La recomendación musical esta vez es algo extraña, utilice el soundtrack de una película llamada "The tale". No vi mas que el puto final y me dejó jodidamente en shock.
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Paso 8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
El tiempo pasa más lento cuando se está despierto.
Cuando era niña, Temari solía pensar que la noche duraba apenas un instante, que nunca era suficiente para terminar los sueños que le llenaban la cabeza mientras dormía. Se iba a la cama con el pensamiento de que en un abrir y cerrar de ojos sería un nuevo día y estaría lista para comenzar otra vez.
Que equivocada estaba, que ilusa solía ser. En un cuarto oscuro, con la luz de la luna entrando por su ventana, la mujer se daba vueltas entre las cobijas y almohadas de una cama que alguna vez le perteneció cuando vivió en aquella casa que con sus hermanos compartió.
Había transcurrido algo de tiempo desde la última vez que había pasado la noche en Suna. Su relación con Shikamaru le exigía dividir su vida entre la hoja y la aldea de la arena. Lo único malo de aquello era que con el pasar de los meses, había empezado a sentirse una extraña en ambos lugares. Ya no era totalmente de Suna y tampoco era totalmente de Konoha, aún.
Suspiró mirando el techo, resignada a no dormir para nada y pasar la noche reprochándose cualquier momento bochornoso que le hubiera sucedido alguna vez en su vida.
Ni siquiera tuvo tiempo de indagar en sus recuerdos porque un golpe en el piso de abajo la sacó de sus pensamientos. Se incorporó en el colchón de inmediato.
No era que estuviera alarmada, la gente de Suna era lo bastante lógica para saber que no era una buena idea meterse a robar a la casa del Kazekage. Tampoco sospechaba de un intento de asesinato; tendrían que haber mandado al ninja más estúpido para haber causado un alboroto como tal. La mujer, simplemente, prefería gastar su tiempo saciando su curiosidad que mirando al techo en silencio durante toda una noche que parecía perpetua.
Encendió la luz de la sala, encontrando a uno de sus hermanos tendido en el suelo, inconsciente. El cabello castaño y complexión ligeramente robusta lo delató.
Cruzada de brazos por el frio, deslizó sus pies descalzos con aquel sigilo propio de un ninja hasta donde estaba Kankuro, se puso de cuclillas y lo examinó con la vista, olía a alcohol, como si hubiese sido bañado y sumergido en él durante horas. Arrugó la nariz con disgusto y le dirigió una mirada despectiva. Se puso de pie y se dispuso a abandonar la sala para abandonarlo ahí, se merecía más que un resfriado, una resaca y una espalda adolorida, pero al menos por el momento eso bastaría para enseñarle que ese hábito estaba convirtiéndose en un problema.
Apenas atravesaba el marco de la puerta cuando escuchó un quejido que la detuvo con la mano en el interruptor. Lo miró y su corazón no lo pudo tolerar.
Temari era una mujer fuerte, no solo en su forma de ser, su cuerpo también lo era. Por ello fue capaz de levantar al hombre pasando uno de sus brazos por encima de su cuello, trastabilló un poco por aquellos tobillos delicados que parecían de muñeca que tanto odiaba, pero al final logró estabilizarse. Arrastró a Kankuro escaleras arriba y hasta su habitación.
Abrió la puerta con dificultad, soltando el brazo de su hermano un segundo para rápidamente girar la manija de la puerta, alcanzó a agarrarlo antes de que se le resbalara.
Odiaba admitirlo, pero el tiempo fuera de Suna le había resultado bastante agradable precisamente por la posibilidad de evadir situaciones como aquella. De un tiempo atrás hasta ese momento, Kankuro había adquirido el hábito de llegar tarde a casa oliendo a sake o lo que sea que hubiese tomado. Al inicio lo encontraban durmiendo en el sofá, o en el piso de su habitación, incluso una vez se había confundido y había terminado compartiendo cama con Gaara. En ese entonces les había resultado gracioso, pero en ese momento todo lo que la rubia quería era darle un buen escarmiento.
Lo sentó al borde del colchón para quitarle la camisa que parecía sucia de algo que ella no quería enterarse, se dedicaba a sacarle los brazos de las mangas cuando, repentinamente y sin previo aviso, una sustancia viscosa y de mal olor brotó a borbotones de la boca de su hermano, quien dejó salir una larga arcada al instante.
