Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.

Notas al final del capítulo.


Tom Riddle, el niño que adoptó su destino

"Navidad"

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—Mamá ¿Qué haremos hoy? –Tom la veía mientras ella le colocaba el abrigo para salir ese domingo.

Diciembre había entrado con rapidez. Las calles comenzaban a cubrirse de una bella capa de nieve que hacía gritar de emoción a los más pequeños, donde el espíritu navideño adornaba los rostros de todos. Tom aún recordaba lo sucedido en Halloween.

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Del cansancio, no pudo percatarse en qué momento habían regresado a casa. Seguía en los brazos de su papá, sintiendo un calorcito que le dejaba adormecido, quieto como gatito. Aún recordaba los sucesos del callejón Diagon, sin un atisbo de miedo.

Sin miedo.

Aún estaba molesto, no entendía el cómo los magos pretendían que sus acciones fuesen correctas. Lastimaron a sus padres, eso no se los iba a dejar pasar. Pero tenía un inconveniente.

No podía tomar el mismo camino.

La plática con su padre le había dejado en claro la posición que ambos tenían, y el cómo afectaría su propia vida. Lo curioso fue el no escuchar cosas como: "No nos gustaría tener un hijo así" o "No te educamos para eso" incluso no existió el "Si sigues ese camino te olvidas de nosotros".

Les preocupaba su vida.

No hubo rechazo, todo lo contrario. Apelaron a su lógica, la cual su cabeza aceptó a pesar del rencor que les tenía a esos bobos magos; ellos mismos declararon confianza con su juicio, con lo que su cabecita podía generar. Era sorprendente.

—Tom, ya descansa ¿De acuerdo? –Su padre le dejó en su cama, pero este no soltaba su suéter. El aludido abrió sus manitas, sorprendido de haberse perdido entre sus pensamientos. Lejos de irse, lo arropó y se quedó sentado a su lado, solo viéndolo.

—¿Mamá está bien? –Preguntó, no la había visto.

—Ella está bien, solo está cansada así que fue a la cama –Acarició su cabello –Mañana podrás verla sin problemas. –Tom asintió, cubriéndose para dormir. –Descansa, campeón.

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—Iremos a comprar lo que necesitamos para la cena de navidad –Terminó de acomodar su ropa para tomarle de la mano y salir a la calle, mientras Tom balanceaba la cesta de compras. Hermione le vio con cariño.

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A la mañana siguiente, se levantó pasado de las diez de la mañana. Bostezó, estirándose para caerse de la cama de lado. Utilizando sus manitas como apoyo, se levantó de un empujón para caer sentado, había olvidado que las tenía vendadas y el dolor le hizo trastabillar. Volvió a levantarse para salir de su habitación, con sus pasos silenciosos debido a que no tenía sus zapatos y caminó hasta llegar a la habitación de sus padres.

Abrió la puerta lentamente, procurando no hacer ruido. Recordaba haber visto dos camas separadas en el lugar, pero ahora estaban unidas y ambos dormían juntos. Tom sonrió levemente sin percatarse de ello. Había tenido la necesidad de ver que estaban bien, vivos. No quería perderlos, como casi había pasado en el día anterior.

Cerró la puerta luego de salir de la misma manera, silenciosa. Bajó las escaleras y sin pensarlo tanto, se dirigió a la biblioteca. Al estar dentro de ella dirigió la mirada a cada uno de los títulos, sin tener idea de cuál tomar.

Sin saber que hacer realmente.

Las palabras de su padre resonaban silbantes en su mente, confundiéndolo. Se sentó en la mesa, distraído. Quería entender lo sucedido. Quería entender por qué los magos atacaron a su propia gente. Quería entender como no odiarlos. Quería entender.

Pero no podía.

Estaba enojado porque atacaron a sus padres. Estaba furioso porque estuvo feliz y casi lograba decirle a ella la tan repetida y ansiada palabra. Quería verla feliz. Lanzó los libros que había en la mesa, al borde del llanto.

