Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.

Notas al final del capítulo.


Tom Riddle, el niño que adoptó su destino

"Una Carta Apremiante"

Esa noche, se sentaron juntos en la sala; Harry recostando su cabeza en las piernas de Hermione, ella acariciando su cabello lentamente. En su rostro yacía una sonrisa tranquila, con los ojos cerrado; Hermione con calma, tarareaba una canción de cuna.

Con el pasar de los años su camaradería comenzó a hacerles más cercanos, más íntimos. Siendo amigos, confidentes, un dúo que buscaba darle vuelta a un futuro oscuro… una pareja de lo más común, sostenidos por el cariño de una vieja amistad.

—Harry… —El crepitar de las llamas de la chimenea en esa noche fría se vio interrumpido por su susurro, llamando su atención.

—¿Si? –No se movió, respondiendo quedamente, decidido a no abandonar su espacio de calor y paz.

—¿Extrañas a Ginny? –No había querido ser tan directa, pero estaba un poco abrumada ese día.

—La extraño –Abrió los ojos para verla con seriedad, para sonreírle resignado. –Pero comienzan a pasar los años y creo que he olvidado cómo era ella…

—Su cabello era rojo, y creo que tenía pecas –Narró pensativa, queriendo darle una descripción detallada.

—¿Tú extrañas a Ron? –La pregunta le hizo saltar, presa de un sonrojo notorio. Le pareció tierna la manera en que reaccionó.

—Si, lo extraño mucho –Suspiró pesadamente, volviendo a acariciar el cabello de Harry un tanto maternal. –Suelo preguntarme ¿Por qué no nos casamos con ellos antes?

—¿Casarnos? –Meditó Harry viendo hacia el techo. ¿Había pensado alguna vez en formar una familia con ella?

—Si Harry, casarnos –El sonrojo subió de tono –Digo, así como nosotros pero con nuestras parejas.

—Nosotros –Sonrió un tanto divertido, escuchando bufar a su querida amiga –Bueno, creo que no lo pensaba en ese entonces, digo… tú y yo…

—¡Harry! ¡Sé serio! –Volvió a reír al verla tan ataviada, ella le jaló las mejillas intentando no azorarse.

—¡Para! ¡Solo bromeaba! –Sujetó sus manos sin dejar esa expresión divertida. La soltó con cuidado, meditando un poco antes de contestarle. —¿Puedo confesarte algo? –Asintió. –No creo haber pensado en formar una familia con ella, o por lo menos no lo recuerdo.

—Y eso que cada uno llevaba bastante tiempo con su pareja –Contestó Hermione viendo al techo. Ambos perdidos en sus propias memorias, recordando a ese amor lejano, con dulces momentos que daban premura y felicidad al tenerles entre sus brazos, entre sus mimos, entre ese cariño que podían expresar con facilidad y vergüenza. –Si pensaba en casarme con Ron, pero no era mi meta final.

—Creo que estábamos cómodos y no pensamos más allá –Suspiró, recordando la guerra y los dilemas que enfrentaron durante tres años, antes que decidieran viajar en el tiempo. –Nuestras vidas no son un mar de felicidad y paz ¿No?

—Hasta ahora parecen serlo –Harry se sentó, recostándose de lado para verla. Hermione imitó su postura. –Me da gusto que estés conmigo, Harry.

—Gracias por elegirme, Hermione.


—Si se retira, se lo agradeceré –Hermione le vio estoica, sorprendiendo a Tom.

—Creo que no lo entiendo, si me permitiera… —Intentó razonar con ella, Tom al recuperarse de la sorpresa, recuperó su lado estoico. Esperaba que se fuera de una vez por todas.

—Profesor Dumbledore, no necesita venir en persona para ver a mi hijo ¿No es así? –No quería ser mordaz pero después de tanto ya no confiaba en él.

—Si es mi deber venir y velar por los nuevos integrantes de Hogwarts, ya que él está inscrito desde que nació…

—Lo sé, pero como puede ver esta es una casa de magos y ya está llamando la atención de los vecinos…

—¿Profesor Dumbledore? –Tom se sorprendió al escuchar a su padre detrás de ese gran señor que interrumpía su tarde sin importar nada. –Cariño, déjale pasar, hablaré con él.

