Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.

Notas al final del capítulo.


Tom Riddle, el niño que adoptó su destino

"Letras que resuenan en el alma"

Habían llegado al callejón Diagon sin más inconvenientes que la ceniza de la chimenea. Había sido la experiencia más emocionante para Tom. Ya no podía esperar a ver que más había en ese lugar.

Donde la magia reinaba.

Harry y Hermione le tomaron cada uno de la mano y salieron hacia la calle principal del lugar. Tom no pudo evitar sonreír; Las calles estaban iluminadas con faroles flotantes, con forma de calabaza y que además, en un curioso efecto, reían ensanchando su boca de manera sádica.

Los puestos estaban adornados con cráneos, brujitas, adornos de colores, todos hechos de papel. Estos se movían en toda la tienda, adornaban la pared o flotaban por encima de sus cabezas.

—¿Te gusta? –Harry vio por primera vez a Tom como a un niño quien asentía frenéticamente, mientras sus ojitos brillaban extasiados, esbozando sonrisas de alegría y sorpresa. Rio complacido, para seguir el camino y pasar a la primera tienda que tenían en mente.

La tienda de dulces.

Harry le dejó que explorara el lugar junto a Hermione mientras hacia su pedido. Había programado una pequeña fiesta para los niños del hospital, solo que lo harían al día siguiente, ya que estarían acompañados de sus padres.

El lugar estaba lleno de gente, pero por primera vez no le importó al pequeño.

—Mira, estas son las favoritas de Harry –Tom vio que era una rana de chocolate. Al abrir el empaque, la rana saltó, quedándose en el estante más alto para dejarle caer encima caramelos envueltos en pequeñas calabazas.

—Solo saltan una vez –Levantó los dulces que habían caído —¿Quieres que te compre unas? A Hermione le enternecía la alegría que mostraba el pequeño, tal vez no expresaba mucho con palabras, pero su propio cuerpo las dejaba ver como un libro abierto. Tom tomó solo dos cajas de rana, para ver lo demás.

—¿Puedo llevar algo más? –Se había girado, apenado de pedir.

—Elige lo que gustes, es Halloween –Tom asintió mientras observaba cada maravilla de dulces que podía apreciar. Eran tan diferentes a lo que los muggles consumían. Se preguntó el cómo hechizaban los dulces. Entró una de ellos sin imaginarse que se divertiría ante el descubrimiento.

—Mamá mira –Estaba tan distraído que no se dio cuenta al decirlo. Tomó su mano y la guió hasta unos bastones de caramelo, tomando uno y luego unos dulces ácidos azucarados. –Esto quiero –Hermione salió de su ensoñación, tomando los dulces y juntos dirigirse con Harry, quien pagó todo. Estaba perpleja ante la palabra.

—Hermione ¿Estas bien? –Preguntó Harry una vez salieron de la tienda. Tom no le había escuchado, curiosamente mordisqueaba su bastón de caramelo.

—Harry, dime que lo soñé –Suplicó en un susurro, extasiada. ¿Había sido posible? ¿No había escuchado mal?

—¿De qué hablas? –La vio preocupado. Ella no era una persona que fuera fácilmente perturbable.

—¡Están volando! –Señaló Tom sorprendido al ver la demostración de las nuevas escobas, Ambos se vieron, para olvidarse por un momento de lo sucedido.

—¿Quieres intentarlo? –Preguntó Harry, haciendo que el pequeño exclamara un sí. Hermione prefirió dejar el asunto en paz, claramente feliz por lo dicho por su pequeño de ceja seria. Se sentó en una de las bancas del lugar para ver como Harry instruía a su pequeño en cómo debía sujetarse, asintiendo serie y comprometido a la causa.

Veía a su querida familia con ternura. Harry le saludó antes de elevarse con Tom, al frente a él. Se elevaron despacio para dar varias vueltas al lugar, que estaba delimitado con banderines. Harry recordó sus días como buscador de Griffindor, volando a toda velocidad en su Nimbus, luego en su Saeta; remembrando los partidos de Quidditch llenos de los vítores de todos los alumnos y cómo olvidar lo fanáticos que eran los profesores Mcgonagal y Severus, quienes competían cada año por la copa de sus casas.

Había sido un buen tiempo a pesar de todo.

Vio a su pequeño hijo, quien se aferraba a la escoba, viendo todo con detenimiento. Visualizaron a su querida esposa, quien los saludaba desde donde estaba sentada. ¿Desde cuándo pensaba en ella como su esposa? Era cierto que se habían casado por compromiso, por su plan tan arriesgado y que de alguna manera estaba dando los frutos que nunca imaginaron.

Llamar a su enemigo su hijo incontables veces.