¿Qué podía hacer?

Levantó su vista nublada por las amenazantes gotas saladas que deseaban resbalarse por sus mejillas en contra de su voluntad, cruzó los brazos hundiendo su rostro en ellos. El miedo era tan real, pero podía más su enojo.

Eso fue lo que creyó.

No quería perderlos.

Sin cambiar de posición, vio hacia el frente, levemente sorprendido. Las lágrimas habían dejado su huella, pero más que cualquier otra cosa, la idea de perderlos lo dejaba vacío, sintiéndose mal. Dolía el pecho solo de pensarlo.

Sus sonrisas bobas desapareciendo.

Sus chistes que hacía que les diera su reprimenda a modo de broma.

Sus pláticas.

Sus palabras que lo hacían sentir bien.

Sus comidas deliciosas.

Sus salidas.

Su familia.

Todo borrado de un solo hechizo.

—¿Tom? ¿Estás aquí? –El rechinido de la puerta lo sacó de sus cavilaciones. Limpió a manotazos su rostro, su mamá caminando hacia él, con rasguños y heridas ya sanas, pero las marcas… —¿Te sientes bien? Fui a tu habitación y…

—Me siento bien –Sonrió lo mejor que pudo, aún sin desaparecer su seriedad. Hermione lo tomó entre sus brazos, cargándolo. Él no se quejó, solo le dejó ser. Caminaron hasta la cocina donde le dejó sentado, acarició una de sus mejillas mientras le veía. ¿Qué tanto pensaría su mamá? Se preguntó sin dejar de verla.

—Harry me contó lo que pasó –Tomó sus manitas entre las suyas, con cuidado de no lastimarle. Tom dirigió su mirada a sus manos y luego hacia ella, confundido. –Sé que tenía que haber sido un buen Halloween para ti, pero hay personas malas en el mundo que no se detienen hasta cumplir sus caprichos…

—Los lastimaron a los dos –Dijo sin tapujos. Hermione guardó silencio, sorprendida. –Pensé que te… perdería, mamá –Sentía un nudo en la garganta al hablar, no quería llorar pero comenzaba a ser inevitable. –Papá me dijo que no odiara pero…

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—Ahí podremos comprar el pavo –Señaló su mamá al avanzar a la abarrotada carnicería. Tom volteó a verla sin haberle escuchado, preguntando por lo dicho anteriormente. No había querido hacerlo pero el recuerdo de la biblioteca era algo que no podía dejar sin pensarlo. Hermione le llevó dentro donde hicieron fila para comprar lo que necesitaban.

—¿Se necesita un pavo para celebrar la navidad? –Preguntó Tom curioso.

—¿Celebraste la navidad alguna vez? –Preguntó viendo como su pequeño negaba lentamente, sin sentirse ofendido o aludido. –Es una tradición comer pavo o lomo de cerdo, o lo que guste la familia al final. –Vio como el pequeño asentía sin pedir más explicaciones, para pasar a curiosear los tamaños de los pavos.

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—No debes –Indicó con seguridad, limpiando sus mejillas húmedas. Su pequeño, quien no temía ni renegaba llamarlos ahora como sus padres cuando en un inicio había sido un acuerdo, quien no se percataba cuando las lágrimas salían, cuando sus emociones eran más fuertes de lo que podía guardar en él. Lejos de regañarlo, apeló a lo que ambos buscaban en él –También me asusté al ver que podía perderte, cuando me defendiste de ese mago malo –Tom recordó sorprendido lo sucedido. –Aunque no lo creas, también quiero odiar a ese mago, pero… si me dejo llevar por ello, posiblemente cometeré una tontería como querer dañarlo y eso sería el comienzo, podría hasta perderte por no seguir la ley, pero más que eso, perdería la oportunidad de verte crecer, amarte y cuidarte hasta que tú desees lo contrario.

—¿Aún cuando sea un viejito? –Preguntó inocentemente.

