Disclaimer: La base de la historia no me pertenece, sino a Smithback quien cedió en adopción a adoptadito a este humilde autor, y agrego que Harry Potter no me pertenece, sino a su autor respectivo. Utilizo ambas con el fin de ver crecer esta increíble historia.

Notas al final del capítulo.


Tom Riddle, el niño que adoptó su destino

"Momentos y Recuerdos"

Señora Cole Visita no. 1 – Casa de los Granger

La señora Cole era una mujer exacerbada e incrédula. Había pasado tres meses desde que la pareja Granger había adoptado al monstruoso niño del cual quiso deshacerse hacía tiempo, pero nunca imaginó que la oportunidad se le daría en bandeja de plata.

Y es así como realizaba la primera visita. Por ley, debía hacer una por año, comenzando tres meses después de la adopción. Solo tres visitas y podría olvidarse por fin del mocoso Riddle.

—Buenos días, Señora Granger –Saludó una vez le abrieron la puerta.

—Buenos días, Señora Cole –Hermione devolvió el saludo amistosamente. Se hizo a un lado para que pasara al salón principal. Cerró la puerta un tanto preocupada, viendo como la visita inspeccionaba su hogar.

—Creo que no debo de explicar el motivo de mi visita ¿Verdad? –Inquirió, bufando levemente.

—Claro que no, en todo caso, pasemos a la sala –La siguió asintiendo. Apretó en su brazo el fajo de papeles mientras pasaban por la habitación hasta una sala cálida, con sillones cómodos y una mesa pequeña en el centro. Veía que el lugar le habían dedicado tiempo y esfuerzo. Ignoró el detalle, casi sentía asco por el lugar.

—Veo que su casa es hermosa –Intentó ser cordial antes de empezar sus preguntas. Hermione se sentó en el otro sillón, frente a ella. Agradeció el gesto, cruzando sus manos. –Bien, seré breve, esta visita es para supervisar el hogar en donde reside el chico, son cuestiones de protocolo. Haré unas preguntas y quiero que conteste con sinceridad.

—Lo entiendo y no hay problema con ello –Hermione no quiso hablar de más, veía como ella revolvía algunos papeles sobre la mesa, parecía que estuviese incómoda y no quería alargar más la visita obligatoria.

—¿Ha entablado una relación amistosa con el niño? –Comenzó quisquillosa, con lápiz en mano.

—Llevamos una convivencia sana, si a eso se refiere.

—¿El niño se muestra reacio a interactuar con ustedes?

—No, solo…

—¿Han tenido problemas de conducta con él?

—No, de hecho, él es muy…

—¿Comen diariamente juntos?

—¿Eso es necesario?

—Solo conteste la pregunta, Señora Granger

—Sí, comemos juntos diariamente…

—Muy bien, ahora ¿Puede llamar al chico?

Hermione casi refunfuñó, mordiéndose el labio cuando la señora Cole ya no le veía. Subió las escaleras a la mitad, llamándole. Su sorpresa fue que la puerta de la biblioteca se abrió, dejando ver a Tom con un libro bajo el brazo. Cerró la puerta para acercarse a ella, dubitativo.

—¿Si, señora? –Preguntó.

—Ven conmigo un momento –Hermione le tomó de la mano para guiarlo a la sala. Al apenas entrar a la sala se percató de la visita, dejándole estupefacto. Sintió el ligero tirón desde su mano sujeta a la de Hermione y avanzó cual robot. ¿Lo iban a devolver?

—Veo que el chico está bien –Habló con cierto resentimiento, viendo que llevaba un libro —¿Lee con ustedes?

—Sí, es muy hábil a pesar de ser tan pequeño –Las notas de orgullo en la voz de la señora hicieron que le viera dudoso. ¿Qué estaba pasando? Por primera vez en su vida la angustia lo invadió.

