canción: Wonderwall-Oasis


Paso 4. Sin miedo, hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.

Con la gracia y habilidad propia de un dragón, exhaló el humo del cigarrillo que acababa de encender, la nube se alzó al cielo entre remolinos y movimientos fluidos, como si de un rio se tratara. Las estrellas admiraron la calma de aquel sencillo hombre que, sin querer, había formado una vida mas complicada y "problemática" de lo que alguna vez hubo soñado. Su empleo, aunque estable, no era promedio en lo mas mínimo, aparentemente se había esforzado demás y había logrado inmiscuirse en cosas mucho mas importantes, increíbles y difíciles. Y es que, ser el consejero del Hokage no era para nada fácil y tampoco era poca cosa, aquello lo descalificaba inmediatamente como "hombre ordinario".

A su alrededor las calles de Konoha se sumían en el silencio que la noche traía de poco en poco, mientras él, como siempre, con una bolsa de víveres en la mano y su ultimo cigarrillo del día en los labios, se dirigía a casa…solo que esta vez era diferente.

Metió la mano en su bolsillo, palpando con la yema de los dedos el sobre de papel que se ocultaba ahí, ansioso por ser abierto, listo para revelar las implacables noticias que su cuñado, el Kazekage de Suna, le tenía esta vez para él. Y temió.

Porque hacía años que no sabía nada de él ni de Kankuro, porque, inclemente e incapaz de perdonar, su esposa había quemado y destrozado cada carta que sus hermanos habían enviado, cada gesto o señal de ellos, cada invitación o regalo, todo, lo había tirado a la basura. Con el alma desolada, había visto a su amada mujer quemar y romper los lazos que le unían a su familia, hasta que finalmente las cartas cesaron y pronto no hubo nada más que silencio.

Y ahora, después de la casi interminable quietud, aquella carta se presentaba ardiendo como una bengala entre toda aquella oscuridad y calma. ¿Qué podía ser tan malo como para que Gaara decidiera escribirle a él, y solamente a él, de manera tan urgente y personal?.

—Me voy a casa—había anunciado un par de horas atrás.

Hacía rato que el sol se había ocultado y como de costumbre, el Hokage y su mano derecha habían perdido la noción del tiempo entre pilas de papeles, pergaminos y artículos de oficina.

Se puso de pie y se dispuso a acomodar la pila documentos en los que había estado trabajando, mientras que, tras su escritorio, Naruto había levantado el rostro por primera vez en 2 horas, sorprendido.

— ¿Tan temprano?

Shikamaru hizo un breve movimiento con la cabeza, señalando la gran ventana que se alzaba a su espalda. Naruto dio media vuelta, inclinándose sobre su cómoda silla giratoria, "temprano" era el término equivocado, ya era de noche y ni siquiera se había percatado.

—Cielos…¿cuánto tiempo estuvimos trabajando? — Preguntó el rubio, desconcertado.

—Probablemente una eternidad, ni siquiera te diste cuenta cuando oscureció.

—Diablos…

Una media sonrisa se dibujó en los labios del Nara, mientras tomaba sus cosas y se dirigía a la salida de la oficina. Naruto era tan despistado como siempre.

—Me gustaría quedarme mas, pero Temari se enfadará si no llego antes de las 12

Se detuvo al tomar la manija de la puerta, y miró a Naruto por sobre el hombro, quien de nuevo se encontraba con la vista bien puesta y clavada sobre los documentos que hacía un momento se dedicaba a leer.

—Naruto…

El Hokage lo miró desde su lugar.

—Tú también deberías ir a casa y descansar…Ve con Hinata y pasa tiempo con ella, trabajaste suficiente, te lo mereces.

En respuesta, el Uzumaki le dedicó una de sus características amplias sonrisas y se rascó la nuca, dejó el papel que tenía en la mano y se puso de pie.

—si…tienes razón…gracias, Shikamaru.

El castaño asintió y continuó su camino, abrió la puerta y justo se disponía a atravesarla cuando lo detuvo un alboroto a sus espaldas.

—¡Ehh!, ¡Espera!,¡ Shikamaru! Casi lo olvido...Mierda, ¿donde está?

Los papeles que con tanto esfuerzo se había dedicado a organizar durante el día comenzaron a volar por todos lados mientras un ansioso rubio buscaba entre las cosas de su escritorio. Una gota se dibujó tras la cabeza del Nara.

— ¡Aquí esta!

Era de color blanco y con algunas arrugas en las esquinas, Naruto lo levantó por sobre su cabeza, triunfal y con una sonrisa de satisfacción, se apresuró a llegar hasta la puerta, donde Shikamaru lo miraba confundido y con algo de fastidio. Solo quería irse a casa.

—Gaara me pidió que te entregara esto personalmente.

