Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.

Notas al final del capítulo.


Tom Riddle, el niño que adoptó su destino

"Cumpleaños"

—Tom, ¿Por qué no vas a jugar con los demás? –La maestra se había sentado a su lado cuando vio que estaba en una banca, viendo pasar a los niños. No parecía afectado por la soledad, era como si estuviera cómodo con ello, sereno.

Le recordaba a los ancianos.

No le respondió de inmediato. Simplemente la miró y negó levemente para volver su vista al libro que ella misma le había dado una hora antes por el aburrimiento que presentó el pequeño en clase. Estaba sorprendida que un niño tan pequeño supiera leer y más algo tan complejo como para tener gustos, en este caso "El principito".

Pensó varias veces en si obligarlo a que jugara con los demás o dejarle leer. Pero era obvio que el pequeño no se entretenía con algo tan trivial. Así que mejor tentó un poco a la suerte.

—¿Has encontrado tu "rosa"? –preguntó intentando estar tranquila. No podía ir y preguntar algo tan subjetivo como eso. Pero no esperó a ver que el niño cerrara el libro y le viera de forma curiosa. –Dejaré que termines el libro y luego me cuentes si ya la has encontrado –Se levantó para ir a ver a los demás niños.

Tom la vio partir hacia sus compañeros que comenzaban una riña por no compartir el columpio. Chasqueó la lengua malhumorado, no le agradaba en nada la maestra pero había prometido portarse bien, no quería que la señora se enojara por eso.

Siguió la vista al libro, leyendo la parte en donde el principito hablaba de que su "rosa" era especial. ¿A qué se refería la maestra? Definitivamente no le haría caso, le devolvería el libro e intentaría poner atención, con eso le dejaría en paz.


El sonido del timbre resonó en todos los salones, dando por terminado el día de clases. Pasó al escritorio de la maestra y devolvió el libro, sin embargo ella tenía curiosidad por la respuesta que el niño le daría. Odiaba esa curiosidad en los humanos.

Tontos muggles.

Recordó que esa palabra se la había enseñado el señor, y que su cuidadora había respondido de mala gana que todos eran iguales ¿En qué? Ellos eran magos y los demás humanos, había aprendido a las malas que ser diferente en medio de ellos era malo y por lo tanto no debía ser bueno con ellos. Pero la señora había recalcado que eran iguales y por ello había que mantener la paz entre todos.

Le haría caso a la señora, porque en el fondo, podría tener razón.

—No creo que deba comentarle sobre ello, es personal –El entrecejo de la maestra le dejó claro que no había contestado a su gusto, pero no le interesaba

—No lo entendió, joven Granger –su risa le molestó, intentó respirar pero no funcionó del todo.

La maestra le despidió mientras salía por la puerta hacia su libertad. ¿Tan malo iba a ser todo en la escuela? Tal vez solo se lo estaba tomando muy en serio. Debía de traer sus propios libros, eso sería una regla para siempre.

Bajó las escaleras a tropel, pensando en lo sucedido. Levantó la vista ante la multitud que aún salía al encuentro de madres, novios, hermanos y cuanto familiar y conocidos aparecían a la espera de sus personas queridas o encargadas. Vio en sí a las madres de sus compañeros, como ellas abrazaban a los pequeños y reanudaban el diálogo cotidiano de la mañana para tomarles de la mano e irse con sonrisas plasmadas en sus rostros.

¿Debería sentirse mal?

Agachó la mirada, más para no verles. Había divisado a su cuidadora así que se concentraría en el camino sin más. Cada paso que daba escuchaba aquellas palabras que tanto deseo decir, cada sonido hacía que su corazón latiera rápidamente. Apresuró el paso hasta llegar a los brazos de su cuidadora, quien le veía preocupada. Tocó su mejilla para llamar su atención, logrando que le viese apesadumbrado.

Hermione no esperaba esta reacción en su pequeño de ceja seria. Levantó un momento la mirada, distraída por las voces…

—¡Quiero un helado mamá! –exclamó un pequeño caminando alegremente de la mano de su madre, quien le sonreía con alegría.

Sintió como el pequeño respingó ante ello. Regresó su vista hacia él, para tomarlo entre sus brazos y llevarlo de esa manera a casa. Los primeros pasos presurosos cambiaron de ritmo a uno casual y lento. Afirmó su agarre mientras que le rodeaba su cuello con sus pequeños brazos. Se mordió el labio inferior mientras sus pensamientos revoloteaban con fuerza.

