Un mes después…
Para su sorpresa, no tardaron mucho en adaptarse a la extraña pero tranquila ciudad. Ambas se dieron cuenta de que había algo inusual en el ambiente, pero nunca indagaron mucho en el asunto, pensando que simplemente se debía a que era un lugar nuevo para ellas.
Una semana después de lo sucedido, y una vez que el auto fue reparado, Giselle comenzó a buscar trabajo, no tardó en encontrar uno pues, Gold al enterarse de que el par se quedaría en la ciudad inmediatamente supo cómo cobrar el favor que le había hecho a Giselle.
Los rumores corrían por el pueblo y como siempre, Gold se enteraba de todo. Escuchó a Granny comentando con Ruby que las chicas se quedarían más tiempo del planeado, Belle le contó de una nueva visitante en la biblioteca y en las calles se escuchaban los nombres de las recién llegadas. Una tarde llegó a la biblioteca para recoger a Belle y llevarla a cenar cuando se cruzó en la entrada con Giselle que esperaba a su hermana.
-Señorita Giselle, justo la persona que quería encontrar- saludó Gold con una extraña sonrisa.
-¿Yo?- respondió Giselle, sintiendo la sonrisa de Gold un poco perturbadora.
-Escuché por ahí que decidieron quedarse en Storybrooke, interesante decisión- comentó él.
-Si, según me han dicho es un buen lugar para los nuevos inicios y eso es justo lo que necesitamos- contestó Giselle, notaba a Gold más extraño de lo usual.
Un extraño brillo apareció en los ojos de Gold, Giselle juraba que su piel cambió de color por un instante apenas perceptible. Gold la interrogó un poco más, quería saber si su idea era compatible con los planes de las chicas. Ella estaba un poco nerviosa por la nueva actitud de Gold pero no lo demostró mientras platicaba con él.
-Debo decir que su decisión es muy conveniente para mi. Ya sé cómo cobraré ese favor que me debe, señorita Giselle- dijo Gold sonriendo.
Giselle dudó un momento su respuesta, temiendo que Gold se aprovechara de la situación. Gold interrumpió sus pensamientos.
-Necesito alguien que trabaje en la tienda, no puedo estar ahí todo el tiempo y sería bueno tener una persona responsable a cargo- soltó retomando la seriedad.
Gold le explicó los detalles del trabajo mientras Giselle analizaba sus opciones. Tendría que estar al pendiente de quién entraba y atender a todos, vender cosas, realizar inventarios y sobre todo asegurarse de cerrar la puerta para evitar curiosos. El horario le permitía tener tiempo libre y la paga era más de lo que las hermanas necesitaban. Le costaba un poco confiar en él pero hasta ahora no había pasado nada que le hiciera dudar de la veracidad de su oferta.
-Me interesa, es una buena oferta- respondió Giselle.
-Piénsalo, si aceptas te espero el lunes en la tienda- concluyó Gold abriendo la puerta de la biblioteca para que ambos entraran.
Todos los pasos de Gold estaban calculados, pudo usar ese favor en cualquier otro momento pero no podía perder la oportunidad, quería vigilar de cerca a las hermanas y esta era la mejor forma. Sabía que algo fuera de lo común sucedía con ellas y debía averiguarlo, aún si eso significaba tener a una desconocida trabajando con él. Pronto lograría averiguar la verdad.
Sarah comenzó a ir a la misma escuela que Henry, porque por alguna razón en Storybrooke sólo había una, no le iba mal. Para sorpresa de ambos jóvenes, tenían muchas cosas en común, una de ellas era el gusto por la lectura, por lo que empezaron una especie de amistad, no eran los super amigos, pero se llevaban bien. Gracias a esto, Sarah llegó a visitar algunas veces la mansión Mills, donde aquella sensación extraña la invadía aún más, en el proceso también logró acercarse un poco más a Roland, el pequeño era demasiado energético, lo cual no le molestaba pero a veces la abrumaba demasiado, aún así, le caía bien.
La situación con Regina y Robin era otra historia, ambos adultos en muchas ocasiones mostraron interés en acercarse un poco más a la muchacha, pero por más que intentaban y le hacían preguntas, Sarah solo se limitaba a darles respuestas cortas y hacer el menor contacto posible, incluso algunas veces la invitaron a quedarse a cenar con ellos, pero la joven siempre se negaba de manera amable y decía que tenía que regresar con su hermana. Ambos se percataron de que no era con mala intención, por alguna razón, la chica se mostraba un poco incómoda cada vez que ellos se acercaban a ella.
-¿Podría ser que tal vez ella también tenga esa extraña sensación cada vez que nos vemos?- le preguntó un día Regina a Robin mientras terminaban de lavar y secar los trastes de la cena.
-No lo sé, pero sea cual sea la razón… tendremos que esperar a ver qué pasa, tal vez sólo necesita acostumbrarse un poco más.
-Puedo preguntarle a Henry, si sabe algo me lo dirá…- respondió Gina guardando un plato en el estante.
Robin dirigió una mirada dulce hacia ella y se acercó a abrazarla.
