Musica:
Cherry blossoms in Winter-Yoshida Brothers (Recomiendo muchisimo escucharla mientras leen el cap...si quieren xD)
Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto (etc etc)
En silencio los minutos se dejaron caer sobre él en alguna clase de intento de ataque suicida, y sin prestar atención, él se los permitió.
Con pluma en mano, un vaso de agua y una montaña de papeles y pergaminos delante de él, el pelirrojo se encerró en su trabajo, aquello que durante tanto tiempo le había dejado mantener su cordura al tiempo que Matsuri se encargaba de mantenerlo con vida, recordándole que tenía que comer y ocuparse de sí mismo, ayudándole con las compras e incluso encargándose de meterlo a la cama cuando se empeñara en trabajar toda la noche y nunca dormir. Porque tenía que hacerlo, porque él mismo no podía, porque había perdido la capacidad de controlar su vida y su mundo al verse incapaz de proteger a su familia y porque aunque sentía que había fracasado en cada uno de los ámbitos de su vida, al menos le quedaba eso: su aldea, su pueblo, su lugar como kazekage.
Desde hacía mucho había dejado de ser él, había dejado atrás su individualidad para ser convertido en una masa perteneciente a otros y nunca a sí mismo, esclavo de todos, víctima de sus propias buenas intenciones. Escribió, leyó y firmó, pasó la vista cansada sobre todos aquellos renglones llenos de garabatos que, mas que letras, parecían garabatos de locura con risas maniacas y ojos diabolicos que le rogaban a gritos ser leídos a cambio de un poco de quietud en la mente.
Una nueva punzada se hizo presente en el hemisferio derecho de su cabeza, sintiendo como si los sesos se le comprimieran y expandieran en un solo segundo, causando un suave y apenas visible sudor en la frente y una sensación de ardor en el estomago. No era la primera, ni sería la última, pero en realidad no le importaba. Ni con todo el calor de Suna, ni con todas las tormentas de arena que la habían azotado desde que había sido creada dejaría de trabajar…porque era la única forma de callar la locura y la culpa que vivía en él.
Y entonces pasó.
La puerta se abrió de golpe, como una explosión, estrellando el cerrojo contra la pared, un temblor le atravesó la columna como un cuchillo y una nueva punzada se hizo sentir, reclamando furiosa la atención que creía merecer. En apenas dos segundos se sintió volver en el tiempo, aliviado y ansioso a la vez, el fuego cobró fuerza dentro de sus entrañas mientras esperaba desde su asiento aquella exclamación: "¡Kazekage-sama!, ¡lo encontramos!". Y el diría "Gracias, ve a descansar".
Pero nada sucedió.
La puerta estaba cerrada y el cerrojo intacto.
Un suave y breve goteo carmesí acompañó momentáneamente al tictac del reloj, al tiempo que dejaba 3 marcas en los márgenes de los documentos que un momento atrás se dedicaba a firmar.
A solas, en su oficina, con la nariz sangrando y el rostro golpeado, el Kazekage miró a la puerta, ensordecido, la vista se le volvió borrosa y una desagradable sensación de ardor le recorrió de adentro hacia afuera, empezando por el estomago, continuando en el esófago, y terminando en su boca. Tosiendo, con la cabeza a punto de estallar y entre arcadas, se inclino para escupir.
Un borbotón de sangre brotó de sus labios y luego, casi como si lo deseara, todo se oscureció.
...
Paso 5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.
"Probablemente al inicio me ví perdido, por un instante sentí que iba a perder esta batalla…pero después lo comprendí, a veces es necesario tener aliados…Existen personas que cambian tu vida, y eso lo entendí después de que conocí a Sumire…"
El larguirucho hombre tragó saliva y se acomodó los lentes, extendió el papel que sostenía en sus sudorosas manos y continuó.
"Sumire me salvó, creyó en mi, y estuvo ahí cuando nadie mas lo hizo…me obligo a confrontarme, ella me sacó de la basura en que vivía metido…literalmente…"
Soltó una risa nerviosa.
