Se le pide a la Guest que escribe cosas acerca de que esta es una historia mala, que ya no mande reviews acerca de que se termine el fic, dado que nadie te hace caso, corazón tienes de dos: una, omítela de tu vista y otra, deja su secuencia como está; a usted no le importa si va o no va bien, si tiene 600 capítulos o pocos reviews, ¡no dé lata!
Criatura del Señor, ocúpese de otras historias en vez de pedirme que termine Pasión Africana que gracias a ti, le he dado más capítulos y la invito a escribir tan sólo un obituario que para eso no se necesita mucho... desarrollo o vea telenovelas, que esas se le harán más interesantes. Gracias por tu franca molestia y pásame de largo, por favor.
Bueno, después de este mensaje a leer chicas. ¡Un capítulo muy largo! Espero que les guste...
Capítulo LXII
Lo sabemos, pero los demás no… - aclara Annie sonriendo de forma traviesa.
¿A quién se le ha ocurrido esa gran idea? – cuestiona Terry viendo que la morena suelta risitas.
A mí, queríamos distraerlos y ahí lo tienes, nos divertimos mucho – responde y los demás también intentan reírse, pero quizás esas risotadas que antes eran comunes ahora ya no lo serán.
¡La estrella de Annie! – suelta Archie aplaudiendo mucho.
¿Jovencitos que hacen fuera de sus habitaciones? – les reta la señora Brighter.
Nos encontramos a Terry… – afirma Patty emocionada.
Anden, a sus habitaciones, nada de desviarse… - los corrige y todos comienzan a caminar.
Sí mamá, ya vamos – asiente Annie y se va hacia donde le indican, los chicos también lo hacen.
Terry… - lo llama Abahinn al ver que sigue perturbado.
En serio que ellos están mal – refiere cuando se limpia alguna lagrima que osa con aparecer.
Sí, han sufrido mucho y están convalecientes – responde Abahinn, asegurándole que estaban peor.
¿Como puede haber personas que los traten como animales? – cuestiona intentando no llorar.
Las hay y muchas, pero debes conservar la alegría, ellos bien o mal están alegres, a pesar de todo… - le pide porque los chicos se han conservado en buen estado.
Pobres chicas y pensar que estoy mejor, cien veces mejor que ellos… – Terry lo dice cojeando hacia la ventana y sonríe por su comentario.
Sí Terry, trátalos de acuerdo al humor en que estén, en la mansión se les comprende, así que no sientas lástima por ellos – solicita Abahinn, George ya le había informado del estado de los chicos, todos querían ver a Candy, pero la señora Brighter no se los permitiría hasta que ellos estuviesen mejorando.
Sí, por supuesto, trataré de ser amigable con ellos. Entonces ¿Candice sufrió mucho? – preguntó por ella, ambos tenían mucho que averiguar y ya.
Sí, debo de contarte esto porque cuando hablemos más tarde no le entenderás a varias cosas… Candice dio a luz aquí y fue que descubrimos muchas cosas que nadie sabía o más bien que pocos sabíamos. Pero será mejor que esperes, quizás Candy nos cuente algo más, ¿qué prefieres? – cuestiona su padre que en esos momentos llegaba hasta donde están ellos.
Me espero a que ella nos cuente… - refiere el castaño, había varias cosas que ya sabia y era mejor que todos escucharan lo que tenía que decir.
Bien Terry, vamos a la biblioteca, allí deben estar todos y además el rey despedirá a muchos de los del Tribunal – dice Abahinn bajando las escaleras.
Terry, muchacho – el castaño se siente jalado por una persona y al darse la vuelta siente quien es.
¡Su majestad! – exclama emocionado.
Nos tenías con pendiente, ¿cómo has estado? – cuestiona el hombre sentándose en el primer sillón que ve desocupado.
Bien, creo que Lord Thompson se sentirá complacido de saludarle – refiere ya que al igual que él, dado que no sabia que estuviese en la mansión Andley.
Hace mucho que no le veo – afirma su majestad y toma el vaso de agua que Marie le ha acercado.