Con decisión, Naruto se lo tendió para que lo tomara, y dudoso, Shikamaru miró el sobre y luego a Naruto, arqueando las cejas.

—Oye, no quiero ser grosero, pero Temari dijo claramente que…

—No es para Temari

Miró el sobre y en efecto, tenía su nombre en el dorso, indicando claramente que el escrito que contenía iba dirigido a él y a nadie más, luego volvió su vista arriba solo para encontrarse con aquellos orbes azules que le observaban con una sorpresiva seriedad.

—Se que las cosas entre ustedes no terminaron bien, pero realmente pienso que deberías atender esto, Gaara me dijo que era urgente y cuando hablamos…bueno…no se escuchaba nada bien al teléfono.

—Tsk…que problemático, está bien.

Rendido había tomado el sobre y Naruto le había sonreído.

Ahora, sentado en una banca entre arboles y luciérnagas, se dispuso a exhalar la ultima nube de humo que aquel cigarrillo le podría proveer. Lo retiro de sus labios y lo aplastó sobre el concreto. Suspiró. El ruido del papel rasgándose sobresalió entre los interminables cantos de grillos y cigarras.

Con facilidad desdobló la hoja que sacó del sobre y la extendió bien. Una tenue luz proveniente del faro de un poste le permitió distinguir la casi perfecta caligrafía del pelirrojo.

Aquel nombre resaltó sobre el texto, ese que estaba tan prohibido mencionar en su casa y en presencia de su mujer: Kankuro. Y luego la noticia le desconcertó.

...

Habían pasado días desde que había logrado salir de ese desierto, y la boca aun le sabía a tierra. Y es que, contrario a lo que había pensado, el pasto, los arboles y las hojas que le proveían de un techo sobre su cabeza no eran la solución a su problema. Con el cuerpo malherido y enfermo y el alma agonizante, se había arrastrado a sí mismo por el bosque durante ya varios días y ni una sola vez había encontrado un rio o arroyo que le calmara la sed. Nada.

Sin embargo, su voluntad le mantuvo vivo, tal y como había hecho durante tanto tiempo, porque había vagado por el desierto cientos de veces, deshidratado y con alcohol corriendo en sus venas en lugar de sangre, porque no fueron una o dos las veces que había arruinado algo en su vida; su empleo, su salud, su relación con sus compañeros y todas las personas que alguna vez le respetaron, su relación con su hermana, y ahora también con su hermano…a pesar de todo, había algo que aún le movía.

Tropezó al sentir el primer escalón, sus brazos no le respondieron dejándole azotar una mejilla en el concreto.

Miró a su alrededor, en la oscuridad de la noche, entre luciérnagas y mosquitos que ni siquiera intentaban alimentarse de él, como si supieran que algo andaba mal ahí dentro.

Frente a él, una gran escalinata se alzaba hasta terminar en una colosal puerta derruida, con enredaderas y ramas de árbol colándose entre cada grieta que el paso de los años había creado.

Lo reconoció de inmediato, era el templo del fuego, había escuchado como los akatsukis Hidan y Kakuzu habían exterminado y masacrado a la mayoría de la población de monjes en ese lugar, los pocos sobrevivientes habían huido, dejando el lugar abandonado y a merced de la naturaleza.

Despacio, haciéndose valer del enredo de carne y vendajes que eran sus manos, se ayudó a sí mismo para subir cada escalón sin tropezar.

—Luce bien—Se escuchó dentro de sí mismo, en el pasado, justo al entrar en aquella habitación de color rosa pastel.

Unos ojos azules se posaron sobre él, destructores, imponentes y llenos de ternura, asi como también de la mas pura sorpresa.

—Mira nada mas a quien tenemos aquí—La voz de Temari llegó a sus tímpanos, nítida, suave, como el bálsamo que curaría cada dolencia que le aquejaba en ese momento, porque era buena y amable, porque se preocupaba por él, porque era la Temari de aquel entonces la que aún le quería.

Escalón tras escalón la recordó, mirándolo recargada desde la ventana de la habitación de la que pudo haber sido su sobrina, había un fuurin colgado en una esquina, decorado con diminutas flores blancas y pequeñas hojas danzantes. Kankuro la observo, hermosa, con su belleza etérea, y aquella sonrisa dulce que había heredado de la misma Karura.

—Debo decirlo, parece que Shikamaru se lució esta vez, nunca pensé que un vago flojo como él pudiera hacer tan buen trabajo…pero bien, con una esposa tan "problemática" como tú, no le queda de otra—Una sonrisa acida se formo en su rostro mientras, con lentitud, deslizaba la palma de su mano por la pared, la pintura era perfecta, uniforme, sin ninguna grieta o irregularidad.