Temari lo soltó de inmediato empujándolo, sin poder evitar que el vómito le llegara al pantalón de su pijama y a uno de sus antebrazos. Retrocedió y el olor le provocó náuseas, quiso hacerle segunda en vaciar el estómago, pero se detuvo cuando vio a su hermano tendido boca arriba en el colchón. El líquido viscoso seguía saliendo y el tipo parecía estarse ahogando con ello mismo.
Se arrojó sobre él y se apresuró a girarlo sobre su hombro derecho dejando salir el líquido y liberando sus vías respiratorias.
Era un desastre, el piso, el colchón, Kankuro…no podía con ello sola.
De nuevo se deslizo en la penumbra de la noche, se introdujo en el cuarto de Gaara sin que este siquiera sintiera el aire agitarse a su alrededor. Se paró a un lado del colchón, donde el pelirrojo dormía.
—Gaara…—le llamó, perturbada.
No hubo respuesta.
—Gaara, despierta, oye…—estiró una mano y lo agitó suavemente.
El joven dio un respingo y se incorporó en el colchón.
—Temari…¿Qué…?—se talló los ojos.
Miró el rostro crispado de su hermana y supo de inmediato lo que había pasado. La cosa era que había estado ocultándole a la chica que Kankuro había estado excediéndose durante sus noches de juerga, no solo se habían hecho más frecuentes, sino que cada vez el moreno había encontrado la manera de rebasar un nuevo límite en cada una de ellas.
Siguió a la rubia hasta la habitación del marionetista, ahí lo encontraron acurrucado entre su propio vómito, que ahora estaba esparcido por toda la cama.
Con escalofríos, Temari observó al menor de sus hermanos reaccionar con acciones propias de una rutina. Sin sorpresa, como si lo hiciera por inercia, levantó a Kankuro sin miedo o preocupación de ensuciarse y lo llevó al baño, le dejó sentado mientras se dedicaba a preparar la bañera. La rubia lo observó desde la puerta, en shock.
—¿Podrías ayudarme con la cama? —preguntó Gaara con tranquilidad.
—¿Q-que?...
—Las cobijas, solo quítalas y llévalas abajo, luego puedes irte a dormir…
—¿Irme a dormir? Gaara, ¿Qué es esto? ¿desde cuándo pasan estas cosas?
—No tiene mucho, no le tomes importancia.
—¿Por qué no me dijiste que había empeorado?
Dejó la bañera llenando y se puso de pie, encarando a su hermana, pero sin mirarla, estaba avergonzado.
—Perdóname, no quería molestarte.
Dicho esto, se arrodilló para empezar a desvestir a su hermano. Temari salió del baño, molesta, quitó las cobijas de la cama mientras Gaara hacía lo suyo en el baño. Dejó la ropa de cama sucia en la lavandería y regresó con cobertores nuevos y limpios, tendió la cama y acomodó todo apropiadamente.
La puerta del baño se abrió, revelando a Gaara que cargaba con Kankuro envuelto en una toalla. La chica se acercó a ayudarle y entre los dos lo acostaron y le cubrieron con mantas. Aquella noche Gaara la pasó en la habitación con Kankuro, temiendo que algo malo le fuera a ocurrir. Después de limpiarse, Temari se fue a su habitación para continuar mirando el techo durante aquella noche perpetua.
Confundida. Dolida. Sin poder procesar lo que había ocurrido. ¿Qué estaba pasando en su hogar?
Ahora, años después, la kunoichi miraba la luna asomarse por su ventana desde su colchón. Shikamaru tenía un talento especial para dormir como oso en invierno y jamás se daba cuenta de las noches que pasaba en vela por insomnio. Esa era una de ellas.
Recordaba aquel entonces como el inicio de todo, todo lo que le había marcado y dejado una cicatriz en el alma, no solo en la de ella, sino de su familia completa…sus hermanos, su esposo…y su bebé que ya no existía.
