Mientras Sarah pasaba el rato con Belle, Giselle caminaba preocupada por el pueblo. Estaba determinada a encontrar esa pieza. No sabía exactamente dónde buscar pero tenía la esperanza de averiguarlo en el transcurso del día.

Caminó una calle tras otra, estaba agotada pero no perdía la motivación. De pronto, algo llamó su atención mientras pasaba frente al aparador de una tienda. Ignorando por completo el letrero de cerrado, entró al establecimiento que, como indicaba en la entrada, pertenecía al señor Gold.

Estaba fascinada por lo que acababa de encontrar ahí. Un collar que perteneció a su madre, era de los pocos recuerdos que conservaba de su familia antes de Aurea. La imagen de sus padres aún era borrosa, pero recordaba a la perfección ese collar. Su padre lo hizo como un regalo de aniversario y ella solía jugar con él. Su madre le prometió que se lo regalaría cuando fuera mayor. En un par de ocasiones había soñado ese recuerdo pero no le dio tanta importancia hasta ahora.

Giselle trataba de entender qué hacía ese objeto ahí, cómo había llegado a ese pueblo. Observó el collar tan pérdida en sus pensamientos que no se percató cuando el dueño salió de la parte trasera de la tienda.

-Realmente estoy considerando quitar ese letrero. Al parecer no sólo los habitantes de Storybrooke lo ignoran, ahora a los visitantes tampoco les parece importar cuando dice cerrado- soltó Gold con el tono sarcástico que lo caracterizaba, haciendo que Giselle diera un salto sorprendida.

-Disculpe, no era mi intención. Es sólo que… vi este collar desde afuera y no pude evitar entrar. Perteneció a mi madre o… al menos eso recuerdo.

Gold la miró sin ninguna reacción aparente, era imposible que eso perteneciera a su familia a menos que ella perteneciera al Bosque Encantado. Casi todos los objetos en la tienda pertenecían ahí. Gold no percibía ningún tipo de magia ni nada que indicara el origen de la joven, pero iba a darle el beneficio de la duda.

-¿Cuál dices que es tu nombre, queri…

-¿Qué es eso?- exclamó emocionada Giselle interrumpiendo la pregunta de Gold.

La joven señaló hacía el mueble que se encontraba tras él. Gold se dió la vuelta y vió lo que Giselle indicaba.

-Son sólo piezas de un viejo automóvil, no tienen mucho aquí- respondió un poco molesto por la interrupción.

-¡Es justo lo que estoy buscando! Podré llevarlo con el mecánico a tiempo.

Giselle trató de contener un poco la emoción, no quería mostrar demasiado entusiasmo o el encargado de la tienda podría aprovecharse de ello.

-¿Cuánto quieres por ese?- preguntó entusiasmada señalando la pieza que necesitaba.

Gold quedó atónito por la reacción de la joven, le daba curiosidad tan repentino cambio. Esa cosa debía ser muy valiosa para ella, parecía tener más importancia que el descubrimiento de una reliquia familiar. Algo se encendió dentro de él, uno de esos presentimientos. Decidió por fin ponerle precio.

-Es tuyo, un regalo de bienvenida- dijo Gold extendiendo la pieza en su mano.

-¿Es en serio? ¿Cuál es el truco?- preguntó desconfiada.

-Sin trucos, sólo un favor a cambio. Aún no sé qué será, pero espero tu ayuda cuando lo necesite.

Giselle se detuvo un segundo a pensarlo. Es verdad que el encargado daba un poco de miedo, pero no parecía del tipo que se aprovechara de la gente, además necesitaba la pieza y si la tenía pronto estarían muy lejos de ese lugar, tal vez nunca lo volvería a ver.

-De acuerdo, muchas gracias- respondió Giselle tomando la pieza.

-Y respecto a ésto, puedes volver por él después. Lo guardaré para la próxima vez que nos encontremos o entres a mi tienda sin permiso- agregó Gold, volviendo la atención de Giselle al collar que ahora estaba en manos de Gold.

