PERDONEN LA DEMORA.

Los personajes de Saint Seiya (Clasico, TLC, ND, Episodio G y Omega) no me pertenecen


Pirata.

Jabu caminaba por alguna de las alas alejadas del palacio, tenía esa mala costumbre. Pero como le decía su experiencia, nunca se hablaban cosas importantes cerca de los oídos del emperador.

-Tenemos que matar al pirata antes que se vaya de lengua ante el emperador -Jabu se quedó dónde estaba mientras escuchaba las voces. Hablaban de matar a alguien que tenía información para el emperador y según lo que escuchaba lo harían durante la noche. A cobijo de la oscuridad, al parecer "el pirata" tenía la costumbre de salir a caminar durante el abrigo de la noche.


-¿Un pirata? -Milo le miro algo perdido, lo mismo Regulus y Yato.- ¿Estás seguro que escuchaste eso?

-Se referían a esa persona como "el pirata"... Supongo que será un sobre nombre clave... -Jabu estaba algo molesto por que Milo no creyera en sus palabras. -Hablo en serio Milo.

-Y te creo... solo que no logro imaginarme a quien pueden apodar "pirata".

-¿Albafica? -Los jóvenes miraron al castaño- Digo... parte de las funciones de la legión de Lugonis están en el mar... El controla parte de la flotilla marina. Puede que se refirieran a él. -Milo realizo una pequeña mueca.

-Esperen aquí, mientras averiguo. Puede que alguien pueda decirme algo...

-Suerte con tratar de sacarle información a su padre- Gruño Regulus, sabiendo a quien se refería. Milo se detuvo y pareció meditarlo un poco.

-Regulus, ve con tu padre y consúltale a quien algún soldado llamaría "pirata". No le digas la causa -El chico le miro sorprendido- Dile que solo lo escuchaste y ya... Inventa alguna escusa. -Miro a los hermanos- Jabu, ve con Calvera y tu Yato con Sísifo... -Ambos hermanos asintieron.

Habitación del palacio.

Miro su espalda y dejo salir un pequeño gruñido, le había dicho a su dulce flor que era suyo... Pero de ahí a dejarle las claras marcas de propiedad había un pequeño gran paso. Su esposa le había dejado las marcas de las uñas por toda la espalda y eso sería una molestia durante el día. Se corrió un poco el cabello y se encontró con una pequeña señal de los besos de esta. Eso era más discreto que las líneas que surcaban su piel.

Tenía que reconocer, que las Antárticas sabían marcar territorio. Sonrió de lado, su esposa había dejado bien claro que él le pertenecía... Él era un pirata, pero un pirata que había sido domado por la más hermosa de las doncellas del Imperio de Antares. Un pirata que había jurado fidelidad a su amada a la que jamás, no importara que pasara, seria infiel. Ella había robado su corazón, de la misma forma que él durante años había robado tesoros en alta mar...

-Mi hermosa golondrina... Me has robado hasta el alma... -Susurro antes de ponerse la camiseta y luego comenzar a colocarse el resto de la armadura.

Tener un matrimonio secreto, para ambos era por demás excitante (Ella por causa familiar y el por ser un importante militar). Hacerlo de forma clandestina, como si fueran dos ladrones que cometían el peor de los delitos le otorgaba un mejor sabor a los encuentros que sostenían. Por suerte ella estaba cerca, así que podrían darse varios de esos placeres mientras tuvieran oportunidad.

Fingir no ser nada cuando están en público, tratarse como meros desconocidos ante los testigos y luego mostrarse todo el cariño que se tenían en la oscuridad de alguna discreta habitación. Pensando en ello, se dirigió al despacho del emperador. Nadie sospecharía que esa discreta sonrisa traía varios profundos secretos detrás.

Despacho de Kardia, Palacio de Acrab.

-Padre. -Milo entro y se acercó a su padre. Este ni siquiera levanto la mirada del pergamino que leía- Papá.

-Estoy ocupado y tienen que venir los generales, más vale que sea importante porque no te quiero aquí con ellos.

-No es la primera vez que escucho charlas que sostienes con los generales...