Bien, vamos acompáñame, hay que despedir a parte importante del tribunal, sé que no deberías por ser inglés, pero es importante que vean a la persona que llegó hoy en la madrugada, ¿me entiendes? – le pide, animosamente se levanta y dirige hacia la sala donde una buena parte del Tribunal se encuentra congregado.
Sí su majestad, le entiendo perfectamente y sería un honor que le acompañe – Terry por fin puede verle, la última vez que lo hizo tenía como 8 años, hace ya tanto tiempo.
Mientras en la habitación de Candy…
¿Cómo estás? – le pregunta Albert a Candy, cuando se siente abrazada con mucho cuidado por su esposo.
¡Drogada, creo que quieren que estemos quietos…! - suelta una risita traviesa.
¡Eso es imposible, yo quería verte…! – repela el rubio tal cual niño pequeño.
¡Yo también…! - ella se le queda viendo, los cardenales aún son visibles.
Finalmente, no todos llegaron aquí… - le informa Albert, de lo poco que se ha enterado.
No Albert, a veces pienso que no hice bien eso de la planeación, desde lo de Pierre – refiere Candice, viendo como la mirada de Albert, se pone triste.
No les vas a decir que yo sabía todo, ¿verdad Candy? – cuestiona él preocupado.
¡Estás loco! ¡Nos van a matar! No literalmente, ¡claro está! Claro que… si le quieres decir a Abahinn que fue tu idea el comprometerlo por medio del rey, hazlo… - sugirió hipócritamente.
¡Ni loco! Quiero que mi cuello se quede en su lugar… – responde, tocándose el cuello con la otra mano.
¡Miedito! – Candy no puede soportarlo y le hace burla.
¡Candy! – su esposo entiende que se está burlando de él y comienza a hacerle cosquillas mientras ella se queja.
Ya, ya… ¿los has visto? – preguntó aun riendo.
Sí, dos son rubios y uno pelirrojo – soltó Albert como si nada.
Pelirrojo, ¿cómo? – quiso Candy averiguar ya que no sabía nada.
Eso precisamente te iba a preguntar… - dijo Albert poniendo una cara muy seria.
No estarás pensando… - Candy no sabia que decir, ella no lo hubiese engañado con nadie.
No, Candy no, pero creo que tus padres tienen que ver en esto… - informa él esperando que ella no se agite por la acusación que nunca llegó.
Sí podría ser, ya ves que por ser escocés es que pudiera ser pelirrojo – afirma Candy pensándolo bien.
Bueno al menos ya sabes qué pasa ahí, ¡tres! ¡Aún no puedo creerlo, Candy! – exclama emocionado, abrazándola con amor.
¡Ni yo, con razón me veía como vaca…! - refiere Candy con una sonrisa.
No mi amor, no estabas tan gorda… - declara el rubio. Además, me has dado tres hijos, hora de pensar en si vamos a tener más hijos – refiere Albert, lo que ocasiona una risita en ambos que se dan un beso.
Y ¿son bonitos? – pregunta, ya que ella aún no los conoce.
Muy guapos, como su padre… - exalta el rubio, sintiéndose ejemplificado.
Y ¿la niña? Hay una niña, ¿verdad? – cuestiona emocionada.
¡Hermosa! Creo que ella se parece un poco a Rosemary y a ti, tiene tus ojos… - confiesa viéndola y acariciándole la mejilla apenas amoratada.
¿Ella es la pelirroja? – cuestiona la rubia, emocionada por conocerlos.
No, uno de los niños es pelirrojo – afirma.
Albert… - lo llama cuando se queda en silencio.
Dime – responde viéndola de nueva cuenta, tomando su mano y besándole el dorso.
¿Cómo les vamos a llamar? – pregunta ella, dudosa.
Buena pregunta, no lo sé… – responde sonriendo.
Toc, toc
¡Buenas tardes… perdonen la interrupción! – entra Lady Abercrombie.
¿Qué sucede Lady Abercrombie? – pregunta Albert intentando levantarse.
Su alteza pide su presencia para la hora de la comida, Lady Andley – Lady Abercrombie le da el mensaje del rey y la convaleciente rubia se levanta con mucho cuidado.
¡No quieren que estemos juntos…! – dice Albert con pesar.
Perdone, Sir Andley… – Lady Abercrombie no sabe que más decir y se va después de disculparse.