-Claro, volveré después- dijo Giselle con seguridad.

Salió de la tienda y mientras caminaba con paso decidido al taller mecánico, se preguntaba si realmente volvería, no sólo a cumplir ese favor pendiente, sino por esa pieza que no sabía que le faltaba. La prueba de que alguna vez tuvieron una familia amorosa. No sabía cómo reaccionaría Sarah ante eso, así que decidió guardarlo para ella misma. No estaba segura de lo que pasaría después de arreglar el auto, tal vez el destino ya había tomado esa decisión.

Una vez escogido el libro que quería leer y, después de una pequeña y amena plática con Belle, Sarah decidió ir a buscar un lugar tranquilo donde sentarse a leer, necesitaba relajarse un poco.

La ciudad no estaba mal, y Belle le agradó mucho a pesar de haberla conocido ese mismo día, pero era obvio que las personas del pueblo las veían más como intrusas que otra cosa, por alguna razón y había algo en la ciudad que desde que llegaron la hacía sentir… abrumada, casi como si no todo fuese lo que parece en ese lugar. Eso y una especie de sensación de quemazón en sus manos que no podía explicar, como si algo dentro de ella hubiese despertado.

Evitar preocupar a su hermana por lo que podría ser nada fue lo que la llevó a decidir que leer un rato en el bosque podría calmarla y despejar su mente, no había razón para sobrepensar las cosas si no se iban a quedar tanto tiempo.

Cuando por fin encontró un lugar que le pareció perfecto, se sentó al pie del árbol más cercano a ella y miró por unos momentos hacia arriba, contemplando como la suave brisa movía las hojas de los árboles.

Le llamó la atención que había algo en el ambiente que se sentía familiar. Los bosques en general siempre le daban una sensación de paz y familiaridad, después de todo, pasó varios años de su vida en uno, aunque esos recuerdos le parecían ya muy lejanos ahora, pero algo en este bosque se sentía diferente… como si ya hubiese estado ahí antes, aunque estaba más que segura de que esta era su primera vez en Maine. Era casi como…

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz -¡Hola! -Sarah, sorprendida se giró de manera brusca a la izquierda y se encontró con un niño, de uno años, observándola sonriente -Soy Roland - el niño extendió su pequeña mano hacia ella.

Sarah, aún sobresaltada por la repentina aparición de Roland, extendió su mano también, aunque algo dudosa y la estrechó con la del pequeño sin decir nada.

Roland estaba un poco extrañado por la reacción de la chica pero no dijo nada. Su atención fue captada de pronto por el objeto que sostenía en su otra mano -¿Qué es eso? -le preguntó, acercándose un poco para poder ver mejor -¿Es un libro? ¿De qué es? ¿Te gusta leer? A mí sí. Bueno, realmente aún no se leer, pero Gina y Henry me están enseñando. ¿Cuál es tu- ?

-¡Roland! - El pequeño fue interrumpido por otra voz.

-Roland, te dije que me esperaras, no puedes andar solo. Y recuerda que Robin dijo que no nos alejaramos mucho, qué tal sí…? - La voz pertenecía a un muchacho, quien, se detuvo en seco en cuanto notó la presencia de la joven. Sarah lo observó por un momento, parecía de la misma edad que ella.

-No fue mucho Henry - volvió a hablar el pequeño - además no estaba solo, la encontré a ella y… - Roland se quedó callado de pronto y se volteó a verla, dándose cuenta de que la muchacha nunca le dijo su nombre - ¿Cómo te llamas? - le preguntó.

-Sarah… - respondió tímidamente.

-Hola… yo soy Henry -respondió ligeramente incómodo - veo que ya conociste a Roland. Disculpalo por la intromisión, como podrás haberte dado cuenta,es extremadamente curioso -terminó con una risa nerviosa.

-No hay problema -respondió Sarah de la misma manera -Realmente no interrumpió nada, prácticamente acababa de llegar.

