Saint Seiya, Saint Seiya Next Dimension, Saint Seiya the lost canvas y Saint Seiya Omega no me pertenecen.
Perdonen la demora.
Rapto (Parte I)
Jabu caminaba por las calles del agradable pueblo de Acrab, una pequeñísima localidad hallada entre el gran palacio de Acrab y Puerto Tristán. Había salido un poco del palacio, dado que quería buscar una buena cantidad de bayas para prepararle algún bocadillo frutal a Milo. Supuso que el chico, dado que le había ido a llevar un té mientras estaba en el despacho del emperador, le agradecería y mucho que el siguiente estuviera acompañado de algo sólido.
Se le notaba en la cara que tenía mucha hambre y algo le decía que Ilias y Calvera no le dejarían probar bocado hasta la noche. Aunque claro está, siempre estaba la posibilidad de un aperitivo de media tarde.
-Disculpa... -Un niño se le acerco corriendo- ¿Puedes ayudarme? Mi hermano tiene un problema, se le cayeron unos costales encima y no puedo sacarlo... -le atrapo del brazo y alejo a Jabu de su corcel... El pequeño rubio ni tiempo tuvo de decir algo antes de ser arrastrado.
Esa misma noche, palacio de Acrab.
Milo entro a sus aposentos, por fin lo dejaban libre sus amables carceleros. Sentía el estómago pegado a la columna vertebral, luego de salir del despacho de su padre solo había comenzado a pensar en la cena. Se encontró con Alexei y Hyoga que le informaron de la presencia de la hermana del general Fudo Myo Acala. Algo sorprendido por ese detalle, no sabía que el general tuviera una hermana.
También Hyoga le comento que no veía a Jabu desde que este informo que iría al pueblo de Acrab y se había negado a que le acompañara. Milo le había asegurado que no debería de preocuparse por ello, que a Jabu le gustaba vagar por el castillo sin ser visto. Que no por nada era su "sombra" y que seguro aparecería para la cena.
En la ante sala de su habitación le estaban esperando Saga, Shura, Geist y Camus.
-¿Que sucede? -pregunto, al ver los semblantes de todos. Algo en esas caras no eran un buen presagio.
-Jabu, no aparece. -Informo Saga- Ahora Yato y el príncipe Aioria, que estaba aburrido, lo están buscando junto con Alexei y Cristal. -Milo les miro preocupado- ¿Cuándo fue la última vez que le viste?
-Cuando nos fue a llevar té... -Observo a Hyoga quien recién entraba- ¿A qué hora se fue al pueblo de Acrab?
-Después que paso lo de la hermana del general Fudo... -Miro a los mayores- esa fue la última vez que lo vi... Cuando me dijo que iba al pueblo...
-¿Ya lo buscaron por todo el palacio? -Pregunto Milo, rogando que dijeran que NO y resultara ser que Jabu andaba por algún lugar dentro de este.
-Sí, nos estamos reuniendo ahora -Informo Shura en un tono helado- el chico me cae simpático y he revisado todos los jardines del lado norte... No esta.
-Tampoco está en los cuartos de los siervos -Cristal entro en ese instante- y los pocos que reconocen a Jabu, de vista, dicen que no lo han visto. -La puerta se abrió de golpe y Yato entro. Al poco tiempo lo hizo un pensativo Aioria.
-No está su caballo, preguntamos en las caballerizas... a todos los peones y mozos... Dicen que Jabu... salió, pero jamás volvió -Informo Yato, que parecía al borde de un ataque de nervios.
-Pregunte a los guardias de las entradas -Aioria miro a Milo fijamente- se aplica lo mismo. -Su expresión era por demás helada- ¿Existe la posibilidad de que el chico tuviera alguna información relevante?
-Pues sí... Siempre está conmigo. -Milo apretó los dientes, al entender el destino que presagiaba Aioria- ¿A ti que te parece? Me pudo escuchar decir cualquier cosa... -Milo se pasó una mano por el cabello nervioso, él solía decirle muchas cosas a Jabu. Comentarios de pasada, que para él chico podrían significar nada mientras que para otros esas palabras eran minas de oro.
-Entonces, aun está vivo. -Informo en un tono helado el general leonino. -Aunque dudo que este en buenas condiciones... si lo tienen traidores. -Milo tomo una lenta bocanada de aire.- Enfócate en el hecho que está vivo.
-Tenemos que salir a buscarle. -Miro a Yato- prepara a tu caballo, iré por Albafica y Regulus... y buscaremos a Jabu. -Ordeno en un tono helado. Miro de reojo a Aioria.- ¿Qué?
-Pues, sencillamente, no cualquiera manda a secuestrar a un escudero. -Le miro de reojo.- Es poco común...
