Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.
Notas al final del capítulo.
Tom Riddle, el niño que adoptó su destino
"Halloween"
—Tom, es hora de cenar.
Había escuchado el llamado de la señora, como cada noche. Bajaba sin prisa, observando los cuadros movibles de paisajes que Hermione había colocado. De todos los cuadros solo gustaba de uno: El barco a la deriva; veía como este se dejaba guiar por las olas impetuosas sin voltearse.
Terminó de bajar las escaleras para pasar al comedor y sentarse junto a Harry, quien había llegado hacia poco de su trabajo. Vio cómo se aflojaba la corbata para recibir el plato que ya servía la señora junto a la cena que flotaba detrás de ella.
—¿Cómo te fue hoy en la escuela? –Desde que había iniciado sus estudios era común la pregunta al verle o durante la cena, contestando lo poco o mucho que le entretuvo. Esperó a que ella se sentara y comenzaran a comer para responder.
—Bien –respondió escuetamente para terminar su bocado. –Aún no puedo escribir rápido, pero quiero hacerlo bien para no hacer tantas planas –Le aburría demasiado el tipo de tarea que le colocaban.
—Verás que al poco tiempo lo lograrás, solo ten paciencia contigo mismo –Tom asintió ante la respuesta de su cuidador; cada vez que narraba su día, las respuestas eran distintas, sin presiones, poniéndole atención.
Como debía de ser una familia.
Como realmente soñaba que debería ser su familia.
Veía con sumo interés la interacción entre sus cuidadores. Ellos eran tan distintos y a la vez se llevaban tan bien, no los había visto pelear ni siquiera por tonterías. Los había visto preocupados, tensos, sonrientes, tristes y perdidos en sus pensamientos, pero nunca peleados.
Tal vez peleaban a sus espaldas.
Había escuchado a sus compañeros de clase hablar de cómo sus padres peleaban constantemente y que algunas veces hubieron golpes, pero no veía nada de eso en ellos. ¿Le estarían mintiendo? No creía que fueran como los del orfanato que le mentían y le herían constantemente. Ellos eran distintos. Ellos le dieron lo que con tanto anhelo pidió y terminó por matar ese deseo ante la oscura vida que llevaba.
Dejó de lado esos recuerdos, para pasar a ver el plato que le servía su cuidadora. Sin que pudiera evitarlo, los momentos de la cena en el orfanato regresaron a su mente, ahora sin molestia. Era un pasado al cual no le importaba ya.
En el orfanato cenaban a las siete, todos tenían que estar sentados en el comedor, donde pasaban el mismo menú todos los días: sopa de verduras. En ocasiones, cuando los donantes y las personas influyentes que continuamente ayudaban al orfanato llegaban, servían mejor, incluyendo carne. La orden de ese día era decir que estaban felices en ese lugar.
Dejó de lado ese inútil pasado para probar bocado, saboreando lentamente. Tenía cinco años, pero nunca había probado comida tan deliciosa. Llevaba pocos meses viviendo con ellos, pero era incomparable con lo que comía antes. Ni siquiera la comida de la escuela le satisfacía, que eran personas dedicadas a ello, como su maestra les había dicho.
¿Por qué era eso?
¿Era por ser una mamá?
La palabra no le sonó tan lejana como antes. Las anteriores palabras lo explicaban todo, le había dicho a la señora que ya había ocupado el lugar de su madre, viendo la sorpresa en su rostro, con esa sonrisa boba que le gustaba. Pero quería cambiar algo de ello.
Quería decirle… mamá.
Era el título que se había ganado a pulso, pero por alguna razón que aún no comprendía su boca no se movía para ello. Varias veces se había quedado con ganas de decirlo, al responderle.
Tenía dudas, pero no quería verla triste si le preguntaba.
¿Qué era una mamá en realidad?
¿Cómo debía ser una mamá?
Luego vio a Harry, quien se sentaba a su lado y conversaban de una manera agradable, haciendo gestos un tanto exagerados que en momentos la hacían reír. Ambos eran un conjunto de misterios para él, pero eran un tesoro que quería tener y proteger.
¿Tesoro? ¿Desde cuándo pensaba así?
No importaba. Naciendo una nueva pregunta a su corazón atolondrado. ¿Él ocuparía el lugar de su padre algún día? Sonrió febrilmente, emocionado de tener a alguien a quien apreciar.