-Oh, menos mal.

Un incómodo silencio invadió el ambiente después de eso, ya que Roland ya se había alejado un poco y distraído con otra cosa. Sarah realmente ya no supo qué más responder y sólo sonrió, esperando que Henry se llevara a Roland y se quedara sola una vez más.

Henry abrió la boca para decir algo más cuando otra persona más, para frustración de la joven, se hizo presente.

-Aquí estaban muchachos -dijo el hombre tranquilamente - ¿Qué hacen?

Roland corrió hacia él y comenzó a relatar una vez más lo acontecido mientras Sarah solo observaba la interacción entre los tres hombres, tuvo una sensación de déjà vu.

La estaba invadiendo el mismo sentimiento de familiaridad que había experimentado esa mañana con la alcaldesa ¿Quiénes eran estas personas?

Al perderse profundamente en sus pensamientos y las preguntas que se iban formulando en su mente, no se percató de la primera vez que el hombre le había hablado ni de su mano estrechada hacia ella, hasta que la llamó una segunda vez, sacándola de su trance.

-Soy Robin -se introdujo una segunda vez, sonriendo -gusto en conocerte.

Los días eran tranquilos últimamente, el pueblo seguía sus rutinas y notaban poco a la foránea que caminaba por sus calles. Giselle abrazaba la pieza que le faltaba para arreglar su auto, la gente no parecía alarmarse por su presencia como el primer día, pero aún no se sentía bienvenida del todo, recibía miradas de más de uno.

Ya sin la presión, después de dejar la pieza con el mecánico, se dió el tiempo para tomar el camino más largo de regreso y ver un poco más de ese enigmático lugar. Se dio cuenta que no había notado el hermoso bosque que rodeaba el pueblo y recordó aquella infancia que ahora sentía que era parte de una vida pasada. Distraída en sus pensamientos giró en una calle sin ver y chocó con una joven, dió un tropiezo que por poco la lleva al suelo.

-¡Lo siento mucho! No te ví ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?- exclamó la mujer preocupada.

-No gracias, estoy bien. Disculpe, no la ví- respondió Giselle.

-Descuida. Soy Mary Margaret, pero puedes llamarme Snow- sonrió con dulzura la mujer. Giselle la miró un poco confundida.

-Snow? como Snow White?- dijo riendo un poco.

-Así es- respondió con una gran y misteriosa sonrisa.

-De acuerdo... Soy Giselle, pero al parecer ya todos saben eso- dijo la chica mirando a su alrededor, notando la gente que la miraba.

-Gusto en conocerte por fin. Emma me ha comentado sobre ustedes y no había tenido la oportunidad de presentarme. ¿Qué te parece la ciudad?

Después de varios minutos platicando, Giselle se sinceró con Snow y le comentó la vibra extraña y familiar que sentía en ese lugar. La mujer parecía dulce y confiable, además, le gustaba el hecho de que era la primer persona que no la miraba como una intrusa y en realidad la escuchaba. Encontró reconfortante conversar con alguien de Storybrooke para poder tener otro punto de vista sobre el pueblo.

-Este lugar es… especial. En definitiva único- comentó Snow -Tenemos nuestros momentos tensos, pero la gente es unida y valiente. Deja que te conozcan realmente y las van a adorar. ¿Cuánto tiempo piensan quedarse?

Giselle dudó por unos segundos, el plan era irse en cuanto el auto estuviera listo y eso le respondió a Snow.

-Si van muy lejos, lo mejor es que recarguen energía aquí- comentó Snow no muy convencida de la respuesta de Giselle.

-Si te soy sincera, aún no sabemos a dónde ir. Buscamos un lugar donde comenzar de nuevo.

Snow preguntó por la familia de las chicas y se le hizo un nudo en la garganta cuando Giselle le contó brevemente su paso por el sistema de adopción.