-Quien mando a hacer esto -Geist le miro entendiendo a que se refería- tuvo que haber visto a Milo y Jabu juntos, haberles visto hablando... En más de una ocasión.
-Tendría que haber notado que el trato iba más allá de siervo y señor -Concluyo Alexei, que justo entraba y escucho para donde iba la conversación- Si le están interrogando, es para llegar a ti.
-Lo de Fudo... -Milo lo pensó un segundo- Fue Jabu el que escucho que planeaban matar a Fudo... -Miro a todos- Solo se lo dije a Albafica... No dije que fue Jabu, pero... Él pudo interpretarlo con facilidad.
-Por favor Milo -Geist le miro, sus ojos estaban de ese azul zafiro de nuevo y Camus lo noto con facilidad.- Albafica no te traicionaría, mucho menos le haría daño a Jabu.
-¿Qué hay de la hermana del general Myo Acala? -Yato les miro estaba de no entrar en un ataque de histeria- Justo llega ella y mi hermano desaparece. Mucha coincidencia ¿No? -Todos se miraron, era mucha coincidencia.
Aposentos de Fudo.
Fudo dejo en paz el mapa y se dirigió a la puerta, antes de echar un vistazo rápido a la silueta durmiente de su hermana. Luego de informar lo que acontecía al emperador, el general había vuelto y se había quedado en la habitación esperar órdenes del hombre al que había jurado lealtad hasta la muerte.
-¿Su alteza? -Miro sorprendido a Milo- ¿Sucedió algo? -Observo a Yato y Shura que venían con el joven.
-Tu hermana ¿Dónde está? -Pregunto Milo en un tono helado.
-¿Acaso robo algo? -pregunto el general con una expresión de ofuscación en el rostro. Se hizo a un lado y les dejo pasar- Ha estado durmiendo... desde que llego... No entiendo en que... -Yato miraba a la chica de reojo, estaba bajo los cobertores de la cama y a las tenues luces de las velas se notaba su rostro agotado.
-Desapareció Jabu, mi escudero -Informo Milo, ahora comenzaba a pensar igual que Yato. La chica parecía muy cansada, capaz que no había salido de la habitación de su hermano desde que este se la había llevado ahí. La mirada de Fudo lo dijo todo, estaba furioso por que se creyera a su hermana culpable. Aunque su furia se contenía muy bien, tras una expresión por demás helada.
-Su alteza. -Siseo en un susurro- MI hermana podrá ser ladrona, eso no puedo negarlo, pero jamás haría desaparecer a alguien. -Cerró los ojos para contener la rabia- Está buscando en el lugar equivocado, dado que ella no salió de este cuarto en ningún momento.
-Lo lamento General Myo Acala -replico el príncipe en un tono helado- pero estamos tratando de dar con el paradero de Jabu y su hermana llego justo hoy con noticias de lo que paso en el "nido de piratas". -El general dejo salir un suspiro- Y usted me dijo la verdad, tranquilamente pueden intentar extorsionarme con que haga un intercambio -el hombre cerro los ojos- No le quite la vista de encima a su hermana.
-Lo haré, no se preocupe -Informo el general.- No necesito que nadie me diga que debo cuidar a mi hermana -Gruño una vez que cerró la puerta.
Pasillos.
-¿Por qué hiciste eso Milo? -bramo Yato, olvidándose que le debía respeto al noble. -Ella puede estar implicada, puede que incluso lo halla planeado.
-Yato -Milo se dio vuelta y le encaro -Vete a tus aposentos y no salgas hasta que ordene lo contrario -el rubio le miro sorprendido y furioso a la vez- con la cabeza ardiente no me sirves de nada, si quieres hacer algo por Jabu. Vete a descansar y déjanos esto.
-¡NO PIENSO DESCANSAR MIENTRAS MI HERMANO ESTA DESAPARECIDO! -Bramo el joven.
-Guardias -unos soldados, que patrullaban los corredores y vieron todo se acercaron- encierren a Yato en los calabozos hasta que regrese. -Yato le miro sorprendido, mientras mentalmente Shura aprobaba la acción- Yato, no ayudas estando furioso. Sé que me estas odiando ahora, pero es lo mejor... por el momento. Cuando estés calmado, te sacare, enojado no sirves. Te lo he dicho miles de veces, cuando pierdes el control, es cuando cometes grandes estupideces. -Le miro con pena- no ayudas a Jabu, estando furioso.
Granero.
El dueño de la humilde granja estaba maniatado en uno de los postes, mientras Jabu se encontraba en uno más cercano al horno que usaba para forjar las herraduras y demás objetos metálicos. El rubio contenía los gritos que ansiaban escapar todo lo posible aunque muchas veces terminaba fracasando.
