Paso 2. Llegamos al convencimiento de que un poder superior podrá devolvernos el sano juicio.
"Gaara:
Tengo que pedirte una disculpa por lo de anoche.
Durante todos estos años eres el único que a pesar de todo se ha quedado a mi lado y mira como te he pagado.
Ojalá puedas perdonarme, aunque no espero que lo hagas…Temari nunca lo hizo, y probablemente nunca lo hará.
Tiene sus razones...
Me voy porque sé que no soy necesario, porque más que una ayuda he sido un estorbo y una fastidiosa piedra en tu zapato…porque el kazekage de Suna no necesita de un hermano inútil que le haga quedar mal frente a sus aldeanos…
No se mas que hacer…
Lo siento.
Kankuro."
En silencio, jugueteó con el trozo de papel en sus manos, doblándolo y desdoblándolo varias veces, repasando las palabras plasmadas en el antes de por fin arrojarlo al otro extremo de la mesa, el papel voló de manera torpe y terminó resbalando por el borde del mueble de madera.
Desesperado, colocó sus manos en cada lado de su cabeza y la dejó caer, frustrado, sin saber cómo actuar o siquiera sentirse.
La luz de la mañana se colaba por la ventana, y el pelirrojo, sentado aun en su ropa de dormir en la mesa de la cocina, había descubierto apenas un par de horas atrás que el último de sus hermanos mayores había terminado por abandonarlo también.
Con el rostro hinchado y roto, los círculos oscuros que habitualmente decoraban sus ojos eran más notorios que nunca. Gaara podía asegurar oficialmente que su familia había sido destruida. Ya no quedaba nada, porque la noche anterior había sido todo derrumbado. Las escenas pasaban frente a sus ojos una tras otra, de manera alternada, pero siempre con el mismo final…Su hermano, vuelto loco en el desierto, los días que se mantuvo pegado a su cama esperando que despertara, solo para encontrarlo intentando beber de nuevo…los gritos, la discusión, el rostro de Kankuro, con los nervios totalmente crispados al momento en que lo golpeaba y la forma en que la vista se le nublaba…
La puerta de entrada se abrió y cerró con dos prácticos y suaves movimientos, anunciando al vacío la llegada de alguien…
Gaara se puso de pie inmediatamente, estúpidamente esperanzado, pues conocía a la perfección la forma de andar de Kankuro y de cada persona dentro de su vida, y los pasos que se aproximaban no se parecían en nada a los de él.
Y acertó, no era para nada él.
—Gaara-sama…
Una sorprendida Matsuri dejó caer la bolsa de víveres justo al ver a su querido sensei de pie, a la expectativa de algo que aparentemente no había ocurrido, con el rostro desencajado y demacrado por los golpes y el corazón hecho añicos.
En silencio, el kage bajó la mirada y se dejó caer de nuevo sobre la silla, acabado.
Los cristales en el suelo, el protector de Kankuro sobre la mesa y aquella nota de papel confirmaron lo que ella se temía.
Corrió hacia él y lo abrazó, presionando la cabeza del pelirrojo sobre su pecho al tiempo que comenzaba a sollozar, en silencio.
De forma lenta, Gaara terminó por corresponderle el gesto y hundió el rostro entre sus ropas y sus brazos.
Desde el pasillo que daba a la cocina, podía verse como las manos de gaara se aferraban cada vez más a ella, envolviéndola, porque al final, Matsuri era lo único que le quedaba, y no es que le molestara, simplemente…que si alguna vez imaginó una vida a su lado, esperaba ver a sus hermanos sonriendo el dia de su boda, y compartiendo la familia, cada vez mas grande, que pronto serían.
Ahora tal vez ya no sería posible.
...
De cuclillas, y con las rodillas apoyadas sobre el suelo, estiró el brazo por debajo del sofá, sin embargo, ni el saco ni la camisa le permitían moverse con facilidad, con el ceño fruncido y la boca torcida en una mueca de frustración y concentración mezcladas, se mantuvo palpando y removiendo entre tierra, pelusa y una que otra moneda lo que buscaba…pronto sintió cristal deslizarse entre las yemas de sus dedos y una sonrisa socarrona se dibujo en su rostro, lo había encontrado.