No se preocupe, ya me voy, iré a bañarme… – él sale después de que Lady Abercrombie también lo hace.
¿Quiere darse un baño, Lady Andley? – la dama se regresa y le ofrece a Candy refrescarse.
Por favor, puede decirle a Marie si me lo prepara y me ayuda a bañarme – solicita la rubia.
Por supuesto, es más, ahorita le mando a algunas de las ladies y la bañarán… - sugiere ella sonriente.
¡No quiero dar molestias! – responde ella, sonriente y apesumbrada.
No las da, en un momento regreso Lady Andley – la dama se despide cerrando la puerta.
Gracias, es usted muy amable, Lady Abercrombie – la rubia agradece.
De nada señora, permiso – Lady Abercrombie, se retira de ahí y cierra la puerta.
Abahinn se encuentra viendo a lo lejos el paisaje, sí, estaba enojado, pero era mejor no decir nada porque no lo iban a dejar continuar con su misión.
¿Qué pasa Abahinn? – cuestiona Amín al acercarse a él .
¡Amín, se te pegaron las sábanas! – exclama Abahinn tratando de sacarlo de su burbuja dormilona.
Un poco, no he dormido muy bien últimamente… - responde el jeque tallándose los ojos con el dorso de la mano.
Creo que nadie lo ha hecho, tremenda tontería fue este plan ¿no? – suelta Abahinn molesto. Aun no puede creer que una niña de 15 años los haya manejado como títeres, siendo ellos más experimentados.
¿Qué dices? – Amín creyó que había escuchado mal.
No te has dado cuenta Amín, ella… ella nos embaucó a todos, ella nos obligó con ayuda del rey a que salieran lastimados, ella… fue ella la que no nos ama, fue ella la que no pensó que nosotros podríamos morir, fue ella… fue ella… - Abahinn estaba hiperventilando y Amín solo alcanzó a sentarlo.
¡Calma Abahinn, no te entiendo…! – le pidió, pensaba que a él le hubiese dicho lo que ya sabía.
¿Qué es lo que no entiendes Amín? ¿Qué es lo que tu amor no te deja ver? – le reclama cuestionándolo.
¿De qué hablas? – quiso saber.
Candy, Lady Candy, allá en África supo que los Lemarque quieren dinero y nos expuso a atacarla para que él la obtuviera…, ¡de eso hablo! – explica Abahinn, no, no quería entender que ella se hubiese prestado a tal locura.
¡No entiendo…! - Amín se da por vencido.
¡Es una tramposa! – grita pensando que no hay nadie en la mansión.
¡Cállese señor! ¡Cállese que no sabe lo que dice! – grita enfurecido mientras baja por las escaleras alarmando a todos. Cuando acaba de bajar comienza a correr hacia Abahinn.
¡Sir Andley no, deténganlo! – Amín alcanza a detenerlo, pero por la debilidad se cae. Abahinn, ¿podrías guardar silencio? – le pide Amín enfadado y ayudando a Albert a levantarse.
¿Silencio? Desde que todo esto comenzó hemos guardado silencio, hemos ido, venido y eso de qué nos ha servido, ¡de que nos ha servido ser obedientes! – reclama Abahinn.
Candy ha hecho más por todos que lo que usted sabe… - responde Albert con acidez, tratando de levantarse.
¡Ella sólo ha matado las esperanzas de muchos…! ¡Quién se ha creído para hacernos esto! - es ahora el turno de que él haga entrar a todos en razón.
¿Qué sucede? – pregunta la matrona que ha salido de su habitación por el barullo.
No lo sé señora Elroy, déjeme escuchar lo que dicen – pide Annie que intenta acercarse a donde se encuentran los sires, discutiendo.
¿Por qué lo dice? – cuestiona Richard.
¿Qué sucede aquí? – cuestiona su alteza asombrado por la actitud de Abahinn.
¡Usted también tiene la culpa! – Abahinn se atrevió a señalarlo.
¿Qué cosa dices muchacho? - su alteza debía hacerse el que no entendía.
Usted ayudó a esa insensata a tramarlo todo y mire dónde estamos, estancados en medio de la nada en Escocia – reclama Abahinn totalmente descompuesto y acusatorio.