-Ionia va a estar presente, no te quiero aquí cuando él este. -Su padre dejo la pluma a un costado y le miró fijamente a los ojos. -A pesar que lo sé, no tengo pruebas contra él. -Milo separo los labios para decir algo- Las palabras de tus amigos, no son suficiente... Ellos mencionaron a los capitanes, en ninguna de las dos versiones dice que Ionia y el otro tarado fueron los que dieron las ordenes -Milo apretó los labios, su padre tenía razón. Que encabezaran las legiones, no les hacía responsables de los actos de los capitanes. Escucho ruido al otro lado de la puerta. -Adelante.

-Por lo que veo estaré presente... -Los generales se quedaron helados al toparse con el príncipe en persona. -¿Quieres que me retire o atormentare con mi fantasmagórica presencia a aquellos que creen que estoy muerto? -Pregunto en tono helado y mirada de la misma índole a su padre.

-Como ven, mi hijo está vivo -Kardia realizo una mueca, conteniendo la risa ante la cara de los generales que terminaban de ingresar al lugar. No creía que Milo se acordara, de que alguno de los presentes había llegado a creer que había muerto de pequeño.

-Veo que su alteza, heredo el sentido del humor del emperador -Comento Harbinger conteniendo el tono burlón y siendo lo más serio posible. -Qué pena que no aposte, veo que si estaba en lo cierto...

-Disculpe, general Taurent, pero ignoro a que se refiere -Milo le dedico una helada mirada, mientras Kardia sonreía para sus adentros.

-Su alteza es el escorpión azul. -Puntualizo el grandote, sacando una mueca socarrona a Milo.

-Supongo que debo de presentarme, para aquellos que no me conocen y solo han escuchado rumores -Milo cerro los ojos, mientras pensaba muy bien lo que estaba por hacer- Mi nombre es Milo y soy su futuro emperador -abrió los ojos y paso los ojos por los generales presentes, todos menos Lugonis.- Y mi opinión de ustedes, sigue siendo la misma que exprese en la carta. -Fudo arqueo una ceja, sabía muy bien para quien iba esas palabras. -Si me disculpas, tengo que atender mis propios asuntos padre. -El joven realizo una leve inclinación hacía su progenitor y luego miro a los hombres- Si algo le pasa a mi padre, estando ustedes con él. Los haré colgar a todos, me importa poco quien sea el responsable. -Los generales le miraron sorprendidos- Su deber es cuidarlo. -El chico se retiró, cerrando las puertas tras sí.

-Me pregunto a quien habrá sacado ese temperamento... -Comento Kardia burlón, ganándose miradas contenidas de los generales.- No me miren así, yo no le dije que empleara esas palabras... Pero ténganlo presente, ninguno de ustedes tiene la confianza de mi hijo. -Puntualizo.

Habitación de Milo.

-¿Y? -pregunto cuando los otros volvieron.

-Mi padre dijo que ignora a quien podrían llamar así -Regulus realizo una mueca- Algo me dice que sospecha a quien se podrían referir los soldados.

-Sísifo se rió y me dijo que seguramente se trataba de otro soldado que estuvo haciendo "travesuras"- Acoto Yato.

-No encontré a Calvera, según me informaron salió del castillo en compañía de Geist. Regresara en unas horas- Informo Jabu.

-En ese caso, le preguntare a otra persona -Milo salió de la habitación, dejando con la duda a los más jóvenes.

Estanque, jardines. Quince minutos después.

-Teniente Albafica -El hombre se dio vuelta y se topó con el príncipe.

-¿Necesita algo su alteza?

-Sí, escuche algo y quiero saber si puedes aclarármelo.
-Con gusto lo haré si está dentro de mis conocimientos.

-Sabes de alguien al que puedan apodar "pirata" los soldados... -El joven entorno los ojos.

-Me hago una idea y sospecho del contexto en que fue formulada esa expresión.

-¿A quién crees que apodan de esa forma? -pregunto Milo, ignorando las palabras del teniente.