—Hu… —Casi sonrió al verle sujeto de la mano de su actual madre, parecía que no debía buscar nada, aunque en realidad solo quería confirmar que no lo devolverían —¿Estás feliz aquí? –Se dirigió a Tom, quien asintió enérgico. –Bien, mi tarea aquí terminó –Recogió de nuevo los papeles y se levantó de un sopetón.

Se despidió escuetamente y sin esperar a nada, salió de la casa rumbo al orfanato. Tom y Hermione no pudieron evitar quedar estupefactos por su actuar.

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La suave y nostálgica mirada de Tom brilló levemente con la luz de las velas en su octavo cumpleaños donde los aplausos y las felicitaciones no se hicieron esperar. Un treinta y uno de diciembre que esperaba en momentos con sus padres.

Tres años ya con una familia que lo apreciaba, con momentos complejos y llenos de sentimientos que no pensó vivir en su momento. Era un pensamiento fugaz con el que vivió día a día, pero que ahora comenzaba a ser lejano. Era un deseo que nunca pensó que se le cumpliría. Padres amorosos, que cuidaban y velaban por él, como si fuese su hijo de sangre. Deseaba parecerse tanto a ellos, quería ser como ellos… valientes, audaces, inteligentes, con una habilidad mágica sobresaliente, amables, competitivos y así podía seguir su lista de adjetivos al describirlos con admiración. Los había visto luchar hombro a hombro en Halloween, protegerlo aún si no podían escapar, y verse aliviados al ya estar bien entre sus brazos. ¿Cómo podían ser así?

¿Qué era "eso" realmente?

Su madre rio al escuchar sus dudas, resumiéndolo en la enfadosa palabra que venía escuchando desde hace mucho. ¿Era eso? ¿Era tan fácil catalogar sus acciones en una mundana palabra? Podía comprender hasta cierto punto el gusto que tenía por sus tutores, o sus padres en este caso, pero… ¿Podría definir el sentimiento que tenía hacia ellos? No lo sabía con certeza, incluso porque había momentos que eran inciertos, molestos y cansinos. Por ejemplo, su padre tenía ese extraño lado infantil, en especial cuando tocaban el tema del "Quiditch" al cual también le tomó gusto, pero era desconcertante la emoción que presentaba en los partidos. Aunque no negaría que, en las anotaciones, se unía en el furor del resto. O su madre, al recordarla las reglas una y otra vez cuando ya las tenía grabadas a fuego en su memoria. Era aburrido escucharle repetirlas, torciendo su boca en una clara muestra de disgusto. Pero compensaba el hecho con sus comidas, su actitud ante la curiosidad y el conocimiento, la forma en que le escuchaba con atención, respondiendo sus dudas o simplemente, platicando sobre algún tema fuera de lo común. Se las arreglaba incluso para dirigirse a él con simpleza, aunque con su padre el juego era hacerse el desentendido y ser reñido por ella. Curiosamente, conseguía seguir la broma y terminar en medio de ese regaño. ¡Por Merlín!

Y el broche de oro de sus pensamientos, copiar la frase clave de todas las sorpresas y disparates. Después de un día agitado y de una improvisada meditación acerca de lo que eran sus padres para él, se lanzó a la cama con ligera frustración, una extraña sonrisa y golpeteos a su almohada en un intento de entender el calorcito que siempre le acompañaba.

Como cada noche desde que está a su lado.

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25 de diciembre – Primera Navidad de Tom

Como todo niño, había caído antes de la media noche. Habían llegado a casa después de escuchar al coro en el parque. Hermione fue la última en entrar a la casa y cerrar la puerta mientras veía a Harry subir las escaleras con Tom en brazos, sumido en un sueño tan pesado, que no lo creía de su pequeño. Cerró con magia, siguiendo el camino de su esposo. Se quedó en la puerta recostada de lado mientras esbozaba una sonrisa al ver como arropaba a su pequeño de ceja seria.

Se veía tan lindo, inocente, bueno. ¿Ese sería el destructor? ¿El asesino? ¿El...?

