Paso 7. Humildemente pedimos a Dios que nos librase de nuestras culpas.

Tener hermanos es más complicado de lo que parece. Dos o más seres humanos son forzados a crecer juntos en un mismo hogar, forzados a compartir comida, techo y pertenencias. No son personas con quienes escoges pasar tiempo porque los quieres, son personas a quienes quieres porque te ves obligado pasar tiempo con ellos. Mientras que Mamá y papá son un equipo, tu hermano y tu son otro.

Son relaciones complicadas que pueden llegar a complicarse cada vez más.

Nunca nadie habla de ello, pero todo aquel que tenga al menos uno lo sabe.

Lo sabía Sasuke, cuando de pronto, mientras almorzaba a solas en algún sitio olvidado por el mundo, el recuerdo de Itachi cruzaba por su mente de manera fugaz, con sus sonrisas y sus bromas, sus cortas conversaciones, su mirada que lo ocultaba todo y el tiempo que había desperdiciado odiándolo por culpa del odio y guerra entre shinobis.

Lo sabía Boruto, cuando cruzaba el pasillo y asomaba el rostro por la habitación oscura de Himawari y la observaba pacíficamente dormida después de haber pasado la mañana peleando con ella por juguetes.

Lo sabía Hana, cuando veía al salvaje de Kiba tendido e inconsciente en la sala luego de una noche de bebida y juegos, y se tomaba el tiempo de cubrirlo con una manta a pesar de que le hubiera vomitado la alfombra y Akamaru le hubiera llenado de pelo el sofá.

Y sobre todo, lo sabía Gaara, cuando recordaba que sus hermanos le habían querido toda su vida a pesar de la persona sádica y oscura que solía ser.

Temari y Kankuro también lo sabían. La cosa era que, como se dijo antes, su relación complicada no hizo más que complicarse más. Se habían hecho y dicho cosas de las que ya no había retorno, cosas que no se pueden arreglar con un abrazo y una disculpa, con una cena o con un regalo.

No era que no se quisieran, es que se habían lastimado tanto que la simple idea de tenerse cerca les parecía insoportable. Tenían tanto que decirse, tanto que reclamarse, tanto que culparse.

Hacía años que Temari había perdido el propósito de perdonar a Kankuro, había escondido sus recuerdos con él en una caja y los había enterrado en lo más profundo de su mente, ese lugar que la mantenía a salvo de ellos durante el día pero no impedía que la asaltaran de pronto en el medio de la noche.

Mientras tanto, Kankuro había dejado aquellos recuerdos regados en todas partes de su mente, se ahogaba en alcohol tratando de callarlos, pero no hacía más que avivarlos como si de fuego se tratara.

Le asaltaban todo el tiempo. Se veía a si mismo haciéndole daño a sus hermanos, como si alguien más ocupara su cuerpo y todo lo que él pudiera hacer fuera mirar. Y luego venían las discusiones, donde él si participaba, y lo echaba todo a perder.

El día que se encontraron, por primera vez después de ocho años, Kankuro ni siquiera se percató de que su hermana fuera real. Estaba tan acostumbrado a alucinar, que pensó que era una más de esas ocasiones.

La repentina llegada de Kankuro a Konoha había arruinado 4 años de terapia y esfuerzo de ella y su psicólogo, había adelantado su cita mensual y caminaba apresurada por el pasillo que llevaba al consultorio del doctor.

Sus manos estaban secas y las tallaba con ansiedad, se detuvo a buscar un diminuto bote de crema humectante en su bolso, impaciente, se puso de cuclillas y vació el contenido del pequeño accesorio de cuero en el piso.

Sería más fácil si fuese una bolsa de shurikens y armas y no todas las tonterías que cargaba con ella, pensaba.

Del otro lado, el moreno caminaba arrastrando consigo el tripie con rueditas del suero conectado a su brazo. Vio a Temari, buscando entre sus cosas con algo de mal humor, y por primera vez en mucho tiempo, sus labios se curvearon en una mueca parecida a su sonrisa. Después de dos meses sobrio, pensó que las alucinaciones habrían acabado. Probablemente solo estaba jodido, su cabeza estaba mal y ya.
Aun así, fue la alucinación más agradable que hubo tenido en mucho tiempo.

