PERDONEN LA DEMORA.


El rapto (Parte II)

Milo ingreso a la habitación y observo a su padre, este ya estaba levantado de la cama y vestía ropas del ejército.

-Ayúdame con la armadura -Gruño, Milo en absoluto silencio se dispuso a ayudar a su padre. -Eres un idiota. -No replico nada- Salir así, en plena noche ¿En qué diablos pensabas? -Atravesó a su hijo con la mirada- Exponías tu vida y la de Jabu. Tu muerto no sirves y si mueres ellos pierden el interés en Jabu.

-Pueden estar torturándolo en este preciso instante.

-Puede que no. Más que seguro no sea así -Milo miro a su progenitor.- Si no lo tienen en una dependencia "oficial", lo tendrán en un lugar alejado. Pero no por eso se arriesgarían a estar mucho tiempo activos de noche. -Milo pensó en el dato otorgado por el hombre: "la casa del herrero loco"

-¿Por qué tan seguro? -Miro a su padre a los ojos.

-¿Cómo crees que descubrí quien asesino a tu madre? -El emperador le miro, luego de que Milo le termino de colocar el peto. -Yo no soy un santo hijo y hasta los malos tienen que descansar. En este preciso instante, una persona debe estar vigilando a Jabu con órdenes de matarlo si alguien llega. Una vez mate a Jabu, se matara a sí mismo para guardar el secreto.

-No podía quedarme de brazos cruzados.

-Al parecer, Yato no era el único que necesitaba pasar unas horas en una celda. -Milo no miro a su padre.- Milo, están las buenas intenciones acertadas y las buenas intenciones que te hacen un idiota ¿Cual crees que tomaste?

-La que me vuelve un idiota. -Informo sin mirarlo.

-Exacto. -El emperador tomo su espada y se la coloco en la cintura- Los generales nos esperan, dado que Jabu tiene información relevante sobre tu persona. Recuperarlo es interés de estado.

-¿Tu lo ordenaste? -Milo miro a su padre- ¿Quienes saben?

-Si ellos creen que Jabu sabe algo -Kardia les miro fijamente a los ojos- Utilizaran otros métodos para interrogarlo. Unos que le mantengan más tiempo vivo.

-¿Quieres ganar tiempo? ¿A costa de lo que le pueda estar pasando a Jabu?

-A caso te haces una idea de lo que es planear un rescate -Su padre le miró fijamente a los ojos- ¿O crees que la suerte estará siempre de tu lado? Tú y tus amigos solo tuvieron suerte, todos estos meses solo contaron con mucha suerte.

-Yo...

-¿No lo habías pensado así?-Le observo con ligera decepción- Solo tuvieron suerte, cada cosa que paso al otro lado del rio, en los países enemigos, solo fue una gran cantidad de coincidencias afortunadas. -Milo miro hacia un costado, su padre tenía razón. Solo había sido todo una gran racha de suerte...

-Tienes que ser más precavido, de ahora en adelante, claramente la suerte se me ha acabado.

Pasillo.

-General Leonis -Sísifo miro al emperador- Acompaña a mi hijo a las celdas -Milo le miro como no entendiendo- Que traiga a Yato, pobre chico, mucho tiempo encerrado. -El general asintió.- Ya es hora de que salga.

Prisiones.

Las prisiones del palacio se hallaban justo debajo del ala destinada al servicio, claramente ahí habían sido encerrado los esclavos que se habían negado a seguir algún capricho, o cometido alguna falta, que irritara a algún miembro de la familia real. Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, que al pasar frente a una celda (cuya puerta estaba abierta) ignoro completamente las verdaderas intenciones de Sísifo hasta que fue tarde.

-¿¡PERO QUE...!?-Sísifo lo agarro por detrás y lo arrojo dentro de la celda, antes de poder hacer algo la puerta de hierro se había cerrado con llave. -¡SÁCAME AHORA MISMO!

-Disculpe, su alteza, pero soy general de su padre y obedezco sus órdenes. -El chico le miro con cólera contenida- Mientras su padre viva, las órdenes que usted me dé no tienen que contradecir las de su progenitor.

-¿Él ordeno que me encerraras? -Apretó con rabia los barrotes. - "Yato no era el único que necesitaba pasar unas horas en una celda." -Gruño para sí, le había informado lo que le haría.

-Su padre considere que, su alteza, debe calmarse un poco. -Informo Sísifo, antes de guardar la llave y alejarse por el pasillo. Mientras Milo mentalmente insultaba a su padre: ¡Lo había mandado a encerrar! Dándose por resignado, se sentó al final de la celda. Supuso que el dejarle las armas era por si alguien intentaba atacarlo. Aunque estaba casi seguro que la llave, que tenía Sísifo, era la única que abría esa celda.