Abahinn, ¿qué sucede? – pregunta Candy, saliendo en pijama hasta donde se encuentran todos, asombrándose más de uno.
¡Ella lo tramó todo y lo sabía desde un principio! – reclama Abahinn subiendo la voz.
¿Qué sucede Albert? – Candy vuelve a preguntarle a su esposo que ya muy difícilmente puede quedarse de pie.
Nada Candy… - responde mirando a Abahinn con furia.
¡Tú, tú ¿no has tenido suficiente? – pregunta Sir Abahinn con rencor.
¡No sé de qué me hablas, explícame! – Candy respondió con burla, dado que no iba a revelar la verdad… todavía.
Tú nos has mentido a todos y tu esposo no puede hacer que lo obedezcas, el famoso Sir Andley es un blandengue… - ahora sí que se estaba saliendo de su papel y eso Albert no lo iba a tolerar, ellos hicieron lo que oportunamente creyeron mejor.
¡Guarde silencio! – grita Albert eufórico.
¡Albert no! – Candy grita ahora, a sabiendas que su esposo no le va hacer caso.
¡No sabe lo que dice! ¡No sabe que ella fue la más expuesta! ¡No sabe que mis hijos están allá arriba sufriendo! ¡No sabe que ese malnacido la ha tocado y que por poco la mata! ¡Eso no lo sabe! ¿Verdad? Todo ¿por qué? ¡Cretino! – cada que decía una frase se acercó más a él hasta que quedó cara a cara, sí estaba fúrico contra Sir Abahinn por su atrevimiento, su esposa casi muere y él solo criticaba algo que no sabía.
Nadie lo sabe, más que ella… - contestó mordaz ante el enfurecido esposo.
Sí lo sé porque le dije que ella tenía que obedecer lo que le pedía – suelta enérgico.
¡Albert no…! – Candy lo llamó.
¿Qué has hecho qué? – más de uno preguntaron asustados.
Sí, entérense de una buena vez… Candy y yo hemos tramado este plan y de no ser por ella, nadie… nadie hubiera sobrevivido, ¿verdad Amin? – y Albert pidió la ayuda del jeque que no parecía sorprendido por el llamado.
Así es Sir Andley… - respondió sin miramientos y fue entonces que Abahinn perdió la compostura.
¡Tú lo sabias! – Abahinn se fue contra Amin, que se limitó a tomarlo de las solapas mientras el pobre hombre posicionaba las manos para impedir que lo maltratase de más.
No era mi papel decírselos, sí, lo sabía y lo volvería hacer por una buena causa… - confesó Amín soltándose de Abahinn.
¿Cuál buena causa? ¡Patrañas! – Abahinn comienza a andar hacia la puerta cuando es detenido por Albert.
Cuando Candy se quedó sola con ese hombre, fue puesta de la misma forma en la que encontraron a Mickael, con el peso de su prominente traje y por supuesto, el avanzado embarazo, las esposas comenzaron a cortarle la piel, de lo cual no se quejó y tampoco se movió, pero eso no fue todo, a mitad de la noche una sombra llegó hasta ella, el médico español la ayudó a bajar de ahí y le contó que venía ayudarla, pero en ese momento, entró usted y se acercó – Albert culpa a Abahinn.
¡Pereyra, era Pereyra! – dijeron todos, sí Pereyra fue el hombre que se dejó matar por ella, para que su hermana, no de sangre, se salvara.
Sí el doctor Pereyra iba a llevársela de no haber sido descubierto por usted – dijo ahora su majestad.
Pensé que era un amigo de Lemarque… - respondió Abahinn, aceptándolo.
No, ningún amigo de Lemarque la hubiese salvado, pero eso no fue todo, cuando usted salió a buscar su caballo, Lemarque descubrió al médico y lo mató, al darse la vuelta, usted ya la estaba subiendo al caballo cuando escuchó su voz y se retiró, fue entonces que Albert la socorrió y la ayudó a subir al caballo, todo pasó en unos momentos, si Albert no hubiese pronunciado su nombre, Lemarque no se hubiese dado cuenta de nada, pero lo que no nos esperábamos es que ese hombre le apuntaría a usted en el pecho y antes de accionar el gatillo, Candy se bajó del caballo a como pudo y agarrando una silla que utilizaba cuando estaba harto de todo adentro. Candy falló y él al darse cuenta del atrevimiento, la enlazó por las manos lastimadas y la ató al fuste para luego ser arrastrada por la entrada de la casona donde él se encontraba ilegalmente resguardado – siguió relatando Amín que lo había visto todo.