—Papá… —Tom susurró levemente, girándose hacia Harry, quien rio levemente. El niño estaba tan dormido.

—Descansa Tom –Acarició su cabello con ternura.

Pensó un momento al verlos. ¿Qué hubiese pasado si en lugar de Harry estuviera Ron? ¿Sería la misma escena? ¿Lo aceptaría a ese nivel? Mil preguntas cruzaron su mente, casi visualizando la escena. Un Ron que lo despreció desde el primer momento, luego trataría casi obligado a convivir con él y el poco respeto perdido por…

—¿Hermione? ¿Estás bien? –Le susurró. Le tomó de la mano y cerró la puerta con cuidado. Frotó su mano levemente, para llamar su atención.

—Sí, solo pensaba de más –Harry sonrió levemente, casi en burla —¿Qué?

—Tú siempre piensas de más.

—¡Harry! –Se enfurruñó mientras se daba la vuelta. –No eres nada lindo.

—No puedo serlo –La hizo voltearse, levantando una ceja. –Soy demasiado guapo para ser llamado "lindo"

— Demonios, a veces olvido lo "presumido" que eres –presionó su hombro con el dedo.

— Y así le hablas a tu esposo — Dramatizó — merezco más amor Hermione –Bromeó, ganándose una reprimenda que terminó por hacerlos reír.

—Vas a despertar a Tom

— Tú empezaste — Ambos entre risas ahogadas y leves roces caminaron a su habitación, para un merecido descanso.

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Visita de la señora Cole No. 2

(Cinco meses después de la primera navidad de Tom)

La preocupación en Tom creció al ver por segunda vez a la Señora Cole parada en la puerta con sus aires; petulante, casi viéndole con burla.

—Buenas tardes –Tom saludó a la vez que le dejaba entrar al escuchar a su madre aproximándose a él.

—Buenas tardes, Señora Cole.

—Buenas tardes, Señora Granger, jovencito

—Pase por favor, le atenderé en la sala. –Vio alejarse a ambas, con rumbo a la sala. Cerró la puerta para llegar con ellas. No dejaría sola a su mamá.

La señora Cole vio como el chiquillo se sentó a la par de la joven mujer, casi aprensivo. Ambos se dirigieron una mirada fiera.

—Creo que ya sabe el motivo de mi visita –Habló tajante.

—¿Una revisión? –Se aventuró Hermione, arrepintiéndose después. Si las miradas matasen.

—Exacto –Sacó su cotidiano fajo de hojas y buscó la que necesitaba. Pasó dos hojas y apuntó abajo en ellas. Mecanografiadas en palabras exactas y legales. Una equis que mostraba donde debía firmar. Las dejó sobre la mesa, dejando una pluma a un lado. –Pregunto de nuevo ¿El chico se lleva bien con ustedes?

—Por supuesto.

—¿Y tú? ¿Te gusta tu familia? –Casi escupió la última frase, pero se contuvo. Al principio no podía creer la suerte que tenía al deshacerse de Riddle y luego esta misma familia no quisiera deshacerse de él. Imaginaban que tendrían una clase de atracción con el engendro, nada bueno podía venir de él. Casi estaba sonriendo, al fin podría olvidarse de ese caso. En especial por la estúpida queja que la obligó a visitarlos.

—Sí, me gusta Mi familia –Torció levemente la boca. ¿Podía ser más descarado?

— Entiendo – Recibió de vuelta la hoja firmada para guardarlo todo dentro de su maletín y proceder a abandonar ese lugar. Ambos le despidieron en la entrada de su hogar para ver como esa mujer partía sin más.

Esa fue la última vez que vieron a esa mujer.

Hermione cerró la puerta para tomar en brazos a su hijo, dándole un abrazo aprensivo, casi sofocante. Pero quería aliviar esa presión que se había generado por la visita. Una nota angustiante en el corazón de ambos. Tom no se negó, simplemente la abrazó, no queriendo dejarle ir.

