Hola chicas, hasta que actualizó, lo sé lo siento, me han sucedido tantas cosas que si yo les cuento escribo una novela de cuatro tomos. Decidí publicar que, aunque no fuese mucho espero que vaya subiendo como vaya actualizando y en partes (I, II y III). Ya sé que algunas ya le habrán perdido el hilo, pero de verdad que ya quiero terminarla. Estaré actualizando las demás novelas, ya lo verán ahora si muy aplicadita.

Capítulo LXVI

Buenas noches Sir Abahinn – saluda Candy quejándose del dolor que se cuerpo aún tenía.

Lady Andley, ¿qué hace levantada? ¿Cómo llegó aquí? – cuestiona Sir Abahinn.

¡Arrastrándome! – resuelve contestar la rubia. Tranquilo, caminando... – sonríe intentando sentarse sin mucho éxito.

¡Déjeme que la ayude! – ofrece el joven, pero es detenido por Candy.

No gracias, ya no quiero causarle más problemas a usted – la rubia retira la mano que le ofrecen y un molesto Abahinn responde.

Pero no puede andar bien todavía… - exclama Abahinn.

¡Suélteme! ¡No decía que si pude ir y venir, que si pude armar todo este plan… no cree que también soy capaz de arrastrarme hasta aquí para darle una explicación de mis acciones! – grita Candice que logra acomodarse para sentarse cuando se siente jalada por Abahinn.

Lo siento lady Andley, no quería decir eso en… realidad – aceptó de mala gana Abahinn.

No, no quería, pero lo dijo, así que podría soltarme, que bien puedo llegar hasta mi asiento… sola – reclama ella soltándose de su agarre.

¡Perdóneme, lady Andley! – se disculpa nuevamente con ella.

Sé que estas molesto y podría entender que hasta enojado y no pretendo decir que no lo hagas, pero entiende de una vez por todas que no los usé – repite la rubia cansinamente.

¡Sí claro! – refuta el joven hombre.

Pues me importa un rábano si me crees o no... bien... quería ofrecerte una disculpa por si te habías sentido ofendido por haberte salvado la vida – suelta ácidamente la rubia, ya estaba desesperada por la actitud entendible del joven.

¿Salvado la vida? – cuestiona el muchacho.

Sí, salvado la vida, aunque lo diga de ese modo, dime dónde está la cortada que te hizo Lemarque con el cuchillo que llevaba en la bota o el disparo que te dio en la pierna o los latigazos que te dio en la espalda con el fuete, dime dónde están porque te juro que te besaré cada una de las cortadas, agujeros o lesiones que tengas en todo tu cuerpo – declara fehacientemente la rubia haciendo que más de uno reaccione de manera preocupada por lo que acababan de escuchar.

¡Candy! – se oyó el exclamo de los que se suponían que no estaban allí.

¡Lady Candice! – pero al mismo tiempo se oyó a Abahinn.

Abahinn nunca pensó que Candice lo trataría así, pero tenía razón, a él no le había pasado nada...

En vista de que no tienes ninguna de esas lesiones, ¡me crees que te he salvado la vida! – recapitula tomando un poco de agua, de una jarra cercana a ella.

Sí señora, me has salvado la vida y por ello te doy las gracias – reconvino el joven hombre.

Pues qué bueno que lo entiendes, el disparo que le dieron a Richard era para ti. Los latigazos que le dieron a Mickael eran para ti – informa Candice.

¿Y la cortada? – cuestiona Abahinn dado que la rubia se detuvo.

¿La cortada? Esa fue para mí, pero no logró su cometido, se lo impidió el relicario de la hermana María – contó la rubia, sonriendo.

¡Lady Andley! – exclamaron en susurros.

Bien, una vez aclarado eso...remontémonos a unos años atrás, hace diez años tenía 6, la familia Brighter acunó en su familia a Annie, después de un tiempo ella me escribió para decirme que ya no podía seguir haciéndolo más porque la señora Brighter consideraba que no era bien visto y tampoco quería que se enteraran de que éramos huérfanas, así que al sentirme herida salí corriendo del hogar y me interné en el bosque y ahí me encontré con el Príncipe de la Colina, lo que no sabía es que él, era Albert que años más tarde se convertiría en mi esposo. Unos meses después la familia Leagan lo intentó hacer conmigo, pero nunca quise ser una señorita educada como una muñequita de porcelana y eso creo que lo sabes – refiere Candice observándolo.