¿Era posible eso?

El pequeño parecía afectado por los vínculos maternos del exterior. Había creído inútilmente que el niño no poseía tales emociones adversas y al final se equivocó. Olvidó que él era un pequeño niño de cinco años quien fue dejado en un lugar tan detestable y falto de humanidad, donde no tuvo más que lo necesario para su existencia y de forma que no conocía.

Falto de amor.

Sus pasos fueron suaves, lentos y rítmicos. Quería calmarle de alguna forma, llegar a él y que pudiera vivir de manera feliz para evitar ese fatídico futuro al cual pertenecieron. Ya no verían el resultado, pero harían lo posible por evitarlo.

Amando a Tom Riddle.

Era tan irónico.

Desapareció cuando tuvo oportunidad.


¿Cuánto tiempo había pasado? O ¿Qué es lo que había pasado?

Abrió los ojos sin ser del todo consciente del abrazo que mantenía con su cuidadora. Percibió los pasos acelerados, acompasados y leves en ese mismo intervalo de tiempo. Le dolía el pecho, como si se hubiese caído de un árbol, dejándole sin aire.

¿Por qué sentía dolor?

Había visto la felicidad de sus compañeros al ir tomados de la mano con la persona que los engendró. ¿Por qué no podía tener una mamá? ¿Fue tan malo que por ello le dejaron abandonado? ¿Nadie le quería?

Las suaves y tibias manos de su cuidadora le regresaron a la realidad. Estaba en casa. La vio como si fuese la primera vez ¿Por qué ella no era su mamá real? Todo sería tan bonito.

—No debí correr, fue exagerado –Hermione se había levantado y andado de un lado a otro desesperada, se mordía la uña del índice ansiosa, intentando calmar sus nervios mientras le veía intentando no exteriorizar su propia frustración. Tom la veía andar, no entendiendo su preocupación.

—¿Está bien? –Preguntó llamando su atención. De inmediato se agachó a su altura, viéndole detenidamente.

—Tom –susurró levemente –Creo que eso debería preguntártelo a ti –Pausó levemente intentando ordenar su propia cabeza – ¿Puedes confiar en mí?

Al principio había surgido la pregunta de algo distinto a eso. ¿Por qué lo preguntaba? Lo confundió aún más. ¿Por qué confiar en ella? ¿A qué se refería?

—Yo –vaciló sin saber realmente como poner su alma en palabras –Sé que no puedo tomar el lugar de tu madre pero… cuenta conmigo para lo que necesites, no importa si es tu propio dolor el que quieras compartir conmigo, pero eso me haría entenderte y sabría cómo hacerte feliz, eso es lo que más deseo para ti.

¿Felicidad?

¿Él podía ser feliz?

Las palabras resonaron entre las paredes de su mente. Eso había estado haciendo todo este tiempo ¿no? Se suponía que todo había estado bien desde que lo adoptaron, pero ¿Por qué esa palabra era tan lejana?

Era un mounstro.

Era uno que había sido abandonado por su propia madre.

Unos extraños le admitieron en su hogar sin pedir nada a cambio. Eran personas bobas que buscaban algo insensato con él, formar una familia.

¿Qué tenía que entender? Una verdad que no quiso tomarla, sino que la aventó lo más lejos que podía, por ¿miedo? ¿Costumbre? ¿Dolor? ¿Bobadas? ¿Olvido?

Estaba cansado de todo eso. Solo quería respirar por una vez en su vida sin tener que pensar en cómo las personas le lastimaban. Ellos lo estaban cuidando, eso podía verlo.

—Creo que se equivoca en ello, señora –Se paró frente a ella, quien estaba de cuclillas para poder verle a su altura. La veía expectante, pero era la verdad de su propio ser. Tal vez tenía cinco años, aún no conocía el mundo, pero sabía lo malo que podía ser, podía distinguir a la basura de las personas que valían la pena para él. Había deseado una familia y por alguna razón la tenía ahora. Solo quería estar con ellos, solo eso. –Usted ya tomó ese lugar.

Hermione respingó anonadada. ¿Eso era malo o era bueno? No pudo pensar nada más cuando Tom la abrazó sin tapujos, sin expresar una palabra más.


