Cancion: Hurt-nine inch nails y la versión de Jhonny Cash.
Paso 6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de todos nuestros defectos de carácter.
Bajo la lluvia, Temari soltó la mano de su pequeño, quien la observó alejarse desde la techumbre que cubría el mercado, donde hasta hacía unos minutos compraban la despensa. Se quedó pasmado con los ojos azules llenos de confusión, cargando con su diminuta mochila y una consola portátil en las manos. La pantalla le avisaba que había perdido, pero estaba demasiado ocupado viendo lo que sucedía a su alrededor.
Con la furia digna de un huracán, la rubia mujer atravesó la calle dando zancadas largas y firmes, mojándose las sandalias con cada uno de los charcos que no se molestó en evitar.
—Antes de que digas algo, por favor, escúchame…
No se molestó en terminar la oración, conocía a su esposa, así que no se sorprendió cuando, de una cachetada, le volteó la cara. El golpe fue tan fuerte que lo hizo trastabillar.
No terminó ahí.
—¡Eres un estúpido! ¡¿Cómo pudiste hacer algo así?! ¡¿Por qué no me lo dijiste?! —La mujer arremetió contra él golpeándolo en el pecho y empujándolo. Shikamaru la dejó hacerlo durante varios minutos, sintiendo la mejilla arder, sabía que, si no la dejaba, el enojo le duraría mucho más.
Desde su lugar, Shikadai escuchó a su mamá gritarle a su papá cosas que no entendió y comenzó a golpearlo por motivos que desconoció. El aguacero y la distancia fueron suficientes para amortiguar todas las malas palabras que Temari sabía y que estaba usando con su marido. Las lágrimas se asomaron en sus ojos turquesa y pronto comenzó a llorar. Llamando a su madre, y después a su padre, rogando que se detuvieran.
La vendedora del puesto donde estaban se acercó a él, queriendo cubrirle los ojos o hacerle voltear hacia otro lado para evitarle la pena de seguir viendo a sus padres pelear. En su lugar, el niño la empujó, estampando sus pequeñas manitas en el rostro, hombros y cuello de la mujer repetidas veces para después salir corriendo al encuentro de la pareja. Fue entonces que Shikamaru lo vio y el corazón se le hizo pasita. Le sostuvo las muñecas a su esposa y la movió a un lado, malinterpretando todo, Temari no hizo más que gritar y forcejar, iracunda, hasta que el pequeño cuerpecito de Shikadai se estampó en sus piernas, rodeándolas con sus brazos y lo escuchó llorar. Solo entonces se detuvo.
Con una expresión lúgubre, Shikamaru se puso de cuclillas y abrazó a su hijo para después alzarlo en brazos. Para cuando se puso de pie, la rubia se había ido dando las mismas zancadas furiosas de antes. Con su niño en brazos, parado bajo la lluvia, reconoció que no podía haber esperado otra cosa de su mujer. Habían sido ocho años desde la última vez que había visto a su hermano, y por supuesto la noticia le había tomado por sorpresa. No estaba lista para verlo, para enfrentarlo, para saber de él o de Gaara, y mucho menos para perdonarlo.
...
—Papá, ¿Por qué mamá está enojada?
—No está enojada, ella está…
—¿Problemática?
Shikamaru se rió con pesar mientras ponía un plato de sobras recalentadas frente a su hijo, sobre la mesa.
—Sí, algo así…
—¿Va a regresar a casa?
—Si.
—¿Cuándo?
La pregunta del momento dirigida al padre del año. Había pasado una semana desde aquella pelea, y aún no sabía siquiera la respuesta a la otra maravillosa pregunta que su hijo sabía formular: "¿Dónde está mamá?"
—Escucha, Shikadai, mamá tiene unos asuntos que resolver por sí misma. No sé cuándo vuelva, pero lo va a hacer, mientras, yo voy a estar aquí contigo.
El hombre pensaba en sí mismo como un buen padre y buen esposo. Pasaba tiempo con su hijo, escuchaba a su esposa, tenía un trabajo estable que les proveía todo lo necesario, siempre iba de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, sin desvíos, y le dejaba saber a su esposa cada que iba a salir a beber, siempre procurando regresar antes de las 12 ya cenado para no despertar a Temari pidiéndole que le preparara algo de cenar. Todo aquello lo había aprendido de su padre simplemente observándolo. Sin embargo, en ese instante se sentía como un inútil, ya que, a pesar del excelente trabajo de Shikaku como jefe de familia, no había ni un solo momento en el que Shikamaru recordara haber estado sin los cuidados de Yoshino en casa, y por ende, jamás había sido capaz de aprender lo que se hacía en esas situaciones.