Recordaba haber discutido con Kankuro a la mañana siguiente, recordaba la casa en silencio por la tensión y a Gaara en medio de todo sin decir una sola palabra, recordó ver a Kankuro ponerle licor a su café y a ella misma arrebatándole la taza para luego arrojarla al fregadero, estrellándola.
Recordó haberse marchado días después, sabiendo que las noches siguientes Gaara se había ocupado de que ella no se percatara de nuevo de los deslices de Kankuro.
Se dio un par de vueltas más bajo las cobijas, sintiendo una presión en el pecho. ¿Era su culpa? Poco a poco, lentamente, había abandonado a sus hermanos cuando más la habían necesitado.
A menudo pasaba horas reviviendo discusiones y recreándolas en su mente, añadiendo palabras y cambiando cosas, imaginando finales distintos y mejores, recriminándose a sí misma el no haber hecho las cosas mejor.
Sintió los brazos de Shikamaru rodearle, se dejó embriagar por la sensación cálida y protectora que, sin saber, su esposo le brindaba. Se acurrucó a su lado y al cabo de un par de horas se perdió en el sueño.
...
Sentado en una banca del patio, Kankuro estornuda y se talla la nariz con la manga de su suéter harto de tener que sonársela una y otra vez, el papel de baño y los pañuelos se han acabado y a su lado yacen unos cuantos trozos arrugados, todos embarrados con sus propios mocos, los cuales ya se ha cansado de limpiar.
Llegó el invierno, y con ello las enfermedades, le duele la garganta, le escurre la nariz, siente en el rostro la constante sensación de un estornudo por venir, uno que nunca llega y que cuando lo hace, no se vuelve a ir.
Quiere irse y quiere morir.
Han pasado unos meses desde que se internara de vuelta en la clínica de rehabilitación. Resultaba extraño regresar a recuperarse al mismo sitio donde había estado ocho años atrás. Sentía vergüenza de regresar después de haber fallado la primera vez, como si hubiera perdido todo su honor y su vida en su camino de vuelta.
A pesar de sus ganas de largarse y su actitud antipática hacia los demás pacientes de la clínica, asistió a todas y cada una de las reuniones semanales de terapia en grupo que le tocaban tomando lugar en una de las sillas metálicas del circulo y escuchando todas y cada una de las historias de sus compañeros.
Con las manos en los bolsillos y la actitud de un perro viejo que lo ha visto todo, observó en cada uno de sus compañeros a su yo del pasado, aquel que no había matado a su sobrina ni lastimado tanto a su familia, llenos de arrogancia y tomándose la terapia a la ligera, creyendo que por el hecho de estar ahí presentes ya estaban salvados.
Los escuchó compartir las cosas que les preocupaban y que les dolían con una facilidad que él envidiaba.
—¿Alguien más quiere compartir antes de dar por terminada la reunión?
Él quería levantar la mano, alzar su voz y contarles lo mucho que le estaba costando quedarse ahí y existir dentro de ese espacio donde todos eran como él, quería decirles que quería estar mejor porque tenía un sobrino y se moría de ganas por conocerlo, que esperaba volver a casa, poder mirar a su hermano a los ojos y pedirle perdón.
Pero no sucedió. Desvió la mirada, se talló la nariz con un pañuelo arrugado y se hundió en aquella silla metálica aún más, apretando los puños dentro de los bolsillos, incapaz de abrir la boca y hacerse escuchar.
—Muy bien, de pie todos, tomados de la mano, como siempre hacemos la oración de la serenidad.
El grupo se puso de pie y todos se tomaron de las manos, Kankuro rechinó los dientes con fastidio porque aún le costaba esa cursi parte.
"Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia"
Una vez terminada la oración, todos aplaudieron y rompieron el circulo, unos cuantos entablaron conversaciones entre ellos y otros tantos se dirigieron a la salida de la sala. El líder de la reunión se aclaró la voz para llamar la atención antes de que el grupo se dispersara totalmente.
—No olviden que la próxima semana empezamos con el paso 8, así que piensen en ello y tengan terminada su lista para la siguiente reunión, no tiene que ser escrita, simplemente algo claro.
El marionetista se colocó el gorro de la sudadera mientras escuchaba aquellas palabras, dio un último vistazo a sus compañeros antes de dejar el aula.
...
—Shikadai está listo, ¿estás segura de que no quieres venir?