Tras pasar varios meses, llegaban a dos semanas antes de finalizar octubre. La vida que habían llevado juntos era apeteciblemente pacífica, llena de momentos que Tom comenzó a grabarlo en su corazón con una emoción indistinguible, sus apenas cinco años no le permitían conocer las palabras que poco a poco comenzaban a confundirle, como si deseara darle forma a lo que poseía ahora.
Cada vez se debatía más por revelar esa palabra que intentaba hechizarlo sin éxito. Así que ese día, contra todas sus creencias intentaría hablar con muggles. Era su último recurso, pero no podía evitarlo, estaba confundido y si quería resolverlo, debía preguntarle a las personas que creía que le dirían la verdad.
Sus compañeros de clase.
De alguna forma entendió que eran los únicos que le dirían sobre cómo era una mamá. Había intentado obtener respuestas de los libros, especialmente de los infantiles que tenían en la escuela, deteniéndose en el siguiente título: "mamá y la hora de dormir", donde un cerdo hembra arropaba a su cría y le narraba un cuento para que gustoso emitiera gruñidos y durmiera en una cama como si fuese humano. No entendía esa lógica, colocar animales que hablan como si fuese algo bueno, no le hacía gracia. Comparó cada libro que pudo, pero no encontraba la relación que esperaba, algo que le diera a su ser la razón final para liberarse de ese nudo en su garganta cada vez que intentaba exponer ese lindo sobrenombre.
Para terminar de fastidiarse, le había preguntado a su maestra, que en repetidas ocasiones, le respondía de una manera odiosa. No le dirigiría la palabra jamás. Así que pasó a su última opción de ese momento.
Antes del receso que tenían a media mañana, los reunió a todos en grupos, formando círculos con las pequeñas mesas que utilizaban diariamente. Pronto el bullicio inundó el salón, donde los pequeños desde tres hasta siete años reían y platicaban animados, como si fuesen los mejores amigos. Se sorprendió al ver que no tuvo que obligar a Tom a integrarse a un grupo, se movió a su gusto.
Cuando la profesora les dio sus materiales para pasar a otro grupo, realizó la pregunta de manera cortés y tan simple como se lo permitía su paciencia. Esperó un poco para ver como los rostros de sus seis compañeros se iluminaban torpemente. El entusiasmo era evidente, esperando no arrepentirse de su decisión.
—Las mamás son las más lindas del mundo –La pequeña rubia de ojos verdes que estaba a su lado comentó extendiendo sus brazos en un arrebato de mostrar el tamaño de la lindura. –Las mamás nos cuidan y nos quieren mucho.
—Mi mami también me cuida mucho, y me da comida deliciosa –Interrumpió un niño de cabello castaño alborotado que estaba frente a él. –Me da besos y dice que me quiere mucho –Tom les veía confundido, intentando poner en orden todo lo que le decían. Extrañamente no quería apartarse de ellos.
—Mi mami es muy linda y me regaña cuando no hago bien las cosas –Un niño de complexión robusta sonrió torpemente, mostrando su dentadura incompleta.
—¡Por tonto! –rieron a coro, molestando al otro niño.
—¿Ustedes quieren a sus mamás? –La pregunta había salido sin que lo planeara. Ni él entendía el por qué lo había dicho. Corearon un sí con risas, comentando con alegría cada cosa que podían recordar de sus madres. Tom no se incomodó con ello, solo escuchaba.
—¿Cómo es tu mami? –Le preguntó una de las gemelas pelirrojas que estaban en su grupo. Le tomó por sorpresa. ¿Cómo era su mamá? Intentó no alarmarse con la pregunta, mordiendo levemente la punta del lápiz antes de contestar.
—Ella es bonita –Respondió secamente, no viéndoles directamente. Estos soltaron una leve exclamación, en reconocimiento de sus palabras.
—Yo la he visto, es muy bonita –Dijo la niña Rubia.
—Ella lee conmigo en las tardes –Sonrió levemente, recordando las silenciosas tardes de lectura en las cuales, poco hablaban pero su compañía era lo que valoraba.
—Mi mami me lee cuentos en la noche, antes de dormir –Tom asintió en respuesta de escucharle.
—Cocina muy rico –A pesar de que todos compartían datos de sus mamás, no había dejado de contarles, se sentía extraño, pero quería hacerlo. –Además, platicamos de muchas cosas camino a casa.
—Yo la vi esperándote, al igual que mi mami –Dijo el niño que estaba a la par de la pequeña rubia. –Y vi como te abraza y te sonríe…
—Si –Contestó secamente, viendo su trabajo.
