¡Hola chicas, disfruten de este último capítulo y esperen el epílogo!
Capítulo LXIII
Candy y Albert fueron recuperándose, hasta que un día que nadie se lo esperaba, Candy salió de la mansión para dar un paseo y de pronto se encontró con la oportunidad que todos estaban esperando, nadie parecía seguirla, regresando a la mansión tomó un caballo que estaba afuera, era muy temprano por lo que imaginaba que era de Richard o quizás del señor Brighter, por lo que sin hacer ruido salió caminando de ahí. Ella sabía dónde se encontraba Lemarque, así que fue hasta la casona, donde se encontraba ese hombre para matarlo, se llevó medio día en llegar hasta allí y al no ser vista por nadie, tomó ventaja de ello… Llegó hasta la casona y se bajó oportunamente del caballo, lo amarró en un árbol detrás de la casona y se escabulló hacia en donde creía que él se encontraba sin contar con…
¿Mire a quién tenemos aquí? La que estaba muerta… - refiere Lemarque asustándola y Candice se preocupó por su seguridad.
Conde…. Duque Lemarque – lo llamó asustada cuando lo vio.
¡Cuánto tiempo! – exclamó él.
Estuve muerta un tiempo, claramente, pero una familia me acogió cerca del lago, mi familia aun no me ve – aseguró ella para no levantar sospechas.
¡Ni lo hará, Señorita Andley! – le aseguró ahora el Duque Lemarque.
Señora… - corrigió Candy con cautela.
¿Qué dices? – Lemarque contrariado quiso saber.
Me casé con William, mi esposo es Sir Andley – aseguró ella a sabiendas lo impresionado que se encontraba.
Eso sí que no lo sabía… - comentó decepcionado rodeándola.
Mientras en la mansión
¿Alguien sabe dónde está Candy? – pregunta Amín desperezándose.
Les dije claramente que quería mi caballo ensillado – advierte Richard enfadado.
Señor, le juro que lo ensillé desde muy temprano en la mañana… - aseguró John extrañado por ello.
Esperen, ¿cómo que ensillaron un caballo? – pregunta Amín interrumpiendo su bostezo.
Sí, hoy tenía que partir al Tribunal – refiere Richard, dándose la vuelta.
¿No está entonces el caballo? – cuestionó Amín.
No – respondió Richard y John.
Revisa si los Andley se encuentran en sus habitaciones… apúrate John… - ordena Amín impaciente.
No está Sir Andley en su habitación – refiere John.
Esta con el rey, ¿sucede algo? – asegura George.
Y Lady Andley… ¿está? – cuestiona Amín con gran pesar y bajando el rostro se entera de eso que presiente.
No está… - le dice John asestándole un mal presentimiento.
¡No! – grita Amín despertando a todos.
¿Qué sucede? – preguntan todos casi al mismo tiempo.
Bien, maldición, la señora Candice ha escapado, rápido ensillen mi caballo – ordena Amín alertando a los demás.
¿Qué pasa, John? – cuestiona George cuando pasa por ahí.
La señora Candy se ha ido en el caballo del Duque de Grandchester – explica John, saliendo lo más aprisa que puede.
Espera Amin, te acompaño… - dice Sir Campbell colocándose la chaqueta.
Aprisa – lo apura, dando de vueltas en la entrada.
Salgamos todos por atrás – ordena el rey que no puede tolerar esa posición.
¡Bien, vamos! – todos corren hacia la entrada y se dirigen al establo por la parte de atrás de la mansión.
Y así su alteza, Alfred Carnegie, Abahinn Carnegie, el jeque Amín, Terry, Richard, Sir Campbell, Sir McDougal, George y el señor que había llegado apenas anoche, salieron de allí apenas se hubieron cambiado, a galope era como mejor lo soportaban el haberse descuidado de sobremanera, pero esto no era del todo cierto, Amín se preocupaba de más, debía llegar a la casona lo más rápido posible o si no lady Candice podría morir.
Entonces debo suponer que tu marido sabe ¿dónde estás? – cuestiona Lemarque dando la vuelta y observando como su esbelta figura permanece allí.