No sabía nada de la limpieza de la casa, ni como lavar ropa o cuidar el jardín, no tenía idea de que era lo que había que comprar para la despensa ni las cantidades necesarias, ni siquiera sabía cocinar. Habían sobrevivido la semana sin Temari solo porque entre Ino, Sakura y Hinata se habían organizado misteriosamente para llevarles, cada día, algo de comer. Incluso Chouji le había pedido a Karui que le explicara cómo usar la lavadora y recalentar la comida apropiadamente.
—¿Esta bueno? —Preguntó el Nara a su hijo mientras se llevaba un trozo de carne a la boca.
El chiquillo asintió, dejando los cubiertos a un lado para tomar la carne y arrancarla como salvaje.
No lo corrigió, ya le dejaría eso a Temari cuando volviera, de todas formas, aunque entendía el motivo de la desaparición de su mujer, estaba molesto con ella, lidiar con un Shikadai un poco malcriado la haría rabiar.
...
Pasaron dos semanas antes de que Kankuro volviera a dar señales de vida al hablar entre sueños. Su salud se estabilizó, ganó un poco de peso y recuperó toda el agua que su cuerpo había perdido. El tratamiento hasta ahora había sido fácil, ya que el paciente ni siquiera estaba consciente, tenían que levantar su estado de salud al máximo antes de que despertara, porque entonces, iba a ser un infierno.
No era el primer alcohólico que Sakura trataba. Aunque Konoha contaba con una clínica de rehabilitación, siempre existían aquellos que llegaban a los extremos de la autodestrucción. Sabía de sobra que Kankuro era uno de ellos, simplemente con verlo.
Fue hasta la tercera semana que Temari apareció. Fue a visitar a su hijo porque lo extrañaba y quería asegurarse de que no estuviera viviendo entre la mugre por culpa de su vago esposo. Ni Shikamaru ni ella se dirigieron la palabra, no le preguntó dónde había estado ni si planeaba volver pronto, tampoco donde podría encontrarla, simplemente esperó en el patio mientras ella jugaba y dibujaba con Shikadai dentro de la casa, le preparó la cena y luego le leyó un cuento y lo llevó a dormir, él solo la dejó ir.
...
Un mes después, una llamada le despertó en medio de la madrugada. Era Sakura.
Finalmente ocurrió lo que todos esperaban. Kankuro había despertado dando gritos de terror, se había encerrado en un baño y cortado las venas con un trozo de espejo para después clavárselo en el estómago, como si no fuera suficiente para morir. Clásico.
Shikamaru colgó el teléfono de golpe y se estrujo el rostro con una almohada, ahogando un grito de frustración y hartazgo. Tal vez si debió matarlo, tal vez debió haber sido él quien desapareciera como lo había hecho Temari, tal vez debió tomar a su familia y haberse largado a un lugar donde ni Gaara ni él pudieran encontrarlos jamás.
Tomó una liga, se amarró el cabello y salió de la cama para acudir al estúpido llamado.
...
Avanzó por los pasillos del hospital con Shikadai en brazos, porque no había encontrado a nadie que se quedara con él en casa. Entre más se acercaba a la habitación de su cuñado, más audible era el alboroto que estaba armando.
Se detuvo a unos metros de la puerta de la habitación, despertó al niño y lo puso en el suelo.
—Quédate aquí, tengo unas cosas que hacer, no tardare mucho para que podamos ir a casa.
Asintió sin haber escuchado con claridad, tenía sueño y era todo lo que sabía. Se talló los ojitos y bostezó.
Vio a su padre entrar en una habitación blanca e iluminada que contrastaba con el oscuro pasillo.
El cuarto era un caos.
—¿Qué está pasando, Sakura?
La pelirrosa volteó con una mirada estoica, digna de un médico que lo ha visto casi todo, aunque con un deje de preocupación y cansancio.
Horrorizado, Shikamaru escuchó los gritos de Kankuro que rogaba que le dejaran morir, que lo merecía y que era todo lo que quería.