—Yo la voy a saludar, y así la conozco –Dijo la pequeña rubia, coreando emocionados junto a ella.
Los planes iban de saludarla hasta presentarle a sus mamás, dejando sorprendido a Tom, quien no negó nada.
A la hora de salida, caminaron junto a él, dispersándose al buscar a sus madres. Hermione esbozó una sonrisa entre sorprendida y curiosa, nunca había visto a su pequeño junto a los demás, sabía lo solitario que podía ser. Le recibió con un abrazo, sintiendo como le correspondía con timidez.
Sonrió con ternura.
—¿Has hecho amigos? Tom –Este negó levemente, serio al respecto.
—Compañeros de clase –Definió más para sí mismo que para su cuidadora.
Varios saludos les interrumpieron, viendo como los niños y las madres de su pequeño grupo de trabajo de ese día llegaban a ellos.
—¡Mamá de Tom! –Exclamó la niña rubia a modo de saludo, Hermione respingó levemente ante la palabra, sin estar acostumbrada a ella. —¡Hola! –Le saludó de vuelta.
—Disculpe la emoción de mi hija –Se excusó la madre de la pequeña, quien era tan rubia como su hija –Soy Isabel Brouts, gusto en conocerle ¿Señora…?
—Granger, Hermione Granger –Extendió su mano que fue recibida del mismo modo –El gusto es mio.
—Encantada –Le sonrió de vuelta, para dirigir su mirada al pequeño –Y tú debes ser… Tom ¿Cierto? –Este asintió tranquilamente.
—Gusto en conocerle, señora Brouts –La aludida sonrió sorprendida de la formalidad del pequeño. Los otros niños también llegaron junto a sus madres, presentándose con ellos.
Veía a todos, siendo cortés. No dejaría en mal a su mamá. Cuando se dio cuenta de la palabra en su cabeza, sonrió para sí, sin imaginar que coincidiría con las palabras de las señoras.
—Tom nos contó como era su mamá –Escuchó decir tras la interrogante de su cabello y ojos. Tom la vio confundido, por primera vez sin entenderles.
—Él se parece más a mi esposo –Respondió Hermione sin darle vuelta al asunto. Las señoras siguieron platicando con ella un poco más. Luego de ese afán, se despidieron, dejando en el ambiente amabilidad sincera.
Hermione le tomó de la mano, caminando juntos a casa. Veía a la señora con una sonrisa no boba, no sabía cómo describirla, pero le gustaba.
—¿Qué te gustaría cenar? –Preguntó, sacándolo de sus cavilaciones. Volteó a verla, sin expresar palabra.
—Te preguntaba si querías algo especial para cenar –Explicó de nuevo. Tom negó, más por no tener una predilección por la comida.
—Prefiero que… —Intentó decir.
—¿No tienes ganas de algo delicioso? –Intentó de nuevo.
—No sé qué comer –Explicó sencillamente, sin darle emoción a ello. Estaba demasiado sumido en otros conflictos internos como para ponerle atención a algo que no le interesaba del todo. Se contentaba con comer lo que ella cocinara ese día, porque le recordaba lo interesante que podía ser los sabores que ella elegía.
—Bueno… —Dijo sencillamente –Tal vez algo horneado o rostizado… —Comenzó a darle opciones a su pequeño.
—Lo que usted más guste –Lo que cocinara, se lo comería sin problemas. Hermione suspiró rindiéndose al final.
Esa noche no se decidió a hacer nada. Estaba confundido y no lograba conectar sus ideas. Solo tenía cinco años y sentía que el mundo era grande y simple, pero no lo suficiente para sus sentimientos.
Aún no creía que dos seres sin valor hayan llegado a su vida y le propusieran el ser feliz a su lado; y que de algún modo, comenzó a apreciarlos.
Hasta allí entendía, pero había más.
Cada vez que pensaba en decirle mamá a su cuidadora, sentía que podía sonreír sin evitarlo; Cada vez que estaba con él quería hablarle de más cosas y escucharla le emocionaba.
Pero su boca se negaba constantemente. Y eso era lo que le tenía molesto.
¿Por qué no podía decir una simple palabra?