Pero esa entrada está llena de piedras afiladas – contó Richard recordándolo.
Exacto, pues eso fue lo que pasó, ella le salvó la vida – cuenta ácidamente Albert.
Ya que está aquí podría contarnos lo que sucedió, ¿cuándo comenzó todo este embrollo? – sugirió su alteza.
Comenzó en San Pedro, justo antes de que nos casáramos por la iglesia, su majestad – responde Albert que invita a sentarse a Candy a su lado cuando le ayudaron a llegar a una sala de estar.
Después de que seduje a mi esposo, Pierre nos obligó a irnos dado que encontré esta carta entre sus cosas, pero su padre ya le había hablado de la herencia de los Andley, así que decidimos irnos esa mañana a San Pedro sólo que tu padre se nos adelantó, él armó lo de la boda en horas y nos casó antes de irnos. Abordamos el buque hacia Lisboa y Albert fue el que tuvo el sueño, eran momentos que no nos permitían dormir y al preguntarme lo que sucedía terminé contándole toda la verdad. Así que, en ese momento, le escribí a su majestad y es por ello que se ha hecho todo esto – terminó de contar Albert.
¿Quieres decir que el rey si hizo algo? – preguntó Abahinn incrédulo.
Por supuesto, Lemarque sabe que mi dote es millonaria y por lo mismo quiso llegar por todo, Lemarque está en bancarrota desde hace unos años y me vio como la mejor oportunidad para que sus acreedores no le quitaran las pocas propiedades que aún tiene en su poder, así que su majestad tomo acciones al mismo tiempo, después de enviar el plan y de corroborar algunas cosas, nos enteramos que Lemarque enfureció cuando vino a exigir el cumplimiento del contrato, Abahinn le dijo que no era válido y comenzó a averiguar si veníamos en algún barco de San Pedro, nos encontró, pero no con nuestros nombres, García no es un nombre a que a alguien le interese – confesó Candy sonriendo.
Entonces, ¿qué pasó? – George quiso saber todo.
Coloqué hombres infiltrados entre los de Lemarque y ellos les ayudaron a llegar a todos, a distintos lugares… - confiesa el rey observando que más de uno se miraba inquieto.
¿Por qué no ha atrapado a ese hombre? – pregunto Abahinn descolocado.
Espero que ellos se reestablezcan… - señaló al matrimonio Andley que se miraban mejor, pero no completamente repuestos.
Usted Sir Campbell, ¿lo sabía? – cuestionó Richard.
Sí, pero no podía decir nada… - afirmó Sir Campbell.
¿Quién más lo sabía? ¿Amin…? – preguntó Abahinn dándose cuenta de que él solo era un peón más, como siempre lo había sido.
Sí, a mi su majestad me lo pidió cuando me embarqué en el Iberia que no era mi barco, pero lo que no esperaba es que me pidiera que lo hiciera con todo y mi familia, lo importante era que la contactara, pero Lady Candice me contactó primero – confesó Amin, siempre que hablaba de ella acaba sonriendo y ya parecía retrato.
Candy ¿nos usaste? – refiere Terry.
Sólo los persuadí Terry, no estuvieras aquí porque el hombre que disparaba a tu cabeza, fue evitado – trata de explicar, Candy.
¿Qué quieres decir? – cuestionaron los Grandchester.
Que un hombre de su majestad, prefirió tirarte con un caballo que alguien te matara, no creerán que llegué hasta debajo del puente… arrastrándome… ¡lo creyeron! Bien pues no pasó así – refiere Candy cuando los demás soltaron una risotada. De Candy ya creían cualquier cosa. Terry sabía que no era una chica normal y eso la hacía más especial.
¿No lo hiciste? – preguntó con burla Abahinn.
