Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. PERDONEN LA LARGA DEMORA.


Ser y sentir.

-Milo, ni sueñes que te haré caso en algo así -Yato se cruzó de brazos, Regulus le miro sorprendido. No podía creer que Yato le hablara en ese tono al príncipe.- Iremos contigo, te guste o no. Si quieres que se quede Jabu, pero yo iré a tu lado. No importa si debo seguirte al mismo infierno, dado que ya te ido a buscar a él. -Sentencio en un tono helado. Milo solo le miro de reojo y se retiró.

-¿No piensa ordenarte que no le sigas?

-Sabe que no acatare la orden...

Terrazas, Palacio de Acrab.

-¿Cómo será?

-¿Quién?

-La persona con la que me casare...

-¿Por qué me preguntas a mí?

-Pues...

-Camus, tanto no veo y tan fácil no es... -Geist miro con fastidio a Camus- No es como tú te imaginas.

-¿Y cómo es?

-Difícil de explicar-Le miro de reojo -y deja de preguntarme ese tipo de cosas, ya te he dicho que no veo tan así... -Camus miro de reojo a la joven, cada vez que la tenía cerca sentía algo extraño en su pecho ¿Acaso se había enamorado?

Pero una voz en su mente le decía otra cosa, algo que le hacía mal, que podría estar enamorado de ella... Pero jamás tendría el corazón de la ex sacerdotisa. Él jamás tendría el corazón de la joven para sí y eso lo hacía infeliz.

Llevo su mirada hacia el sol que se ocultaba, dando paso a la inmensa noche.

Palacio del Sol, Imperio de los Leones. Al mismo tiempo.

-¿Que te sucede? -Aioros miro de reojo a la mujer- ¿Acaso estas nerviosa?

-¿No debería de estarlo? -pregunto la joven, mirando de reojo al de ojos esmeralda que le observaba con ternura. -Nunca se tarda tanto... -Y eso me pone más nerviosa aun.

-Li... Tranquila -El joven príncipe se paró delante de ella y le tomo delicadamente del mentón- Te aseguro que mi padre no dirá nada malo al respecto -Porque todo el tiempo me ha estado dando a entender que te aprueba como esposa, se dijo para si- además son muy pocos lo que saben de qué nos casamos.-Acaricio con cariño el cabello de su esposa- dudo que se haya enterado. Se lo diremos nosotros, ahora, en privado. -Miro el trono vació de su padre- Tranquila. -Se acercó a ella y le dio un beso delicado en los labios.

-¿Interrumpimos algo? -Aioros sintió como Lithos inmediatamente se tensó. Al mirar sobre el hombro de la joven vio a su padre acompañado de otros miembros de la corte. Izo le dedico una mirada de disculpa, no había podido adelantarse y prevenir a los enamorados.

-Emperador. -Dijeron ambos jóvenes al unísono, mientras realizaban una reverencia al monarca que se acercaba a ellos con una expresión indescifrable.

-Ese es tu collar, Aioros. -Comento distraído, como si fuera algo mínimo, luego de ver la pieza de oro pendiendo del cuello de Lithos- ¿Algo que debería de saber?

-Me case con Lithos antes de regresar, padre. -Los rumores por lo bajo por parte del séquito no se hizo esperar. De reojo Aioros vio que Lithos estaba sumamente tensa.

-¿Y con la aprobación de quien desposaste a la señorita Chrysalis? -Pregunto en un tono por demás sereno. Como si lo que su hijo le estuviera diciendo en ese preciso momento, no fuera de importancia para todo el reino.

-No necesito que tú me digas a quien debo amar, mucho menos tu permiso para decidir si me caso o no. -Replico Aioros, en un tono por demás helado. Si su padre pensaba ponérsela difícil no le daría el placer ¿Acaso había cambiado de opinión?

-Ya veo. -El emperador embozo una de sus muy extrañas y raras sonrisas, antes de proseguir su camino hacia el trono- Heraldo. -El hombre no tardo en colocarse a diez pasos del rey- Que se haga saber que mi hijo, el príncipe Aioros, se ha desposado con Lady Lithos Chrysalis, general de la quinta legión.