Dándole la espalda, la rubia se dedicaba a lavar trastes de manera ansiosa, traía un vestido lila y unos aretes nuevos que Shikamaru le había regalado. A pesar de estar completamente vestida, no estaba para nada lista.
—No, yo tengo cosas que hacer en casa, vayan ustedes…luego me cuentas…
—Tsk, no seas problemática, no tienes que mentir, si no quieres ir solo dilo—respondió su esposo sobándose el cuello
—No quiero ir…—susurró de manera sombría
El hombre asintió y se acercó para depositar un beso en su mejilla. Tomó una bolsa de papel que se encontraba en la mesa y se giró hacia su esposa.
—¿Quieres…que lleve esto?
Temari asintió.
—¿Debo decirle que es de tu parte?
Temari negó.
Escuchó a Shikamaru salir por la puerta de la cocina y luego subir para llamar a su hijo, pasaron unos minutos hasta que escuchó la puerta del frente abrir y cerrarse.
Cerró la llave y se secó las manos en el delantal. Miró a su alrededor, encontrándose lo suficientemente sola como para permitirse un momento de debilidad. Se recargó al borde del fregadero y lentamente empezó a bajar, deslizando la espalda y doblando las rodillas hasta estar totalmente sentada en el piso. Se quitó los aretes, y la pulsera de perlas que traía puesta, se pasó el dorso de la mano por la boca, borrando el suave color coral que decoraba sus labios y estampándolo en forma de mancha a lo largo de su muñeca.
"Tengo una noticia que nunca habrías imaginado." Se escuchó decir a sí misma.
Se recordó sentándose con las piernas cruzadas en el sofá, a un lado de su hermano, quien examinaba meticulosamente un brazo de madera del cual salían unas navajas y mangueras, tenía sus herramientas regadas por todos lados y en la mesita de la sala varias partes que parecían pertenecer a una o varias de sus marionetas.
—ajá…. —le respondió el moreno, sin interés, examinando el brazo con un desarmador en la mano.
—Estoy saliendo con alguien—la mujer esbozó una sonrisa juguetona, esperanzada e impaciente de ver la reacción del joven.
—Con Shikamaru.
—¿Qué? ¡¿Lo sabías?! —Kankuro rodó los ojos.
—Temari, mis marionetas sabían que tú y ese vago se traían algo y ni siquiera están vivas, por favor, son bastante obvios—dejó el brazo de madera sobre la mesita solo para girarse hacia ella y verla a los ojos con una seriedad bastante sarcástica.
—¡E-eso no es cierto! —replicó con las mejillas coloradas.
Kankuro soltó una risa estruendosa y se pasó una mano por el cabello.
—Mírate, estas toda roja, claro que es cierto, el tipo no deja de verte cada que estás cerca, y cuando voy a Konoha sin ti parece que tiene que morderse la lengua para no preguntar porque no has venido conmigo.
—¿E-el hace eso? —desvió la mirada con una sonrisa boba, luego se volvió hacia él con un rostro furioso—¡Deja de mentir, pedazo de idiota! —arremetió contra él dándole empujones que le tumbaron contra el descansabrazo del sillón.
—¿Por qué iba a mentir? —respondió entre risas alzando el codo para cubrirse.
—¡Porque te gusta molestarme! ¡Por eso! Ni siquiera me dejaste darte la noticia. Estuve una semana entera pensando una manera de decirles esto. Eres un odioso.
Dejó de empujarle y se puso de pie de un salto, se encaminó a la salida de la sala, aun riendo, Kankuro se enderezó y volvió a tomar el trozo de marioneta en el que trabajaba antes.
—¿A dónde vas?
—A decirle a Gaara, estoy segura de que él si se va a sorprender—se giró para sacarle la lengua.
—"¿Estas saliendo con alguien? Estoy impactado" —Dijo aquello con una voz y rostro serios, imitando al formal Kazekage.
Temari se cubrió la boca, aguantando la risa, y siguió caminando en dirección a la oficina de su hermano menor.
El ruido de un vaso estrellándose contra la pared le hizo transportarse a otro momento de su vida.
—¡Estás loca! ¡Tienes problemas en la cabeza!