No, ni fuerzas tenía… habíamos quedado que cuando Albert o Terry me rescataran después de que Abahinn me ayudara, iba a sacar un brazo de donde iba a ser jalada de la silla y tendría una caída sobre mi disfraz y montañas de paja… - siguió Candy contándolo.
Entonces el golpe del vientre… - George quiso explicárselo.
Me lo hice cuando el Dr. Pereyra me soltó de las cuerdas en mis muñecas – prosiguió Candy.
¡Pero él sabía que estabas embarazada! – gritaron todos.
Parece que se le había olvidado… - resolvió decir lo único de lo que sí estaba segura.
Así es, no sé cómo, pero él parecía sólo interesado en salvarme y cuando salía conmigo, Lemarque le disparó y murió rápidamente – comentó Abahinn entendiendo todo.
Pobre hombre… - refirió Sir Campbell.
Entonces, ¿quién te sacó? – preguntó el rey.
Abahinn, Amir creo… Mickael se apareció delante de Lemarque y lo apresó… fue muy fácil en realidad… - respondió Abahinn un poco contrariado.
¿Tú la sacaste? – preguntaron a Abahinn, viéndola como era que lo había hecho si todo el tiempo se quedaron casi juntos.
Más bien, se la pasé a Amín y sus hombres hicieron el trabajo de subirla al caballo de su esposo... – confesó Abahinn.
¡Ese hombre no se va a detener! – recapitulo Sir Campbell. ¡Esta persecución del gato y el ratón debe terminar, ya! – declaró molesto.
Debe hacer algo para detenerlo… - pidió Sir Campbell, observando a cada uno de ellos, pero nada salió como lo esperaban.
¡Sabemos dónde está! – atestiguó Terry.
Necesitamos sorprenderlo, es por eso que despedí a los del tribunal, hemos cumplido los meses de duelo, lo único que está siendo observado es el camposanto y la mansión, de ahí en fuera los demás ya se retiraron… - aseguró el rey.
¡No lo harán con ellos, están muertos! ¿Recuerdan? – preguntó George.
¡Pero él no lo sabe… y eso es lo que utilizaremos a nuestro favor! – respondió el rey.
¡Me opongo! – Abahinn sabía lo que pasaría con ese plan, es más lo intuía.
Señor, el plan ya ha sido puesto en marcha… debemos… - Amin decidió continuar.
¿De qué hablas Amín? – quiso saber Abahinn que no era una mirada asesina, pero sí de advertencia.
Nada de importancia… – Amín respondió o eso estaba haciendo cuando…
¿Qué están planeando hacer? – preguntó Sir Carnegie.
¡Nada…! – aseguró Amín, cielos ¿cómo iba a salir de esta?
¡Yo los apoyo! – se ofreció Abahinn.
Pero no estamos haciendo nada… - refirió el rey, no quería informarle lo que el Tribunal o parte de este había acordado.
¡No les creo! ¡Candy! – Abahinn llamó a la rubia.
¡Es verdad, no estamos haciendo nada! – exclamó Candy sin verlo, pero el rey le había pedido calma con la mirada.
No pueden hacer nada ya, esto es entre Sir Campbell, su majestad, Sir McDougal, Sir Abercrombie, Sir Andley, Amín, Richard, Alfred Carnegie, mis padres y yo – refirió la rubia, así habían quedado y no era nada emocionante.
¡Los demás también podemos ayudarlos…! – reconvino Terry y Abahinn al mismo tiempo.
No, no pueden hacer nada y menos tu muchacho… - comenzó a explicar el Rey.
¡Papá! – exclamó Terry, lo habían excluido a los dos sin miramientos.
¡Nada de papá! – reprendió Richard a Terry.
Yo puedo… - Abahinn por su parte quería hacer algo, algo más.
¡No, no puedes Abahinn! – entró Alfred en la discusión, recién había bajado de un caballo y no tenia ganas de discutir con su hijo.
¿Por qué? – pero el joven rebatió, él debía hacer algo.
Puedes cometer un error muchacho, debemos ser más cuidadosos… - intervino su majestad y como era obvio al muchacho no le gustó, así que tomando su chaqueta comenzó a caminar hacia la salida.
¡Abahinn espera! – su padre le llamó y Amín lo siguió.