—Por supuesto –Rio conmovida. –Sé que es difícil pero lo superaremos juntos, siempre ten en cuenta que puedes hablar con nosotros –La abrazó, sin pensar nada más. –Quiero que seas feliz siendo una persona de bien, que vele por lo bueno. Eres muy listo, mi pequeño.

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Recordó que había pasado como dos semanas con un semblante triste, distraído y muy pensativo. Era como ver a un pequeño adulto, pero no lo dejaba solo. Poco a poco comenzó a platicar un poco más, expresando sus dudas, dejando ese letargo poco a poco.

Hasta ver lo que era ahora.

La tomó de la mano para indicarle un pavo en específico; mediano, fresco y puesto en una bandeja con hierbas debajo. Asintió y lo compró, Tom lo tomó pero se fue al suelo con todo y pavo. Hermione le ayudó a colocarlo en la cesta de mimbre, ocupando un buen espacio en ella. Hizo amago de llevársela, pero Tom la intentó levantar solo.

—Si la llevamos entre ambos será más fácil –Tomaron uno cada lado y caminaron hacia afuera. Tom se sentía satisfecho de ayudar a llevar el pesado pavo. Ella rio viéndole con ternura.

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—¿Puedo preguntarles algo? –Los primeros días de invierno, apareció Tom en su habitación a primera hora de la mañana. Estaba nervioso. Ambos se sentaron en la orilla de la cama, indicándole que podía preguntar lo que quisiera. —¿Puedo… llamarles mamá y papá?

Ambos se vieron sorprendidos. El niño llevaba un tiempo diciéndoles de ese modo que no pensaron que pediría permiso para ello. Le indicaron que se acercara y este lo hizo. Harry le tomó por debajo de los brazos para alzarlo y sentarlo en su regazo. Hermione se sentó a su lado, viendo como este le despeinaba más de lo que ya estaba.

Tom hizo un puchero ante la actitud infantil de su actual papá. Harry rio un tanto más alegre de lo que siempre era.

—No sabes lo felices que nos has hecho al escucharte nombrarnos de ese modo –Tom los vio a ambos, esperando que no le estuvieran mintiendo. Solo encontró sus sonrisas bobas, que muy a su gusto eran sus favoritas.

—No necesitas permiso para ello –Los vio serio, pensaba que si era necesario. –Eres nuestro hijo y eso te da derecho de llamarnos como gustes, y más si es como mamá y papá.

—¿No les molesta? –Preguntó, quería estar seguro. Ambos negaron sin perder ese entusiasmo que sobresalía ante esas palabras.

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—¿Quieres llevarte la canasta de manzanas? Así me llevo el pavo y tú me ayudas con las manzanas –Tom asintió, recibiendo la canasta con las manzanas. Era menos pesada que el pavo pero podía llevarlo solo. Le gustaba ayudar a su mamá.

Era un niño grande que podía ayudar a su mamá.


Harry caminaba por el pasillo del hospital acompañado de su asistente, un enfermero llamado Boris Hanteleon, quien le dirigía en todos los pendientes del lugar. Ya tenían dos años trabajando juntos, desahogándole bastante trabajo.

Debía revisar con el personal el inventario semanal y mensual de consumo y gastos necesarios, además de abastecer los insumos que requerían, todo lo que se necesitara para una buena atención. Además de tener sesiones con los socios, jefes de área y demás.

Mientras observaba, recordó la importante tarea (que en un momento fue una broma que se tomó seriamente su hijo) sobre comprar el árbol de navidad más frondoso y bello, para que pudieran adornarlo juntos. El recordar su actitud decisiva le hizo pensar en que ya no era una misión lo que estaba cumpliendo.

Pasó de ser una misión a una vida completa.

No se iba a mentir, le había tomado cariño a ese pequeño niño, era muy serio y su antipatía relucía sin esfuerzo, mostrando que desconfiaba de todo el mundo, todo era malo para él. Habían previsto algunos puntos de su ser, pero nunca imaginaron que tanto.