"Por eso, se que debo a ella el estar aquí, vivo…Porque ella fue el ser humano que escuchó todo lo que yo tenía que decir, mis incoherencias y mis inseguridades, mis problemas y todos los dolores que me aquejaron, que entendió y aceptó mis defectos…sin ella, no hubiera podido llevar a cabo el paso 5…"
Tratando de contener las lagrimas y el temblor en la voz, el joven volvió a tragar saliva, esforzándose por no mirar a su alrededor para no empeorar su penosa situación. Se sintió sudar, no solo el rostro, sino todas aquellas partes incomodas del cuerpo…Su cara, de color rojizo intenso, le hacía parecer como si hubiese estado de cabeza durante horas. Y aún asi, reunió el coraje necesario para terminar.
"Sumire, gracias, te amo!"
El salón entero se inundó en aplausos, al tiempo que el joven, de pie en su lugar, miraba con decisión y vergüenza a la mujer que tanto mencionó, quien, parada en una esquina, se sonrojo y le sonrió de vuelta.
La muchacha corrió a abrazar a su enamorado, y entre un mar de rostros y miradas, frotaron sus narices y se sonrieron con amor.
Y mientras todo aquello pasaba, Kankuro simplemente se hundió en su asiento, frunciendo el ceño, y arrugando un trozo de papel en sus manos. Con una presión terrible en el pecho, sintió como si le aplastaran el corazón con el pie, como si alguien tuviese la intención de asfixiarlo y lastimarlo, pero nunca matarlo.
El salón de reuniones no era el mismo de siempre…es decir, si lo era, pero esta vez era diferente, peor. Había algo que odiaba más que un círculo de sillas ocupadas por un montón de alcohólicos que hablaban de sus problemas, y eso era un circulo aún mas grande de sillas ocupado por esos mismos alcohólicos y sus seres queridos hablando de sus logros y superaciones…mientras él…bueno, él había despertado esa mañana…y según lo que todos decían, eso era algo bueno…una "bendición".
Ausencia. Eso era lo que le acompañaba.
Cuando los aplausos terminaron, un tipo de baja estatura y unos ojos extrañamente parecidos a los de Rock Lee se puso de pie.
—Muy bien, gracias Matsuda…ha sido conmovedor…ehm…¿quien sigue?
Se detuvo mirando a la multitud, dándose cuenta de que, en realidad, cada uno de los miembros del grupo había hablado…todos, excepto uno…El cual se encogió aún más en su asiento cuando el consejero puso la mirada sobre él.
—Kankuro-san, esta semana has sido el único que no ha compartido con el grupo, ¿hay algo que tengas que decir?
Abrumado y fastidiado por las miradas que le escudriñaban desde todas las direcciones, apretó con mas fuerza el papel en sus manos
—No.
—¿Cómo vas con el quinto paso?
—Bien…yo, en realidad no tengo nada que comentar.
—Quiero creer que te está yendo de maravilla…
—Lo está…gracias.
Se cruzó de brazos con la cara de pocos amigos que ya se cargaba y bajo la mirada, dando concluida la conversación.
"Imbecil" masculló por lo bajo.
En realidad agradeció que todos en el lugar estuvieran demasiado ocupados con su propia felicidad de idiotas como para darse cuenta de que era el único estúpido cuyos seres queridos no lo habían ido a visitar…y que, en realidad, no lo hacían nunca…
Era infeliz. Lo era estando ebrio, así como lo era estando sobrio. En realidad, la sobriedad no era un paraíso como todos le habían contado desde el momento en que había puesto un pie en el lugar, de hecho, constantemente le hacían recordar porque le gustaba beber tanto y cuál era la razón por la que había elegido caer tan bajo. Odiaba todo, odiaba los jardines y las paredes blancas del lugar, las ventanas tan amplias y alegres y la actitud positiva de sus compañeros, detestaba a los consejeros y a las enfermeras que trabajaban en el lugar. Odiaba de sobre manera a todos aquellos "rehabilitados" que rondaban por los pasillos compartiendo sus testimonios e historias de fé y logro. Odiaba al estúpido de Matsuda y a su ridícula enamorada Sumire, que seguro le abandonaría una vez que terminara su tratamiento y saliera de ahí….Y entonces, para su placer y deleite, vería al pobre Matsuda reingresado a la clínica, empezando de nuevo desde cero, porque sus logros creados a base del amor de su chica no eran nada cuando faltaba ella.