En cuanto hubo llegado, Sakura había roto la puerta del baño con una patada, suficiente para permitir a los demás médicos sacar al hombre a rastras del baño. Con esfuerzo lo habían llevado a su habitación, y ahora luchaban por ponerle las ataduras a la cama para poder curarlo, si no es que moría primero.
...
El pasillo era oscuro, y le daba miedo. Sabía que tenía que ser un niño valiente, pero no lo soportó, así que decidió ignorar las instrucciones de su padre y acercarse al cuarto donde había entrado, después de todo, estaba iluminado.
...
—¿Por qué no lo han sedado?
—No se deja, está vuelto loco, necesito tu permiso para usar la fuerza física con él.
—Haz lo que tengas que hacer, se lo merece.
La luz le quemaba los ojos, había pasado tiempo desde la última vez en que había estado consciente y sobrio en una habitación tan luminosa. A su alrededor, 4 médicos luchaban por inmovilizarlo y curarle las heridas que él mismo se había causado. Vio a Shikamaru parado a un lado de la puerta hablando con Sakura.
—¡¿Por qué me trajiste?! ¡Diles que me dejen morir! ¡Quiero morir y tú también me quieres muerto!
Su cuñado y la mujer de pelo rosa se dijeron algo el uno al otro mientras le miraban desde su lugar, intercambiaron unas cuantas palabras, y luego Sakura asintió, decidida. Empezó a acercarse a la conmoción.
La puerta se abrió, y de pronto, como algo totalmente improbable e imposible, los ojos filosos y turquesa de su hermana se asomaron, escudriñaron la habitación con esa prepotencia impresa en la forma pincelada de sus orbes y luego se posaron sobre él.
No era Temari, era una versión más diminuta de Shikamaru que poseía aquella característica de su hermana. Pareció asustarse cuando le escuchó gritar.
Tan pronto como Shikadai entró en la habitación, Kankuro palideció y los gritos se detuvieron. El padre del niño supo que algo pasaba, miró a su lado y tan pronto como vio a su hijo, lo recogió del piso y lo sacó de la habitación.
Mientras se lo llevaban, Kankuro mantuvo sus ojos sobre él.
Un puñetazo de Sakura lo dejó frio.
...
Le pareció decepcionante volver a despertar. Darse cuenta de que podía respirar se sintió como un nuevo fracaso que se sumaba a la larga lista de todos los que conformaban su vida. ¿Por qué no podía quedarse muerto?, ¿porque no podía hacerles las cosas más fáciles a todos y a sí mismo?, había algo que lo traía a la vida una y otra y otra vez.
A pesar de todo, en esta ocasión había sido diferente de todos aquellos despertares: El niño que Shikamaru se había llevado consigo. No se molestó en luchar, sabía que estaba atado y que no tenía escapatoria. Se sintió intrigado y motivado a averiguar quien era.
Así que se rindió y esperó.
...
—No ha dado ningún problema en absoluto, incluso ha estado comiendo muy bien a sus horas. Ha sido…extraño…
Shikamaru asomó la cabeza por la ventanilla de la puerta, se sintió algo desconcertado por el repentino cambio del marionetista, quien simplemente estaba recargado en la cabecera de la cama, mirando por la ventana. Sakura también se asomó, intrigada.
—¿Estás diciéndome que ni siquiera ha tratado de asaltar algún botiquín?
—Nop.
—¿No ha hecho ningún escándalo?
—Ninguno.
—¿Ha dicho algo?
—Ahora que lo mencionas…no, no ha dicho una sola palabra…
El hombre no respondió. Se llevó una mano al cuello y ladeó la cabeza con fastidio, la pelirrosa sabía la frase que venía a continuación.
—Tsk…que problemático.
Sakura le sonrió, divertida.
—Pienso que deberías hablar con él, todo indica que ya pasó el síndrome de abstinencia, probablemente sucedió durante el tiempo que estuvo perdido, así que debe ser una persona mucho más racional ahora.
—No sé si estoy listo, de hecho, no sé ni siquiera que es lo que estoy haciendo—Se dio media vuelta y se recargo en la pared, la Uchiha lo siguió y se recargó a su lado, metiendo las manos en los bolsillos de su bata médica.
—Lo haces por Temari, ¿verdad?