Sala de guerra.

Ionia estaba a un extremo de la mesa, Ludwing miraba el mapa del país atentamente. Ilias vigilaba a los dos primeros de reojo, mientras que Fudo parecía muy interesado en el techo. Albafica estaba recargado en una pared dado que estaba en ese lugar en nombre de su superior y progenitor. Kardia y Sísifo ingresaron juntos, ganándose una mirada re celosamente expectante de todos los presentes.

-Mi hijo me confirmo que puede ser que el muchacho posea datos relevantes sobre la seguridad del palacio y la nación. -Informo Sereno Kardia, antes de colocarse en frente de sus generales.- Es necesario recuperar al escudero de mi hijo, es claro que los tienen los enemigos de la corono o algún infiltrado de reinos enemigos.

-Entonces si tiene información. -Ludwng miro atentamente a su emperador, quien negó lentamente con la cabeza.

-No es seguro, puede que haya escuchado a mi hijo hablando con sus Marshals* y puede que no. -Miro a los hombres- Pero como el muchacho pasa mucho tiempo con mi hijo, puede que sepa algo... -Dos de los presentes, vieron con malos ojos que el príncipe ya tuviera a Marshals a su servicio, no era bueno que ya fuera pensando en futuros líderes militares. Dado que normalmente los Marshals estaban involucrados con el ejército.

Ante sala, Habitación de Camus.

-¿Dónde estará Milo? -Camus observo a la chica, quien se encogió de hombros- Geist, puedo hacerte una pregunta.

-Claro. -La chica le miro, estaban solos en el cuarto de Camus. Claramente se ganarían otro regaño por estar en la ante sala de la habitación sin una chaperona.

-¿Por qué tus ojos cambian de color? -Camus le miro de reojo, antes de sentarse en el sillón que enfrentaba al diván en que Geist estaba.

-¿Tu mente se niega a aceptar la respuesta que ya sabes? -el chico dejo salir un gruñido, su mente si se negaba a creer lo que parte de su lógica le decía. Los ojos de la chica estaban verde oscuro, sin ninguna señal del zafiro que anunciaba lo que era capaz de hacer. -Lune no sabe qué puedo hacer esto, creyó que era por los cambios de clima y luz. Guarda el secreto, por favor.

-¿Alguien más sabe? -Camus lo pensó un poco.

-Si -el chico le miro con una expresión por demás sorprendida- Shura. Él fue el primero en notarlo, me dijo que por precaución no dijera nada a nadie. -Dejo salir un suspiro- Camus, te lo pido por favor, no digas nada que puedo soñar despierta con cosas que aún no pasan.

-Tienes mi palabra. -Al joven aun le era difícil asimilar la idea de que la joven fuera clarividente- Si alguien se entera lo que puedes hacer, pueden hacerte mucho daño.

-Lo mismo me dijo Shura, un clarividente real debe quedarse callado en la boca. -Camus se sentó junto a ella y le abrazo con cuidado. - Comencé a tener estos sueños o visiones... como prefieras llamarlo. Poco después de llegar al castillo de Barlog. -El chico sintió como la joven dejaba salir un suspiro.- Cuando comencé a darme cuenta que todo lo que soñaba se cumplía...

-Tuviste miedo -La chica asintió, mientras cerraba los ojos y seguía con su cabeza reposada en el hombro de Camus. Quien no tenía ninguna queja ante ese hecho.- Temías por lo que Lune, podría llegar a hacerte si descubría lo que podías hacer...

-Odio al infeliz, pero no fue un mal "amo" -comento en un tono helado antes de soltarse y levantarse del diván. -Debo ser patética.

-¿De qué hablas? No creo que seas patética. -La chica cerro los ojos y dejo salir un suspiro. -Geist... ¿Qué ocultas?

-Como bien me dijo Lune, unos días antes de escapar, oportunidad de matarlo tuve de sobra. -Camus comenzó a entender para donde iba la joven.- Pero no lo hice, por miedo a lo que podía pasarme cuando él ya no respirara...

-¿Paso algo? -El chico le miro con pena.- No es así...

-Casi, de no ser por Lune. -La chica se acercó una de las ventanas y observo su reflejo en el vidrio.- Me hubiera abierto las venas... No hubiera podido vivir con eso. -La chica observo las estrellas- Mejor voy a intentar averiguar que paso con Milo. -Camus no llego a replicar nada, la joven se había retirado cuando al fin logro despegar sus labios.

Granero. Al alba.

El sol hacia acto de presencia, cuando tres caballos se detuvieron en la parte trasera del granero que pertenecía al "herrero loco". Una de las personas subió al techo, mientras las otras dos se dirigían a la entrada (luego de colocar a los caballos tras la humilde porqueriza).

