Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.
Notas al final del capítulo.
Tom Riddle, el niño que adoptó su destino
"Conflictos"
Casa de la familia Weasley – Dos meses antes de la tragedia
—Maldita sea Hermione –Exclamó Ron al estar afuera de la casa de los Weasley, una noche que tuvieron reunión familiar. –Casi ni te apareces y ahora ¿Ya te vas?
—Ron, por favor –Ella tomó sus manos, pero este le rechazó aun molesto. –Te lo he explicado ya, debo de ayudar a…
—Ya ni nos vemos ¿Entiendes? –Se quejó dándole la espalda.
—Estamos en crisis y lo sabes –Lo abrazó por la espalda, aún sin lograr hacerle ceder.
—Hermione –Se soltó para tomarla de los hombros —¿Qué tanto haces? ¿No se supone que…?
—Quiero parar esto Ron, pero…
—¡Todos deseamos eso! –Exclamó molesto –No entiendo que es lo que haces como para que desaparezcas por semanas ¿Estás actuando sola? Sino yo te acompañaré…
—Ron, tú sabes que misión tengo ¿No?
—Pero no debería llevarte tanto, se suponía que esto…
—Las cosas se han complicado, y pronto nos llamarán a luchar. –Advirtió estoica, viendo al cielo nocturno. –Mi trabajo es terminar los refugios junto a la directora McGonagall, no tenemos tanto tiempo hasta que estalle la guerra y no podamos proteger a nadie.
—¡Llevas meses en eso Hermione! —Exclamó Ron molesto –Aún no puedo creer que no los terminaras.
—¿Acaso no recuerdas que destruyeron tres el mes pasado¡ ¿No recuerdas que sufrimos ataques? Eres un idiota, Ron Weasley
—¿Y eso qué? –Le contradijo, Hermione torció la boca fastidiada —¡Estamos en guerra! ¡Todo el tiempo va a pasar lo mismo!
—¡Por eso estoy trabajando todo el tiempo!
—¡Deja de ser héroe todo el maldito tiempo! –Reclamó
—¡Quiero paz Ron! ¡No quiero ver morir a nadie más!
—¡Yo no te quiero perder! –La furia parecía haberse disipado de sus rostros con la última frase salida de sus labios.
El silencio se había instalado en ellos, una mirada molesta y la discusión comenzó de nuevo.
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Ginny y Harry veían la discusión desde la ventana, sentados frente a frente, cada uno con una taza de chocolate, y un par de emparedados con galletas alrededor del plato que colocaron en sus piernas.
Ambos estaban entretenidos viéndoles pelear.
—Se cansarán en algún momento –Comentó ella mientras Harry asentía al morder una galleta.
—Es seguro, pero primero harán… ¡Se están tirando nieve! –Harry rió escandalosamente al ver a Ron resbalarse.
—Creo que Hermione ganó –Sonrió Ginny
—Uh… el otro no se rinde –Tras decir el comentario, vio a Ginny con ternura. Ella volteó a verlo mientras mordía con ganas su emparedado. Le vio curiosa.
—Te ves linda cuando comes.
—¡Harry! –Ruborizó, casi atragantándose con el comentario tan al aire que lanzó.
—¿Qué? Es cierto –Sonrió pícaramente.
—Eres imposible –Le metió una galleta a la boca antes de que dijera algo más, riendo ambos mientras jugaban.
Desde el umbral del comedor, los señores Weasley les veían enternecidos.
—Si tan solo Ron fuera la mitad de lo que ellos son –Suspiró la señora Weasley ante el carácter tan volátil de su hijo.
—Bueno, él tiene su manera de ver las cosas –Dijo el señor Weasley un tanto resignado, sin dejar de sonreír ante el panorama.
Su familia iba creciendo a pesar de las pérdidas sufridas y un rato de paz era bueno para todos. Esperando que la guerra no terminara por minar sus vidas.
Una que traería la tragedia y la perdición.
Una guerra eterna.
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Casa de los Granger — Presente
Ya teniendo cuatro años juntos, Tom disfrutaba a su manera de su familia adoptiva. Y había varias fechas que esperaba ansioso, pero una que odiaba con todo el fervor de su alma.
Año nuevo.
Cada año nuevo, la niña le visitaba sin falta, después de las doce, no más allá de la una. Advertencias, burlas y órdenes que desobedecía con ganas, que le parecía divertir al ente pero que luego tenía serias consecuencias, especialmente ese año que adelantó su orden.