—Kankuro, ¿has visto mi…?
Aquella voz le borró la alegre curva de sus labios, en su lugar, el corazón se le aceleró y un sudor que sintió como hielo le recorrió desde la nuca hasta la espalda.
Se incorporó de inmediato, aliviado de que el respaldo del sofá estuviera frente a él, convirtiéndose en su cómplice encargado de encubrir su intento de crimen.
De pie, a mitad de las escaleras, Gaara lo fulminó con la mirada, de brazos cruzados, con una florecilla de color roja sobre la solapa de su saco, seguramente idea de Matsuri.
— ¿Que estás haciendo?…
— ¿De qué hablas? —contestó frunciendo el ceño
—…hoy es la boda de Temari, es algo muy importante para ella, ni siquiera te atrevas…—advirtió el pelirrojo con el rostro imperturbable y sus ojos aguamarina puestos fijamente sobre él.
Molesto, soltó un bufido, torció la mirada y se puso de pie, fingiendo que se acomodaba las mancuernillas de las mangas de su camisa.
—Estaba buscando esto…—alzó la muñeca mostrando cómo se acomodaba las pequeñas joyas, abrochándolas, como si las hubiese encontrado recientemente.
Se puso de pie al tiempo que comenzaba a acomodarse el otro par en la manga contraria, luego se sacudió las solapas, las rodillas del pantalón y finalmente los codos.
En silencio, el joven pelirrojo continuó bajando escalón a escalón para ir a su encuentro.
Para sus adentros, el moreno maldecía su suerte, había estado tan cerca…si tan solo Gaara hubiese tardado dos minutos más…si tan solo hubiera tenido oportunidad…estaba sediento, lo necesitaba, la garganta le ardía implorándole aunque fuese unas gotas de tan preciado liquido y su tonto hermanito no lo entendería…porque de un tiempo para acá, sus hermanos se habían vuelto unos idiotas intolerantes, unos aguafiestas que no paraban de discutirle y fastidiarle cada que él se divertía…
Bajo el sillón, entre pelusa, papeles, y goma de mascar, una pequeña botella de licor observaba lo que sucedía…esperando con paciencia al amo que la había colocado ahí, en secreto, a escondidas de todos.
El kazekage se plantó, inquebrantable, frente a su hermano y con una mirada afilada y voz grave y sedosa tan propia de él, comenzó…
—Kankuro, esto es serio, no te atrevas a joderle el dia de hoy, ella jamás te lo perdonara…
—si, si, si…—empezó a asentir con fastidio y luego se cruzo de brazos
—todos nuestros amigos y la familia de Shikamaru estarán ahí…
—lo que digas…
—ella no merece que…
—¡bien! ¡ya cierra la boca!, no sé qué clase de estúpido creas que soy ¡Pero yo…!
Enmudeció, finalmente hubo algo o alguien capaz de hacer callar una de esas tantas y frecuentes discusiones que había entre los dos hermanos.
El silencio los envolvió y un suave y repentino aroma los sorprendió, con un cosquilleo en sus narices les hizo girar y posar la vista en los escalones de madera que, con elegancia, la anunciaban a ella.
Como cuando se abre un telón, se asomaron primero los pies, cubiertos en unos tabi de color blanco, y luego los bordes de lo que era un kimono de color perla con bordados florales nacarados, ascendiendo, mostrándola poco a poco como si de una exquisitez se tratara, algo demasiado hermoso como para ser mostrado tan de pronto, algo que debía ser disfrutado, con lentitud, porque solo así podría ser soportable.
Su cabello rubio brillaba como si de oro se tratara, con los labios de color carmín y sus ojos azules acentuando cada una de sus afiladas facciones, la joven mujer les sonrió a sus hermanos, emocionada y abochornada ante sus incrédulas miradas.
—Esta hermosa, ¿no es así? —una alegre Matsuri apareció tras de ella, con un vestido lila y una florecilla carmín adornando su cabello, justo como la de Gaara.