Tal vez las palabras sobraban.

El avance de ese día se había convertido en una convivencia sana para los tres. Tom comenzó a hablar un poco más durante las comidas, a interesarse por cosas cotidianas y cuando podía seguirle el ritmo a las bromas bobas de Harry, también lo hacía. Hermione les reñía y ambos terminaban riendo de sus expresiones. La risa de Tom era silenciosa, pero esbozaba una sonrisa cada vez que lo hacía.

No era que Tom hubiera sonreído de la noche a la mañana o que sus hábitos de seriedad y sutileza desaparecieron; era solo que él comenzaba a convivir con ellos y no se veía forzado, era tanto como si por primera vez aceptara la idea de estar con ellos como familia y eso hizo aún más cálido su hogar.

El señor y señora, aquellas palabras que declaró tiempo atrás para llamarles, seguía saliendo de su boquita, con la diferencia de algo más cercano. Más propio. Hermione sonreía ante su pequeño de ceja seria, tomados de la mano en cada regreso a casa.

Tom seguía en sus clases en su modo solitario, imperturbable. Había decidido aceptar a sus tutores como los únicos humanos que valían todo; los demás eran basura. No sabía realmente si les había tomado cariño, pero era suficiente entender que eran importantes para él y deseaba estar con ellos todo el tiempo posible, sin importar las consecuencias. Pero era otro caso los demás. De por si, la escuela se tornaba aburrida, llevaba sus propios libros desde el incidente anterior. No quería cruzar mayor palabra con su maestra, que continuaba intentando entablar comunicación con él. Cada vez que sucedía eso, recordaba las narraciones en la radio de un humano intentando entablar comunicación con un ser de otro planeta, y que luego quedaba reducido a cenizas por un aparato muy poderoso.

La idea era tentadora.

Luego recordaba las palabras de su cuidadora y desvanecía sus pensamientos oscuros. No quería verle triste o que le despreciara por tal conducta, solo quería verle sonreír y que fueran felices juntos.

Una familia.

El timbre de la salida sonó para traerlo a la realidad. Guardó sus útiles y se dirigió a la salida donde le esperaban ya. Desde aquella declaración, ya no lo perseguía la incertidumbre de su pasado o lo que pudo haber sido; cada paso se convertía en un poco de luz, olvidando su alrededor y concentrándose en su pequeña felicidad. Cada vez que se encontraban, le abrazaba dulcemente y dirigía sus pasos a su ritmo, lento y cómodo; tomados de la mano como lo que eran en ese momento.

Madre e hijo.

—Hoy debemos de ir a otro lugar –mencionó su cuidadora luego de escuchar de su día –Ya que mañana será el cumpleaños de Harry

—¿Mañana es su cumpleaños? –Soltó la pregunta para él mismo. Era un tema que olvidaba continuamente, no gustaba de contar cada año en una celebración tan exagerada. Luego recordó que en el orfanato era prohibido celebrarlos, entonces… —¿Qué se hace en un cumpleaños?

—¿No has tenido un cumpleaños? –giraron hacia la izquierda, que daba a la calle del parque.

—Sé que son para celebrar cada año de vida, pero en el orfanato no lo hacían –Hermione tomó una bocanada de aire antes de contestar. ¿Qué clase de vida le dan a los pequeños? Y segundo, era la primera vez que Tom hablaba del lugar y lo hacía con naturalidad, parecía más curioso que dañado por la situación. Ya no podía lamentarse y menos descubrir si Tom tenía problemas por ello, simplemente debía realizar todo de diferente manera.

—Lo primero en la lista es el regalo –Tom asintió –lo segundo es comprar una tarta y una vela, que es para recordar los años de vida. Así que iremos a esa tienda y luego a la pastelería, creo que una de fresas con crema quedará bien.


—¿Puede enseñarme la canción de Feliz Cumpleaños? –Tom estaba haciendo un esfuerzo sobre humano al preguntarle a la maestra el día 31 de julio, al no querer preocupar más a su tutora con el pasado del orfanato, pero ese era otro dilema. Esta silbó sorprendida pero accedió con toda la voluntad de su profesión.

—La escribiré primero para que puedas cantarla –En una hoja de papel escribió rápidamente para dársela; Tom le vio impaciente. –Tienes que cantarla así: ¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños… ¡ ¿Quién es el cumpleañero?