Porque en su cabeza, para Kankuro todo era mentira.
Estar totalmente sobrio era una pesadilla de tiempo completo, una muerte en vida y una especie de tortura de la clase que los ninjas de alto rango usaban en los interrogatorios. Había pasado un tiempo desde que permaneciera tantos días totalmente consciente…incluso empezaba a extrañar los mareos y la fiebre…
Inexpresivo, se dejó caer sobre el pasto frente al riachuelo que atravesaba los terrenos del hospital, tratando de ignorar las felices reuniones de sus compañeros con sus familias, quienes jugaban y charlaban animadamente a sus espaldas, a una distancia lo suficientemente razonable como para no hacerle vomitar…o enfurecer. Con el aire despeinándole los cabellos y acariciándole el rostro a modo de consolación.
Arrancó un puñado de pasto y lo dejó danzar con el viento.
Una caja cubierta por un pañuelo cayó a su lado, y luego terminó de escuchar un par de sandalias que se habían arrastrado perezosamente hasta donde estaba él.
Miró arriba y una figura alta le cubrió el sol.
—Tch…deberías saber que ya es bastante dificil encontrarte sin todo ese maquillaje raro en la cara que te distinga…
El Nara soltó un bostezo y le sonrió, acto seguido se dejó caer de sentón a su lado, para luego recostarse en la hierba.
Con las cejas arqueadas, el marionetista le miró sorprendido.
—Ah, si, Temari te manda esto…—Señaló la caja de bento a su lado, encendió un cigarro y se lo llevó a los labios.
—¿Temari sabe que existo?
—Ha estado ocupada…
—Vaya…bueno, era de esperarse…
—Ella decidió tomarse un tiempo a solas…lejos…
—lejos de mi…
—Solo LEJOS—hizo énfasis en la palabra
—El que sea tu esposa no significa que tengas que mentir por ella…conozco a mi hermana desde hace mucho mas tiempo que tú…
—No es tan fácil, Kankuro, lo que paso entre ustedes la ultima vez fue…
—¿"Problemático"?
—Iba a decir "denso"…pero esa palabra también aplica.
Suspiró pesadamente y luego se enderezó, se quitó el cigarrillo de los labios y exhaló el humo…
—Se honesto…¿En realidad lo hiciste por ella?, ¿estas aquí por ella?
Kankuro dejó caer la cabeza, pasándose una mano por el cabello, desesperado
—Si…no…no lo sé, no sé en que estaba pensando…Ni siquiera sé en qué momento comenzó esto…no tengo ni puta idea de cómo llegue aquí…
Y eso era lo que detestaba de estar sobrio…Odiaba saber que no sabía nada.
—¿Qué hay de Gaara?, él necesita que estés…bien…y todo eso …
—Si, y por eso vino a tirarme aquí con ustedes, y por eso, después, ustedes me tiraron acá…vaya que me necesitan…
Ambos guardaron silencio, incómodos. Decidieron hacerlo porque por alguna razón no querían llegar mas alla con los cuestionamientos, Kankuro no quería saber y Shikamaru no quería preguntar, porque además de Temari y su vida como Shinobis, no tenían nada en común. El Nara solamente se llevó el cigarrillo a la boca y puso la vista en las nubes.
Sin hacer un solo ruido, tomó la caja de bento y comenzó a desenvolverla, quitando primero el pañuelo y luego la tapa.
—¿Debo creer que esto lo hizo Temari? —Dijo el moreno perplejo, mirando al interior de la caja.
—Lo hizo ella…
—¿Hay algo que quieras decirme?...¿o confesarme?
Volvió a erguirse para mirar al interior del bento.
—¿De que hablas? Ella...
Unos alegres onigiris con forma del 7° Hokage les sonreían desde adentro, adornados con frutas y vegetales con formas distintas de estrellitas y círculos y unos cuantos pulpos-salchicha
Kankuro le fulminó con la mirada, mientras que una gota se dibujó en la sien del Nara.