Un pequeño de cinco años los había sorprendido.

Conforme el tiempo, se dieron cuenta que solo era una forma de protegerse, pareciendo que no podrían llegar a su corazón. Pero no fue así. Curiosamente, comenzó a sonreír levemente, eso si, únicamente con ellos, mostrando leves rastros de curiosidad por conocerlos más. Le encantaba cuando intentaba seguir la broma para que Hermione les riñera, viendo cómo se escondía para que no lo viera reírse.

El mayor vuelco de su corazón fue escucharle decir papá.

Adiós al "señor" y "señora".

Que tuvo la iniciativa de llamarles así, y luego que pidiera permiso para hacerlo oficial. Sonrió mientras terminaba de revisar el inventario de la primera bodega, recordando la sensación de ese día.

No podría olvidarla.

Cuando lo escuchó, sintió una felicidad tan intensa que ni le importó aparentar nada. Nunca imaginó que una simple palabra podía hacerle feliz. Y luego escucharle reír de alivio, y que luego se dejara llevar al pronunciarlo varias veces, como si quisiera hacerlo real.

¿Ese iba a ser el destructor del mundo mágico?

"Nuestros corazones se conectaron" sabias y cursis palabras de su esposa. Pero no las negaría. Un pequeño brillante que solo necesitaba una amorosa familia. Solo eso. Ahora anhelaba verlo crecer, que se convirtiera en un buen mago, que fuera feliz.

No en Lord Voldemort.

Aún tenía esa ansiedad, muchas cosas podían cambiar en el camino. Pero quería ser positivo, pese a las circunstancias.

Porque ya no los movía una misión.

Ahora pensaba que faltaba poco para navidad, aún no decidía que regalarle, pero ya lo vería luego del trabajo. Debía ser especial, sería su primer regalo de navidad, que fuese una fecha que pudiera disfrutar, no como lo sucedido en Halloween. Pero ya no pensaría en ello.

Salió a almorzar, a una cafetería muggle. Frente al escaparate tenían un pequeño muñeco vestido de Santa Claus, recordando el vano intento de que Tom creyera en Santa Claus.

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Tom juntó sus cejas en un claro hecho de concentración al escucharles narrar sobre un viejo barrigón de traje rojo que bajaba por las chimeneas y viajaba por trineo por todo el mundo en una noche. Ambos habían decidido contarle ya que tenían una educación muggle.

—Saben que es imposible ¿No? –Ambos rieron incómodos. –Si el señor es de cuerpo gordo no entra por la chimenea, y no está usando la red flu, los renos no poseen magia y sería imposible mantener el trineo con una pesada carga. Lo único cierto sería la bolsa mágica, mamá me mostró un libro de objetos mágicos y como hechizarlos, pero dudo que pueda meterse más de un millón de juguetes –Harry sacó una pequeña bolsa con monedas que le dio a Hermione, quien sopesó su premio victoriosa. Habían hecho una apuesta.

—¿Qué le enseñas al pequeño diablillo? –Preguntó en tono de broma.

—Lee, lo que tú no haces –Respondió orgullosa.

—Es cierto, leo más que tú, papá –Completó el pequeño. Comenzaron una pequeña riña amistosa.


La misión de Tom era escoger un buen árbol de navidad, no muy alto o muy bajo, frondoso y que luciera lindo para su hogar. Su padre se lo había encargado, ya que trabajaría hasta noche buena. Yendo de la mano con su mamá, paseaban entre los árboles puestos en el jardín nevado de la tienda que estaba rodeada de un cerco blanco.

—Quiero este –Señaló un árbol mediano, de cuerpo ancho, frondoso y con una punta semi doblada, no más alto que Hermione.

—Por favor, llévelo a esta dirección –El encargado recibió la dirección de su casa, para hacer la entrega.

—¿No lo llevaremos cargado? –Preguntó sorprendido.