Si Tom hubiera tenido su familia como todo mago, una buena familia. ¿Cómo habría sido su tiempo? ¿Habrían tenido que luchar en una guerra que eliminó parte de lo que amaban? Tal vez sus preguntas no serían contestadas por el momento, apenas estaban empezando a vivir con el pequeño, pero era increíble como poco a poco todos comenzaron a tenerse cariño, como si se conocieran de toda la vida.

Un pequeño serio, con quien era complicado relacionarse, ahora reía como un niño de su edad. Como siempre debió ser. Sonrió al ver como Tom se animó a levantar sus manos de la escoba, para saludar con todos los ánimos a su querida…

—¡Mamá! –Exclamó con todas sus fuerzas —¡Hola mamá! –Harry trastrabilló en pleno vuelo, sujetando a Tom por la cintura antes de que se cayera. ¡¿Había escuchado bien?! No lo podía creer. ¡¿Cómo la había llamado?! ¿Realmente le había dicho mamá?

—¿Mamá? –Preguntó Harry descendiendo, a lo que sintió a Tom tensarse. ¿No se había dado cuenta de lo que había dicho?

Al desmontar, vio como el pequeño cambiaba de colores, nervioso ¿Satisfecho? ¿Extasiado? Contuvo una risa inocente, cubriéndola inútilmente con sus manos. Como si celebrara algo. Levantó la vista a Hermione, quien estaba a punto de llorar de ¿Felicidad? Sentía un revoltijo de emociones, llenando su cabeza de pensamientos de sorpresa y ¿Curiosidad? ¿Tom se tomaba en seria la familia? ¿Los había aceptado? ¿Habían logrado entrar en el corazón de su hijo?

Tom se veía notoriamente avergonzado, avergonzadamente feliz. Se dirigió a él, con sus ojitos brillando, revelando sus emociones.

—Si le digo mamá… ¿No se enojará conmigo? ¿Le gustará? –Las dudas del pequeño eran tan… tiernas. No podía creer que lo había pensado.

—Ve a decírselo de nuevo, verás cómo se alegra con ello –Tom asintió, acercándose a su querida mamá.

Poco les duró el gusto. Una ola de gritos abarcó todo el lugar. Ambos sacaron sus varitas al ver como las personas comenzaban a correr despavoridos mientras los hechizos volaban por todos lados. Este se colocó al frente de su hijo, desviando un hechizo sin recitar. Tomó a Tom en sus brazos y se lo pasó a Hermione, alerta a los ataques.

—¡Hay que salir de aquí, ya! –Ambos corrieron calle abajo, topándose con la muchedumbre y los agresores.

Tom veía y no lo creía. Parecía que estaban en una historia de guerra. ¿Quiénes eran los tontos que se atrevían a atacarlos? Había estado tan feliz y cuando por fin iba a decirle a la señora lo que tanto quería, venían y lo arruinaban.

—¡Harry! –Gritó Hermione al ver como este salía disparado hacia una pared, producto de una explosión. Vio cómo se levantó a trompicones.

—¡Bombarda! –Lanzó el mismo hechizo para ver cómo estos volaban por los aires hasta caer inconscientes. Ella apareció por su espalda, lanzando el mismo hechizo.

—¡Vete de aquí! ¡Llévate a Tom y protéjanse! –Lanzó varios aturdidores, a los que le dieron dos. Se colocaron detrás de una pared mientras los hechizos rebotaban en la misma.

—¡No me voy a ir sin ti! –El miedo agravó su voz. –Escaparemos juntos ¿De acuerdo?

Por primera vez, Tom estaba sintiendo miedo, pero de perderlo. Poco a poco ese miedo comenzó a mezclarse con la rabia que sentía al ver cómo estaban dañando a su familia. ¿Quiénes eran ellos que creían que tenían el derecho de dañar a su familia? Sus pensamientos le distrajeron lo suficiente para ser despabilado de la peor forma posible.

Se aferró a ella al sentir como se desplomaba al recibir un hechizo aturdidor, protegiéndole. Abrió desmesuradamente los ojos, temblando de ira. Se levantó para ver que ella se sentaba, no estando en sus cinco sentidos. Harry le había tomado del rostro, revisándole ansioso. Se había distraído al intentar trasladarse sin éxito. Los malditos habían colocado una barrera para que nadie pudiera salir o entrar no importando el medio. Tenía que sacar a su familia de ahí. Había más magos combatiendo, pero los superaban en número.

Tom le vio intentando no gritar, estaba tan enojado al ver cómo habían golpeado a su mamá, quien estaba volviendo en sí. Harry agradecía que ella tuviera su protección, no por gusto era una buena hechicera.

Pero la furia no se iría tan fácil. Se levantó para arremeter con mayor violencia y velocidad, no se perdonaría si llegase a pasarle algo más. No podía permitir que la apartaran de su lado, jamás. Golpeó a varios con maestría, alejándose unos metros para terminar con ellos. No había sido por gusto que entrenara para ser un auror en su tiempo.