Sí, llegó con los Andley un tiempo después y conociste a Anthony, Archie y Stear - refirió Abahinn.

Anthony y yo nos hicimos amigos muy especiales y una tarde de verano nos declaramos nuestro amor... pero tiempo después sucedió el accidente del día de caza y fue muy funesto para mí – Candice siguió relatando su historia.
En esos cuatro años conocí el lado más lindo de Albert porque siempre estuvo allí cuando más lo necesitaba. Hubo un tiempo en el que Niel y Elisa me acusaron de robar una joya de su madre y en castigo iban a enviarme a México, que junto con el señor García cambiaron mi lugar con el de Dorothy. El tío abuelo William hizo que me salvaran, no te imaginas ¿quién fue la persona que me salvó? – cuestionó Candice atenta a su respuesta.

George... – susurró el joven hombre.

Sí, George, el hombre adusto y sereno que todos creen que es, también le gusta la aventura... - celebra la rubia.

Eso nos hace creer al parecer – rebate Abahinn con recelo.

Cuando llegué a África con tu padre, él fue una pieza importante para mí recuperación, sí dormí todo el camino, pero en las noches iba al telégrafo del barco y me enteraba de muchas cosas que nadie supone que sé – medio cuenta la rubia.

Pero entonces ¿por qué seducir a Albert? – cuestiona claramente preocupado.

Porque tu padre y yo teníamos miedo, debía engendrar un hijo rápidamente para que Albert agilizará el proceso de prometida a esposa y se necesitaba ya – explica ella.

Pero… ¿cómo aprendió? Perdón... no quise decirlo así – aseguró Abahinn que se ganó la reprimenda de varios de ellos.

Digamos que sólo dije unas cuantas palabras y sabes cuán es mi esposo de celoso que no soportó que pensara en otro hombre – decidió decirlo de esa manera, dado que si explicaba como sedujo a su ahora esposo ni lo creerían, ya que ella tampoco lo creyó en su momento.

¡Terry! – susurraron todos.

Sí, Albert no toleró la idea de que hubiese o que conociese íntimamente a otro hombre más que a él, así que sólo lo provoqué y fue todo. Vamos Abahinn no me vengas ahora con decoro, si bien sé que antes de que Alfred te legara su título usabas este para seducir jovencitas vírgenes, así que no vengas a asustarte eh – le confiesa, no exactamente fue Alfred quien se lo dijo.

¡Eh! Pero, ¿cómo lo sabe? – Abahinn intentó decir algo sobre ello, pero n podía salir de su asombro.

Ya te dije lo del telégrafo y otras tantas conversaciones de caballeros que he oído – termina diciendo, de hecho, había sido una conversación que no debería de haber escuchado.

Mi padre no debió contarte eso, no crea que no me avergüenzo de esas acciones – Abahinn se encontraba apenado por esas confesiones que creía haber salido de su propio progenitor.

Vamos Abahinn, no soy quién para recriminarle por acciones del pasado, aquellas jovencitas tenían también altas aspiraciones... tu clan no te hubiera permitido casarte por fuera, lo sabes bien – reconvino terminar esa conversación.

¿Por qué me cuenta todo esto? Ya lo sabía… en parte – confesó Abahinn.

Lo que no sabías era que Lemarque les dijo a los militares alemanes que yo era una alumna del real colegio San Pablo… - suelta observándolo todo.

¿Él lo sabía? – cuestiona.

Indudablemente, él lo supo desde el principio y la hermana Grey pecó de despistada, confió mucho en él – reconvino la rubia, ese comentario debía informarse.

¡Vaya...! ¿En dónde entra Amín en todo este plan? – cuestiona él.

¡Mmmh! Eso viene desde África, pero él mismo te lo puede contar y también a todos, verdad chicos que están oyendo, vengan a sentarse, ¿por qué son tan tímidos? – los invita cuando todos se asoman al comedor.