"Ingresa a Hogwarts"
No solo era la visita del profesor, que de primera mano le parecía excesiva y había dejado tensos a sus padres, temerosos, a la defensiva, un tanto de repudio. Y no solo a ellos, ese profesor tenía algo que no le agradaba, o era más por ver a su madre tensa, no lo sabía en definitiva, pero si le había hecho pasar un mal trago.
Las miradas inquisitivas, su forma agraciada de comentar, más la excusa estúpida de la carta de su supuesta madre biológica, de la cual no quería saber nada, y que esta resultó ser una broma del ente que lo visitaba cada año.
¿Qué era lo que buscaban en él? ¿Por qué el interés? Era cierto, tenía ocho años pero no era nada tonto. No con el universo conspirando en su vida.
Realmente no le importaba a donde lo enviaran, mientras pudiera estar cerca de ellos, eso era todo.
Pero las escuelas mágicas eran internados propiamente, y eso si le dejaba en una posición incómoda. No quería separarse de ellos por tanto tiempo, aún si era para aprender magia. Y si quería ir, aprender y ser tan fuerte como lo eran sus padres; pero no a ese costo. Aún tenía unos años más para ignorarlo, pero no podía por una simple cuestión: Debía de ir a esa dichosa escuela.
A todo esto ¿En qué escuela habrán estudiado sus padres? Nunca se lo había preguntado o se le había pasado por la cabeza.
Cuando les preguntó, ellos le vieron un tanto indecisos, pero terminaron diciéndole. Hogwarts.
¿Qué tenía ese embrujado colegio? ¿Por qué hasta la niña estaba interesada? Lo iba a investigar y pobre de aquel que involucrara a su familia, porque los haría pagar.
Suspiró mientras cerraba sus libros que ni atención les había puesto por divagar en esos dilemas. Por el momento, dejaría de lado, era hora de la merienda.
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—Hoy ha sido agotador –Suspiró Harry al sentarse en la cama mientras se quitaba los zapatos, la corbata y el traje para cambiarlo por un pantalón holgado de franela, una camisa al conjunto y pantuflas.
Hermione entró cuando había terminado de cambiarse, acomodó la ropa en un cesto de mimbre para sentarse a su lado. Ya era común sentarse a hablar en las noches, olvidando un rato aquella fachada que poco a poco comenzaba a ser propia.
—¿Mucho trabajo? –Harry asintió mientras frotaba su cabello intentando desvanecer su cansancio.
—Se cubrieron más emergencias de lo esperado, el ministerio estuvo indagando con las víctimas pero ni ellos mismos estaban convencidos de lo que sucedía –Hermione cepillaba su cabello lentamente, viéndole un tanto preocupada.
—¿No creerás que ya empezaron…?
—Intento creer que no, pero da todas las señales –Hermione vio al piso mientras Harry vio hacia un lado, un tanto frustrado –Esto no estaba en el registro, algo está cambiando y creo que… tenemos la culpa ¿No?
—No hemos hecho nada, realmente –Trenzó su cabello, para amarrarlo con un listón al terminar. Casi llegaba a su cintura. ¿Por qué se lo habría dejado crecer tanto? Se preguntó distrayéndose. Dirigió su mirada a su actual esposo, compartiendo la misma incertidumbre. –Es posible que nadie se percatara de esto, sabes cómo puede mentir la historia ¿No?
—El problema es que estamos basándonos en ella –Reiteró –Si es así, llegaremos al punto en que… todo volverá a comenzar y será un desperdicio haber venido a este tiempo.
—No lo ha sido y bien lo sabes –regañó –Esto tiene que ver con la primera guerra mágica y no estamos cerca de ella, sabes que nuestra prioridad es Tom, únicamente. Todo lo que envuelva a nuestro hijo es nuestra prioridad.
—Lo sé, lo sé. –Tomó sus manos, suavemente. Acarició con el pulgar por encima de ellas para estrecharlas levemente. –Pero creo que no nos será sencillo romper con todo. Ya tuvimos la visita del profesor Dumbledore, y está inscrito en Hogwarts. Pensé que su interés radicaba en el momento que no tenía a nadie, en las memorias no hubo apego ni interacción con él que pudiera indicarnos que…
—Que él sería un factor determinante en la vida de Tom –Suspiró, sin soltarse. –Hay más cosas que ignoramos en su momento, pero sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos.