Con esto, llegó a finales de octubre, tan confundido como al principio. Dos días antes, habían dado el anuncio de la fiesta de Halloween de los muggles, como acostumbró a llamarles, preparan sus disfraces para la noche en la cual pedirían dulces. Sus compañeros estaban más que emocionados por ello. Desde la plática de las madres habían tenido un interés especial, que aún con su carácter apático, platicaban y lo llevaban a todos lados, deleitando la vista de su maestra.
Increíblemente soportaba sus gritos, la forma en la que le hablaban, cuando le daban dulces, que le gustaba pero que no comía tanto como ellos, y sus juegos, participando en algunos o siendo el árbitro en otros, para la diversión de ellos.
Ese día le habían preguntado qué disfraz usaría, cosa que no tenía ni idea si lo celebrarían en casa.
—Puedes ser un hombre lobo –Sugirió uno de los niños –Son muy feroces y comen a los niños –Las niñas gritaron de miedo.
—No, Tom tiene que ser un príncipe –Dijo la niña rubia decidida –Los niños solo piensan en cosas feas.
Tom rio levemente, la lógica de sus compañeros era boba y eso le divertía en ocasiones.
—Los hombres lobo son geniales –Exclamó otro niño en apoyo.
—Las princesas también –Agregó otra niña.
Cuando sintió, se enfrascaron en una pelea de gritos y empujones, desesperándolo. Se levantó, golpeando la mesa con la palma de sus manos, asustando a todos.
—Todos los disfraces son buenos –Declaró con autoridad –Así que no peleen. –Ordenó severamente.
Para su desgracia, comenzaron a llorar porque los había regañado.
Pasó cerca de diez minutos para que dejaran de llorar y le volvieran a hablar. Esperaba que se alejaran pero no lo hubieron. Como un desarrollo extraño, hablaron de nuevo de los disfraces, intentando elegir uno para Tom, esta vez, sin pelearse.
La semana para Harry había sido más caótica de lo normal. Las pequeñas semillas de la maldad comenzaron a notarse de una manera extraña, sabía que se acercaba la primera guerra mágica y eso le tenía de los nervios. A veces, si envidiaba a la ignorancia.
—Si seguimos así, no podremos seguir con el proyecto –Harry frotó su mejilla, molesto. Era la segunda vez que los socios se retractaban del proyecto que ya había dado inicio, iban a perder más de lo que pensaban.
—Están dándole prioridad a la investigación de…
—¡Ya lo sé! –Habló exasperado –Pero esto no puede esperar tanto tiempo.
—Lo mejor será seguir intentando, aún si debemos tener toda la paciencia del mundo –Habló uno de los médicos más viejos del lugar.
—Lo sé, pero me preocupa que sea demasiado tarde cuando se decidan.
—Entonces, dejaremos todos los documentos para que estemos libres de culpa –Sonrió levemente.
Halloween llegó tan veloz que ni tuvo tiempo de perderse en la biblioteca de la casa. Hermione le había comprado un sutil traje de conde Drácula, peinándole el cabello hacia atrás, con una pequeña capa negra con fondo rojo. Tom sentía morir con ese ridículo disfraz.
—Es seguro que el Conde Drácula no sería así –Suspiró Hermione terminando de arreglarle. Había cedido más por la presión de las madres de la escuela, iba a negarse pero creyó conveniente por la forma en que Tom comenzaba a interactuar con los demás. Además, que tenía deseos de verle así, avergonzado a más no poder, pero sin negarse.
Su hijo era una ternura seria, muy tierna.
—Después de pedir dulces ¿Iremos al callejón Diagon? –Preguntó Tom esperanzado.
—Por supuesto, y si quieres, solo visitamos dos casas y desaparecemos –Ambos sonrieron con complicidad.
Apenas oscureció, la calle se llenó de niños pidiendo dulces, las risas adornaban la noche como si de campanas se tratase. Harry había llegado hace poco y se quedaría en casa para arreglarse en lo que ellos iban por los dulces.
Hermione tomó su mano como siempre lo hacía cada vez que salían, partiendo calle abajo, yendo a cualquier casa que les gustara en ese momento.
—¿Por qué querías participar? –Preguntó de repente, hacía mucho que lo quería hacer pero no creyó prudente. Tom volteó a verla, para ver el camino de nuevo.
—Solo… sigo sus palabras –Tom recordaba la vez que su cuidadora le había hablado sobre la importancia de aprender a convivir. Al principio había sido difícil, pero poco a poco cedió. Aunque los detestara, seguiría intentándolo.
Aún si no confiaba en ellos en lo absoluto.