De hecho, no, he tomado este camino por impulso – explica Candy, aparentemente segura.
Creo que debes saber que mi hijo tiene unos meses desaparecido… - refiere Lemarque.
¿En serio? No lo sabía, la última vez que supe de él fue en San Pedro – le dice ella, sabiendo que ella dice la verdad.
Yo también y sólo me escribió un par de telegramas… sabes la última vez que te vi aquí lucias más voluminosa… - Lemarque sigue teniendo la idea de que Candy estaba en cinta, así que se lo sugiere.
Era el traje que portaba ese día, muy pesado, por cierto… - responde ella chasqueando la boca.
Sabes, a mi más bien me pareció que estabas en cinta – confiesa él, debe de quitarse toda duda de ello.
¿En cinta? ¿A los quince años? Eso no es bien visto sabe y sobre todo por mi juventud, en mi familia que no conocí, pero que otras personas que si la conocieron me dijeron que, de sus quince hijos, solo yo sobreviví – refiere Candy, ella no conocía a sus padres, pero le pareció buen argumento.
¿Quince hijos? ¡Son muchos, no te parece! – Lemarque sabía que eso era cierto, era moda en esa época tener muchos hijos.
¡Pues si eh, ahorita que lo pienso, así es! – respondió ella colocando el dedo índice debajo del mentón.
En el futuro…
¿Cómo estás? – preguntó un hombre a Candy.
Bien, ¡tu hijo da una lata… impresionante! – refiere ella medio viéndolo cuando le da un beso.
Eso es bueno, es bueno que mi hijo este dando lata, te recuerdo que quisiste tener un hijo mío además de los tuyos…. – advierte el hombre.
Lo sé, pero no sé en qué estaba pensando… ayer casi no pude dormir…. – recuerda, porque eso era muy interesante.
¡Ay mi amor… pareciera que ha pasado mucho tiempo…! - recuerda ahora el hombre. Candice han pasado seis años, por cierto, tus diablillos vienen hacia aquí – le advierte ya que los ha visto que corren hacia ella y detrás viene su padre.
Se parecen tanto a él… - añora Candy.
Lo sé, sé que se parecen a él, pero… Candy, él hizo lo mejor para ti… - suelta con pesar.
Lo extraño mucho… - Candy se limita a suspirar.
Lo sé, pero han pasado seis años, que te hayas casado conmigo Candy, es lo mejor que me haya pasado…. Convencerte me costó tanto, que cada día lo valoro más… - recuerda él, todo lo que ella le hizo a él y no a Terry.
Pasaste por encima de Terry, ¿qué esperabas? – la rubia lo reprendió y él se limitó a bajar el rostro apenado.
Bueno, debes reconocer que hizo su lucha… pero te amé desde que te conocí, desde muy pequeña – explica de modo sutil.
Le recuerdo que la señora debe descansar – avisa la enfermera.
Lo sé, no te demoro más, espero que entiendas que tu parto será difícil, te lo ha dicho el médico – recomienda él cuando se dispone a dejarla en la recámara
Sí, espero que no sean tres de nueva cuenta, te imaginas, tendríamos seis hijos – Candy ha rezado todo el tiempo por ello.
¡Demasiados…! – el hombre se queja. Descansa linda, te veo en la noche… - él se despide.
¡Cuánto añoro trepar árboles…! - suelta de repente, suspirando.
¿No estarás hablando en serio? – le cuestiona, que ni se atreva.
Sólo digo, lo extraño mucho… - responde ella con una sonrisa fingida.
Ni lo intente señora, no queremos que esos bebés sufran lo mismo que los otros… - le recuerda.
¡Aguafiestas! - responde con más pena que otra cosa.
No se enfurruñe, por cierto, tu madre llega en dos horas… - le avisa y se queda mirándola.
¡Ella es más aguafiestas que tú! – le reclama de nueva cuenta.
Mi padre llega en media hora, al paso que va, los niños le habrán ganado – asegura cuando ve a su padre a lo lejos, tratando de alcanzar a los nietos.
