickael apareció y fue a él que lo alcanzó. A su vez, forcejeó con el brazo de Mickael y lo ató a la montura y yo me tropecé con unas piedras pegándome en el vientre – continuó ella.
De ahí, el moretón que le ocasionó el parto prematuro – ahora susurró el médico a la señora Elroy.
Me rodeé por el dolor y Albert llegó hasta mí, levantándome y subiéndome a su caballo, pero al ver que era Albert quien me salvaba de él, sacó otro látigo de la montura y lo lanzó a Albert pegándole en el costado y la pierna. Lo cual hizo que se cayera del caballo, no pude evitar que se cayera, yo debía de seguir, así lo acordamos, entonces vi como pasé a Amín y él se encargaba de levantarlos a todos y ya no supe nada, quería ayudar a mi esposo y no pude, no pude porque así estaba el plan, ¡qué, no lo entienden! Yo quería salvarlo a él, mi corazón se rompió cuando tuve que seguir de frente sin mirar atrás, pero el vientre dolía demasiado y no podía esperar, debía alejarme, muy lejos, donde él no me encontrara… mi caballo corrió y corrió hasta que se cansó y después dejó de correr y aún sin fuerzas me caí cerca del río, de pronto escuché ruido de cascos de caballo y pensé que eran los hombres de Lemarque, pero al darme cuenta de que era Abbas y sus hombres, ya no pude moverme, ya no sentía el movimiento de mi bebé, dolía demasiado, mi pecho dolía demasiado, era mucho lo que yo sentía, que creo que me desmaye. ¿Es cierto? ¿Me desmaye? – cuestionó muy desesperada y lágrimas caían de sus ojos haciendo que olvidaran algunos huecos en la historia.
Algo así, la mamá de Mark te trajo desde Glasgow a Edimburgo, que es bastante lejos y aquí estas – explicó la señora Elroy.
No atino a adivinar ¿por qué Albert hizo eso? – el rey soltó la pregunta a todos y más al aire, pero no encontró respuesta alguna más de la persona que hizo tal cosa.
Por que ella es mi esposa, por eso, porque la amo más que a mí mismo – respondió un aturdido rubio. Estaba feliz de ver a su esposa repuesta.
¡Sir Andley! – exclamaron todos.
¡Albert! – susurró Candy.
¡Candy! – lo mismo hizo Albert al mismo tiempo.
Vamos señoras y señores, dejemos solos a Sir y Lady Andley – refiere el rey ayudando a Mickael a llegar hasta su habitación.
Sólo recuerde que no esta en condiciones de levantarse – afirma el médico y sale de la habitación, seguido por una sentimental señora Elroy.
¡Candy, Candy! ¿Estás bien? – pregunta su esposo.
Mi amor, perdóname, yo solo quería que ese mal hombre me dejara en paz, que viviéramos para nuestros hijos… - responde Candy abrazándolo y mirándole las heridas.
¿Cómo estás? – vuelve a preguntárselo.
Malherida, pero no más que tú… - suelta la rubia haciendo que él la viera.
Tenemos tres hijos, todos rubios y lindos como tú – informó el orgulloso hombre.
¡Candy, te amo! – dice él con una mirada aborregada.
Yo también, ven, recuéstate aquí – Candy al responder lo invita a compartir su lecho.
Mi amor, ¿cómo estás? – esta era la tercera vez que le preguntaba.
Mientras Albert y Candy se informaban de lo que sentían en esos momentos, en el pasillo George se había dejado caer sobre la pared y se quedó sentado por mucho tiempo cerca de la puerta. Abahinn se quedó mirando el pasillo dándose cuenta de la acción de George y regresando sobre sus pasos, lo acompañó.
¡Al fin, la tenemos aquí y a salvo! – suelta George.
Sí George, ¡al fin la tenemos aquí! George… ¿quiere verla? – le pregunta Abahinn como si tuviera la esperanza de verla en algún momento.
Eso ansío, pero no quiero incomodar – responde verdaderamente.
Espere, el señor Andley en algún momento tendrá que irse – responde Abahinn levantándose y dándole la mano para ayudarlo a levantarse e irse de ahí.
Casi llegando la noche, Abahinn se dio cuenta que el doctor fue a la habitación de Candy para llevarse a Albert y ayudado por Sir Campbell salieron con destino a la habitación de Albert, que se encontraba en la otra ala de la mansión y por lo mismo, tenían que caminar mucho. Apenas vio como se alejaban, Abahinn caminó rápidamente bajando por las escaleras, yendo hacia la biblioteca donde encontró a un George pensativo observando el reloj que decoraba la chimenea, sabiendo de antemano que era él quien debía darle esa noticia.
George… - lo llamó casi susurrándole.
Dígame Abahinn – distrajo su mirada y volteo a ver el sonriente rostro de su amigo.