Caminó a un lado de ella a paso pausado justo cuando la mujer, aún de cuclillas, encontró la crema y se dedicaba a aplicarse un poco en las manos.

—Nunca te sentaron bien las cosas femeninas, deberías volver a cargar con tus bolsas de herramientas. —el comentario salió natural, porque después de tantos años no era novedad hablar con sus alucinaciones.

Excepto, que esa no era una de ellas.

La rubia se puso de pie de inmediato y se giró hacia él. Retrocedió pisando algunas de las cosas que aún yacían en el suelo, el marionetista escuchó el ruido y también se giró.

Temari era real.

Uno…dos…tres…cuatro…cinco…fueron cinco segundos lo que tardó su mente en formular algo para decir.

—¿Temari? ...esta vez si eres tu…

La mujer se apresuró a recoger lo que pudo y ponerlo de vuelta dentro de su bolso, se lo colgó en el hombro y se echó a correr, dejando a su hermano enmudecido y en shock, escuchando el ruido de sus tacones hacer eco en las paredes del pasillo.

...

—Vi a Temari.

—¿Ah sí?... que bien. ¿Qué te dijo? —El Nara dijo aquello sin emoción, dejando escapar el humo del cigarro al hablar.

Estaba recargado junto a la ventana, tomándose un descanso del papeleo en el que había estado trabajando desde que llegara a visitar a Kankuro.

—Nada, no quiso hablarme… ¿ella no te contó?

Shikamaru hizo una mueca que quiso pasar por sonrisa, una que le pareció muy triste a Kankuro.

—Ya somos dos, no me dijo nada, no quiere dirigirme la palabra.

Las visitas del Nara se habían vuelto frecuentes, usualmente sucedían a las dos o tres de la tarde después de su hora de comida. Había días en los que no hablaban y Shikamaru se dedicaba únicamente a tomar siestas en la incómoda silla que estaba junto a su cama, en otras ocasiones, a su cuñado le daba por llevar un tablero de shogi para jugar con él, otras veces, como ese día, llegaba cargado de documentos y se dedicaba a trabajar en quien sabe que todo el rato.

A pesar de todo el tiempo que habían empezado a pasar juntos, no se había percatado de los medios círculos oscuros bajo los ojos del castaño, ni de la mirada triste que sostenía cuando veía por la ventana.

—¿Crees que ella…haya venido a verme? —preguntó por lo bajo el marionetista.

Soltó una última bocanada de humo antes de apagar el cigarrillo en el marco de la ventana, estaba prohibido fumar en el hospital y Sakura le había pillado ya varias veces, había tenido que conformarse con hacerlo con las ventanas abiertas y parado a un lado de estas.

—Para nada. Escucha, tengo que irme, Shikadai sale a esta hora de la escuela—metió la colilla de cigarro dentro de la cajetilla con la intención de encubrir su crimen.

Recogió los documentos en los que había estado trabajando y se dirigió a la salida.

—Shikamaru.

—¿Si? —respondió con desinterés mientras se palpaba los bolsillos de la ropa para asegurarse de que tuviera todo.

—¿Cuándo…?

Se mordió los labios, indeciso. Avergonzado, incluso, de hacer tal pregunta.

El castaño se giró arqueando las cejas, esperando a que acabara la frase.

—¿Cuándo puedo conocer a Shikadai?

—Es una broma, ¿verdad? —no había habido mucha emoción en la voz de Shikamaru en los últimos días, pero su respuesta dejó ver indignación, incredulidad…reproche.

—Me has visto estos días, he estado bien, no he dado problemas, sigo sobrio, ¿Qué más quieres de mí?, quiero conocerlo.

—¿QUIERES….conocerlo? ¿"Quieres? —respondió haciendo énfasis en aquella palabra.

—Bueno, si, yo…

—¿Acaso crees que por estar sobrio poco más de dos meses en Konoha ya tienes el derecho de conocer a mi hijo? ¿Crees que esto es un maldito juego?