Por una sencilla razón: Por ellos. Si ellos eran felices, él también lo sería.
—¿Mis palabras? –Preguntó curiosa.
—Dijo que era mejor tratar de llevarse bien con las personas, sin acercarse mucho a ellas –Señaló la casa con esqueletos colgando en un árbol –Solo quiero ir ahí y regresar a casa.
—Hemos llegado –Anunció Hermione estando de regreso en su hogar. Tom parecía inquieto al estar en la calle con todas las personas a su alrededor, pero luego entendió el porqué. Él quería ir a lo que estaba familiarizado, algo relacionado con la magia.
Con lo que era.
No lo culpaba. Las fiestas de muggles eran totalmente opuestas, por la misma razón de no poseer magia.
—¡Oh! ¡Llegó el vampiro! –Jugó Harry al ver a Tom, quien hizo un puchero ante la boba broma de su cuidador, haciéndole reír. —¿No me morderás? –Preguntó antes de tomarle de la cintura y subirlo a su habitación entre pataletas y exclamaciones, recordándole cómo era la historia según el autor Bran Stoker.
—Bueno –Le bajó para dejarle sentado en su cama mientras sacaba su túnica de mago. Tom veía como la de su cuidador era de un verde olivo con negro, elegante. –Dejaremos que Hermione se cambie para que estemos listos y podamos ir con tiempo.
La túnica de Tom era de un verde más vivo, pero siempre con una combinación con negro, haciendo juego con sus ojos. Harry le ayudó a cambiarse para bajar juntos a la sala, donde Hermione llevaba una túnica negra con detalles plata.
Ahora sí parecían magos, con ese pensamiento se dirigieron a la chimenea. Hermione tomó los polvos flu en su mano derecha mientras cargaba a Tom con su brazo.
—Recuerda Tom –Dijo Harry –Cierra los ojos y no olvides pronunciar bien el lugar al que quieres ir –Tom asintió. –Espérenme juntos –Le indicó a Hermione, quien asintió.
—¡Al Callejón Diagon! –Exclamaron juntos, ella lanzó los polvos flu, con una nube de polvo verde fueron transportados. Harry les siguió en el acto.
Sin percatarse, había una figura subida en un árbol que daba vista a su hogar. Esta sonrió cínicamente, dando paso a una extraña oscuridad.
—Pronto nos veremos, pequeño Riddle –Con un chasquido, desapareció del lugar.
¡Lumus!
Tras varios meses de ausencia, se viene un capítulo lleno de emociones para Tom, ¿complicado? Lo suficiente como para lidiar con sus propios fantasmas. Ahora ¿Quién sería esa figura tan extraña? ¿Podrán adivinar? ¿Algo pasará en el callejón? Muchas y más preguntas serán respondidas en el siguiente capítulo.
Sinceramente, lamento mucho el atraso de esta historia. No debería ser así pero les comentaré brevemente que estuve en bastantes líos, desde el cap anterior. En los primeros casos que atendí, tuve una paciente que en principio se suicidó, llevando un año de terapia y cuando pensé que las cosas estaban bien con ella. Estuve metido en líos legales por ser su terapeuta y créanlo o no, estuve conmocionado por lo sucedido. Tuve que ir a rendir declaraciones y presentar todas las pruebas, para que luego de tantos meses saliera que había sido asesinada por su padrastro. Nunca pensé que podría comprometer mi profesionalismo al sentir tantas explosiones emocionales ante lo sucedido. Les comento esto para que me comprendan un poco, realmente quería seguir esta historia pero emocionalmente estaba muy liado, pero bueno. Ya todo ha pasado y he vuelto a las andadas con esta bella historia que me llena de alegría.
Les agradezco todos sus comentarios, eso motiva a seguir creyendo en que la historia si les gusta y que puedo cautivarles de distintas formas, así que escríbanme con todas las ganas, para que nos hagan felices (A Tom y a mi, claro está). Gracias por sus alertas y favoritos, la historia ha ganado mucho durante este tiempo de ausencia. Ahora las alertas llegarán y podrán leer este capítulo, disfrútenlo con buena música.
El siguiente capítulo ya está en proceso, así que si ven que lo publico en una semana, entonces ese será el ritmo de ahora en adelante. Gracias por todo, y espero que este cap. haya sido de su agrado y que por fin podamos llegar a los cien reviews.
Besos a todos y abrazos por parte de nuestro pequeño Tom.
Hasta la próxima.