—Juntos hasta el final, aún si debemos enemistarnos con la misma magia.
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Un mes después del suicidio de George
La pesadumbre no había cesado en la casa de los Weasley. La muerte había llegado para asentarse como la invitada especial que residía en los escalones donde se deslizó la sangre del último gemelo vivo hasta entonces.
La sangre que se derramó por el final de sus vidas.
Nadie había entendido el porqué de sus acciones, pensaron que tal vez tenía una depresión y que no la detectaron a tiempo, era un chico de carácter jovial a pesar de la muerte de su querida mitad. Los aurores habían inspeccionado la escena, revisando las memorias de todos.
Pero no había nada que ver. Nada que a la simple vista insípida de autoridades que solo determinaron la causa de su muerte.
La profesora McGonagall estuvo de viaje todo ese tiempo intentando determinar sus acciones. La frase que dejó para todos como un hecho innegable. ¿Por qué el miedo tan atroz? ¿Por qué cargar con ello para luego solo suicidarse? ¿Qué hay detrás de sus acciones? Sus años le permitían ver con un poco más de claridad que a los más cercanos al chico.
Pronto lo descubriría y le haría entender que las decisiones que tomase arriesgarían su podrido futuro. Uno que siquiera era para sobrevivir.
El mundo mágico comenzaba a guardar recelo ante el diario vivir; había toque de queda (hora fija para no estar en las calles), refugios para las ciudades que lograban sobrevivir, egoísmo y poca solidaridad para poder sobrellevar el día a día.
Las zonas destruidas comenzaban a perderse entre el humo, la ceniza, el polvo y los derrumbes que constantemente ocurrían tras edificios dañados o búsqueda incansable de sobrevivientes por parte de ambos bandos. Las peleas eran agotadoras y los recursos comenzaban a escasear, los alimentos perecederos comenzaron a ser llevados a bodegas secretas y trasladar lo suficiente para poder solventar lo poco que les quedaba.
Su orden junto a las de las otras sedes de Europa y Asia comenzaron a organizarse para poder detener la amenaza, pero como si fuese una plaga, estos comenzaron a ser invadidos. ¿Cómo obtenían tanto poder bélico? ¿Cómo es que podían barrer con las mejores defensas? ¿Quién era el que estaba detrás de todo?
Ya no eran simplemente mortífagos, criaturas mágicas o mounstros; era como si la misma tierra les proporcionara lo suficiente para poder destruirlos, o destruirse mutuamente. La caída de Lord Voldemort no había hecho más que complicar las cosas.
¿No se suponía que él era la mayor amenaza?
A veces deseaba que su querido amigo, Albus, estuviese con ella. ¿Qué haría él en esa situación?
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Harry, Ginny, Hermione, Neville y Ron ayudaron a trasladar a los Weasley a otra ubicación. La guerra comenzaba a acercarse a esa zona y no podrían detenerlos. No con el poder que poseían ahora.
Empacaron en valijas mágicas, con tal de que cupiera solo lo necesario. Hermione las encantaba mientras los demás las llevaban a las diferentes habitaciones para ser llenadas por los miembros de la familia, o lo que quedaba.
—Querida, ¿Puedes ir al cuarto de George y traer las dos maletas que hay ahí? –Hermione asintió mientras los demás se veían ocupados con lo demás.
Paso a paso, subió por las gradas para llegar a la habitación antes mencionada. No era la primera vez que estaba ahí luego del incidente, pero era un tanto tétrico estar en ella. La señora Weasley no se atrevía a entrar, nadie conocía la razón. ¿Dolor? ¿Recuerdos que torturan su corazón? Era posible.
Repasó la habitación con la vista. Las camas aún sin hacer, papeles revueltos y manchas de pociones y demás en las paredes, junto a sus instrumentos que habían vuelto luego del fin del que no debe ser nombrado. Caminó con cuidado, para tropezar con los papeles y caer encima de ellos. Se volteó molesta, intentando ver que la había hecho trastrabillar.
Una tabla levantada.
Vio la tabla desvencijada y levantada en un arco extraño. Se agachó para tratar de zafarla, pero solo rechinaba entre sus manos. Trató de ver por debajo pero solo había oscuridad. Se palmeó la frente, ahí peleando con la madera cuando podía usar su magia.