—Esta bien, esta bien…no lo hizo ella…de hecho, ni siquiera creo que esto sea para ti…supongo que debí confundir las cajas…cielos, que problematico
—¿Qué?
Mientras tanto, no muy lejos de ahí, en la torre hokage...
—¡Itadakimasu!
Con una amplia sonrisa en el rostro, el Hokage se apresuró a abrir la caja de bento que su esposa le había preparado, entre papeles y vasos de ramen en su escritorio.
Los ojos se le pusieron como plato y la quijada se le fue al suelo al encontrar unos cuantos onigiris con caritas extrañas que parecían traer maquillajes locos que recordaba haber visto pero no sabía donde
—¡¿que rayos es esto?!, ¡Boruto! —Se levantó de su lugar furioso
De vuelta a la clínica de rehabilitación...
Cerró la caja de mala gana y la empujó lejos de sí. Sin decir una palabra se puso de pie, dio media vuelta y comenzó a alejarse, sin dudarlo, el otro hombre también se paro y fue tras él, no sin antes recoger el almuerzo que su cuñado le había rechazado.
—Kankuro…Hey, Kankuro, espera, ¿A dónde vas?
—Lejos…no quiero tu lastima, Shikamaru—Le miró por encima del hombro mientras avanzaba, entre arboles y tiras de pasto que volaban con el viento, acercándose cada vez mas a donde todos sus compañeros estaban reunidos con sus familias.
—¿Quién dijo que te tengo lastima?
—No soy un mocoso, no nací ayer, si ninguno de mis hermanos ha venido a verme entonces tú no tienes nada que hacer aquí
—Precisamente por eso estoy aquí
—Lárgate…
Le puso una mano sobre el hombro con la suficiente fuerza y firmeza como para detener su andar, le hizo girar sobre sus talones y mirarle a los ojos
—Gaara carga con el peso de una aldea entera, y Temari no puede pasar por mas estrés en su estado, yo soy su esposo, y como tal, no solo tengo el deber de protegerla a ella…nos guste o no, somos familia…así que yo también tengo que apoyarte…incluso cuando ellos no puedan…
...
La desgracia se había encargado de separar sus caminos a pesar de ser parte de la misma incomoda familia política, y ahora, con la embriagante mezcla de aromas a medicina y cloro cosquilleando en su nariz, era gracioso que la misma se había encargado de reunirlos de nuevo, frente a frente, sin nada más que sus esperanzas y errores para poner sobre la mesa en una fría habitación de hospital en Suna, con el comburente sol entrando por la ventana.
Se habían mirado un largo rato sin saber que decir, enmudecidos, el tiempo les había pasado factura y aunque hacía mucho que habían dejado de ser unos niños, ahora lucían mas como hombres que como unos simples jóvenes.
Sin perder la compostura, Shikamaru notó los pequeños cardenales que decoraban la boca y mejillas de Gaara, haciendo juego con una pequeña venda que le cubría el tabique de la nariz. Postrado en aquella cama, evocaba la imagen de una tetera de porcelana blanca, cubierta de grietas recién pegadas luego de haberse estrellado y fragmentado en el suelo…y él tenía una idea exacta de quien pudiera haberla arrojado.
La voz de Kiba rompió el momento, y luego sintió una repentina palmada en su hombro.
—Será mejor que los deje solos. Te espero en la puerta de la aldea…Vamos Akamaru.
Vio su espalda alejarse junto al lomo de su perro, se perdió al atravesar la puerta de la habitación. Para cuando se volvió, el kazekage extendía un brazo, invitándole a sentarse en la silla que estaba a su lado de la cama.
Enmudecido, y con un extraño nudo en la garganta, asintió y tomó asiento, al tiempo que Gaara cerraba el libro que, hasta un momento atrás, se dedicaba a leer para perder el tiempo. Lo colocó sobre el buró de junto.
—¿Naruto te entregó mi carta?
—¿Estaría aquí si no lo hubiera hecho?
—Supongo que no…gracias por venir.
Apoyando los brazos en el colchón, trato de incorporarse y sentarse sobre la cama, unas cuantas oleadas de dolor le recorrieron el cuerpo. Shikamaru le detuvo alzando una mano.
—No te levantes, Matsuri me contó lo que pasó.