—…Temari…
—Basta los dos, parecen idiotas… ¿tan mal me veo?
Gaara se sonrojó y desvió la mirada, cruzado de brazos, negó con la cabeza
—N-no…te ves increíble…ese es de… ¿es de mamá? —anonadado, Kankuro notó que el aroma provenía de ella, de ese kimono que portaba…era el aroma de Karura, lo había preservado todo ese tiempo que había estado guardado.
—Pensé que podría usarlo…yo… ¿debería quitármelo?
Tanto Kankuro como el pelirrojo negaron con la cabeza, estaban sorprendidos, anonadados
—Te queda perfecto—susurró Gaara, Kankuro asintió.
Un nuevo sonrojo apareció en las mejillas de la muchacha, y, emocionada, se lanzó a los brazos de sus hermanos, como siempre hacía, dispuesta a obligarlos a que la abrazaran…incluso aunque ese día no le fue muy difícil.
Cerró los ojos para sentir eso que hacía tanto que no sentía, calidez…cariño…la respiración de Temari, acompasada y con una sonrisa en el rostro, dejándole saber que era feliz, que a pesar de sus errores estúpidos, al menos ese día era feliz…
—Temari…
Y se aferró a su cuerpo, sintiéndolo helado y quemándole dolorosamente a la vez, pronto no hubo nada a su alrededor, los muebles y las paredes se desvanecieron, el suelo, intangible le hizo balancearse, sentía todo girar a su alrededor, como si de una tormenta se tratara, estaba solo, apretó los parpados, buscando regresar, encontrarse en esa habitación de nuevo en ese dia…pero jamás volvió.
Era de noche, y en el jardín, con la corbata floja, la camisa desabotonada y una botella de licor grande en la mano, kankuro arrojaba piedras al estanque intentándolas hacer rebotar sobre el agua, dando un sorbo por cada vez que fallaba había logrado una perfecta anotación de 0 anotaciones, 3 botellas...
—deberíamos volver…Temari se enojara mucho si te descubre aquí —rendido, Gaara vigilaba a su hermano, sentado sobre una banca, con los nervios de punta ante la posibilidad de un alboroto en el dia más feliz de la vida de su hermana…Había pasado toda la noche cuidando que Kankuro no tuviera acceso a ninguna clase de bebida que no fuese refresco y al final, había fallado. Bastaron 30 segundos fuera de su vista para que todos sus esfuerzos se desvanecieran y significaran nada.
—si…bueno…que se joda.
Ya no pensaba con claridad. La puerta corrediza de madera que llevaba a la fiesta se cerró de golpe.
— ¡¿estás bebiendo de nuevo?!
Furiosa, atravesó el patio con los pies desnudos, pisando el césped y las rocas, sin importarle nada. Gaara se puso de pie, tratando de calmarla, pero ella no escuchó.
Kankuro la oyó gritar y reclamarle, pero él no se inmutó, tan solo siguió en su labor de arrojar piedras y dar un trago con cada una.
Lo apuntó con el dedo una y otra vez, sus mejillas se tornaron rojas y sus ojos se volvieron cristalinos hasta las lágrimas desbordar. Shikamaru estaba ahí también, sosteniéndola por la cintura e intentando alejar a Temari de ahí, pidiéndole que lo ignorara y que entrara de vuelta.
Había terminado rompiendo en llanto, con todos los invitados, curiosos, asomándose entre las puertas corredizas. Naruto había tratado de despejar a todos y distraerlos de la situación… Al final, ni siquiera supo como acabó la situación…lo último que recordó fue el estanque y las rocas hundiéndose, el sabor del licor en su boca y los gritos de Temari a su alrededor…
De nuevo su cuerpo estaba frio y un fuego abrasador le quemaba por dentro, se sintió morir y las ganas de gritar se atoraron en su garganta, quería volver y cambiarlo, arreglar lo que había arruinado…
Sus ojos se abrieron de pronto y un grito ahogado salió de entre sus labios, arqueó la espalda y se retorció, su piel estaba bañada en sudor, y sin embargo, era como nadar en una piscina de agua helada.
