Paso 3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.

La puerta se abrió y cerró tras de sí una vez que hubo pasado. Todo estaba limpio y callado…extraña y excesivamente callado. Miró alrededor y suspiró, apagó el cigarrillo, que justo comenzaba a terminar de consumirse en sus labios, en un cenicero que estaba en una mesita en la entrada, un detalle que su ahora esposa había comenzado a tener con él de un tiempo a acá.

En cierta forma, las cosas habían cambiado para bien, se habían vuelto más fáciles y llevaderas, Temari había dejado de discutirle sobre su constante habito y en su lugar, ambos habían acordado que podría fumar a su antojo en el exterior, y en cuanto llegara a casa, tendría que comportarse, apagaría el que llevara encendido y guardaría su cajetilla y encendedor en una caja de madera colocada justo al lado del pequeño cuenco de porcelana blanca donde 3 colillas yacían torcidas y dobladas junto con el que recién acababa de poner ahí. Le parecía justo y necesario, la situación actual con su familia política no era la mejor, y sin duda, quería dejarle una buena impresión y un hogar limpio al nuevo bebé.

Shikamaru se descalzó las sandalias y con una bolsa de víveres en la mano se adentró en su silenciosa y aparentemente vacía casa.

Un fuurin tintineó en el jardín, anunciando la llegada del verano y llamando la atención del joven Nara. Se detuvo a varios metros de las puertas corredizas que daban al patio y lo observó por unos segundos. En silencio y con los hombros caídos, Kankuro se mantenía quieto sentado en el escalón donde terminaba el piso de madera y comenzaba el césped. Una brisa hizo sonar el fuurin de nuevo, agitando consigo su alborotado cabello y la camiseta blanca que ese día llevaba.

No le prestó atención, en su lugar, dio media vuelta y fue a la cocina. Colocó la bolsa de víveres sobre la barra y comenzó a desempacarla, entre carne, verduras y zumos de frutas, Shikamaru notó el bote de basura fuera de su lugar, estaba hasta el tope. Torció la mirada, si su esposa no estaba en casa, en cuanto llegara seguro le reñiría por no sacar la basura y poner una bolsa nueva.

—Tsk…que problemático —susurró.

Dejó el paquete de carne en el refrigerador y se acercó a la basura, solo para encontrarse aquellos frascos redondos que conocía a la perfección, vacíos y con las boquillas removidas. Eran los perfumes de Temari.

...

En su habitación fue donde la encontró, dándole la espalda a la puerta donde se encontraba él, con un cesto de ropa limpia sobre la cama mientras doblaba cada prenda con sumo cuidado. Incluso desde aquella posición, podía apreciarse el vientre ligeramente abultado de la kunoichi, recién había cumplido los 3 meses.

Abrió la boca para decir algo, pero nada salió. No hacía falta que le comunicara su presencia, ella lo sabía, sin embargo, ninguna palabra fue dicha por varios minutos. Recargado en el marco de la puerta y con las manos en los bolsillos, Shikamaru esperó.

La vio tallarse los ojos con el dorso de la mano un par de veces antes de que fuera la rubia misma la primera en hablar.

— ¿Dejaste la cajetilla abajo? — preguntó con seriedad en la voz.

—Sí, yo… no te preocupes.

—Bien.

Terminó de acomodar todo dentro del cesto, y se lo cargó a un costado, Shikamaru hizo amago de acercársele a ayudar y cargarlo por ella, pero en su lugar, su mujer le dirigió una mirada molesta y filosa, revelándole una de sus mejillas enrojecida y ligeramente hinchada.

—Temari…

—Cierra la boca…

Intentó sacarle la vuelta, esquivarlo y atravesar la puerta de la habitación sin mucho éxito, él la tomó de la muñeca que tenía libre y la obligó a mirarle.

Furiosa, ella se lo permitió. Con los ojos llorosos, su rostro revelaba más que una simple riña.

—Esto se acabó, tenemos que hablar con él.

—Hazme un favor y hazlo tu…yo no quiero hablar con él por el resto del día.

Se zafó de su agarre y atravesó, con el rostro en alto, el marco de la puerta, perdiéndose en el pasillo.

...

Un golpe seco se produjo sobre la madera al instante en que el Nara se dejó caer de sentón a su lado. El moreno ni siquiera se inmutó, continuó mirando a nada y todo a la vez, con los hombros caídos, justo como lo había encontrado momentos atrás.