-Sí, señor. -Se apresuró a responder el hombre, antes de salir de ahí a paso presuroso.

-No por importunar al joven príncipe y su... flamante esposa- Comenzó uno de los integrantes del séquito- Pero los príncipes necesitan una aprobación real para desposarse con una extranjera.

-Ampaliak es parte del imperio, por lo tanto Lady Chrysalis no es una extranjera. -El emperador le miro de reojo, mientras los tres jóvenes nobles (Aioros, Lithos e Izo) se preguntaban que se traía el político entre manos.

-Señor, veo que me mal entiende.

-Lord Polis -Lithos se cruzó de brazos, Aioros y Káiser arquearon una ceja. Que la joven hiciera eso siempre fue mal augurio para quien fuera destinatario de sus palabras- ¿Usted acaso no tiene una hija en edad de casamiento? -El hombre no dijo nada- Si no me equivoco, ha intentado desde hace años hacer que su hija se despose con Aioros o Aioria. -El lord apretó los labios, mientras la general se le acercaba haciendo resonar el tacón de su armadura a cada paso en el silencioso recinto- Le aseguro, que todos aquí sabemos que trae entre manos. Quiere la nulidad de nuestro casamiento, para seguir intentando convertir a su hija en la futura emperatriz. -Sus ojos se entornaron un poco- ¿Quiere que le diga que me prometió Aioros minutos antes de casarnos?

-¿Qué? -pregunto en un tono helado el emperador, ya se hacía una idea que imprudencia había prometido Aioros.

-Que rechazaría el trono. -Todos, incluso Izo, pusieron semblantes de sorpresa ¿Habían escuchado mal?- Si ella me lo pide. -Concluyo Aioros, en un tono sereno.- Ella siempre me había rechazado, por la cuestión de que algún día seria emperador. Nunca busco la posición política que ser mi esposa le otorgaría.

-Lord Polis ¿Sabe cuál es el origen de mi apellido? -El hombre guardo silencio- ¿No? -Miro a Káiser- Emperador, puede decirle a Lord Polis lo que significa que me apellide Chrysalis.

-Es la última integrante de la casa real de Ampaliak.- Izo miro a la mujer, sorprendido. Aioros contuvo la mueca de sorpresa, mientras los susurros comenzaban a circular nuevamente.- Ella ya era princesa mucho antes de desposarse con Aioros. -Káiser hizo un breve silencio- Bueno, reina. -Se corrigió- Lithos Chrysalis es la dueña de todas las tierras que se hallan al sur de la muralla. Todo Ampaliak se halla en la palma de su mano.

-¿Reina? -Repitió el sorprendido Lord.

-Si, por lo tanto Aioros ahora es el Rey de Ampaliak. -La chica le miro entornando los ojos- Al norte de la muralla, es el príncipe Aioros... Al sur el rey Aioros I. -hizo una pausa, evitando observar a Aioros, sabía que este tendría razones para no hablarle de ahora en adelante- Yo no busco una posición política y no me interesa ningún trono, porque ambas cosas ya las tengo. -Avanzo un último paso y se quedó a pocos centímetros del Lord- Y aún hay gente en Ampaliak, Laurus nunca cayo. -Gruño, tenía que irse, si seguía ahí dejaría salir la rabia contenida en un puñetazo. No se soportaba la mirada de estúpido del Lord.

-Qué carácter el de mi flamante nuera. -Comento Káiser, mientras aprobaba con la mirada las palabras de la joven.- Que lastima que la gran mayoría de los aquí presentes, nunca fueron amigables con ella. -Lithos le lanzo una mirada fría, antes de realizar una reverencia y retirarse.- Procuren olvidarse de favoritismos, ella no sabe lo que es eso. -Miro a Aioros- ¿Y mi nieto para cuándo?

-Aun no padre. Hace solo semanas que estamos casados -Replico el príncipe con las mejillas prendidas fuego. Las palabras de Lithos le habían hecho bajar la guardia y su padre había sacado provecho de eso.