-Tal vez solo seas un poco intimidante para algunas personas- dijo Robin besando su mejilla -deja que nos conozca, es nueva aquí y se nota que es algo introvertida, no hay que forzar nada.
-Tienes razón, tendremos tiempo para conocerla y descubrir que sucede- contestó Regina dejándose llevar por el abrazo de su prometido.
Por otro lado, Sarah siguió visitando la biblioteca con regularidad y cada vez que iba platicaba con Belle sobre los libros que acababa de leer o de cómo iban las cosas con su hermana, no tardaron en volverse cercanas, aunque Sarah no lo quería admitir, le recordaba un poco a Lucy.
Giselle también terminó conociendo a Belle un día que fue a buscar a su hermana en la biblioteca, de vez en cuando se encontraba con Snow, quien siempre le preguntaba qué tal se sentían en la ciudad, Emma un día le dió un pequeño tour por todo el pueblo, solo para que se diera una idea general de dónde estaba todo, iba con otra persona, un tipo con los ojos delineados que, por lo visto, no se sentía cómodo con su presencia, Giselle decidió ignorarlo todo el camino y concentrarse en todo lo que Emma le decía. Y, a veces, veía a la Alcaldesa en Granny's cuando iba a recoger su pedido usual, pero con ella no había tenido oportunidad de hablar en lo absoluto después de aquel día, parecía que la Alcaldesa siempre tenía prisa, pero le parecía alguien amable dentro de todo.
Ahora, un mes después de haberse mudado oficialmente a Storybrooke, Giselle al fin había podido ahorrar lo suficiente para poder comprar una pequeña casa para ella y su hermana y dejar de vivir en Granny 's que, no estaba mal, pero quería algo más estable y que fuera de ellas. De momento se encontraban empacando sus cosas para mudarse a la nueva casa.
Storybrooke volvía al ritmo de siempre, casi todos los habitantes se habían acostumbrado a Giselle y Sarah, algunas personas incluso las saludaban y sonreían al pasar. Mientras, en la mansión Mills, se vivía la tensión por la planeación de la boda. La pareja estaba abrumada por la cantidad de pendientes, nadie les dijo que sería tan complicado.
-¿De verdad crees que es necesario?- señaló Robin en uno de los cientos de catálogos que se encontraban sobre la mesa- No creo que necesitemos mariposas o palomas al final de la ceremonia.
-Snow se emocionó un poco y trajo todo esto, al parecer si habían cosas que pudieron quedarse en el Bosque Encantado- respondió Regina poniendo los ojos en blanco con una ligera sonrisa.
-Me gusta la idea de hacerla sencilla, aunque podríamos tener algo original- contestó Robin con mirada dulce.
Roland era al que menos le molestaba. jugando con las muestras de tela para el vestido o acompañando a Regina a comprar cosas. Henry se acercó a la mesa con un par de platos, esa mañana habían hecho la prueba para la comida y el pastel.
-Ésta fue mi parte favorita. Ven Roland, ¿quieres un poco de pastel?- comentó Henry mirando a la pareja, estaba muy feliz por su mamá, nunca la había visto tan tranquila.
-¡SIII!- gritó el pequeño corriendo hacia él.
Los niños se sentaron a comer pastel y la pareja continuó hablando de los detalles. De pronto, sonó el timbre. Snow, Emma y Belle fueron esa tarde para ayudar un poco con la organización de la boda, sentían que Regina estaba abrumada con todo y un poco de ayuda no le caería mal. Se sentaron con una copa de vino a platicar mientras los chicos subían a jugar videojuegos un rato.
-Puedo dirigir un pueblo, ¿por qué esto es tan difícil?- soltó Regina, Robin la abrazó.
-¿De verdad la gente libera mariposas en las bodas?- comentó Robin para intentar levantar el ánimo.
-Es algo hermoso- respondió emocionada Snow -hubiera sido increíble tenerlas en mi boda, aunque habría sido un poco raro después de la interrupción…
Snow miró a Regina con complicidad y simplemente soltaron una fuerte risa, eran tiempos tan lejanos que parecían otra vida.
Después de un rato dedicado a la boda, los chismes de Storybrooke empezaron a fluir y sin poder evitarlo, el tema de la mudanza de las chicas salió.
-Haré la pregunta que nadie se ha atrevido a hacer- comentó Emma mirando a todos -¿Vamos a hablarles de los secretos del pueblo?-.
Todos voltearon hacia Belle, era la que más había convivido con al menos una de las chicas.
-No sé cómo lo tomarían… - respondió Belle a las miradas de todos.
Discutieron el tema un rato y concluyeron que lo mejor era no decir nada de la magia ni el pasado en el Bosque Encantado o el origen del pueblo, al menos hasta que las conocieran mejor. Todas acordaron comentarlo a David, Hook y Gold para estar todos al tanto. La noche terminó con una cena simple y las chicas volviendo temprano a casa para informar lo sucedido. Robin y Regina abrieron otra botella de vino y se quedaron un rato más junto al fuego mientras los niños dormían. La noche fue perfecta.
Lo que nadie sabía era que algo o... ¿tal vez alguien? los observaba desde las sombras, esperando…