El pelirrojo se relajó y volvió a recostarse.
—Entonces…te lo dijo…
—Ulcera gástrica y desvanecimiento por migraña…
—Nada que los médicos de Suna no puedan arreglar…
—Hablas de ello como si fuera cualquier cosa
—Lo es.
—No lo es, Gaara. Así que dime, ¿Qué hizo él esta vez como para dejarte así? ¿Por qué me mandaste llamar?
Directo y sin rodeos, justo como pensó que sería aquel encuentro. No se sorprendió. Cerró los ojos tomando la fuerza necesaria para llevar a cabo la conversación que estaban a punto de tener, junto las palabras en su mente, organizó oraciones y conjugo cada verbo de manera que al hablar, no perdiera la calma y se derrumbara frente a su cuñado. Al menos, era lo mínimo que podía hacer por si mismo, ofrecer frente a Shikamaru la ilusión de ser un hombre completo y fuerte y no roto como en realidad lo era, fragmentado, y dividido en tantas formas que ya ni siquiera lograba reconocerse.
Así que, una vez mas, el de ojos azules hizo amago de incorporarse, y de nuevo, Shikamaru trató de impedírselo, esta vez, recibiendo una mirada totalmente desaprobatoria del kazekage. El Nara se apartó y el pelirrojo se apoyó sobre el colchón, y a pesar de cualquier sensación que llenara su cuerpo, se sentó recargando la espalda en la cabecera de la cama.
El Nara le miró expectante, mientras el otro se inclinaba para abrir el cajón del buró donde un libro sobre naturaleza y crecimiento de los cactus descansaba, abrió el cajón e introdujo su mano en el, plapando, y buscando algo dentro. Pasaron varios minutos hasta que lo encontró, sacó un pergamino y cerró el cajón, volvió a sentarse correctamente y después tomó aire, como si se preparara para dar un discurso o para decir algo importante, como solía hacerlo en aquellas reuniones con los viejos del consejo, o cada vez que trataba de decir algo enserio y hacerse escuchar. Porque así tenía que hacerlo, porque en realidad, no había mandado llamar a Shikamaru para contarle sus problemas y tener un hombro en donde llorar, sino mas bien, para solucionarlos y ponerle un fin a todo.
Jugueteó con el pergamino en sus manos unos segundos y luego comenzó.
—Te mandé llamar aquí porque eres la única persona a quien confiaría esto…no solo como kazekage, sino también como hombre y como miembro de una misma familia.
Shikamaru miró el pergamino en sus manos, sin expresión, y luego volvió a mirarlo a él, esperando a que continuara, y así lo hizo.
—Lo intenté, juro que lo intenté, pero durante ocho años no hice nada mas que perder el tiempo, y perderlo cada vez mas a él...
El tictac del reloj silenció los intensos latidos de su corazón, permitiéndole apegarse a ellos como si marcaran el ritmo de una canción, de las palabras que quería decir, y de todo lo que le aquejaba y quería dejar salir.
Apoyó una mano sobre el buró de a lado, encima del libro, y deslizó sus piernas fuera de las sabanas que le cubrían, revelando aquellos blancos y níveos pies que desentonaban con las paredes, edificios y todo lo que tuviera que ver con la desértica Suna.
Atónito, y sin saber que hacer, el castaño lo observó ponerse de pie, adolorido y desgastado, con un pantalón y camiseta de color blancos que bien podrían fundirse con su piel.
El escalofriante recuerdo del Gaara que solía ser cuando lo conoció se asomó desde lo mas recóndito de su mente, desaprobando al bondadoso "Gaara del desierto" actual que ahora lucía pisoteado.
Y se inclinó. Haciendo una leve reverencia, tan suave como su cuerpo se lo permitía, agachó la cabeza, avergonzado, con el cabello pelirrojo cubriéndole los ojos y ocultando la desdicha que luchaba por salir de él, su voz revoloteó por la habitación en forma de susurro.