Un tanto a regañadientes, le dejaron pasar. Harry y el profesor se dirigieron hacia la sala, mientras ellos dos se quedaban en la puerta, cerrándola.

—¿Mamá? –La llamó sacándola de sus cavilaciones. Ella volteó a verle, esperando sus palabras. —¿Quién es ese señor? ¿Por qué parece ser que me conoce?

—Él es un profesor de la escuela de magia y hechicería "Hogwarts", ¿Recuerdas que te hablamos de ella? –Tom asintió. –Por haber nacido con magia, quedaste inscrito gracias a que alguno de tus padres estudió ahí. Por ello te conoce, o por lo menos sabe de ti solo por estar inscrito.

Sin mediar más palabras, se dirigieron hacia la sala, esperando que todo estuviera en orden. Ellos estaban hablando tranquilamente, al verla se levantó para disculparse por su inesperada intromisión.

—Lamento si la asusté, señora Granger –Con su estilo carismático, tomaba asiento junto a ellos. –No quise ser inoportuno pero no teníamos noticias del joven… Granger, más que una carta de su madre biológica.

—¿Una carta? –Preguntó Tom, viendo como este asentía ante su pregunta. Extendió un sobre amarillento, pero el pequeño no hizo el amago de apoderarse de ella.

—¿Cómo es que su madre les dejó una carta? –Preguntó Hermione. ¿Eso era normal? Se suponía que ella había muerto después del parto ¿Aún tuvo tiempo de hacer algo antes? ¿Hubo alguna vez siquiera registro de ello?

—Llegó a nosotros de manera anónima, y según pudimos confirmar era de ella –Comentó el profesor, sin dejar de ver al niño. —¿No quieres leerla?

—Esa es una carta para el colegio ¿No? –Inquirió Tom. Tenía ocho años, pero no era ningún tonto. El profesor no le agradaba en absoluto, menos por la forma en que reaccionó su madre. ¿Qué quería con él?

—Es para ti –La dejó en la mesa que servía como centro de la sala, para sacar de su saco la otra carta mal doblada. –Esta es la del colegio.

—Puede llevársela, no la quiero —¿Esto era lo que la niña le había dicho? ¿De lo que se burlaba el año anterior?

—Tom, si es por… —Susurró Hermione colocando una mano en su hombro.

—No es por eso, mamá –Habló secamente. –Prefiero que se la lleve, profesor. Mi pasado está donde debe estar, y eso es suficiente para mi.

—La guardaré por ti hasta que decidas leerla –Harry tomó la carta para la felicidad del profesor.

–Espero que puedas ser parte de nuestra institución. -Comentó el profesor.

—Se lo notificaremos cuando decidamos lo mejor para nuestro hijo –Harry le despidió, guiándole hasta la puerta. Hermione soltó el aire que no sabía que retenía, para darse cuenta que Tom la veía intensamente, le sonrió mientras acomodaba su cabello.

—Mamá ¿Estás bien? ¿Él era un hombre malo? –Preguntó preocupado.

—Es solo alguien del que debemos tener cuidado, nada más –Ni estaba segura de como catalogarlo, había sentido la angustia de solo imaginar que Tom podría pasar las mismas pruebas y desgracias que casi llegaron a matar a Harry y todo… No, no quería ese futuro para él.

—Hermione –Harry llegó hasta ella, ambos le vieron preocupados. Sus dos chicos adorados le veían, besando la frente de ambos se puso de pie, dejando de lado los malos pensamientos.

—Tranquilos, todo está bien –Hablaría con él más tarde, para decidir el futuro de su querido hijo.


Era el séptimo cumpleaños, un treinta y uno de diciembre. No se había ido a dormir, esperando a las doce como cada año, cuando aparecía esa niña que podía transformarse en cualquier humano. Como la odiaba.

El sueño le estaba ganando cuando sintió la brisa de nuevo. Ahí estaba, de nuevo frente a él sin que pudiera percatarse de ello. Esta vez, llevaba un vestido de color negro con detalles blancos, rosas en los vuelos con un sombrero con el mismo detalle.