—¿Viniste a saludar o a que te de otra paliza? —Una sonrisa divertida y afilada apareció en el rostro de la rubia, Kankuro torció la mirada y avanzó hasta donde ella estaba, se recargó en el extremo opuesto de la ventana y juntos miraron al exterior, donde un oleaje de frondosos árboles les anunció el fresco viento que bailaba y rondaba por cada esquina y callejón de la aldea.

Sus cabellos se agitaron con el aire, y la chica miró a su hermano, curiosa y sorprendida, porque había pasado quizás un mes desde la última vez que lo vio, y aun más, porque hacía mucho más tiempo desde la última vez que lo había visto bien, completo y totalmente consciente. Portaba sus ropas ninja de color negro y los patrones de su pintura de batalla lo mostraban mas fiero y tenaz que nunca, digno, pulcro, como un hombre esplendoroso que alzaba la cabeza con orgullo tras una indudable victoria contra su mas grande enemigo: él mismo.

Un dolor punzante en las entrañas le devolvió a la realidad haciéndole caer al suelo de rodillas, justo al haber llegado al final de las escaleras, frente a la entrada al templo. Las nauseas lo inundaron, y las arcadas largas y tendidas no se hicieron esperar, con el estomago casi encogido expulsó un liquido amarillento, casi verduzco con un sabor acido que le corroía la garganta. Ya no era, y probablemente nunca mas sería, ese hombre gallardo y socarrón al que Temari veía con tanta ternura, jamás volvería a verla sonreír, porque no solo lo odiaba, sino que había ido ahí a morir.

Con el dorso de la mano se limpio la boca mientras reconocía el dolor como un huésped mas en su cuerpo, algo que le acompañaba desde hacía un tiempo, haciéndose presente de vez en cuando.

"Deberías ver un doctor" habían sido las palabras de su pelirrojo hermano después de verle sufrir aquellos dolores tantas veces, y "vete al diablo" había sido su respuesta.

Ya era tarde, todo lo que quedaba de él era un manojo de carne herida y putrefacta envuelto en las sucias ropas que le cubrían, lo menos que podía hacer por sus hermanos era hallar un sitio donde jamás le encontraran, algún techo que le cobijara mientras su cuerpo inútil se deterioraba a pasos colosales, un lugar donde pudiera permitirse ser consumido por la bebida y la enfermedad que ya acarreaba. Solo necesitaba esperar.

Moriría, y nunca más les volvería a hacer daño.

Su mano maltrecha se apoyó en la pared, y despacio se puso de pie, avanzó pausadamente, pues era la única forma en que sus piernas respondían.

Se entregó a la oscuridad que gobernaba la gran construcción, y esta, en respuesta, le envolvió con sus miles de brazos y tentáculos como una bestia sin forma, lo abrazó y envolvió con ternura y cuidado, permitiéndole adentrarse cada vez mas adentro.

No supo cuando, ni en qué momento fue que dejó de caminar, sus piernas se rindieron y su cuerpo simplemente se desplomó.

...

—Los primeros días ni siquiera sabía como explicar el maldito ojo morado que me dejaste…

—Eso es sencillo, simplemente pudiste decir la verdad

—"Hola, mi nombre es kankuro, soy alcohólico y mi rubia hermana embarazada me hizo esto", si, no gracias, quiero rehabilitarme, no quedar como un fracasado golpeado por su hermana.

El sonido de su risa repicó acompañado del fuurin de la ventana.

—Sí, ya debe ser suficientemente difícil el ser un fracasado—la mujer dijo aquello con una bella curvatura en sus labios, divertida.

—Internado y vigilado, asistiendo a estúpidas reuniones con un montón de fracasados…si…es el lugar que me merezco.

Temari miró a su hermano por el rabillo del ojo, tenía la vista perdida en el horizonte, sobre aquellas numerosas copas de arboles, con las uñas de los dedos reducidas a la mitad de su tamaño habitual, y sus dedos rascando sobre las orillas, en un vano intento de encontrar mas que morder. A simple vista no podía notarse, pero estaba ahí: amargura. Porque aquella lucha aun estaba siendo llevada a cabo, porque en ningún momento había dejado de pelear.

—Oye…

Rozó su antebrazo con suavidad, sintiendo a la vez como los diminutos y apenas visibles vellos de la piel se erizaban al tacto.

Kankuro se estremeció y la miró con el ceño fruncido.

—No eres un fracasado, todo lo contrario…estoy orgullosa de ti.

La expresión del moreno se suavizó.

—Gracias, Temari.

Ella lo tomó de la mano y se acercó a él, recargando la cabeza sobre su hombro.

— ¿Y bien?, ¿en qué paso estas?...Shikamaru me dijo algo sobre el programa…son 12 o algo así, ¿no?

—Si, el numero cuatro…es toda una lata…algo sobre un inventario moral de nosotros mismos…algo asi como todas nuestras fallas y eso…he escuchado suficiente como para saber que no estoy tan mal.