—¡Tú eres el que tiene un problema! ¡¿Por qué no lo entiendes?!
—¡estoy perfectamente bien! Díselo, Gaara, no necesito su atención de mierda, ni sus regaños, ¡no soy un jodido crío!
El pelirrojo se mantuvo en silencio, sentado en la mesa, tallándose la cara con las manos, con frustración. Era de mañana, y parecía solo haber despertado vivo para hallarse con otra pelea de sus hermanos. Pasaron varios segundos y seguía sin responder, Kankuro le miró y luego a Temari, quien le devolvió un gesto severo, volvió a regresar a Gaara, incrédulo de la falta de apoyo a su parte.
—¿En serio? Pequeño imbécil, ¿vas a darle la razón a ella?
El kazekage alzó el rostro, herido.
—Has estado bebiendo mucho, Kankuro. —dijo tallándose las sienes, sabiendo que su comentario no ayudaría a suavizar las cosas.
Se relamió los labios y luego se los mordió, ofendido, con las fosas nasales abiertas, Gaara pensó que, si fuera un dibujo animado, probablemente lo dibujarían color rojo y con humo saliéndole de nariz y orejas.
—Perfecto. —su voz estaba cargada de indignación.
—Por favor entiéndenos, esto es demasiado para nosotros, necesitas parar. No queremos que te hagas daño… Necesitas ayuda. —su voz era un ruego.
—Lo que necesito es que me dejen en paz, si tanto te molesta lo que hago entonces vete.
—Sabes que eso no es…
—De todas formas, ya lo estás haciendo, te vas, te pasas semanas revolcándote con ese cabrón y luego vuelves y…
Vio el vaso de porcelana volar hacia él, alcanzó a moverse y lo escuchó estrellarse contra la pared, dejando la mancha de café estampada como si se tratara de un asesinato.
Temari recordaba sentir el pecho arder al momento en que se abalanzó contra su hermano tirando manotazos y rasguñándole la cara, no era ningún tipo de taijutsu, ni técnica aprendida en la academia, era simple coraje quemándole las entrañas, la impaciencia haciendo de las suyas, escuchó la silla de Gaara caer al piso en el momento en que se levantó de golpe para sujetarla del estómago y quitársela de encima al moreno, recordaba las lágrimas tibias que le ensuciaban la cara, y a Kankuro señalándose la sien gritándole que estaba demente, loca.
Las gotas de la llave que Shikamaru nunca hizo arreglar la trajeron de vuelta a la realidad. Se encontraba sola, en la cocina, dejó caer los aretes y el brazalete al suelo, se talló la cara con frustración.
...
Estornudó, si no fuera porque había pescado un resfriado, estaría seguro de que alguien estaba pensando mucho en él.
Tocaron la puerta de la habitación y luego se abrió. Era uno de esos malditos doctores, enfermeros o lo que fueran, esos tipos que recorrían las habitaciones asegurándose de que los pacientes no estuvieran suicidándose o algo así.
—Tienes visita.
Se enderezó en la cama, lugar donde hasta hacía un momento se dedicaba solamente a mirar el techo y sufrir de ataques de tos convulsiva que llegaban de vez en cuando.
Por alguna razón no se sorprendió cuando vio entrar aquellas arracadas y coleta por la puerta.
El tipo que lo había conducido hasta la habitación de su cuñado se despidió con un gesto y después de dejarle pasar por completo, abandonó el cuarto cerrando la puerta tras de sí. Con las manos en los bolsillos, Shikamaru Nara avanzó mirando el techo, las paredes, la ventana y luego al moreno.
—Luces mejor.
Kankuro se encogió de hombros.
—Luzco mejor que muchos de aquí.
Una media sonrisa se formó a modo de respuesta en el rostro de la mano derecha del Hokage.
—Pensé que ya no ibas a venir, ¿vas a sentarte a jugar shogi o a ordenar papeles?
—No iba a hacerlo, pero alguien me dijo que habías estado llevando tu terapia muy bien y quise comprobarlo por mí mismo—aquello lo dijo con una expresión tranquila.
—Comprobado, puedes irte.
—¿Seguro?