Sacó la varita del bolsillo de atrás y apuntó hacia la tabla. Un estremecimiento llegó a ella, causándole escalofríos. Vio la habitación, sintiendo una extrañeza sin dejar de apuntarle a la tabla. ¿Qué era lo extraño del lugar? Con una paciencia inmensurable observó cada cosa en su lugar. El silencio acompasaba su ya asustado corazón.
Tragó en seco, abandonando su postura para guardar su varita. Era seguro, la paranoia le estaba ganando. Suspiró pesadamente mientras se sumergía en sus cavilaciones. ¿Por qué se suicidaría? ¿Qué era lo que le atormentó tanto? ¿Qué era lo que ya no podía detenerse?
Demasiadas preguntas surgían para intentar aclarar algo tan atroz. ¿Por qué sentía que la respuesta podía darle sentido a la inminente guerra que debían detener? Su mirada se perdió en esa tabla vieja, mientras las palabras taladraban sin orden.
—Hermione… —Llamó Harry desde la puerta. Volteó a verle, dándose cuenta que se había sentado en el suelo sin percatarse de ello, con la varita en la mano. –Molly me pidió que te viniera a ver, tardabas demasiado por las maletas. –Aclaró entrando a la habitación, mientras ella asentía. —¿Estas bien? ¿Necesitas ayuda?
—No, solo pensaba –Accedió a tomar su mano para ayudarle a ponerse de pie.
—Es raro ¿No? –Hermione le dedicó una mirada dudosa, sin comprenderle del todo –No escuchar su parloteo, sus bromas y tantas cosas que ponían de los nervios a todos. –Rió levemente, sin abandonar la tristeza con la que transmitía sus palabras.
Si alguien había convivido con ellos era él. Aún, después de la muerte del primer gemelo, ellos solo habían afianzado su amistad. Hermione simplemente asintió. No sentía que sus palabras pudiesen ayudar. No con el conflicto interno que mantenía al querer saber la verdad. Lanzó un largó suspiro para estirarse levemente.
—¿Dónde están las maletas?
Bajaron con las maletas, uno cada uno, para dejarlas en la sala mientras se hechizaban. Harry dio media vuelta para seguir con los preparativos, pero le sujetó de la manga, deteniéndole.
—Se que te lo preguntaré de nuevo, pero… —Harry le vio un tanto frustrado. —¿El no dejó nada para ti?
—No –Contestó secamente. –Sé que esto no es algo que se pueda aceptar de la noche a la mañana pero…
—¿Te estás resignando?
—Creo que lo estas llevando muy lejos.
—¡Claro que no! No es normal que…
—¡Ahí están! –Ambos voltearon a ver a Ron que llegaba con ellos –Mamá está pidiendo… ¿Pasó algo?
—No, nada –Contestaron al unísono para seguir cada quien con sus labores.
Hermione no imaginó lo que en verdad le estaba ocultando.
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Presente –Escuela primaria
Hermione siempre esperó que su pequeño de ceja seria (de ocho años ya), tuviera problemas para convivir con otros niños, pero desde que empezó la escuela les fue sorprendiendo poco a poco. No solo había podido conseguir amigos, sino que además estos seguían a su lado aún con los años. Ya cursaba cuarto primaria. Todos los días iba y venía por él, ya conocía a la mayoría de las madres del salón (y más por las actividades sociales que realizaban) y no habían tenido mayor inconveniente.
Ese día, Tom estaba sentado junto a sus compañeros, leía mientras ignoraba la mundana conversación que tenían. ¿Por qué todo les causaba curiosidad?
—Tom –El aludido levantó la vista un tanto aburrido — ¿Sabes cómo se hacen los bebés?
— ¿Para qué quieren saber? –Preguntó viéndoles.
—Entonces él sí sabe –Dijo uno de los chicos — ¡Cuéntanos!
—Están muy grandes como para hacer una pregunta tan tonta –Aclaró Tom cerrando su libro. Algo si habían aprendido del pequeño gruñón era que una vez que dejaba su lectura les daría su atención sin problemas, aun cuando les regañara.
—La señorita Antón apenas si nos explicó –Se quejó la niña rubia
—El concebir bebés es cosa de adultos –razonó Tom –Además, esa es una explicación que les tendría que dar sus padres, no yo.
—Mi mamá se puso colorada y no quiso decirme nada –La otra niña hizo un puchero, molesta.