-Te lo preguntaremos de nuevo- El hombre miro al muchacho- ¿Cómo se llega a los aposentos del príncipe?
-No lo sé. -replico el chico, realmente no lo sabía. No conocía los pesadillos de ese palacio y aunque los conociera, no lo diría- No conozco este palacio... No lo se... ya basta - suplico.
-No te creo. -Informo el hombre en un tono helado.
En el exterior de las humildes tierras, la noche volvió a ser perturbada por el grito de dolor de Jabu.
Palacio. 10 minutos después.
-Ilias, que mi padre no se entere -Ordeno Milo, mientras montaba en su yegua negra- Trataremos de volver, con Jabu, antes que mi padre despierte.
-Se enterara de todas formas. -Notifico el sereno general, preocupado por el bienestar del pequeño rubio temerario.
-Es mejor que se entere estando Jabu dentro del palacio- Milo golpeo los flancos de su montura y salió junto con todos los demás del palacio. Iban a buscar a Jabu desde el pueblo, para ello, Sísifo les había facilitado unos sabuesos. Aunque para evitar levantar sospechas, este se quedaría con Ilias en el palacio.
Pueblo de Acrab. Varias horas después.
-¿Sucede algo? -Aioria iba con Geist y Camus, quien miro de reojo al castaño dorado. Aioria se solía mostrar muy amable con la morena y por alguna razón eso le hacía hervir la sangre.
-Si ustedes secuestraran a un chico, que está claramente cerca del príncipe -La joven le miro con ligero recelo.- ¿Lo tendrían en un pueblo donde claramente podría ser descubierto?
-Normalmente los interrogatorios se hacen en lugares aislados, para que nadie escuche. -Informo Aioria, Camus le miro casi aterrado. No podía creer que lo dijera tan tranquilo- Me he cansado de ver a sujetos desaparecer por ciertos lugares. -Geist no parecía sorprenderle la idea de que Aioria hubiese mandado a alguien a interrogar...
-¿Que insinúan? -Camus le miro de reojo.
-Que Jabu no está en el pueblo. -Geist le miro sus ojos volvían a ser azules.- Lo tienen en el campo... -Hizo que su caballo se detuviera. -En un granero... Lejos de todos y de todo. Donde nadie le podría escuchar pedir ayuda. -Aioria miro a la chica y luego a Camus, los dos escuchaban las palabras ausentes de la joven.- Hay que saber en dónde es ese lugar.
-Tendríamos que avisarle a los chicos. -Comento al fin Camus, antes de mirar a Aioria- A menos que el general Aioria tenga otra idea.
-Si la tengo. -Informo el chico, mientras veía a un borracho. -Claro que la tengo. Me hago una idea de cómo obtener información. Ese amigo tambaleante hizo que se me antojara un trago -Geist sonrió de medio lado, sabía muy bien que el príncipe no iría por un trago al bar más cercano.
Camus miro de nuevo a uno y otro, parecían hablar un mismo lenguaje. Un lenguaje que él no entendía del todo o que su mente se negaba a entender...
El sujeto con el labio partido cayo en frente de Milo, quien ahora llevaba a su montura de la brida, a parte del labio partido tenía unos buenos moretones.
-Si no quieres otra paliza, dile a su alteza... Lo que nos dijiste a nosotros. -El hombre miro colérico a Aioria, Milo vio las manchas rojizas en el guantelete de este.
-Me dijeron que noqueara a un chico rubio... luego de hacerlo le vi el brazalete- Ahí el borracho pareció caer que estaba hablando con el príncipe y de borracho no le quedaba nada.- Me pagaron para hacerlo... yo no sabía que era su siervo...
-¿Donde esta?
-Escuche... escuche... Su alteza no me mate.
-Dijo que lo llevaron a la casa del herrero loco. -Geist observo al hombre con ligero asco, el hedor del sujeto le estaba matando a su sentido olfativo.
-¿Donde? -Pregunto Milo en un tono helado.
-En el campo... ese herrero se la vive haciendo cosas raras. -Regulus con la paciencia colmada desenvaino la espada y la puso en el cuello del hombre.
-¿¡DONDE ES!?
-Por el camino del pueblo... hacia el sur. -Regulus le hizo un gesto a Aioria y el golpazo no se hizo esperar. El sujeto cayó pesadamente al suelo.
Herrería, Granja.
Jabu enfoco los ojos en los dibujos clavados en una de las paredes de la granja. Nunca antes había visto cosas tan raras, trataba de mantenerse despierto mientras sus secuestradores hablaban fuera del lugar. El dueño de la granja, estaba ahora atado en el mismo poste que él.