Su damita esta sola en estos momentos, ¿quiere venir? – informó muy cariñosamente.
Sí, vamos. ¿Me veo presentable? – cuestionó George, cuando le dijo eso.
Sí George, además no creo que ella se queje si lo ve desalineado… - soltó pensando que George iba a encontrarle la gracia al comentario.
¿Estoy desalineado? Mejor me arreglo… - refiere él regresándose a la biblioteca.
¡No se preocupe hombre, vamos! – cuando se siente jalado por Abahinn que soltando una carcajada es cuando cae en la broma, ganándose un golpe en el hombro de su abnegado amigo.
Toc, toc
Adelante – Candy da el pase mirando hacia la puerta.
¡Hola, Lady Andley! – saluda Abahinn cuando se asoma por la puerta.
¡Hola, Abahinn! Pase usted – le pide ella al verlo de esa forma.
Alguien quiere saludarla – le dice a ella.
¿Lo conozco? ¿Me haría un favor? Puede pasarme al silloncito, ande no se preocupe, me vendaron la espalda – advierte ella.
Bien, vamos, la ayudo y luego hago pasar a la persona que le dije – informa ella.
Gracias Abahinn – Candy agradece.
Bien, ¿preparada? – cuestiona. Pase usted – Abahinn abre bien la puerta y lo deja pasar.
¡George! ¡Mi querido George! – ella intenta levantarse.
¡Recuerde que no puede levantarse! – advierte Abahinn.
¡Ven George! Ven, ¡Mi querido George! – ella sin poder evitarlo comienza a llorar.
¡Señorita…! ¡Señora Candy…! ¡Está a salvo! – George no pudo evitar llegar hasta ella casi corriendo y de pronto se sintió abrazado por los débiles brazos de ella. Pasaron unos largos minutos donde las lagrimas de ambos se fundieron en la ropa del otro para después George terminó besando las manos de ella.
Los dejo solos un momento… - declaró Abahinn, que al parecer no tomaron en cuenta.
Señora, ¡cuán preocupado estaba por usted! ¿Cómo se siente? ¿Está bien? – le preguntó, sabiendo que estaba bien.
Sí, estoy bien, bueno no tan bien como tú, pero ahí la llevo. ¿Los conoces? – obvio que ella preguntaba sobre sus hijos.
Sí, están muy bien, se parecen a usted… - respondió él sonriente, sacando el pañuelo que tiene en el bolsillo del saco, secándose las lágrimas.
¿Todos? – preguntó sorprendida.
No, sólo dos… estaba muy preocupado por su salud – le dijo antes de entrar en los temas de los niños.
Estoy bien George, gracias a ti. No te preocupes, nadie sabrá que te vi George… - le promete viéndolo a los ojos, esos ojos que le dieron fortaleza en esos momentos que todos se preocuparon por el papel que representaba por la corona, para Lemarque y por su embarazo, cuando nadie se preocupaba por lo que ella sentía.
¿Segura que nadie lo sabe? – inquirió.
No George, gracias por ayudarme a llegar hasta Glasgow si no fuera por ti ayuda ahorita mismo estuviera muerta y mis bebés también – responde y asegura mientras se recarga en el respaldo del sillón.
Pero no lo está y yo sólo me la encontré por ahí – responde él sentándose delante de ella.
Fui muy afortunada de encontrármelo entonces, dígale a Sir Campbell que estoy bien, su ayuda fue muy importante – suelta ella haciéndolo reír.
Lo haré señora, por el momento me voy… - advierte él.
George, George, sabe ¿cuánto lo quiero? Si mi padre fuese usted, yo fuera la chica más alegre del mundo – asegura ella.
Usted mi señora, es muy alegre de por sí y yo no puedo ser su padre porque ya tiene uno… - le recuerda haciendo referencia a los Borthwick.
Lo sé, pero esto no les será fácil, así que le propongo algo, ¿quiere ser mi padre? – pregunta con singular alegría.
¿Lo dice en serio, señora? – pregunta el adusto hombre.
Sí – asiente ella.
¡Claro que sí, señora! Gracias… - responde George entusiasmado.
Gracias a ti mi querido George, sin ti no me hubiera atrevido ni siquiera a ofrecerme de carnada – responde ella, más como algo que debería haberse callado.
¡Señora no diga eso! – George, la reprende.
George, espera, espera solo decía – Candy lo abraza pidiéndole perdón.
¡No diga nunca eso, no soportaría que algo le pasara! – refiere George.
Perdóname George, no quise decirlo de esa forma – Candy le pide perdón.
No, perdóneme usted a mí, creo que estoy muy aprensivo. Si me disculpa tengo que retirarme – George debe alejarse de ella, no puede dejar que ella le viese llorar como un niño.
Sí George, gracias – Candy le agradece con un beso en la mejilla.