—Dijiste que podría hacerlo…yo…

Apretó los papeles en sus manos, desde hacía semanas sabía que en cualquier momento iba a explotar. Solo se alegró que fuera ahí con Kankuro y no con su pequeño, aquello podría destrozar todos sus esfuerzos por evitar que el niño resintiera lo que estaba pasando.

—¡Dije que tenías que ganártelo! ¡Carajo! ¿Crees que estar metido en cama luciendo patético y siendo atendido como a un mocoso tiene algún mérito? ¡¿Acaso te has parado por el área de rehabilitación?! ¿Siquiera se te ha ocurrido ir a ver un psicólogo? ¡Toda la mierda que hiciste no va a desaparecer con estos dos meses!

Hizo una pausa y avanzó hacia el moreno, con la paciencia colmada y las noches que había pasado en vela cuidando a Shikadai enfermo de temperatura haciendo de las suyas, el Nara había perdido control total de sus palabras.

—¿Crees que me encantó traerte aquí? Desobedeciendo un mandato del Kazekage, arriesgando mi matrimonio, mi familia y mi trabajo para rehabilitar a un imbécil que se ha dedicado a lastimar a la persona que más amo. Perdimos al bebé por tu culpa. ¿Crees que te traje aquí sin motivo alguno?

—Si ese es el asunto, entonces ¡¿Por qué me trajiste?! ¡¿Por qué no me mataste, Shikamaru?!

—¡Porque eso destrozaría a Temari! ¡Porque, aunque no te pueda perdonar ella te quiere y los extraña a Gaara y a ti! Puedo verlo en sus ojos cuando sonríe, cuando se enoja y nos regaña; puedo ver que ustedes le hacen falta.

Se hizo un silencio terrible en la habitación, sin haberse dado cuenta, había dejado caer los molestos documentos que traía cargando consigo.

Tomó una profunda bocanada de aire y la soltó, recuperando la compostura.

Se frotó los ojos y miró al reloj de la pared. Shikadai seguro estaría esperándolo, y estaba seguro de que Temari le levantaría la ley del hielo solo para reñirle por haber llegado tarde por él.

—Si quieres conocer a mi hijo sal de esa cama y pon tus asuntos en orden, ve a rehabilitación, haz de ti una persona digna de ser el tío de Shikadai, alguien que yo pueda presentarle, ¿crees que voy a dejarte conocerlo y jugar un rato con él para que luego vuelvas a lo mismo y esta vez lo arrastres a él a….?—se talló la cara buscando palabras para terminar la frase

—¿A qué?, ¿arrastrarlo a qué? Dilo, shikamaru.

El Nara se llevó las manos a la cabeza, buscando enredarlas entre su cabello por pura costumbre, olvidando que lo tenía atado. Su rostro se crispó en frustración, había tanto que quería decir y había tantas maneras de hacerlo que no podía decidirse.

—…Te traje para que lo intentes una vez más. Gaara se rindió, Temari también, y honestamente yo también quisiera hacerlo, pero si algo nos pasara a nosotros, quisiera que Shikadai los tuviera a ustedes…Puedes ser mejor que esto, no te pido que te mejores automáticamente o que pretendas estar bien…te pido que luches.

Dejando la habitación en silencio, Shikamaru salió dando un suave golpe al cerrar la puerta, no se había molestado siquiera en recoger los papeles que había dejado tirados, simplemente se hubo alejado con las manos en los bolsillos y los hombros caídos, sobándose el cuello como un hombre que, a pesar de ser un flojo que añoraba una siesta más que todo el dinero del mundo, daba lo mejor de sí para lograr sobrevivir el día, incluso aunque eso significara hacer o lograr más de lo que deseaba.

Con lágrimas en los ojos, Kankuro lo dejó irse, apretando las sábanas entre sus dedos maltrechos. Por primera vez, en mucho tiempo, se sintió necesario.

Las palabras de su cuñado le mantuvieron despierto toda la noche. Se dedicó a mirar el techo en la penumbra, escuchando el aire azotar los cristales y agitar las copas de los árboles, había hojas revoloteando y un susurro suave que se colaba por la rendija que Shikamaru había dejado al cerrar la ventana cuando fumaba.