Tom vio como uno de los magos malos, como él lo describía, se acercó para rematar a su mamá, quien apenas se recuperaba del golpe. Se colocó frente a ella, empuñando sus manitas, viéndolo con toda la ira que podía expresar, toda la furia de ver que podían lastimarla.

—¡No vas a dañar a mi mamá! –Le gritó, el mago rió y lanzó el peor hechizo que conocían. Hermione abrió los ojos espantada al escuchar la tan temible frase.

Adava Kedavbra.

Harry corrió, intentando llegar hasta ellos, pero se había alejado demasiado. Había sido un imbécil. ¡No los vería morir! Reconoció el hechizo, cualquiera en todo el mundo mágico lo haría. Lo mortal que era, lo oscuro y degradante que era. Tom se había colocado frente a ella, protegiéndola. Sentía como las piernas le pesaban, sintiendo que el tiempo comenzaba a hacerle correr lento, como si no quisiera que llegara a tiempo.

Hermione vio paralizada como su pequeño se colocaba frente a ella, protegiéndola con su cuerpo. No pudo llegar hasta él para moverlo del lugar. ÉL no iba a morir por ella, no podía. No lo permitiría. Pero su mano no llegaba hasta él ¿Por qué no podía? La frustración le hizo gritar su nombre, el pánico inundó su ser.

Una gran explosión surgió en el lugar, cubriendo todo tras una densa capa de tierra y escombros.

Harry gritó sus nombres, sin detenerse. Lanzó una ventisca que despejó el lugar. ¿Dónde estaban? La desesperación hizo que viera a todos lados, sin parar su caminar. Su corazón se detuvo unos segundos al hallarlos a unos metros de la explosión. Ella yacía en el suelo, inerte. Tom se encontraba a su lado, llamándola entre lágrimas. La movía llamándola como tanto quiso, con dolor.

No podía irse así como así ¿No? Las lágrimas no se detenían, no quería pensar en que la había perdido. Sintió a su cuidador llegar a su lado, tomando a su mamá en brazos, revisándole mientras su respiración entre cortada revelaba lo afligido que estaba. Suspiró de golpe, abrazándola mientras repetía lo que Tom quería escuchar.

Estaba viva.

Ella estaba viva.

Las palabras salieron atropelladas de la boca de su cuidador, pero decía lo que quería escuchar. No la había perdido. No la había perdido. Cayó de rodillas, llorando como su corazón le dictaba, como su pequeño ser podía expresar la agonía que sentía.

Harry susurró levemente mientras intentaba recuperar su respiración. Besó lentamente su frente, para colocar su mejilla en ella. Estaba viva. Vio a Tom, quien seguía llorando, intentando limpiarse a manotazos. Como pudo, se acercó a él para abrazarle. Dejó a Hermione en el suelo, donde Tom tuvo libertad de resistirse, asustado.

—Tom, ella está bien –Habló con toda la calma que no pudo imprimir en su voz, la conmoción era un problema. Tom dejó de luchar para aferrarse a su ropa, empuñando sus manitas mientras temblaba levemente entre sollozos.

—Lastimaron a mamá –Su voz se quebró al escuchar el dolor del pequeño. No se suponía que esto terminara de ese modo. Tenía que haber sido un buen Halloween, el primero para Tom. ¿Qué marcas dejaría en el pequeño?

—Lo sé, lo sé –Acarició su cabello en un intento de reconfortarlo. Le alejó de él para verle, necesitaban moverse y ya. –Tenemos que irnos de aquí, así que debes de ser valiente ¿De acuerdo? –Tom apretó los labios mientras asentía. Ambos se levantaron. Harry tomó en sus brazos a Hermione, mientras que Tom le tomó del bolsillo de su túnica, caminando lejos del desastre.


La ayuda había llegado tarde, había sido un problema romper con la protección que habían hecho, pero todo había llegado a su fin. El ministerio de magia había informado que los perpetradores intentaron robar Gringrouts, por ello provocaron la distracción que se convirtió en el peor escenario para todos.

San Mungos no había estado tan lleno como lo recordaba. El daño era mayor de lo que calcularon al principio. Más de cien heridos, treinta de ellos en estado grave, el resto de heridas considerables. Veintidós muertos, propiedades destruidas y cincuenta capturados, de los cuales también habían muertos.

El peor Halloween de la historia.

Harry se encontraba en el área pediátrica, mientras curaban a Tom de sus manos. Este se había dejado hacer con tal de que su cuidador se quedara a su lado. Había pataleado, gritado y llorado con tal de que no lo separan de su papá. Así lo había dicho. Verlo tan desesperado, tan conmocionado por todo lo sucedido, le estrujaba su ser, no se merecía vivir tal angustia.