—Mi papá dijo que me trajo la cigüeña –Tom casi deseó darse con la mesa. ¿Qué clase de respuestas idiotas daban los adultos?
—Mi mamá dijo que fue un deseo…
—Si les explico me dejarán en paz ¿Cierto? –Todos asintieron casi al mismo tiempo. –Bien, un bebé lo forman sus padres, y se concibe en el útero de la madre. Fin de la explicación.
— ¿Qué? No seas así, Tom –se quejó la niña — ¿Cómo lo forman?
—No querrán saber esa respuesta –Esa había sido la respuesta de su mamá, tan ruborizada como una manzana. Supuso que no debía preguntar más. Era cosa de adultos y no le interesaba en absoluto.
—La mamá queda embarazada con un beso del papá –Dijo la niña rubia muy segura.
—No, eso no… —Intentó Tom.
—¿Con un beso? –Corearon los demás. Se palmeó la frente, fastidiado. ¿Cómo podía seguir juntándose con ellos?
—¡Si! –Exclamó la niña. De nuevo corearon, entre sorprendidos y asqueados. Tom pensó que esto era peor que la primera vez que les explicó lo que era un beso y que, por consiguiente, asustó a sus padres con sus preguntas.
—Eso no es cierto –Dijo el otro niño, Tom suspiró pensando que al menos alguien debía tener sentido común –Yo vi a mis papás jugando a las luchas y que con eso…
— ¿Qué? ¿Qué es eso que dices?
—Es que…
— ¡Paren bola de tontos! –Esto no iba nada bien, y lo cansaron. –Ya les dije que ese tema es para adultos –Les vio seriamente.
—Pero es que queremos saber –Los demás asintieron.
—Esperen aquí –Se levantó para caminar hasta la biblioteca, un tanto fastidiado.
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—¿Papá gallo y mamá gallina? –Corearon los niños al ver el libro infantil que Tom les había llevado. Tuvo que pedirle ayuda a la bibliotecaria por el tema.
—Ese libro lo explica, así que dejen el tema de una vez –Se fue caminando, para leer en paz en otro lugar.
A la hora de salida, Hermione vio a su pequeño rodeado de sus compañeros, quienes hablaban a viva voz y bromeaban, este solo les veía cansado. Se separaron para ir cada quien con sus padres, abrazándoles y platicando del día a día. Tom también la abrazó, para separarse y caminar a casa.
—Mamá ¿Por qué los niños son tan curiosos? –Hermione rió para agacharse a su altura, viendo la molestia en su pequeño. Aún con sus ocho años, su ligera madurez y seriedad, se veía tierno enfurruñado.
—Es normal que lo sean, como tú preguntándome por ello –Tom la vio un tanto asombrado, para pensar que hizo una pregunta tonta. –Quieren conocer lo que les rodea, saber porque pasan las cosas y cómo funcionan, como cualquier persona. Aún de adultos podemos ser muy curiosos. Eso es parte del aprendizaje.
—¿Aprendizaje? ¿Ser curioso te ayuda a aprender?
—Es así como se obtienen las respuestas –Sonrió.
—¿Investigando?
—Si
—¿Leyendo?
—Así es.
—¿Y si quiero saber como se forman los bebés? ¿Tengo que ver a una pareja…
—¡No! –La vio enrojecerse, de nuevo. –Eso se llamaría invasión del espacio personal y no, esas cosas no debes de ver, ya lo sabrás en su momento o tu papá te lo explicará ¿De acuerdo? –Tom sonrió al verla tan agitada, era divertido verla así.
—De acuerdo.
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¡He vuelto!
Nuevo año, nuevo capítulo para publicar. Seguimos con una línea de drama bastante interesante ¿No creen? Hay mucho por descubrir pero será poco a poco.
Lamento de nuevo la tardanza, mis queridos lectores, estaré un poco más así hasta que logre estabilizar mis problemas. Les agradezco la constancia y sus hermosos reviews, que no faltan en cada capítulo, además que siguen agregando la historia a las alertas y favoritos, eso es increíble y genial. Creo que les he dejado más dudas de nuevo, y ya verán poco a poco como esto puede ser bueno o malo. (risa malvada)
Espero que las fiestas los haya dejado con una mini resaca y un corazón lleno de amor, comprensión y alegría para todos. Que este nuevo año este lleno de bendiciones, y más capítulos. Gracias por leer esta historia. Chao.