-Me llamo Lacaille... -Informo el chico en un susurro, haciendo lo posible por no caer en el sueño debido a la paliza hace poco subministrada.
-Jabu.
-¿Que tienes que ver con el príncipe? -pregunto el joven, con apenas un susurro. Le habían dado una soberana paliza, cuando le desataron sus ojos estaban pesados, pronto perdería la conciencia.
-Soy su sirviente... -El chico miro las imágenes- Esos dibujos...
-Siempre quise mostrarle mis inventos al emperador... -Soltó una pequeña sonrisa, mientras sus ojos se cerraban- Pero... todos... -La cabeza del chico se ladeo y quedo inconsciente. Ya su mente no era capaz de estar en contacto con la realidad.
-¿Lacaille?-Escucho el ruido de caballos fuera y como atrancaban la puerta desde fuera. Al parecer el interrogatorio terminaba por esa noche. Algo le decía que nadie iría a la granja de Lacaille. Algo en su mente le daba la certeza que Lacaille estaba solo en el mundo, por eso nadie vendría y por eso ellos habían elegido sus tierras. Miro de nuevo los dibujos de Lacaille.- ¿Me pregunto qué harán...? -A Kardia siempre le interesaba lo nuevo, lo que salía de la norma y algo le decía que Lacaille sin duda ponía mucho empeño en sus inventos.
Alzo la vista al techo y se topó con muchas cosas pendiendo de él. Al parecer Lacaille había tenido mucho tiempo para sacar sus diseños del papel...
Aposentos del Emperador. Al mismo tiempo.
Sísifo, Fudo, Harbinger e Ilias estaban de rodillas a solo unos metros del emperador. Kardia tenía los ojos cerrados, si los abría asesinaría con la mirada a los generales. Calvera estaba junto a la chimenea, mirando con reproche a los hombres.
-Traigan a Milo -Ordeno en un tono helado- No debieron haberle dejado salir. -Es claro que eso es lo que buscan los que se llevaron a Jabu.
Los generales, en absoluto silencio se levantaron y salieron de los aposentos del emperador.
-Kardia.
-Tu también Calvera, debiste haberlo evitado o me hubieras dicho...
-Kardia -La mujer se sentó en la cama del emperador y le miro dijo a los ojos- Solo encerrándolo hubieran podido detener a Milo. Yato está encerrado en una celda, dado que no era capaz de controlar su ímpetu.
-¿Que sucede Calvera? Tú eres mis ojos y oídos en este lugar...
-¿Que le dijo Fudo? Eso no lo he oído.
-Nada bueno, eso me dijo. -Informo en un tono helado- Quiero que te retires, necesito calmarme... -Deposito su mano en su pecho.- ¿Qué tal lo hizo mi chico?
-Lo volvimos loco con Ilias. -Comento la mujer en un tono sereno- Más de una vez parecía tentado a salir corriendo. -Kardia se recargo en las almohadas le hizo gesto de que continuara.- En cuanto a las decisiones tomadas...
Campos.
-Milo. El territorio es inmenso... -Aioria puso su caballo delante del de Milo- No lo encontraremos, con esta oscuridad, además es peligroso seguir buscando de noche. -A pesar de la oscuridad, el castaño sentía la profunda mira de Milo en él.
-Hay que volver Milo -Saga puso su montura junto a la del joven- El camino es larguísimo... y si no sabemos dónde es. Nos tardaremos aún más.
-Jabu... -Milo apretó con fuerza las riendas- Puede estar sufriendo en este mismo instante, mientras ustedes dos me hacen perder el tiempo... Él no me abandono... No pienso abandonarlo.
-No te estamos diciendo que le abandones- Aioria puso su montura junto a la de Milo y le dedico una mirada gélida- Milo, piensa como alguien que tendrá que dirigir ejércitos algún día. -El chico le miro.- Existe algo paciencia, incluso en las peores situaciones se las debe tener.
-¿Y si fuera tu hermano qué harías?
-Ahora que soy un adulto, a pesar que mi carácter dijera que hiciera lo mismo que planeas- dejo salir un suspiro- Como militar, haría lo que me dicta la lógica o sea todo lo contrario a mi impulso básico. -Le miro con pena- Tenemos que esperar Milo, ahora no podemos hacer nada. -Milo cerro los ojos y dejo salir un suspiro.
-Milo, ahora que te diste a conocer -Saga hablo con un tono suave y muy lento- ya no puedes andar por el bosque creyendo que el anonimato te cuidara. Ya no puedes darte ese lujo. Es mejor que regresemos al palacio y organicemos como es debido la búsqueda de Jabu
Continuara.