—Es uno de esos días, ¿no? —sacó un cigarrillo del bolsillo de su chaleco y se lo colocó en los labios, lo había tomado justo antes de irse a sentar, para tomar valor, para controlarse, para al menos tener algo de normalidad de la cual sujetarse dentro de toda aquella locura.

El viento acarició sus rostros, meciendo el fuurin de nuevo, haciéndolo cantar al compas de la brisa y los rayos del sol.

Se disponía a encender aquel pequeño rollo de tabaco, cubriendo la flama con los dedos, cuando la mano de alguien lo detuvo. Kankuro le hizo bajar el encendedor y Shikamaru le miró, entreabriendo los labios de asombro al notar lo que no había notado de inicio, dejando caer el cigarro sobre su regazo.

Su cuñado le miraba, esta vez el morado de su rostro no se debía a algún diseño de la pintura que solía usar, no…tenía el labio reventado y un morado de distintas tonalidades decoraba su ojo izquierdo inflamado, un pequeño rollo de papel hacía de tapón en uno de sus orificios nasales, y por último, sintió terror al ver la sangre salpicada sobre el cuello de su playera.

—Temari te pidió que lo dejaras, ¿recuerdas? —susurró, con una mezcla de enfado y dolor.

Le tomó unos segundos reaccionar y recuperarse de la impresión, su expresión volvió a la normalidad y alzó una ceja, Kankuro volvió a mirar al frente.

—Recuerdo no ser el único al que le pidió que dejara un vicio…—contestó Shikamaru.

No hubo respuesta.

Suspiró, si hacía apenas unos instantes había considerado molerlo a golpes por lo que le había hecho a Temari, ahora solo quería darle una bolsa de hielos y llevarlo al hospital.

—Escucha…esto es problemático, pero Temari y yo estuvimos hablando…

— ¿Sobre mi?, ¡que novedad!

—Vamos, no empieces…

—No, enserio, ustedes creen que no me doy cuenta, pero los he escuchado…hablan de mi como si fuera un mocoso…

—No es eso…—se frotó los ojos con los dedos de una mano, fastidiado.

—¿Alguna vez tuviste un parasito en el cerebro? Un pequeño monstruo que poco a poco va devorándote los sesos, teniendo cuidado de no comerse las partes esenciales solo para que sientas como corta cada circuito dentro…

Shikamaru se rascó la nuca, incomodo

—No.

—Muero de sed, Shikamaru. La cabeza me pulsa y no puedo enfocar bien, es como si todo se moviera a mi alrededor…En ocasiones, siento que podría arrancarme la garganta con las uñas…me arde tanto…y el agua no es suficiente.

Una ráfaga de aire los golpeó de nuevo justo al momento en que el moreno terminó aquella frase, meciendo aquel fuurin, entre hojas, hebras de pasto, y un suave olor a jazmín proveniente del aliento del marionetista, algo que, aunque preocupante, le pareció gracioso al castaño.

Se colocó el cigarro de nuevo en los labios y se recostó sobre la madera, acomodando sus manos tras la nuca, observando el paso marchante de las nubes en el cielo.

—No voy a decirte que te entiendo porque no es así. No entiendo nada de lo que pasas. Nadie lo entiende.

Kankuro lo miró desde su lugar. Shikamaru continuó.

—Pero entiendo que no es fácil y que la situación apesta…Sin embargo, tú debes entender que Temari, Gaara, Matsuri, e incluso yo estamos preocupados…pensamos en ti.

Entre distraído y apenado, el moreno se quitó el tapón de la nariz, estaba ligeramente manchado de rojo, con el ceño fruncido, jugueteó con el en sus manos.

—Creemos que sería prudente que pasaras unos días en el hospital de Konoha, en lo que la desintoxicación termina…podrían darte algo para los síntomas y estarías más tranquilo.

— ¿Tienen un área para eso?

—Es más común de lo que piensas, incluso tienen un grupo…se que podría ser aburrido y problemático, pero tal vez deberías intentarlo.

El joven moreno suspiró, "¿por qué aquí y no en Suna?"; ¿por qué tenía que quedarse en una aldea que no era la suya, en un hospital que no conocía, y asistir a un grupo de ayuda con gente que nunca en su vida había visto?, ¿por qué tenía que quedarse en casa de su hermana, con su nuevo esposo y el nuevo bebe que venía en camino?, ¿Por qué incluso habían tenido que llamar a Naruto y a Sakura para que le convencieran de ir hasta allá a tratarse?...