¿Qué es lo que tengo que esperar Amin? ¡Tú lo sabías y no me dijiste nada! – replicó enojado.
¡Di mi palabra hombre…! - respondió enfáticamente.
Todos ayudan menos yo – se quejó botando al piso todo lo que se mano contenía, Amín se limitó a sonreír, Abahinn ¿estaba haciendo berrinche?
Tú ya hiciste demasiado Abahinn, debes pensar mejor en quedarte aquí – soltó, pero él bien sabía cuál era la razón.
Y ¿por qué tú sí puedes? – y ahí venía, él sabía que había sido descubierto.
Porque a mí no me vio Lemarque, ni sabe que existo. ¡Entiéndelo! – respondió y estaba en un error.
¡Eso es lo que tú crees…! – Abahinn tenía información que nadie más poseía.
Entonces ellos no son los únicos que esconden secretos… - susurra Amín al ver que su amigo también esconde información.
Él sabe de ti, pero no sabe que eres Amín Ata, solo que ayudas a este clan – suelta Abahinn.
¡Grandioso, debía pasar inadvertido! – exclama con las manos en alto para "quejarse" de no haber sido un fantasma.
Pues no, cierto, Lemarque no te conoce, pero tampoco has pasado inadvertido… - asegura Abahinn.
Bien, ahora ¿qué hacemos? – cuestiona Amin, que ahora sí que está preocupado.
¡Nada…! – responde Abahinn.
¿Cómo que nada? – cuestionó Amín.
Necesitamos que los Andley estén bien… ¡ya lo oíste! – refiere Abahinn.
¡O sea que estamos atados a la mansión! – exclama Amín, sonriente.
Sí, ninguno de los dos y por no decir todos no están en condiciones – se acerca Alfred tan paciente como cuando despidió a Candy y Albert.
Resuelto, hay que esperar. Señora ¿cómo se siente? – Abahinn se acerca a Candy y le pregunta, pero Alfred sabe que su hijo no esta contento del todo y lo nota en lo irónico de su pregunta a Candy.
Mejor, gracias – Candy desconcertada agradece la preocupación, pero también sabe que no es una pregunta de cortesía.
Un momento, ¿aquí había alguien que lo sabía todo? ¿Quién fue? – cuestiona de pronto Abahinn cuando observa que Candy sonríe por lo bajo.
El rey… - informa Sir Campbell.
¿Alguien más? – comienza a ver a cada uno de los que están allí presentes.
Amín… - responde nuevamente Sir Campbell, ya ha intuído hacia donde quiere llegar.
No yo no sabía todo, todo… - Amín dice la verdad, no lo sabía todo, solo lo que Albert y Candy le habían contado en el barco y lo que su majestad le informó por carta.
¡Confiesen! ¿Quién lo sabía? – cuestiona Abahinn.
¡Nadie de aquí lo sabía, Abahinn…! - Albert interrumpe y Albert casi nunca habla.
Esperen, hubo sólo una persona que permaneció en Londres, una que no insistió en llegar con nosotros a Escocia mientras todos nos desvivíamos por llegar aquí… - Abahinn comienza a contar quienes de ellos estaban aquí y quienes estaban en Londres con él, sí, solo había alguien que no había llegado con los chicos.
¿Quién es esa persona? – preguntó Terry que quería saberlo.
Buenas noches, ¿se encuentra su majestad el Rey Jorge V disponible en estos momentos? – cuestiona un caballero en la entrada de la mansión que llegaba en esos momentos a quien le abrió (John).
¿Su majestad le buscan? – George que va a ver quién era, regresa a avisarle a su majestad.
¿Quién me busca, George? – cuestiona su alteza real.
Richard, nos puedes decir, ¿quién es la persona que dices? – Abahinn los presiona.
Soy el señor…, ¡hola, pequeña señora! – saludó el hombre sin hacer caso de los demás.
¿Usted es el que tramó todo esto…? – cuestiona Abahinn sin poder creerlo, tan tranquilo que se veía.
Sí fui yo, a sus órdenes, mi nombre es… - se interrumpió el señor cuando su hija apareció allí delante de él, tratando de llegar con las pequeñas fuerzas que trataba de tener para abrazarle.
¡Papá…!
Continuará…