—¿Sacas el vestuario de una obra de teatro o qué? –Preguntó Tom de mal humor.

—Que mal genio tienes, cumpleañero –Le miró divertida. –Y eso que solo te visito una vez al año.

—¿Qué es lo que quieres?

—Darte el regalo de este año, por supuesto –Sacó de su bolsillo una caja pequeña, dejándola en el suelo. Esta vibró, para dejar salir a una serpiente larga, de color verde y mostaza. Una boa.

—¿Una serpiente? –Inquirió Tom.

—"¿Un humano?" –Siseó la serpiente, para ver a la niña. —¿Para esto me capturaste? –Ella le vio complacida.

—Hablas el lenguaje de las ser…

—Ya sé que hablo pársel –Le interrumpió mezquinamente. La niña chasqueó malhumorada.

—Bueno, en vista que te informaron sobre anormal que eres te pondré tu primera prueba…

—Yo no voy a seguir tus… —Le tiró una enciclopedia a la serpiente, aplastándola.

—Si no superas mis pruebas, si te niegas, iré y mataré a tus padres –Declaró furiosa, sacando entre sus ropas una espada larga, blandiéndola en el aire. –Nadie puede detenerme, y te lo puedo demostrar si así lo deseas –Fue la primera vez que percibió la sed de sangre de ese ser. Tom tembló levemente ¿Era capaz?

La niña sonrió con sorna, saliendo del cuarto, Tom detrás de ella. La tomó del brazo pero la traspasó.

—Déjalos –Susurró sin contener su ira. Su corazoncito latía desbocadamente. ¿Tanto temía que ese ser los dañara? –Ni siquiera existes… —Intentó.

La respuesta que recibió fue una tajada en la pared que dejó una línea larga que partió dos cuadros por la mitad. Abrió la puerta de la habitación de sus padres al llegar, levantó la espada ante la mirada atónita del niño, quien gritó desgarrado al ver como la sangre salpicaba la sábana, como rodaba la cabeza de su padre y el grito de su madre al ser atravesada por la misma. Un no profundo, lleno de desesperación y angustia, resonó en la habitación, las lágrimas rodaron sus mejillas sin control.

—Vuelve a contradecirme y esto es lo que tendrás a cambio –La niña arrastró la espada, chasqueando los dedos. –Tu prueba comienza ahora, Riddle, no me decepciones.

—¿Tom? ¿Tom? –La voz sonaba tan angustiada. Tenía cerrado los ojos, aún con la imagen de sus padres asesinados en su mente.

—¡TOM! –Gritó su padre abrazándolo con fuerza. Abrió los ojos, llorando como nunca. Ambos le abrazaron hasta que se calmó, entre arrullos y palabras de consuelo y cariño le llevaron a su cama, ahora unida. Le dejaron entre ambos, este se aferraba a ellos, temiendo que si los soltaba los perdería.

Cuando pudo ser consciente de lo sucedido, vio que había sido una ilusión de esa niña, maldijo en su interior. ¿Qué era lo que quería de él? Ni la magia de sus padres pudo detenerle. Tendría que hacerse fuerte, tanto como para vencer al mejor mago del mundo.

Entre sus planes, su agotamiento mental y el calorcito y cariño que le profesaron sus padres en esa noche maldita, cerró sus ojos, cayendo en un sueño acogedor.


—¿Puedo leer la carta de mi procreadora? –Preguntó Tom una semana después de la visita del profesor. Estaba en la pequeña oficina que improvisaron en una esquina de la biblioteca, con la cantidad de papeles que manejaba su padre era de importancia proteger algunos. Ese día, Harry se había quedado en casa a revisar algunos papeles.

—¿Seguro que quieres leerla? –Tom asintió sin agregar nada. Harry la sacó y se la entregó, viendo como este salió de la biblioteca. Hermione entró con té y dos pequeños pasteles, dejándolo en la mesita.

—Me pidió la carta de su madre –Soltó Harry recibiendo la taza de té que Hermione le había preparado.