Jamás había sido una de esas personas que soñara con formar su propia familia, sentar cabeza, casarse con una buena mujer y llenar su casa con mocosos le parecía soso y hasta repugnante. Para empezar, no le gustaban los niños ni era bueno con ellos, a veces incluso le sorprendía la idea de haber sido uno alguna vez, eso, probablemente debido a que era hijo de su mismo padre. Si lo pensaba bien, ni Gaara, ni Temari ni él habían tenido una infancia apropiada.

Jamás había sentido ni el más mínimo atisbo de necesidad o llamado a ser padre…por otro lado, la idea de ser tío le volvía loco.

Hubo una época en su vida cuando añoraba conocer a su sobrina. Era un hombre soltero con un buen trabajo y puesto alto entre los ninjas de su aldea, sentía que tenía dinero hasta para regalar. Por ello, en cuanto Temari había anunciado que tendría una niña, el hombre decidió que en cuanto naciera le compraría los vestidos más caros y las muñecas más bonitas de las tiendas, le mimaría tanto que le daría problemas a Temari y eso le divertiría a montón. La llevaría a comer helado y al cine y tal vez después al parque, le daría todo el amor que ni siquiera Yashamaru pudo darle a él o a alguno de sus hermanos.

Le regalaría armas buenas en cuanto entrara a la academia, y por supuesto, le armaría su propia marioneta solo con lo mejor de su taller.

Soñar era bueno y no costaba nada, había sido muy fácil imaginarse un futuro brillante como el mejor tío que esa niña pudiera tener. La parte difícil había sido, sin embargo, superar el único obstáculo que le impedía convertirse en esa persona cariñosa y admirable que mimaba a su sobrina…

Y Kankuro no lo logró.

Perdió su trabajo, su estatus, el respeto de sus compañeros, y al final, su sobrina no nació. Y había sido su culpa al jalar a Temari con él cuando, ebrio, caía por las escaleras.

Recordar que era su culpa, era igual de difícil estando sobrio o no, le causaba una presión en el pecho que apenas le permitía respirar.

Durante los siguientes días se dedicó a sentarse en el patio del hospital a observar a la nada. No volvió a ver a Temari, y por supuesto, Shikamaru ya no lo fue a visitar. Le pareció normal después de lo de la última vez. Su cuñado tenía razón.

Finalmente le quitaron las vendas que le cubrían las graves quemaduras que llenaban su piel, se miró al espejo mientras la enfermera terminaba de recoger los vendajes sucios y se sintió un poco avergonzado del tono tostado de su piel, de no ser por las cicatrices que le quedaban, parecería una persona que recién volvía de vacaciones.

"Esas no fueron para nada vacaciones" pensó.

También, se sintió sorprendido por lo fácil y rápido que podía resultar destruirse a uno mismo y lo difícil y lento que era sanar.

Fue un martes el día que despertó y, después de bañarse, fue a recepción para preguntar si la clínica de rehabilitación seguía en el mismo lugar.

Aunque la oportunidad de comprar vestidos caros y muñecas finas se había esfumado años atrás, ahora tenía otra opción diferente y estaba decidido a ir por ella.

...

—¿Cuándo regresas de tu misión, mamá?

La pregunta tomó por sorpresa a Temari, quien tenía recargada la cabeza sobre sus manos mientras veía a su hijo colorear en el comedor. Miró a su hijo extrañada.

—¿misión?

Sin apartar la vista del papel, Shikadai asintió dejando el color verde para tomar el azul.

—Papá dice que no has venido a casa porque estás en una misión clase S, que es muy importante y secreta.

—¿Papá te dijo eso? ¿Qué más te dijo papá?

Shikadai se encogió de hombros.

—Que no te preguntara ni te dijera nada porque necesitas concentrarte en eso tu sola, que es una misión muy difícil y que no quiere que te sientas presionada…pero quiero saber, porque extraño tu comida.

—Ya veo…—susurró limpiándose las lágrimas que empezaban a brotar de sus ojos.

Como en cada visita, le preparó la comida a su hijo, luego Shikadai le mostró cómo usar la consola de videojuegos para jugar juntos, hicieron la tarea y después Temari anunció que era hora de irse.