—Llevamos muchas cosas, además el árbol es pesado aún para mí –Tom asintió, para seguirle el paso hacia la última parada del día.


24 de diciembre / 21:30 horas

Tom dormitaba al lado de Hermione, quería estar despierto hasta muy tarde pero el sueño le había vencido. Recibiendo la promesa de despertarle, pudo dormir tranquilo. Con cuidado, le acomodó en el sofá, cubriéndolo con una manta.

Era como ver a un angelito.

Había estado ayudándole con los preparativos de la cena y los adornos de la casa, insistiendo que no los colocara con magia, que él los pondría. Arrastró una caja con adornos por todos lados, la empujaba, la abría, sacaba lo que creía conveniente para ese lugar de la casa y luego la cerraba, dirigiéndose a los lugares vacíos.

No logró terminar, por los lugares altos como la guirnalda de la puerta o pequeños racimos que debían de ir en las habitaciones. Así que los puso ella, mostrándole a Tom como podría hacerlo la próxima vez.

Podía verse una sonrisa de satisfacción cruzar su rostro sin tapujos. Realmente estaba emocionado por la navidad.

—¿Llegué muy tarde? –preguntó Harry al ser recibido por su amiga un par de horas después de que Tom se durmiera.

—No es tarde, aunque Tom ya está durmiendo en la sala –Ambos caminaron hacia la sala para verle dormir.

—¿Cómo ha estado todo? –preguntó al sentarse a su lado, el pequeño dormía profundo.

—Si lo hubieras visto no lo creerías –Sonrió febrilmente –Ayudó en la cocina, decoró parte de la casa, hasta que se cansó y se durmió. No creí que podría emocionarlo tanto la navidad.

—Creo que por fin está viviendo como un niño –Harry le movió levemente, llamándole por su nombre para despertarle. –Vamos Tom, iremos al parque –Le ayudó a sentarse mientras se frotaba los ojitos, intentando espantarse el sueño.

—Traeré los abrigos –dijo Hermione saliendo hacia las habitaciones. Harry se acomodó a su lado, Tom se recostó levemente en él, tranquilo.

—¿Cómo la has pasado? –Preguntó, viéndole bostezar por enésima vez.

—Bonito, todo ha estado bien –Cerró levemente los ojos, presa del cansancio. Harry le levantó con cuidado para sentarle en sus piernas y ver lo adormilado que seguía. No tenía costumbre de estar despierto hasta tan tarde.

—Me alegro, pero no te duermas –Rio mientras Tom hacía mohín. Tocó sus mejillas, palmeándose varias veces. Quería mostrarle que podía estar despierto. –Será por un rato que iremos al parque, hoy estarán el coro con villancicos, y podrás ver la nieve caer.

—¿Luego regresaremos a casa? ¿Qué haremos después?

—Ya veremos luego o no veremos nada –Bromeó.

—Papá –Se quejó cruzándose de brazos.

—Tengo los abrigos –Ambos vieron a Hermione entrar con los brazos ocupados con las prendas. Ella ya estaba lista para salir.


Como era costumbre en cada noche buena, las personas del lugar se reunían en torno al parque para escuchar al coro que interpretaría las canciones que les harían recordar la maravillosa época de gracia, amor y paz que daba la navidad. Un tiempo para reunirse en familia, celebrar con las amistades y tener ese gesto que eliminaba a los rencores, odios y destrucciones que habitaban continuamente en el corazón de las personas.

Esa noche era especial.

Harry llevaba en brazos a Tom, quien observaba el parque que tenía su plaza con el coro bajo techo cantando fervorosamente. En torno a esta, estaban ya ubicadas las familias junto a sus pequeños, amigos y vecinos, cantando o simplemente moviéndose al compás de las voces.

Había leído varios libros con historias navideñas, sobre las cuales narraban las cotidianidades de las familias: Preparar los adornos, cocinar el pavo, dejar todo listo para esta gran noche. Todo lo hacían con alegría.