—Shikamaru, ¿qué haces aquí? Me dejaste claro algo que ya sabía, que te jodí la vida a ti y a todo mundo y que sigo haciéndolo, no tienes que venir, te prometo que termino la terapia y me largo de aquí para que no tengas que verme de nuevo.
—¿Seguro, seguro?
—¿A qué estás jugando? —Empezaba a cabrearse.
—A nada, no te pongas así, diablos, que fastidio…como sea, alguien quiere conocerte. Si quieres me voy, pero entonces no vas a poder conocerlo tú tampoco.
Su rostro reflejó la curiosidad perpleja que había despertado en él. Le miró varios segundos sin comprender mientras Shikamaru iba a abrir la puerta y se asomaba al pasillo. Le hizo una seña a alguien y se apartó para dejarle pasar.
—Shikadai, este es tu tío, Kankuro.
Se sentaron frente a frente en una de las mesas de la cafetería, el moreno llevaba las bandejas de ambos, una en cada mano, aliviado de que después de tantos años, al menos su equilibrio ninja no se hubiera estropeado. Le entregó su comida a su sobrino y luego tomó los cubiertos para comenzar con la suya. Shikamaru les había dejado solos con la excusa de salir a fumarse un cigarro, el silencio era mortal y aquello le hizo recordar porque detestaba tanto a los niños, ¿De qué se suponía que hablara con un mocoso de siete años?, no era ni de cerca lo que los jóvenes llamarían "cool" o "genial". Según él, para su edad y desgarbada apariencia, ya sería considerado un "señor". Lo miró, estaba perdido en la pantalla de una consola de videojuegos y encima tenía toda la pinta de un pequeño vago en potencia, era una copia exacta de su padre.
Unos filosos orbes azules se le clavaron y la música de su videojuego se detuvo. Kankuro desvió la mirada, incomodo, mientras el chiquillo Apagaba el aparato y lo ponía sobre la mesa, dispuesto a empezar con su comida.
—¿Eres hermano de mi papá? No te pareces nada a él ni al resto de los Nara—soltó de pronto mientras intentaba, sin éxito, cortar la carne con los cubiertos.
La pregunta le tomó por sorpresa, pero se alegró de que fuera el niño quien empezara a romper el silencio. A él jamás se le hubiera ocurrido una forma de hacerlo.
—No, soy hermano de tu madre—respondió con cierta irritación.
—Mi mamá nunca mencionó que tuviera un hermano —No pudo cortar la carne, dejó los cubiertos y tomó la pieza con las manos para empezar a morderla y arrancar cada bocado.
—No tiene un hermano, tiene dos. —lo dijo tajante, pensando que había sido una mala idea querer conocerlo porque seguro era un chiflado tan vago como Shikamaru y grosero como Temari.
—No los mencionó nunca.
—Tal vez porque no se lo preguntaste. Usa los cubiertos.
—Papá dice que está bien si no los uso cuando mamá no está cerca. —mordió la carne tratando de arrancar un pedazo ineficientemente, el marionetista tronó los dientes y dejó sus cubiertos
—A ver, dame acá. —le arrebató la bandeja del frente y la carne de la boca, se dedicó a cortarle la comida en pedazos mientras el niño miraba distraído a su alrededor, balanceando los pies al frente y atrás, pateándole las espinillas de vez en cuando. Una vez que terminó se lo devolvió y regresó a su comida, el chiquillo sostuvo el tenedor como si fuera un kunai y empezó a ensartar pedacitos de carne para luego llevárselos a la boca. Mientras comía, le miró bostezar de una manera muy floja, justo como su cuñado hacía.
—¿Y qué haces aquí? ¿aquí vives?
—Sí, vivo aquí por ahora.
—¿Por qué? Parece que está lleno de personas enfermas…¿no eres un ninja como mi mamá?
Inhaló profundamente y luego exhaló, se pasó una mano por el rostro y trató de poner la mejor cara posible. Jamás se preparó para la posibilidad de tener que responderle tales preguntas a un chiquillo.
—Es porque yo también estoy enfermo, ¿Ok? Estoy "recuperándome" —hizo las comillas con los dedos— Y si, también soy un ninja, como tu mamá…yo solo…no he estado trabajando…
—Ah…—No pareció creérselo, a pesar de ser verdad.