-Tu madre quedó en cinta a las dos semanas del casamiento -Dijo este como si nada.- No pongas escusas. -Replico en el mismo tono.

-Me retiro, padre. -El joven realizo una reverencia y salió del salón rojo por la vergüenza, mientras Izo hacia un esfuerzo para no estallar en risas.

Habitaciones.

Aioros abrió la puerta, algo le decía que ella había ido a ese cuarto y no al de él. A fin de cuentas, no había habido intimidad entre ellos durante el viaje. A lo sumo se habían besado o él la había abrazado. Pero no habían compartido cama en ningún sentido.

Lithos estaba sentada en un sillón de orejas, con el codo derecho apoyado en él apoya brazos y el mentón apoyado en la palma de la misma mano.

-No quería que te enteraras de esa forma -susurro mientras cerraba los ojos y dejaba de mirar por la ventana- No se por qué reaccione así, pero lo hice. Ese sujeto me puso furiosa... -Hizo un breve silencio- Si estas dolido, lo entiendo. Si no quieres hablarme, también lo entenderé. Si dejas de amarme, lo tengo merecido.

-Li... -Aioros se arrodillo a su lado- No estoy dolido, tampoco dejare de amarte. Mucho menos te haré la ley del hielo. Te conozco y sé que sin duda tienes tus razones para haber guardado silencio con respecto a ese "detalle".

-¿Llamas "detalle" a algo que siempre odie?

-¿Odiar? -le miro sorprendido, no creyó que Lithos fuera odiar su pasado.

-Yo no pedí ser princesa, mucho menos ser la heredera al trono... Mi abuela llego al día siguiente de la muerte de mi abuelo a decirnos que seriamos reconocidos dentro de la casa real una vez más. -La joven abrió los ojos y le dedico una mirada entristecida a Aioros- Tuve que olvidarme de todo lo que amaba, dado que tenía que ser una princesa a partir de entonces.

-Dejar la granja y dejar de ser una campesina. -Concluyo Aioros.

-No, dejar de ser quien era. -La chica le miro con una absoluta tristeza en los ojos- ¿Cómo te sentirías si de golpe te arrebatan todo lo que eres y te imponen una vida que no deseas? -Cerro los ojos y una lagrima cayo de su mejilla- Mis amigos dejaron de ser mis amigos, a partir de entonces yo no era Lithos era "su alteza". -Otra lagrima cayo- Ya nada era igual, ya nada me parecía lo mismo... Las sonrisas me parecían falsas, por más honestas que fueran... La palabra más cálida, la sentía fría.

-¿Por eso no querías aceptarme? -No quería por lo que paso cuando era niña, no porque no me amara.

-Seria revivirlo todo una vez más... -La joven miro con pena a Aioros, mientras este limpiaba con sumo cuidado las dos lagrimas indiscretas- Si, por eso no quería. No era por no amarte, era por miedo a lo mismo.

-Li. -Aioros se sentó en el apoya brazos libre y la rodeo cuidadosamente con sus brazos.- Ya te lo he dicho, si tú me lo pides, le sedo mi trono a Aioria cuando llegue el momento.

-No.

-¿Por qué no?

-Por qué te han preparado desde niño para que ocupes ese puesto. -La chica le miro- Tu vida siempre ha sido la del futuro monarca, no puedes negar lo que eres por un simple capricho mío. -Le miro a los ojos- Ya se me pasara. Todo pasa.

-Mi amor por ti, no pasara jamás. -Le informo el joven con ternura.- Tranquila, yo estaré a tu lado... Siempre.

-Aioros, tu siempre fuiste un joven especial. -El castaño sonrió, mientras acariciaba el cabello sedoso de su esposa.- Gracias por comprenderme...

Mañana siguiente.