Abrió los ojos revelando unas enormes y dilatadas pupilas, como agujeros negros que trataban de tragarse el cielo nocturno que se alzaba sobre él.
Se retorció sintiendo dolor en cada fibra de su cuerpo, ansioso, rodeando su torso con sus propios brazos, arañando su piel y empeorando las quemaduras que días atrás había sufrido, trató de aferrarse a algo.
Respiraba agitado, tendido en la arena y con el corazón galopando en su pecho como una manada de caballos salvajes.
Hiperventiló antes de sentir el acido quemándole la faringe, entonces pudo incorporarse y escupir aquello que le venía…
Vomitó.
Las arcadas vinieron, algunas más largas y dificultosas que la otra, pero finalmente, luego de un par de minutos, terminó…
Se limpió la boca y, abrazando sus rodillas, se sentó en medio de la oscuridad del desierto, con la luna y las estrellas como única fuente de luz, respiró profundamente tratando de calmarse, abrió su mochila y tomó una de las botellas de agua que había empacado, ansioso, con locura y parsimonia, desenroscó la tapa y se la llevó a la boca, comenzó a beber desesperado, solo para después escupirla furioso y soltar un grito de rabia…
—¡Maldita sea! ¡Temari! ¡Gaara!...
Arrojó la botella y comenzó a tirar de su cabello de nuevo, se restregó el rostro desesperado, deseoso de arrancarse la piel y tirar de cada pedazo de carne que quedara en su cuerpo, porque ahora no solo las quemaduras le lastimaban, también tenía fiebre y podía sentir su sangre como agua hirviendo…
Se revolcó entre la arena, ansioso e irritado, su cabeza le pulsaba rogándole a gritos algo más que agua…estaría dispuesto a beberse lo que fuera, incluso los perfumes de Temari, como había hecho alguna vez…
Gritó, y volvió a gritar…pero la soledad del desierto lo mantuvo cautivo a mitad de la noche. Nadie iba a venir por él.
Habían pasado apenas 2 días, y ya estaba deseoso de morir…después de todo…para eso se había marchado.
Gritó los nombres de sus hermanos decenas de veces más, y luego, llorando, tan solo un "quien sea…" fue susurrado al aire…Se golpeó la cabeza contra el suelo esperando quedar inconsciente, sin mucho éxito, lo único que logró fue llenarse el cabello de arena…
A decir verdad no estaba muy seguro de cuanto faltaba.
Era el tercer día, y aun no había logrado salir del desierto. Si bien al inicio había acelerado el paso bajo la creencia de que Gaara le perseguiría, en cuanto se hubo percatado de que era todo lo contrario y no había nadie tras él decidió ir a su ritmo y tomar su tiempo. Que idiota.
Debió aprovechar todo ese tiempo que tuvo antes de que el síndrome de abstinencia lo golpeara tan fuerte como ahora lo hacía.
Aún febril y bañado en sudor, con su segunda camisa sobre la cabeza cubriéndole del sol y los pies enterrándose en la arena a cada paso que daba, Kankuro luchaba con las pocas fuerzas que le quedaban por sobrevivir.
El dolor de cabeza parecía ser infinito, había llegado al punto donde ni siquiera podía notar la diferencia entre sufrimiento y bienestar.
De pronto, una repentina ráfaga de aire lo golpeó desde su espalda, haciéndole trastabillar hacia el frente, vio la camiseta volar desde su cabeza y de inmediato se giró mirando al cielo para encontrar algo mucho peor que la fiebre y las heridas que ya le invadían…
Una colosal nube se alzaba desde el horizonte, levantando cuanta arena encontraba a su paso, como un general que reúne a su ejército, preparándolos no para una batalla, sino para una masacre.
Era Kankuro, contra la arena y el viento, contra torbellinos y olas de interminable polvo que terminarían por sepultarlo vivo.
Pequeño e impotente, se dejó caer de rodillas, con el rostro crispado y horrorizado, porque sabía que de ahí no saldría.