-Al general Fudo Myo Acala. -Milo se quedó sorprendido, no entendía por qué alguien como Fudo, siempre tan sereno y tranquilo, podría ser apodado pirata- Antes de ser un miembro valioso del ejército, el general Myo Acala era un pirata. -El chico abrió la boca para decir algo y luego la cerro- Es hijo de uno y una mujer de puerto... -Milo sabía muy bien que se refería a una ramera. - El general Fudo tiene 29 años... De los 6 a los 20 fue un pirata. Su padre, el pirata, Daiitoku Myo Acala, lo tenía en un principio en su tripulación, luego Fudo hizo de las suyas por su cuenta... -Dejo salir un suspiro- Vuestro padre, le tiene prohibido a Fudo acercarse a un barco, por eso le tienen en parte de la frontera entre Hindis y Bluegard... -Bien lejos de los barcos y el mar.

-No termino de creer lo que me estás diciendo. -Milo estaba casi en shock, su padre jamás había mencionado ese detalle del hombre. Incluso le había dicho que Fudo era uno de los más leales.

-A pesar de su gran prontuario delictivo, sé que el general Myo Acala es un hombre honesto y leal. -Le sonrió de lado para no preocupar al chico, tal vez debería haberlo consultado con un superior primero- Jamás haría algo que pusiera en peligro la vida de su padre, el emperador.

-Lo van a matar. -Albafica le miro algo sorprendido -Me llego, de fuente confiable, que algunos soldados hablaban de "al pirata" esta noche. Cuando saliera a caminar en solitario.

-¿Dijeron su nombre? -El príncipe negó, por lo cual el teniente dejo salir un gruñido.

-¿Que sucede?

-Con el "pirata" pudieron referirse a cualquiera que formase parte o tuviera algo que ver con la armada...

-Tu, también tienes que ver con la armada -Milo le miro preocupado. - ¿Puedes evitar andar por los pasillos de noche?

-Su alteza, usted no debe pedir a los soldados que hagan determinadas cosas -Albafica le miro atentamente- Debe ordenar.

-Pues te ordeno, que no salgas de noche a menos que sea estrictamente necesario -gruño Milo, la idea de andar dándole órdenes a mayores le chocaba un poco. Albafica sonrió levente y asintió.

-Como su alteza ordene.

-También dile al general Fudo Myo Acala que no salga -ordeno

Habitación de Milo, esa misma noche.

La incertidumbre de saber si se referían o no al general Fudo, no le permitía dormir. Por lo tanto termino levantándose y optando por darse un paseo a caballo. A pesar de toda la oscuridad, y que sin duda su padre se enojaría, necesitaba salir del palacio. Sentía que las paredes se achicaban y que todo se le venía encima.

Establo.

Un quejido le hizo darse vuelta y dejar en paz a su yegua. Corrió al origen del ruido, olvidándose que era el príncipe y que si moría el reino caería en crisis. Su mente le decía que averiguara si alguien necesitaba ayuda y en caso de ser así que le diera su apoyo.


El general Fudo Myo Acala, estaba de rodillas en el suelo. Mientras un hombre tenía su espada contra un lateral de su cuello, otros dos miraban y cinco agonizaban. El rostro y partes del cuerpo del general estaban bañados en sangre, le habían tomado por sorpresa. A pesar que el teniente Albafica Pisco, misteriosamente, le había sugerido que no saliera hoy a dar su típico paseo nocturno. La necesidad de sentir la misma libertad que poseía cuando navegaba por el inmenso mar y transitaba por los grandes océanos le había doblegado... A pesar de la advertencia, había salido.

-Es hora que mueras... maldita rata. -Fudo miro de reojo a su futuro asesino, estaba desarmado y no tenía como defenderse. Una daga se incrusto en medio de la frente de su verdugo y este cayo hacia atrás pesadamente. Se apresuró a recuperar su espada, al mismo tiempo que los otros dos traidores se batían a duelo con el soldado que le había salvado, literalmente, el cuello.

Ambos hombres cayeron, ante la destreza de su rival.

-Gracias por la ayuda. -Fudo se miró el corte en la mano y luego a quien le salvo- Tu nombre -Ordeno, con sutileza.

-Milo de Antares -Al escuchar eso, Fudo sintió que la espalda se le llenaba de un sudor helado y su corazón se detuvo brevemente cuando el joven se quitó la estola. - Pensé que Albafica le había dicho que no saliera hoy...