Juntos, su esposo e hijo le acompañaron hasta el genkan, Shikamaru, abusando de la ley del hielo que su esposa le estaba aplicando tenía un cigarro encendido en los labios, la mujer se lo arrebató de los labios y lo apagó en el cenicero que estaba en la entrada. El hombre rodó los ojos.

Le dio un beso en la frente a su niño y luego este se fue a su habitación.

La rubia se sentó en el escalón mientras se calzaba las sandalias, su esposo solo le miró con aburrimiento y las manos en los bolsillos esperando a que se fuera sin decir una sola palabra, como siempre hacía.

—Le dijiste a Shikadai que estoy en una misión clase S...

El hombre frunció el ceño, sorprendido de que se dirigiera a él por primera vez en meses.

—Si...¿que tiene?—empezaba a cabrearse, se había tomado la molestia de hablarle solo para reclamarle algo.

—¿Por que le dijiste eso?—preguntó sin mirarlo

—Tsk...¿que querías que le dijera? él no tiene por que pasarla mal por nuestra culpa. Si tanto te molesta puedes...

—Detente...solo...ya no hables.

—¿Y ahora que hice mal? —respondió con fastidio.

Terminó de atarse las sandalias y se levantó para encararlo con ojos vidriosos y una sonrisa triste. El corazón se le deshizo al verla así, después de todo ese tiempo de parecer estoica y fría ante él.

—Shikamaru…yo…gracias por cuidar tan bien de Shikadai, perdóname. —empezó a tallarse los ojos con el dorso de la mano.

Sin poder evitarlo, él la envolvió en sus brazos y ella hundió el rostro en su cuello, permitiéndose a sí misma lo que por tantas semanas se estuvo negando: un momento de vulnerabilidad.

Desde el pasillo, el niño observó a sus padres intercambiar besos de disculpa y reconciliación. Sonrió y dio media vuelta para dejarlos solos justo cuando Temari comenzó a quitarse las sandalias de vuelta y tirarlas en el piso solo para volver a abrazar a Shikamaru, estrujándolo y aferrándose a él como nunca antes había hecho.

...

—Gaara sama, la cena está lista. —anunció Matsuri entrando a la oficina del pelirrojo.

El Kazekage estaba sentado tras su escritorio con la vista en la ventana, en su rostro apenas se notaban los moretones y cardinales que tiempo atrás habían manchado su piel. En cuanto vio a la castaña asintió y se puso de pie. Un cuadro colgado en la pared llamó la atención de Matsuri.

—¿Ya lo enmarcó? Quedó muy bien justo aquí, pero ¿no quedaría mejor en su escritorio?

—Este fue el único marco que hallé…

—Puedo comprar un portarretrato que vaya bien con su escritorio mañana.

—Te lo agradecería—dijo el pelirrojo con una suave sonrisa.

Ambos abandonaron de la oficina, apagaron la luz al salir, dejando el retrato enmarcado de Shikadai en la oscuridad.


He tardado una eternidad en actualizar :DDD

Mil gracias a los que leen, no son muchos, supongo, eso seguro es por mi poca constancia, pero agradezco a quienes lo hacen.
Comencé este fic en el 2015, y apenas vamos en el capítulo 7. Debo decir que ha sido mejor que como me lo imaginaba cuando comencé. Tenía mucho menos drama y elocuencia cuando pensé en comenzar a escribir esto.

Este capítulo tuvo mucho menos drama y dolor que todos los anteriores pero decidí que ya era hora de que los personajes tuvieran al menos una pequeña victoria, o algo que indicara una mejora en sus vidas, y ya no solo dolor y sufrimiento.
Trato de aterrizar todo lo que pasa en la realidad, es decir, que a pesar de que ocurre en el universo de Naruto, sea un poco real. Yo se que salir de una adicción (sobretodo si es algo de mucho tiempo) no es facil, pero se que también existen personas fuertes que lo logran y que el proceso está acompañado de subidas y bajadas. Creo que ya hubo muchas bajadas, así que es hora de que haya algunas subidas.

Espero me sigan teniendo paciencia y continuen leyendo este fic.

mil gracias por todo :)