¡Qué divertido! – exclama subiendo las manos.
Señora Constanza – le habla el esposo que conversa con Candy.
Sí señor – responde la mucama de Candy, atenta a sus indicaciones.
Cuídela y regáñelos si es necesario – le señala a su esposa y a sus hijos, que vienen corriendo hacia el castillo.
De acuerdo, que tenga buena tarde – le desea Constanza y sale del dormitorio.
Gracias – responde él mientras rodea la cama. Nos vemos pronto Lady Carnegie – le da un sonoro beso.
Nos vemos pronto Abahinn – pero ella lo detiene del cuello haciendo que se espere, ella lo quiere disfrutar mucho más. Aún me debes la noche de ayer, hoy te la cobro - advierte volviéndola a besar.
Recuerde que no puede… - le advierte.
Seré cuidadosa, te lo prometo – ella sonríe y le regresa el beso.
Bien, no te vayas a levantar ni porque tus diablillos te obliguen eh – creo que Abahinn deseaba quedarse con Candy.
Lo sé, hasta pronto… – ese fue su último beso, apenas su esposa dejó sus labios y se encaminó hacia la salida.
Adiós esposo – deseo Candy.
Adiós esposa – esas dos palabras eran la despedida de ellos desde que Albert se había dejado matar por salvarla a ella.
Fin
Bueno chicas ya hablando en serio, continuamos con el siguiente capítulo
Capítulo XLIII
¡Papá! – corre Annie hacia su padre, emocionada.
Sr. Brighter, ¿cómo ha estado? – lo saluda con felicidad de saberlo ahí.
Sr. Brighter es mi nombre, por supuesto – refiere el castaño, que abraza a su hija.
¿Usted fue? – cuestiona Abahinn, quizás no se haya dado cuenta de que él fue el único que se quedó en Londres.
Sí, fui el que se quedó en Londres y apenas llegó, al parecer todos se olvidaron de mí, menos mi pequeña hija – refiere abrazando a una delgada Annie.
¡Ya no soy tan pequeña papá! - reclama ella.
Apenas tienes quince años, por supuesto que eres pequeña, ¿te sientes bien? – pregunta él acariciándole el rostro cuando se colocó a su altura.
Dentro de lo que cabe… - responde ella.
¿Es usted quien armó todo esto? – preguntó Abahinn, no salía de su asombro sobre todo cuando no se veía como un hombre que tomase decisiones de ningún tipo.
Creo que ustedes saben ¿quién lo hizo? ¿Verdad Candy? – refirió el señor Brighter observando como la rubia ladeaba la mirada y después observaba las decoraciones de ese techo que había visto el ultimo mes, si acaso 4 veces.
Se los dije… - acertó Abahinn, si Candy había planeado todo esto, como es que Albert había dicho que él lo ordenó.
Tenías razón Candy, ¡nadie me creería que me haya prestado! Yo, el hombre que parece recto y silencioso – exclama el señor Brighter, sentándose al lado de su hija que en estos momentos le abraza. Nadie creería que una persona como yo hubiese urdido la parte más importante del plan… reunirlos a todos no fue sencillo y de eso, George no puede decir que se le ha abandonado totalmente – refiere haciendo que George le vea con otros ojos.
Se lo dije… - sonríe Candy, cómo es que nos conocía tanto.
Candice ¿qué haces fuera de la cama? – cuestiona la Hermana María cuando los ve a ambos sentados a la par en un sólo sillón y colocando los dorsos de las manos a los lados de sus caderas.
Platicando… - refiere la rubia.
Lo veo detenidamente, ¡ustedes dos deben descansar! - refiere la hermana.
Y está peor que la señorita Ponny, Hermana María – sonriendo Albert ayuda a su esposa a levantarse para después comenzar a caminar.
¡Anden, sin discutir, arriba! – les dice, ansiándoles que comiencen a caminar.
Te acompaño… - refiere Annie a Candy que alegremente se levanta para ayudarla.
Bien, vamos Annie – responde la rubia mientras la Hermana María comienza a caminar detrás de ellos.