—Eso es personal –Comenzaba a darle vergüenza la tonta cancioncita ¿Tenía que cantarla de esa forma tan extraña? La maestra suspiró, ya imaginaba que le respondería así. El pequeño era de mal carácter.

—Bueno, entonces puedes seguir la canción así: ¡Feliz cumpleaños papá! ¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Ya queremos pastel! ¡Aunque sea un pedacito pero queremos pastel! Y luego cuentas los años que la persona tiene, puedes comenzar de uno, o si es un adulto, de cinco en cinco. –Tom agradeció casi mordiéndose la lengua.

Todo era por el señor, repetía una y otra vez en su cabeza.

Ambos miraban atónitos al pequeño Tom que se había parado en la silla del comedor para iniciar la canción de cumpleaños, habían encendido las velas del pastel y este relucía levemente ante ellas, pero cuando iban a iniciar la canción ellos solos, Tom sacó una hoja arrugada de su pantalón y con el rostro tan rojo como un tomate, entonó una sola línea.

Susurró un "feliz cumpleaños a ti" como si se tratara de un secreto. Harry le vio divertido, había sido una extraña sorpresa que el pequeño se preocupara de cantar una sencilla canción para su cumpleaños y encima su propia mente le traicionara con vergüenza. ¿Eso quería decir que le quería? Rió un tanto emocionado por la sola idea, sorprendiendo a Tom.

—Eso si es un regalo –Le abrazó de lado, Tom le veía confundido –El primer regalo de mi hijo.

Hijo.

La declaración hizo sobresaltarle. Harry le tomó por los hombros, sonriendo como si se saliera su corazón del pecho por ello.

—El hecho de preocuparte por esto se vuelve un regalo Tom. No es algo que puedas comprar en una tienda, sino que es el esfuerzo y empeño que pones en ello para hacer feliz a esa persona, y al venir de mi pequeño niño es… algo muy bueno –Tom sopesó las palabras, entendiendo mucho y poco al final. –Bueno, Hermione corta el pastel –declaró

Sirvieron el pastel junto a jugo de naranja, encontrándose sonriendo sin remedio. La misma con la que les vio de vuelta, disfrutando de un momento interesante.

Junto a su familia.


Notas salvajes del capítulo:

¡¿Quién no se enamora de esta pequeño ser?!

Si no hemos provocado pequeños infartos de dulzura por estos gratos momentos es porque… faltó algo. Je, creo que ha sido un capítulo de los más emotivos y de grandes cambios para el pequeño Tom. Dirán ¿No es muy pronto? Nah, pensamos mucho acerca de este momento, y ciertamente el ambiente terminaría influyendo en él, aun con su personalidad intacta.

Espero que les haya gustado este capítulo, que aún no supera las diez hojas pero que de manera bella tratamos de darles un hermoso gusto a todos. He estado enamorado de la historia por más tiempo del que podía creer y sigo planeando los siguientes capítulos con toda la inspiración del caso. Sé que me he tardado pero ha sido por lo cotidiano de la vida: trabajo, planes y una vida agotadora con extrañas enfermedades, pero que vale la pena seguir plasmando el alma en cada una de las páginas escritas.

Gracias a todos los que han escrito, eso hace que realmente vea cuanto gustan de esta historia y a pesar de que tardan las publicaciones están atentos, y eso hace que el corazón de cualquier escritor se vuelque a buscar más inspiración por la felicidad de sus comentarios. Les agradezco rotundamente a YadiraDRiddle, sumireko, a nuestra queridísima Smithback, Vivi Neko (que ha estado seguido en cada publicación), Tarrant hightopp (bienvenida), Sia Riddle Li (espera a leer que más tenemos para él), y a Karuizawa (Si, son recuerdos, toma las palabras en cursiva como recuerdos) por sus hermosas palabras, ver que gustan de la historia es emocionante y excelente.

Esta historia llegó a 80 reviews con nueve capítulos, así que esperamos llegar a los cien. No subí navidad ya que os espera una sorpresa para ello y sería mucho mejor publicarlo en la primera semana de diciembre, espero no atrasarme y darles un bonito y curioso regalo de navidad.

Que pasen una linda semana y espero que hayan disfrutado de este capítulo tanto como al escribirlo.