—¡Lo siento mucho, Shikamaru!, siento mucho todo el dolor que Kankuro y yo les causamos a Temari y a ti…fueron mis errores y los problemas de él lo que les hizo tanto daño…pero principalmente, fue mi incapacidad para manejar la situación lo que hizo que todo llegara tan lejos, y que todo se saliera de control…
Las patas de la silla hicieron un ruido seco cuando, de repente, Shikamaru se puso de pie, con los labios entreabiertos, y con un vacio en el estomago.
—Te pido perdón por mi y por mi hermano…y de antemano, también espero me disculpes por lo que estoy a punto de pedirte…
Le extendió el pergamino con una mano y el Nara lo tomó, inseguro, a la expectativa de que cualquier cosa pudiese ocurrir, lo abrió y comenzó a leer.
Los ojos de Shikamaru se abrieron sorprendidos mientras terminaba de leer el pergamino de bordes rojos que sostenía en sus manos, con una letra "A" marcada en grande en la esquina superior indicando el rango de la misión solicitada en el texto.
—¿Pero que…?
—Te pedí específicamente que trajeras a Kiba Inuzuka contigo porque quiero que lo busques y le pongas fin a todo…
—¿Sabes la clase de cosa que me estás pidiendo?
—Lo se…y lo siento…
—¿Me has hecho venir hasta acá para esto?, ¿sabes los problemas que tendré con Temari si se entera de que vine?
—si…si…lo siento, pero si lo haces, no tendrás que volver a verme ni a saber de mi, te lo juro…
—Gaara, esta no es la solución…
Despacio, y con cuidado, el pelirrojo se enderezó y se sentó al borde del colchón, con la mirada de un hombre vencido y derrotado.
—Lo intenté todo Shikamaru, pase todos estos años creyendo que las cosas se arreglarían, pensé en Naruto y como nunca se rindió con Sasuke…Realmente, llegue a pensar que podría ayudarlo yo solo…pero al final…bueno…fallé.
—¿Por qué quieres hacer esto?
—Kankuro está enfermo, no llegará lejos, ni durará mucho… no pude ayudarlo a vivir, lo menos que puedo hacer es ayudarle a morir…disculpa, Shikamaru, eres el único hombre en quien confío…
Shikamaru negó con la cabeza, disgustado, metió una mano en el bolsillo y sacó un sobre de papel, lo puso sobre el buró dando un manotazo y después dio media vuelta, dispuesto abandonar la habitación.
Con la mirada vacía, y el alma desolada, Gaara guardó silencio hasta que la puerta se hubo cerrado de golpe.
...
—Y dime…¿en que consiste el quinto paso?
En la sombra de un colosal árbol, las pequeñas brazas del tabaco iluminaron los nudillos de aquellos largos y fuertes dedos que le sostenían, sacudió el cigarro y unas cuantas cenizas cayeron al pasto.
Las nubes corrieron libres, una vez más, por encima de sus cabezas, como solían hacerlo desde que el mundo como lo conocían había comenzado.
—Es basura emocional…de esa que le gusta a las mujeres…
—No puede ser tan malo—Recostado en el pasto, con las manos bajo la nuca, el Nara exhaló el humo que había guardado en su boca, formando pequeños aros que fueron borrados con el viento.
Con el ceño fruncido, Kankuro introdujo la mano en su bolsillo, extrayendo de ahí un pedazo de papel arrugado, lo extendió como pudo, rompiendo algunos bordes en el proceso, pero lográndolo a final de cuentas.
—Es sobre aceptar tus errores ante ti mismo, ante "Dios" —Hizo las comillas con los dedos— y ante otra persona…tenemos que hablar sobre nuestras estupideces de alcohólicos con "otro ser humano" —hizo de nuevo las comillas.
—¿Y cual es el problema?
Kankuro suspiró
—En realidad…yo he estado esperando por Temari…quería hablar con ella, disculparme, y hacer toda esa mierda sentimental que todos los imbéciles de aquí ya hicieron…porque se que eso la haría feliz…
En aquel momento, deseaba con el alma que su hermana fuera esa persona decisiva y definitiva que le condujera por el buen camino, que le ayudara y le sacara del agujero en el que se encontraba metido. Anhelaba que fuese ella quien le aceptara y escuchara, que dejara de recriminarle cada cosa que hacía y que le abrazara con aquella ternura que solo ella era capaz de inspirar.