Annie, ayuda a Albert, yo ayudaré a Candy – ordena la Hermana María haciendo que Annie se dirigiese hacia el rubio.
Bien, en un momento voy a verlos… - aseguró el señor Brighter.
Los verá cuando hayan tomado una siesta señor Brighter, por favor – le pide la Hermana María.
Por supuesto Hermana María, con su permiso iré a dejar mis cosas a mi habitación, ¿alguien sabe dónde queda? – pregunta el señor Brighter.
Te indico papá, de echo estas justo enfrente del señor Andley – exclama a lo lejos Annie y su padre se reúne con ellos en la escalera.
Padre e hija se dirigen a las habitaciones indicadas y desaparecen en la parte de arriba.
Y bien, ¿qué haremos ahora…? – cuestiona Abahinn que no da guerra sin cuartel.
Lo mismo que hacemos todos los días, esperar – y eso precisamente hicieron a partir de ese día, pero antes, la señora Elroy se encontraba cuidando a Candy, exactamente cuando le daba de comer, le cuestionó.
Candy – la llamó.
Sí tía Abuela, ¿qué sucede? – presta atención cuando la matrona no sabia si sacar el tema.
Tus hijos… - se interrumpe de repente.
No los conoceré, aún no es tiempo – asegura ella haciendo que la matrona no crea que no quiera conocer a sus hijos.
Pero Candy… - objetó la matrona.
Sí los veo, no podré hacer la siguiente parte del plan señora Elroy, ¿me entiende? – responde la rubia con firmeza, lo que Candy no quiere es que la señora Elroy lo tome como desinterés.
¿Cuál siguiente parte? – preguntó la matrona, sacando a Candy de la conversación ya que no esperaba que la señora se fijara en ese detalle.
No puedo decírselo, tía abuela… - termina Candy tajante.
William ya conoce a sus hijos… - refiere molesta porque Candy no le tenga confianza.
Lo sé, él si puede hacerlo, yo no – le informa con demasiada templanza.
¿No los amas? – le recrimina ya que no puede creer lo que ella piensa.
Sí, pero porque los amo, es que no debo conocerlos… - explica, lo que más deseaba es que la tía abuela no insistiera en el tema de conocer a los hijos.
Cualquier madre ansiaría conocerlos… - soltó con un dejo de culpabilidad, no entendía nada.
Y lo ansío, no me acuerdo mucho del parto, ¿por qué piensa que no lo hago? – cuestiona sin ánimos de seguir contestando.
Porque no te entiendo Candy, otra madre en tu lugar, sería lo primero que haría, ¿no quieres a tus hijos? - cuestionó la señora Elroy.
Los amo tía abuela, pero sé que, si los veo, minará la valentía que necesito para atrapar a Lemarque- responde rápidamente.
Pero si ya estás muerta, bueno eso es lo que para todos sucedió – responde de la misma forma.
Lemarque… le voy a decir algo, pero necesito que no se lo diga a nadie, necesito que esto que le voy a decir no se repita – pide Candy haciéndola entender que nadie más sabe esto.
¿Qué sucede Candy? Dime lo que sea, antes no pude darte lo que esperabas de mí, entiendo si me tienes desconfianza, pero ahora todo es distinto, hubiese querido que fuese diferente y no lo es – la tía abuela de pronto se pone triste, pero ahora que todo esto ha pasado es que se ofrece a ayudarla.
Debemos olvidar el pasado, sé lo de mis padres… los Borthwick son mis padres biológicos, el doctor Pereyra me contó todo en el barco, sé lo que sucedió y fue su padre quien me dejó en el orfanato. Sé también que mi hermana y mis mejores amigos están desnutridos y maltratados, que sus espíritus maduraron más de lo normal y que además todos piensan que armé este plan – comienza a explicar la rubia.
¿Lo armaste, Candy? – pregunta la señora Elroy.
No, lo armamos todos, se necesitaba detener a Lemarque y sus ambiciones… Lemarque sabe que mis padres no son estadounidenses – informa la rubia.