Nunca había sido creyente de alguna religión, a decir verdad, solía detestar aquellos días en que Yashamaru le hacía rendir tributo a su madre, orar, o encender un incienso siquiera. Lo peor es que tanto Gaara como Temari habían continuado con aquella tradición, ahora incluyendo a su padre y de vez en cuando a algún ninja recién caído.
No es porque las personas no le importaran…era porque, para ser honesto, solía sentir que su vida era suya y de nadie más, que nada ni nadie podía llevarlo a un destino que él no deseara, que como Naruto le había enseñado muchas veces, uno mismo moldea su destino, y no hay nadie más en ningún lugar que te escuche y te note más que tú mismo...Kankuro creía que lo que sucede en el mundo y en su vida son meras consecuencias de los actos de otras personas que, como él, se dedicaban a guiar su destino como quisiera…porque nada estaba predestinado y nada "se suponía" que debía pasar…
No fue hasta ese momento de su vida, donde quebrado, destruido y casi acabado se atrevió a dirigirse a quien fuese que se encontrase ahí.
Dios, Buda, Mahoma, Alá, Yahvé…como quisiera llamarse…
—¡¿Así esta es la manera que has elegido para matarme?! ¡¿Eh?!
En respuesta, el viento sopló más fuerte, derribando a Kankuro al suelo, agitando sus ropas al compas del aire, su mochila se abrió y terminó por vaciarse, todas las botellas de agua comenzaron a ser cubiertas por la arena, enterrándolas.
Mirando al cielo, vio como poco a poco el sol se cubrió de nubes y polvo, se había rendido, no había nada mas que hacer.
Así que decidió quedarse ahí recostado esperando a que la tormenta le acabase.
...
Gaara, sentado en su oficina, ignorando y dando la espalda a uno de los ancianos que le hablaba frente a su escritorio, miraba por la ventana como una enorme tormenta de arena se acercaba a Suna, y solo deseaba que Kankuro estuviese sano y salvo en algún sitio, sin importar dónde. Rezó, porque esta vez no había nada más que hacer por su hermano.
...
El cielo había terminado de oscurecerse, y ya sentía su cuerpo ser enterrado en la arena.
No sentía nada más dolor, se había abandonado al destino que le fuese designado por quien quiera que estuviera escuchando, porque lo admitía…hacía mucho que su destino había dejado de ser suyo, y sus acciones se habían convertido en las de algo mas, era gracioso como el marionetista había terminado siendo la marioneta de algo mas…ya no podía con sigo mismo.
Su nombre pronunciado una y otra vez por sus seres queridos en distintas situaciones y tonalidades inundaba sus oídos a un volumen que probablemente le reventaría los tímpanos.
Escuchó a Gaara hablarle un millón de veces, pidiéndole que volviera a casa, diciéndole lo preocupados que estaban todos, a Matsuri pidiéndole que tuviese cuidado porque Gaara siempre estaba preocupado de el…estaba Sakura, Shino, Naruto, Lee, Shikamaru, Tsunade y todas las personas del grupo de alcohólicos al que alguna vez había asistido…
Finalmente, estaba Temari…empujándolo y golpeando su pecho, haciéndole retroceder mientras el boquiabierto no podía entender que había sucedido…
La escuchó gritarlo un montón de veces…
"Te odio".
Y luego la arena lo cubrió.
Tal vez alguna vez escuchó a sus hermanos orando por él y nunca le importo…extrañamente esta vez, fue Kankuro quien rezó por ayuda.
Bueno, es la primera vez que pongo un comentario o algo xD
Espero les esté gustando el fic, es algo nuevo que quise intentar, ya que hace mucho que no escribo un longfic a decir verdad, todo este tiempo me la he pasado en one shots y eso ._.
En fin ._.
le agradezco a mi amiga Sharon que me pasó la cancion de Tan bionica de "la manera que eligió para matarte"...estaba escuchándola cuando escribí un fragmento de este capitulo xD y luego escuché el soundtrack triste de Naruto...me pone en ambiente.
Ojala sigan leyendo, se los agradecería...y PORFAVOR, comenten :DDD