-Storybrooke es el mejor lugar para los nuevos comienzos. Tal vez en lugar de seguir buscando algo que no saben dónde encontrarán, podrían encontrar algo de estabilidad aquí. No creo que sea coincidencia que llegaran a este lugar. Deberían darle otra oportunidad a Storybrooke, podría sorprenderlas…

Sarah se encontraba en una situación menos cómoda que su hermana. Bombardeada por la ola de dulzura de Roland y la amabilidad de Robin, fue el mejor momento para recibir un mensaje de texto y refugiarse en su teléfono.

"¿Nos vemos en la torre de reloj o en Granny's para cenar? Tengo algo que contarte" envió Giselle.

"Granny's, necesito otro sándwich de queso, ya"- respondió Sarah

-Debo irme, mi hermana me espera- soltó Sarah recibiendo la triste mirada de Roland

-¿Te vas? ¿Dónde está tu hermana? ¿Cómo se llama?- insistió el pequeño

Robin lo cargó con dulzura y le dió un beso en la frente. Esta acción, al parecer inofensiva, causó sentimientos encontrados en Sarah.

-Ya es tarde y Sarah debe irse, después podrás platicar con ella- resolvió Robin

-Está bien- respondió su hijo con cara triste- ¡Adiós Sarah! - se despidió efusivamente moviendo su mano.

Henry le sonrió a Sarah y se llevó a Roland de vuelta con los demás hombres. Robin se disculpó por el entusiasmo del pequeño y le explicó que estaba en esa edad donde los niños preguntan todo. Sarah sonrió un poco y se limitó a despedirse, quería salir de ahí.

Mientras caminaba hacia la cafetería, no dejaba de pensar en lo que sintió con Regina, Robin y la quemazón que se intensificaba en sus manos. Tenía curiosidad, quería alejarse de ese pueblo lo antes posible y a la vez averiguar porque se sentía así.

Llegó a Granny´s donde su hermana la esperaba sentada en la barra, ordenaron la cena y se la llevaron a la habitación. Se sentaron en la alfombra con la comida alrededor y comenzaron a platicar sobre su día, aunque ambas omitieron algunos detalles que no tardarían en salir a la luz.

La noche había caído en Storybrooke. Después de acostar a sus niños, Regina encendió la chimenea, se sentó frente a ella en pijama y con la copa de vino que se había prometido si lograba llegar al final de ese día. Robin se acercó con un plato de lasagna recalentada y se sentó junto a ella. Regina se recostó en su hombro y suspiró profundamente.

-¿Está todo en orden?- preguntó Robin rodeando a Regina con su brazo para acariciar su cabeza y le dió un suave beso en la frente.

-Sí, sólo fue un día pesado- respondió Gina antes de tomar un poco de vino.

Después de un largo silencio, buscó la forma de iniciar la conversación. Quería hablar con Robin sobre lo que le preocupaba, pero temía que no lo tomara en serio o pensara que exageraba. Finalmente, lo soltó.

-¿Cómo estuvo tu día?- fue lo mejor que se le ocurrió.

-Extraño, patrullamos por todo el límite del pueblo y nada raro ocurrió. En la tarde apareció una de las hermanas por ahí, la más joven. Es introvertida, pero no noté nada peligroso, sólo estaba abrumada, Roland la llenó de preguntas- comentó Robin sonriendo.

Afortunadamente, fue Robin el que abrió con ese tema. La chicas le daban un sentimiento de familiaridad, como si las hubiera visto antes, la sensación cálida que llega cuando estás con alguien cercano. Eso le preocupaba, no tenía sentido, eran nuevas en el pueblo y no las recordaba del Bosque Encantado.

-También las conocí hoy- dudó un poco antes de continuar- me siento extraña cuando están cerca.

Robin la miro un poco confundido pero entendía el sentimiento, Sarah le dejó una sensación rara, no duró mucho pero creía entender a qué se refería ella.

-No quería darle mucha importancia pero sé de qué hablas. Siento que ya las conocía de antes, ¿eso es normal?- se preguntó Robin antes de comer un poco más de la lasagna.