Alzando una ceja, lo observó jugar con sus alimentos, notó como, distraídamente, había probado bocado de todo menos las espinacas que yacían carentes de atención en un pequeño cuenco, justo como las de él.
—¿No te gustan las espinacas?
—No, me dan asco, es como comer césped con tierra.
Kankuro sonrió. Al menos tenían algo en común.
—Sí, son horribles, ¿Te gustan las marionetas?.
La clínica contaba con un taller de pintura, cerámica y algo parecido a carpintería (lo único que podías hacer era tallar cosas en madera porque las sierras y demás objetos filosos estaban prohibidos). Kankuro había pasado la mayor parte de sus tardes libres encerrado en aquel lugar, refinando sus oxidadas habilidades para construir marionetas, haciendo cosas básicas y sencillas, improvisando armas con tenedores y palillos que robaba de la cocina, eran cosas pequeñas que le servían para practicar su control de chakra.
Llevó a Shikadai ahí y le mostro varias de ellas, milagrosamente, logró que el niño guardara su consola en la mochila que traía cargando con él y se dedicara a poner atención a lo que su tío le platicaba. Logró asombrarlo y hacerle reír un par de veces con una serpiente que lanzaba mondadientes como si fueran agujas ninja. Se sintió realizado.
Al terminar las horas de visita llevó al niño hasta su padre, quien tomaba una siesta en la sala de televisión.
Antes de despedirse, Shikamaru le entregó una bolsa de papel y le dijo que era un regalo. La abrió, encontrando una bufanda morada doblada en el interior, la sacó sorprendido. No hizo falta que su cuñado le dijera quien la había tejido, conocía aquellas puntadas torpes e irregulares que se anudaban de vez en cuando, Temari nunca había sido muy buena tejiendo, pero cada invierno se esforzaba por tejerles suéteres, bufandas y gorros a Gaara y a él.
Sintió una presión en el corazón y le tendió la mano a Shikamaru, este le correspondió el gesto estrechándola antes de alejarse en dirección a la salida, llevando a Shikadai con él.
Se enredó la bufanda en el cuello, cubriéndose la boca y la nariz, sintiendo un calor que hacía tanto no sentía.
...
Para sorpresa de Kankuro Shikadai volvió a visitarle días después. En esa ocasión, un niño rubio y pálido vestido de morado le acompañaba. Su sobrino lo presentó a su amigo como su tío Kankuro.
"Genial, mas mocosos" pensó con falsa irritación, porque en realidad estaba feliz de que hubiera vuelto.
Le mostraron sus consolas de videojuegos y le enseñaron como jugar después de comer los tres juntos. Le mostraron las marionetas a Inojin y este sacó un cuaderno con dibujos suyos.
Nunca lo supo, pero aquel día Temari había acompañado a los niños hasta la entrada de la clínica, simplemente no había sido capaz de entrar. Tuvo un ataque de pánico y decidió esperar a los niños en los escalones de la entrada.
...
"Querida Temari:
En el programa me han pedido que haga una lista de las personas a quienes he hecho daño con la intención de reparar lo que he causado.
Tu encabezas mi lista, porque creo que fuiste a quien más daño hice…
Aunque ahora no estoy seguro porque durante estos años que no estuviste hice cosas que terminaron por joder más a Gaara.
También le arruiné muchas cosas a Shikamaru.
Sé que tu tejiste la bufanda que el vago flojo de tu esposo me trajo. Espero algún día podamos hablar.
Kankuro. "
Hola, milagrosamente he vuelto luego de un mes o_o
Estoy increiblemente insegura de lo que escribí en este capítulo pero es porque se siente extraño escribir algo bueno y positivo en lugar de algo triste... por así decirlo, porque bien, en realidad no todo fue positivo.
Un agradecimiento a Bionica porque siempre lee UvU desde el comienzo, a pesar de que llevo 4 años actualizando xD
y también agradecimiento a Victoria Lis y a Cereza prohibida por dejarme comentarios muy bonitos en el último capitulo UvU
No tengo mucho mas que decir, espero escribir mas seguido, me gustaría hacerlo este año. Como siempre, para este capítulo usé memorias propias para algunos recuerdos de Temari.
Mil gracias si han seguido el fic hasta aquí UvU Los quiero