—¿"Tan mal"?

—Si, es decir…se que arruiné tu boda e hice unas cuantas estupideces…pero no llegue a herir a mi familia como muchas de las personas que están ahí. Hay unos realmente hechos mierda.

La rubia le soltó de la mano y sus facciones se tensaron.

—No deberías juzgarlos, Kankuro.

— ¿Por qué no?, ustedes lo hicieron conmigo…si de algo me ha servido todo es para darme cuenta de que no estoy tan jodido como ustedes decían...estoy jodido, pero al menos no maté a golpes a alguien de mi familia.

Una extraña sensación de pesadumbre apareció en el ambiente, con los rostros endurecidos y el ceño fruncido, ambos se enfrentaron en una extraña y tensa disputa de miradas.

No, en ese entonces no había matado a alguien de su familia. Pero sin duda, era totalmente inconsciente del peso que sus acciones habían tenido hasta ese momento.

En aquel momento, el "minucioso" inventario moral que había hecho de si mismo estaba constituido por una pequeña lista de palabras que él creía que le describían, junto con una lista de idioteces que había hecho estando ebrio.

Idiota, terco, obstinado, demasiado sarcástico, insensible, cínico...simplemente tal vez no había meditado el 4° paso lo suficiente, porque aquello iba mas allá de una lista de palabras y errores.

Había escrito aquella lista en una servilleta, sin saber que había lastimado a su familia mas de lo que se imaginaba, y que aún había mas por venir.

Ahora le quedaba claro, porque aquella noche, a la luz de la luna y en la oscuridad del pasillo de su cocina, mientras le hundía el puño a su hermano repetitivas veces en el rostro, todo le había caído de golpe.

Sus errores, y defectos, y cada una de las acciones que no solo lo habían arruinado a él, sino también a las personas que amaba. No solo había perdido el empleo, el respeto y sus amigos, había destruido casi por completo el matrimonio de su hermana, la había decepcionado y herido hasta el cansancio, y después, durante 8 largos años, se dedicó a arrastrar consigo a Gaara, porque lo había obligado a cargar con él y lo había hecho participe su propia destrucción…

Con el tiempo, la lista se había reducido, y en lugar de adjetivos y hechos, se habían vuelto nombres: Gaara, Temari, Shikamaru…

...

En silencio, se abrochó las sandalias y se colgó la mochila en la espalda, procurando no hacer ningún ruido que lo delatara.

Cogió su cajetilla de cigarros y su encendedor de la gastada caja de madera que estaba junto a la puerta, os puso en su bolsillo, junto con aquella carta que aun le quemaba solo por tenerla, y aún más, por haberla leído sin decirle una palabra a su mujer.

Miró el reloj y aguardó, esperando que por gracia del destino, algo se presentara y le impidiera ir a donde ahora mismo se dirigía…pero nada sucedió, como si algo oculto en el universo le rogara que acudiera, no había mas.

Puntual, como de costumbre, Kiba le esperaba en las enormes puertas de konoha, con un Akamaru visiblemente envejecido, pero lo suficientemente vigoroso como para menear la cola y darle ladridos en respuesta a la conversación que mantenía con Kiba. El duo se percató de la llegada del Nara, quien aparecía sin mucho ánimo en el rostro.

El Inuzuka se acercó dubitativo al castaño, este suspiró y asintió. Con un gesto, le indicó a Akamaru que le siguiera, y entonces el trío se puso en camino.

Sin duda se metería en un lo que solía llamar "un asunto problemático".


Holis c:

hace un mes que no actualizo ._. lo siento muchísimo, a las pocas personas que siguen el fic. De verdad lo siento. Aunque no creo que haya sido muy notorio. En fin. Fue algo dificil escribir este capitulo...de nuevo, porque tenía mas o menos una idea de lo que quería, pero al mismo tiempo no.

Ya tenía ideada el que Kankuro encontrara refugio en el templo .-. pero no tenía idea de que iba a pasar ahi. Se me habían ocurrido un par de cosas mas, pero en fin, ya no supe, me revolvi, y eso:c.

La canción utilizada para escribir este capitulo fue: Wonderwall de Oasis (esto lo puse al inicio por si quieren leerlo con la canción xD) . Espero les haya gustado, y si escucharon la cancion, espero que tambien esta les guste.

me esforzare por actualizar mas pronto, ya que me propuse terminar este fic antes de que acabe el verano (la idea se me ocurrió al inicio del verano, asi que, bien, ya se imaginan).

De nuevo, gracias a mi amiga Sharon, porque siempre esta ahí para leer antes que nadie, desde el primer instante en que comencé a escribir xD. Te quiero bebe.

y en fin. Creo que es todo ._. dejen comentario porfa xD