-¡SARAH!- Gritó Giselle y corrió hasta donde su hermana había estado solo unos segundos antes -Sarah, ¿dónde estás?- De pronto, la luz azul comenzó a destellar nuevamente, era un portal. Sabiendo ahora exactamente qué había pasado con su hermana, Giselle saltó.

Luces verdes, azules y de otros colores destellaban por todas partes, parecía que caían dentro de un túnel sin fin, un ruido extraño se apoderaba de sus oídos mientras una infinidad de portales se abrían y cerraban alrededor de ellas, dejando ver distintos escenarios, un reino en el fondo del mar, una torre muy alta en medio de la nada, un castillo enorme de hielo sobre la nieve, una pareja navegando en una alfombra.

Ambas caían maravilladas hasta que finalmente cayeron dentro de uno de los portales, dándose un fuerte golpe contra el pasto al aterrizar en él.

-¡Ah! Mi rodilla- Exclamó Sarah, sobando su extremidad.

-¿Estás bien? -Le preguntó su hermana en tono serio.

Sarah asintió con firmeza -Sí. ¿Dónde estamos? Esto no es el bosque encantado.

-Ya sé. Menos mal que tengo mi arco- Dijo tocando su instrumento.

-Sí, sólo faltan los animales- Sarah rió y apuntó hacia un árbol- Opino que deberíamos de comernos esas frutas.

Permanecieron en el bosque durante dos días, tratando de encontrar una salida, Áurea les había dado bastantes lecciones para sobrevivir en el bosque. Entre las dos se habían encargado de buscar frutas para comer y construir un pequeño espacio para dormir.

Caminaron juntas hasta llegar a una carretera, en donde una pareja que pasaba en su carro las encontró jugando.

-¿Dónde están sus padres?- Preguntó el señor después de estacionar el auto. La mujer que iba con él las miraba con curiosidad mientras hablaba con alguien a través de un extraño artefacto que mantenía sobre su oído.

-No tenemos, pero hay una señora que nos cuida, aunque no creo que esté cerca después de todo lo que caímos- Respondió la mayor encogiendo los hombros.

El hombre las miró con horror -¡¿De dónde cayeron?! ¿Están bien?

-Sí, caímos por un hoyo de luz durante un rato y luego caímos aquí en el bosque. Sarah se raspó la rodilla pero dice que ya no le duele.

-Um... Seguramente se golpearon la cabeza también -Volteó a ver a la mujer- ¿Qué dijeron?

-Que esperemos aquí, en un rato llegarán por ellas.

-Okay.

...

Una trabajadora social fue por ellas y tras dos meses de investigación y citas con el psicólogo, jamás creyeron lo que las pequeñas decían y tampoco encontraron a la persona que supuestamente las cuidaba, por lo que entraron al sistema de adopción.

...

Mientras tanto, en el bosque encantado...

A Áurea se le hacía que las niñas ya habían tardado demasiado tiempo en volver, normalmente no les tomaba más de media hora el ir a cazar.

Preocupada, decidió ir a buscarlas.

-No deben de estar demasiado lejos- Pensó tratando de tranquilizarse.

Pero muy grande fue su sorpresa al darse cuenta de que no había rastro de ellas por ningún lado. Comenzó a llamarlas mientras se adentraba cada vez más en el bosque.

-¡Sarah! ¡Giselle! ¿Dónde están? -Gritaba, pero no hubo respuesta alguna, lo que hizo que su preocupación incrementara.

-¿En dónde se habrán metido?- se preguntó.

Decidió volver a la aldea. Comenzó a preguntarle a sus amigas y vecinos si no habían visto a las niñas, pero nadie las había visto por ningún lado.

Así comenzó una exhaustiva búsqueda.

...

Toda la aldea las buscó por días, semanas, meses pero jamás las encontraron, perdieron la esperanza y finalmente dejaron de buscarlas.

Áurea cayó en depresión por la pérdida de sus queridas niñas, la luz de su vida, sus pequeñas.

Tiempo después Áurea enfermó y debido a su edad y a la tristeza no pudo aferrarse mucho a la vida y al poco tiempo murió, siempre preguntándose...

¿Qué habría pasado con sus dulces pequeñas?