—Si…—sacó un cigarro y se lo llevo a la boca, Sakura se lo arranco de los labios antes de que pudiera encenderlo.
—Bueno, ya no hay vuelta atrás, da tu mejor esfuerzo—le dio un amistoso apretón en la mano y le sonrió, luego se perdió por el pasillo.
Torció la boca con disgusto, ¿Qué diablos significaba eso? Lo que más le fastidió fue que probablemente Sakura sabía dónde estaba su esposa, y no se lo diría. Y encima no le devolvió su cigarro. Sacó otro de la cajetilla y se lo colocó en los labios, suspiró hondo y se paró frente a la puerta.
No se molestó en voltear cuando escuchó la puerta corrediza abrirse y cerrarse. Escuchó a su cuñado jalar una silla y sentarse de manera floja y despreocupada, como el verdadero holgazán que era.
—Me contaron que te estás comiendo todos tus vegetales.
El comentario fue soltado al aire, con la pura intención de tener algo que decir, como una prueba o forma de calar el terreno. Habían pasado 8 años.
—Si no lo hago, podría acabar golpeado como el otro día —se sintió tranquilo de que al menos pudiera articular frases coherentes.
—Viejo, admite que lo tenías merecido.
—Lástima que no me mató —La tranquilidad desapareció.
Estando ahí sentado entendió que ante él yacían los vestigios del shinobi que Kankuro fue alguna vez. Estaba cubierto de vendas que envolvían en su totalidad el pedazo de carne quemada y rasgada que era cuando lo encontró, y pensó que de haberlo ayudado antes, no habría pasado ocho años convirtiéndose en eso.
También, estuvo seguro que, de tener una forma humana, el corazón lastimado de Temari se vería más o menos así.
—¿Qué? ¿lo que dije fue demasiado oscuro para ti?
Puso los ojos en blanco, con fastidio.
—He visto cosas peores. El otro día vi a un tipo que se desgarró las muñecas y el estómago y rogó a gritos a los doctores que lo mataran. Incluso se atrevió a decir que yo lo quería muerto. ¿Puedes creerlo? —una sonrisa sarcástica se dibujó en sus labios.
—¿Y lo querías muerto? —el marionetista se giró para mirarlo a los ojos, cara a cara, estaba derrotado y en realidad quería que le respondiera esa simple pregunta.
El Nara arqueó las cejas y sacó su encendedor, vaya pregunta. Prendió su cigarro y luego escupió el humo a la cara de Kankuro.
—Eso pensé, durante ocho años lo quise muerto. Hasta que un día me pidieron que lo matara y no pude hacerlo. Así que lo recogí y lo traje acá. El idiota no merece descansar aún. Tiene que esforzarse y meterse sus ganas de morir por el trasero, porque si se muere va a joder a su familia…más de lo que ya la jodió.
—Que estupidez. —contestó Kankuro, amargamente y sin expresión.
Shikamaru se puso de pie empujando la silla al momento, se metió las manos en los bolsillos y se encaminó a la salida.
—El niño…¿Quién es?
Con la mano en la ranura de la puerta, frenó en seco.
—Es Shikadai. Hijo mio y de Temari. La vida sigue, no íbamos a quedarnos estancados después de lo que hiciste.
—Me gustaría conocerlo.
—Gánatelo.
Hola, estoy de vuelta luego de mil años :D yay
siento mucho la eterna tardanza a las pocas personas que leen. Espero les guste el capitulo, si es la primera vez que leen, porfavor dejen comentario.
Gracias Mi nombre es Lis por enviar el rw que revivió mis ganas por continuar este fic. Voy a tratar de continuar TT_TT
Gracias BionicaRouge por siempre leerme 3
De manera personal, me gustaria mencionar que la primera escena, donde Shikamaru y Temari pelean, es muy personal, porque me basé un poco en una ocasión en que vi a mis papás pelear, siendo yo muy pequeña. Recuerdo haber preguntado lo mismo que Shikadai "papá, porque mi mamá esta enojada?" y me respondió lo mismo "no esta enojada". Así que fue escrita desde el fondo de mi corazón.
Para finalizar quisiera añadir y hacer notar la importancia de Shikadai en el capitulo. Esto es porque pensé que Kankuro necesitaba motivación para cumplir con el paso 6 y que por ello mismo esta dispuesto a librarse de sus defectos de carácter.