Sin embargo, en ese entonces, nunca ocurrió…de hecho, el quinto paso fue el último al que llegó.
...
Recordaba con claridad la última vez que lo había visto, las últimas palabras que cruzó con él, e incluso todavía, si cerraba los ojos, podía ver palmariamente las expresiones de aquel joven de piel nívea y cabello rojizo que, dispuesto a proteger a su hermano que se evadía constantemente, se había plantado frente a él decidido enfrentar los errores que no le correspondían.
Con el rostro sereno, pero crispado de dolor, el kazekage lo había encarado, inclinando la cabeza un poco hacía atrás, haciendo notorios aquellos casi imperceptibles 7 cm de altura que Shikamaru hubo crecido más que él en sus últimos años de adolescencia.
La respiración agitada del Nara se hizo escuchar como el furioso bramido de un toro, esperando a arremeter contra el idiota que se había atrevido a provocarlo, sus ojos, rojizos y humedecidos por los ríos de sal que manaban de ellos, se clavaron sobre el moreno que lo observaba confundido desde su lugar, sosteniendo una bolsa de hielo sobre la sien.
—Shikamaru…
—A un lado.
—No estás pensando bien…
—Sabes que respeto cada una de tus palabras como kazekage de Suna, pero solo por esta vez, cállate y hazte a un lado, Gaara—las palabras brotaron de sus labios apretadas junto con el rechinar de sus dientes.
—Es que él no lo sabe…—Un susurro doloroso y mortal, el pelirrojo apretó los puños tratando de mantener la calma.
—No puedes protegerlo siempre—Sentenció el Nara en respuesta.
La bolsa de hielos cayó al suelo, y Kankuro se puso de pie, los miró a ambos, desesperado.
—¡¿De que están hablando?!, maldita sea, ¡dejen de hacer como que no estoy aquí!
El pelirrojo se hizo un lado con una expresión sombría, permitiéndole el paso al hombre con el corazón destrozado, quien avanzó temible, como una máquina lista para despedazar todo a su paso, impasible y voraz, dispuesto a devorar las entrañas de aquel que desconocía la naturaleza exacta de su crimen.
Lo azotó violentamente contra la pared, sosteniéndolo de las solapas, conteniéndose para no matarlo, y en voz baja y temblorosa, como el silbido de una tormenta que se cuela por las ventanas en la noche, susurró…
—¿Alguna vez te dije por qué adelante la fecha de la boda?, ¿eh?, ¿quieres saber porque tenía tanta prisa por casarme con ella?
Tembloroso, Kankuro miró aquellos ojos desdichados y negó con la cabeza.
—Quería alejarla de ti y de toda la mierda que llevabas a casa contigo…de tus malditos errores…de la vergüenza de tenerte a ti como su hermano…quería alejarla del sufrimiento—Veneno, las palabras las formulaba como veneno.
Ansioso, el moreno se remojó los labios, su respiración comenzó a tornarse irregular, presintiendo lo peor.
—Fue una recaída…te juro que no volverá a pasar…
—No, por supuesto que no volverá a pasar…ya no hay nada peor que puedas hacer.
...
Bajo el sol, junto a un estanque fue donde lo encontraron. En medio del patio del templo del fuego. Inconsciente, indefenso, y ajeno a todo lo que le rodeaba.
Akamaru lo olfateó unos segundos antes de retirar el hocico y soltar estornudo que le hizo sacudir la cabeza, y agitar las orejas, se alejó…si pudiese juntar el aroma a muerte, enfermedad, podredumbre y todo lo malo del mundo en un solo olor, juraría que olería como aquel humano que su amo Kiba y Shikamaru Nara le habían pedido que rastreara.
Ambos shinobis lo miraron a unos metros de distancia.
Con un suspiro de fastidio, y sin palabras, el Nara arrojó su cigarrillo al suelo y lo pisó, al tiempo que el Inuzuka se daba media vuelta en dirección a la entrada del templo. La situación no era agradable, y lo sabía, pensó que darle espacio a su amigo sería lo mejor, Akamaru le siguió jugueteando con los insectos que revoloteaban alrededor.