—¿En serio? Pensé que primero se la comerían las polillas –Bromeó intentando no preocuparse. Pasó el pequeño pastel con un tenedor a su esposo, quien sin pensarlo, comió.

—Ha de tener sus dudas, hay que estar más al pendiente –Dejó el tenedor en el plato con el pastel a medio terminar. Cruzó sus brazos, pensativo. –Tiene ocho años y piensa como uno de quince, sin las hormonas adolescentes, claro –rió levemente.

—Bueno, al menos sabes el significado de esa palabra –Bromeó Hermione sentándose frente a él, con té y el otro pastelillo. –Sabes, he estado pensando que no debemos enviar a Tom a Hogwarts.

—De hecho, no quiero que vaya a Hogwarts –Tomó un sorbo, para dejar la taza en su lugar, viendo el contenido de la misma. –Abriría la cámara de los secretos, condenarían a Hagrid, y conocería el secreto de los Horrocrux. Si queremos cambiar su futuro, debemos alejarlo de todo ello.

—Y el repentino interés del profesor no me agrada en nada –Analizó Hermione —¿Eso no había pasado?

—Recuerdo que fue a visitarlo al orfanato para informarle sobre ser mago y el colegio, pero parecía que tenía ciertas reservas con él…

—¿Eso fue lo que viste en el diario? –Preguntó.

—Si –La vio serio –Hermione, si cambiamos drásticamente esta línea del tiempo ¿No crees que repercutirá en todos los eventos de nuestro pasado? ¿Y si llegáramos a desaparecer? O…

—No podríamos desaparecer –Sonrió resignada, tomó su mano, intentando reconfortarle. –Nosotros ya no…


En la habitación de Tom, este abrió la carta escéptico. Curiosidad o no, quería saber que le había escrito una mujer que murió sin más. Su mamá ya le había dicho que no la culpara, que eran cosas de la vida que hubiese muerto al darle a luz, pero si no hubiera sido por ello…

Tenía sentimientos encontrados, pero algo si le agradecía que con ella no hubiese encontrado a los Granger y que estos se convirtieran en su bien más preciado. Ya los consideraba de esa manera, y creía firmemente que ella no lo hubiese hecho feliz. ¿Por qué? Solo era una corazonada.

Leyó la carta, despacio. Arrugó la hoja para tirarla al suelo, furioso. Una leve chispa de su magia comenzó a quemarla.

En la hoja arrugada, podía leerse la estupidez de ese ser.

"Esta es tu primera prueba, debes de ir a Hogwarts"


Bendecidos sean los vientos que traen sus mentes a esta historia.

Bueno, he tardado un poco más de lo que pensé, al menos no tanto como para publicar solo dos capítulos al año. Es un capítulo un tanto cruel, pero poco a poco comenzará desvelarse algunos misterios que hemos traído arrastrando con cautela.

Sé que algunos me han pedido que se muestre como es realmente la relación de Harry con Hermione, pero sepan esto: El amor es algo que se cultiva poco a poco, no quiero arrebatar un proceso tan dulce para demostrar en que se convertirá. Recuerden, están en un filo de la historia delicado, algo muy complejo pero que a la vez puede darle la valentía para ese paso. Así que espero puedan comprenderlo y ver que todo se dará en su tiempo.

Para aquellos que tienen problemas con las líneas temporales: Lo que está en cursiva son los famosos flash backs o recuerdos del pasado, y normalmente coloco las fechas o explico en el primer párrafo a qué momento de la historia se refiere, el lugar y todo. Así que por el momento, nos quedamos con un Tom de ocho años, con leves referencias al pasado. Si tienen dudas, escríbanlo en el review.

Agradezco a todos por tener esta humilde historia en favoritos, alertas y escribir sus enternecedores, amenazadores y demás emociones en el review de cada capítulo. Pienso tardarme un poco entre cada capítulo, pero sepan algo: No dejaré de escribir esta historia, hasta que la terminemos con Tom. Así que, muchas gracias por su apoyo, a la autora original por tenerme tanta confianza para este hermoso proyecto y a ustedes que se entretienen leyendo.

Nos veremos en el siguiente capítulo, feliz semana.