¿Qué cosa? ¿Sabe que eres escocesa en realidad? – pregunta angustiada, el que Lemarque sepa lo de los Borthwick le parece muy peligroso para la seguridad de la familia Andley.
Sabe que soy de orígenes europeos, no que soy escocesa realmente – informa sin verla.
Sabe que eres o que podrías ser de la realeza – cuestiona ansiosa.
No lo sé tía abuela, pero no lo dudo que lo esté investigando, él supone que sigo soltera y que mi tutor es William… así que creo que piensa que sigo siendo buen partido para su hijo – Candy no quería preocuparla de más dado que no lo sabía.
Pero el conde no aparece… - refiere la tía abuela.
Lo tiene el Duque de Grandchester, espere – Candy le pide paciencia y además ve que lady Abercrombie se acerca a la puerta.
¿Se le ofrece algo Lady Andley? – pregunta la esposa de Sir Abercrombie.
Sí Lady Abercrombie, puede traer a sir Campbell, Sir Carnegie, Amín y al señor Brighter por favor, sin que nadie más se dé cuenta – solicita la rubia.
Sí Lady Andley, en un momento los traeré. Permiso – informa Lady Abercrombie saliendo de esa habitación tan rápido como entró.
Gracias, Lady Abercrombie – la rubia agradece y sigue comiendo.
Pase usted, esto que le he dicho no es lo último, necesito que tome usted en cuenta que sólo usted puede ayudarnos, si no lo hace por mí hágalo por Annie, Patty, Stear y Archie – Candy quería lograr el objetivo planeado desde un principio.
Pero, ¿que es lo que haré? - cuestionó la matrona.
En un momento se lo diremos… - refiere Candy, odiaba tener que inmiscuirla, pero era ella o nadie.
Esto ¿lo tenían planeado? – refirió la señora Elroy, averiguando si el meterla era a propósito.
No tía abuela, esto se lo están pidiendo ellos y mis hijos… usted después de oír, puede o no aceptarlo – le dio a elegir, pero haciendo hincapié en que lo debería de hacer por los chicos o por la tranquilidad de sus hijos.
Veinte minutos más tarde…
¿Ya estamos todos? – cuestiona Candy que estaba dejando sus platos de comida en una bandeja que se encuentra al frente, Lady Abercrombie la recoge y sale.
Sí señora - responde afirmativamente Amín, cerrando la puerta.
Ya platicó con lady Andley, madame Elroy – cuestiona Sir Campbell sonriendo.
Apenas, ¿qué sucedió? Candy… - la matrona quiere saber de qué se trata.
Lemarque sabe que su hija mayor está en el clan Andley, pero no sabe ¿quién es? - explica Sir Campbell.
¿Qué cosa? ¿Estas hablando en serio? ¿William lo sabe? ¿Qué han hecho ustedes? – la señora Elroy espantada comenzó a acribillarlos con las preguntas.
¡Cálmese madame! – pide el señor Brighter.
¡Cálmese! ¿Cómo quieren que me calme? Él no puede creer que… ¿Annie es o Patty? – exclama ofuscada.
O Elisa… - sugiere Alfred.
Cierto, me había olvidado de Elisa… - respondió la matrona.
El caso es que somos tres las que podríamos ser hijas, no precisamente ellas… - explica Candy. Soy la que más se parece a mi madre… - refiere de igual forma.
Así madame Elroy, ¿cuánto cree que Lemarque tardará en averiguarlo? – le pregunta Sir Campbell a la señora Elroy.
Hemos escondido a los Borthwick cerca del Tribunal durante este tiempo y recién han llegado a este lugar – explica Alfred.
Si tan sólo tuviéramos información de primera mano… - expresa Sir Campbell con pesar.
¿Como de quién? – alguien quiso preguntar sobre la persona que buscaban en realidad.
De mi tío Alphonse, pero sólo sabemos que Buchan y él eran aliados… - explica Candy.
Candy… lo tenemos – Amin suelta sin que ella lo entienda.
¿En dónde? – pregunta ansiosa y lista para salir de la cama.