Pasó un rato antes de que ambos rieran levemente, dejándose libre uno del otro para seguir en su rutina diaria.

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Casa de los Granger – Inicio de vacaciones

—Quiero ir a Hogwarts –Declaró Tom de ocho años, dos semanas después de haber leído la nota del espíritu maldito que lo visitaba en año nuevo. Había entrado en la oficina de su padre, esperando no tener una reprimenda.

Harry levantó la mirada de sus papeles, dejándolo a un lado. Le pidió que se sentara y cruzó sus manos, en un gesto que nunca había visto en él. Sería la primera vez que le vería serio, sin bromas o su típica sonrisa que adornaba su rostro cuando estaba en casa.

— ¿Por qué quieres ir? –Preguntó. Simple.

—Quiero ir al mismo lugar en donde estudiaron ustedes –Sencillo, esperando que le comprendiese al menos un poco. O intentando, porque esto lo hacía obligado.

—Creo que es muy pronto para decidirlo –Sonrió levemente

—Sé que faltan algunos años, pero quisiera… al menos, que fuera una opción ir.

— ¿Algo ha llamado tu atención? — ¿Por qué preguntaba de ese modo?

—Yo… no lo sé –admitió un poco incómodo, no sabía cómo tratar el tema sin evidenciar algunas cosas. –Pero… al escuchar sus historias y como ese lugar los hizo sentirse orgullosos de ser magos, quisiera… tener algo similar, seguir sus pasos. –Harry sonrió levemente. Tom le vio detenidamente, intentando no formular nada en su cabeza más que maldiciones a ese espíritu.

—Lo hablaremos con mamá en un par de años ¿De acuerdo? — ¿Debía tentar su suerte?

—De acuerdo –Asintió.

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Hermione cepillaba su cabello en una noche sin estrellas a la entrada del invierno, contando los días y años que ya llevaban juntos. Su Tom, de ocho años y que pronto cumpliría los nueve años en diciembre, creciendo como un jovencito amable, inteligente y audaz, su pequeño de ceja seria. Cada momento lo guardaba en su corazón como un regalo, una premisa que podía sonar a una nota de un buen futuro, uno que deseaban todos.

Vio su rostro, un tanto más maduro, uno que reflejaba la vida difícil y complicada que tuvieron en su tiempo, para viajar y conceder un nuevo cambio. Una nueva ruta de un futuro incierto. No cruzaba los treinta y ya sentía que su vida se agregaba el peso de varias. Rio levemente para tomar su cabello y trenzarlo despacio, sin prisa.

—Oye Harry –Le llamó, este se acercó secándose su cabello con una toalla, ya con piyama, sentándose en la cama. —¿Aún recuerdas lo que platicamos después de la entrevista con Tom?

— No mucho, ¿Por? -Hermione sonrió levemente, trayendo a su memoria esas palabras.

"—Hermione… —La aludida estaba sentada frente al tocador que tenía en su habitación, cepillando su cabello con parsimonia. Volteó levemente para demostrarle que le prestaba atención. —¿Qué piensas de Tom?

—Es como decía los registros, no conocía la magia siendo niño…

—No hablo de eso –Espetó Harry –Sino de "él"

—¿No me dirás que lo viste como…? –No terminó la pregunta al ver su rostro.

—¿Cómo Voldemort? ¿El destructor de todo nuestro mundo? –Frotó sus cabellos, conflictuado. Cruzó sus manos en un intento de calmarse, pero creyó imposible. —¿Qué pasaría si dijera que si?

—Harry…

Eso era todo. Hermione dio por perdida su misión al verle así, no podían adoptarlo si existía esa barrera. No era posible, no lo creía, debía ser… No, debía calmarse, esto no era fácil, menos para él. El daño de las acciones de Voldemort era irreparable, pero no pensó que al verlo como un niño fuera a ser tan… complejo.