-¡Me siento igual! Pero no puedo explicar eso y me frustra, no pude sacar eso de mi mente todo el día.

Regina se sintió aliviada de contarle a Robin. Después de compartir un largo silencio ambos acordaron dejar eso para después, investigarían más de las chicas si era necesario. Las hermanas no eran una amenaza para el pueblo y ellos estaban comenzando una etapa, construyendo una familia y nada podría arruinar eso. Compartieron un poco más de lasagna y vino junto a la chimenea y en su interior agradecieron por esta segunda oportunidad, brindando por la felicidad que esta nueva vida traía para ellos.

En otro lado del pueblo, las hermanas terminaron de cenar. Sarah decidió comenzar a leer uno de los libros que sacó de la biblioteca y Giselle se recostó en la cama pensando en todo lo que había sucedido ese día.

Toda la emoción del automóvil había hecho que olvidara el collar de su madre y ahora no podía dejar de pensar en eso. El señor Gold parecía muy seguro que volvería y Snow había intensificado la curiosidad por el lugar. ¿Y si tenía razón y lo mejor era quedarse? No estaba segura de la opinión de su hermana, así que antes de volverse loca sobre pensando las cosas y su reacción, decidió consultarla.

Después de un largo momento de silencio el cual no parecía molestarle a Sarah, Giselle por fin habló.

-¿Sarah?

-¿Hmmm…? - le contestó un poco distante, con la mitad de su atención en la voz de su hermana y la otra mitad en el libro que estaba leyendo.

-He estado pensando en algo y necesito tu opinión. Qué te parece… si nos quedamos un tiempo aquí?

Sarah se congeló por un segundo sin saber qué responder, puso el libro cerrado junto a ella y ahora toda su atención se concentró en su hermana.

-¿Por qué? Ésto no era parte de los planes- respondió confundida.

Giselle comenzó a contarle de su encuentro con Snow y porque la idea de quedarse no era mala. Tendría que buscar un trabajo, eso les ayudaría a juntar un poco de dinero extra para poder moverse después. Podrían por fin tener la estabilidad que necesitaban, Storybrooke era un lugar tranquilo y no tardarían en acostumbrarse, además Sarah podría explorar el bosque e inscribirse a la escuela, las posibilidades ahora eran infinitas.

Sarah no parecía muy convencida y el silencio que antes le daba calma ahora le generaba un poco de incomodidad. Pensó rápidamente en todas las opciones, estaba de acuerdo que por ahora era lo más apropiado pero la idea de seguir enfrentando aquellas sensaciones extrañas no la dejaba analizar la situación objetivamente. Finalmente, decidió confiar en el juicio de su hermana, estaba segura que todo lo hacía por el bien de las dos.

-No debemos decidirlo ahora, podemos consultarlo con la almohada- soltó Giselle sintiendo la incomodidad de su hermana.

-Está bien, creo que tienes razón. No me agrada mucho la idea pero no parece un lugar tan malo. Podemos darle la oportunidad y si no nos gusta, podemos irnos, ¿no?

Giselle se sentó junto a su hermana y entrelazo su brazo con el de ella recargándose en su hombro.

-Sí, ahora tenemos la libertad de hacer lo que queramos. Solo quiero darle la oportunidad a este lugar, según me dijeron, es perfecto para los nuevos comienzos y eso es justo lo que necesitamos.

Sarah asintió y abrazó a su hermana, necesitaba compartir todo lo que sentía pero encontraría otro momento, por ahora el futuro parecía optimista y no quería arruinar eso.

La noche parecía tranquila en Storybrooke, la luna alumbraba ligeramente el bosque y los grillos cantaban suavemente. La mayoría de sus habitantes dormían sin preocupaciones, el mañana parecía prometedor y lleno de esperanza. Nadie podía percibir aún la oscuridad acechando en las sombras ni estaban listos para lo que se acercaba. Después de todo, los finales felices no duran para siempre.