Lucy se encontraba en la cocina, terminando el té que Sarah le había pedido, mientras lo hacía pensaba en cómo serían sus vidas hora que Giselle ya no estaría con ellas, probablemente Sarah estaría triste por un tiempo, pero en un par de días volvería a ser la misma, así era ella, se dejaba envolver por la emoción y después regresaba a la normalidad. O al menos eso esperaba.
Una vez el té estuvo listo, Lucy lo tomó y con cuidado se dirigió hacia las escaleras, subió hasta el tercer piso y finalmente se dirigió de la habitación de las niñ… la habitación de Sarah.
-Vaya… -suspiró con nostalgia -de verdad me costará acostumbrarme a que ahora sólo somos ella y yo.
A pocos pasos de llegar a la habitación, Lucy se detuvo en seco pues notó que la puerta estaba cerrada, lo cual era algo poco común.
-Qué raro, casi nunca cierra la puerta -murmuró con aire sospechoso - tal vez… sí, tal vez sólo haya querido tener un poco de privacidad.
Lentamente caminó hacia la habitación y una vez frente a la puerta dio dos suaves pero firmes toquidos. -¿Sarah? Soy yo, traigo tu té abre la puerta por favor.
Se quedó ahí por unos segundos, inmóvil, esperando a que Sarah abriese la puerta o que al menos le contestara, pero sólo recibió silencio, ni el más mínimo ruido se hizo escuchar dentro de la habitación.
Lucy comenzó a preocuparse, pero decidió tocar la puerta una vez más -¿Sarah?
Nada.
Lucy, ahora muy preocupada al ver que la adolescente no mostraba ni una señal de vida, posó la mano sobre el picaporte y abrió la puerta. Al entrar se encontró con una habitación vacía, no había señales de la adolescente por ningún lado.
Justo cuando estaba a punto de salir corriendo a buscarla se percató de algo, una pequeña nota que se encontraba sobre el escritorio.
Con pasos rápidos caminó hasta el escritorio, tomó la nota y comenzó a leerla.
"Querida Lucy, sé que en este momento estarás muy confundida y preocupada debido a que no me encuentro ahí. Quiero que sepas que no necesitas preocuparte, que estoy bien, Giselle y yo planeamos todo esto, planeamos que el día que ella se fuera yo, a escondidas, también me iría con ella y viajaríamos juntas hasta Maine a construir una nueva vida juntas, a "escribir nuestra historia". No te dijimos nada porque si algo sale mal, no queríamos que estuvieras involucrada ya que por ser la más cercana a nosotras a ti sería a la que culparían primero. Espero que lo entiendas… Prometo que en cuanto tengamos una vida estable allá volveremos a visitarte y contarte todas nuestras vivencias.
Muchas gracias por habernos cuidado y dado todo ese amor que tanto necesitábamos, de verdad, gracias por todo.
Volveremos a vernos, lo prometo.
Con mucho amor y cariño…
-Sarah y Giselle.
Las lágrimas corrían sobre sus mejillas mientras terminaba de leer la nota. Se sentía muy triste y en parte, algo abandonada pues al fin llegó el día que más temía, el día en que las dos niñas que una vez iluminaron sus días se marcharon para por fin comenzar una nueva vida. Sin embargo, no se molestó, entendía perfectamente las razones por las que se fueron, y también se alegró porque por fin habían logrado salir de ese lugar y ahora podían llegar a tener una mejor vida, un mejor futuro y sin tener que separarse, como siempre quisieron.
Se recostó sobre la cama en la que alguna vez Giselle durmió y con la nota pegada al pecho cerró los ojos y con una sonrisa triste murmuró -Buena suerte pequeñas… sé que nos veremos de nuevo pronto, las quiero.