Todo lo hacían juntos.

La madre ayudaba a la hija, el hermano menor a la mayor y así sucesivamente. Pero ¿Por qué celebrar la navidad? Terminó preguntándole a su mamá, quien le explicó a detalle. De toda la información recibida solo le interesó una cosa.

El compartir con su familia, el celebrar la vida junto a tus seres queridos y dar gracias por todos los momentos que han pasado juntos.

Tenía un papá muy bueno, algo bobo pero divertido.

Tenía una mamá muy buena, hermosa y muy inteligente.

Sonrió ligeramente, escuchando las palabras que sonaban entre la melodía de los villancicos.

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Noche de paz…

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La primera vez que pudo llamar la casa como su hogar.

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Noche de amor…

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La primera vez que sintió que deseaba llamarles papá y mamá.

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Todo duerme alrededor…

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Suavemente, recostó la cabeza en el hombro de su papá, dejándose llevar por el calorcito que lo invadió sin capricho, protegido y amado por su querida familia.


31 de diciembre / 12:00 PM

Se había despertado, presa de un extraño sentimiento que no pudo identificar. Se levantó, un tanto preocupado para ver como la ventana de su habitación se abría sola para dejar paso a una sombra que tomó forma.

No era posible.

Era el mismo sujeto que vio en Halloween.

Este le sonrió mezquinamente para transformarse en una pequeña niña de cinco años, de coletas color fuego, mirada voraz, como si fuese propia de un asesino. Llevaba un vestido pomposo, de color amarillo. La niña ni hizo ánimo de acercarse a él, pero sí de verlo de pies a cabeza. Confundido, frunció el ceño.

—¿Quién eres? –Preguntó de manera autoritaria. Nadie se colaba a su casa solo porque sí y menos él… o ella.

—Tú ya sabes quién soy, pequeño Tom –Se inclinó ante él, estirando su vestido elegantemente en reverencia. Tom respingó. –He de darte mis felicitaciones primero –Regresó a su posición original, mordiéndose el labio, divertida. –Feliz cumpleaños, Tom.

Feliz cumpleaños…

Ese encuentro lo odiaría para siempre.


¡Y de vuelta a la historia!

Lamentamos profundamente el habernos atrasado con la historia, pero siendo sincero: La inspiración se fue por la borda. Huyó. Murió. Etcétera. A pesar que ya tenía las ideas del capítulo, que ya estaba escrito en un cuaderno, fue completamente terrible el intentar una y otra vez el plasmar las palabras sin que sonara extraño, sin sentido y otros motivos que sobresalen cuando no logras escribir adecuadamente.

Bueno, regresando al tema del capítulo… fuerte el desenlace ¿No? Dirán, ¿Cómo pasó la navidad y su cumpleaños? Oh mis queridos lectores, dejé esos hermosos recuerdos para el siguiente capítulo, que posiblemente tenga muchas más sorpresas que este hermoso capítulo, que por lo que estoy viendo, querrán matarme, pero recuerden que si muero no podré seguir escribiendo y me llevaré el secreto a la tumba (risas). Tiene su porqué, como todo. Ya lo verán.

El ritmo de la historia este…. No prometo nada, pero seguiré escribiendo hasta el final, eso si. Los cinco meses que han pasado sin saber del pequeño y tierno Tom se trabajó hasta dar esta forma, espero que haya sido de su agrado, espero sus comentarios y/o amenazas, ya saben. Me alegra (o nos alegra, recuerden que Tom escribe también) que a pesar de las tardanzas siempre están al pendiente de la historia y eso motiva hasta los cielos. Gracias a todos sus comentarios (que me sorprendieron mucho, más por esa propuesta de fic que fue bastante interesante, si llego a tener un poco más de tiempo pueda que la escriba), sigan escribiéndonos, colocándonos en alertas y favoritos, nos motiva mucho más.

Gracias y espero verles pronto. Feliz semana.