Si eso fue así apenas al verlo… ¿Qué esperaría cuando estuviese viviendo con ellos? ¿Al crecer sería aun peor? ¿No habían meditado sobre ello lo suficiente?

—No te mentiré Hermione, así como lo vi como la causa de nuestro maldito futuro, también… vi a un niño solitario… no como en el diario, sino un niño más."

— ¿Aún es niño más? –El leve brillo en los ojos de Harry dio a entender el reconocimiento de sus palabras. Este dejó la toalla en sus hombros, pensativo.

— Recuerdas demasiadas cosas, Hermione –Habló sin reclamar. Tom era un tema delicado entre ambos, cada uno lo tomaba de diferente forma. –Creo que no podría darte esa misma respuesta ahora –Sonrió levemente. –Vamos, es hora de dormir. -Asintió, un tanto reacia. ¿Debía presionar y saber lo que pensaba? Dejó de formular sus dudas al sentir como un beso en la frente de las buenas noches le dejaba quieta. Suspiró en una derrota y se acostó a su lado.

Tal vez, lo mejor era no preguntar.

A la mañana siguiente, Harry abrió los ojos, soñoliento. Teniendo en mente el sueño que tuvo esa vez. Vio a Hermione durmiendo a su lado, apacible. El silencio del lugar solo recordaba que respiraba con tranquilidad. ¿Cuándo empezaron a dormir juntos? Oh si, fue justo esa noche.

"Había acostado a Tom y de alguna forma, tranquilizarlo hasta verlo dormir. Había sido una noche muy larga, llena de interrogativos, quejas, lamentos, arrestos, sangre… Gritos…

Un pequeño aferrándose a su madre.

El hechizo mortal, el pequeño tratando de despertarla.

Tragó en seco. Sentía su pecho palpitar, con la idea de haberlos casi perdido en ese Halloween. Tantos momentos en los que arriesgaron su vida, aún con el miedo en la garganta, sin rendirse. Pero ahora era un tanto diferente. Había pánico, la ansiedad de perder a quienes tanto apreciaba.

Era un hombre de familia ahora.

Caminó hacia la habitación que compartía con Hermione, suspirando fuerte, queriendo alejar ese agotamiento atroz. Cruzó el umbral para cerrar la puerta tras de sí, viendo como intentaba dejar de llorar mientras permanecía sentada en el borde de la cama.

Pronunció su nombre casi susurrante, ella le vio con sus ojos hinchados, tratando de apaciguar las últimas lágrimas, según ella.

—Sigo siendo una llorona ¿No? –Rio viendo al suelo, entrelazando sus dedos en un gesto nervioso.

—Sigues siendo tú –Razonó Harry sentándose a su lado. —¿Estás bien?

—No del todo –Levantó la mirada hacia él —¿Cómo está Tom?

—Se quedó dormido luego de la charla que tuvimos –Hermione asintió aliviada. Ambos vieron al suelo, sumergidos en un banal silencio. Harry entrelazó sus dedos, imitando el gesto de su esposa. Ambos tenían lastimaduras en manos, brazos y en las zonas menos visibles como su corazón.

—Tengo miedo, Harry –Mordió su labio inferior, presa de sus emociones. –Esto no estaba registrado o ¿Si? ¿Dejamos pasar algo? ¿Y si esto afecta lo que apenas logramos con Tom?

—Tú lo dijiste al venir aquí –Se sentó a la par de ella, limpiando con sus dedos el rastro de lágrimas que desbordaban sus mejillas –Desde que decidimos venir, cambiaríamos la línea del tiempo por completo, vamos Hermione, no me dejes las explicaciones inteligentes –Ella soltó una risilla casi susurrada.

—Eres un tonto, Harry –Jaló su mejilla como si fuese un niño, escuchando su queja –Estoy hablando seriamente.

—Es en serio, Hermione. Sé que asusta no conocer el futuro, o los pasos que debemos cuidar, especialmente por estas sorpresas tan desagradables, pero pasamos horrores en nuestra adolescencia, al menos quiero creer que aún tenemos la valentía para seguir.