Él era un buen niño que se merecía la felicidad del mundo entero.

Luego estaba Hermione, quien tenía heridas leves, aunque debía descansar. Había despertado poco después de llegar al hospital. Como no habían dejado a Tom quedarse con ella, se había aferrado a su bata, ella le convenció de ir con su cuidador, dejándole en claro que estaría bien. Al soltarse, se dieron cuenta de la mancha de sangre que dejó en su bata. Tenía quemaduras en sus manos, producto de la explosión.

Él la había provocado.

Si no hubiera visto sus heridas, no creería que él provocó la explosión. Todo por proteger a su mamá.

—Listo, solo ten cuidado de no lastimarte de nuevo –Le indicó la enfermera, solo asintió serio. Harry se sentó con él en la camilla, abrazándole de lado.

—¿Estás mejor? –Tom vio con sumo interés sus vendas, negando levemente. Quería llorar, pero la furia aún lo embargaba. No los perdonaría jamás.

—Campeón –Lo tomó entre sus brazos, sentándole en sus piernas. Pasó una mano por su cabello, llamando su atención. Su seriedad era aún más densa de lo que pensó. No podía dejarle con todo ello en su interior.

—¿Por qué lo hicieron? –Susurró tras varios minutos de que ninguno habló, sintiendo el roce de la mano de su padre. Lo vio, quería saber la respuesta. Harry lo pensó un momento.

—Hay personas que valoran más el dinero que la vida de los demás, cometiendo actos malvados –La oscuridad en las personas era como una plaga, pensó. ¿Cuándo se detendrían a pensar realmente?

—Atacaron a mamá por dinero –Razonó Tom más para sí mismo. ¿Por qué tenía más valor el dinero que la vida de su mamá? Ella no les había hecho nada. –Los odio –Bajó la mirada, mordiendo su labio.

—No dejes que tu corazón se llene de rencor Tom –Levantó su rostro, viéndole enojado por sus palabras –Sé que merecen mucho más que solo ser capturados, pero si te dejas llevar por ello no es bueno, esas personas tendrán el castigo que merecen, siendo juzgados por sus actos. Además, ambos creemos que eres un niño noble, muy valiente y no queremos que dejes eso de ti –Tom suspiró, cansado. —¿De acuerdo?

—¿Y si pienso en eso? ¿Eso me vuelve malo? –Preguntó, Harry negó levemente.

—Todos pensamos en eso, lo que no debes de hacer es tomar la justicia por tus manos. Puedes pensarlo, incluso querer hacerlo pero debes de buscar siempre la mejor solución, no por la violencia. Hay formas de hacer todo bien. Sé que es difícil entenderlo ahorita, pero piénsalo ¿Si?

—Mamá se pondría triste si lo hago ¿No? –Preguntó, si eso pasaba…

—Sí, se pondría triste ya que quiere lo mejor para ti –Tom sonrió levemente. –Sé qué harás lo correcto, Tom. Eres un pequeño muy listo.

Tom no expresó nada más. Vio hacia la ventana, aún con las palabras de su padre revoloteando en su mente. Bostezó, para detenerse a ver una figura que le sonreía de manera salvaje, maléfica. Lejos de asustarse, le devolvió la mirada fiera mientras se recostaba en el hombro de su padre. La figura se giró para desaparecer del lugar.

Por esa vez, lo dejaría en el olvido. Solo quería dormir, tranquilo y seguro en sus brazos.

En los brazos de su papá.


¡Buenas a todos!

Capítulo bastante intenso ¿No lo creen? Pasar de un momento tierno de familia para una situación tan caótica. ¿Habrá sido por ese sujeto? ¿Qué misterios rondan en la vida del pequeño? Muchas y más preguntas en el siguiente capítulo.

He cumplido con el plazo y estoy realmente contento con la respuesta que tiene la historia, así que para no hacerlos esperar más, está listo el capítulo de una manera calculadora. Créanlo o no, pero me concentré tanto en este capítulo que mi madre se puso a leerlo mientras escribía y ni en cuenta (Con buena música de fondo y audífonos) hasta que movió mi hombro, espantado cerré de golpe la laptop para burlarse de mi. Cosas de la vida.

Gracias a todos por su comprensión, me alegra recibir tan interesantes reviews, Tom se alegró de ver que a pesar de la tardanza han estado al pendiente de la historia. Esperamos que este capítulo no los haya conmocionado tanto, y que quieran que estemos vivos para la siguiente semana y un capítulo más, donde creo que se vendrá navidad. De todo corazón gracias, esperamos sus comentarios que nos ayudan a festejar con júbilo que podamos llegar a sus corazones.

Los espero la siguiente semana con un nuevo capítulo, hasta entonces feliz noche.