Dolido, se contestó a sí mismo, porque la respuesta era simple: se había convertido en un problema, un estorbo, una vergüenza…Quedarse en la aldea de la arena con Gaara habría sido darle más conflictos de los que ya tenía.

Su hermano menor era un hombre ocupado, no podía velar por la aldea y lidiar con los problemas de su hermano alcohólico al mismo tiempo.

En ese entonces, Kankuro lo aceptó, aceptó que tenía un problema, que poco a poco había perdido el control de si mismo y que ya no podía contra sus tontos impulsos, que su vida y sus seres queridos estaban resultando lastimados…

—Bien…lo intentaré.

De un solo movimiento, el joven Nara se enderezó y se puso de pie. Le sonrió a kankuro, algo que este jamás entendió.

El fuurin sonó de nuevo.

Durante 8 años recordó ese día…porque había sido la última vez en que la esperanza lo había albergado, porque el panorama lucía brillante, incluso con el rostro golpeado y la camiseta manchada en sangre, pensó que el agujero que había cavado era lo suficientemente profundo y que había tocado fondo. Que de ese dia en adelante, solo ascendería, y nada mas iba a suceder.

Y ahora, yacía enterrado bajo tierra, literalmente.

...

Su corazón latió débil, pero con la suficiente fuerza como para hacerle saber que aun estaba vivo. Despertó, y como una montaña que nace del suelo llano, se alzó al tiempo que la arena se desplazaba por su cuerpo como una cascada, cayendo y liberándolo al mismo tiempo.

Dejando visible primero su cabello, luego sus ropas, y al final el resto de su cuerpo. Con las rodillas y palmas de las manos apoyadas en el suelo, tosió sacando de su organismo todo el polvo que había entrado por accidente durante la tormenta, exhalando diminutas nubes por nariz y boca.

Con la vista borrosa y los sentidos aún desequilibrados, se puso de pie, balanceándose y trastabillando.

Era de noche, se lo susurró el viento y los insectos que le rodeaban entre la arena, y la enorme perla que adornaba el cielo sobre él le recordó lo que su corazón le había anunciado hacia tan solo unos instantes. Había sobrevivido, con todas las heridas y malestares que le albergaban.

Miró a su alrededor, confundido, encontrándose con la sorpresa que le habría gustado hallar antes de que la tormenta le azotase. A un kilometro de él pudo distinguir aquel punto donde poco a poco el desierto se fundía entre hierba seca y césped fresco, donde mas allá podían apreciarse unos cuantos árboles secos que iban incrementándose en cantidad y lozanía.

Se pasó una mano por el cabello terroso, sintiendo el alivio que hacía mucho no le invadía. Y corrió, con la fuerza que sus heridos pies le permitían se apresuró a llegar y dejarse caer sobre el césped fresco, pasó sus manos por cada hebra que decoraba el suelo y arrancó unas cuantas, incrédulo.

Dejó caer la cabeza hacia atrás y alzando el rostro al cielo, cerró los ojos, agradecido…Con el destino, con el universo, con quien sea que se encontrase allá arriba observando el diminuto e impasible mundo que acostumbraba llamar hogar.

En silencio, en medio de aquel sitio inclemente donde las almas de los seres humanos pedían piedad a una deidad que él creía inexistente, por primera vez Kankuro admitió que había algo más allá, algo o alguien que escuchaba y que le había respondido.


Por si alguien no lo sabe:

Fuurin: es una campana de viento usada en japón al inicio del verano, se puede ver en varios animes, son esas que son como esferas de cristal con un papel colgando.

Solo para aclarar, no pretendo inmiscuirme en las creencias ajenas, ha sido muy difícil escribir este capitulo ya que el 3 paso se trata de algo mas espiritual ._.

En fin. Espero disfruten el fic en verdad, y que les esté gustando...a los que lean, muchísimas gracias.

Y bien xD mas difícil que escribir esto, fue este fin de semana que pasó, aparentemente mi familia piensa que soy una socialité o algo asi ._. y me arrastraron con ellos a fiestas y compromisos sociales que solo sirvieron para provocarme un horrible dolor de cabeza :c yo solo quería escribir xD ;_;

La canción que inspiró este capitulo fue The scientist de Coldplay xDDD originalmente iba a ser mas largo e iba a incluir una escena romantica entre Matsuri y Gaara._. pero luego pensé que sería inapropiado ;c no se porque...

bueno, ya basta de cosas sin importancia xD

Gracias de nuevo a los que leen c: los quiero.