—Sí, pero no temíamos tanto por nuestras familias ¿No? ¿Por qué con Tom es diferente? –Tragó en seco, intentando minorar su angustia –Cuando vi que estaban a punto de matarlo… ¡No lo pude soportar! No es solo una misión, es como si realmente se hubiese convertido en nuestro hijo.

—Hey, tranquila –Sus manos temblaron al sujetarle las mejillas con suavidad, ella brincó levemente de la impresión; no era la única con esos sentimientos, ambos parecían al borde de la histeria. –Lo entiendo, al menos eso… —Un par de lágrimas traicioneras bajaron por sus mejillas, juntó sus frentes mientras mordía su labio, cerrando los ojos con fuerza. No era fácil, nunca había sido fácil. –Te vi en el suelo, con Tom gritando por ti –La voz temblorosa y ronca, lastimera. –No respondías… No podría seguir sin ti, no así…

Hermione lo abrazó con toda la fuerza que pudo imprimir, intentando consolarlo, consolarse mutuamente. Dejando salir su dolor."

No recordaba hasta que hora estuvieron en ello, pero sin mediar palabra, ambos movieron las camas, sin magia, para dormir con las manos entrelazadas, sus frentes unidas y con los corazones aún dolientes, un susto que recordarían durante mucho.

Se levantó para estirarse y dirigirse al baño, era mejor dejarla dormir un poco más.

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El dolor de cabeza empezó en el noveno cumpleaños de Tom, en plena noche de año nuevo la niña apareció a la hora exacta, ahora con un nuevo presente y un vestido bastante extraño a su parecer. Aún no entendía porque seguía apareciendo como una niña que simulaba su edad.

—Parece que estas a punto de cumplir mi orden –Rió enternecida. Movió la caja de regalo que venía atada con un moño negro y rojo, esperando el parloteo de su títere.

—Es seguro que iré a Hogwarts ¿Contenta? –Resopló Tom cruzado de brazos.

—De hecho, si, pero toma –Lanzó la caja hacia Tom, quien la atrapó. –No he olvidado tu cumpleaños, "niñito".

—No te hubieses molestado –Habló sarcástico. Vio la caja, pero no la abrió.

—Hoy no he empacado nada que no te gustara –Explicó mientras se sentaba en el aire, con el vestido flotando. –De hecho, te servirá mucho cuando llegues allá.

Tom afiló la mirada, para luego abrir la caja.

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¿Quién dice que los muertos no resucitan?

Mis amados y persistentes seguidores. Me ha llenado de dicha que aún con la ausencia de este autor han seguido colocándolo en favoritos y alertas, y los pocos que dejaron sus comentarios han hecho que vuelva a la vida.

Lamento mi indecoroso retraso, pero la vida no siempre es justa. Creo que ha sido un año bastante difícil, la pandemia y tantas cosas que en algún momento trajeron desgracia a sus familias o amigos, o un depresivo encierro lleno de incertidumbre… las emociones estuvieron al tope y creo que todos hemos pasado por cosas indescriptibles. Espero que, a pesar del retraso, puedan disfrutar de esta historia y que al menos entibie su corazón. Mis dulces lectores, espero que estén en buena salud y que su corazón se llene de dicha aún entre tanto problema. Recuerden que siempre pueden encontrar una oportunidad para mejorar, para solucionar sus problemas y salir adelante con la sonrisa en su alma.

Esta historia estará siendo publicada mes a mes, ya en un regreso formal. Aún si es un capítulo pequeño, cada 29 subiré lo que corresponde, para que puedan disfrutarla. De nuevo gracias por todo su apoyo, espero que este capítulo largo sea de su agrado y no olviden comentar o mandar sus alegres mensajes que llenan de dicha a este autor y a su querido hijo Tom.

Una feliz navidad atrasada y un feliz año nuevo.