La puerta fue abierta de una soberbia patada y un sujeto de considerables proporciones quedo a la vista. Sísifo entro con el arco armado, detrás de él sujeto. Al notar que solo estaban los menores, se apresuró a liberarlos.

-Jabu. Ya tranquilo -Le susurro Sísifo, mientras lo liberaba y le dedicaba luego una mirada a Harbinger. -Me ayudas. -Observo los ojos llorosos de agradecimiento del menor aun consciente.

-¿Cargo a este o al otro? -pregunto el grandote, mientras miraba al otro chico muy mal herido.

-Llévalo al regimiento -Ordeno Sísifo, Harbinger tomo con absoluto cuidado al otro joven. -Pobre chico, casi lo matan por su morada. Era completamente innecesario hacerle algo así...-Miro hacia arriba y se encontró con la tercera persona que integraba el grupo. -Ya sabes que hacer, Golondrina. -Jabu quiso mirar, pero Sísifo le cubrió hasta la cabeza con la tapa y lo saco de ahí. -Si le vez, debo matarte. -Gruño- Es mejor que no digas nada de esa "ave".

Habitaciones de Jabu. Palacio de Acrab. Varias horas después.

El chico se sorprendió ante el hecho de que ni Milo ni su hermano se presentaran. Las enfermeras le limpiaron, mientras él continuaba rojo por el hecho de hallarse sin nada de ropa ante estas y el médico, y luego asistieron al doctor Titán en las curaciones. Hizo acopio de toda su fuerza de voluntad, para no gritar cuando el médico le re acomodo la rodilla.

No pudo evitar llorar mientras el medico atendía las claras señales de las horrendas horas sufridas hacia poco tiempo. Ahora estaba postrado en la cama, con las vendas y una pierna entablillada. Por intentar escapar le habían roto la misma.


Escucho la puerta abrirse, en cierta forma se desilusiono al ver que quien entraba era el emperador. Estaba preocupado porque Milo y Yato no hubieran aparecido aun... Incluso los otros, a quienes les tenía simpatía, tampoco habían aparecido.

-Nadie sabe que ya estás de regreso -Informo Kardia, antes de sentarse en la cama y dedicarle una penetrante mirada turquesa- Tu hermano y Milo están en los calabozos, que desaparecieras les hizo tomar acciones algo precipitadas. -Hizo una breve pausa- No tengo intención que los otros sepan que ya estas aquí, pueden decirle a Milo y es mejor que aprenda a mantener la cabeza fría incluso en este tipo de circunstancias...

-Yo...

-No tienes la culpa Jabu -Informo el emperador, antes de quitarle unos mechones de cabello de forma paternal- Lamento mucho lo que tuviste que pasar, juro que buscare la forma de compensarte todo lo que has sufrido.

-No es necesario... -Jabu le miro, realmente dudaba que existiera algo que le repusiera todo el daño que había sufrido.

-Nada repara todo el daño que sufriste -Kardia le miro, bien sabía él que nada en el mundo borraría los recuerdos y las señales del martirio.- Pero aun así. Debo de compensarte por todo lo que has hecho, y soportado, durante estos años. -El hombre saco la daga, cosa que puso en tensión al niño- Tranquilo Jabu, dado que no estás en condiciones para arrodillarte, no quiero usar la espada. -Le sonrió con estima. - Por los servicios llevado a cabo a favor de la nobleza, Jabu Monoceros, te nombro marqués de Lucida. -El hombre apoyo la hoja de la daga en cada hombro del chico.- A partir de ahora, eres un noble. Tú y toda tu descendencia estarán libres de impuestos -El chico estaba absolutamente mudo- Un título nobiliario, no te devolverá la tranquilidad que perdiste, tampoco la sangre y mucho menos borrara las heridas.

-Señor...

-Jabu. -El emperador le miro atentamente- Ayudaste a traer a mi hijo de regreso, has sido los ojos y oídos de mi hijo en el pueblo. Has servido con dedicación a mi familia, mucha más de la que se hubiera esperado de un niño -Le acaricio con cuidado el cabello, mientras dejaba una copia del título nobiliario en la mesa de noche- No te olvides que eres un niño, que aun eres joven... -Abrazo al menor y le acaricio con cuidado la cabeza.- Jabu, vive tu vida. Tomate un tiempo para pensar todo -beso la mollera del niño- Me preocupo saber que no estabas, casi imito al otro idiota -dijo refiriéndose a Milo- y salgo a buscarte. Ya no más sustos ¿Si? -El chico asintió.- Nada de jugar al fugitivo, sé muy bien que debes estar de reposo.

-Sí, señor. -El chico observo al emperador que dejaba su cama.