Las palabras de Gaara se repitieron en su cabeza un montón de veces, como un mantra que le asegurara que lo que estaba a punto de hacer era lo correcto, que no se equivocaba y que su vida no se iría al infierno ó ardería en remordimiento por el resto de su efímera existencia, que nunca se arrepentiría: "Kankuro está enfermo, no llegará lejos, ni durará mucho".
Sin duda, su apariencia era la peor. Podría creerse que ya estaba muerto, de no ser por el pesado y dificultoso movimiento de su pecho al respirar, como si le costara o le doliera. Verlo en esas condiciones le hizo pensar que quizá, ayudarlo a morir, no era tan mala idea.
Desenfundó su kunai en un solo rápido movimiento, con un destello de la luz del sol en el oscuro metal.
Y avanzó hacia él.
...
—Creo que me odia, que me detesta y que no soporta verme, es como si deseara morirse cada que ve o recuerda mi rostro…he visto la expresión que pone cuando le preguntan por mí, o cuando ustedes dos hablan de mi…
—Ella solo está molesta contigo
—¡Bien!, no tengo ningún problema con ello, pero al menos podría decírmelo todo a mi en lugar de gritarme y regañarme como un crío y luego ir a llorarte y decirte que se siente triste por mi culpa
—…
Sin que se percatara, cada cigarro que había fumado se había convertido en una medida de tiempo, y para cuando hubo acordado, la cajetilla se hallaba vacía y el cielo se alzaba anaranjado sobre sus cabezas, como si ardiera en llamas.
...
Sin dudarlo un segundo, se puso de cuclillas junto al cuerpo de Kankuro, clavó el kunai en el suelo y se acomodó las mangas de la camisa, alzándolas por encima de los codos, con cuidado lo levantó, poniendo uno de sus brazos por encima de sus hombros y sosteniendo su cuerpo con una mano, lo levanto despacio, alcanzando a escuchar un gemido de dolor por parte del moribundo hombre, poco a poco, le ayudo a ponerse de pie.
—…¿Shikamaru?...—su nombre atravesó sus agrietados labios en forma de silbido
—Ya, está bien…despacio…—susurró el Nara
El kunai clavado en la tierra les observó partir desde su sitio, abandonado ahí como un recordatorio y tregua eterna entre la vida y la tragedia. Shikamaru y Kankuro, juntos, atravesaron el patio del templo a paso lento, pausado y en silencio, en dirección a las puertas del templo donde Kiba y Akamaru les esperaban.
Muy bien, he tardado una eternidad en actualizar y siento que el capitulo no es tan bueno como debería ser ;_; lo siento por eso ._. pero en realidad creo que es porque siento que conforme avanzo todo se vuelve mas dificil de escribir y eso.
Note que en el capitulo anterior muchos se confundieron por lo de las diferencias entre presente y flashbacks xD así que decidi separarlos entre escenas, aunque siento que aquí use muchos flashbacks mezclados.
Para explicarlo mejor, en caso de confusion: las conversaciones entre Shikamaru y Kankuro ocurren en el pasado, cuando Kankuro estaba en rehabilitación en Konoha, las conversaciones con Gaara y lo demas ocurren en el presente, y una de las ultimas escenas donde Shikamaru le reclama a Kankuro ocurre tambien en el pasado pero después de que su rehabilitación se fuera a la basura.
en fin, bueno ._. no tengo mucho ke decir :ccc creo que es un capitulo algo diferente, porque en lugar de mostrar tal cual como Kankuro cumple con el paso 5 en la actualidad, quise dejar implicito que alguna vez Shikamaru le ayudo a cumplir con él al escucharle y ponerle atención...o algo asi.
espero les haya gustado u_u siento ke no les gustará...a los que sea que lean. Pero bueno. TT_TT esque comienzo a sentir que nada de lo que escribo es suficientemente bueno *dramatiza*
ok ya xD
La musica utilizada aquí fue: Cherry blossoms in winter-Yoshida Brothers. Les recomiendo muchisimo ponerla especialmente en las ultimas escenas xDDD en fin .
Los quiero mucho, porfavor dejenme saber qe les pareció y diganme si me salio mal lo de los flashbacks ._.