-Me lo dijo -Fudo puso una rodilla en tierra- pero jamás me dijo que la orden venia de usted, pensé que solo era un comentario aislado.

-Ese fue mi error, no del teniente -Miro fijamente al peli verde- ¿Se encuentra bien general?

-Sí, su alteza, solo sufrí un corte en mi mano. -Informo aun de rodillas- Nada que una venda no repare.

-Ven. -Ordeno Milo, con frialdad, antes de comenzar a caminar.

Estanque.

-General Myo Acala... -Milo le miro, el hombre estaba sereno como siempre. Lo que menos parecía era alguien al que casi estuvieron por matar. -Le puedo realizar una consulta...

-Luego de salvarme la vida, su alteza, puede preguntarme lo que quiera. -Replico el hombre, mientras se limpiaba la sangre en el estanque.

-¿Realmente usted fue un pirata? -El hombre le miro y sonrió ligeramente.

-Sí, lo fui... Hasta que alguien se le ocurrió atacar un barco de Antares, en el que justo estaba su padre. -Milo le miro sorprendido ¿Fudo había intentado robar un barco de la nobleza?- Deje a mi segundo a cargo y me retire a dormir... Al parecer mientras eso pasaba, el vigía vio un barco navegando en la noche y se les ocurrió atacarles por sorpresa... Grande fue su sorpresa cuando se encontraron que dentro del barco estaba el mismísimo emperador de Antares y uno de sus generales... -Se levantó y se secó el rostro con su capa, total era de noche y nadie notaria si quedaba alguna mancha de sangre- Escuche ruido fuera y me levante, pensando que mis hombres estaban teniendo duelos de espadas muy ruidosos, resulto ser que las tropas de su padre invadieron el barco, y cuando salí me topé con la espada de su progenitor en el cuello.

-Eso no lo sabía...

-Pero seguramente sabe lo que dicen de mi madre... -El hombre le miro, por lo cual Milo no replico- Ella no era una ramera, su alteza, era una mujer que había pertenecido a la nobleza... y para evitar cualquier posibilidad de que reclamara algo de lo que por lógica me pertenece... Comenzaron ese rumor...

-¿Nobleza?

-Mi madre, es hermana del rey Asmita.

-¿Fue Asmita el que corrió ese rumor? -El general negó con la cabeza.- ¿Entonces quién?

-Mi abuelo. El propio padre de mi madre, dijo que ella estaba muerta y que era mentira que había tenido un hijo con el pirata que la había raptado, eso en parte es cierto... -Comento con una sonrisa divertida- Mis padres se conocieron porque mi progenitor rapto a mi madre y cobro un rescate por ella... -Dejo salir un suspiro- Lo más chistoso es que se quedó con la dote, el rescate y la princesa...

-¿Dote?

-Mi madre se dirigía hacia su boda, cuando mi progenitor ataco el barco en que ella viajaba... -Milo sonrió divertido, la idea de que el pirata se quedara con todo realmente le sonaba algo graciosa. -Aunque para mi abuelo no fue ningún chiste...

-¿Con quién la iban a desposar? -Si mi padre me arregla un matrimonio lo asesino, se dijo para sus adentros.

-Con el entonces príncipe Manigoldo de Cancro. -Milo le miro sorprendido, como no creyéndolo. -mi madre se iba casar con él por causa de un arreglo matrimonial que beneficiaría a Hindis, a pesar de la lejanía... -Hizo una ligera mueca- Por esas épocas, Cancro controlaba las dos orillas de las cuencas del Vayasrres.

-Y cobraba un peaje a todo navío que quisiera pasar por dicho lugar - Fudo le miro- Mi padre me hizo estudiar historia... Ahora Antares controla una de las orillas y varias de las islas occidentales.

-Exacto, pero en ese entonces... Quien tuviera una hija y la desposara con el príncipe de Cancro se aseguraba el paso libre por la cuenca. -Miro atentamente al príncipe- tristemente, la vida del noble es así... La política condiciona su vida. -Milo entorno los ojos, le parecía que había algo detrás de esas palabras.

-¿Que insinúas? Habla.

-Me llego el rumor, de que su padre le arreglo un matrimonio.

Continuara.