Aioros despertó, encontrándose primeramente con la imagen de su flamante esposa dormida. Se movió apenas en la cama, no quería despertarla. Iba a salir de esta, pero se detuvo ¿Y si se despertaba y se desorientaba? En la noche, se habían demostrado físicamente (por primera vez) el amor que se tenían mutuamente. Una sonrisa se presentó en sus labios al recordar como ella susurraba su nombre mientras se amaban. Siempre tan discreta. Incluso en la cama.

Sus mejillas sonrojadas, sus ojos zafiro brillantes por el placer...

Podría ser que ella se asustara cuando despertara, podría confundirse sin duda. Miro sobre su hombro y noto que sin duda los dos estaban en igualdad de condiciones.

Se volvió a meter bajo las sabanas y se acurruco contra la espalda de ella, escuchando el latir del corazón y sintiendo la fragancia de su piel. Todo eso era un absoluto placer para sus sentidos. Le sintió moverse ligeramente. Ya estaba despierta.

Le escucho dejar salir un suspiro ¿Acaso le creía dormido? Le dio un beso entre ambos omóplatos, le observo tensarse rápidamente y al mismo tiempo relajarse.

-Creo que te desperté. -Susurro Aioros, antes de aproximarse a ella y ronronear levemente al oído.- Perdona.

-Siempre despierto temprano. -Susurro la joven, con las mejillas sonrojadas, al sentir nuevamente la proximidad de Aioros- Dime que estas vestido. -Suplico en un susurro, tratando de no sonar avergonzada.

-No. -Aioros contuvo la necesidad de dejar salir una risita- Tu tampoco lo estas. -Al mirar noto las mejillas prendidas fuego. La chica sabía muy bien que le faltaba la ropa, pero aparentemente había estado rogando esos breves segundos que él estuviera vestido.- Voy a salir de la cama...

-No te preocupes, no voy a mirar.

-¿Eh? No lo decía por eso. -Aioros embozo una sonrisa, mientras se preguntaba cómo era posible que Lithos fuera tan vergonzosa. Si siempre había sido una mujer absolutamente fría.- Si quieres quedarte en la cama, puedes hacerlo.

-Cuando te hayas vestido y retirado del cuarto, saldré de la cama. Aioros contuvo la necesidad de recordarle lo que habían hecho durante la madrugada y la noche pasada.

-Que vergonzosa que eres. -Dijo Aioros, mientras salía de la cama y se cubría con una bata- Supongo que tu ropa sigue en tus aposentos... Mandare a una doncella a traértela. Dudo que quieras ir a buscarla tu misma, ahora. -Escucho como la peli verde dejaba salir un suspiro, le pareció que estaba conteniendo el insulto. -Tranquila Li, te esperare para desayunar.

Comedor. Un tiempo después.

-¿Dónde estará? -Susurro Aioros, mientras movía la cuchara dentro de la delicada taza de porcelana.

-¿Quién? -Izo entro y miro al joven- Si hablas de Lithos, se fue en su caballo. -Aioros dejo salir un bufido.

Esa misma tarde.

Encontrarse con el semblante de pocos amigos de Aioros, sin duda le sorprendió un poco. Izo se había desaparecido, sin duda había encontrado algo mejor que hacer para no estar cerca del heredero al trono en ese preciso momento.

La joven no sonrió ni realizo una mueca, ante la helada indiferente mirada de su esposo. Había salido a cabalgar porque necesitaba a su mente despejada. Una parte de ella se negaba a terminar de aceptar que ahora era una mujer casada.

Aposentos de Aioros. Esa misma noche.

-No, ni lo sueñes -Dijo apretando los dientes, ahora entendía por qué no había dicho nada y había controlado su carácter como solo él sabía hacerlo.

-Me lo debes por lo de irte sin avisar. -Replico Aioros, sabía que eso haría rabiar a Lithos. Odiaba con toda su alma los vestidos y por eso se vengaría de esa forma.- Sera tu primera cena como princesa del Imperio ¿Por qué no quieres llevar vestido?

-Aioros ¿Alguna vez usaste un corsé?

-Obviamente no, soy hombre y eso es prenda de mujer.