-Descanse, marques Jabu de Lucida. -el chico sonrió apenas, la idea de tener un título. Se le hacía sumamente extraña.

-¿Cuándo podré ver a mi hermano y a Milo?

-mmm... -Kardia puso cara pensativa- cuando se me antoje sacarlo de las prisiones, ya duérmete Jabu. Seguramente te hace falta, no quiero enterarme que no lo hiciste. -El chico se acomodó las mantas- y no te preocupes por esos sujetos, un pajarito les hará ver lo que pasa cuando se meten con mis seres queridos.

Granero. Al mismo tiempo.

Los gritos de dolor se dejaron escuchar, antes que la muerte les hiciera la última visita. El suelo del granero se tiño de rojo sangre, la mujer miro atentamente los cuerpos. Había matado a todos los hombres que había ingresado a ese lugar. Querían borrar la evidencia de lo que se habían hecho, pero no esperaban encontrarse con que el emperador les hubiera dejado un fatal presente.

Miro atentamente los dibujos en la pared, mientras guardaba una de sus dos espadas.

-Seguramente al emperador Kardia le gustaran estos dibujos raros. -Comento mientras juntaba todos los dibujos, aunque tendría que dárselo a Sísifo y que este se encargara de todo. Ella tenía una imagen ante la sociedad y era mejor que así se mantuviera.

Una vez recogidos los dibujos, fue por su montura y acudió a esconderse al bosque.

Pasillo, esa misma tarde.

Saga y Shura se detuvieron al escuchar la risa, ese era Jabu. Ambos hombres se miraron, a nadie le habían informado que el muchacho estaba de regreso. Tampoco se les había dicho que paso con Milo, aunque ellos no eran nadie para exigirle a Kardia o a sus generales información con respecto al heredero al trono.

Habitación de Jabu.

La luz del atardecer entraba por las ventanas, los dos hombres se asomaron apenas por la puerta entreabierta encontrándose al menor acompañado de una picaresca castaña.

-¿Te cuesta creerlo? -Jabu, rojo por la risa asintió- Pues cuando puedas pregúntale a mi hermano, veraz que es cierto.

-¿Enserio paso así? -A Jabu la compañía de la castaña le estaba asentando bien, luego de tanto martirio. Reír un poco le sentaba bien.

-Sir Tonto, respondedle al chico. -Vieron que el monito negaba con la cabeza- Sir Tonto, tenía que decir que sí. -El monto asintió, siguiendo con su mirada el movimiento de la mano de la chica. Esta estaba sentada en la cama de la chico, acariciando la cabeza del mono.

-¿El mono se llama Sir Tonto? -El chico le miro aun tentado, por lo que fuera que la chica le hubiera dicho antes.

-Su nombre completo es Sir Capuchino Monito Tonto de La Banana. -Jabu intento reprimir la risa- Pero para resumir es Sir Tonto o Tonto. -Informo con el tono más serio y protocolar que podía realizar.

-¿Quién le puso ese nombre? -pregunto el menor, al que las costillas rotas comenzaban a doler por la risa.

-¿Sabes guardar un secreto?

-Sí.

-Fudo.

Calabozos. Al mismo tiempo.

Milo estaba mirando el techo, pensando que podría estar pasando a Jabu mientras su padre le tenía ahí encerrado.

-Le pueden estar torturando ahora, mientras yo malgasto mi tiempo en este lugar -Cerro los ojos. Estaba calmado, pero aun así muy preocupado. Comenzaba a pensar con frialdad todo, como poder organizar la búsqueda y asegurarse la pronta recuperación de su leal amigo.- Tengo que salir de aquí y encontrar a Jabu. Saber dónde es que vive ese tal herrero. -Dejo salir un suspiro- si hubiera actuado con calma desde un principio, ahora seguramente ya hubiera dado con Jabu. -Un buen emperador, sabe mantener la cabeza fría incluso en los peores momentos. Se dijo para sí.

Escondite de los rebeldes, Reino de Crux.

-Las tropas están listas -El general Shiryu miro a sus camaradas.

-Los aliados solo esperan nuestro mensaje. -Informo la general Aquila- Enviare a Touma con el mensaje, es mejor poner al tanto a los aliados de la condición de nuestras tropas.

-Es hora que demos inicio a la guerra por la libertad de nuestro pueblo. -El general Dohko miro a los otros presentes- Ya es hora que nos liberemos de las garras del Imperio Negro. Es hora que devolvamos el trono a nuestro legitimo rey.

Continuara.


*Marshals es mariscales en Danes.

Monoceros es el nombre de la constelación de Unicornio.

Lucida es una estrella de Unicornio.


Mono Capuchino es una especie propia de Sudamérica.