En el establo… - refiere Alfred.
Tengo que hablar con él… - Candy comienza a ponerse la bata y es detenida por Sir Campbell.
No Candy, no puedes, te vería viva… - Amín le recuerda.
Cierto, ella no puede, pero yo sí – se oye una declaración abierta.
Sir Carnegie, ¿es en serio? – pregunta Alfred.
Muy en serio, si mi hijo no tiene el temple, sé que un buen amigo me ayudará… - es obvio que habla de Amín.
Por supuesto que tengo el temple papá, tú me dirás ¿qué es lo que tenemos que hacer? – se llenó el ambiente de la gruesa voz de su hijo.
¿Qué haces aquí Abahinn? – preguntó Alfred.
Los hombres más importantes son llamados por lady Abercrombie y esperas que no haga nada – reclamó Abahinn, no podría haber más secretos.
Bien, por lo visto no nos libraremos de ti, ¿verdad, muchacho? – preguntó Sir Campbell que suponía lo que quería hacer.
No, por más que quieran sacarme de aquí, no lo lograrán… - suelta Abahinn haciendo que los demás hombres rían por ese atrevimiento.
Vamos Abahinn, se nos hace tarde... – Alfred lo apura.
Esta aquí al lado papá, ¿a dónde quieres que vaya? – le pregunta Abahinn enfadado.
Espera… Sir Campbell – le dice a su papá cuando detiene a Sir Campbell.
¿Qué pasa? – pregunta el hombre.
¿Qué es lo que hará con Lady Andley? – cuestiona Abahinn ese suceso que ella al parecer había dejado de lado.
Tiene que conocer a sus hijos… ahora y no después de esto, ellos tienen que ser su motor para lo que viene… - advirtió Sir Campbell.
¿Qué es lo que viene papá? – preguntó Abahinn de curioso.
No seas indiscreto hijo, no viene nada. Espero que no quieras conseguir otro tipo de información. Su alteza… - Alfred saluda al rey cuando evade la pregunta de Abahinn.
¿A dónde va Sir Carnegie? – pregunta su alteza.
Abajo… - responde.
¿La verdad? – su majestad presiona.
Con Sir Alphonse Buchanan – termina diciéndolo, a él no le puede negar nada.
¿Por qué? – cuestiona, sigue presionando a todos.
Porque necesitamos información sobre Lemarque – Alfred lo confiesa.
Lo acompaño – el rey se ofrece para ejercer presión.
Pero su majestad… - Abahinn protesta.
No le estoy preguntando, vamos – y sí, su majestad salió seguido por todos.
Sí su majestad, Abahinn – al chico solo le quedó decir que sí cuando su padre respondió esto.
Estoy justo detrás de ti papá – todos salieron de allí, pero el rey, Alfred y Abahinn son los que estaban ya saliendo por la cocina en dirección al establo.
Abahinn, Sir Carnegie y su majestad se encaminaron al establo, los dos soldados apostados a su resguardo se mantenían en silencio y ambos saludaron a su majestad cuando pasaba por la entrada, después volvieron a su posición anterior.
Buenas tardes Sir Buchanan – saludaron los hombres, levantándose rápidamente.
Su majestad, tanto tiempo de no verlo. ¿Qué me cuenta? – se levanta Sir Buchanan, pero egocéntrico como siempre.
No sea insolente Sir Buchanan – reprende Sir Carnegie.
Perdone su majestad, ¿en que puedo servirle? – preguntó Sir Buchanan con seriedad.
¡Cuéntame todo lo que Lemarque te dijo…! - pide Alfred, sin que el hombre se diera cuenta de quién se encontraba ahí.
Eso señor, no se lo puedo contar – refiere Alphonse, con lo que Abahinn decidió presentarse.
Pues si no es por las buenas será por las malas – exclama el joven Abahinn.
¡Lord Straigth! ¿Qué hace usted aquí? – pregunta Alphonse.
Mi nombre no es Lord Straight, mi nombre es Sir Abahinn Carnegie…
¡Traidor, te vendiste!...
Continuará…