-Bueno, te lo pondré así. -La chica le miro- Usar corsé es equivalente a que te estrujen el pecho y el vientre, para que tengas una figura fina y detallada. -Aioros ladeo la cabeza- ¿No me digas que te creías esas cinturas de avispa que muestran varias nobles?

-Lithos, no hagas drama y ponte el vestido... -Se lo tendió.- Por favor... Te prometo que nos retiraremos luego de comer. Es solo una cena discreta, porque Aioria está en el extranjero y sería una falta de respeto hacia mi hermano que se hiciera fiesta.

-Aioros, siempre deteste el rosa...

-Sí, lo sé. -Lithos apretó los dientes, ya no le quedaba ninguna duda de que Aioros se estaba vengando de ella.- Por eso le pedí a la criada que comprara un vestido rosa, no importaba el diseño. Dado que te verías hermosa con cualquiera.

-Está bien, Aioros me pondré un vestido.

Una hora después.

-¿Y el vestido nuevo?

-Me gusta más el azul... -Informo la joven, mientras se acercaba al príncipe con un vestido azul de textura sedosa y delicada- te dije que me pondría un vestido. No que me pondría ese.

-Hay Lithos -Aioros sonrió antes de ofrecerle su brazo. La joven se había puesto un vestido que el mismo le había regalado hacia un año atrás.- Vamos, no está bien hacer esperar a mi padre. -Miro el cuello de la joven, tenía puesto su collar. Bajo sus ropas llevaba la punta de flecha que Lithos le había dado como señal de su matrimonio.

Comedor menor.

Normalmente las grandes cenas se llevaban a cabo en el comedor principal del palacio, pero por respeto a la ausencia de Aioria la cena se haría en uno de los comedores menores del palacio.

Lithos sintió las miradas sobre ella, como siempre fingió no notarlo. Oficialmente, no era la cena de presentación de la flamante esposa del futuro emperador. Solo era una cena, por lo tanto nadie se arriesgaría a acercarse a los flamantes esposos por escasees de presentes.

Káiser observaba a todos con ojos retadores, alentando y amedrentando intenciones de opinar en contra de los sentimientos de su hijo.


La cena se estaba llevando de una manera relativamente tranquila, cada quien hablaba elogiando a la flamante pareja intentando ganar a futuro su favor. Aunque por más que se le alagara nadie obtendría el favor de la joven dado que el desprecio, verdaderamente, era mutuo. Solo que Lithos no tenía el descaro de fingir que le caía bien alguno de ellos. Fingir que le simpatizaban, le hacía sentir hipócrita y que se traicionaba a sí misma.


La joven llevo la mano a su copa de delicado cristal y oro, si no tomaba algo insultaría al idiota del conde. Aioros con disimulo le había apretado la mano, como dándole a entender que se abstuviera de hacer una escena como la de la mañana anterior.

-¿Cuándo habrá un nuevo príncipe en la casa real? -A las palabras de la duquesa, fueron seguidas el gemido de sorpresa de más de uno de los presentes.

-¿Lithos? -Káiser, quien jamás en su vida daba alguna señal de preocupación en público, miro la copa de cristal astillada en manos de su flamante nuera. Aioros vio con facilidad, al igual que todos los demás presentes como la mirada de Lithos pasaba por una profunda sombra de tristeza y luego volvía a ser tan fría como el hielo.

-¿Li? -Aioros le puso su mano sobre la mano de la joven, quien inmediatamente rehuyó el contacto. -¿Li que te pasa?

-Nada, voy a atenderme la herida. -Dijo en un tono por demás ausente y monocorde. Ante la sorprendida mirada de todos, vendo su mano con una de las servilletas y se retiró del salón.

-Voy con ella- Susurro Aioros a su padre, antes de levantarse y salir por la misma puerta por la que su amada había abandonado el salón.

-¿Que dije? -pregunto la preocupada anciana. De las ahí sentadas era la única a quien genuinamente mostraba simpatía hacia la joven pareja. Aioros era como un nieto para ella y la reina Ampala una hija postiza.

Continuara.


Nota:

Laurus es el nombre del grupo de plantas que conforman la familia del Laurel.