De nada mi señora, la veo después – él debe de alejarse o perderá la compostura.
Pasa George – ella se despide y algunos minutos después se queda dormida.
¿Cómo estuvo? – preguntó Abahinn cuando vio a George salir de allí con los ojos rojos.
¡Emocionante! – responde él con notoria efusividad.
¿Quién lo fuera a decir? El impasible George por fin liberó una lagrimita por su señora – Abahinn trata de embromarle.
¿Se me nota tanto? – pregunta él.
Vamos hombre, si no es de palo. Además, creo que ella lo quiere mucho, casi como a un padre – soltó de repente, sabiendo que muy posiblemente así era.
Ella me lo ha dicho también – responde él.
Lo ve, ande vamos a la cocina, veamos si ya está lista la cena – Abahinn lo animó.
Bien, vamos – George lo aceptó y se encaminaron hacia las escaleras.
Abahinn – de pronto Amín llegó y lo llamó cuando habían bajado el último peldaño.
Mande, ah Amín ¿qué sucede? – cuestiona Abahinn.
¿Puede venir un momento? – le cuestiona, llamándolo desde un recoveco obscuro.
Claro, adelántese George, luego le alcanzo. ¿Qué pasa Amín? – le pregunta Abahinn a Amín, enrarecido por la actitud de él.
¿Usted se quedó contento con la versión de Lady Candice? – pregunta Amín.
Sí, ¿por qué no habría de estarlo? – cuestiona él intentando saber a qué se refería.
Hay algo que aún no me queda claro, qué tanto le dijo Lemarque a Lady Candy que no nos quiso contar, además… - Amín se interrumpe.
¿Qué piensa? – Abahinn aún no le entiende.
Si él ya la cargó cuando se topó con ella en Dover y volvió a cargarla con el disfraz, ¿no cree usted que sentiría la diferencia? – Abahinn ve cuál es el punto de Amín y sencillamente tiene razón en él.
Está pensando que él ¿si se dio cuenta de que estaba en cinta? – refiere Abahinn sacando el punto para atacar a Lady Candice y que les dijese esa verdad.
Efectivamente, Lady Candice nos tendrá que contar con detalle toda esa parte, no en este momento, pero con el tiempo quizás podamos sacarle algo de información, ¿no lo cree? – sí Amín le daría tregua a Lady Candice, por el momento, pero esa información les podría servir para capturar a Lemarque.
¡Por supuesto que sí! – Abahinn hizo hincapié en ello, entusiasmado.
Mientras en Paisley…
¿Qué informe me traes? – preguntó Lemarque a su hombre de confianza.
Lady Candy y Sir Andley fallecieron hace tres semanas, los enterraron hace dos y nadie dice nada de que ella estuviese en cinta, ¿está seguro que era así – pregunta el hombre.
Por supuesto, aquí hay algo que no estoy viendo – asegura Lemarque, pensando y analizando.
¿Qué cree que sea? – cuestiona ganándose un golpe con una pelota.
Necesito averiguarlo, pero ¿cómo? – Lemarque pensó.
En la mansión…
¡Nooooo! ¡Déjeme, déjeme! ¡Suélteme! ¡Por favor, no me haga daño! ¡No, no lo mate! – grita Candy y al estirarse se cae en el suelo.
¡Candy, Candy despierta! – le pide Amín a la rubia, zarandeándola por lo que ella dice.
¡Ayúdeme, por favor! – Candy se abraza al hombre haciendo que él suspire.
Candy soy yo, Amin, ¿qué pasa? – le hace conversación.
¡Lo mató! ¡Lo mató! ¡Me tocó y se abalanzó y lo mató! – responde ella, llorando.
¿Qué pasa Amín? – todos y cada uno de ellos llegaron hasta ellos.
Es la señora Candy, al parecer tuvo una pesadilla – responde él. Ayúdenme a llevarla a la cama – pide que alguien le ayude con ella.
¡Lo mató! – exclama ella entre sueños.
¿A quién mataron, Lady Candice? – pregunta Abahinn restregándose los ojos.
Al doctor Pereyra… - responde ella aún llorando.
¿Qué dices Candy? ¿No al Dr. Pereyra, lo mató Buchanan? – cuestionó Abahinn.
¡Pues parece que no…! – exclamó Amín.
¿Qué habrá hecho el pobre hombre? – cuestionaron algunos ahí.
Cuando él me tocaba… - se interrumpió mientras soltaba más lágrimas.
¿Dónde te tocaba? – quiso saber la matrona Andley.
Me tocó morbosamente por todo el cuerpo, entonces el Dr. Pereyra se abalanzó y le disparó… cayó muerto a mis pies – relató Candy en susurros, quedándose dormida nuevamente.
¡Ese hombre se atrevió a qué! ¡Lo voy a matar…!
Continuará…