Lady Andley, ¿cómo sabía que estábamos aquí? – pregunta Amín.

Los conozco, tendremos una larga conversación… - advierte ella.

Bueno, vamos, sentémonos... – anima Alfred.

Mientras en la biblioteca…

George… - lo llama Albert.

Sí señor – se da la vuelta cuando intenta hablarle a la señora Candice que se encuentra platicando con los demás en el comedor.

Cierra la puerta, debemos hablar… - informa Albert, dirigiéndose a la biblioteca.

Sí señor, señor Brighter, ¿también usted? – cuestiona George que está sorprendido de que también esté allí.

También, George… usted dígame joven William, ¿qué haremos ahora? – pregunta el señor Brighter.

Candice y yo debemos aparecer en Holyroadhouse, a más tardar dentro de dos semanas – comenta el rubio sorprendiendo a los dos hombres que tiene al frente.

¿En esas condiciones? – el señor Brighter tiende a comentar.

Aún no nos reestablecemos, pero no importa mientras este aquí, a usted no debe pasarle nada señor Brighter – admite Albert.

Lemarque no sabe que existo de cualquier modo… - pero el valiente padre de Annie comenta su ventaja.

Eso es bueno, pero no se supone que usted y la señora han fallecido – advierte George al rubio.

Lo sabemos, pero ahora que hemos encontrado a todos, podemos movernos con otras identidades… - informa Albert pensando que todo ya está como él y su esposa lo habían planeado.

¿Cuáles exactamente? – preguntan ambos al mismo tiempo.

¡Las que sean, eso no importa! – Albert exclama a sabiendas que no podrían ser ellos.

Todas menos los Andley… - advierte el señor Brighter.

Se supone que ya ni estamos en este mundo, recuerdan – bromea Albert.

¿Y los bebés…? – pregunta el señor Brighter.

Esperen, sería una buena pantalla… pero en dos semanas ni pensarlo – a Albert parece hacérsele una buena idea, pero muy alocada.

Por lo menos tres meses… - George sonríe ante esa idea.

¡Mala idea! – el señor Brighter los reprueba a ambos.

Además, George – se interrumpe Albert…. Qué platicaste con Candice cuando estabas en la taberna – cuestiona de nueva cuenta.

Lo de usted señor y ella, el acuerdo… - George susurra.

¿Cuál acuerdo? Dónde le dije a Candice que debía obedecerme al pie de la letra – cuestiona el rubio, recordando que ese fue el acuerdo más importante de su vida.

Sí, ese… aunque la señora no me llamó para revelarme ese acuerdo sinceramente – George recuerda ese día. Señor, no me obligue a decirlo – pide él con clemencia.

George, George… aunque me muera de la curiosidad, si Candice te pidió que la vieras, no puedo violar sus confidencias, pero eso que te dijo ¿es importante para este asunto? – cuestionó Albert.

Bueno no es que sea importante… o que lo afecte… pero… - quiso decirlo, pero cuál es la parte que a él le parecía importante.

Hubo algo que dijera sobre el plan, sobre Abahinn, sobre Amin, algo por lo que se sintiera culpable…

No… sólo que sentía que este plan iba a ser bastante arriesgado si algo salía mal… - solo, eso, la señora Candice solo quería que alguien la apoyara en esta difícil tarea ya que en los alrededores de la taberna ya había visto a Lem… a alguien conocido.

¿Qué has dicho? ¿A Lemarque? – cuestionó el rubio esposo.

¡A alguien… pero no sé a quién! – terminó por informar.

No George dime si era Lemarque a quien vió antes de salir de la taberna – Albert le exigió.

Este… - George comenzó a titubear.

¡George! – ambos hombres le gritaron.

Sí… pero logramos despistarlos – argumenta el pobre hombre que siente que ha metido la pata.

¿Cómo? ¿Por qué no me lo dijo? Podríamos haber evitado lo de Terry o lo que me pasó a mí y mas importante, nuestros hijos, ¿qué hizo la cabezota de mi esposa? – exigió saber el rubio esposo.

¡Me besó a mí!

Continuará…